Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo veintinueve

― ¿Edward…? ―vuelvo a golpear suavemente mis nudillos contra la puerta del baño. Estoy preocupada por él―. ¿Estás bien?

Lleva más de quince minutos vomitando violentamente. No es de extrañar cuando anoche Jacob lo trajo hasta la cama porque él no podía sostenerse en pie. Estaba completamente ebrio.

― Me tengo que ir a clases ―susurro al no obtener respuesta― nos vemos por la tarde.

Doy media vuelta afianzando el arnés de mi mochila a mi hombro.

― Oye ―su voz ronca me hace girar. Edward está saliendo del baño solo en boxer color azul y el pelo revuelto, se deja caer a la cama de bruces soltando un quejido bajo― me siento fatal ―estira su mano a mí― no te vayas, necesito que me cuides.

Ignoro su petición y me quedo al pie de la cama tan solo observando sin dejar de juguetear con el arnés.

― ¿No irás a la oficina? ―indago.

Él hace otro lamento.

Verlo tendido boca abajo en un estado de ánimo espantoso me deja mucho en qué pensar. Edward no suele beber, al menos, en todo el tiempo que llevamos juntos no lo había hecho y sé que es muy estricto con lo que ingiere y más si es alcohol. La única vez que lo vi en un estado deplorable fue cuando lo conocí y estoy enterada de la razón porque lo hizo.

― Tengo muchas náuseas ―declara con su cabeza enterrada en el colchón― creo no volveré a beber jamás.

― ¿Por qué te embriagaste? ―cuestiono enfadada. Estoy molesta con él por no haber llegado a cenar con nosotros y también por haberse emborrachado.

Levanta levemente su cabeza y me mira para luego volver a su posición.

― No recuerdo cómo llegué a casa ―contesta evadiendo mi pregunta― ¿hice mucho desastre?

Muerdo mi labio recordando.

Si necesitas ayuda me hablas, no importa la hora ―me explica Jacob al tumbar a Edward en la cama. Lo habíamos desvestido entre los dos.

¿Pero por qué está así? ―cuestiono intranquila― ¿cuál fue la razón para ahogarse en alcohol?

Jacob inspira hondo con sus manos en las caderas, niega.

Me tengo que ir, Bella. Ya hablarás con él mañana.

Resignada asiento al verlo salir; me encamino a la cama acostándome en mi lado de la cama intentando dormir cierro mis párpados no pasan muchos minutos cuando Edward está encima de mí queriendo besarme.

Él no está siendo cuidadoso conmigo.

Yo solo quiero tener hijos... contigo Isabella ―dice entre hipidos y sobre mis labios― quiero hacerte un hijo, mi amor, ahora mismo.

El peso de su cuerpo apoyado en el mío me impide respirar. Con mis palmas empujando su pecho estoy intentado quitarlo de encima, pero él parece ceñirse a mí con más ganas cuando empieza a besar mi cuello.

Edward ―boqueo por aire― me aplastas. Moriré y así no podré darte todos los hijos que quieres.

Sacudo mi cabeza volviendo a la realidad.

― Anoche estabas terco que querías un hijo. Mencionaste varias veces que solo querías hijos conmigo. ―Empiezo a contarle, omitiendo el dato que logró bajar mis pantaloncillos antes de quedarse dormido.

Él hace un sonido gutural y luego se voltea de espaldas al colchón. Frota su rostro cubriendo un bostezo. Está hecho un desastre.

― ¿Cómo te fue en la entrevista?

Alzo mis hombros de forma débil.

― Bien, quedaron en hablarme para el fin de semana. No sé si lo vayan a hacer.

― Esperemos que sí ―resopla pensativo manteniéndose en silencio―. Ayer miré a Kate ―revela de pronto haciendo mi corazón palpitar con fuerza y sintiendo mis celos aparecer en escena.

Comienzo a caminar alrededor de la cama, quiero gritar y por supuesto gritarle ¿¡qué si estuvo con ella!? Necesito respuestas.

Edward se sienta en la cama recargando su espalda en la cabecera. En todo momento sus ojos están fijos en mí.

― Es la nueva psicóloga de Pat. Tuvimos un pequeño enfrentamiento.

― ¡Ah! ¿Es por ella que anoche llegaste sumamente embriagado? ―No puedo ocultar el reproche en mi voz, ni tampoco puedo esconder la desilusión que me causa saberlo.

Inspira. Baja su vista a sus manos que están en su regazo y vuelve a mirarme.

― No fue por ella ―me aclara, pero no le creo porque al solo nombrarla su rostro cambia―. Es decir, fue por una revelación que hizo Jacob sobre Kate ―resopla de esa forma como si no encontrara las palabras apropiadas para continuar― me dijo que tiene dos niñas. Una de ellas es muy parecida a Pat.

