Capítulo 39: Un golpe en el momento preciso
El humo dentro de la Bola de Cristal comenzó a girar en un espiral frenético, condensándose lentamente, hasta que por fin Albus pudo distinguir figuras en el interior de la misma.
Su padre, vestido con su uniforme de Auror, el rostro pálido y una expresión de frío terror que se esforzaba por mantener a ralla. Y las sombras de los dementores rodeándolo. La Visión de Lily era tan detallada y precisa que Albus llegó a dudar si no se trataba en realidad de un recuerdo. Pero sabía que eso no era posible. Lily no había llegado a ver a su padre en el Valle el día del ataque de los Dementores. Eso era una visión. Una muy real. Posiblemente, la más real que Lily había logrado convocar hasta entonces.
—¿Crees que podemos intentar con otra visión? —preguntó Albus en un susurro hacia Amadeus.
Ambos tenían sus ojos puestos en Lily, sentada una vez más dentro del círculo de runas activas, con los ojos entrecerrados y las manos suavemente apoyadas contra el cristal de la esfera en el suelo. Estaba más concentrada de lo que Albus nunca la había visto.
Ante la pregunta, Amadeus torció la mirada casi imperceptiblemente hacia él. La ansiedad en la voz de Albus había sido evidente, y no había pasado desapercibida para Relish. A pesar de que los anteojos le protegían los ojos, Albus llegó a ver ese brillo anhelante en Amadeus, señal de que él también deseaba ver hasta dónde podían llegar.
Era un día excepcional. Nunca, hasta entonces, habían logrado una conexión tan estable. La habitación prácticamente no se había movido cuando Lily se aferró a la Bola de Cristal. Su hermana no había necesitado siquiera de que Amadeus la guiara a lo largo de la meditación habitual. Se había sentado expeditivamente frente a la Bola, con una expresión sedienta en el rostro, como quien está decidido a conseguir lo que se propone, y había cerrado los ojos. La Visión del ataque al Valle había fluido como agua escurriéndose entre los dedos, con suavidad y de forma inevitable, hasta finalmente formar una imagen nítida y sorprendente.
—¿Qué visión? —preguntó Amadeus, aunque ya conocía la respuesta.
—La mía —solicitó Albus, dando un paso inconsciente hacia delante, acercándose un poco más a la Bola.
Escuchó cómo Amadeus hablaba con Lily, solicitándole que busque una nueva visión para ellos.
Las figuras dentro de la esfera comenzaron a disiparse, volviéndose humo nuevamente, y durante unos segundos, nada más sucedió. Albus giró la cabeza hacia atrás, lanzándole una pregunta silenciosa a Amadeus. Éste le hizo un gesto con la mano, solicitándole un poco de paciencia. Para cuando Albus volvió su atención nuevamente a la Bola, el humor empezaba a concentrarse nuevamente.
Allí estaba él. La imagen era más clara que la última vez. Albus podía distinguir su rostro perfectamente. Tenía el mismo cabello negro que en la vida real, aunque estaba sucio y despeinado. Y los mismos ojos verdes, aunque lucían entornados de forma peligrosa, y despedían una energía venenosa e iracunda.
A pesar de que la ropa estaba desgarrada y manchada, no tuvo problemas en distinguir que se trataba del uniforme de Hogwarts. Los colores de Slytherin podían distinguirse en el borde la túnica y en el escudo del pecho, aunque una enorme mancha roja lo había ensuciado.
Había mucha sangre. Su camisa estaba empapada de líquido escarlata, así como sus manos. Y sin embargo, el Albus de la visión no parecía herido. No evidenciaba signos de ninguna lesión que pudiese justificar la pérdida de tanta sangre. De haber tenido una herida de esa magnitud, Albus creía que le habría sido imposible mantenerse en pie como lo estaba haciendo en esa visión.
El estomago se le retorció al caer en cuenta de ello. Una sensación desagradable trepó por su espalda hasta su nuca, erizándole el cabello. No era su sangre. Esa sangre pertenecía a otra persona. Albus estaba bañado en la sangre de alguien más.
