Quédate: Parte Dos
Capítulo 7
¿Por qué no nos conocimos antes?
El beso de Naruto fue diferente, tierno, lento, como si quisiera retener mi sabor, su lengua no pidió acceso al interior de mi boca, era solo el movimiento acompasado de labios, tan delicado e intimidante que rogaba a todos los dioses no convertirme en un río de lágrimas, cerré los ojos fuertemente dejándome arrastrar por su tierna caricia, sus manos acercaron mi cuerpo al suyo y mis brazos encontraron posición en su cuello mientras yo también grababa su sabor en mí.
En mis memorias...
En mis recuerdos...
En mi piel...
—Naruto...—la voz de Sasuke hizo que Naruto detuviera sus movimientos—Karin te está buscando, ve con ella cuando te desocupes— murmuró incómodo, sabía que mi rostro debía estar más rojo que un tomate maduro, sobre todo porque Naruto no se había separado de mí.
—Maldito entrometido...—murmuró entre dientes—, debí dejarlo en el orfanato cuando tuve oportunidad.
—¡Qué malo eres!
Su frente se unió a la mía e inhaló fuertemente.
—Hueles tan bien, Dulzura—mis ojos aún estaban cerrados— ¿Tenemos que bajar?
Sonreí.
—Es la fiesta de tus padres.
—¡Mierda!
Acaricié el cabello de su nuca con ternura.
—Creo que notarían nuestra ausencia.
Él hizo un pequeño puchero y yo alcancé sus labios dándole un pequeño beso.
—Vamos.
Su mirada era tierna, parecía un niño pequeño al que su madre está obligando a tomarse una fotografía familiar.
—Espera—acomodé su corbata y alisé su saco— ¡Ahora sí que estás listo!
Aprovechó mi cercanía para darme una suave palmada en el trasero.
—¡Gracias!
Sonreí, él me dio su brazo de apoyo, suspiré fuertemente y tomé, dispuesta a ser su compañera una noche más.
Eran nuestros últimos momentos juntos.
Había algunos invitados cuando bajamos la escalera, Sasuke y Sasori silbaron discretamente al verme bajar del brazo de Naruto lo que a él lo llenó de orgullo y les dio una sonrisa presumida, Karin tenía un traje negro que delineaba su esbelta figura y Sakura llevaba un vestido blanco suelto debajo de su pecho y se podía apreciar la curvatura de su vientre, se veía radiante, los hombres estaban muy elegantes en su frac de color negro.
—Mamá está arriba—dijo Karin—. Ha estado triste desde el almuerzo, ya sabes, las fechas. Creemos que tú puedes hacer algo ya que no ha querido hablar ni conmigo ni con Sasuke.
Naruto suspiró larga y profundamente antes de girarse a mí.
—Volveré en un momento, Dulzura—unió sus labios a mi frente dejándome un casto beso antes de subir las escaleras.
De inmediato ofrecí mi ayuda a Karin.
—¿Necesitas que te asista en algo?
—Sí, acompáñame a recibir los invitados.
Caminé detrás de Karin pensando en la tristeza de Tsunade y en la preocupación de Naruto, no podía entender cómo un simple viaje a la India podía provocar tanto drama entre ellos. Cuando llegamos al recibidor, Jiraya cruzó unas palabras con nosotras y se fue, dejándonos a cargo de la tarea de dar la bienvenida a los invitados.
El lugar estaba organizado de tal manera que todos entraban por la puerta principal, cruzaban la sala y por las puertas que daban a la terraza salían a la zona que cubría una gran carpa decorada con motivos navideños: pequeñitas luces de colores y muérdagos.
Karin me iba diciendo los nombres de los invitados y entre saludos fuimos hablando cosas banales como, por ejemplo, el enojo de Kakashi porque Naruto no había hecho el programa que él quería y la forma en cómo él manejó todo hasta hacer que Hatake dejara el programa en sus manos al menos este último mes.
En esa charla me enteré que había dado su carta de renuncia a Kakashi casi al mismo tiempo que había empezado nuestro trato, mi jefe había intentado por todos los medios que se quedara, pero él había sido tajante al decir que se iría a de viaje ¡Sin duda esa aventura, estaba provocando serios problemas en la vida de Naruto!
Sentí que me observaban y giré mi rostro para ver a Naruto caminando hacia nosotras.
—Karin, Tsunade necesita que la ayudes con el maquillaje— antes que pudiera decir algo, sus manos fueron justo a mi cintura atrayéndome a él— ¿Te dije ya lo hermosa que te vez con ese vestido?
Asentí y él acarició mi rostro con el dorso de su mano, sentí cómo el pequeño estremecimiento ya conocido recorría mi cuerpo.
—¿Te sientes bien? —pregunté al ver sus ojos acuosos y su semblante desmejorado, él sonrió.
—Estoy bien, mamá suele ponerse sentimental en estas fechas
Una pareja se acercaba así que Naruto se separó de mí para saludar con un fuerte apretón de mano al hombre que recién llegaba. Estuvimos ahí varios minutos más, minutos que parecieron horas en una obra de teatro, sonreír y asentir mientras las parejas cruzaban un par de palabras con Naruto, entendí por qué él odiaba esto. Un joven se acercó hacia nosotros y murmuró unas palabras a Naruto, él sonrió antes de asentir al joven.
—Mis padres van a bajar ya, debemos estar en el final de las escaleras, —tomó mi mano guiándome a la recepción—Es tradición que Karin baile el primer acorde con papá yo lo hago con Tsunade—caminamos hasta llegar junto a Sasori—Sasori se quedará contigo prometo no demorarme—dio un ligero beso en mis labios antes de alejarse y tomar la mano de Tsunade.
El baile fue mágico, perfecto, amaba la forma en cómo Jiraya veía a Tsunade, sus ojos eran de infinito amor y esperaba que fueran felices muchos años más, ella trataba de mantener una sonrisa, pero había algo en su mirada, algo que me hacía creer lo contrario, sobre todo cuando en medio del baile se aferró a Naruto como si la vida se le fuese en ello.
Apoyó su rostro a su pecho y luchó para no quebrarse mientras Naruto la movía al compás de la música, dos temas después estaba bailando con Naruto mientras Jiraya lo hacía con Sakura dándole la oportunidad a Sasuke de bailar con su madre.
La atmósfera había cambiado después del baile de Naruto y su madre, él estaba ido, a pesar que me tenía aferrada por la cintura mientras nos movíamos bajo el ritmo de la música, podía sentir como su alma estaba en cualquier lugar menos conmigo.
—¡Hey!... —lo llamé mirándolo a los ojos—. ¿Sucede algo? —él negó con la cabeza, frunciendo el ceño y haciendo ese gesto con el labio que amaba.
¡Mierda, lo amas! ¡Joder, Hinata, no puedes amarlo! Deberás repetirlo como si fuera un mantra, como si fueras Bart Simpson escribiendo en el pizarrón.
—Estoy bien. Algo cansado, quizás.
—¿Tomaste tus medicinas? —él asintió girándome en la pista, pasó una mano por su cabello alborotándolo un poco y sonrió pícaramente haciéndome mirar hacia arriba.
—Un muérdago—dije como tonta.
—Sabes lo que significa—no era una pregunta, rodé mis ojos.
—El salón está lleno de esos.
—Es tradición Dulzura.
—Por lo que veo esta familia está llena de tradiciones.
—Si no lo hacemos estaremos exponiendo el matrimonio de mis padres al fracaso.
—Mentiroso.
—Bueno, lo dejo en tu conciencia—dijo socarrón.
—Eres insoportable, ¿lo sabías? Este salón tiene más de cien personas, no te besaré en público.
—Somos pareja—me hizo girar—¡Bésame, Hyûga!—me dio su sonrisa torcida y automáticamente sentí la humedad en mis bragas.
—Soy muy tímida.
—Hyûga—ordenó tácitamente.
