Un dulce pedido

Bosque Encantado…

Clarissa se encontraba en el cuarto de las bebés, feliz porque acababa de colocarlas en la cuna para dormir. La princesa cantaba alegremente una nana para las dos con su voz dulce y melodiosa, sonriéndole a esos dos angelitos que se habían quedado dormidas tranquilamente con su toquitas rosas y sus chupas de porcelana. La joven estaba inclinada sobre la cuna doble y tan entretenida mirando con felicidad a sus sobrinas, ahora hijas, que no percibió los cuidadosos pasos que entraban en el cuarto.

Sin previo aviso alguno, la mujer que llegó se pegó a Clarissa por detrás, presionando su cuerpo contra el de ella, con fuerza, apoyando las manos también en la cuna, haciendo que la joven quedara presa entre ella y la cuna. La princesa se llevó un susto y soltó un gritito al reconocer la voz que le susurraba baja y ronca en su oído

˗Hola…

Fiona mordió el lóbulo de su oreja y apretó aún más su cuerpo contra el de Clarissa, dejando ver toda su excitación a través de su respiración acelerada y el apretón brusco de su pelvis contra las nalgas de la princesa, incluso por encima del largo vestido. Atreviéndose aún más, el Hada rodeó la cintura de la más joven con sus brazos, apretando fuerte su abdomen y atrayéndola más hacia ella.

Clarissa, en un primer momento, se quedó sin reacción, su corazón descompasó en una mezcla de miedo y aprensión. Sudaba frío ante las embestidas de la mayor, todo lo que quería era salir de sus brazos.

˗Fi-Fiona…˗consiguió balbucear mientras la mano derecha del Hada intentaba subir hacia uno de sus pechos ˗¿Qué estás haciendo aquí? ¡Por favor, suéltame!˗dijo un poco más alto, cogió la mano de Fiona e intentó retirarla de donde estaba intentando llegar, pero la de más edad ya había recuperado su fuerza y se estaba complicando resistirse. Ella lo intentaba de nuevo mientras Clarissa luchaba por escaparse de su cuerpo, pero era inútil, era mantenida presa sin esfuerzo alguno.

˗No importa qué estoy haciendo aquí, solo supe que estabas aquí junto a tus hijas…˗pasó la punta de la lengua por el cuello de la joven, asustándola aún más ˗Y no, no quiero soltarte…¿Y no será que tú tampoco quieres que te suelte?˗El Hada consiguió darle un ligero apretón en el pecho por encima del vestido, haciendo que la muchacha soltara un gemido, pero no de placer, sino de recelo y miedo.

˗¡No quiero hacer lo que quieres, Fiona, por favor, suéltame! Su Majestad, ella…

La de más edad reviró los ojos y agarró los cabellos de Clarissa, que estaban hermosamente prendidos en una coleta alta, atrajo su cuello hacia atrás y susurró en su oído

˗¡Regina, siempre Regina! ¡Olvida a esa Reina al menos una vez en la vida! Te quiero a ti, Clarissa…¡Te quiero a ti!˗ inhaló profundamente el cuello de la muchacha sintiendo su dulce perfume ˗¡Me vuelves loca, muchacha! Tu olor, tu cuerpo, tus pechos…˗los apretó de nuevo ˗Tu cara de ángel inocente aliada a esa mujer sinvergüenza y diabla que ya has demostrado ser…Me vuelvas loca de excitación solo de mirarte…Y después de haberte tenido en la cama…Solo crecen mis deseos de sentirte de nuevo desnuda sobre mí, probar de nuevo tu sabor…Vamos, ya dejaste claro que te gustó estar conmigo, sé que también te excito y te embriago de lascivia…No quiero a Regina esta vez con nosotras…¡Te quiero solamente a ti! ¡Solas tú y yo!˗ hablaba bajo y sexy y deslizaba sus manos sin pudor alguno por el cuerpo de la princesa que estaba en pánico y respiraba con dificultad.

