Disclaimer: Todo reconocible de Harry Potter es propiedad de J.K Rowling.


Por obligación, serán un dragón y una víbora

39. Tercer año: Un dragón.

Las parejas de Slytherin caminaron hasta llegar muy cerca de la casa de los gritos, pero en lugar de entrar a la casa embrujada, se desviaron un poco para terminar en un pequeño espacio entre unos árboles donde había una vieja y oxidada banca de metal; incluso algunas plantas se habían enredado en la estructura. El lugar estaba apenas iluminado por la luz que se filtraba por los frondosos árboles.

—Siéntate —le pidió Draco a la castaña, girándola a la banca de metal —Te juro que no se cae —comentó con una risita cuando vio la cara que la chica ponía.

—¿Qué es lo que piensas hacer? —preguntó ansiosa, tomando asiento en la parte que se veía menos oxidada; para evitar que se manchara su ropa blanca.

—Te dije que te demostraría que a mí también se me dan esas cosas muggle —respondió con arrogancia, sacando de su abrigo la pequeña pieza con la que Astoria le había visto jugar. En ese instante, la niña reconoció el artefacto y lo primero que se le vino a la mente fue que se la había quitado a Cole, pero cuando el chico se la mostró mejor y notó que el color y forma era diferente.

—¿Es en serio? —susurró con la intención de ponerse de pie para observar mejor, pero el chico se lo impidió.

—relájate y no me pongas nervioso —el rubio frunció el ceño y algo inseguro sacudió la pequeña guitarra un par de veces.

Consciente de que no podía hacer magia fuera del castillo, Blaise y él habían embrujado la guitarra de una manera diferente para agrandarla y hacerla miniatura, ahora solo había que comprobar que funcionara. Después de unos insistentes movimientos el instrumento se agrandó, tomando por sorpresa a Malfoy. El chico recuperó la compostura después del pequeño susto, miró fugazmente a Astoria quien tenía una sonrisa amplía con los ojos bien abiertos; como una niña pequeña que apenas descubre la magia. En primera estancia Draco tomó la guitarra al revés y se puso rojo al escuchar la risa de Astoria.

—¿Amor estas seguro de que...? —dijo la niña con una pequeña mueca de diversión.

—¡Ni una palabra! —la cortó, acomodando correctamente el instrumento.

—Lo siento —murmuró ya más seria, observando atenta al rubio. El gran príncipe de las serpientes estaba rojo, nervioso y haciendo algo que jamás imaginó que llegaría a ver; y lo hacía por ella. La pequeña Greengrass no esperaba mucho respecto a la música, bien le podía decir que ya no haría nada y ella seguiría feliz por la simple intención del rubio, quien se veía tan lindo al estar concentrado en hacer algo que era nuevo para él. Porque Draco había crecido volando en escoba, viendo como hacían magia y varias cosas más, pero jamás esa clase de cosas muggle que le habían enseñado a despreciar.

Los ojos verdes se centraron en los movimientos de la mano de Draco. El heredero Malfoy había comenzado a entonar algunas notas constantes, repetitivas y sencillas, pero lindas. El corazón de Astoria parecía haberse detenido y luego comenzar a bombear de forma frenética. Él siguió entonando, con la vista fija en las cuerdas y de repente se detuvo. ¿Eso había sido todo? Bien, se daba por más que bien servida. La castaña hizo ademan de quererse levantar, pero se abstuvo al ver que su novio solo se había detenido a ajustar las cuerdas. ¿Quién le había enseñado aquello?

Los acordes comenzaron de nuevo, ahora más claros y entonados; provocando que Astoria sonriera de una manera muy peculiar, entre ternura y felicidad, haciendo que sus mejillas adquirieran la forma de dos pequeñas manzanas rojas. Draco continuó un poco más solo con la música de la guitarra, deslizando sus finos y largos dedos por las cuerdas; a pesar del frío que hacia se había quitado los guantes. La mirada de plata por fin se levantó, topándose con las esmeraldas. Él no dejó de tocar y comenzó a tararear un poco, robándole el aliento a su novia. ¿De verdad iba a cantar? ¿Draco Malfoy iba a cantar?

—I wish I knew everything there is to know about you... —Astoria se había quedado pasmada al escucharlo, de verdad estaba cantando. Draco Malfoy estaba cantando —And I want you to see just exactly what you mean to me... —el acento de Draco al entonar en Ingles británico era increíblemente seductor —And you... you think you know me... Yeah... —sonrió de forma seductora — I guarantee there's a lot more to see... And you... you don't believe it's true... That if I'm dreaming, I'm dreaming of you... —continuó el rubio, con una sonrisa que parecía no apartarte de su rostro. Astoria no cabía del asombro y paseaba sus ojos desde los ojos grises a los finos labios que se movían suavemente.

—Te estás luciendo —murmuró, posando ahora su vista en la diestra forma en la su novio tocaba las cuerdas de la guitarra. ¿Como había aprendido tan rápido?

—And I wish that I could hold your hand, feet beneath the sand... And I wish that I could drive you in my car, to kiss you under stars —la castaña soltó una pequeña risa, el chico había planeado todo perfectamente, había escogido una canción romántica con los acordes de la guitarra Muggle —And I want you to be, everything that you deserve to be... And if I close my eyes, then I can see you perfectly... —el rubio cerró los ojos y movió un poco la cabeza hacia los lados, provocando que los mechones rubios de su cabello se mecieran, despeinándose a propósito —And I... I don't know where to go... I wrote a song just to let you know... That we... we could be together... I'll hold you forever —volvió a abrir los ojos y sonrió, mientras entonaba los últimos acordes de la melodía.

—Draco... —murmuró la chica, el espectáculo había sido extraordinario y la imagen frente a ella seguía siendo maravillosa. El último acorde estuvo muy desentonado, pero eso poco importaba para la maravillosa actuación que había brindado Draco. El simple hecho de tener una cosa Muggle en sus manos era algo de admirar ante los ojos de Astoria.

—¿Y qué tal? —preguntó el rubio sonriendo con arrogancia, aunque sentía un mariposeo en su estómago y el temor de que a su chica no le hubiera gustado.

—¡Hermoso! —chilló con emoción la pequeña Greengrass, corriendo para abrazar a Draco cuando éste dejó la guitarra de lado. — ¡Perfecto! ¡Increíble! ¡Maravilloso! ¡Sin palabras! —la amplía sonrisa de Astoria era más que suficiente para alegrar al Slytherin mayor. Había valido la pena pasar horas practicando aquello.

—De hecho, fueron cuatro palabras, que me describen muy bien —Malfoy soltó una carcajada, dejándose abrazar y besar por su novia, que de haber sabido que ella se pondría tan feliz con esa cosa Muggle, lo hubiera hecho antes.

Pasaron unos minutos en ese lugar, besándose sin prisa y abrazándose para entrar en calor. Pero el frío se intensificó y el estar abrazados en ese lugar ya no era suficiente para estar calentitos; así pues, Draco guardó la guitarra de nuevo para salir de ahí.

—Por cierto —dijo el rubio mientras caminaban para regresar a la villa donde estaban las tiendas y demás —No le comentes esto a nadie —pidió con una mueca de no saber explicar las razones, aunque no hacía falta. Astoria entendió a la primera y asistió con la cabeza; igual no retaría el orgullo Malfoy después de aquello.

—Será un secreto entre tú, yo y... Blaise —añadió con una pequeña risa, viendo como su novio enarcaba las cejas —¿Me negarás que él te enseñó a tocar?

—¿Tan obvio era? —bufó con una risa también.

—De hecho, me sorprende que él también sepa —comentó mientras se escabullían entre más gente y estudiantes, permaneciendo aún abrazados.

