Ser feliz
Sev se apartó de encima de Lauren y se dejó caer de espaldas, a su lado, sobre la arena. Ella lo tomó de la mano y le dijo:
-Amor mío, perdóname por haberte hecho algo así, podría haber sido precioso y lo he estropeado.
-En absoluto, Lauren, no te lamentes, me has hecho un gran favor. Necesitaba espabilar también para esto, soy muy bobo, has hecho muy bien en hacerlo.
-Claro, te pasa que en cierto modo, en ese aspecto, tienes reminiscencias machistas. Nos ves a las mujeres por debajo de ti, como algo a lo que siempre podrías resistirte y dominar, sin capacidad de obligarte a hacer algo que no quieres. Piensas que no podemos jugártela porque siempre nos ganarás por la fuerza, pero eso no es así, podemos llegar a ser auténticas vampiresas, poniendo todos los medios a nuestro alcance para salirnos con la nuestra. Lo sé por propia experiencia porque yo lo he sido.
-Claro, y Genevre también es así, has hecho muy bien en advertirme de esa manera sobre ella.
Lauren se subió a horcajadas sobre sus piernas.
-Pero vaya susto te he dado. ¿Ahora cómo hago para levantártela de nuevo?
Rieron. ("Qué mona, es encantadora.")
-Muy fácil, Lauren, cualquier cosa que me hagas me va a valer, ya sabes que conmigo, para eso, lo tienes muy fácil.
-Está bien, voy a mostrarte algo más de mi repertorio. Voy a ponértela dura sólo moviéndome ante ti, una danza exótica, para que alucines.
-Sí… precioso… a la luz de las llamas…
Lauren, de rodillas a ambos lados de sus piernas, se contoneaba, movía los brazos etérea y elegantemente, agitaba las caderas y se pasaba las manos por todo el cuerpo, adaptándose a sus magníficas curvas. Sev, con las manos tras la cabeza, estaba extasiado, pero no se le levantó.
-Vaya… estoy fracasando… - dijo ella, apenada.
-No es eso, preciosa, es simplemente que estoy admirándote como algo bello sin más. Ya lo hemos dicho antes, ya no es algo que me apremie. Por mí, si no hacemos nada más no me importa, pero tranquila, a ti no te dejaré con las ganas. ¿Estás caliente?
-No, no lo estoy.
-¿Quieres que te ponga?
-No, mi amor, no es necesario, si surge, surge y ya está. Podemos hacer cualquier otra cosa interesante, como enseñarme esas sorpresitas que decías que traías, que ya me huelo lo que son.
-Cierto, y no sólo eso, tengo trabajo que hacer contigo.
-Estupendo, entonces pongámonos a ello. ¿Tienes sueño?
-No.
-Yo tampoco. ¿Tienes hambre?
-Sí, un poco, antes hemos comido muy poco.
Lauren se puso en pie y fue a echar leña al fuego, a por comida, y sirvió las copas.
-Cierto, yo también, comamos algo más primero y volvamos a servirnos vino, se nos han caído las copas con la pelea. Una pena, porque está espectacular.
Él también se levantó y se sacudió la arena, también la de la manta, y volvió a extenderla.
-Cierto, a mí también me está gustando mucho. Que sepas que anoche no lo probé para probar el vino blanco por primera vez contigo.
-¿Y lo prefieres al tinto?
-No, prefiero el tinto, y en especial el que bebimos ayer, mucho mejor que el que bebí en casa de Lily.
-¿De dónde era?
-Rioja español.
-¡Vaya…! – de viva voz – Por allí pasa el Camino de las Estrellas.
-En efecto.
-Estupendo, lo beberemos allí mismo. Y esa botella que pensaba traer en septiembre será de Rioja español, del mejor. Nunca lo he probado, me lo guardo para ti, para nosotros.
-Genial.
Se pusieron a comer, ambos sentados frente al fuego, mirando las llamas.
-¿Tienes frío? – preguntó ella.
Él rio.
-Pareces yo con Hipólita. ¿Estás cansada? ¿Tienes hambre? ¿Tienes frío? Paso el día entero así. Ella las llama 'tus preguntas'. 'Deja ya tus preguntas', dice.
