Capítulo 58: Una Bienvenida Indeseada


Complejo del Clan Nara

Dejé ir mi ira. Nunca podía permanecer enojado con mi padre por mucho tiempo. No era un tema de si alguien se lo merecía o no, era un tema más pragmático. El enojo es contraproducente a la hora de pensar y planear. No podría ser rival para Danzo Shimura, el Hokage, o quien fuera que estuviera orquestando esto.

- ¿En serio? - pregunté. - ¿Shino?

- Sí, él. No fue; se llevaron a su primo en su lugar. Torune Aburame. Para "entrenamiento secreto", así que si lo encontramos de nuevo va a ser de Danzo, no nuestro. ¿Cómo podría soportar que te convirtieras en lo mismo? ¿Cómo podría quedarme quieto y permitir que esas cosas ocurrieran contigo? Yo era joven en ese entonces, un padre novato. Quería haber todo lo posible para proteger a mi familia. Todavía lo hago. En el momento que puso sus ojos sobre ti, no tuve más elección que hacerlo mi enemigo, nunca podría haber estado de mi lado.

- ¿Cuántos?

- ¿Hm?

- Mencionaste a Shibi Aburame. ¿Quiénes más están involucrados en esto? Claramente, el padre de Ino lo estaba. Supongo que el padre de Choji también. - Señalé el reporte de los Uchiha con el dedo. - ¿A quién más trajiste a este complot tuyo?

- Tsume Inuzuka. Ojalá, Hiashi Hyuga...

Inhalé.

- ¿Están todos los clanes de Konoha...?

- Ese era mi objetivo, sí.

Podía ver porqué. El equilibrio de los poderes en Konoha era muy delicado. Por supuesto que el Hokage tenía la posición de mayor poder. Pero los clanes hacían un peso substancial, incluso los que estaban casi extintos, como el Senju o el Uchiha. Y, por supuesto, el Hokage respondía al Daimyo. Danzo Shimura… él era la cuarta barra en un triángulo desequilibrado, una fuerza poderosa que parecía necesaria, pero que no debía de haber estado ahí desde un inicio.

- ¿Qué sucede, entonces? - respondí en voz baja.

Mi padre sacudió la cabeza y me ofreció nuevamente los papeles de los Uchiha.

- Sólo léelo.

- ¿Fueron estos lo último que te dio Inoichi antes de morir? - pregunté y él asintió. - Sabes, antes de esto las mayores sospechas caían en Akatsuki, tenían un miembro capaz de recolectar información rápidamente, o la hermana mayor de Gaara

- Ah, sí. Temari está demostrando ser una Kazekage extremadamente agresiva, por lo que he escuchado. - Mi padre sonrió. - Tristemente, eso significa que las reglas normales, para lidiar con ella, hay que tirarlas por la ventana.


Konoha

Gaara había soñado con todas las cosas que podría hacer cuando llegara a Konoha durante todas esas semanas antes. Hacer amigos, encontrarse con personas que no lo odiaran, averiguar más cosas que podían ocupar su tiempo... sus esperanzas eran demasiado altas. Se suponía que Konoha era soleada, feliz y perfecta, se suponía que iba a vivir con la familia de Inoichi y pasar sus días haciendo amigos, conociendo personas que no lo conocían y no sabían que era un monstruo y... la hija de Inoichi y su equipo lo VIERON, vieron cómo era realmente, probablemente pensaban que él había matado a Inoichi, porque eso era lo que Gaara hacía, matar gente y decepcionar a Inoichi.

Ni siquiera estaba con la familia de Inoichi. Lo habían transferido a otro lugar. Era cómodo, más animado que las celdas de antes. Un viejo llamado Jiraiya a veces iba a verlo. A Jiraiya le gustaba tomar mucho. También hablaba acerca de las mujeres de una forma que Gaara todavía no podía entender.

