Disclaimer: Los personajes son de Rumiko Takahashi. La trama me pertenece en entereza, aunque a ustedes no les parezca.
Capítulo 29.
Arqueó su cuerpo en la cama e instintivamente elevó su brazo izquierdo a la altura de su cabeza, apretando con fuerza la almohada. Soltó un gemido sonoro mientras los dedos se movían con rudeza en su sexo.
Sintiéndolo, complaciéndolo.
Alzó la pelvis y apretó las piernas. Su respiración se volvía insostenible y sintió la necesidad de apretar sus senos con fuerza.
Ella sabía exactamente qué hacer, dónde tocar y cómo mover los dedos. Volvió a gemir con más fuerza. Su cuerpo estaba sudado y su entrepierna se sentía más húmeda cada vez.
Empezó a respirar con la boca y se dejó ir en el momento menos pensado.
Todo su cuerpo temblaba y ella no podía parar de retorcerse, llena de placer. Dejó que el cuerpo pase los estragos del reciente orgasmo, mientras inhalaba y exhalaba.
Después de un rato en silencio, sintiendo todo su ser volver a la cama, movió su mano que aún seguía dentro de ella y tomó sus fluidos entre los dedos y los sintió. Pensó en que jamás había hecho el amor tan salvajemente con nadie y que, irónicamente, esa noche, ella había experimentado la mejor experiencia sexual de su vida, consigo misma.
Siempre supo que era una mujer independiente, pero ese ya era otro nivel.
Sonrió, muy complacida, mirando hacia el techo. ¿InuYasha la habría hecho sentir así, esa noche? Sí, era magnífico en la cama… pero no tanto como ella.
Alzó su mano mojada y la observó unos segundos; jugó con la humedad entre sus dedos y en silencio, se los llevo a la boca y los lamió.
Ese gesto activó sus entrañas como si hubiera un incendio dentro de ella. Fue un detonante.
Su cuerpo le pidió más.
—¿Te quieres bañar conmigo? —Le dijo picarón, desde la entrada de su habitación. Traía la toalla envuelta en la cintura y el torso desnudo.
—No vamos a ahorrar agua, créeme. —Rio con ganas, mientras lo observaba con admiración—. Eres muy atractivo, en verdad, pero no me vas a convencer.
Miroku hizo un puchero.
—Luego no digas que no me insinúo. —Puso los ojos en blanco y caminó hacia el baño.
—Ve, deja de quejarte.
La música de fondo había quedado atrás.
Para InuYasha y Kagome, no existía más que sus gemidos y el golpear de la pelvis masculina con los glúteos de ella. Era casi armonioso, rápido, pero armonioso al fin.
Dejó de penetrarla un momento y la giró, mirándola a los ojos. No se dijeron absolutamente nada y la volvió a besar. Por fin le sacó la playera, tirándola quién sabe dónde y caminaron torpemente desde la cocina, hasta la sala.
InuYasha se tiró al sofá, con ella encima.
Ambos rieron, inconscientes.
Kagome acomodó sus piernas y se sentó sobre su amante. Gimieron y él solo apretó ambos senos con sus manos. Tenía hambre de ella, la necesitaba aún estando ahí, haciéndole el amor.
La fricción de sus cuerpos comenzó a hacerse más intensa y Kagome no pudo hacer más que abrazarlo. Tenía los ojos cerrados y con cada embestida, sentía la necesidad de hacerlo más rápido, con más fuerza. Sintió cómo le agarró de los glúteos y volvió a reír, moviendo su pelvis de adelante hacia atrás.
Ahora sus gemidos y sus embestidas sonaban al mismo compás.
Estacionó su auto tras de otro color negro, ¿dónde lo había visto antes? Apagó el motor y tomó la bolsa de obsequio, sacó las llaves y salió de su vehículo.
Solo quería amargarle la vida a Kagome, por eso había ido. Le interesaba verla amargada y llena de celos, llorando seguramente por el compromiso de su hermano. Además, sabía que estaba en su departamento porque le había preguntado a su padre, casual, como quien no quiere la cosa.
Antes de entrar, divisó a la recepcionista que ya conocía. Un par de veces de esas en que pasaba a dejar a Kagome después de invitarla a cenar —antes de que se enterara de que follaba con el hermano—, había tenido la suerte de ser presentado como el jefe de Taishō, en persona. Además de que era el dueño de la editorial más grande de Shibuya.