Un grito se escuchaba, como amortiguado. Una voz. Femenina. Familiar. Pero Albus no llegaba a entender lo que decía. Era como escuchar en un radio con interferencia. Lanzó una mirada significativa hacia Amadeus, y éste comprendió inmediatamente la orden.
—Concéntrate en el sonido, Lily… Esa voz… ¿Qué es lo que está diciendo? —le preguntó Relish. Sostenía la varita en su mano derecha, como si estuviese esperando tener que usarla en cualquier momento.
Lily hizo un leve movimiento con la cabeza, dándole a entender que lo había escuchado. Sus manos se afianzaron con más intención alrededor del cristal, y la habitación vibró casi imperceptiblemente debajo de sus pies.
La visión de Albus seguía brillando en la Bola, como congelada en el tiempo. Y él era incapaz de despegar los ojos de ella. Había algo hipnotizador en ello. Era como verse en un espejo… Y sin embargo, la imagen que le devolvía el reflejo era muy distinta a él. Había algo peligroso pero imponente en esa versión de Albus. Era la imagen de alguien que no conoce el miedo, porque su espíritu es arrastrado por una fuerza mucho más avasallante. Sí, era una fuerza violenta y letal… Pero poderosa.
Allí de pie, bautizado en sangre, con la varita en alto y los ojos brillando con sed de muerte, Albus encontró su propio reflejo terroríficamente poderoso.
La voz en la visión comenzó a tomar forma, aunque todavía no podía entenderse lo que decía. Sin embargo, Albus sintió una descarga de emoción al reconocer finalmente la voz.
—¿Qué es lo que está diciendo? —preguntó Albus, su voz ronca. Esta vez le habló directamente a su hermana.
—Albus… —lo llamó cautamente Amadeus a su espalda. Pero Albus lo ignoró, levantando su mano para indicarle que guardara silencio.
—Lily, ¿qué es lo que dice? —insistió, acercándose todavía más a la Bola.
Una desesperación paralizante empezó a apoderarse de él. Conocía esa voz. La conocía demasiado bien. Era demasiado cercana. Ahora que se había percatado de ello, le resultaba obvio. El entendimiento trajo consigo un terror sordo y profundo al comprender que él no estaba solo en esa visión. Había alguien más con él. Y toda esa sangre…
—¡No puedo… No puedo detenerlo! ¡Ayúdame, Albus! ¡Por favor!
La voz invadió la sala, succionando todo el aire que había en ella. Durante varios segundos, Albus pensó que no podía respirar mientras que escuchaba el eco resonando ominosamente a su alrededor. Ya no tuvo ninguna duda de quién era su dueña.
La sala entera se sacudió, como lo había hecho las primeras veces. Lily soltó un gemido, y sin previo aviso, se desplomó en el suelo, desmayada. La visión se interrumpió.
Amadeus corrió hacia Lily para colocarla boca arriba, y con un movimiento gentil, casi temeroso de su mano, peinó su cabello pelirrojo despejándole el rostro. Albus tardó varios segundos más en reaccionar, forzándose primero a tomar una bocanada de aire, reiniciando su respiración, y luego a acercarse a su hermana.
—La hemos presionado demasiado —lo reprendió Amadeus, con el ceño fruncido. Una puntada de culpa atravesó a Albus.
—¿Se encuentra bien? —fue todo lo que pudo preguntar.
—Eso creo —dijo Amadeus, aunque la arruga entre sus cejas persistía.
Albus apuntó con su varita hacia Lily, dispuesto a lanzarle un hechizo para despertarla, pero Amadeus se incorporó bruscamente, interponiéndose en el camino.
—No… Es muy brusco. No es bueno para su mente —explicó el chico de Ravenclaw. Albus vaciló, pero finalmente, obedeció y bajó la varita.
Pudo sentir cómo Amadeus se relajaba frente a él. Relish caminó sin decir nada hasta su morral, y extrajo de él un frasco con una poción de un color amarillento intenso. Vertió parte del contenido a través de los labios de Lily, y luego, mirando a Albus, agregó:
—Es una poción revitalizante. Tarda algunos minutos más que un Enervate, pero es menos violento para el cuerpo —explicó de esa forma metódica, casi robótica, que tenía de hablar algunas veces.