No pude resistirme, lo besé. El beso fue suave, lento, sin presiones ni prisas, me encantaba besarlo así, sin el deseo desenfrenado que solía invadirnos cuando estábamos solos. Era maravilloso sentir que entre él y yo había un sentimiento de ternura, de amistad, de complicidad y dulzura. Nadie nos observaba, Jiraya y Tsunade, que ahora bailaban juntos, eran la atracción. Me acurruqué en el pecho de Naruto y bailamos otra melodía.
Naruto inhaló en mi cabello mientras ambos escuchábamos la letra de la canción, cerré los ojos fuertemente intentando no escuchar lo que era inevitable, esa letra era como una versión de nuestra historia. Hablaba de un comienzo con fecha de caducidad y la presión en mi pecho era fuerte y certera, hablaba de la pasión, del entendimiento, de sentimientos entrelazados, pero también hablaba de algo que temía, un corazón roto.
Naruto me apretó aún más a su cuerpo y podía sentir sus latidos. Sí, yo sabía que esto acabaría, pero eso no me había impedido sentir cosas por él, a pesar de su sexualidad innata y de lo cabrón que podía llegar a ser, Naruto era diferente y me alegraba poder conocer esa faceta de él. Seguimos moviéndonos suavemente entre las parejas que bailaban alrededor de nosotros, pero para mí, solo estábamos él y yo.
Y el amargo sabor de que pronto llegaría la despedida.
Inhalé fuertemente al finalizar la canción, no quería llorar, no podía permitírmelo
—¿Sucede algo?—Naruto me tomó del mentón y negué con la cabeza a pesar de que estaba segura que mis ojos decían lo contrario.
—Nada.
—¿Segura?
—Segura.
—Vamos a tomar algo.
—Neces...—tragué saliva para quitar el nudo en mi garganta—.
Necesito algo de aire.
—¿Quieres que te acompañe?
—Gracias, pero, no.
Naruto suspiró con un gesto resignado dejándome ir, caminé lo más rápido que me permitieron mis pies hasta llegar a la parte trasera de la casa.
Llorar ¿para qué? de nada serviría, igual el día noventa llegaría.
A pesar de que estaba haciendo frío, había logrado reorganizar mis pensamientos y estaba más tranquila, no habían pasado ni quince minutos cuando sentí que acariciaban mis hombros; no tenía que girarme para saber que era él, reconocería su fragancia natural, aunque lo tuviese a kilómetros de distancia.
—Estás helada, nena—colocó algo suave en mi espalda y miré sobre mi hombro. Era su chaqueta y no pude evitar inhalar su aroma fuertemente, grabando en mi memoria su olor, sus besos, eso es todo lo que quedaría, recuerdos.
—¿Te irás de viaje apenas acabe nuestro trato?
Naruto se colocó a mi lado, sacó de su pantalón el tubito metálico encendiéndolo y llevándoselo a la boca.
—A lo sumo, una semana, he trasladado casi la totalidad de mis pacientes a una nueva colega que viene desde Londres; tengo todo cubierto.
Nada al azar, todo planificado.
—¿Es eso lo que te tiene así, Hinata? ¿Pensar en el final de nuestro trato? —Respiró fuertemente sin mirarme— No me digas que te enamoras...
—¡No! —Le corté sin verle—Simplemente quería darte una copia del manuscrito de "Atada a ti".
—Puedes llevarlo a mi departamento, si eso quieres—se encogió de hombros—. Jiraya quiere bailar contigo, ¿entramos?—apagó el aparatito luego de dar un par de caladas y me ofreció su brazo, le devolví la chaqueta y tomé su brazo...
Disfrutaría nuestros últimos momentos y al final de esta locura guardaría esos recuerdos en un baúl y lo enterraría en el lugar más oscuro y lejano de mi corazón. Usaría todas mis fuerzas por lograrlo, sin embargo, temía no ser tan fuerte.
Desperté enredada entre los fuertes brazos del hombre que estaba a mi espalda, no sabía a qué hora exactamente nos habíamos despedido de todos y nos vinimos a la cama, tampoco sabía qué hora era.
—Naruto—susurré suavemente tocando sus brazos con la punta de mis dedos, lo sentí removerse incómodo, pero no despertó—. Naruto, necesito que me sueltes.
—Joder, Hinata, es mañana de Navidad, ¡déjame dormir unos jodidos cinco minutos más!
—Tú puedes seguir durmiendo solo déjame salir de la cárcel de tus brazos—murmuré quedamente. —No quiero...
—Actúas como un niño pequeño.
—Un niño pequeño no podría tener una de estas—adhirió su erección a mi espalda baja haciéndome estremecer completamente—¡Feliz Navidad, Hinata!—besó mi cabello y luego mi hombro. —Tenemos también que celebrar tu cumpleaños, no lo he olvidado.
Sonreí
—Feliz Navidad, Naruto—ahogué una risa, él siempre sería un animal necio y encantador—. Necesito hacer algo urgente en el baño, ¿me podrías soltar?
—Con una condición.
—¿Condición?—pregunté extrañada.
—Sí, condición, quiero que cuando regreses del baño estés completamente desnuda—sonrió mordiendo mi hombro.
—Déjame salir.
Naruto aflojó su amarre.
—Hinata Hyûga desnuda; ¡sí! Feliz Navidad para mí—dijo colocando ambos brazos debajo de su cabeza y quedando boca arriba en la cama con la sábana cubriendo su masculinidad semi erecta.
Entré al baño rápidamente y respiré un poco más tranquila cuando pude vaciar mi vejiga, iba a tener que ir al médico, esto pintaba como incontinencia urinaria y era muy joven para padecer algo así.
Busqué en mi neceser el cepillo de dientes y una liga para atarme el pelo, tomé la caja de las pastillas anticonceptivas tomando la píldora del día, justo cuando iba cerrar vi el regalo de Naruto, lo tomé con cuidado—no sabía si le gustaría, pero quería darle un pequeño detalle—, destrabé la puerta y observé por unos segundos el glorioso espécimen que estaba aún acostado en la cama.
Estaba relajado, tranquilo y jodidamente hermoso...
—Espero que estés desnuda cuando abra los ojos, nena.
—No voy a desnudarme—dije caminando hacia la cama.
Naruto abrió los ojos y su mirada vagó por mi cuerpo cubierto por mi pijama.
—Es Navidad—refunfuñó— ¡Joder, me quitas la diversión, Hinata!
No sabía cómo darle el CD así que pensé que era mejor sin ceremonias.
—Feliz Navidad, Naruto—musité estirando la mano que sostenía el CD —. Es un regalo simbólico—se sentó sobre la cama y tomó el paquete quitando su envoltura—. Sé que te gusta la música de David Garret.
—Hinata—me abrazó—, gracias—sus ojos traspasaron los míos como si quisieran decirme mil cosas y a la vez nada.
—De nada.
Se giró un poco y buscó entre la mesita de noche hasta mirarme nuevamente.
—Feliz Navidad para ti, también—me tendió una pequeña bolsa de terciopelo.
—Naruto...
—Ábrelo, Dulzura y no se aceptan devoluciones.
Abrí la bolsita y la volteé sobre la palma de mi mano, una esclava de plata salió de ella, la miré fijamente, tenía una pequeña estrella de oro en sobre relieve y una inscripción grabada.
—Esto es...—dije intentando reconocer el idioma en la inscripción.
—Es hindi.
—Es muy hermosa—dije observando la pieza en mis manos.
—Era de mi madre.
Enfoqué mi mirada en él.
—Naruto no puedo—estiré la esclava hacia él, la tomó y luego abrió mi mano dejándola ahí y cerrándola entre la suya. —debe significar mucho para ti.
—Solo es una pulsera.
—Una pulsera con un idioma extranjero que no entiendo, por lo tanto no tengo ni idea qué dice.
—Dice: Gracias por la oportunidad
Me incliné hacia él abrazándolo fuertemente a pesar de que no entendía el sentido de la frase, él me atrajo sentándome sobre su regazo y coloqué mi cabeza en el hueco de su hombro mientras Naruto dejaba pequeños besos sobre el mío.
De esta manera comenzábamos a despedirnos, era el comienzo de nuestro fin.
—¿Estás segura que no quieres quedarte en mi casa esta noche?— susurró acariciando mi mejilla suavemente, estábamos en su coche en las afueras de mi edificio.