—Ya sabes que su madre... bueno, la verdad también me sorprendió que supiera y que nunca lo dijera —el tono de voz del rubio bajó, era más que evidente que no quería que escucharan su conversación ahora que ya había más gente alrededor.

—¿Y a dónde vamos? —preguntó Astoria para cambiar de tema.

—Dime tú —concedió, mientras paseaba su mirada plateada por los alrededores a ver a quienes veía, dudaba mucho toparse con sus amigos, pues les había pedido explícitamente que no los buscaran ni los esperaran, porque quería estar a solas con su novia.

—¿Qué tal al salón de té de Madame Pudipié? —dijo la niña con tono jovial, había escuchado hablar de ese lugar varias veces, pero no lo conocía y por la forma en la que Draco enarcaba las cejas él tampoco. —¿Ni idea? —preguntó aguantando la risa y el chico con esa misma expresión negó con la cabeza —¿Buscamos? —propuso en vista de no tener una mejor idea.

—Vamos —concedió el rubio encogiéndose de hombros. Después de la canción no tenía nada planeado en particular, así que no le era ningún problema pasar el resto del día donde Astoria quisiera, siempre y cuando estuviera con ella.

Comenzaron a caminar por las calles, sin rumbo alguno en particular. Pasaron frente algunos escaparates y vitrinas donde de vez en vez Astoria se acercaba a admirar cosas lindas como túnicas, zapatos, gorros o bolsos, de hecho, entraron en una donde Draco terminó comprando un bolso de piel de dragón. De la misma forma el chico no se privó de entrar a unas más a comprar unas plumas que llamaron su atención. Después de un poco de esas vueltas llegaron a una calle lateral donde se toparon con el dichoso local que andaban buscando.

—Difícil no ubicarlo ¿Eh? —se burló el príncipe de Slytherin examinando la fachada antes de entrar y luego el interior. Era un sitio pequeño y caluroso, donde todo parecía estar decorado con flecos y lazos de empalagosos colores rosas.

—Me parece lindo —comentó ella.

—Claro, claro, no se le lleva la contra a las chicas —respondió con sorna y burla. Astoria lo miró, pero en lugar de enojarse rodó los ojos y rió, Draco era un descarado de primero y lo peor del caso es que eso era agradable en él.

—Está adornado para San Valentín, seguro que no es así siempre —dijo la castaña, observando, al igual que su novio, unos querubines dorados, suspendidos sobre cada una de las mesitas redondas, que de vez en cuando lanzaban confeti de color rosa sobre sus ocupantes.

—Por supuesto, amor, mejor sentémonos —propuso, tomándola de la mano para guiarla a una mesa al fondo, en una esquina un poco oscura y apartada, preferentemente que nadie lo viera o lo reconociera en ese lugar. Y es que Draco ya había demostrado que por su niña hacía lo que fuera, pero ¡por los calzones apolillados de Merlín! No en público, tenía reputación que cuidar.

Apenas se sentaron Madame Pudipié se acercó a ellos, era una mujer robusta, de reluciente cabello negro agarrado en un moño.

—¿Qué desean pedir, queridos? —preguntó con voz exageradamente melosa.

—Dos té —pidió Astoria, mirando a su novio de reojo.

—Uno de canela y otro de rosas —clarificó él.

—Por favor —añadió la pequeña Greengrass.

En lo que les traían los tés, Draco comenzó a examinar el lugar para ver quienes estaban ahí. Al primero en reconocer fue a Roger Davies, el capitán del equipo de Quidditch de Ravenclaw que estaba sentado a un lado con una chica rubia muy guapa y estaban cogidos de la mano. Aparte de ellos encontró con satisfacción lo que ya imaginaba: Bletchley, el guardián de Slytherin, no estaba con Pansy, si no con una pelirroja muy voluptuosa que él sabía el guardián quería de novia.

—Estúpida —murmuró para sí mismo. Ya suponía que la pelinegra no podía andar saliendo con Bletchley y aquellos rumores, incluso el descarado beso, no eran más que estrategias desesperadas para provocarlo.

—¿Dijiste algo? —preguntó la chica, mirándolo extrañada.

—Que mires quien acaba de entrar —inquirió el heredero Malfoy, con una amplia y burlona sonrisa. Y es que justamente había entrado al local el insoportable de Potter con la desabrida de Chang; los cuales se sentaron en una mesa aún lado de donde estaba Davies y su novia.

—¿Harry? —preguntó por instinto, aunque era más que evidente.

—¿Desde cuándo es "Harry"? —los ojos grises le miraron con reproche. Astoria rodó los ojos. Pero antes de tener que responder a la pregunta, llegaron los tés.

—Un pastel, por favor —pidió rápidamente, poniendo cara de niña que no rompe un plato. La mujer del local hizo una imperceptible mueca, pero asistió y se alejó a donde estaban los recién llegados.

—Que malos gustos —se burló el Slytherin mayor.

—Para un roto, un descosido ¿No? —respondió ella, poniendo algo de azúcar a su té.

—Claro, cada cual debe estar con los de su clase —el rubio le dio un trago a su té, sin siquiera añadirle nada y aunque los ojos verdes esperaron ver una mueca de asco o algo, para burlarse de lo olvidadizo que era su novio, dicha mueca no llegó, al contrario, Draco parecía disfrutar de su bebida.

—¿Sin azúcar? —preguntó, dándole un golpesito a la azucarera.

—Sabe mejor así —contestó con autosuficiencia, como si fuera un experto en eso de los sabores de té. Y solo para asegurarse de que su novia no rezongara más, dio un pequeño sorbo y enseguida se inclinó a besar a Astoria, pasándole despistadamente algo del líquido, dejándole un condimentado sabor.

Se estuvieron besando un considerable rato, hasta que les llevaron el pastel que había pedido la niña. La mujer sonrió, evidentemente no le sorprendía, ya que no eran los únicos que se besaban en ese lugar. Las pupilas esmeraldas se ubicaron discretamente en la mesa donde estaba Harry; al parecer el chico estaba tan nervioso que no se había percatado de su presencia ahí. Draco comenzó a comer del trozo de pastel rosado donde había una pequeña sirena de azúcar que nadaba por la glaseada superficie, evitando el tenedor.

La niña miró el pastel un rato en el que permanecieron en silencio, hasta que ella decidió también probar el pastel. Para romper el silencio Draco comenzó a hablar del Quidditch y ella asistía a lo que él decía y comentaba de vez en vez cuando llegaba a entender algo. Unos cuantos puños de confeti les cayeron encima, cortesía del querubín que estaba sobre su mesa.

—Acércate, tienes confeti en el cabello —pidió Draco después del segundo puñado de esos insoportables papelitos rosas que salían volando. Astoria asistió y se empinó por sobre la azucarera para acortar la distancia. El mayor sonrió arrogante y triunfalmente cuando tomó por sorpresa a la pequeña serpiente para plantarle un buen beso que duró más que el primero que el anterior que se habían dado.

El rubio mordisqueaba los tersos labios de melocotón, mezclando los sabores de que estaban comiendo, sabores muy fuertes y empalagosos, pero muy acordes para decir literalmente que se estaban dando un dulce beso. Pasaron así hasta que el aire les falto y lentamente se separaron, dejando involuntariamente un fino hilo de saliva que unía sus bocas, pero que Draco se apresuró a romper y limpiar con una servilleta. La niña soltó una risita, para ella era tan fascinante ver al príncipe de Slytherin actuar así, tan diferente al que se paseaba por los pasillos de Hogwarts como un tirano.

Sin embargo, la expresión suave del rubio cambió drásticamente por una burlona y Astoria volteó a ver a donde miraban las pupilas de mercurio: La mesa de Potter y Chang. La chica asiática parecía estar a punto de llorar y Harry se veía desesperado.