—Has venido preparado —le reconoció Potter apreciativamente. Amadeus se sonrojó y desvió la mirada, fijando nuevamente su atención en Lily, quien continuaba inconsciente.
—El proceso de conectarse con su Tercer Ojo ya supone suficiente estrés para su cuerpo y mente… Sólo intento disminuir el daño al menor posible —aseguró Amadeus, en un hilo de voz. Albus sonrió.
—Tú entiendes esto mejor que yo —reconoció finalmente Potter. Su voz también reducida a un susurro confidente, como si Lily verdaderamente estuviera durmiendo y temiera despertarla. Amadeus chasqueó la lengua, intentando restarse importancia.
—He estado leyendo mucho sobre el tema —se excusó Amadeus. Fue el turno de Albus de chistar, contradiciéndolo.
—Pero no se trata simplemente de eso —agregó Potter, su mirada pesada sobre Amadeus, obligándolo a escucharlo—. Tú la entiendes… a ella.
—Sí —fue la respuesta simple de Amadeus.
—Lo que estamos haciendo aquí… Es importante —insistió Albus.
—Lo sé.
—Sí… Ya sé que lo sabes —coincidió Albus en un tono relajado, aunque sus ojos seguían atentos en Amadeus—. Por eso te elegí para que nos ayudaras. Sabía que tú lo entenderías. Sigues entendiéndolo, ¿verdad?
Un silencio espeso se abrió paso entre ellos. Albus notó como la garganta de Amadeus se movía, intentando digerir las últimas palabras. Era un reconocimiento… y una advertencia. Era Albus recordándole, sutilmente, que esto era más grande que ellos. Era demasiado grande. Si triunfaban, un Don como el de Lily podía cambiar el curso de la guerra. Podía conseguirles la victoria, sin necesidad de que Inglaterra sufriera más daño del que ya estaba sufriendo. Y ahora, más que nunca, era indispensable ganar.
Si eso significaba que a veces debían presionar un poco más… Entonces lo harían. Lily había aceptado esas condiciones. Lily estaba dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias. Necesitaba saber que Amadeus también lo estaba.
—Sí —respondió finalmente Amadeus. Albus asintió con la cabeza en silenciosa aceptación.
Lily se removió en el piso junto a ellos. Lentamente, la pelirroja abrió los párpados, y sus ojos desenfocados tardaron varios segundos en comprender dónde estaba y lo que había sucedido.
Amadeus la ayudó para que volviera a sentarse. Lily se llevó una mano al rostro, frotándoselo con cierta brusquedad.
—¿Cuánto tiempo estuve inconsciente? —preguntó.
—Varios minutos —le respondió Albus. Lily suspiró. —Estuviste espléndida —agregó luego. Su hermana torció la cabeza hacia él con un movimiento repentino, su semblante sorprendido, el halago tomándola completamente desprevenida. Sonrió, satisfecha.
—Tu mejor día, Lily —le reconoció Amadeus, dedicándole una de esas expresiones de curiosidad y fascinación que siempre tenía cuando Lily demostraba ser capaz de ir un poco más allá—. Una concentración perfecta, una repercusión sobre el ambiente mínima, una visión nítida… ¡Y el sonido! ¡Eso ha sido superlativo! —enumeraba emocionado, mientras revolvía una vez más el morral, buscando su cuaderno de notas, absorbido momentáneamente en sus propios razonamientos.
Lily pareció caer en cuenta de algo en ese momento, porque la sonrisa que se había perfilado en sus labios tembló, y la preocupación se hizo evidente en su semblante. Sus ojos marrones buscaron los de su hermano.
—Tú también la reconociste, ¿no es así? —dijo ella, leyendo la respuesta en los ojos de Albus. Provocó que Amadeus se distrajera momentáneamente de lo que fuese que estaba escribiendo.
—¿La voz? —comentó, mirando alternativamente a Lily y a Albus.