De pronto siento que la habitación está dando vueltas, me sujeto con fuerza de las sábanas para no caer. ¿¡Una niña!? ¿¡Una hija de Edward!? ¿¡De Kate!?

Mi boca se seca y mis manos empiezan a sudar. Estoy nerviosa, asustada y tengo una opresión aquí en mi pecho, es como si no pudiera respirar bien o como si solo respirar doliera.

Me acomodo sobre la cama recogiendo mis piernas las cuales abrazo.

― Es… ―carraspeo― tu hija.

― No lo sé ―exhala― no tengo nada claro.

― ¿Qué harás? ―quiero saber, casi estoy ordenando que me dé explicaciones.

Hace un chasquido de dientes frunciendo sus labios. Se ve indeciso y tan preocupado al mismo tiempo.

― Necesito hablar con ella ―responde mirándome― quiero saber la verdad de su misteriosa huida, de su hija. La buscaré más tarde.

Solo muevo mi cabeza de manera automática al tiempo que muerdo mis labios. Mis ojos pican por llorar porque siento que de esa conversación dependerá lo nuestro. ¿Lo nuestro? Se escucha hasta ridículo en mi cabeza.

― Bien. ―Me incorporo de un salto, agarró mi mochila, no quiero verlo―. Me iré a clases ―agito mi mano sin querer saber más― nos vemos.

― ¡Isabella!

Gruñe mi nombre, pero no me importa, quiero irme. Una cálida lágrima rueda por mi mejilla al tiempo que los brazos de Edward están envolviendo mi cintura por la espalda impidiendo que salga.

― Te estoy hablando ―me gira hacia él enjaulando mi cuerpo entre sus brazos y la puerta. Detesto su altura imponente ante mí―. ¿Por qué quieres irte?

― Porque sí ―me niego a mirarlo.

― Isabella, estás siendo infantil.

Sus palabras me llenan de coraje.

― ¿Qué quieres? ―lo enfrento con mi barbilla en alto― ¿quieres escuchar que todo está perfecto? ¡No! No, lo está, ¿sabes por qué? Porque me revienta que hayas visto a esa mujer y que te hayas emborrachado por su culpa. Posiblemente tienes una hija con ella, ¿y yo? ¿qué pasará con nosotros? ―rio a la vez que restrego el dorso en mi mejilla quitando una estúpida lágrima―. Creo que estoy exagerando porque entre nosotros nunca han existido planes, ni creo que los haya alguna vez.

Sé que está enojado también porque su mirada se ha vuelto furica.

― Kate es la mujer que más amaste, mientras yo... tan solo soy la que comparte su cuerpo contigo y te quita las ganas ―articulo mirándolo―. No puedo quejarme porque yo acepté y también lo quise.

― ¿¡Te das cuenta de lo que estás diciendo!? ―sus manos están en mis hombros―. Nunca te he tratado de esa forma, Isabella. Eres mi novia y siempre te he dado tu lugar, no entiendo de dónde sacas tales tonterías.

― Igual estoy enojada porque ella ha aparecido en tu vida ―le reclamo dejando un débil puñetazo en su pecho―. Pero no dejaré que me humilles y me saques de tu vida como si yo no valiera nada.

Él se ríe.

Lo miro con tanto coraje porque se está burlando de mí, inclusive se cruza de brazos mirándome con su estúpida y engreída sonrisa.

― Estás loca.

Me abalanzo sobre él intentando empujarlo para que deje de reír, pero Edward aprovecha su complexión y me echa a su hombro como si fuera yo un costal de patatas. Me lleva a la cama a pesar de mis gritos y protestas, me deja de nuevo en el lugar que estaba y está vez él se sienta al lado mío.

― Me da ternura tu forma de ser ―su dedo índice recorre mi mejilla― a veces eres muy impulsiva y quieres golpear a todo mundo y otras veces pareces asustada que me recuerdas a una pequeña ardilla.

― No estoy jugando ―frunzo mis labios y volteo mi rostro a otro lado.

Él resopla.

― Quiero que hablemos como dos personas civilizadas, sin gritos ni aspavientos. No me gustaría que entre nosotros hubiera nada oculto, por esto mismo decidí ponerte al tanto de lo que ocurre. Entiendeme, es importante para mí saber tu opinión.

Levanta mi rostro al darse cuenta que no quiero mirarlo. Sus ojos verdes y siempre furicos esta vez lucen cálidos.

― ¿Qué piensas? ―pregunta― quiero saber tu sentir.

― Me duele. ―Soy honesta porque estoy sintiendo que mi corazón se está haciendo pedazos―. No puedo ocultar los malditos celos que siento por esa mujer y por su hija. Una niña que puede ser tuya. De los dos.