-Qué monos… quién os viera… Yo sí que tengo un poco, voy a ponerme la camiseta.
-Yo no, además, me encanta sentir el calor de las llamas directamente sobre la piel.
-Cierto, el fuego es el mejor calor que hay. Entonces no me pongo la camiseta. Me echo otra manta que he traído para taparnos cuando durmamos, donde tengo frío es en la espalda.
Lauren se levantó por la manta, volvió a sentarse y se la echó por encima.
-¿Cómo te han cabido dos mantas en la mochila?
-Las he reducido.
-Pareces boba, Lauren, podemos convocar cualquier cosa.
-Ya, ya lo sé, pero todavía no sabemos hacer desaparecer y no me gusta acumular trastos y trastos.
-Igualmente vamos a acumularlas, van a quedarse en el refugio.
-No, vuelvo a llevármelas a las mazmorras.
-En ese caso, también podríamos haber reducido las del refugio y no hubieras tenido que traerlas desde casa.
-Pues sí, también, y así habría podido guardar los sacos de dormir en el refugio y no en el Fidelius. No he pensado en ello, estoy perdiendo facultades.
-Desde luego que lo estás haciendo. Retiro lo que he dicho antes de hacerte Comandante en Jefe, no te hagas ilusiones - rieron y ella le dio un leve puñetazo - Por cierto, ¿sabes que por sugerencia de Hipólita tenemos dormitorio reservado en el refugio?
-Vaya…
-Claro, cada pareja está reservando su propio dormitorio, teníamos que hacerlo para no quedarnos sin él.
-¿Y cuál has escogido?
-El único en el que hemos dormido, el primero que utilizamos, el primero de la izquierda desde la escalera, con una cama de tres, por si se da la ocasión de estar con Sirius alguna vez.
-Muy bien pensado, y prefiero la orientación al este que al oeste, para ver la luz de la mañana.
-El símbolo de la puerta, para que no lo use nadie más, es un pino, tu árbol.
-Vaya… estupendo…
-También idea de Hipólita. No sabes cuántos consejos me ha dado para la cita contigo.
-Ah, ¿sí? Cuenta, cuenta…
Se lo contó, mientras tanto, ya habían terminado de comer.
-Vaya… me quiere mucho – dijo ella.
-Claro que te quiere, se preocupa mucho por ti. Y lo adivinó todo ella sola, yo simplemente le dije que tenía una novia a la que no iba a ver en todo el verano y que no podía saber quién era. Ella lo relacionó con Maida, su compañera de tercer año, e inmediatamente dedujo que eras tú.
-Es extraordinaria, qué suerte has tenido.
-Desde luego. El próximo año iremos juntos al estanque, los cuatro, a enseñarle maleficios a Sirius. Ya verás cómo los lanza, caza los bichos con Imperius apuntándoles directamente, no interceptando la trayectoria. Aprendió a hacerlo sola en cinco minutos.
-Wow… - de viva voz.
-E inspirada por los bichos, voy a enseñarte lo que hemos estado haciendo esta tarde, convocar un montón de joyas.
-Vaya…
Sev fue por su mochila, sacó el saquito de los bichos y los desparramó en la manta, entre ambos.
-Wooow… - de viva voz – Son magníficas – y vinculada – Déjame verlas una por una.
Lauren fue por su varita y las fue observando a la luz del Lumos. Le dijo:
-Severus, crea tu propia marca, no sólo vas a forrarte, vas a hacerte famoso por esto. Esto es muy novedoso, no existe.
-Vaya… ¿Y cómo se hace eso?
-No tengo idea de leyes muggles, que la madre de Lily se informe preguntando a los joyeros o a través del ayuntamiento. También puedes enviar a alguien de la escolta que te haga el encargo en Londres.
-Buf… darles más trabajo todavía…
-Severus, no les va a importar y merece la pena. Eres un artista, un creador, esto se expondrá en los museos.
-¿Y qué marca le pongo?