—Es Rose —respondió Albus, al ver que Lily no se atrevía a decirlo en voz alta.
Los ojos de Amadeus se abrieron enormes detrás de sus anteojos. Durante unos segundos, permaneció allí, meditando la nueva información, golpeteando el extremo distal de su pluma contra su mandíbula. Cuando volvió a hablar, lo hizo en el tono metódico e indiferente que usaba para recolectar información.
—¿Por qué se rompió la conexión, Lily? —le preguntó Amadeus, la cabeza levemente inclinada sobre el anotador, levantando solamente la mirada para observarla por encima del reborde de sus gafas.
Lily se removió inquieta. Amadeus había dado en la tecla con su pregunta.
—Fue… Demasiado —confesó la pelirroja, sin poder esconder la vergüenza que comenzaba a teñirle las mejillas.
—¿Qué fue lo que sentiste? —presionó Amadeus pragmáticamente.
—Pánico… Y dolor —respondió Lily, su voz quebrándose.
Albus sintió que algo dentro de él se hundía, arrastrándolo hacia abajo. Sangre… Mucha sangre. En su ropa y en sus manos. Y Rose pidiéndole ayuda... Se sintió mareado, y tuvo que darle la espalda a Lily y a Amadeus para evitar que notaran cómo su rostro perdía gradualmente el color.
—¿Crees que…? —Lily no se atrevió a terminar la pregunta. Pero la implicancia de la misma se enroscó alrededor de Albus de todas formas, haciéndolo sentir todavía más enfermo.
—Intentar sacar conclusiones de fragmentos aislados de Visiones es… desaconsejable —intervino Amadeus, comprendiendo finalmente hacia dónde estaba migrando el clima del salón.
—Entonces intentémoslo de nuevo… A lo mejor puedo ver algo más… —dijo Lily, mientras que se posicionaba una vez más dentro del círculo de runas.
—No. Basta por hoy —ordenó Albus imperativamente, volviendo a mirarlos de frente. Lily le dedicó un gesto de desacuerdo.
—No estoy cansada —aseguró la pelirroja.
—Pero yo sí —se mantuvo firme Albus.
Lily resopló, y giró la cabeza hacia Amadeus, buscando su apoyo. Pero Amadeus respetaba demasiado a Albus como para contradecirlo. Albus no se sentía capaz de pasar una vez más por la misma visión. Una vez en el día era más que suficiente.
—Continuaremos el próximo fin de semana—agregó Albus, dando el tema por zanjado.
—El próximo fin de semana hay quidditch —le recordó Lily.
—¿Y? —Albus se encogió de hombros, desinteresadamente.
—Juega James —dijo Lily, mirándolo con desconcierto.
—Oh… claro —una vez más, Albus se había olvidado—. Ya les avisaré entonces cuando será la próxima reunión. Déjame acompañarte de regreso hasta la sala común… No es seguro que pasees sola por los pasillos en estos días.
—No es necesario —se apresuró a decir Lily, poniéndose de pie de un salto—. Amadeus puede acompañarme —agregó. Albus alzó una ceja hacia Amadeus, quien intencionalmente evadió su mirada.
—Bien —aceptó el chico de Slytherin. Lo único en lo que podía pensar en ese momento era en que deseaba estar a solas, para repasar lo que acababa de suceder. Tal vez escribirlo en su diario…
Así que abandonó el aula del segundo piso y se fue de regreso hacia la sala común de Slytherin, sin siquiera preguntarse dos veces por qué Lily deseaba, repentinamente, que Amadeus la acompañase de regreso a la torre en lugar de su propio hermano.
—Athos —lo llamó B.B., asomándose en su cubículo—. El Escuadrón de Reversión de Magia Accidental ha solicitado refuerzos —agregó, mientras golpeteaba rítmicamente con su mano sobre su escritorio, incitándolo a ponerse de pie.
—¿Han solicitado aurores? ¿O a nosotros? —quiso asegurarse Athos, mientras se ponía de pie y tomaba la chaqueta de su uniforme del respaldo de su asiento.
—Pensé que nosotros éramos aurores, Athos —le respondió B.B., con una sonrisa divertida.