Fuera de eso, Gaara no veía a muchas personas. Ibiki lo venía a visitar a veces. A Gaara le gustaba eso. Ibiki era la única persona a la cual conocía en ese lugar. Había otro tipo, Santa, que se parecía un poco a Inoichi, pero con el pelo rojo. Él había dicho que Gaara estaba bien, que no tendría que pasar por mucha terapia de nuevo, a menos que quisiera hacerlo.

Gaara no sabía cuánto de eso era verdad. Había tenido un relapso bastante, bastante mayor cuando vio... morir... a Inoichi. No pudo evitarlo, había sido demasiado. Gaara se preguntó si iban a tener que empezar de nuevo toda la terapia y se preguntó cómo lo iban a hacer, dado que Inoichi ya no estaba.

Le tomó unos días juntar el valor para preguntar.

- ¿Están... bien?

Ibiki golpeó la parte de atrás de su lápiz con unos papeles.

- Ino Yamanaka está ocupada ordenando sus asuntos. Ella es la nueva cabeza del clan Yamanaka por ahora. Su equipo está... asistiéndola durante estos tiempos difíciles. No te preocupes, no se han olvidado de ti.

El estómago de Gaara se apretó, pero se tragó su decepción. Era de esperarse. No se atrevía a entrometerse. Ellos se habían conocido por más tiempo, por supuesto que era más importantes. Igual le dolía. Inoichi hablaba mucho de su familia y a Gaara le encantaba escuchar. Se suponía que hablaban mucho y estaban llenos de vida, al igual que Inoichi (lo que fascinaba a Gaara, la idea de una familia comunicándose constantemente), no sumidos en pérdida. Si él hubiera estado en sus lugares, tampoco querría ver su cara.

Se suponía que esta iba a ser una segunda oportunidad, un nuevo comienzo para él, y él lo había arruinado. De verdad quería hablar con ellos, pero no se creía capaz de enfrentar su completo rechazo, porque todos sabían que él era un monstruo.

- ¿Y los otros?

- El otro equipo que estaba ahí, el Equipo Asuma, su líder Jonin es el hijo del Hokage y los otros miembros son todos herederos de tres de los Cuatro Grandes clanes de Konoha - explicó Ibiki. - Con los disfraces y la historia que preparamos para ti no tienes que preocuparte con que tu secreto salga a la luz. Para la gente de la calle, tú eres...

Ibiki se calló. Gaara se dio cuenta que era una señal para que él comenzara.

- Soy un huérfano que creció en un lugar al borde de Hi no Kuni - recitó. - Mi madre murió y nunca vi realmente a mi padre, muchos shinobi, especialmente de Konoha simplemente van a mi pueblo de paso y ella... bueno, el Hokage fue lo suficientemente amable para permitirme quedarme aquí.

- Como a todos los otros.

- Como a todos los otros - repitió Gaara.

Los bebés de guerra eran lo suficientemente comunes como para que a nadie se les ocurriera mirarlos dos veces. El hecho de que nada en su historia fuera técnicamente mentira (aunque la formulación de cada frase estaba diseñada a propósito para engañar) también ayudaba.

Ibiki sonrió.

- ¿Ves? Ya le tomaste el truco. Nadie va a saber que eres un jinchuuriki aparte de esas personas, y podemos confiar en que ellas no lo van a decir.

Se rascó la cara. Se veía distinto con cejas falsas, su tatuaje cubierto y su cabello teñido un café apagado. Era incómodo, pero necesario, porque su mera existencia podía causar un revuelo violento o, incluso, la guerra.

- Entonces ¿sólo le miento a las personas? - preguntó Gaara con tristeza.

- Sólo piensa en que estas omitiendo algunos detalles. Todos lo hacen. No es un crimen mantener privada tu vida personal.

Jiraiya a veces lo llevaba al hospital para ver a una señora llamada Tsunade. Cuando practicaba su historia con las enfermeras que entraban y salían de la sala de espera, lo trataban educadamente. Ninguna de ellas se había esforzado en hacerse su amiga, como lo había hecho Inoichi. Tal vez era porque estaban con la mente ocupada por los eventos recientes y no tenían tiempo para ocuparse de él, o era porque Inoichi era especial. No tenía idea. En ese momento, lo mejor que podía esperar era un vago compañerismo, compañeros de negocio que trabajan para la compañía que era Konohagakure no Sato.