-Algo que sea muy querido y muy significativo para ti, piénsalo durante unos días. Algo original, pregunta, que te hagan sugerencias. Te hago una, ya que los bichos han estado inspirados por haber aprendido maldiciones con ellos, a esta colección puedes ponerle el nombre de una Imperdonable, los muggles no van a saber de qué va.
-Avada.
-Perfecto, suena a nombre de colección de joyas. Recuérdalas todas para reproducirlas, todas son distintas y van a quitártelas de las manos, va a comprarlas todas el primer joyero al que se las lleve la madre de Lily. Que no las lleve a una joyería pequeña, como la de Cokeworth, que las lleve a una grande, importante, del centro de Londres. Menos trabajo para ella y dinero a espuertas en cuanto llegues. El próximo año vas a tener que repetir muchas, vas a hacerte millonario.
-Claro... Quédate con cualquiera que te guste.
-Imposible elegir, me las quedaría todas, y no precisamente porque sea loca de las joyas, sino por lo magníficas que son y el placer que es mirarlas.
-Ya había pensado en ello, me da mucha pena desprenderme de ellas, yo también me las quedaría.
-Pero puedes volver a convocarlas iguales en cualquier momento. Haz copias para ti de todo lo que has hecho, y lo que te he dicho, cuando seas famoso las expones, aparte de la marca ponte también un nombre artístico para camuflarte en el mundo muggle.
-Vaya…
-Claro, claro. Que pase por tu nombre verdadero. En Reino Unido tenemos la ventaja, frente a otros países, de no tener obligación de tener documentación de identidad.
-Vaya… Ahora que lo pienso, es cierto, cuando fuimos por las bebidas, Brad habló de que sólo podían comprarlas quienes parecían más mayores, porque si sospechaban que éramos menores no nos las venderían.
-Claro, es por eso, no hay documentación salvo el carnet de conducir y el pasaporte. Si no los tienes, no tienes manera de demostrar que eres mayor de edad. Pero es una ventaja, no un inconveniente, de otro modo siempre te lo pedirían, y así, si pareces mayor de lo que eres, puedes comprar bebidas alcohólicas. Las chicas lo tenemos más fácil, yo pasaría por mayor de edad, por casi dos años más de los que tengo.
-Cierto.
-Por eso te he dicho antes que yo misma compraría el vino.
-Claro. Bueno, entonces, si no te decides por ninguna, yo sí que tenía algo preparado para ti. No es tan vistoso como eso, pero lo he hecho pensando en ti especialmente.
-¿Qué dices? – sorprendida.
("Es una monada.")
-Claro, Lauren, preciosa. Un regalo de despedida, o de reencuentro, lo que prefieras.
Él sacó la cajita de los pendientes.
-¿No irás a pedirme matrimonio? – asustada.
Sev se carcajeó. ("Es para comérsela.")
-No, no, todavía no.
-Buf… qué susto me has dado… - aliviada, rieron los dos - No es la situación en la que hubiera esperado que me lo pidieran.
-Pues a mí me parece un momento mágico, perfecto.
-Sí, ahora que lo dices, claro que lo es, mucho mejor que lo típico que hace todo el mundo, en un restaurante tras una cena íntima. Seguro que así hubiera sido como lo habría hecho Jack.
-Seguro que sí. Anda, ábrela y mira si te gusta.
Sev le pasó la cajita, Lauren la abrió, observando su contenido a la luz del Lumos.
-Oh… son preciosos, Severus. Piñas, como mi árbol, como la madera de tu varita y los frutos del abeto, algo que nos une.
-He pensado en unos pendientes para que puedas lucirlos, también porque me dijiste que ibas a cortarte el pelo. Tienes los agujeros y nunca llevas.
-Cierto, desde que entré en Hogwarts que no llevo pendientes, quizá se me hayan cerrado. Pero claro que voy a llevarlos, esto no es comprometido como el colgante, y me encantan, son del color de mis ojos y con el corte de pelo que he pensado se me van a ver muy bien. Voy a ponérmelos ya mismo.
-Pero si se te han cerrado los agujeros vas a hacerte daño.
Lauren sacó cada pendiente de la cajita y se los puso.