—Ya sabes a lo que me refiero —se quejó Athos. Su compañera se limitó a encogerse de hombros como respuesta, mientras ambos caminaban hacia la zona de Aparición del cuartel de Aurores.
—Parece que detectaron el uso de magia no autorizada y necesitan de nuestros… conocimientos —respondió escuetamente la mujer, pero Athos reconoció esa tensión en la comisura de su boca que denotaba que algo no le cuadraba. Después de todo, ellos se dedicaban a casos muy específicos dentro del cuartel de Aurores. Un escalofrío le recorrió el cuerpo de pensar lo que ello significaba.
—¿Los Sabuesos? —preguntó Athos, acomodándose la chaqueta.
—Ya están ahí —confirmó Bekker, y le extendió un trozo de papel donde figuraba escrito el destino al cual se Aparecerían. —Oh, casi lo olvidaba —exclamó B.B, apuntándose con la varita a sí misma.
Su uniforme de Auror se trasformó inmediatamente a la vestimenta muggle austera y protocolar, imitando la de los Investigadores de Scotland Yard. Llevaba una camisa blanca de algodón, con las típicas charreteras en los hombros, una corbata negra firmemente ajustada al cuello de la camisa, y un pantalón negro, rígido e impecable. Su insignia de Aurora había sido reemplazada por una que anunciaba su cargo como Inspectora.
—La zona está abarrotada de muggles y policías —le advirtió.
Athos suspiró y, apuntándose de igual forma que lo había hecho B.B., transformó su uniforme para coincidir con el de ella.
Se Aparecieron en un callejón a un par de cuadras de la zona de conflicto. Pero incluso a la distancia, Athos podía escuchar las sirenas de los patrulleros, y el murmullo que provocaba un tumulto de gente. B.B. no había exagerado: la zona estaba repleta de muggles. La policía local había logrado contener a la multitud curiosa que intentaba espiar lo que había sucedido en una de las viviendas del barrio. Habían colocado una banda perimetral para restringir el ingreso de cualquier persona ajena al cuartel policial, pero había varios periodistas con cámaras fotográficas, y algún que otro vecino intentando filmar con sus celulares portátiles. Athos no tardó en comprender qué era lo que tanto les llamaba la atención.
Era una casa inmensa, más grande que el resto de las viviendas del barrio, y saltaba a los ojos que pertenecía a una familia de dinero. Pero no era su tamaño lo que había atraído la atención de los peatones.
Todos los vidrios de la casa habían explotado, y la puerta de entrada a la vivienda colgaba de una de sus bisagras amenazando con desprenderse en cualquier momento. Era como si una terrible explosión hubiese tenido lugar en el interior de la vivienda, pero no había señales de fuego o quemaduras.
—¡Por fin llegan! —los recibió la voz ansiosa de un hombrecillo con anteojos. Llevaba puesto un uniforme de policía, pero Athos lo reconoció perfectamente.
—Buenos días, Erasmus —saludó Bekker con sarcástica cortesía. Erasmus le dedicó una mirada furibunda.
—Hemos logrado sacar a la policía muggles de la casa, y los Desmemorizadores están trabajando ahora para modificar la memoria de los testigos… Es un verdadero caos —anunció Erasmus, meneando la cabeza.
—¿Qué sucedió? —le preguntó Athos, mientras se agachaba para pasar por debajo de la cinta perimetral. Nadie los detuvo. Después de todo, llevaban uniformes que justificaban su presencia allí, y el resto de los oficiales parecían demasiado ocupados como para prestarles atención… O tal vez era consecuencia del trabajo de los Desmemorizadores.
—Acudimos pensando que se trataba de otra típica fuga de magia accidental. Tenemos registrada la presencia de una bruja menor de edad aquí, pero… —se detuvo, como si no supiera exactamente cómo explicarse—. Lo mejor será que lo vean ustedes mismos —agregó, señalando hacia el interior de la casa. Erasmus se mantuvo a estratégica distancia. Era evidente que no deseaba volver a entrar a la casa.