˗¡Pero yo no quiero!˗repitió Clarissa, ahora gritando

˗¡Ya has escuchado a la muchacha, Fiona! ¡Suéltala! ¡Ahora!˗para alivio inmenso de Clarissa y decepción de Fiona, la Reina Regina llegó en ese exacto momento y se encontraba parada en la puerta abierta, con el rostro rojo de rabia y las manos en la cintura. La escena de Fiona asediando a su aprendiz de forma tan abusiva la enfadó de forma extrema. Si no necesitara tanto al Hada para llevar a cabo sus planes, la habría ejecutado allí mismo, en ese momento.

Y una vez más Fiona reviró los ojos, resoplando y maldiciendo ferozmente a la reina por haber llegado justo en aquel momento. Apartó las manos de la muchacha y las puso arriba en señal de rendición, intentando poner una sonrisa sarcástica en lugar de la cara de odio que no conseguía disimular. Clarissa salió corriendo hacia el otro lado del cuarto, con los ojos desorbitados, apoyándose en la pared. La joven continuaba aturdida e intentaba aliviar la respiración y recuperarse del susto ante la osadía del Hada. Si la reina no hubiera llegado, quién sabe lo que Fiona podría haber hecho…

Regina se acercaba peligrosa y lentamente a Fiona, los ojos echando chispas de rabia, sin mirar a Clarissa. Los brazos cruzados sobre el pecho mientras la larga trenza descendía en cascada por el lateral de sus hombros sobre el largo vestido turquesa. El Hada, en contrapartida, no deshizo el contacto visual, y se quedó en el mismo lugar, con el pecho erguido, los brazos cruzados y una ligera sonrisa irónica en el rostro.

La Reina se acercó hasta quedar apenas a algunos centímetros de su rostro.

˗Sal, Clarissa…˗dijo bajo, aún sin mirar a la joven, encarada con Fiona

˗¿Qué? Pero…˗intentó decir la más joven

˗¡Sal!˗la voz de Regina salió alta y vehemente, dejándole claro a su pupila que aquello no era un pedido sino una orden. Miró hacia ella rápidamente ˗Fiona y yo vamos a tener una pequeña conversación muy particular…˗volvió a encarar a la otra. Clarissa entendió, asintió ligeramente con la cabeza y salió del cuarto, cerrando la puerta tras ella, contenta por los evidentes celos de la reina.

Al verse a solas con Fiona, Regina caminó en círculos alrededor de ella, y habló amenazadoramente.

˗Creo que aún no has entendido cómo van las cosas por aquí, querida…¡Mi palacio, mis reglas! ¡Y una de esas reglas es NO ABALANZARTE SOBRE MI APRENDIZ!˗Regina perdió totalmente el control y agarró a Fiona por el cuello del vestido negro, gritándole a la cara. Su respiración estaba descompasada y sus palabras provocaron la risa en Fiona.

˗Vaya, Majestad…¿Cuál es el problema? Que yo recuerde, ya compartiste a tu aprendiz conmigo y no te importó ni un poco, todo lo contrario, me pareció que te era muy placentero…˗susurró

La furia de la reina aumentó y se controló para no lanzarle una bola de fuego.

˗¡Tú lo has dicho todo, querida! Cuando compartí a Clarissa contigo, YO estaba también y YO lo permití! ¡No quiero verte nunca más abordándola en secreto! ¡Solo puedes tocarla si yo lo permito, si yo quiero y si ella está de acuerdo! ¿Entendiste?˗ vociferó

˗Por mí, todo bien…˗Fiona se encogió de hombros sonriendo de forma desvergonzada ˗Disculpe, Majestad, si Clarissa tiene que estar siempre a su lado para todo, está bien entonces…¿Cuándo tendremos una repetición?

La Reina no quería compartir más a la muchacha, y no mediría esfuerzos para mantener a Fiona lejos de ella.