-Un poquito, no pasa nada, han de volver a abrirse. Además, sabes de sobra que me pone que me duela, y los lóbulos de las orejas son un importante punto erógeno.
-Cierto.
-Por algo se inventaron los pendientes.
-Vaya…
Ella se recogió el pelo con una mano hacia atrás para que se le vieran bien.
-¿Cómo me quedan? – le preguntó.
-Perfectos, estás preciosa.
Se soltó el pelo.
-¿Y con el pelo suelto?
-También se te ven bien.
-Dame un besazo, anda.
Se lanzó sobre él, lo hizo caer sobre la manta y se besaron apasionadamente, él pronto estuvo caliente.
-Me tienes a punto, Lauren, mira qué fácil era.
-Vaya que sí… yo también lo estoy…
Se lo hicieron con ella encima sin dejar de besarse, pero era él quien la movía y llevaba el control, lo hizo durar y de nuevo llegaron juntos. Mientras descansaban charlaron.
-Eres fantástico… el mejor amante que he tenido… y mira que he tenido muchos, muchos. Dudo mucho que Sirius te tome la delantera, mucho lo dudo, mucho, mucho.
-No sabes cuánto me alivia que me digas eso, Lauren.
-Mucho va a tener que trabajárselo para alcanzarte, siempre tendré ventaja sobre él porque te tengo a ti.
-Cierto. Le enseñaré si quieres, y si quiere él, claro. Estaremos los tres.
-Nada de eso, no le enseñes nada. Guárdate para ti tus trucos y tu propia manera de hacer las cosas, que cada uno se trabaje lo suyo.
-De todos modos, Valerie va a explicarle cosas.
-Bueno, entonces que Valerie nos haga el trabajo sucio. Yo tampoco voy a explicarle nada, me gusta que cada cual sea como es, si todos fuéramos iguales, el mundo sería muy aburrido. Y si quiero tener dos amantes es precisamente para no aburrirme, si los dos lo hacéis todo igual me cansaría pronto de él, y quiero darme una oportunidad con él, me has convencido de que merece la pena. Pero lo de estar los tres juntos alguna vez sí que me gustaría, para cumplir otra de mis fantasías.
-Cuenta, cuenta…
-No… que te estropeo todas las sorpresas. Todavía queda mucho hasta entonces, no podré cumplirla hasta que me la des.
("Ya me huelo lo que es.")
-Cuéntamelo, anda… - suplicante.
-Que no, Severus – tajante – Conmigo esos trucos aprendidos de Lily no te van a valer.
-Vale… ¿Puedo hacerte una pregunta?
-Hazla, ya veré si te respondo.
-¿Te han dado por detrás alguna vez?
-No.
-¿Te gustaría probarlo?
-No te respondo a eso.
-Eso es que sí. Ya he adivinado lo que quieres hacer con Sirius y conmigo.
-Jo, Severus… contigo es imposible, ¿eh? Te has vuelto demasiado avispado.
-¿Qué es eso de avispado?
-Espabilado.
-Me gusta más lo de avispado.
-A mí también.
-No cambiemos de tema, te lo he preguntado para que sepas que no tienes que esperar a que te la dé para cumplir tu fantasía, yo podría darte por detrás.
-Dejarías de ser virgen.
-Según la Magia Roja, no.
-Eso de la Magia Roja son chorradas, muy anticuado. Dejarías de ser virgen.
-Entonces ya he dejado de serlo.
-¿Ya lo has hecho? – sorprendida y algo alarmada.
-Sí.
-Vaya, hombre… - decepcionada y apenada - Me hubiera gustado que fuera la primera vez para los dos.
-Ahora a mí también – apenado también - Por no hablar de las cosas conmigo, se te adelantaron.
-Jo… entonces ya no eres virgen, Severus.
-Según tu criterio, no.
-Jo… Resérvame alguna cosa que no hayas hecho con nadie, por favor…
-Claro que sí, Lauren. Hasta ahora, en el agua, tanto en la poza como en el mar no lo había hecho con nadie, estuve en el refugio por primera vez contigo, dormí con alguien y me lo hice al aire libre por primera vez contigo, contigo he probado el vino blanco por primera vez. Intento reservarte muchas cosas. Y piensa algo, el próximo año, en el colegio, estaré sólo contigo, y en la Magia Roja que tanto criticas vienen multitud de juegos que todavía no he probado.