Athos esquivó la puerta desvencijada y entró a la casa. Inmediatamente sintió la magia reverberando en el aire, como una onda eléctrica que se agitaba contra su piel y le erizaba el vello. Se condecía con lo que el oficial de Erasmus le había dicho afuera. Magia cruda y descontrolada, propia de un mago joven e inexperto.
—Oh, bien, ya están acá —los recibió la voz conocida de la Sabuesa Samantha apenas cruzaron el umbral. Bekker resopló.
—¿Por qué todo el mundo nos dice eso? ¡Vinimos tan pronto recibimos la llamada! —se quejó la Aurora. Samantha no pareció escucharla, o simplemente eligió ignorarla. Estaba acostumbrada a tratar con ellos.
—¿Por qué nos llamaron, Sabuesa Taisander? —preguntó Athos respetuosamente. Samantha abrió grandes los ojos, aturdida por la pregunta.
—Por los cadáveres, obviamente —respondió la Sabuesa, como quien habla con una persona con capacidades mentales reducidas.
—Obviamente —satirizó B.B. con una sonrisa burlona. Samantha chasqueó la lengua e hizo un gesto con la mano apuntando hacia el pasillo que conducía hacia el siguiente ambiente de la casa.
—La Sanadora Brown ya está trabajando sobre ellos —les advirtió Samantha, y sin más preámbulos, giró para seguir con su trabajo.
Athos había elegido trabajar en la División de Homicidios convencido de que sería un trabajo más tranquilo que el de campo. El combate directo nunca había sido algo que se le diera bien. Posiblemente se debía a su aversión por la violencia. B.B. solía burlarse de él, diciéndole que había elegido la profesión equivocada. Pero a Athos Goodwich le gustaba pensar que el trabajo del auror consistía precisamente en prevenir la violencia.
Escapando de la acción, se había metido en la División de Homicidios. Muchos desestimaban el sector porque lo consideraban un trabajo de oficina, con largas horas revisando testimonios en Pensaderos, releyendo los informes de evidencias de los Sabuesos y revolviendo en el pasado de las víctimas. Pero eso era justamente lo que Athos encontraba más interesante de su trabajo. Y nada le producía más satisfacción personal que poder atrapar al culpable, y llevarle algo de paz a los familiares de las víctimas.
Lo que Athos no había tenido en cuenta al momento de elegir Homicidios era que, inevitablemente, ese trabajo implicaba tener que visitar las escenas del crimen. Era algo que Athos aborrecía. No lograba acostumbrarse a la visión tan cruda de la muerte. Resultó ser que B.B. tenía razón: no había forma de escapar de la violencia. Incluso cuando querías luchar contra ella, tenías que mirarla directo a la cara.
Y aquella era una escena violenta. El exterior de la casa lo había anunciado, con sus ventanas rotas y su puerta arrancada. El interior lucía aún peor. Era como si un tornado se hubiese desatado en el interior de la vivienda, sacudiendo todos los muebles. Los cuadros se habían caído de las paredes, las sillas estaban desparramadas por el suelo, los adornos de las repisas estaban estallados en el suelo.
Y en medio de todo aquel caos, había dos cadáveres.
Lavender Brown estaba inspeccionando el más cercano a la puerta de lo que parecía haber sido un comedor. Era difícil de decirlo, ya que la mesa había salido disparada contra una pared, donde se había partido en múltiples fragmentos astillados. El cuerpo sin vida se encontraba tendido sobre un charco rojo, e incluso a la distancia, Athos pudo sentir el olor penetrante y nauseabundo de la sangre. Dios, cómo odiaba las escenas de asesinatos.
La sanadora los escuchó entrar y levantó la mirada del cadáver. Instintivamente se acomodó el cabello contra el lado del cuello que llevaba las cicatrices de un ataque de hombre lobo.
—¿Una fuga de magia causó… esto? —preguntó Bekker, anonadada, mientras giraba sobre sí misma para inspeccionar la habitación completa.
—No —respondió Lavender con seguridad—. A este hombre lo mató un arma muggle. Una pistola —aclaró.
—¿Qué? —dijeron Athos y B.B. al mismo tiempo, acortando la distancia que los separaba del cadáver.
