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Se tocarán temas sensibles como las adicciones y depresión, se recomienda discreción..
Mei a su extremadamente corta edad — 18 años — Era plenamente consciente de lo que era sentirse "vacía".
Ella sentía un profundo agujero en su alma, uno que ni siquiera sus amados hermanos pequeños o las pocas amigas que poseía podían llenar.
Aquél malestar no lo sentía desde hace meses, desde aquél horrible atentado que se había cobrado la vida de Jia, su prima.
Ella ya no podía sentir nada, de repente todo había perdido color, ya la música no la disfrutaba, ya no podía sentir apego hacia nada o nadie, ya no oía el sonido de su propia guitarra, simplemente ya no sentía nada.
Ahora era un simple cascarón vacío.
Su madre la había llevado a un psicólogo, quien le había recetado "Apoyo familiar" y antidepresivos.
Grave error..
Porque pronto Mei se volvió terriblemente dependiente de los antidepresivos, ya que estos silenciaban sus pensamientos, silenciaban esa sensación de vacío en su interior y al menos intentaban llenar ese hueco.
Aquellas inocentes píldoras se habían vuelto una alarmante adicción para la chica.
Su madre, desesperada y angustiada, anhelando que los ojos de su hija recuperasen el brillo de las ganas de vivir. Intentó detenerla, varias veces habló con ella y hasta le había arrebatado las píldoras.
Pero poco tiempo pasaba para que la pobre adolescente enfermase, resintiendo la abstinencia.
Mei comenzó a comprar y tomar en exceso los antidepresivos, en un intento desesperado de olvidar, de silenciar su mente que no hacía más que buscar algo a lo que aferrarse, algo por lo que vivir.
Para borrar aquella horrorosa pero tentadora idea de acabar con su propia vida.
Finalmente, producto de la desesperación de ya no saber qué hacer para ayudar a su pobre hija y sintiéndose igual de sola y pérdida que aquella vez en la que su marido dejó este mundo. Yuki Ling tomó medidas drásticas y envío a Mei a un hospital psiquiátrico.
Si nadie, ni siquiera ella había podido ayudar a su primogénita debía existir alguien que si pudiese...
Alguien que la ayudase a salir de ese abismo de obsesión y depresión..
Hubiera sonado cruel y mal agradecido, pero la verdad es que Mei no quería que la ayudasen.
No quería estar en ese lugar, no quería que su madre la mirase con angustia y tristeza, que sus hermanitos la mirasen a punto de llorar o que sus amigas la viesen con preocupación.
Lo único que necesitaba eran sus píldoras, aquellas pequeñas cápsulas eran todo lo que necesitaba para sentirse medianamente viva.
Mei pensaba que no tenía solución.
Hasta que dos meses después de haber sido internada, cierto muchacho apareció en su habitación.
Aioros Quirón, un radiante joven que empezaba la Universidad en Psiquiatría.
Él poseía un atractivo arrebatador y era todo generosidad, el muchacho sensible, compasivo y cortés que toda muchacha desearía tener.
Por azares de la casualidad, para sus prácticas fue asignado a la chica Ling, que realmente no mostraba señales significativas de mejoría.
Aioros al verla, no pudo evitar preguntarse qué hacía una preciosa chica como ella atrapada en aquél lugar, pero lo comprendió al leer su expediente.
Depresión y adicción a las píldoras, muestra pensamientos suicidas.
Aioros, viendo el caso de Mei y sintiéndose triste al ver aquella vacía mirada que reflejaban los ojos gatunos de la Ling. Se juró a sí mismo ayudarla, se determinó a lograr que Mei recuperase su sonrisa.
Pero primero tenía que ganarse su confianza..
Comenzó a rondarla cuidadosamente, las primeras semanas pasaban más allá de las simples y protocolarias preguntas de un psiquiatra y su paciente, pues Aioros poseía la habilidad de sacarle charla hasta a una piedra, de modo que permanecían conversando hasta que el turno del castaño terminaba.
Mei comenzó a encariñarse con Aioros, a diferencia de los demás él no la miraba con preocupación, con lástima o con menosprecio. En sus ojos se mostraba simple y sencilla curiosidad y determinación.
Determinación de ayudarla...
Mei encontró un valioso apoyo en el castaño, quien la acompañaba a todas partes, trataba con ella con toda la paciencia y delicadeza del mundo y cuando los demás la reprochaban él la ayudaba.
Finalmente llegó el momento de la rehabilitación, el proceso en el que Mei debía dejar de una vez por todas su dependencia a los Antidepresivos, sin la menor posibilidad de una recaída.
Fue un proceso extremadamente largo y doloroso, su cuerpo sufría por la abstinencia, el cansancio mental era agobiante y Mei miles de veces consideró la posibilidad de rendirse, de aceptar que su caso era irremediable.
Pero las palabras de Aioros resonaban en su mente.
"Mírame, Mei. Yo estoy aquí"
"Mírame, sé que lo lograremos"
"Yo te apoyo y creo en tí ¿Tú crees en tí?"
— Sí, sí creo — Decía ella agotada y con su fuerza de voluntad flaqueando.
Había sido largo, difícil y horrible, las terapias, la abstinencia, todo. Pero la compañía de Aioros y sus palabras de aliento hacían que todo fuese más llevadero.
Lento pero seguro, de la mano de Aioros Mei comenzó a recuperarse, su cuerpo comenzó a soportar la falta de píldoras, su sonrisa comenzó a renacer y sus ojos recuperaron el deseo de vivir.
Iba superando su adicción, se había dado cuenta de que las píldoras más que sanarla, la dañaban.
Finalmente fue dada de alta, siendo recibida entre los abrazos y lágrimas de su familia y amigas ante la sonrisa orgullosa de Aioros.
Ahora Mei consideraba a Aioros su héroe, la luz que la guiaba, el pilar más duro que poseía.
Hasta que Mei comenzó a ver a Aioros con otros ojos, llegando a sentir por él algo más allá de la gratitud y la admiración.
Empezó a verlo con amor...
Y vaya la sorpresa que se llevó cuando ella, sabiendo que todas las posibilidades jugaban en su contra. Se declaró y él le correspondió.
Pues Aioros llevaba mucho tiempo enamorado de la chica a la que prometió salvar.
Hoy Mei sonreía sin restricciones, disfrutando su vida libre de ataduras y al lado del amor de su vida.
Porque Aioros había llenado ese hueco en ella que todas esas píldoras jamás hubieran podido llenar.
Porque Aioros había sido su cura y su salvador.
Lo que todos estábamos esperando... ¡El día 30 y con él el final de este hermoso reto!
Espero que les haya gustado ¡Y no olviden dejarme sus reviews!