Sus brazos me aprisionan con fuerza al envolver mi cuerpo, besa el tope de mi cabeza y me deja envuelta en su calor.

― Comprendo ―dice― Kate forma parte de mi pasado, y te aseguro que ahí se quedará.

― No ―mi voz se quiebra― no es así, porque si resulta que su hija es tuya, tendrán que llegar a un acuerdo para poder acercarte a la niña. Deberás volcar tu atención en ella como lo has hecho con Pat y recuperar el tiempo ―el nudo en mi garganta me hace tragar saliva, ya no importa que vea mis lágrimas que siguen cayendo―. Entonces yo saldré sobrando en tu vida y Kate estará más vigente que nunca.

― No digas eso. Eres mi novia y no podría olvidarme de ti, aún cuando en un futuro decidas otro camino distinto al mío. Te quedarás aquí ―su palma está sobre su pecho― eres la mujer más importante de mi vida, no quiero que tengas dudas, cariño. Te amo.

Le sonrío creyendo en él, en sus palabras y promesas. Debo calmar mis emociones y portarme como la adulta que soy. Aunque en mi cabeza exista un gran conflicto.

― ¿Cuál será tu decisión si resulta tu hija? ―murmuro.

Lo escucho exhalar ruidosamente sobre mi cabeza.

― No sé, no quiero hacer conjeturas antes de tiempo. Solo necesito saber si estarás conmigo, no quiero pensar que huirás de mí ―deja su palma abierta sobre mi muslo, en una invitación a no soltarlo―. ¿Qué eliges?

Aún con mil preguntas sin formular en mi cabeza y con todas las dudas que puedan existir miro con detenimiento su mano. Yo lo amo y quiero estar con él no solo en los buenos momentos sino también en los peores.

― Estoy contigo ―elijo, entrelazando nuestros dedos― te apoyaré en esto.

Deja un beso en mi nuca haciéndome estremecer al sentir su hálito cosquilleando mi piel.

― Te amo, Isabella. Gracias por ser tan comprensiva.

― También te amo ―me recargo en su costado refugiándome en su calor― no sé cuán complicado sea esto ―murmuro―, solo quiero estar a tu lado en cuál sea tu decisión.

― No sueltes mi mano, nena ―pide dándome un apretón.

― ¿Edward? ―la voz de Carmen detrás de la puerta nos hace voltear―. La señora Esme espera por ti en la estancia. Dice que es importante.

Edward resopla cansino.

― Estaré listo en unos minutos, Carmen, gracias ―se incorpora.

― ¿Puedes atender a mi madre? ―acaricia mi mejilla― me daré una ducha rápida.

Lo veo de pies a cabeza vestido únicamente con un boxer y su cabello siendo un completo caos salvaje y suelto ―sonrío.

― De verdad necesitas una ducha ―presiono mi nariz― apestas horrible.

Antes de que reclame salgo corriendo de la habitación aún con mi mochila colgada a mi hombro saludo a Esme con una sonrisa. Ella está sentada en el sofá con su rostro contrariado que no sé si se siente mal o bien.

Se pone de pie al verme y me evalúa con desconfianza.

No puedo creer que sus reticencias hacia mí hayan vuelto. Quiero rodar los ojos ante su forma de dirigirse a mí, en cambio decido ser amable y sonreír.

― Hola, buenos días ―converso― Edward está tomando una ducha, ¿gustas algo de beber?

― ¿De dónde conoces a Carlisle? ―su pregunta es directa mientras su mirada está rayando en el odio.

― No entiendo ―sacudo mi cabeza fingiendo amnesia.

Esme se acerca y toma mi brazo.

― ¿¡Eres tú!? ―me señala con su dedo― eres tú la mujer por quien me dejó mi marido.

― No sé de qué me habla ―me safo de su agarre.

Esme vuelve acercarse a mí, entrecierra sus ojos observándome con desdén.

― Exijo que me expliques ¿por qué Carlisle compró una casa a tu nombre?

Mis ojos se abren lo más posible al verla rebuscar entre su bolso, ella muestra una hoja arrugada y la pone frente a mi cara.

― Aquí… ―sacude la hoja― aquí está tu nombre con tu firma impresa. No puedes negarlo.

Esme comienza a llorar al darse cuenta que no respondo. Es que no encuentro palabras suficientes y convincentes para negar lo que dice. No tengo idea de dónde saca que existe una casa a mi nombre y firmado por mí.

― Eres la amante de mi esposo y mi hijo al mismo tiempo, ¿cómo pudiste?

― ¡No! ―vocifero― ¡Eso no es cierto!

Ella retrocede evitando que me acerque.