De cerca, se volvía evidente la presencia de dos orificios en la túnica del hombre, uno a nivel de pecho y el otro en el abdomen bajo, donde la tela se había teñido de rojo y la sangre se había escurrido hasta el suelo, generando el charco escarlata que lo envolvía ahora. Había un tercer orificio, puntiforme y pequeño, en la frente del hombro, entre los ojos.
—Esto se aleja mucho de lo que acostumbro a ver… Tal vez sería mejor llamar a alguien del departamento de cuestiones Muggles… —sugirió Lavender, mientras observaba analíticamente el cadáver.
—Díganos su impresión, Sanadora Brown —la invitó a especular Athos Goodwich, con la mirada entornada y el estómago revuelto.
—Bueno… Hay señales de forcejeo en el cuerpo. La víctima posiblemente se resistió… Recibió primero los dos disparos en el abdomen y en el tórax... Pero creo que fue el tiro en la cabeza lo que lo terminó matando —explicó Lavender, pero había una incertidumbre poco habitual en su voz, señal de que no se sentía cómoda con lo que estaba diciendo. Era algo infrecuente en ella. Lavender Brown solía hablar con confianza y seguridad.
Athos flexionó las rodillas para agacharse junto al cadáver e inspeccionarlo en más detalle. Era un hombre que no podía tener más de cincuenta años. El disparo en su frente prácticamente no había generado daño en los tejidos de la cara, y se podían ver perfectamente sus rasgos elegantes y pálidos. Tenía la barba prolijamente recortada, y el cabello negro peinado y engominado. Llevaba puesta una túnica azul marino de mago fabricada en elegante y ostentosa seda importada, con un bordado plateado que se entrelazaba delicadamente formando un dibujo sofisticado de flores y hojas. Un reloj de oro sobresalía del bolsillo anterior de la túnica, y los dedos de sus manos estaban decorados con anillos de piedras preciosas y oro blanco. Todo en ese hombre gritaba riqueza y poder. Athos Goodwich estaba acostumbrado a ese tipo de hombres. Era la típica imagen que uno se hacía mentalmente cuando pensaba en la aristocracia del mundo mágico londinense.
—No se robaron el reloj ni los anillos —señaló Bekker, inclinada también junto al cadáver, cayendo en cuenta de lo mismo que había percibido Goodwich.
—¿Dónde está su varita? —preguntó Athos, mirando alrededor como si esperara encontrarla por algún lugar tirada.
—No encontré ninguna varita en el cadáver —respondió Brown, su expresión sombría. Athos cruzó una rápida mirada con B.B.
—Tal vez lo dejó en algún otro lugar de la casa… —sugirió B.B. Era algo inusual que un mago circulara sin su varita. Pero no era imposible, menos aún si se encontraba en su propia casa, y el ataque lo había tomado por sorpresa.
—Mi equipo y yo hemos revisado toda la casa. No hay señales de ninguna varita —intervino Samantha, entrando en el comedor y cruzándose de brazos frente a ellos.
—¿Crees que la robaron? —preguntó Goodwich, aunque no del todo convencido. Lo muggles no acostumbraban a robar varitas. A simple vista, no era más que un trozo de madera. No habría tenido ningún valor para ellos.
—No —respondió Samantha, tajante—. Creo que nunca hubo una varita en esta casa.
—Pero… Éste hombre es un mago, ¿verdad? —quiso asegurarse Athos, girando hacia Lavender.
—Sí. Es un mago —confirmó Lavender, y como si quisiera asegurarse, sacudió la varita sobre el cadáver, registrando su impronta mágica—. Sí, cien por ciento mago.
—¿Qué te hace pensar que no tenía varita mágica, entonces? —inquirió Bekker, intrigada.
—Esta casa no ha visto magia en varios años —puntualizó Samantha, encogiéndose de hombros. B.B. le dedicó una sonrisa escéptica.