˗No tendremos…Olvídalo. ¡No tengo ningún interés en meterme en la cama contigo y mucho menos dejar que Clarissa caiga en tus manos!

˗¿Y si ella quisiera?

˗Creo que te ha dejado bien claro sus deseos, ¿no?˗ apretó los dientes, encarando firmemente a la otra.

˗Puede cambiar de idea…˗sonrió provocando

˗No cambiará…Clarissa es una mujer muy inteligente para dejarse llevar por tus encantos y caer en tu labia…Repito: INTENTA acercarte una vez más a ella sin mi consentimiento o el de ella y te vas a arrepentir de haber nacido. Y te olvidas de lo principal: ella me tiene a mí…˗Regina sonrió de forma pícara ˗Y ya la satisfago completamente, Hadita, en todos los sentidos…˗ pasó la mano ligeramente por el rostro de Fiona, haciendo que el Hada deshiciera su sonrisa presuntuosa ante sus palabras ˗Ella no te necesita y nunca lo hará…Para nada. Mucho menos para eso.

˗Eres graciosa, Regina…˗Fiona rió de nuevo socarrona ˗Estás tan patéticamente enamorada de ella…La princesa está debilitando tu corazón y ni puedes disimular lo que sientes por ella…

La Reina se puso seria y su respiración se descompasó. La verdad la golpeó.

˗¡Eso…Eso es problema mío! ¡Cualquier cosa que suceda aquí es problema mío!˗chilló ˗¡Ahora sal de aquí! ¡No quiero ver tu cara hasta la hora de darte tus pociones a la noche! ¡Y Clarissa no irá hoy conmigo!˗ se descontroló

Fiona se echó a reír con ganas.

˗¿Ves? Ya ni puedes controlarte, Reina…La rubita realmente te tiene en sus manos…Está bien, me voy. Pero solo quiero que sepas…Que tu pupila protegida me excita sobremanera…Aquella diabla me deja completamente mojada…Y si ella me da oportunidad…˗provocó deliberadamente, mordiéndose el labio con la intención de enfurecer a Regina y lo consiguió, pues al momento siguiente, sintió su cuerpo volar hacia el otro lado del cuarto y golpear contra la pared. La pequeñas Scarlet y Clarissa se despertaron en la cuna con el ruido, llorando.

˗¡VETE!˗Regina gritó una última vez con el rostro rojo y el pecho subiendo y bajando, señalando hacia la puerta. Fiona se levantó, gimiendo de dolor, pero seguía manteniendo la sonrisa sarcástica en su rostro. Por más que supiera que no podía tener a Clarissa sola para ella, y eso la frustraba, no quería dar su brazo a torcer. Menó la cabeza de un lado a otro y dejó el cuarto.

La Reina Regina rompió un florero contra la pared y soltó un grito estridente, resoplando de rabia. Las palabras de Fiona retumbaban en su mente. Sabía que estaba enamorada de su aprendiz, pero no quería pensar en eso…La posibilidad de amar de nuevo la asustaba. Todos sus traumas de una vida aún le hacían pensar que el amor era debilidad.

Se giró hacia atrás y se dio cuenta de que las gemelas aún lloraban. Corrió hasta ellas y cogió a una con cada brazo.

˗Calma, mis niñas…Perdonadme por el jaleo…˗las acunaba para intentar calmarlas.

˗¿Majestad?˗Clarissa colocó la cabeza dentro del cuarto, recelosa.

La reina suspiró

˗Entra, muchacha…Ahora está todo bien. Apenas se agitaron con el barullo. Ven…Coge a Clarissa…˗Regina sonrió a la muchacha.

Clarissa entró y cogió a la Clarissa bebé de los brazos de Regina, dejándole a Scarlet que ya estaba dormida de nuevo. Se sentó en el otro sillón, frente a ella.