—Necesito trabajar en el epílogo de la historia.
—Dulzura...—colocó ojitos de cachorro abandonado.
—Necesitamos descansar, Naruto.
Y guardar distancias.
—¿Nos vemos mañana, entonces?
—Es nuestra última semana.
Naruto tensó su cuerpo y cuadró sus hombros.
—Sip, es nuestra última semana, has aprendido bastante, espero que cuando no esté consigas una buena persona con la cual puedas explorar tus límites.
Sus palabras fueron secas, su voz era carrasposa y su bello rostro una máscara sin emociones.
—Conozco las cláusulas de nuestro trato.
Le contesté casi con indiferencia, no quería que viese como mis emociones se desbordaban ante el inminente fin, eran dolorosas.
—Quiero que pases conmigo Año Nuevo.
—Naruto, quiero hablar con Hanabi.
—Sabes que no vendrá hasta que no leas ese diario.
—Yo iré a verla, necesitamos arreglar nuestros problemas —acomodé mis lentes y peiné mis cabellos en un vago intento de no mirarlo a los ojos.
Agarró mi mano entre las suyas.
—Pasa Año Nuevo conmigo, tú y yo juntos.
—¿Y tus padres?
—¿Qué pasa con ellos?
—Querrán pasarlo contigo, Tsunade está muy triste por tu viaje.
—He estado con ellos en Acción de Gracias y Noche Buena, entenderán que quiero estar contigo—aclaró su garganta—. Eres mi "novia"—hizo comillas con sus dedos— además, sería el día noventa.
—Iré con Ino, siempre lo hago, si quieres venir...—dije dándome por vencida, esperando la posibilidad que él se negase. Qué equivocada estaba, la sonrisa de Naruto no tenía precio.
—Esa será nuestra última noche, Dulzura—sus dedos acariciaron mi labio inferior.
—Lo sé. Tengo que irme—me giré para salir del auto.
—Hinata—me giré mirándolo a los ojos— ¿No se te olvida algo?
Alcé una ceja sin entender.
—Ven aquí y bésame.
Me dio su sonrisa ladeada y pude sentir el estremecimiento de mi entrepierna. Santo Joder de todos los Joderes, aún no me tocaba y ya me tenía a su disposición.
—Hyûga—era un gatito ronroneando.
Soltó su cinturón y se acercó a mí, su rostro a centímetros del mío pidiéndome con miradas silenciosas que tomara la iniciativa, deslizó su mano por mi nuca dejándola en la parte baja de mi cabeza sin presionar.
—¡Hazlo, Dulzura!—murmuró anulando mis sentidos con su aliento y no fui consiente hasta que sus labios empezaron a moverse bajo los míos, suaves, carnosos. Exquisitos.
Y lo llevé hasta mi habitación y le hice el amor sin restricciones, dejando ir mis miedos, sintiéndolo dentro de mí sin pensar en nada, queriendo creer que lo nuestro sería para siempre.
Mintiéndome, una vez más.
Los días habían pasado en un abrir y cerrar de ojos, no sabía muy bien si era porque me sentía mucho más cansada que de costumbre o porque
Naruto prácticamente estaba viviendo conmigo en mi departamento, él había intentado que leyéramos el diario de Hanna juntos pero yo tenía muchas cosas que hacer y demasiada tristeza oculta como para querer leer algo que sabía me quebraría nuevamente; grande había sido mi sorpresa cuando lo vi en la puerta de mi departamento al día siguiente de nuestro viaje a los Hamptons con Frey atada fijamente a una correa para cachorros.
"—No pensarás que la dejaría una semana completa sola en casa y, ya que tú no quisiste ir, pues yo he venido. Te hace falta aprender mucho, Hinata, creo que el tiempo nos quedó corto".
Pasamos toda la semana juntos—a excepción de las horas en las que Naruto iba a la emisora a preparar todo para el programa o cuando salía a atender a sus pacientes—pero, no intimamos, hubo juegos, caricias y muchos besos, pero nada más. Yo estaba presionada con el fin del libro y quería entregarlo antes de final de año, sabía que la separación sería peor si todavía existía algo concreto que me uniera a él y por lo tanto no quise arriesgarme; me puse obsesiva con los detalles finales.
Naruto me hizo una pequeña sorpresa de celebración por mi cumpleaños con mis amigos.
Entre juegos, risas y besos llegó el fatal día noventa y me sentía como una condenada a muerte, sin embargo, me levanté dispuesta a que no se me notara, preparé el desayuno para ambos y lo llevé a la cama, ya tendría tiempo para lágrimas, por ahora, tenía un día cargado de tareas, lo había planeado así para no tener tiempo de pensar en la guillotina que cortaría mi cabeza.
Era tradición que el último día del año yo me quedara con Inojin mientras Ino y Sai ayudaban con la cena de fin de año en casa de los suegros de Ino; por esa razón, el niño estaba con Naruto en la habitación viendo caricaturas.
—Hey Dulzura—la voz de Naruto me hizo despegar la mirada del computador—, son más de las dos, creo que deberíamos darle de comer al pequeño.
Me miró con cara sexy y me rugió como el rey de la selva.
Si bien Naruto vestido elegantemente era hermoso, podía decir que informal era magnífico y que desnudo simplemente la gloria, no podía negar que se veía divino en esos viejos pantalones de yoga y la camisa sin mangas, con sus pies descalzos y el cabello alborotado, pero, mi ánimo no estaba para bromas.
¡Y el premio Razzie a la peor actriz es para...!
Me pasé la mano por el cabello, estaba estresada, llevaba parte del día escribiendo y borrando párrafos enteros de la novela. Quería darle un cierre justo a la historia de Menma y Tanahi, pero nada de lo que salía de mi cabeza me gustaba.
—Pidamos algo de comer.
—¿Pizza?
—Naruto, tiene cuatro años—repliqué.
—No sé nada de niños—bufó.
—Vas a tener un sobrino en un tiempo, te vendría bien aprender—una pequeña sombra de tristeza cruzó por su rostro, pero se recompuso rápidamente.
—¿Lasaña, entonces?
—A Inojin le gusta de pollo.
—Ok, lasaña de pollo y vegetales ¿Te falta mucho?—parecía preocupado.
¿Será que a él también le afecta el día 90?
Rápidamente deseché ese pensamiento.
—No, solo un poco, ¡ay, no sé! me hace ruido la forma en que encajé a la madre de Menma con Tanahi. Se odian.
—¡Cliché!—Naruto se burló mientras desaparecía por el corredor.
Afortunadamente la comida llegó bastante rápido—Ino me mataría si se enterara que descuidé a Inojin—, tenía tantas cosas en la cabeza: Hanabi, el diario de Hanna, la conclusión de mi libro y esa maldita guillotina que era para mí el día noventa.
Naruto hizo reír a Inojin durante la comida, le contó chistes.
Después de tener su pancita llena mi pequeño se quedó dormido como era lo habitual, Naruto leía mientras yo terminaba los ajustes del epílogo, había querido no mirarlo, pero era imposible, tenía unos pequeños lentes de montura fina y vidrios cuadrados haciéndolo ver sexy como el infierno, Frey estaba echada a sus pies y disfrutando de la calefacción; suspiré sonoramente al terminar de releer, no me gustaba el resultado final.
—¿Sucede algo?—se levantó del sofá y caminó hacia mí.
—Intento dar un buen final, una promesa de amor eterno mientras hacen el amor.
Naruto acercó un taburete y se sentó a mi lado y acomodó la pantalla del computador hasta que pudo leer.
Eres la señora Stroux, ahora—susurró él suavemente—. No sabes cómo te deseé anoche. Dormir sin ti fue un suplicio, nena.
Tanahi sentía cómo su cuerpo empezaba a cosquillear ante la magnífica presencia de su marido y no pudo evitar temblar cuando su cuerpo se acercó por detrás de ella acariciándola suavemente, podía sentir el deseo emanando del cuerpo de Menma y del suyo propio, pero más que eso quería que fuese especial, quería que esa noche su vida se dividiera en dos: un antes y un después del maravilloso hombre de cabellos alborotados y mirada encantadora, ese hombre que le había dado una sonrisa mágica haciéndola ver que había un camino diferente para ella. La Tanahi de siempre moría definitivamente ese día para ser, la señora Stroux como él la había llamado.