—Parece que el cara-rajada está teniendo problemas con su cita —murmuró aguantando la risa. Astoria no dijo nada y solo se limitó a observar, finalmente, no eran los únicos que habían notado aquello.

—¡Pensé... —se escuchó como Cho balbuceaba y es que repentinamente todo se había quedado en silencio y solo la conversación de la particular pareja era lo que resonaba en el lugar —pensé que tú... lo entenderías! ¡Necesito hablar de ello! ¡Y seguro que tú ta-también necesitas hablar! No sé, tú viste co-cómo pasó, ¿no? —las lágrimas habían comenzado a brotar de los ojos de la Ravenclaw. Draco y Astoria no eran los únicos que miraban descaradamente el drama que se formaba, Roger Davies se había despegado de su novia para girar la cabeza y mirar atentamente. Harry intentaba decir algo, pero eso no se alcanzaba a escuchar, al menos no para la distancia en la que estaban los Slytherin.

—Creo que... —Astoria estaba intentando formular algo, pero nada concreto llegaba a su cabeza. ¿Qué podría hacer ella en ese caso? No se iba a meter en donde no la llamara y bueno, ni como ahorrarle la vergüenza a Harry o como evitar que todos los curiosos dejaran de ponerle atención a la pareja.

—¡Ah, con Hermione Granger sí puedes hablar! —se escuchó el grito de la chica y ahora con más atención las parejas del local observaban a Cho y a Harry —¡Pero conmigo no! ¡Qui-quizá sería mejor que pa-pagáramos y fueras a reunirte co-con Hermione Granger, si eso es lo que estás deseando!

—Éste momento es memorable —se burló Malfoy, pero su novia estaba demasiado absorta como para ponerle atención. ¿Harry y Hermione? ¿Eso había dicho Cho? ¿Qué diantres estaba pasando? Harry se había quedado como paralizado y ahora ella se secaba las lagrimas con una de las servilletas.

—¡Vete si quieres! —se volvió a escuchar, ahora Cho lloraba con la servilleta en la cara —No sé por qué me pediste que saliera contigo si luego ibas a quedar con otras chicas... ¿A cuántas tienes que ver después de Hermione?

—¡Pero qué dices! —explotó Harry y luego se rió, al parecer no había entendido de buenas a primeras que su compañera tenía celos de Hermione. Claro que poco menos entendió el gran error que había cometido al reírse de los celos de ella. No, sin duda alguna Harry no tenía pizca de tacto para esos temas, Draco podía ser descarado, pero Astoria debía admitir que el rubio siempre terminaba saliéndose con la suya y robándole una sonrisa o el aliento.

Cho se había puesto de pie en un brusco movimiento y ante la vista de todos se despidió con dramatismo absoluto.

—Hasta la vista, Harry —dijo hipando ligeramente, para enseguida correr hacia la puerta. La abrió de un tirón y salió a la calle bajo una intensa lluvia. Curioso, Astoria acaba de notar que afuera llovía y por alguna razón quería concentrarse en la lluvia y no en la pena que sentía por el Gryffindor.

—¡Cho! —la llamó el chico, pero la puerta ya se había cerrado, produciendo un melódico tintineo.

En el salón de té no se oía ni una mosca. Harry era el blanco de todas las miradas. Dejó un galeón sobre la mesa, se quitó el confeti de color rosa del pelo y salió a la calle sin más. Apenas la puerta se cerró detrás de él los cuchicheos no se hicieron esperar. Draco reía disimuladamente, pero casi ahogandose.

—Ya, Draco —le reprendió la castaña, pero sin poder ocultar una pequeña risa al ver al rubio reír. La verdad había sido pésimo lo que le había pasado a Harry, pero debía admitir que el Gryffindor en parte... bueno, digamos que no tenía ese don con las mujeres, a diferencia de su eterno enemigo rubio.

—Es que Potter es un imbécil con toda la extensión de la palabra —Draco seguía riendo entre dientes, solamente para no llamar la atención.

—No seas malo, no todos tienen tus "grados de experiencia" —enfatizó ella, haciendo las comillas con sus dedos.

—No se debe ser un experimentado para tener tacto, solo algo de sentido común basta para saber que no se debe mencionar a otras chicas en una cita —la sonrisa seguía presente en el chico, sin duda alguna estaba saboreando y disfrutando de la desgracia del pobre de Harry y lo que parecía ser su desastrosa cita con Chang.

—Claro, claro, no se le lleva la contra a los chicos y menos al príncipe de Slytherin —contestó con sorna y burla, de la misma forma que Malfoy le había contestado apenas habían entrado al local. El susodicho dejó de reír para mirar con ojos muy abiertos a la castaña.

—Aprendes rápido, amor —comentó con un gesto de aprobación, comiéndose el último trozo de pastel

—¡Era mío! —chilló Astoria de forma mimada, haciendo un puchero de reproche. El rubio sonrió triunfante ante el pequeño berrinche.

Terminaron el té y al cabo de un rato, cuando todo ya parecía más tranquilo, dejaron la paga en la mesa y así como entraron se marcharon juntos. La lluvia seguía presente, pero, pese a todo pronostico, el camino fue agradable. En lugar de quejarse del agua, como hubieran hecho en cualquier otra situación, aprovecharon la soledad de la calle para juguetear, entre besos, vueltas y resbalones que no pudieron faltar. Al cabo de unos minutos regresaban al castillo hechos un verdadero asco, pero sonriendo y sintiéndose plenamente felices como pocas veces se habían sentido antes. Había sido un día de San Valentín muy peculiar y memorable. Empezando por la canción de Draco con la guitarra, finalizando con el jugueteo bajo la lluvia.

—Te amo —susurró Astoria a Draco, antes de cruzar las rejas del castillo. El chico se detuvo en seco y la miró serio. Por un instante la respiración de la niña se cortó y todo su cuerpo se tensó al solo pensar que él pudiera rechazar sus palabras; porque una cosa era no responder, pero besarla, y otra muy distinta mirarla así, como si no aprobara lo que acaba de decir.

—Y yo a ti —respondió el rubio con una sonrisa de lado, que se asimilaba a una mueca. Le dio un golpe a la nariz de botón de Astoria, riendo un poco, pues ya era su turno de hacer eso, siempre era él el que recibía los golpesitos en su nariz respingona. La pequeña Slytherin también rió un poco y sonrió ampliamente ante la respuesta que había provocado que su corazón latiera tanto que hasta parecía que se fuera a salir de su pecho. Se abalanzó sobre él para abrazarlo con fuerza, rodeando su cuello y quedando prácticamente colgada.

—Gracias por este día —murmuró contra sus labios, antes de fundirse en un beso húmedo. Draco no pudo responder a las palabras, pero se limitó a corresponder el beso y sostener a su niña de la cintura, tan ligera, tan menuda y tan suya. Por besos así, cada vez que sentía ese calor en su pecho, valía la pena cada locura.

Entraron al castillo y apenas cruzando las puertas de la entrada principal, Draco utilizó magia para arreglar un poco su apariencia, al menos para quitar el lodo y barro de sus ropas. Se dirigieron a las mazmorras y entraron sin ningún contratiempo a la sala común, donde ya estaban la gran mayoría de sus conocidos.

—¿Por qué regresaron tan pronto? —preguntó Astoria al ver a su hermana acostada en un sofá, leyendo una revista de "Corazón de Bruja."

—Llueve a cantaros —se quejó, sin desviar la vista del artículo que leía.

—Un poco de agua no te iba a matar, Daph —dijo burlonamente Malfoy.

—Un poco de agua los va a enfermar —señaló Blaise, que al igual que Daphne estaba acostado en el sofá pero de cabeza y jugando con una pelota que lanzaba al aire y la atrapaba desinteresadamente.

