CAPITULO XXX
—No sé a qué estáis jugando, pero ¿me puedes decir qué demonios significa esto? Se supone que la flamante novia iba a ser Hotaru y no tú —dijo Sasuke conteniendo el enfado que iba incrementándose por momentos.
Saku miró a los ojos a Sasuke con gesto serio. La determinación que sintiera momentos antes se estaba esfumando a pasos agigantados. Sin embargo levantó la barbilla y sacó la fuerza y el genio Haruno que decían que estaba arraigado en ella como la mala hierba y se encaró con Sasuke.
—Perdona que no te avisáramos con más antelación pero la verdad es que si te vas a casar con alguna Haruno, esa soy yo. Hotaru queda totalmente descartada. Es lo que hay.
Sasuke apretó la mandíbula ante tal respuesta. Esperaba a una Saku sosegada y arrepentida que le explicara el porqué de su cambio de opinión. Pero en cambio tenía a una guerrera Haruno frente a él con las pecas doradas remarcando el puente de su nariz y sus mejillas, que estaban rojas por el genio que desbordaba en aquellos instantes. Estaba magnífica.
—No me vale «es lo que hay». Hotaru se comprometió a ser mi esposa. Tú me dijiste que no te casarías nunca. Fuiste tajante y no dejaste opción. ¿Y el mismo día de la boda esperas cambiarte por ella y que me parezca bien? ¿Tan mezquino me consideras? No pienso casarme en estas circunstancias. —dijo Sasuke haciendo el gesto de dirigirse a la puerta para salir y poner fin a aquella farsa.
Saku fue más rápida y se interpuso en su camino. Se apoyó sobre la puerta y puso una mano al frente, sobre su pecho parándole en seco.
—Creí que eras lo mejor para Hotaru. Mi hermana siempre se ha sacrificado por todos los demás. Esta vez se merecía lo mejor. Se merecía al mejor hombre —dijo Saku rehuyendo la mirada de Sasuke. Le estaba costando muchísimo pronunciar aquel alegato—. Y además tuve miedo —continuó Saku. La agonía con la que había dicho las últimas palabras removió el interior de Sasuke.
Sasuke puso una mano sobre la mano que Saku aún mantenía apoyada sobre su pecho. Estaba seguro que ella ni siquiera se había dado cuenta de que seguía apoyándose en él, pero Sasuke era plenamente consciente de ese hecho. Él y cada pequeña parte de su ser, que la deseaban con desesperación. Lo que le hacía esa mujer, cómo le hacía perder el control y su buen juicio, era algo que no había experimentado jamás.
—¿De qué tienes miedo, Saku? —preguntó Sasuke instando suavemente con sus dedos a levantar el mentón de la mujer que amaba y poder ver la expresión de sus ojos.
Jamás pensó que el rostro de Saku pudiese adquirir un tono carmesí más subido, pero no cabía duda de que lo había conseguido.
—No lo entiendes. No... no puedo —dijo Saku angustiada.
—Inténtalo —insistió Sasuke con intensidad.
Saku apretó la mano que tenía sobre el pecho de Sasuke, haciendo que este tuviese que controlar el deseo abrasador que se apoderó de él.
—Me da miedo lo que siento por ti. Es un sentimiento tan fuerte que estuve dispuesta a morir por ti. Me aterra.
Saku solo pudo levantar la mirada para ver la expresión de Sasuke antes de que este se apoderara de su boca con ansia, con furia, con determinación, con un deseo abrasador que caló hasta los huesos e hizo que Saku sintiera las piernas volvérsele mantequilla. Toda ella empezó a temblar ante ese asalto a sus sentidos con una maestría que la tenía totalmente subyugada.
Sasuke saqueó la boca de Saku con desesperación, tan abrumado por lo que había escuchado que su propia reacción le asustó.
Sin saber cómo puso fin a ese beso y apoyó su frente contra la de ella mientras sus alientos, sus respiraciones agitadas, reclamaban más de ese intercambio demasiado efímero para saciar sus necesidades.
—¿Y crees que yo no tengo miedo, Saku? Llegaste aquí y lo cambiaste todo. Con tu inteligencia, tu generosidad, tu orgullo, tu pasión, tu belleza, tu seguridad... Me volviste loco. Jamás había sentido nada parecido. Nunca pensé que pudiese enamorarme de esta manera, pero me falta el aire cuando no estás. Me duelen las manos cuando no te toco y me duele el alma cuando no me miras de esa forma desafiante y cautivadora que me encadena a ti de forma inexorable. Te amo, Saku, más de lo que puedas imaginar. Te deseo tanto que me duele el mirarte y solo quiero pasar el resto de mi vida contigo. Así que, sí. Te entiendo, porque ten pon seguro que daría mi vida por ti, sin pensarlo, sin dudarlo. Me condenaría al infierno si me lo pidieras.
Saku sintió cómo las lágrimas se desbordaban de sus ojos dando rienda suelta a toda la emoción y tensión de los últimos días. Sasuke la amaba, la quería y la deseaba igual que ella a él. Le parecía mentira, un precioso sueño del que temía despertar.
—¿Y qué haces para que ese miedo desaparezca? —preguntó Saku mirándole con tanta pasión que Sasuke temió perder el juicio, tumbarla allí mismo y hacerla suya.
—Pensar en ti, pensar en nosotros jurándome una y otra vez que no dejaré que nada ni nadie me aleje de tu lado.
—¿Ibas a casarte de verdad con Hotaru? —preguntó Saku con la confianza adquirida después de las palabras de Sasuke pero todavía con la suficiente fragilidad como para temer que todo se viniese abajo.
—¿Tu qué crees? —contestó con voz ronca Sasuke—. Hablé con ella y pensamos en llevar al límite esta farsa, a ver si eso provocaba alguna reacción en ti, pero, no sé por qué, creo que Hotaru también ha estado conspirando a mis espaldas contigo y con Naruto. En cierta manera me siento derrotado por el ingenio de los hermanos Haruno. No se lo digas a nadie, pero si este es el resultado, por primera vez en mi vida no me importa saberme vencido —dijo Sasuke tocando el pelo de Saku casi de manera reverencial—: Creo que deberíamos salir y decirles que al final la boda tendrá lugar —continuó Sasuke con una sonrisa pícara que a Saku le aceleró el corazón—. Más que nada porque el padre Baiu tiene ya una cierta edad y la espera puede que lo acerque aún más al Creador. No quiero ser el responsable de tal acción.
Saku sonrió a su vez mientras Sasuke la cogía de la mano. Cuando salieron al salón y los presentes vieron sus manos y la sonrisa que no podían ocultar ni en sus labios ni en su mirada, los vítores y los clamores por parte del clan Uchiha no se hicieron esperar.
Kizashi Haruno miró a Sakura, y la miró con orgullo. Su pequeña, rebelde, testaruda hija, había conseguido ella sola algo que siglos de odio y rencillas entre los dos clanes habían hecho casi imposible de imaginar. Había unido a los dos clanes y había sanado el corazón de sus miembros.