Konoha. ¿Qué era él ahí? ¿Pertenecía, siquiera? Inoichi le había asegurado que iba a ser más amable que Suna y, era verdad, no lo demonizaban (todavía), pero sólo era porque no tenían idea de qué había hecho. Seguramente le iban a dar la espalda si la verdad salía a la luz.

Incluso se sentía perdido dentro de sí mismo. Él seguía siendo un extranjero extraño para ellos; sólo había estado ahí una vez, para unos desastrosos exámenes. Dudaba que siquiera se acordaran m de él, pues nunca había competido, ni molestado de interactuar en público.

Él amaba Konoha, quería ser uno de ellos, pero no podía, sin importar cuánto se esforzara, seguían habiendo partes de la cultura que todavía no entendía. Una infancia, si se le podía llamar así, rodeada de aire seco y dunas de arena no coincidía con las referencias extrañas, los juegos infantiles, los chistes internos y los modismos, las ideas populares que flotaban como una segunda naturaleza entre esta gente.

O, tal vez, era un problema suyo. Habían otros inmigrantes, extranjeros nacidos y criados en otros lugares, que habían llegado por razones de trabajo o similares. Ellos se habían asimilado bastante bien.

Era su propio problema; estaba seguro de eso. Toda su vida se había acercado a las personas, sólo para que lo alejaran y, ahora, que no tenía a nadie echándolo, él mismo se apartaba, qué irónico.

- ¿Tengo que mentirle también a la hija de Inoichi y a sus amigos? ¿Cuánto tiempo me voy a quedar acá? ¿Cómo Podemos estar seguros de que no voy a volver a perder el control? Porque no quiero perder el control. ¡No quiero! Quiero ser Bueno, pero no sé cómo y ustedes se están arriesgando solo con estar en la misma habitación que yo…

Su corazón le latía en la garganta. No podía respirar. Era como si un elefante estuviera sentado encima suyo. La habitación le daba vueltas. Gaara agarró el cesto de basura que estaba al lado del escritorio de Ibiki y, humillantemente, vomitó encima de todos los papeles. Esperaba que Ibiki estuviera enojado con él, pero Ibiki sólo le puso una mano en la nuca y le frotó círculos en su espalda mientras él vaciaba su estómago. Cuando terminó, ya había un vaso de agua esperándolo. Gaara pestañeó, sorprendido, esperando que se terminara la broma, pero Ibiki no dijo palabra.

- Gracias – dijo, como Inoichi le había enseñado.

- Escucha, Gaara – dijo Ibiki. – Inoichi y yo hemos trabajado juntos por muchos años y le tengo un inmenso respeto. Estoy entrenado para ser un interrogador, el lado más oscuro de la psicología, si así lo quieres ver. Pero eso no significa que no haya aprendido nada de él. Es un buen hombre.

Gaara lloriqueó.

- Perdóname por arruinarte el basurero. Yo mismo lo voy a limpiar, lo prometo…

- No te preocupes por eso. Sólo es un basurero. Mira – Ibiki se arrodilló y lo miró a los ojos. – La ansiedad es una mierda. Lo sé por experiencia propia. Has visto lo que hay debajo de la bandana ¿verdad? Camino con esas cicatrices como si no fuera nada, pero, créeme, todo ese mes después de salir después de salir de esa celda de tortura, yo era un desastre. A veces sigo teniendo problemas con eso. Y he aprendido que muchas veces lo que inicia esos ataques de pánico en pensar en ellos en un primer lugar.

- Pero ¿cómo hago…?

- Más lento, Gaara. Una pregunta a la vez. Primero que nada, no tienes que mentirle a nadie que estaba ahí. Son lo suficientemente listos como para no decir nada. Y, segundo, te vamos a poner en un programa de entrenamiento especial con uno de nuestros operativos. Yamato… ¿conoces a Yamato? Creo que él te ha visto de pasada antes. Él te va a ayudar a controlar tu bijuu. Ya ha tenido éxito ayudando al jinchuuriki nativo de Konoha. Te vamos a entregar los recursos para ayudarte, Gaara. No tienes que preocuparte.