-Está bien entonces.
-De hecho, después de esta noche, dudo mucho que me apetezca hacérmelo en verano con nadie más, pienso que también voy a pasarlo como tú.
-No te prives por mí, Severus.
-No, no lo haría por ti, lo haría por mí mismo. Pienso que después me sentiría vacío, me arrepentiría.
-Cierto, eso me pasó a mí con Jack después de catarte a ti.
-Vaya…
-Qué suerte que hayamos vuelto a estar así esta noche, de lo contrario, el último recuerdo de un encuentro que me hubiera quedado habría sido con él y no contigo.
-Cierto. No sabes cómo me alegro de haberlo hecho, y fue también Hipólita quien me convenció anoche de que debía hacerlo.
-Siento haberme puesto caprichosa. Quién soy yo para pedirte que me reserves cosas, cuando yo hice todo lo que me venía en gana cuando tú eras un niño todavía. Lo siento mucho.
-No lo sientas, Lauren, te comprendo. A mí también me apena mucho, siento haber desperdiciado ocasiones. Si te vale de consuelo, lo he hecho sólo una vez y fue con los ojos cerrados, no veía lo que estaba haciendo, pienso que va a ser mucho mejor pudiendo observarlo. Mucho, mucho mejor.
-Ya te digo que debe serlo. Yo no soy tío pero lo imagino, por cómo me daban por delante desde atrás, debe ser fantástico. ¿Tienes sueño? A mí me está entrando.
-Empiezo a tener, sí.
-¿Qué hora tenemos?
-La una y media.
-¿Sólo?
-Sí.
-Maravilloso. Nos queda mucho tiempo por delante todavía. ¿A qué hora vas a marcharte a casa?
-Puedo apurar, ya me duché, no necesito ducharme por la mañana.
-¿Ni para quitarte el salitre?
-Ya me ducharé cuando llegue a Cokeworth. Yo voy a hacerlo al instante, no tengo nueve horas de Expreso por delante.
-Cierto. Pero llevamos el pelo lleno de arena, el viejo va a darse cuenta.
-Ya ves qué problema, nos la sacudimos, esta arena se desprende fácilmente.
-Cierto. El desayuno es a las nueve, ¿no?
-Sí, saldré de la Sala a las ocho y media.
-Tenemos algo más de una hora hasta la puerta, hay que salir de aquí a las siete y cuarto como muy tarde, despertarnos a las siete. ¿Cuántas horas quieres dormir?
-Con dos con la Reparadora me llega.
-Sí, a mí también.
-Pero prefiero dormirlas antes y despertarnos a las seis, para tener una hora de mimos por la mañana.
-Será algo más que de mimos, ¿eh?
-Seguro que sí, quizá incluso otro baño en el mar.
-Buaaah… sería fantástico. Entonces nos dormimos a las cuatro, tomamos Estimulante para dos horas y media.
-Estupendo, Lauren.
Lauren se levantó a servir las dosis de poción y le pasó la suya a Sev, que se incorporó para tomarla. Ella también tomó la suya y guardó el frasco y dosificador en su mochila.
-¿Qué más hacemos? Nos lo hemos hecho encima de las joyas, espero que no se haya roto ninguna.
Rieron. ("Es fantástica.") Sev lo guardó todo en el saquito.
-No tiene importancia, si alguna se ha roto ya la arreglarán en la joyería. Antes te he comentado que tengo trabajo, ¿ya lo has olvidado?
-No, no. Claro, vamos a ponernos a ello.
-Primero voy a enseñarte más cosas que he hecho.
-¿Más? – muy sorprendida.
-Sí, mucho más, he pasado casi dos horas convocando. De hecho, no lo he traído todo.
-Vaya tela… - asombrada.
-He perdido la cuenta de la cantidad de saquitos que tengo.
-Wow… - de viva voz.
-Gracias a la enana.
-Déjame ver también el saquito, antes no me he fijado, veo que tiene un bordado.