—¿Y Paige? —Astoria calló en cuenta que entre los presentes no estaba su amiga. ¿A caso la habrían dejado en Hogsmeade? La castaña enarcó las cejas como solía hacerlo su novio cuando no lo contestaban.

—Creo que se molestó con un comentario que hizo Theo —bufó el moreno, aventando la pelota a donde su amigo se encontraba, jugando ajedrez con Crabbe y por lo visto iba ganando.

—No fue mi culpa —se defendió el chico —Vincent comentó algo de uno de los mortífagos que están en los carteles de "se busca" en Hogsmeade.

—¡Y luego tenías que comentar algo de su estúpido amigo! —se quejó Blaise, tomando el cojín donde Daphne estaba apoyada, para aventarlo contra el castaño.

—¿Yo qué iba a saber? —el cojín dio de lleno contra el juego de ajedrez, tirando las piezas.

—¡Balise! —se quejó la Greengrass mayor.

—¡Ya! —gritó la princesa de Slytherin, detrás de ella Draco estaba con una mueca burlona —Solo quería saber dónde estaba —aclaró, pues finalmente su amiga le diría todo de primera mano, pero antes necesitaba encontrarla.

—Dormitorios —le indicó Tracey.

—Gracias —resopló, subiendo las escalerillas para dirigirse a los dormitorios de tercer año.

—¿Y cómo les fue? —escuchó la voz de su hermana, dedujo que le preguntaba a Draco, pero no escuchó respuesta. Por el contrario, sintió la presencia del rubio detrás de ella.

—¿Nos vemos en la torre de astronomía en dos horas? —preguntó el chico, abrazando a su niña por la espalda.

—¿Torre de astronomía en dos horas? —cuestionó cuando llegaron el tope de las escaleras. Astoria se giró y sonrió. ¿A caso le tendría otra sorpresa?

—Si, solo tú y yo —reafirmó él, besando la coronilla de la menor, tenía el cabello mojado.

—Está bien, ahorita nos vemos —concedió, apartando los mechones rubios, también húmedos, del rostro del chico.

Asistieron simultáneamente y cada cual se dirigió a sus respectivos destinos. Draco se disponía a bañarse y a dormir un rato; mientras Astoria también quería bañarse, pero en lugar de descansar hablaría con Paige. La niña llegó al dormitorio de las chicas y efectivamente encontró a su amiga pelirroja acostada en la cama que le correspondía, con las cortinas cerradas.

—¿Cómo te fue? —preguntó primero ella a la recién llegada.

—¿Qué paso? —se acercó lo más posible, pero a una distancia prudente para mojarla.

—No lo sé, pensé que sería diferente —refunfuñó, girándose de lado y observando a la castaña empapada —¿Y a ti qué te pasó?

—Nos agarró el agua —dijo secamente —¿Qué pensabas que sería diferente?

—Estar con los "populares" —se quejó con desdén.

—No es tan malo, solo debes tener paciencia o el mismo humor que ellos —comentó con desinterés. Sabía a lo que su amiga se refería, pues a ella también le tocaba en ocasiones aguantarse cuando escuchaba ataques contra conocidos o amigos.

—Y cuando regresé no encontré a Cole ni a Leo —volvió a quejarse, golpeando la almohada.

—Ya, seguro salieron por ahí y al rato regresan. Ya podrás hablar con Leo —le intentó animar —Paige, sé que no me debo de meter donde no me llaman, pero es más que obvio que tú quieres a Leo ¿Por qué no lo admites ya? ¿Por qué andar pretendiendo a chicos imposibles o bien, muy posibles, pero que no quieres?

—Se dice fácil cuando tienes a Malfoy de novio —bramó, mirando a Astoria con reproche.

—Eso no tiene nada que ver —la castaña tomó la almohada que Paige tenía en su regreso y le dio un golpe con ella —¡Leo es bueno! ¡Y se ve que te quiere! ¿Qué tienes en contra de eso? —reprochó.

—¡Es mi primo! —gritó, al tiempo que gruesas lagrimas rodaban por sus pálidas mejillas.

—¿Qué? —se quedó helada ante la confesión. ¿Paige y Leo primos? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué?

—Nuestras madres son primas...

—Entonces ustedes son primos segundos y...

—¡Primos al final de cuentas! —se quejó ella.

—Pero... —intentó razonar la castaña.

—¿Tú que vas a saber? ¡Te enamoraste del hombre con el que te vas a casar! ¡Y él te quiere! ¡Todo se te dio fácil, casi regalado! —gritó ahogada en llanto, levantándose de un tirón y empujando a su amiga para salir de los dormitorios. Dejando a Astoria consternada y sin palabras; nuevamente con esa sensación de desdicha. ¿Por qué si ella tenía todo no se sentía así? ¿Por qué ella no se sentía como los demás la veían?

Observó su varita, recordando a Bellatrix, sintiendo un escalofrió recorrerla. Se sentía tan perdida, tan confusa de afirmar quien era ella y solo sentía que hasta no escuchar de la boca de Bella las diferencias que tenían, ella tenía tantas posibilidades de terminar como la mortífaga o peor.

O-O-O

—Todos los sangre limpia estamos emparentados, lo sabes —le respondió Malfoy con naturalidad.

—Bueno, sí, supongo que si —intentó asimilar Astoria.

Los chicos ya se habían cambiado con ropas casuales pero abrigadoras y se encontraban en la torre de astronomía, observando el bello paisaje de un atardecer y como las montañas escocesas se bañaban del tono naranja.

—Si buscamos en los árboles familiares de todos los sangre pura, encontraríamos por lo mínimo dos o más parentesco, ya sean primos o en casos más retorcidos hasta medios hermanos —Draco se encontraba sentado de frente a la abertura de la torre para observar de primera plana, mientras su novia estaba recostada en su pecho y sentada entre sus piernas, también observando de frente el atardecer.

—A que grados tan desagradables llega la ambición de la pureza —se quejó haciendo un puchero.

—¿Disculpa? —enarcó las cejas como molesto.

—Bueno, ¿te imaginas si tú y yo fuéramos parientes? —añadió con un tono asqueado.

—Podríamos serlo, ¿sabes? —contestó serio.

—¿Bromeas? —con un brusco movimiento se giró a verlo y encararlo.

—Preferiría no ponerme a investigar, pero no dudo que en algún momento nuestras familias se emparentaran con anterioridad —la menor bufó de mala gana, acurrucándose de forma mimada en el pecho del rubio —No veo cual es el gran lío —se quejó Draco —Lo importante es que sean sangre limpia.

—Si, pero no de la misma línea de sangre —le reprochó.

—No sería la primera vez y te puedo asegurar que nadie del mundo mágico lo vería mal —dijo con convicción —Y tú ya sácate esas ideas moralistas muggle de la cabeza, en lugar de que te preocupes porque se emparenten magos con muggles, te preocupas porque sangre limpia se casen entre ellos. ¿De dónde sacas esas cosas? —le reprendió, despeinandola con saña.

—Bueno, es solo ética moral, no solo yo pienso así —se quejó, intentando que Draco detuviera su ataque de despeinarla — Paige es sangre limpia y también piensa así —se defendió, tomando las manos del rubio para detenerlo.

—La juventud de hoy en día —el chico soltó una carcajada, encogiéndose de hombros y empinándose para besar a Astoria.

—Tú muy mayor, seguramente —se burló, soltando las manos del chico para abrazarlo y corresponder el beso.