- ¿Qué ocurre con los hombres que estaban ahí? Los con las capas raras.

- Esos hombres malos que mataron a Inoichi – le contó Ibiki – están buscando a personas como tú. Jinchuuriki. Ya hirieron a todos los demás. Eres de los últimos que quedan.

Gaara tragó, incómodo.

- Bueno, estás tú. Creemos que el Hachibi y el Nibi están bajo la propiedad de Kumogakure, aunque no hemos sabido de Yugito Nii recientemente, por lo que su estado es dudoso. Eres poderoso, Gaara, y la gente quiere ese poder para sus propios objetivos.

Esa era una enorme mentira. Si era tan poderoso ¿por qué estaba muerto Inoichi?

- ¿Y quién más sabe de mi "poder" ahora? – preguntó. – Cometí un terrible error ahí. Perdí el control. Fui un monstruo. Un enorme y horrible….

- No eres un monstruo – le dijo Ibiki, sin emoción. – A menos que Inoichi Yamanaka estuviese mintiendo. O fuera un idiota. ¿Le estás diciendo mentiroso o idiota a Inoichi Yamanaka?

- ¡No! ¡Por supuesto que no!

- Mataste árboles, Gaara – dijo Ibiki – y ayudaste a matar a quienes te querían matar a ti.

Pero matar era malo, así que no lo volvería a hacer. Por lo menos, no si no se lo ordenaban. Inoichi le había dicho que, si le daban la orden, estaba bien. Ahora Inoichi estaba muerto; ¿cómo se suponía que iba a saber a quién estaba bien matar y a quién no? ¿Podía confiar en Ibiki? Tal vez. ¿Y en la hija de Inoichi? Inoichi pensaba muy bien de ella. También decía cosas buenas acerca del Hokage, pero no hablaba tanto del Hokage como de su familia.

Ese tipo podía hablar. Y mucho.

- Perdí el control. Si los otros no hubieran estado ocupados intentando detenerme, ellos podrían…. – Tal vez si hubiera aprendido a controlar a Shukaku como se suponía que debía hacerlo… tal vez el Kazekage hubiera estado menos disgustado con él. Tal vez Sunagakure lo hubiera tratado mejor. Tal vez Baki no lo hubiera entregado.

- Odio decirlo, Gaara, pero Inoichi estaba muerto antes de que siquiera llegaran. Lo que sea que hayas hecho fue una inconveniencia, pero no jugó un rol en el destino final de Inoichi. No había nada que pudieras haber hecho para ayudar, lo que suena mal, pero, al mismo tiempo, no hiciste nada que nos hiciera un daño serio. – Ibiki se encogió de hombros.

- Pero no fui bueno para nada.

- Concentrémonos primero en no ser malos – dijo Ibiki – y partamos desde ahí.

Gaara asintió. Decidió que, en ausencia de Inoichi, Ibiki le caería bien. Creciendo en Sunagakure, había escuchado historias de terror de este hombre, de cómo era un especialista en tortura e interrogación. Pero el Ibiki que conocía era un hombre que había perdido al mismo amigo que Gaara, que le había enseñado a respirar y contar cada vez que se ponía nervioso y que le daba leche tibia antes de irse a dormir.

Decidió que todas esas historias, del hombre capaz de hacer que hasta los monstruos más asesinos y terroríficos se arrodillaran ante él debían ser completes mentiras.

- Gaara ¿me puedes pasar ese lápiz, por favor?

Gaara lo recogió y se lo pasó. Era lo mínimo que podía hacer.


Complejo del Clan Yamanaka

Inhalar.

- Hora de levantarte, Ino.

Exhalar.

- Hora de reunirte con tu equipo, Ino.

Inhalar.

- Hora de comer, Ino.

Exhalar.

- Hora de hablar con gente que no te importa, Ino.

Inhalar.