—Te deseo —susurró Menma, despacio.
—Yo también —se giró entre sus brazos acariciando suavemente la melena de su hombre.
—Nena tú...
Ella sabía lo que le diría, así que colocó sus dedos sobre sus labios.
—Basta, eso no existe —murmuró con voz pequeña—, somos tú y yo.
—Lo somos.
—El pasado no existe.
—No existe, nena. Solo quiero pensar en el presente y en el futuro contigo a mi lado, quiero un bebé ¡Muchos bebés, quiero!
—Amariconaste al hombre...—Naruto se burló—. No me mires así, fuiste tú quien escribió esto y el hombre está claramente mariconeado.
—¿Esa palabra existe? —le di mi mejor cara de letrada e ignoré el gesto gracioso que hizo—. Él está enamorado es así como debe actuar.
—Estás cayendo en un cliché muy jodido, es algo por lo que detesto a
Black. Si él ha sido serio y seco simplemente no puede ser un almíbar ahora por mucho que la ame, Dulzura. Debe ser tierno sin llegar a la zalamería, pero más que todo mostrar el deseo que siente por ella.
—Bueno, ¿cómo lo detallarías tú, señor escritor? —alcé una ceja y lo reté.
—¿Me desafía, señorita Hyûga?
—Sí, señor Uzumaki.
—Sabes lo cachondo que me ponen los retos—su voz bajó un poco, a un tono completamente sexual y varonil.
—La cama está ocupada—zanjé el tema.
—Soy un hombre de recursos, tenemos el baño, el sofá, la habitación de Hanabi... ¿El balcón?
—Exhibicionista—lo golpeé en el brazo—. ¿Vas a ayudarme sí o no? —acomodó el computador sobre sus piernas y colocó una sonrisa ladina en su rostro, antes de teclear velozmente.
Cuando terminé de leer su relato no tuve ningún argumento para rebatir sobre lo que había escrito, era pulcro, limpio y daba al párrafo cierta sensualidad propia de una noche de bodas. Mi celular sonó desde la mesa de noche y salté del taburete sacándole la lengua a Naruto que me miraba con suficiencia.
Era un mensaje de Ino diciendo que nos esperaba a las seis en su casa, como Naruto quería pasar antes por la casa de Jiraya y Tsunade di la orden de empezar a arreglarnos, estábamos justos de tiempo.
—¿Inojin? —preguntó Naruto mientras salía del baño con una toalla atada a su cintura.
¿Tenemos que ir con Ino?
¡Sí, si tenemos!
—Vestido como el príncipe que es, viendo caricaturas en mi laptop— contesté mientras escogía un suéter negro y unos vaqueros.
—¿Por qué no usas este?—dijo pasando la mano por mi hombro y sacando un vestido que había conseguido en mi última compra con Ino, lo había adquirido más por su obstinación que por otra cosa. No me extrañaba que Naruto supiese la existencia de ese vestido, de hecho, había estado inmiscuyéndose en todas mis cosas estos últimos días, sacó el vestido del armario dejándolo frente a mí.
Era negro, de manga larga y cuello alto, además que quedaba como cuatro dedos antes de mis rodillas.
—Naruto
Me giré para rebatirle por qué no usaría ese vestido, pero no pude, mis ojos y cada una de mis neuronas se quedaron truncadas en el pecho del hombre frente a mí, tenía las pequeñas gotas de agua que lo recorrían, no se había rasurado y esa barba de tres días lo hacía lucir jodidamente sexy, me sentía muda, mi cuerpo no respondía las ordenes de mi cerebro. Ciertamente no era la primera vez que veía a Naruto en esta situación, pero no por ello pude evitar sentir cómo la temperatura de la habitación subía considerablemente mientras mi cuerpo comenzaba arder.
—Me gusta cuando me miras así—su mirada brilló con picardía y diversión.
—¿Cómo?—inquirí haciéndome la desentendida.
—Ya sabes, como si quisieras abusar de mí—se burló—. Pero creo que estamos algo cortos de tiempo y cierto enano pizpireto está despierta así que no podemos ser tan impulsivos, contrólate, por favor.
—Arrogante.
—Mi mayor cualidad, linda—sonrió ladinamente—, pero el vestido me gusta más, no sé mucho de moda, pero sé lo suficiente sobre sexo y créeme cuando te digo que te verás tan ardiente como el infierno, entonces, yo tendré esa mirada que tú tienes ahora, lo que hará que quiera tomarte de todas las formas que conozco. Y créeme, son muchas...
Cerré los ojos y negué con la cabeza, caminando hacia el baño, lo mejor sería una ducha, en lo posible bien fría.
Salí del baño más relajada y respiré profundamente, por las risas que escuchaba, Naruto estaba en la sala jugando con Inojin. Tomé el vestido y busqué ropa interior, unas botas hasta la rodilla, ricé un poco mi cabello y me maquillé.
Al mirarme en el espejo me sentí hermosa, mi esfuerzo estaba dando resultado, tomé un abrigo y salí en busca de Naruto e Inojin.
Hicimos una parada en la casa de Sasuke, Jiraya y Tsunade pasarían el Año Nuevo, con él y Sakura
La tensión entre la cuñada de Naruto y yo era demasiado evidente y aunque no entendía qué carajos le pasaba conmigo, no hice ningún intento por aclararlo, me concentré en Inojin que jugaba con la mascota de Sasuke, mientras Naruto hablaba con su hermano y sus padres, Sakura se sentó a mi lado, ignorándome. De reojo pude apreciar que ella no apartaba la mirada de su esposo, suegros y cuñado.
No niego que yo también estaba enfocada en lo mismo, Naruto se veía demasiado sexy, se había quitado su gabardina café al llegar al departamento y había remangado su camisa hasta los codos debido a lo alto de la calefacción.
Por un momento nuestras miradas se cruzaron y me dio su sonrisa patentada levantando la copa que tenía en sus manos lo que hizo que Sakura se levantara del sofá, me encogí de hombros y contesté la pregunta que Inojin me había realizado, Tsunade se acercó a nosotras con un paquete de regalo en las manos.
—Miren lo que tengo para un señorito bello y educado que visita esta casa.
—Manina no te muevas, me está hablando a mí. —Inojin, me indicó severamente.
—Santa lo dejó en mi casa de la playa —continuó la señora Uzumaki.
—¡Oh! Santa es muy bueno, cuando vea a mami le diré que le diga muchas gracias. —En cosa de segundos se fue al paquete y lo abrió, quedó maravillado con el libro interactivo que contenía.
—Gracias, no debiste preocuparte.
—De alguna manera debía darte las gracias.
Iba a preguntarle por qué cuando vi sus ojos a punto de lágrimas, no entendía, pero le sonreí y ella me abrazó, fue tan cálida que no dudé en devolverle el gesto. Sería la última vez que estaría con ella y sentía que yo también debía agradecerle lo amable que había sido conmigo todo el tiempo que fui la "novia de Naruto".
Nos despedimos de todos y emprendimos el viaje hasta la casa de los suegros de Ino. Me fui en el asiento de atrás, acompañando a mi ahijado que estaba fascinado con su regalo, por el espejo retrovisor crucé mirada con él y no pude evitar que mi corazón se apretara.
A pesar de la vocecita alegre de mi príncipe, el ambiente era tenso, con cierto aire de fatalidad que ninguno de los dos se atrevió a romper. No bien aparcamos, tomé mi bolso y me bajé con el niño en brazos, Naruto nos siguió con la sillita del auto, la pequeña maleta y una botella de champaña en la mano
La casa de los padres de Sai mantenía el aire familiar de siempre, aunque estaba profusamente decorada con el típico cotillón de Fin de Año. Nuestra llegada alborotó la casa, la pequeña acaparó la atención de todos mostrando su regalo y yo tuve que tragarme la broma de Sai apenas me salió a recibir.