˗¿Qué ha sucedido aquí? ¿Discutisteis? ˗preguntó Clarissa

˗Sí…Pero no te preocupes. Fiona no te molestará más. No lo permitiré.

˗Gracias, mi reina˗ sonrió de forma dulce, siendo correspondida. Ambas sustentaban sus miradas ˗Perdóname…No querría que hubieras presenciado aquello…No vi a Fiona llegar, estaba distraída, y cuando me di cuenta, ella ya me había agarrado…No conseguía soltarme de su fuerza y…

˗No tienes que explicarme. Lo sé. Ya puse a Fiona en su debido lugar.

Clarissa sonrió y ofreció su mano para que Regina la agarrase, y así lo hizo. Las dos se quedaron allí, acunando a las bebés y sonriéndose la una a la otra, dejando que la pasión y los comienzos de un amor invadiera sus corazones aún dominados por la Oscuridad. ¿Quién sabe si ese no sería el comienzo de una posible redención?

Storybrooke…

Regina estaba muy nerviosa. Sudaba frio y las manos sudadas delataban todo el frío que sentía en la barriga. Se miró en el espejo una, dos, tres veces…Se arregló el pelo negro y sedoso, retocó el labial color vino que daba a sus labios carnosos y a la cicatriz un aspecto más sexy y seductor. Suspiro, mirándose de arriba abajo en el reflejo, y le gustó lo que veía. Sonrió para sí misma. El hermoso vestido rojo ceñido al cuerpo por encima de las rodillas y los bellos zapatos la volvían más sensual, tal y como a Emma le gustaba. Pero, para lo que tenía programado para aquella noche no había vestido perfecto ni maquillaje maravilloso que arrancara de su pecho los frenéticos latidos que señalizaban todo el nerviosismo que la golpeaba como un rayo.

˗Calma, Regina…¿por qué estás tan nerviosa con esto? No hay razón para que Emma se niegue…O no le guste…˗ tragó en seco, mirándose en el espejo, con el corazón a mil ˗Déjate de rollos…¡Ya es la hora!

Cogió su bolso y su abrigo negro, y la morena salió de casa y condujo hasta la casa de Emma. Había quedado en cenar juntas esa noche, había sido Emma la de la idea y Regina pensó que la ocasión sería perfecta para hacer lo que llevaba planeando semanas atrás…

Al estacionar frente a la gran casa de su novia, la morena casi dio media vuelta y salió corriendo, después reviró los ojos y se sintió tonta por eso. Reuniendo todo el valor, tocó el timbre de la puerta y enseguida fue recibida por la sonriente rubia.

Por algunos segundos, Regina se olvidó de lo que llevaba sintiendo desde antes. Emma siempre conseguía desestabilizarla con su belleza y dulzura…Ahora no era diferente. La sheriff estaba hermosa, con sus bellos rizos rubios colgando de una cola de caballo alta, un maquillaje ligero en los ojos y un brillo labial rosa, y un vestido amarillo claro, de vuelo y floreado, que contrastaba con sus cabellos. Las zapatillas blancas daban una apariencia sencilla y perfecta a la rubia que no paraba de sonreír con pasión y admiración hacia la bella morena que tenía delante. Al igual que Regina, Emma también se sentía desfallecer ante la belleza y sensualidad desbordante de su novia, siempre linda e impecable.

˗Espero que te gusten mis dotes culinarias de hoy…He preparado aquel pollo gratinado con mayonesa y queso parmesano que un día me dijiste que querías probar…˗ dijo Emma tras dejar de besarse para retomar aliento.

Regina sonrió traviesa.

˗¿Aquélla que viste en tu libro de recetas? ¡Wow! Qué alivio saber que hoy no comeremos macarrones instantáneos…˗Regina rió y recibió un palmada en su hombro.

˗Ya sabes que dejé la manía de los fideos hace tiempo, señorita Mills…

˗Lo sé, rubia…Te he ayudado a comer como un adulto…Y digamos que te has superado en la cocina…˗Regina le dio un piquito lento a la rubia.