- Hora de dormir, Ino.

Exhalar.

Inhalar.

Exhalar.

In…

¿POR QUÉ ESTABA SUCEDIENDO ESTO?

No era justo. No era justo no era justo ¡NO ERA JUSTO!

¿POR QUÉ TENÍA QUE SER SU PADRE? ¿POR QUÉ NO PUDO HABER SIDO ELLA? ¿QUIÉNES ERAN ESOS DIOSES DE LA MUERTE, QUE TENÍAN EL DERECHO DE QUITARLE A SU PAPÁ?

Ino vio su reflejo en el espejo por el rabillo de su ojo. Le daba asco. Sus quemaduras eran horribles. Odiaba su cara. Se odiaba a ella misma, por ser demasiado lenta como para hacer nada. Odiaba a esos hombres, por matar a su padre. Odiaba a su padre, por dejarla. Odiaba a todos los que llegaban a darle esas palabras de condolencia vacías y esperadas socialmente, que después volvían a su vida normal segundos después. Odiaba a su propia familia, que se quedaba parada, susurrando: "ahora ¿quién va a tomar el liderazgo? Ella tiene catorce" a sus espaldas, como si ella no pudiera escucharlos.

¿Le gustaba a los dioses jugar juegos estúpidos con ellos?

¿Estaba siendo castigada por algo?

(Porque, si ese era el caso, entonces ella lo sentía mucho, demasiado. Desde el fondo de su corazón.)

Ella pensó en todas aquellas personas cuya muerte ella había ordenado. Nombres, personalidades, identidades que ella había borrado de la faz de la tierra y luego había justificado, como si fuera una especie de juego. Y ahora estaba recibiendo una cucharada de su propia medicina, mostrando en la superficie exactamente que asquerosa mentirosa asesina era por dentro. Sentía la muerte cercana y personal, llegando a su casa y, por los dioses, era algo mucho más difícil de aceptar cuando algo era cercano a ella.

Todos esos hombres sin rostro en todas partes, a los que había olvidado tan pronto habían dejado de respirar….

("Recuerda de dónde vienes, Ino. Eres una Yamanaka. Eres una guardiana de las mentes de las personas, cuidas sus almas en este mundo, donde los cuerpos se pudren y lo único que existe es la mente. En el momento en que eso se te olvide… el momento en que le dejes de tomar valor a la consciencia de una persona… es el momento en el que pierdes la tuya. Y los dioses se van a reír y te van a hacer volver a la realidad, porque, si hay algo que les gusta, es recordarles a los mortales de dónde vienen.")

… pero este estaría mercado en su mente de por vida.

Sin pensarlo, llevó mano hacia atrás y golpeó a su reflejo con toda su fuerza. El espejo se hizo pedazos, trozos se enterraron en sus nudillos y cortaron sus palmas. Esto era normal ¿verdad? Ella sabía que Kakashi-sensei lo hacía todo el tiempo, llegando a las reuniones de equipo con nudillos amoratados, no con vidrio, porque con el tiempo probablemente había dejado de comprar espejos y había aprendido a afeitarse sin ver…

Siete años más de mala suerte y contando, porque era probable que la mala suerte del Equipo 7 siguiera siendo terrible sin importar la superstición. Espejos rotos y albatros Muertos, todo sería igual. No le importaba, quería que terminara.

- Toma – dijo Naruto, dándole un rollo de vendas.

- Ándate.

Naruto la miró. Y, luego, dio un paso Adelante.

- No.

- Naruto. Sal ahora.

- Dije que no.

Ino lo fulminó con la mirada en silencio. Naruto la miró de vuelta, sin ceder.

- No importa – musitó ella, apáticamente, pero puso su mano en las palmas extendidas del chico.