Quiero abrazarla. Necesito que crea en mí. No obstante Esme comienza a buscar de nuevo entre su bolso lanzando unas fotografías sobre mi rostro.

Nerviosa me agacho a recoger cada foto y el miedo se apodera de mí al ver que somos Carlisle y yo. Son de aquella noche lluviosa y fría donde me amenazó en no revelar su nombre o mi familia sufriría las consecuencias.

― Esto no significa nada ―respondo con un nudo en mi garganta mis lágrimas han vuelto a aparecer porque mi intención no es hacerle daño.

― Confíe en ti ―pregona― te abrí las puertas de mi casa, hasta te consolé y cuidé de ti cuando mi hijo no estaba. Te tomé cariño y, ¡eras la maldita amante de mi marido!

― ¡No! No pienses así ―pido acercándome pero ella retrocede.

― ¿Qué sucede, madre? ―Edward pregunta al llegar con nosotros, toma una de las fotos donde estoy con su padre y me mira―. ¿Cuándo viste a Carlisle?

― ¡Ella es la amante de tu padre! ―acusa Esme― tiene una casa que tu padre le compró. En la oficina dónde según ella trabajaba estuvo viviendo tu padre todos estos meses, ¡qué casualidad!

La miro. No sé de qué demonios habla.

Edward se gira a mí. En sus ojos no hay ni una pizca de la ternura de hace minutos.

― ¿Qué significa esto? ―arroja la fotografía sobre mí― ¿Cuándo te reuniste con Carlisle?

Mi corazón retumba con fuerza mientras la fotografía cae al piso.

― No me reuní, tu padre llegó al despacho ―revelo con mi garganta seca.


La siguiente parte la tendremos en el siguiente capítulo.

Me han preguntado cuántos capítulos faltan y la verdad no sé, la historia está trazada en mi cabeza solo queda volcar cada palabra en un documento y ustedes saben que no acostumbro a hacer capítulos largos, por esto mismo no tengo una respuesta.

Me pueden dejar algún comentario que deseen compartir, les estaré leyendo.

Busquenme en mi grupo: Historias por Lau.

*Nos leemos el lunes*

A quienes comentaron todo mi agradecimiento especial: Merry: no comprendí sobre tu pregunta en que los personajes son superficiales y no te preocupes, es muy válido si no te gusta la historia. Patty: paciencia, por favor. PEERLA ANGELES: gracias por comentar, ya respuesta la tendrán al siguiente capítulo. Diannita Robles: ella será paciente, es lo único que diré. Torrespera172: muchas gracias por siempre apoyarme, Perita, de verdad valoro que siempre estés por aquí, te adoro. Alizce: vienen capítulos fuertes. ALBANIDIA: tranquila, la respuesta viene en el próximo capítulo. solecitonublado: qué bonito username! Gracias a ti por leer. PaolaValencia: tranquila, tranquila. Lily: adiós! Rocio: te quiero platicar todo, pero no debo hacerlo porque te enojarás. Andrea: muchas gracias por comentar, Carlisle aparecerá para después del siguiente, ser a un capítulo narrado por él. (Guest): se vienen capítulos fuertes. (Guest): cuánta razón. Flor Mcarty: lo siento, no quiero hacerte sufrir. Dulce Carolina: pues ella es joven por esto mismo actúa de pronto impulsiva. GLORIA CULLEN: agradezco tu tiempo en comentar cada capítulo. (Guest): ojalá comentes más, para mí es importante leerles. mrs puff: gracias. (Guest): a ti por leer. Moni: Carlisle está a nada de salir a escena. Bell Cullen Hall: gracias a ti por leer. Pameva: ya en el próximo sale la verdad, o mejor dicho, parte de la verdad. Adriu: gracias por leer, saludos hasta Ecuador. cocoa blizzard: thank you. Ximena: haha, okay. Lidia: adoro cada comentario dejado, siempre me haces sonreír con tus ocurrencias. joabruno: ya pronto sabremos la verdad. Lili Cullen-Swan: Edward estuvo enamorado de Kate, pero ya pasó de página. Iza: tranquila, todo tendrá una respuesta. Antonella Masen: ay, lo siento. stefacullen: ya pronto vamos a saber, estos capítulos siguientes son de revelaciones. Maris Portena: gracias a ti por leer y comentar. (Guest): sí, los siguientes son capítulos reveladores. Ana: ya veremos si es o no. Pepita GY: aaah... Te quiero mucho. Isis Janet: haha, tenme paciencia, ya estamos en capítulos reveladores, gracias por tu apoyo. Lizdayanna: Bella al ser joven se le puede hacer fácil actuar por impulso, aunque por el momento no ocurrió, gracias. Jane Bells: qué te puedo decir? Gracias por tu apoyo, te adoro.

¡Gracias totales por leer!