Él se lo pasó y sacó de la mochila el que contenía la colección de elementos vegetales.
-Qué bonito. ¿También lo has convocado tú?
-No. Hipólita.
-Vaya tela… - de viva voz – Ella también es toda una artista.
-Ya te digo que lo es, mira este otro.
Le pasó el otro saquito.
-Muy bonito también, tiene muy buen gusto. Si nos da tiempo miramos también su árbol, ¿vale?
-Buf… muchas cosas que hacer, Lauren. Si quieres que nos dé tiempo a todo, no te demores tanto mirando el contenido de éste.
Lo tomó y desparramó su contenido.
-Wooow… - de viva voz – Plantas mágicas del Bosque, fantástico.
-También idea de ella.
-Aprovechemos el tiempo, mientras las miro, me cuentas más cosas interesantes de ella, quiero conocerla mejor.
Así lo hicieron, mientras ella admiraba las joyas, Sev le habló de las dotes para la música de Hipólita y de que habían escogido instrumentos en la Sala de Menesteres para aprender a tocarlos en verano.
-Es maravilloso, los tres tenemos eso en común.
-Vamos a gozarla el próximo año. Si te decides a independizarte y ser una más podrás conocer también a Cecile, tendrás profesora de piano también aquí.
-Cierto, una razón más a favor de esa decisión.
("Lo estoy consiguiendo.")
-Pienso que quizá yo también pruebe algún instrumento que no sea el piano – continuó Lauren - Si me independizo quizá no tenga sitio en mi casa para un piano.
-También hay pianos verticales, de pared.
-Claro, claro. Pero aun así, estaría bien tocar otro instrumento para combinarlo contigo, como va a hacerlo Hipólita. ¿Crees que me dejarían probarlos en las tiendas de música?
-Seguro que sí, de lo contrario contratas un profesor de cada instrumento que te atraiga, tú ya los conoces por los conciertos de la tele, que te deje probar el suyo a la vez que te enseña.
-Me encantaría el violonchelo.
-¿Cómo es un violonchelo?
-¿Sabes cómo es un violín?
-No.
-¿Y una guitarra?
-Sí.
-Pero no eléctrica, de las de madera, clásica.
-Eso no.
-Ah… qué boba soy… Te enseño imágenes en mi mente.
-Dale.
Le mostró músicos tocando guitarra clásica, violín y violonchelo, también junto a sus sonidos.
-Vaya… me gustan más que los vientos – dijo él.
-Claro, a mí también.
-Pero Cecile me contó que tocar el violín es mucho más difícil que los vientos.
-Vaya… ¿sí?
-Sí. Y el violonchelo debe ser parecido, porque se toca igual, con ese arco.
-Jo… Entonces a ver si avanzo lo suficiente con profesor en dos meses para después seguir ensayando aquí por mi cuenta hasta la siguiente Navidad. Lo demandaré en la Sala de Menesteres y lo llevaré al Fidelius, porque no puedo llevarlo y traerlo de casa.
-Lauren, si te independizas, ya no necesitarás esconderte en el Fidelius.
-Claro, cierto… Además, para violonchelo y piano hay muchas obras clásicas.
-Vaya… Cecile me dijo que también para violín. Pues con Cecile podrías tocarlas desde el principio, ella ya controla mucho.
-Vaya…
-Y para ensayar por tu cuenta podrías tenerlo en las mazmorras, con el Muffliato, como va a hacerlo Hipólita. No suena muy alto ni estridente y en tu dormitorio también ha quedado sitio, sólo sois tres, y a Heather y Fiona no les importaría en absoluto.
-Claro…
-Ya te tengo casi convencida, ¿eh?
-Claro que sí, Severus.
("Y en gran parte gracias a la música, una pasión que puede cambiar vidas.")
-Yo que pensaba que me iba a llevar dos años conseguirlo.
-Es todo gracias a ti, no dejas de brindarme nuevos objetivos en la vida. Ya no me parece tan primordial vencer a Voldemort, me pongo a mí misma y a los demás por delante de eso. El objetivo más válido en esta vida es ser feliz y hacer felices a quienes te rodean.