- Es insoportable ¿verdad? El sentir que estás solo en el mundo. Flotando, como un corcho en agua, como una balsa en el mar. No tener a nadie. Estar perdido y solo. Ver a alguien que creíste que siempre iba a estar ahí para ti, alguien que nunca pensaste que se iría, desapareciendo repentinamente en las sombras, tan fácilmente. – Naruto jugueteó con sus pulgares. – No puedo recordar a mis padres, pero… entiendo cómo se siente no saber qué te traerá el próximo día. Desaparecer sin que se den cuenta, como un nadie sin nombre, sin haber dejado una marca memorable en el mundo, sin nadie que lamente mi muerte, ni que recuerde mi nombre después de seis meses.

- Lo odio – lloró Ino. – Odio no poder hacer nada. Si tan sólo hubiéramos sido más rápidos… he matado a tantas personas, sin preocuparme por ellos y, mírame, me hago pedazos cuando una persona que conozco muere. No puedo… no puedo hacer esto.

- Sí puedes – susurró Naruto. – Eres la persona más fuerte que conozco. Me salvaste de mí mismo, es hora de que haga lo mismo por ti.

Ino sacudió la cabeza.

- Cállate…

Naruto siguió hablando, sus palabras eran como magia y ella nunca había sabido que era capaz de ser tan elocuente verbalmente, dados sus horribles gramática y sintaxis en papel. Pero podía hacerlo y ella estaba escuchando esa habilidad.

- No sé cuánto te importe, Ino, pero sigo creyendo que eres hermosa. Y, sí, sé que sigues pensando en mí como un hermano menor. No me molesta. No me molesta tener hermanos y hermanas. Pero tenemos que protegernos unos a otros y ahora no es una excepción. Vuelve con nosotros, Ino. Sé que eres lo suficientemente fuerte como para superar esto sola. Va a ser más fácil, más rápido y menos doloroso si no lo haces sola. No te están castigando. No has hecho nada malo. Lo hemos dicho antes, y lo diremos de nuevo: no es tu culpa. No es culpa de nadie que no sea los hombres que se empecinaron en herir a otros. En matar a tu padre y sus compañeros de equipo.

˃˃El que sigas estando aquí no es un castigo. Es una marca de supervivencia, Ino. Sigues estando aquí, luchando por lo que crees. Protegiendo a tus amigos. Cuando fuiste esa noche, no estabas pensando en pecados y buenas acciones. No estabas pensando en belleza y fealdad, fuera por dentro o por fuera. Simplemente estabas cumpliendo con tu deber. Respondiendo a un llamado de auxilio de otro equipo de Konoha.

Ino sintió cómo volvían las lágrimas.

Pero ya no le ardían.

- E, incluso si ahora te odias, al resto de nosotros no nos importa. La razón por la que eras popular no era cómo te veías. Tu personalidad… tan extrovertida, confiada y considerada. Sabías exactamente qué le gustaba y quería la gente sólo viéndolos. A la gente le gustabas por ser tú y eso no va a cambiar por una cicatriz. Eres tan hermosa como te presentes, Ino, y eso nunca va a cambiar mientras sigas teniendo fuerza.

˃˃Tu padre era un hombre maravilloso y está bien sentirse triste. Hemos matado y herido, y está bien sentirse culpable. Tú…

- Cállate, Naruto – susurró Ino entre sus lágrimas. – Deja de ser un mocoso tan motivador. Me estás volviendo loca con tus… discursos increíbles y terapia mágica y…

Naruto la abrazó.

Ella de verdad necesitaba eso.

- Lo siento, chicos. Perdón por alejarme y explotarle en la cara a todos los que me intentan ayudar. Gracias. Gracias por no darse por vencidos – susurró ella.

- No. Está bien. Todos estamos aquí para ti – dijo Shikamaru. – A veces la vida apesta y, cuando lo hace, está totalmente bien decirle a la vida lo que piensas de ella.

Ino se rio y limpió la nariz.

- Pero, en serio, ahora me siento estúpida por haber reaccionado tan… guau, soy un desastre ¿verdad?

- Me mantenías en vela en las noches – admitió Shikamaru. – Puedo decodificar sellos complicados, pero estaba tan preocupado por ti que… no sabía qué hacer.

Ino sonrió.

- Finalmente, he logrado derrotar al gran Shikamaru. Con lágrimas y cicatrices. Menos mal tenemos a Naruto ¿eh?