—Son la perfecta familia de comercial: mamá con el hijo en brazos, papá cargado las cosas pesadas.
No pude rebatirlo, tomó a Inojin en brazos, ayudó a Naruto con la silla del auto y entró hasta la cocina.
Otra vuelta de tuerca que apretó mi corazón.
Kiba llegó minutos después, pensé que vendría solo, pero Samui, mi vecina, estaba a su lado, al parecer las cosas entre ellos iban bien ya que se veían cómodos juntos. Naruto y Sai estaban matando el tiempo jugando Play 3 por lo que se unió a ellos
¡Típico de hombres! juegan mientras las mujeres nos ocupamos de los detalles.
Samui resultó muy buena a la hora de ayudar con los bocadillos y las adiciones de licor al coctel, cosa que Ino y yo agradecimos por lo que nos dio tiempo de conversar.
—Si no te conociera, diría que estás feliz.
—Extraño a Hanabi.
—Bueno, es lógico, pero no lo decía por eso, lo decía por lo tuyo con Naruto.
—Eso ya es pasado, estamos en los descuentos.
—¿Seguro?
—¡Seguro!—fui a mi cartera, saqué un pendrive y se lo mostré— ¡Terminé el libro!
Mi amiga gritó de emoción y me abrazó con fuerza.
—¡Felicitaciones! Estoy segura que serás un éxito.
—¡Ay, ay! ¿Podlían dejar de abazalse y pleocuparse po la cena? Teno hambre y quero comer de todas esas cositas pequeñitas que hay en la mesa — nos urgió el pequeño, con los brazos cruzados.
Durante el coctel disfrutamos de las diabluras de Inojin, de las aventuras juveniles de Ino y de las graciosas acotaciones de Naruto. La madre de Sai trajo una bandeja con pequeños racimos de uvas para realizar el ritual de Fin de Año y las dejó en un aparador, no pude evitar comparar con mis años nuevos con George: él y yo comiendo pizza en el porche de la casa junto con una Pepsi, sin celebraciones, ni tradiciones.
Mi abuelo era un hombre duro y silencioso que no mostraba sentimiento alguno por nadie, pero eso no significaba que no los tuviera, era un hombre estricto a la hora de la disciplina y sus castigos eran algo retrógrados, pero siempre recordaré la pequeña arruguita que se formaba en su entrecejo cada vez que llegaba a casa con una excelente calificación; su voz me decía que era mi obligación hacerlo, pero sus ojos y su arruguita me mostraban lo orgulloso que estaba de mí.
Siempre, en estas épocas me acordaba de él, era como si de alguna manera el espíritu navideño y de Año Nuevo me permitiese por unos segundos atrapar a aquel hombre que siempre fue para mí un misterio a pesar de ser mi única familia, hasta que llegó Ino, Kiba y después, Hanabi.
Negué con la cabeza el pensamiento que amenazaba con aparecer... sí, familia, hasta que llegó Naruto a mi vida. Lo busqué con la mirada, estaba conversando animadamente con el padre de Sai, se giró a mirarme, alzó su copa, me guiñó un ojo y se volvió para seguir su charla. Sonreí al darme cuenta que me espiaba por el reflejo de una vitrina.
Naruto... ¿Qué era Naruto en mi vida? No era mi primer amor, otro ostentaba ese puesto, Naruto sería un amor pasajero que esperaba olvidar pronto, el hombre que me enseñó a sentir, a amar, no el amor adolescente e ingenuo que Utakata me había dado.
El timbre de la entrada sonó anunciando que alguien más estaba llegando y me sacó de mis cavilaciones. El señor Dawson fue hasta la puerta, miré a Ino de manera interrogante, ella me respondió encogiéndose de hombros, pero, no tuve que esperar por una respuesta: Utakata estaba ahí y no estaba solo, una mujer alta de cabello negro lo acompañaba y con ellos, un pequeño niño que se escondía detrás de una de las piernas del hombre que una vez creí amar.
Los ojos de Utakata, ambar, se encontraron con los míos y sentí como se esfumaba todo lo que me unió a él: no sentía nada, ni dolor, ni pena, ni rabia ¡Nada!
Comenzaron los saludos y las presentaciones y no pasó desapercibido para mí que la mujer que venía con Utakata le dio una mirada depredadora a Naruto, la rabia inundó cada poro de mi ser, quizás hoy era nuestro último día, pero todavía Naruto Uzumaki era mío, así que rápidamente me acomodé entre sus brazos y dejé que me diera el besito en la frente que se le daba tan natural al maldito que encogía mi corazón.
Quité el mechón de cabello que caía en su frente antes de dejar un beso en sus labios, me felicité mentalmente por haber aceptado el consejo de Naruto y haber cedido en lo del vestido.
Por un momento me pareció ver algo de tristeza en el rostro de Kiba, pero no fue hasta que Samui se acercó a él y acarició su barbilla que medio sonrió, conocía muy bien a mi amigo y sabía que algo sucedía, luego le preguntaría.
Sai me pidió disculpas con la mirada, pero no podía hacer nada, Utakata era su hermano y sus padres estaban felices de tenerlo en casa, así que simplemente me encogí de hombros y dejé que los brazos de Naruto me hicieran sentir segura.
—Creo que los primos se llevarán muy bien, están felices robando los canapés de la mesa pequeña—la abuela Dawson traía una gran fuente humeante y se escuchaba feliz al hablar de sus nietos.
Nos ubicamos a la mesa, la cena fue tensa, Utakata quedó sentado en diagonal a mí y no dejó de mirarme haciendo que me sintiera incómoda— no por mí, sino por los otros—, Naruto se portaba como el perfecto novio encantador, que se ocupaba de todo para que yo no tuviera problemas.
—Nunca imaginé que me iba a divertir tanto al aceptar la invitación de Hinata; señores Dawson, tienen una familia magnífica.
—Gracias, Naruto, conocemos a Hinata desde que era una chiquilla. —dijo complaciente la madre de Utakata.
—Y nos alegra mucho que ella al fin tenga un novio de verdad.
Lou, el padre de Sai y Utakata, usó un tono de recriminación para aludir a su hijo mayor. No me lo esperaba, así que me tomé urgente un sorbo de agua para disimular. Afortunadamente Ino intervino.
—¡Brindemos por el amor y por el nuevo heredero, mi hijo, que viene en camino!
Todos alzamos las copas y bebimos, pero la tensión seguía hasta que el hijo de Utakata llegó para hablarle a la madre al oído e Inojin gritó desde la escala.
—Abuela, ¿mi primo puede quedarse a dormir? Quiero jugar con él antes que nazca mi hermano.
Mi ex novio se puso de pie y tomó la mano del niño.
—Tendrá que ser otro día, ahora tenemos que cumplir con un compromiso social.
Entre las recriminaciones de la madre, las explicaciones del hijo y la pataleta del pequeño se formó una pequeña batahola que hizo que la mujer de Utakata chocara con Naruto; ella le puso cara de carnero degollado y dio disculpas, él guardó silencio y apenas la miró.
—¡Nos vemos el próximo año!
Gritó Inojin, antes que cerrara la puerta por fuera el mayor de Dawson.
Fui a la cocina por una segunda ración de postre y aproveché la oportunidad para llamar a Hanabi, en solo un par de meses ella se había metido profundamente en mi piel y necesitaba escucharla, respiré profundamente y
marqué rápidamente los números de su teléfono
Pitido...
Pitido...
—Bueno.
No contesté.
—Hinata, ¿eres tú?
La voz de Hanabi me sonó dulce y suave.
—Hola Hanabi. —Dije en un murmullo, sentía un nudo en mi garganta, pero no quería llorar.
—Hola Hinata...
Silencio. Maldito silencio.
—¿Cómo estás?
Hanabi rompió el hielo, de fondo podía escuchar música por lo que me pareció que estaba en una fiesta.
—Estoy bien, con Naruto y los chicos. Tú, ¿cómo estás?
—Mi padrino y los chicos están tocando en una fiesta privada...— silencio...— Te extraño, Hinata—Su voz se quebró y tomó todo de mí para no quebrarme en ese momento.