O-O-O

Los días siguieron pasando con tranquilidad, Paige no le había hablado mucho e intentaba a toda costa no entablar mucho contacto con ella. Se había topado un par de veces con Harry, pero había preferido no mencionar nada. De igual forma, Draco no mencionaba nada de aquel incidente, aun cuando Astoria hubiera jurado que el rubio alardearía de aquello, solo se limitaba a susurrarle cosas a ella cuando veía al Gryffindor; aquello la hacía sentir incomoda, pero extrañamente bien, porque era como un secreto que solo ellos compartían.

La noche de viernes llegó lo que tanto había ansiado: la sesión de Patronus en el ED. Esa noche se desocupó con prisa, avisándole de antemano a su novio que esa noche iría con Luna, se pasó los últimos quince minutos, antes de irse, con Draco. En su mente tenía la teoría del hechizo y pensaba que tenía el recuerdo perfecto para crear su Patronus. A las seis en punto parteó al séptimo piso, topándose con los chicos de siempre.

Harry les dio una introducción algo detallada de lo que necesitaban hacer y no solo Astoria estaba emocionada por comenzar a practicar. Antes de empezar el Gryffindor les mostró su Patronus: un bello ciervo plateado con grandes astas que trotaba; aquello hizo crecer las ansias entre los alumnos participantes. Pero mientras practicaban y algunos conseguían el producir la neblina plateada sin forma, Harry insistía en recordarles que no era lo mismo lograr que un Patronus apareciera en medio de un aula intensamente iluminada y sin estar bajo ninguna amenaza, que conseguir que apareciera si se tenían que enfrentar a algo similar a un dementor.

Poco a poco los chicos comenzaron a formar los Patronus que les correspondían, algunos alegrándose al ver a sus peculiares animales y otros sorprendiéndose al no haber esperado algo como lo que les había aparecido.

—Son tan lindos —chilló Cho al contemplar su plateado cisne que volaba por la sala; difícil de creer que la chica que se la pasara llorando, hubiera conseguido aquello de buenas a primeras en la primera sesión.

Astoria observaba los Patronus que había comenzado a aparecer. El Patronus de Hermione, una reluciente nutria plateada, retozaba a su alrededor. El de Luna era un conejo saltarín, de igual forma que el de Arise, solo que el conejo de la Ravenclaw mayor tenía astas.

—¿Qué te parece? —Cesir se acercó a la Slytherin, detrás de él caminaba un gato que daba la impresión de ser más bien un cachorro de tigre.

—No lo consigo —bufó molesta, por más que se concentraba en el recuerdo de Draco cantando, al decir el hechizo no pasaba nada.

—Intenta concentrarte en el momento más feliz —le sugirió Harry, que se encontraba detrás de ella. Desde hace un buen tiempo que no se dirigían la palabra. Astoria asistió y el chico añadió algo más: —No busques el recuerdo, busca el sentimiento.

¿Buscar el sentimiento de felicidad? La castaña cerró los ojos y respiró profundamente. Busco recordar la sensación y no el recuerdo en si, recordando la primera vez que había hablado con Draco, cuando lo había visto sonreír en la torre de lechuzas, la primera vez que se besaron, cuando le dijo que la cuidaría, sus ojos grises brillando con decisión cuando hablaron con sus padres. El Draco que era solo para ella era lo que la hacía feliz.

—¡Expectrum Patronu! —pronunció claramente, concluyendo sus pensamientos con la imagen del chico tocando la guitarra y mirándola. De la varita de Astoria surgió una neblina plateada que comenzó a tomar una extraña forma. La chica abrió los ojos para comprobar que la neblina estaba saliendo nuevamente, pero aún no tomaba forma, pero en vez de desanimarse volvió a recordar la sensación que le producía mariposas en el estómago y entonces pasó:

Primero unas amplias alas, luego una larga cola y colmillos. Ante la mirada de todos los presentes, el patronus de Astoria había tomado la forma de un joven y no muy grande dragón, de hecho no era más grande que el ciervo de Harry. El brillante dragón plateado sobrevoló la sala de los Menesteres, luciéndose y haciendo círculos en el aire, de la misma forma en la que Draco se pavoneaba al volar.

—Me recuerda a Norverto —comentó Ron observando al peculiar animal que formaba círculos alrededor de su creadora.

—Créeme que ese dragón no tiene nada que ver con Norverto, de hecho, apostaría que tiene que ver más con Malfoy —murmuró, también observando a la criatura, y es que no parecía ser muy común tener un patronus así; de hecho, era hasta pretencioso y soberbio, pero finalmente Astoria era una Slytherin y aquellas dos palabras le sentaban bien aunque no lo admitiera del todo.

—¡Bien, esto es todo por ahora! —anunció Harry al mirar el reloj —Nos vemos la semana que viene para seguir practicando el Patronus y los demás hechizos -añadió con una sonrisa de satisfacción; las clases del ED siempre le dejaban ese grato sentimiento.

Los chicos comenzaron a despedirse, algunos felices, otros algo decepcionados al no haber conseguido lograr el hechizo. Salieron en pequeños grupos hablando tranquilamente y alagando a los que lo habían conseguido. Astoria se despidió de sus conocidos más cercanos, dándole un efusivo abrazo a Harry.

—¡Gracias por enseñarnos! —le dijo una vez que se separaron. El castaño sonrió y asistió.

La Slytherin se pegó al grupo de los que iban más cerca de las Mazmorras: los Hufflepuff, lo que no le parecía nada grato, pues Smith no dejaba de ser odioso aún cuando él no había logrado crear su patronus, atacaba a la pequeña serpiente.

—Pero si es que tenía que ser un dragón. Draco significa dragón... —decía con tono fastidioso.

—Y cállate —masculló Hanna.

—¿Quieres que te acompañe a las mazmorras? —preguntó Ernie —Soy prefecto y si alguien te viera... —argumentó cuando la mirada de Susan se posó sobre él.

—No, gracias —Astoria no era muy apegada ellos y de hecho se extrañaba por el ofrecimiento, aunque igual después de la última vez, estaba segura de que Pansy no la molestaría, así que no había necesidad de que la acompañaran. —Buenas noches, nos vemos —finalizó, alejándose para donde su casa y escuchando a lo lejos las quejas de Smith.

Llegó a la sala común y no se extrañó para nada ver al rubio sentado y leyendo o estudiando, no distinguía el libro.

—¿Qué tal? —saludó el chico, cerrando el libro y dejándolo de lado.

—¿No debería estar dando alguna ronda? ¿O algo? —preguntó, aceptando los brazos de Draco y sentándose en el regazo del chico.

—Pansy lo está haciendo ¿No te topaste con ella? ¿No te dijo algo? —quiso saber mientras envolvía a su niña con sus brazos.

—Para nada —Astoria cerró los ojos y se relajó, sintiendo esas mariposas en su estómago. Quería decirle a Draco lo de su patronus, quería decirle que su patronus era un dragón, un lindo dragón altanero y juguetón como él. Pero si lo hacía, debía de explicar cosas que no podía y que le causarían problemas.

Así mejor se quedó en silencio, recostada en el firme pecho de Malfoy.

—Miren que lindos —una falsa voz chillona resonó en la oscura estancia, aunque no hacía falta ver para saber quién era.

—Gracias, Pansy —contestó con frialdad y desinterés el príncipe de Slytherin, no tenía ganas de pelear, estaba cansado y fastidiado como para hacerlo.

—¿Qué le ves? —bufó como si la castaña no estuviera presente —Está más flaca que un palo de escoba y es una mocosa que no sabe ni hacerse el cabello con la varita —continuó hablando. Astoria pensaba en contestar, pero viendo lo relajado que estaba Draco, ignorando a la pelinegra, prefirió seguir en silencio —¿Se quedaron mudos o qué? —recriminó al ver que no le ponían atención.