Emma sonrió satisfecha, cogió la mano de la morena y la guió hasta la cocina.

˗¡Ven! El arroz está casi listo, la ensalada solo tengo que aliñarla y apagar el horno donde está el pollo, el vino también ya está frío y…¿Qué ocurre?˗ preguntó al notar que la morena se detenía, impidiéndole seguir hasta la cocina. Tiró de la mano de Emma, haciéndola girar para mirarla a la cara.

La morena no conseguía decir nada y comenzó de nuevo a sudar frío. Emma percibió las pequeñas gotas de sudor que se formaban en su frente. Al darse cuenta de que la novia está nerviosa por algo, se preocupó enseguida. Encaró los bellos ojos almendra que tenían ahora un brillo diferente y agarró firmemente sus dos manos.

˗Regina…¿Qué ocurre?

La morena respiró hondo. Era ahora.

˗Emma…¿Acaso…Antes de cenar…podemos conversar? Yo…Quería, en realidad, hacerte una pregunta…˗su voz temblaba y Emma comenzó a ponerse muy aprensiva.

˗Claro…¿Qué pasa, Regina? Me estás asustando…

Era ahora o nunca. Regina no dio más vueltas, se dirigió a su bolso que estaba tirado en el sofá de la sala y sacó de dentro una pequeña cajita roja de terciopelo, adornada con piedritas brillantes y un bonito lazo con un corazón encima. Caminó hasta Emma lentamente sin apartar sus ojos de las esmeraldas, agarrando la cajita en sus manos.

Al caer sus ojos en lo que Regina llevaba, el corazón de Emma erró un latido y se aceleró a un máximo nivel. ¿Sería…Sería lo que estaba pensando? Su boca se abrió intentando controlar la respiración que ya se aceleraba y las emociones que aparecían fuertes dominando toda su alma y su mente. Los brillantes ojos verdes comenzaron a enturbiarse, así como los de su amada que caminaba graciosamente hacia ella. Emma sonreía de oreja a oreja, una sonrisa hermosa repleta del más puro amor y pasión, una sonrisa repleta de expectativas, unida a una mirada llena de ansiedad por lo que estaba a punto de suceder. Ella sabía, sentía lo que Regina le iba a pedir.

La morena se arrodilló delante de ella y cogió delicadamente su mano. Ambas mujeres temblaban, de emoción, nerviosismo y expectativas. Regina sonrió mirando hacia arriba, encontrando los ojos esmeraldas de los que ahora se deslizaban lágrimas en medio de una maravillosa sonrisa.

˗Emma…˗Regina comenzó, emocionada ˗Confieso que nunca he estado tan nerviosa por algo, y nunca pensé que fuera realmente tan difícil hacer esto…En las películas parece tan fácil y sencillo…˗ambas rieron ˗La verdad es que nunca imaginé que un día estaría aquí, arrodillada delante de la mujer que un día odié, a la que tanto perjudiqué…Arrodillada delante de la maravillosa mujer de la que me hice amiga, y después comencé a amar…¡Amar con todas las fuerzas de mi alma! Tras una vida entera de tempestades, desilusiones, amores traicioneros y amores perdidos, la vida me dio a ti como un regalo, encontré en ti mi fuerza, mi calma y mi puerto seguro…Encontré en ti mi verdadero camino, y es por ese camino por el que quiero siempre ir y volver, para siempre regresar….No consigo imaginar hoy a otra persona en mi vida, si no eres tú…Y es aquí y ahora, ante esta mujer hermosa que amo tanto…Delante de la Salvadora…De MI Salvadora…˗ambas lloraban emocionadas ˗Arrodillada delante de la persona con la que quiero pasar el resto de mi vida y de mis días…pregunto: Emma Swan, ¿quieres casarte conmigo?