—También te extraño.
—¿Has leído el diario?
Suspiré, no contesté.
—Ese suspiro me da a entender que no lo has hecho.
—No he tenido tiempo, Hanabi, sabes estoy algo apurada con la entrega del libro.
—Son excusas Hinata...
—Es difícil—peiné mis cabellos con una mano—. Tengo miedo de descubrir más cosas que en vez de ayudarme me lastimen.
—Lo sé, pero hasta que no lo leas no sabrás la verdad y no podré volver contigo, si tenemos fantasmas en el pasado, si tenemos una madre que es una desconocida para ambas, es empezar desde cero.
—Entiendo... pero no se puede obligar al corazón a querer a alguien que solo te ha despreciado.
—¿Cómo se está portando Naruto, sigue siendo el novio perfecto y seductor? ¿Cuántas películas te ha arruinado?
No me pasó desapercibido el cambio de tema.
—Varias—sonreí y pude escuchar que alguien la llamaba—. Quería desearte feliz Año Nuevo—dije en un murmullo.
—Feliz Año Nuevo, hermana, te llamaré mañana, te quiero.
—También te quiero—dije antes de colgar.
Respiré fuertemente y salí por la puerta trasera al jardín que estaba iluminado, busqué una silla y me senté, estaba cansada.
—¿Por qué te gusta exponerte a un resfriado voluntario? —Naruto acarició mis brazos suavemente.
—Hablaba con Hanabi.
—¿La llamaste?
—Lo hice, es mi hermanita—dije encogiéndome de hombros.
—Vamos adentro—me giró y acarició mi mentón—. Está helando aquí afuera—tomó mi mano entrelazándola con la suya.
—Naruto—él se giró un momento y suspiré fuertemente, la pregunta había rondado en mi cabeza— ¿Conoces a la esposa de Utakata?
—¿Importa?—él arqueó una de sus cejas centrando su mirada azul en mí.
—¡Te acostaste con ella! —ataqué sintiendo la ira bullir en mí.
—¿De verdad quieres que te responda esa pregunta?—Ironizó, soltando mi mano—. Los caballeros no tenemos memoria.
—Tú no eres un caballero—me reí irónicamente.
—¡Qué bien me conoces!, pero eso no significa que me guste ventilar mi vida, sencillamente no es importante el que tú sepas cuántas mujeres han pasado por mi cama, si me acosté con la mitad de la población femenina de Nueva York o no, que me haya o no me haya acostado con la señora Dawson no afecta nuestro contrato—soltó mi mano— ¡te espero adentro, no demores!
Pasaron varios minutos antes de que entrara de nuevo a la casa, Naruto no estaba en la sala, pero el resto sí y reían por algo que había dicho Kiba.
—Me ha encantado este párrafo, Hinata—hasta ese momento me di cuenta de la Tablet en las manos de Kiba.
Kiba leyó el párrafo que Naruto había corregido esta tarde en mi departamento, no había pasado medio segundo cuando el aludido entró al salón y enfoqué mi mirada en él, parecía disgustado, su mandíbula estaba tensa y la vena en su frente estaba resaltada algo que solo sucedía cuando estaba enojado o excitado.
Luego de media hora de plática Kiba y Samui dijeron que debían irse así que aproveché para que Naruto y yo nos marcháramos también. Ino me apretó en un fuerte abrazo mientras murmuraba que tenía que ser fuerte y que iba a estar a primera hora en mi casa con una tarrina de helado de pasas al ron y The Notebook.
El camino a casa fue tenso y silencioso, Naruto seguía enojado y no tenía idea del porqué o, bueno, sí tenía idea: la esposa de Utakata.
El silencio me estaba matando, odiaba que se interpusiera entre los dos, Naruto estaba completamente rígido, podía notar la tensión de sus músculos debajo de su gabardina café. Dentro del elevador la situación no fue mejor, la tensión entre ambos era tan espesa que me costaba respirar, era nuestro último día y no me podía permitir estar enojada; mi cuerpo anhelaba tenerlo dentro de mí, deseaba ser arropado por sus brazos ¡Dios!, estaba tan perdida, simplemente no quería que esto terminara con él y yo disgustados.
—No quise indagar en tu vida privada, Naruto—dije sin mirarlo.
Silencio.
—Naruto.
Iba a hablar nuevamente, pero él se movió hacia delante deteniendo el elevador.
—Esto no se trata de mi vida privada—dijo moviéndose rápidamente y encerrándome entre sus brazos—. En tres meses nunca te he faltado el respeto, tu reproche me pareció estúpido, muy fuera de lugar. ¡Estaba ahí, carajo! la vi, pero no caí en sus insinuaciones.
—Lo notaste...—dije para mí misma.
—No soy ciego, Hinata—se burló— ¡Por supuesto que la vi!, pero estaba contigo —sus manos tomaron mi rostro— y cuando estoy contigo, nadie más importa—atrajo mi rostro al suyo besándome fuerte y pausadamente, una de sus manos bajó a mi cintura mientras la otra se posesionaba en mi nuca manteniéndome pegada a él, coloqué mis manos en su pecho, mientras disfrutaba de su sabor, su aliento mentolado y su calor corporal reteniendo cada segundo en mi mente, en mis recuerdos, en mi corazón.
Dejé que mis dedos recorrieran su espalda hasta jugar con los cabellos en la parte baja de su cabeza, Naruto tomó mis manos colocándolas sobre mi cabeza manteniéndolas sujetas con una de sus manos.
El beso duró minutos, quizá solo fueron segundos, mi corazón latía atronadoramente en cada parte de mí, su respiración errática mientras besaba vorazmente mis labios, los sentidos abandonando mi cuerpo, mi voluntad destrozada por él, las barreras de mi corazón resquebrajándose en cada jadeo ahogado por sus labios.
Mis pulmones ardían pidiéndome aire, pero no importaba, solo importaba él, solo importaba el deseo que me estaba consumiendo y las ganas de llorar trabadas en mi garganta. Naruto dejó pequeños besos en mi boca, mi nariz y dejó sus labios fijados a mi frente por unos cuantos minutos mientras nuestras respiraciones volvían a su cauce.
Toda yo era una masa gelatinosa de emociones contradictorias, él dio un largo suspiro dejando que mis brazos bajaran de donde los había colocado y aferró una de mis manos con las suyas, se separó de mí para colocar el elevador en marcha; el camino restante hacia mi departamento fue un borrón, solo era consciente del agarre de Naruto mientras caminábamos a mi puerta.
—Ve a tu habitación—susurró con voz queda acariciándome suavemente una vez estuvimos dentro —Espérame ahí.
Asentí y depositó un beso en la comisura de mis labios.
Entré a mi habitación enfocando la mirada en el reloj colgado en la pared en treinta minutos se acababa este año, suspiré fuertemente sentándome en la cama, ¿se suponía que debía desnudarme? ¿Esperarlo? Pasé las manos por mis cabellos sintiendo el corazón martillando en mi cabeza y suspiré fuertemente acariciando mis sábanas blancas. Negué con la cabeza, no podía permitir que mis sentimientos me dominaran, abrí los ojos encontrándome con Naruto en la puerta.
—Pensé que sería buena idea —dijo suavemente enseñándome las dos copas y una botella de champaña que traía en las manos.
Caminó lentamente hacia la cama hasta colocarse de rodillas frente a mí, dejó las copas y la botella en el piso, exhaló fuertemente y tomó mis manos entre las suyas jugando con mis dedos y la esclava que me había regalado en Navidad. Fijé mi mirada en su cabello y zafé una de mis manos enredándola en sus mechones rubios hasta descansarla en su cuello. Naruto negó con la cabeza y me soltó para servir la espumante bebida.
—Porque el Nuevo Año te dé todo lo que tu corazón espera, Hinata.
Te quiero a ti.
Tú eres lo que yo espero.
Eres lo que yo quiero.
Eres mi Año Nuevo, mi alegría, mi risa...
Tú, solamente tú ¿por qué no te das cuenta? ¿Por qué?
Sin embargo, sonreí.