—¿Me das un beso? —aquellas palabras de Draco fueron un golpe bajo para su antigua novia. ¿Malfoy pidiendo un beso? ¡Merlín! Draco no pedía las cosas, el rubio solo las tomaba, ya fuera por las buenas o por las malas. ¿Qué le había hecho esa maldita pulga a su príncipe de sangre pura?

Astoria sonrió cómplice y accedió sin pensar. Levantó los brazos para tomar el rostro de su novio, ya que éste la estaba abrazando, lo agarró firmemente con sus manos sobre sus mejillas y le inclinó sutilmente para darle un beso. Todo ante los ojos negros de la otra serpiente que en esos momentos tenía un rostro desencajado, como si fuera a romper a llorar.

—¿Qué es eso? —preguntó la voz temblorosa de Pansy, sin apartar sus ojos de la escena.

—Un beso, querida, creo que si los conoces ¿No? —comentó con burla el buscador de Slytherin, sonriendo mordaz una vez que terminaron de besarse. Astoria estaba de espaldas a la pelinegra, pero se podía dar una idea de cómo estaba la chica con solo escucharla.

—No el beso. Eso que trae la pulga en el dedo —masculló con desesperación. Y es que cuando la pequeña Greengrass había tomado el rostro del rubio, el anillo había quedado a la vista de Parkinson.

—¿El anillo de compromiso? —preguntó con sorna, sabía que estaba lastimando a la chica y debía de admitir que estaba disfrutando de aquello.

—¿Compromiso? —tartamudeó. Con un movimiento brusco intentó agarrar la mano de Astoria, con toda intención de ver mejor el anillo, pero la mano de Draco se interpuso, tomándola con fuerza de la muñeca.

—Tócala, atrévete a hacerle algo y no te la acabarás —la amenazó con voz fiera.

—¡Tienes que estar bromeando! ¿Te volviste loco o qué? —chilló, gritando con odio y dolor. Si bien Draco la había dejado por esa niña, ella juraba y perjuraba que no era más que un mero capricho y en algún momento se desencantaría y regresaría con ella. ¿Por qué un anillo de compromiso? ¿O solo sería un anillo cualquiera y él la quería lastimar? ¿Darle celos?

—¡No me he vuelto loco! ¡Y no grites que no ando de humor! —bramó molesto, manteniendo a Astoria agarrada con firmeza para evitar que se alejara y se enfrentara con la pelinegra.

—¡Estás mal! ¡Estas enfermo! —por el tono de voz, la castaña podía deducir que la prefecta ya se había puesto a llorar, pero el fuerte brazo del rubio mantenía a la chica prisionera y con su rostro pegado a su pecho.

—Draco —murmuró, pero sin que le prestaran atención.

—¡Que te calles, carajo! —soltó un gruñido y sacó su varita para apuntarla.

—¡Es una niña de trece años! ¡Apenas la conoces! ¡Estas mal! —Pansy no parecía intimidada ante el rubio —¡Yo te quiero! ¡Yo he estado contigo! ¡Yo soy mucho más que esa mocosa del demonio! —gritó, pateando algo que se rompió.

—¡Reparo! —masculló para componer lo que se había roto — Y tú, ¡solo cállate! ¡Cinco años escuchando tus gritos! ¡Ya déjame descansar!

—¡Vete al demonio, Malfoy! —Pansy sollozó, pero a pasos largos se apartó, subiendo a los dormitorios y dejar a la odiosa pareja a solas en la sala común.

—¿Qué fue eso? —preguntó finalmente Astoria, cuando Draco la soltó —¿Por qué no me dejaste hablar? —se quejó.

—No valía la pena —los ojos grises estaban algo distantes y perdidos, sin establecer contacto visual.

—¿No valía la pena? —se exasperó —¿Lo planeaste, verdad? —preguntó indignada y con reproche, conocía a un Draco dulce, sí, pero no se cegaba ante el frío, cruel y calculador Malfoy que no dudaba en lastimar a los demás.

—¿Disculpa? —replicó molesto —¿Qué demonios insinúas con eso?

—¡No insinúo nada! ¡Hago una pregunta clara! —gritó molesta y poniéndose de pie.

—¡No me grites! ¿Qué no escuchaste lo que le dije a Pansy, Astoria? —gruñó de mala manera. Astoria lo miró un instante y se quedó de piedra. Draco le acaba de decir que se callara igual que a Pansy, la había puesto a ella en la misma línea en que a la pelinegra. ¿Qué no alardeaba el rubio de saber cómo manejar las situaciones? ¿Qué no había dicho que no se mencionaba a otra chica frente a tu novia? Aquello le hizo hervir la sangre.

Un golpe seco se escuchó. La mejilla de Draco se puso colorada y las manos de Astoria temblaba.

—Lo... lo siento, yo —murmuró la castaña al caer en cuenta de lo que acaba de hacer: había cacheteado a su novio, por un impulso de celos sin fundamentos.

—Me tienes harto, so caprichosa y malcriada —comenzó a decir con voz fría y seria —Hago todo por ti y lo que recibo es esto —el rubio se llevó la mano a la mejilla, mirándole con gélidos ojos de mercurio. Las esmeraldas se comenzaban a cristalizar.

—No, Draco, yo... —intentó decir, pero su prometido seguía hablando como si no la escuchara.

—¿Tú qué? ¿Qué gran sacrificio has hecho? —reprochó con desdén —¡Haces lo que se te da la gana! ¡Y no te digo nada! Me pediste que confiara en ti ¿Qué he hecho? ¡Me reñiste por Grayback! ¡Y te demostré que puedo ser igual de tolerante que él! ¡Hago todo lo que se te antoja!¡ Y ahora tú vienes de la nada e insinúas que te use para molestar a Pansy! Lo único que quería al sostenerte así era que no te lastimara, ¡Punto! ¡Si! Te pedí un beso para molestarla, tú lo notaste, accediste y sonreíste cómplice. ¡El anillo lo vio por casualidad! ¿Dónde está el plan que según tú yo hice? ¡Y encima de todo me golpeas! ¡Como una vulgar y corriente muggle!

—Draco —las lágrimas comenzaban a rodar a borbotes de los ojos verdes, rodando por las mejillas y cayendo a la alfombra negra.

—¡Draco nada! ¡Me harté de aguantar tus estúpidas compañías! ¡De las estúpidas cosas que aprendes de ellos! ¡Y de todo lo demás! ¿No confías en mí? ¡Perfecto! ¡Lárgate con Grayback! ¡Lárgate con Osborne! Incluso... —añadió con odio —¡Lárgate con Potter!

—¡No! —gritó cuando vio como el rubio se alejaba a grandes zancadas —¡Draco! ¡Escúchame carajo! ¡Fue un malentendido! —chilló, tropezando sin querer con una envoltura de dulce y golpeándose la boca con el escalón, rompiéndose el labio.

O-O-O

—¡Salazar bendito! —gritó Paige preocupada el ver a Astoria entrar con la boca llena de sangre —¿Qué te paso? —las otras chicas del cuarto miraran también con horror a la castaña.

—Discutí con Draco —masculló con desinterés, estaba que se la llevaba el infierno.

—¿Él te golpeó? —preguntó alarmada la pelirroja, enfatizando el horror de las otras presentes.

—No, me caí cuando intenté detenerlo —la pequeña Greengrass se puso frente al espejo y observó su labio morado.

—¿Pero por qué discutieron? —quiso saber, pero al ver las miradas curiosas de las otras chicas de tercero, volteó a mirarlas feo —¿Se les perdió algo? —gruñó como si se fuera a lanzar sobre ellas y las chicas se voltearon bruscamente como si no escucharan.