Abrió la gran puerta de cristal blindado y se dirigió a ella.
—Hitomi, qué gusto.
—Señor Ikeda. —Saludó amablemente, mientras sonreía—. Qué gusto verlo por aquí.
—Gracias, el gusto es mío. —También sonrió—. ¿Está Kagome?
—Por supuesto. —Se apresuró a tomar el teléfono—. Déjeme anunciar…
—No, no, no. —Extendió el brazo, en señal de alto—. No la llames, me gustaría darle una sorpresa.
Ella volvió a sonreír y dejó el celular descolgado.
—Lo lamento, señor, pero no puedo. Además, está con su hermano.
Se enderezó y un escalofrío le recorrió la espalda. El maldito no perdía el tiempo, ¿cómo se habría zafado de su prima, para venir a engañarla con esa…?
—InuYasha. —Repitió, pensativo. La recepcionista asintió—. No hay problema, también me gustaría saludarlo. Solo vine a entregarle estos chocolates a Kagome.
—Comprendo, señor, pero…
—Mira, si desconfías de mí —Alzó los brazos—. No tengo armas, puedes buscarme. Además —alzó la bolsa y sacó la caja de bombones. Hitomi negó rápidamente—. No traigo bombas, son solo dulces.
—Señor Ikeda, no se trata de eso, lo que sucede es que…
—Por favor, haz esto por mí, solo serán unos minutos. —Puso su mejor rostro de persuasión e hizo un gesto de tristeza—. Te lo ruego.
Hitomi suspiró, asintiendo.
—De acuerdo, pero solo por esta vez. Ciento veinticinco, piso 5.
Kōga sonrió triunfal y se felicitó en silencio.
—Eres la mejor, prometo que la próxima traeré chocolates para ti también. —Profirió, mientras caminaba hacia el ascensor.
Aprovechando el ánimo físico y el buen estado de salud, al parecer, se dio a la tarea de limpiar algunas cosas en su sala. Hasta allí podía escuchar el sonido de la ducha.
Puso el celular de su novio sobre la mesa esquinera ubicada a lado de sus muebles blancos. Estaba llevando el jarrón a la cocina, para cambiarle el agua, cuando la vibración del aparato móvil, llamó su atención.
Paró su andar y regresó junto con su florero, hasta el mueble. Se asomó un poco para ver el reconocedor y era un número desconocido. Frunció el ceño.
—¡Amor, ¿ya sales?!
—¡Ya casi! —Se oyó lejano—. ¡¿Por qué?!
—¡Alguien te llama! —La llamada se perdió, pero ella no dejaba de mirar el móvil.
—¡No importa, amor, contesta!
Sonrió, muy tranquila ante la potestad que acababa de darle. Estaba a punto de irse, cuando volvió a sonar y era el mismo número. Lo tomó inmediatamente.
—¿Bueno? —La línea se quedó en silencio, no se oía absolutamente nada—. ¿Bueno? ¿Hola?
Miró el celular y vio que la llamada seguía en curso. Volvió a ponerlo en su oreja y esta vez, sí hablaron.
—Quiero hablar con Miroku.
Un escalofrío la recorrió: era la voz de una mujer. No la reconoció. ¿Y si se trataba de Yura? No, no podía ser.
—Soy su novia, ¿qué tema desea tratar con él?
La línea volvió a quedar en silencio un par de segundos.
—Jah, su novia, dice. —Se escuchó el tono burlón y eso no le gustó nada—. Volveré a llamarlo y espero poder hablar con él y no con su… —se escuchó una segunda voz y un par de risillas—, novia.
Cuando quiso decir algo, ya habían cortado.
Se quedó en silencio y con la expresión muy seria. Tenía un montón de sentimientos, pero no los podía describir bien. Buscó el registro de llamadas de ese número y no encontró nada, al parecer: eran las únicas llamadas recibidas que mostraba el historial. Eliminó el registro con lentitud, no muy segura.
Bloqueó el teléfono y se lo llevó al pecho, mirando hacia algún punto fijo en frente. ¿Quién era esa mujer? ¿Por qué llamaba a burlarse? ¿Sería una broma?
—¿Quién era, amor?
Regresó la vista a su novio, que, envuelto nuevamente con la toalla en la cintura, se secaba el cabello. Lucia despreocupado y muy natural. ¿No sabría nada?
Ella sonrió, pero fue una sonrisa muy vacía.
—No, nada. —Movió el celular de un lado a otro—. Número equivocado.