—Lo mismo para ti, Naruto—chocamos nuestras copas y bebimos el contenido de las mismas rápidamente, Naruto se levantó, dejó las copas vacías sobre el tocador y puso música.
—Baila conmigo, Dulzura.
La música de los Rolling Stones inundo la habitación con Street of love, nos movimos suavemente uno al lado del otro sintiendo nuestra cercanía, capturando estos momentos y negándome a que mi cuerpo demostrara lo que estaba sintiendo.
—¿Bailar?—hablé tontamente.
Naruto tomó mi rostro entre sus manos y lo guió de tal manera que nuestros labios estuviesen separados por centímetros.
—Jo mere saath nahin tha, lekin mujhe lagata hai ki main tumase pyaar karata hoon[1]—sus labios se unieron con urgencia y necesidad, no tenía ni idea que me había dicho, hundió las manos en mi pelo girando mi rostro conforme a su beso, raudo, pasional y deseoso.
Su barba picaba en mis mejillas, pero no importaba, las manos de Naruto vagaban por mi cuerpo, apretando mis pechos, aferrándose a mi vestido, marcando la piel bajo la ropa. Sus manos sujetaron mis caderas fijándome más a su cuerpo mientras acariciaba mi trasero y subía mi vestido, sus dedos expertos rozaron mis bragas y siseé por lo bajo.
—Naruto —gimoteé, presa del deseo.
—¿Estás húmeda para mí, nena? —acarició mi sexo sobre la tela de encaje— ¡Joder! ¡Hinata! ¡Hinata! —con sus dedos corrió la tela y acarició suavemente mis húmedos pliegues, ya no había nada más para mí, solo existía él, su cuerpo, sus manos, su erección caliente y fuerte.
—¡Joder, Naruto!
—¡Tócame!—susurró, mis manos temblorosas tocaron su miembro duro, ardiente y fuerte haciéndolo emitir un jadeo ahogado—. Eso es Dulzura... —ahogué un grito contra su hombro cuando dos de sus dedos me penetraron a la vez, bajé el cierre su pantalón introduciendo mi mano y acariciándolo suavemente. Naruto iba comando por lo que su miembro quedó expuesto a mi mano...
Duro y caliente
Piel contra piel
Deseo con deseo
Masturbándonos mutuamente, besándonos con una pasión exorbitante, con la fuerza de un volcán que quiere rugir.
Bombeo
Penetraciones
Respiraciones agitadas y entrecortadas.
Dos corazones latiendo como caballos a galope, como elefantes en una estampida.
El miembro de Naruto endureciéndose en mis manos mientras mi centro se contraía estrepitosamente, una mano en mi cintura, la otra mano en mi sexo, una de mis manos en su cuello y la otra en su miembro, labios colisionando al compás de una canción desconocida, dos movimientos más, un punto en el interior de mi cuerpo y pude ver los fuegos artificiales antes de Fin de Año.
Antes de nuestro fin.
Jadeé aferrándome a su cuello intentando por todos los medios no desatenderlo mientras él me proporcionaba mi primer orgasmo, sacó sus dedos de mi interior dándome a probar de mi misma, pero negué, con mi mano libre tome la suya llevándola a sus labios dejando que la humedad en sus dedos se deslizara como acuarela sobre su boca y luego lo besé.
Mis dientes tiraron de sus labios cuando su sabor se conjugó con el de mi orgasmo, fue como si mi cuerpo entrara en un total frenesí orgásmico, mi mano soltó su miembro erecto y me postré de rodillas para bajar su pantalón completamente y llevármelo a la boca.
Naruto gimió agarrando mi cabello en su mano cuando la humedad de mi boca cubrió su eje completamente empalmado, guió las penetraciones como el maestro que era y me dejó disfrutar por unos momentos antes de obligarme a levantar.
—Desnúdame, Dulzura.
Abrí los botones de su camisa despejando su pecho duro y firme de la tela, mi lengua trazó un camino imaginario por su piel hasta capturar un pezón en mi boca. Todo el cuerpo del hombre frente a mi vibró con el pequeño roce de mis dientes, me apartó de su piel con suavidad, sus manos delinearon el contorno de mi cuerpo hasta llegar al final del vestido, sacándolo de mi cuerpo con maestría.
Él estaba desnudo
Yo en ropa interior.
Y faltaban quince minutos para que el año acabase.
Naruto tocó mi rostro con la punta de sus dedos y luego sus manos volvieron hacer el mismo recorrido por mi cuerpo, suave y fuerte, dulce y violento. Se inclinó un poco alzándome hasta que mis piernas estuvieron fijas en sus caderas y caminó conmigo en brazos hasta la cama.
—Esta noche —besó mi nariz y mis párpados—main apanee smrti mein apane aap ko rikord karana chaahate hain, to aap apanee tvacha kee gandh yaad nahin kar rahe hain jab[2]—besó mi cuello con suavidad— main kya tum mere saath kiya tha pata nahin hai, lekin mujhe lagata hai ki main tumase pyaar karata hoon [3]
—Naruto... —quería saber qué me decía, la voz de Naruto siempre sonaba sexy, era suave como si tocara seda. ¡Dios, lo amaba tanto! Quería saber, quería...
—Shss...
Sus besos empezaron desde mis labios descendiendo por mi cuerpo mientras me estremecía bajo su toque, bajó los tirantes de mi sostén con sus dientes y dedicó el tiempo justo en cada pecho hasta dejarlos duros y excitados. Descendió mordiendo suavemente la piel expuesta sobre mis bragas que desaparecieron de un ágil tirón.
Llegó hasta mis pies y bajó el cierre de cada una de mis botas hasta quitármelas. Mi respiración era irregular y entrecortada, notaba como el deseo hacía un rápido recorrido por mi cuerpo consumiéndome lentamente. Naruto se posicionó entre mis piernas abiertas guiando su miembro hasta mi sexo en un roce sensual, erótico y delicado que estaba llevando mi cordura a perderse en algún lugar del infinito y más allá.
Mi vientre se contrajo de anticipación humedeciéndome rápidamente mientras él jugaba a torturarme como en cada uno de nuestros encuentros, demostrándome quién era el que llevaba el control, su glande encontró camino fácilmente hacia mi interior y Naruto tomó su tiempo para empalarme complemente, jadeando y gruñendo cosas mientras yo me aferraba a sus hombros intentando por todos los medios no estallar ante la sensación de su fuerte miembro tocando mis paredes interiores con lentitud.
Cuando estuvo completamente dentro de mí, tomó una de mis piernas y la colocó sobre su hombro empujando con suavidad y fiereza, mi espalda se arqueó ante el éxtasis que recorrió cada rincón de mi cuerpo, en esta posición parecía llegar aún más dentro de mí.
—¡Joder!...
Iba a morirme, solo con el placer inexplicable que él me estaba dando, solo con permanecer dentro de mí, mi interior adaptándose a su grosor, a su tamaño. Observé su rostro intentando no pensar que esta sería la última vez que lo tendría en mi interior Su ceño se frunció disfrutando la sensación unos segundos antes de enfocar sus ojos azules en mí.
—Tan cálida, tan estrecha ¡demonios, Dulzura! A veces siento que nunca es suficiente para saciarme de ti, siempre quiero mucho más— susurró y luego comenzó a moverse dentro y fuera, imponiendo un ritmo constante y fuerte, respiraciones juntas, corazones latiendo a un mismo ritmo, caderas entrelazándose, mi cuerpo pegado al de él, sus ojos mirando los míos mientras entraba y salía de mí. Los fuegos artificiales coloreando el exterior, un año que había terminado con él, un año que empezaría sin él.
Aferré mis manos a su cuello y me impulsé para unir nuestros labios.
Nada importa que él se vaya, es solo un momento, ¡vívelo!
Mi cuerpo se consumía en el calor del infierno provocado por Naruto Uzumaki, mientras el espiral en mi vientre se contraía lenta y dolorosamente anunciando que quedaría reducida a cenizas después que él me consumiera.
—Córrete, Dulzura —y esa era la frase, ¿qué jodido poder tenían esas dos simples palabras? Siempre pensé que los libros mentían, pero era la orden implícita en ella era la que hacía que el cuerpo reaccionara.