—Porque soy una estúpida —respondió limpiándose las lágrimas que comenzaban a brotar de nuevo. Y es que se sentía así, se sentía como una idiota al haber acusado a Draco de esa manera. Por primera vez estaba convencida de que el chico tenía razón y que si bien él había algunas cosas que no eran acorde a su personalidad, ella no había hecho nada más que "tolerar" algunos comportamientos y defender a su novio ante críticas de sus amigos.

—No eres una estúpida, seguro que él... —intentó consolar Paige.

—Es la verdad —la cortó de mala gana, pues no quería que nadie la defendiera; se quería seguir sintiendo culpable.

—Estupidez es estar aquí si peleaste con él —dijo una chica menuda del grupo de las demás de tercero.

—¿Tú que vas a saber? —recriminó la pelirroja, rodando los ojos.

—Que si yo anduviera con Draco Malfoy haría todo por tenerlo contento y no reñiría con él —respondió con naturalidad.

—Por esa razón nunca serás novia de Malfoy, para tapates ya tuvo a Pansy y la dejó —Astoria estaba demasiado ida como para contestar, así que dejaba hablar a su amiga, escuchándola y analizando lo que su cerebro registraba.

—Ella tiene razón —murmuró la castaña.

—¡Ves! —alardeó Paige con una sonrisa —Ella es la novia y ella sin duda alguna me da la razón...

—No —la cortó Astoria —Ella —dijo señalando a la otra chica, dejando a su amiga helada y a las otras alumnas anonadas —Ella tiene razón. Draco se molestó porque solo lo riño por cualquier cosa que no me gusta, cuando él me aguanta todos mis caprichos. Por primera vez él tiene razón, la que está mal soy yo —puntualizó, saliendo de los dormitorios para evitar que la vieran llorar.

Quería salir de las mazmorras y buscar a Myrtel para hablar con ella, pero al llegar a la sala común se topó nuevamente con el rubio que no quería ver en esos momentos. Se sentía tan ridícula, tan niña, tan caprichosa, tan tonta. Para su desgracia, al girar se topó con el pecho del moreno amigo de su novio.

—¿Lo vas a dejar ahí, envenenándose? —preguntó Nott que estaba detrás de Zabini.

—¿Qué te pasó? —Blaise se alarmó al ver el labio roto de Astoria.

—Yo... —tartamudeó y quiso girarse para escapar, pero entonces notó que estaba atrapada, Draco estaba detrás de ella.

—No te quise gritar —le susurró con un hilo de voz, si no conociera al rubio juraría que el chico estaba llorando.

—Draco... —quiso decir, pero las palabras no le salían. Los dos amigos de su novio subieron las escaleras para dejarlos solos.

—Por favor, estoy cansado, estresado por los exámenes, de verdad que no quise... —intentó justificarse, pero Astoria lo cortó.

—Tú tienes razón —dijo convencida, girándose para ver de frente a su novio.

—¿Qué te pasó? —la sorpresa y la preocupación se reflejaron en las puntiagudas facciones. Draco sacó rápidamente su varita para al menos limpiar la sangre.

—Me caí, está bien —respondió, alejando la varita del chico para que no hiciera nada más.

—Vamos a la enfermería —pidió, abrazándola con fuerza para cargarla.

—Draco, no —su voz sonaba cansada y decaída —Con la hora que es nos vamos a meter en problemas...

—Está bien, mañana a primera hora iremos —más que sugerencia era una orden. La soltó y se quedaron en las escaleras, mirándose con intensidad.

—Lo siento —susurró finalmente la castaña —Perdón por acusarte de una ridiculez, fueron los celos los que hablaron, los que... bueno... no te quería pegar, de verdad que no quería —tartamudeó, jugando con sus manos de forma nerviosa.

—Si te digo que no hay problema con eso, te estaría mintiendo —esbozó una sonrisa sobándose la mejilla —No lo vuelva a hacer. Y yo intentaré no reprocharte por las cosas que te gustan hacer —propuso, extendiendo la mano en señal de cerrar un trato.

—Si dejaras de hacerlo, dejarías de ser tú. Además, tienes razón, solo me he colado en tu ambiente, no he hecho nada... —comenzó a decir.

—Siento haber dicho eso —la cortó —Pero la verdad, no es verdad. Tú si has hecho cosas que no te gustan por mí —argumentó, acariciando su rostro y apartando los mechones castaños de la chica.

—¡Ay! ¡Aja! —se burló de sí misma, rodando de ojos —Dime una, porque no recuerdo —resopló retadoramente.

—Subirte a una escoba —fue lo primero que vino a la mente del rubio.

—No me subí, me raptaste —le corrigió. Draco rodó los ojos.

—Se supone que el que debería de atacar soy yo, ¿y ahora argumento a tu favor para que tú te ataques tu misma? —Astoria soltó una carcajada enorme

—Te amo, mi dragón —se abalanzó sobre su novio para besarlo, rodeando su cuello, aunque no contaba con el dolor en su labio y el sabor a sangre.

—Tranquila —le reprendió, dándole un beso en la nariz. —Vamos a dormir por ahora —propuso.

—Vamos a dormir —aceptó Astoria, abrazando al rubio de manera mimosa.

—Si no compartiera cuarto con esa bola de idiotas, te juro que dormiríamos juntos —le susurró, dejando que la pequeña se acurrucara en sus brazos, apoyando su cabeza sobre el cabello castaño con un dulce olor.

—Tú lo has dicho, ya tendremos tiempo para eso —comentó sonriente, sintiendo de nuevo el júbilo de cuando había salido de la reunión del ED después de hacer su patronus. Un lindo dragón que representaba a su novio —¿Te molestaría si te llamo dragón? —preguntó repentinamente y es que la pregunta simplemente cruzó su mente. Se alejó un poco para alejarse y ver al rubio.

—¿Dragón? —hizo una mueca pensativa —Son imponente, fuertes, respetados, temidos... mi nombre...

—Y son lindos, como tú —lo cortó, soltando una risa.

—¿Me ves lindo? -enarcó las cejas con una sonrisa de burla —¿Lindo? ¿Yo?

—Para mí si —le respondió aún sonriente, muriendo de ganas por decirle que su patronus era un dragón que lo representaba a él.

—Tú me puedes decir como sea —aclaró él.

—¿En público? —indagó a sabiendas de como era el gran príncipe de Slytherin.

—Nada mimoso en público, pero dragón... —titubeó y luego rió un poco —ya me has dicho así, ahora que me acuerdo, así que no le veo problema —concedió cargándola repentinamente como novia —Pero ahora, princesa, nos vamos a dormir que mañana tengo clases y tú también.

—Dragón —la chica se dejó cargar, abrazándose del cuello mientras el rubio la cargaba para subir los escalones y llegar hasta donde ya no podía pasar más.

—¿Sabes que me gusta de nuestras peleas? —preguntó Draco antes de bajarla.

—¿La reconciliación? —la menor se encogió de hombros, mirando expectante el chico de finas facciones.

—En parte, pero más que nada: es el hecho de que siempre resolvemos todo con rapidez. Si no fuera así, si no hubieras bajado al igual que yo, me estaría envenenando ahí solo —le aclaró, mirándola con ternura, con esa que solo su niña provocaba en él. Esa sensación que le había dejado desde aquella platica en el puente de piedra cuando se enteró de que eran prometidos.

—Yo tampoco podría pasar la noche envenenándome con la culpa y el remordimiento —contestó, sintiendo como sus mejillas se teñían de rojo.

Se despidieron con un beso y cada cual fue a dormir, ahora con más paz y tranquilidad.

O-O-O

Ese fin de semana se llevó a cabo un partido de Quidditch: Gryffindo-Hufflepuff. Los leones habían perdido por diez puntos y el entusiasmo de las serpientes aumentaba, si ganaban el siguiente partido, Slytherin tenía la copa asegurada. Draco estaba de buena humor y Astoria ya definitivamente no rezongaba de casi nada, incluso se podía decir que la chica disfrutaba de ciertas cosas desdeñosas, como lo fue molestar al insoportable de Smith y a la odiosa de Romilda.