—Bien. —Le sonrió de vuelta—. Ven pronto a la cama. —Le guiñó un ojo y se retiró.
—Sí… —Dijo, no tan alto, sin dejar de divagar en su mente.
Cuando el ascensor se abrió en el quinto piso, le fue muy fácil reconocer el departamento, ya que estaba al final del pasillo y tenía su nombre inscrito con números grandes.
Caminó rápidamente y respiró hondo, antes de atreverse a tocar. Miró la manija hacia abajo y por pura estupidez, intentó abrirla. Grande fue su sorpresa, cuando pudo hacerlo. ¿Cómo de que la puerta no tenía seguro?
Su corazón empezó a latir con fuerzas y caminaba lento, sin hacer demasiado ruido. La música sonaba a volumen moderado y eso le parecía muy conveniente. Nunca soltó la bolsa y caminó por entre los muebles. Algo negro extendido en uno de ellos, le llamó la atención: era la camisa de un traje.
InuYasha.
Siguió con su mirada el camino de la ropa y eso lo llevó hasta la cocina. ¿Qué mierda? Había todo tipo de prendas regadas por el suelo. Sintió asco y una enorme ola de celos comerlo por dentro. Infelices, malditos incestuosos, asquerosos.
Pero el sonido de exhalaciones y gemidos, lo turbó y se sintió ebrio de las iras. Sacó su celular inmediatamente y lo puso en cámara de vídeo.
De la manera más rápida y silenciosa que pudo, caminó hasta el lugar de donde venían los ruidos y se percató que era la habitación que tenía la puerta entreabierta. Desde ese ángulo no podía ver nada, pero obvio que ambos se estaban devorando como si no hubiera un mañana.
Se deslizó por la pared y asomó únicamente, la cámara del celular. Desde la pantalla pudo ver la escena más perturbadora de su vida: Kagome gemía con cada vez más ganas, algunos segundos, casi al punto de gritar. De un momento a otro, cambiaron de posición y esta vez, ella cabalgaba sobre su hermano, cual amazona.
Se tomó del pelo como si lo estuviera liando con una liga y arqueó la espalda. InuYasha le tomó los senos y la hizo exhalar con fuerza cuando los apretó, aparentemente.
—¡Ah, InuYasha! —Suspiró y solo aumentó la locura de sus movimientos—. Amo que… —no podía hablar, pero lo intentaba— hagas… eso.
Para cuando Taishō dejó de atender los pechos y le dio una sonora nalgada, Kōga simplemente dejó de grabar. Justo en ese momento terminó la canción y él solo se quedó en un silencio absoluto. Los gemidos de ambos eran el sonido más incómodo de la tierra.
Apenas volvió a sonar otra canción, guardó su celular y salió corriendo de ese lugar. Cerró la puerta intentado no hacer ruido y al parecer, lo logró.
Lo siguiente que haría con ese vídeo, iba a ser algo grande.
Continuará…
Un sincero abrazo y saludo a mis lectores:
Angie Cuellar: Muchísimas gracias por dejarme un review en cada capítulo, es algo que aprecio bastante. Y gracias por elogiar mi trabajo.
Aida: AJSHJAS AMO. Son la pareja perfecta, lo sé. Yo también estoy disfrutando mucho escribir a esta Kikyō. Aviso que será OoC, pero sin eso, no tendría sentido. Siempre trato de mantenerla lo mejor que puedo, pero estamos hablando de una persona viva que seguro podía sentir con más pasión. Además, noma, estamos hablando de incesto XD. La Sango también va a llevar su parte. Pues ya viste lo que hicieron. Ya era hora de un limoncito XD
Escribir la escena de Kikyō me dio años de vida. Siempre me gustó explorar más allá a los personajes HAHAAH perdón XD. Ellos en algún momento deben parar y será en serio :c Deben crecer como personas antes de tener algo y también ver qué onda que la relación incestuosa.
Laurita Herrera: Claro que está buena la siguiente parte, le metí emoción
Elyk: Muchas gracias por leerme, hermosa. Espero que disfrutes de esta actualización.
July: AMO HABER CAUSADO ESO EN TI CON UN PERSONAJE YA CONOCIDO, AMO. En serio me hace feliz como autora. La venganza es dulce, espera nomás. InuYasha no se respeta ni él XD Espero hayas disfrutado este cap., es uno de mis favoritos.
De nuevo gracias por todo.