—¡Sí!
—Dámelo Hinata, me pertenece, ¡estrújame! —y con la última campanada que anunciaba el fin de este año, el grito escapó de mi garganta y me dejé ir en unos de los orgasmos más placenteros que Naruto me había entregado.
Él no paró ahí y tampoco paré yo, durante las siguientes horas estuvimos uno enredado con el otro haciendo el amor, follando como animales, teniendo sexo... No importaba como lo llamara, en ese momento él era mío yo era suya y lo demás era un contrato estúpido lleno cláusulas ridículas con las cuales intenté proteger mi corazón pero que no había servido de nada porque había fallado en el intento.
Le pertenecía a Naruto Uzumaki, solo esperaba que el dolor y la pena pasaran rápido una vez él no estuviera.
Cerré los ojos mientras miles de electrodos de placer me hacían vibrar, en ese momento, yo retuve su piel en mi memoria, su boca carnosa que no volvería a besar, su rozar contra mi vientre, su aliento fresco y mentolado, la sensación de su cabello entre mis dedos, sus jadeos, sus palabras sucias y demoledoras, su lengua en mi boca, en mi ombligo, en mi sexo, su penetración salvaje, todo él, todo; allí jadeando quise captar su esencia, robarme su alma, guardarlo dentro de mí, no dejarlo morir, no permitir que mi amor por él se fuera con la decepción no poder hacerlo mío por toda la eternidad.
Naruto se había quedado dormido luego de darme mi quinto orgasmo de la noche, era oficialmente el primer día de enero, me había cobijado con sus fuertes brazos y por varios segundos estuvo besando el tope de mi cabeza mientras su mano vagaba distraídamente por mi espalda haciéndome erizar levemente, había apoyado mi cabeza en su duro pecho acariciando con mis dedos sus abdominales fuertes y esculpidos.
Inhalé reteniendo un poco más su aroma en mí, mientras nuestras piernas yacían enredadas mutuamente, no fue hasta sentir su respiración acompasada que subí mi mirada, me sucedía algo extraño cuando lo observaba dormir, era como si quisiera protegerlo, lo que no entendía, era ¿de qué? Naruto era un hombre fuerte y sano, además era un hombre que no me pertenecía.
Desenredé mis piernas de las suyas y me zafé de su amarre sentándome en la cama del lado de los pies, para observarlo, grabarlo en mi retina, busqué mi cartera con mi mirada, quería sacarle una fotografía; él era hermoso, su cuerpo, su nariz perfecta, su mandíbula fuerte y vigorosa, su cabello post sexo. Todo él era una invitación a tener pensamientos sucios y pervertidos. Negué con la cabeza y miré el reloj en mi pared notando que solo eran las cuatro de la mañana.
Dormir estaba sobre valorado para mí esta noche, dormir era perder segundos en los que pudiera atrapar su esencia, dormir era saber que despertaría sin él a mi lado y eso me estaba jodidamente matando.
Salí de la cama con cuidado de no despertarlo, me coloqué su camisa negra y salí de la habitación necesitando un poco de tiempo para mí, me sentía abrumada y triste. No quería llorar, pero el nudo en mi garganta me estaba haciendo la tarea muy difícil, acaricié la cabeza de Frey cuando llegué a la sala y no pude evitar suspirar.
Cada lugar de mi departamento tenía un recuerdo de él, yo sabía que era una puta mala idea que él viniese aquí, que todo esto era una muy mala idea, porque sabía que terminaría entregando el corazón, había intentado no hacerlo, pero ¿era posible? "El sexo no es solo sexo" me habían dicho una vez, cuánta razón tenían en esas palabras, dos lágrimas descendieron sin permiso y las limpie rápidamente negando con la cabeza y levantándome del sofá.
No tristeza. Por tres meses fue mío, me dio exclusividad, aun cuando él no era un hombre para una mujer, y si fuese el caso, no creo que podría soportar la carga que significaba llevar una relación.
Tomé un refresco del refrigerador y abrí el balcón de la sala buscando algo que enfriara mi alma, el cielo estaba opaco, ninguna estrella lo iluminaba, estaba tan oscuro como estaría mi vida a partir de unas horas.
Estúpida... Estúpida... Estúpida
El corazón es nuestra conciencia y nuestra máquina de sentimientos y sensaciones. ¿Quién de nosotros no ha querido aferrarse a una ilusión para ser felices por un instante? Definitivamente, al corazón no se le miente, siempre se desarma y por muy hermético que lo conserves, siempre descubrirá la grieta que delatará los verdaderos sentimientos que hay en tu interior...
El corazón conoce la verdad y es ahí la gran lucha interna, entre lo que sientes y lo que sabes. Crees que podrás abstenerte cuando simplemente te engañas, es una maldita mentira que creas tú mismo para escudarte, para no herirte, pero al final... ¿Al final qué queda?
—¿Qué haces aquí, Dulzura? —Naruto colocó una de sus manos en mi cintura mientras con la otra me acomodaba el cabello a un lado del hombro dejándome la piel expuesta a sus labios, respiré profundamente y mi cuerpo entero tembló cuando la humedad de su beso se posó en mi cuello mientras acomodaba la cabeza dándole más acceso—. La cama está fría sin ti,
—Estabas dormido así que—jadeé— ¡Naruto, por el amor a Odín! — grité cuando sus dientes mordieron mi hombro y su mano acarició mi entrepierna.
—No. Solo descansaba los ojos, no tengo intención de dormir esta noche, Hinata—su lengua lamió el lóbulo de mi oreja y me pegué completamente a su pecho dejando que sus manos recorrieran mi vientre hasta apretar mis pechos suavemente—. Es una maldita pérdida de tiempo —desabrochó un botón e introdujo su mano sobre la tela tocando mi pezón.
» ¿Te he dicho lo jodidamente sexy te ves con mi maldita ropa? —su voz era ronca, sensual, mi cuerpo se encendía lentamente bajo la sutil caricia de sus manos, mi espalda se arqueaba buscando más contacto con él—. Pero me gusta más verte completa y absolutamente desnuda...—me giró entre sus brazos y apoyó su mano libre en mi nuca.
Engañar al corazón, ¡nunca!
Me entregué a sus besos, a sus caricias, al toque mágico de sus manos y la frescura de su aliento, dejé que mi cuerpo expresara lo que mi voz se negaba a decir, dejé que una vez más él se fundiera en mí, dentro de mí, en mi piel, en mi corazón, en mi alma.
Naruto lamió, besó, mordió cada pedazo de mi piel mientras yo hacía lo mismo con él, nos dimos placer mutuamente, dejamos que nuestros cuerpos danzaran la música más antigua del mundo entregados a una pasión indeleble dejando huellas en la piel del otro.
Succioné su cuello queriendo dejar una marca allí y un grito de satisfacción salió de su boca haciéndome sentir poderosa, utilicé cada uno de sus consejos, de sus lecciones, hasta llevarlo al límite del deseo, al clímax fulminante de entregarle su satisfacción.
Naruto se mantuvo unos minutos sobre mí sin dejarme sentir un gramo de su peso, sus fuertes manos a los lados de mi cabeza, su cabello pegado a su frente, y el sudor recorriendo los contornos de su rostro, sus ojos azules se fundieron con los míos mientras respiraba entrecortadamente, mis manos acariciaron su cabello y alcé mi rostro uniendo nuestros labios en un beso que expresaba todo y nada... Era nuestro fin.
—Así como cuando la presa acorrala al cazador—murmuró entre dientes empujando fuertemente dentro de mí, logrando un estallido de fuegos artificiales mientras nuestros cuerpos llegaban a la cima del cielo.
Desperté la mañana siguiente completamente sola, la maleta de Naruto no estaba a un lado de mi clóset y no se escuchaban los ladridos de Frey como en esta última semana.
Él se había ido.
Continuará...
Las frases es Hindi y esto dice:
[1] y [2] Quiero grabarte en mi memoria, para cuando no estés recordar el aroma de tu piel.
[3] No sé qué hiciste conmigo, pero creo que te amo.