El lunes por la mañana desayunaba con Draco, su hermana y Nott. Hablaban del Quidditch y se sorprendía de como Daphne se amoldaba a la plática, como si fuera una conocedora del tema. Mientras mencionaban algo sobre la próxima copa del mundo se aproximó al grupo Luna.

—Hola, Tory —la saludó alegremente la Ravenclaw.

—Hola Luna ¿Qué pasó? —preguntó, girándose parcialmente para mirarla, pues sus acompañantes ignoraban olímpicamente a la chica.

—Solo he venido a darte esto —le respondió, entregándole un tubo de papel sellado, casi como un ejemplar de El Profeta, pero más pequeño.

—¿Qué es? —indagó, para ver si era conveniente abrirlo ahí frente a Draco y los demás o era mejor guardarlo.

—Un ejemplar del Quisquilloso —la rubia sonrió y sin decir nada más se alejó y al parecer fue a darle otro ejemplar a otro de los miembros del ED. Por lo visto no era conveniente mostrarlo ante sus amigos. Guardo la revista en su bolso nuevo, junto a sus demás cosas y se olvidó de ella por el resto de la mañana y hasta del día. No fue hasta mediodía cuando aparecieron colgados enormes letreros por todo el colegio, no sólo en los tablones de anuncios, sino también en los pasillos y en las aulas:

POR ORDEN DE LA SUMA INQUISIDORADE HOGWARTS

Cualquier estudiante al que se sorprenda en posesión de la revista El Quisquilloso será expulsado del colegio.

Esta norma se ajusta al Decreto de Enseñanza n.°27.

Firmado:

Dolores Jane Umbridge Suma Inquisidora

—¿Qué demonios? ¿Ahora ya ni podemos leer? —se burló Paige mirando con desdén el anuncio.

—Esta mujer está loca —bufó Astoria.

Las chicas estaban en la hora del descanso, Paige esperando por Leo y Cole, mientras Astoria esperaba por Draco, quien fue el primero en llegar.

—¿Ya leyeron? —les preguntó cuando se acercó a ellas, seguido de Cabbe y Goyle.

—Cuando prohíba leer "Corazón de Bruja" me largaré voluntariamente de este colegio —rezongó la pelirroja.

—No prohíben "El Profeta" porque cuenta todo como les conviene a los del ministerio ¿No? —la voz de Cole resonó detrás de ellos.

—Cuida tus palabras Grayback —le amenazó sutil y mordaz el príncipe de las serpientes. Astoria se quedó pensando en lo que había dicho Cole, entonces si prohibían El Quisquilloso era porque tenía algo que iba contra el ministerio.

—¡Yo tengo un ejemplar! —murmuró con ansias y euforia al recordar que Luna le había dado uno esa mañana; sin reparar en lo peligroso que era sacarlo con ese nuevo decreto que colgaba por todos lados. Sacó la menuda revista y observó la portada un tanto caótica, pero donde resaltaba un titular:

HARRY POTTER HABLA POR FIN: «TODA LA VERDAD SOBRE EL-QUE-NO-DEBE-SER-NOMBRADO Y LA NOCHE QUE LO VI REGRESAR»

Los chicos, incluyendo a Draco, se abalanzaron a leer y se quedaron de piedra. Astoria abrió de forma torpe la revista, ubicando rápido la página donde se encontraba el artículo que describía todo lo que había sucedido aquella noche. Astoria leía en voz alta y clara, de forma rápida, sin inmutarse incluso al pronunciar el nombre del Señor Tenebroso, aunque por su parte Paige había soltado un pequeño grito. Sin embargo, la castaña palideció y dejó caer la revista cuando comenzó a leer la lista de los mortífagos presentes en aquella noche que el Lord había regresado y asesinado a Ceddric.

Draco tomó el ejemplar y termino de leer por ella, pero no corrió mejor suerte.

—Nott... Lucius Malfoy... ¡Maldito Potter! —masculló arrugando la revista en sus manos, pero Paige logró quitarse antes de que la rompiera y ella fue la que terminó de leer la noticia.

—No lo puedo creer... no me lo creó... —murmuró la castaña, refiriéndose al hecho de que aquello fuera cierto y sobre todo: que el nombre de su suegro y su amigo figurara en aquella lista; no era que no lo supiera, pero era diferente ver los nombres impresos en lo que se suponía era la gran declaración de Harry.

—¡Mira lo que hace tu amiguito! —le reprochó Draco rojo de furia.

—Como si alguien se fuera a sorprender —bufó Cole.

—¡Dame eso! —pidió Astoria tomando el ejemplar del Quisquilloso para luego salir corriendo al baño y esconder la revista entre su ropa. Las lágrimas corrían involuntariamente por sus mejillas y más que antes sentía la necesidad de tomar un lugar en aquella guerra, no podía seguir estando en medio.

—¿Qué pasó? —fuera del baño le esperaba Draco y sus secuaces.

—Me deshice de esa basura —le respondió, limpiándose el rostro con el rostro de la túnica.

—No pensé que te fueras a poner así —intentó tranquilizarla, pasando su mano por el cabello.

—Nosotros nos podemos encargar si nos lo pides —sugirió Goyle. Pero Astoria negó con la cabeza.

—Solo vamos a comer, no quiero hablar más del tema —concluyó.

Mientras iban al Gran Comedor vieron como la profesora Umbridge recorría los pasillos parando a los estudiantes al azar, exigiéndoles que se vaciaran los bolsillos y le enseñaran los libros; no había que ser un genio para saber que buscaba los ejemplares de El Quisquilloso. Por suerte para Astoria la gorda mujer con cara de sapo les sonrió y no les dijo nada.

Lo mismo se siguió repitiendo a diario, pero ningún alumno había sido sorprendido. Blaise decía que la mayoría habían embrujado las páginas de la entrevista de Potter para que parecieran fragmentos de libros de texto por si las leía alguien que no fuera ellos, o las habían borrado mediante magia, y así fue que en poco tiempo daba la impresión de que todo el mundo había leído dicha entrevista. Aquello solo parecía enfurecer más a Malfoy, Cabbe, Goyle y Nott. Mientras que Astoria parecía más mal humorada con cualquiera que no fuera Slytherin, ya que solo aquellos que eran parientes de los mortífagos parecían tener tacto para entender su dolor. Prefería escuchar insultos contra Harry a insultos contra los que eran los suyos.

Sin embargo, cuando la moneda de oro marcó una fecha para la próxima reunión del ED no se negó a asistir, al contrario, tenía unas enormes ganas de plantarse frente a ellos, sobre todo de Potter.

—¡Y lo mejor de todo es que no pueden contradecir a Harry porque no deben admitir que han leído el artículo! —dijo con regocijo Ginny cuando hablaba con unos cuantos chicos en la sala de los menesteres, Harry aún no llegaba, así que Astoria no dijo nada, aunque le herví la sangre.

No, no negaría lo que eran, pero no era justo juzgar a todos de la misma manera. Y es que la rabia que sentía por ver los hombres de Nott y Malfoy en ese artículo, era más fuerte que el miedo o cualquier cosa que el regreso del Señor Tenebroso pudiera provocar. Y apenas entraron Harry, Hermione y Ron por la puerta, luciendo sorprendidos de que los alumnos estuvieran antes que ellos, la Slytherin se apresuró a ponerse frente al león para lanzar el número de El Quisquilloso a los pies de los chicos, ante el resto de los miembros del ED. Harry ya había dicho todo, ahora le tocaba a todos escuchar lo que alguien de "el otro bando" tenía que decir.