- Me han dejado sin saber qué hacer antes – le recordó Shikamaru. ¿Recuerdas cuando éramos muy pequeños e intentaste llevarme de compras y yo no sabía qué estaba pasando?

- Oh, sí. Eso. – Ino soltó una carcajada. – Te preguntaba acerca de los colores de los vestidos y maquillaje y tú me ignorabas porque querías leer tu libro.

- Sólo decía eso porque no tenía idea de qué decir y no quería verme tonto.

- Eventualmente averiguamos que igual eras tonto en esa área.

- Lo sigo siendo – Shikamaru se encogió de hombros. Ino dejó que una sonrisa se quedara en su cara.

- No importa, sabemos que sensei es el miembro del equipo con el peor sentido de la moda.

- Objeción – protestó Kakashi-sensei, que hasta el momento había sido tan vocal como un adorno de jardín. – No tengo nada sino buenas opiniones de mi colección de kimonos.

Shikamaru palideció.

- ¿Podemos, por favor, no hablar de eso?

Ino se rio en silencio.

- No lo podía soportar ¿saben? – admitió. – El que mi papá se muriera era lo suficientemente malo, pero lo que lo hacía peor eran los susurros, la gente que me trata como un trozo de cristal. Sólo me hacía sentir más inútil y horrible… era un círculo vicioso.

- Discúlpeme – escuchó a su madre en el pasillo. – Le voy a pedir que, por favor, no vayas en esa dirección… ese es el cuarto de Ino, no el suyo…

Un hombre desconocido respondió:

- El mero hecho de que usted no esté dispuesta a permitirme demostrar mis respetos no hace sino probar mi punto. Necesita tiempo para descansar y sanar.

- Eso ¿ven? – susurró Ino. – Ellos…

- ¿Ellos decían esas cosas? – siseó Shikamaru, asqueado.

- Nunca de forma tan directa – Ino se enjugó apresuradamente los ojos, intentando ponerse presentable, mientras las piezas se juntaban en su cerebro. – Pero mi familia… somos un clan pequeño y cercano; ellos no… no serían capaces…

- ¿De qué está hablando? – explotó su madre.

El hombre le respondió:

- Es una niña de apenas catorce, una Genin para más remate; sería cruel a eso agregarle el estrés de liderar un clan cuando su padre murió en la misma batalla que ella luchó hace menos de una semana.

- Esto en malo ¿verdad? – interrumpió Naruto. – No sé ni una mierda acerca de esto, pero, a juzgar por la cara de Shikamaru.

- No está tratando de ser empático – murmuró Shikamaru. – Esta es una clásica manera de hacer que se le dañe la imagen a Ino, tomando ventaja de su período de duelo, edad y rango para "probar" que es muy inocente, joven y débil para ser una líder efectiva para el clan. Incluso si sus familiares le son leales, él todavía podría poner en duda su autoridad frente a las demás cabezas de los clanes. Puedo apostar que un tipo como Hiashi Hyuga, al que no le importa…

- Entre nosotros, los adultos, podemos encargarnos de todos los asuntos hasta que ella alcance la mayoría de edad.

- Eso, exactamente. - terminó Shikamaru.

- Pero ¿quién…? – se preguntó Ino en voz alta. No reconozco esa voz. Nunca la he escuchado antes… nadie que yo conozca sería capaz de hacerle esto a mí o mi papá…

- Ah, Ino. – Un joven pelirrojo entró a su habitación sin tocar. – No creo que me recuerdes. La última vez que nos vimos, eras una bebé. Permíteme presentarme de nuevo. Soy tu primo, Fuu Yamanaka y, como actualmente no tienes hijos, tu heredero.


N/T: Ha pasado mucho tiempo ¿verdad? Espero que este semestre haya sido mejor para ustedes que para mí. Les mando muchos cariños y esperanzas. No se olviden de dejar su fav, follow y review. ¿Qué les parece la aparición de Fuu? ¿Qué rol creen que vaya a tener?