—Pero ésta casa está sobrecargada de magia, Sabuesa —se atrevió a decir Athos, un tanto confundido. Sentía cómo la piel de todo su cuerpo le picaba a causa de la sobrecarga de energía que sobrevolaba la habitación. La Sabuesa le dedicó una sonrisa condescendiente que a duras penas escondía su exasperación.
—La magia que usted siente en este momento es consecuencia de un estallido no intencionado de energía en un menor de edad. La magia de la que yo le estoy hablando es energía controlada e intencionada… El tipo de magia que sólo podría dominar un adulto… con varita —aclaró Samantha en su tono monótono y resolutivo.
—¿Nada de nada? ¿No hay ni un rastro de magia? —quiso asegurarse B.B. Tenía la misma expresión de desconcierto que sentía Athos.
—Nada. Ni siquiera un hechizo para cerrar una puerta o limpiar los platos. Ni siquiera un Lumos —reforzó el concepto la Sabuesa—. Quienes vivían en esta casa, magos o no, no usaban magia.
Athos recorrió la habitación con renovado interés, evitando mirar nuevamente al cadáver ensangrentado junto a él. Los cuadros que se habían caído de las paredes eran cuadros pintados con magia, pues las imágenes en su interior se movían. Había otros indicios de apuntaban a esa vivienda como una casa de brujos: la chimenea que se podía apreciar en la sala contigua al comedor, junto a la cual se podía distinguir perfectamente el sitio donde había caído el frasco de polvos flú, ensuciando la alfombra persa. Junto a la entrada de la casa, un perchero yacía tumbado, y un conjunto de túnicas se apilaban arrugadas una sobre la otra. ¿Cómo era posible que esa casa no hubiese visto magia en años?
—¿Qué me dices del otro cadáver? —preguntó Athos, sus ojos recayendo finalmente en la otra figura desparramada en el suelo, en el extremo opuesto del comedor.
—Oh, ese es definitivamente un muggle —respondió Brown, caminando expeditivamente hacia el cadáver.
—¿Y qué fue lo que lo mató? Déjame adivinar, ¿Algo incivilizado como un cuchillo? O mejor aún, ¿un machete? —preguntó B.B., sus palabras impregnadas de sarcasmo.
Pero estaba equivocada. Bastaba con ver el cuerpo del hombre para comprender que ningún cuchillo, machete o pistola muggle podía causar algo así. Su cuerpo estaba retorcido, con los brazos y piernas curvados en ángulos antinaturales. Sus facciones congeladas en la más espantosa expresión de dolor. No había ni una gota de sangre sobre él, y sin embargo, Athos lo encontró mucho más desagradable que el cadáver anterior.
—Fue la niña —respondió Brown, con dificultad, e hizo un gesto con la cabeza, señalando hacia la puerta (rota) que comunicaba con la cocina.
Al igual que el resto de la casa, la cocina estaba hecha añicos. Las alacenas se habían abierto para dejar salir todo su contenido, y la fina vajilla de porcelana y cristal se encontraba desparramada por todas partes, cientos de fragmentos astillados.
La niña se encontraba en sentada en una silla en una de las pocas zonas de la cocina que estaban despejadas. Alguien, posiblemente la oficial de Accidentes Mágicos que estaba acompañando a la pequeña, había reparado una silla para sentarla. No podía tener más de seis años, y tenía las piernas cruzadas prolijamente una sobre la otra, ambas manos apoyadas delicadamente sobre la rodilla superior. Llevaba el cabello negro y lacio atado en dos prolijas trenzas, y tenía puesto un hermoso vestido de color rosa pálido. Parecía una muñeca de porcelana.
En cuanto Athos y Bekker entraron a la cocina, la pequeña levantó la cabeza y los miró fijamente con sus ojos oscuros.
—Encárgate tú. Siempre se te dieron mejor los niños —comentó B.B., palmeándole la espalda y volviendo hacia la escena del crimen.
—Esta niña ya ha pasado por suficiente en el día de hoy como para que ahora vengan ustedes a interrogarla… —empezó a decirle la oficial de Accidentes Mágicos antes de que él llegase a dar un paso hacia la pequeña, en una actitud sorprendentemente protectora.
—Sólo quiero hablar con ella —aseguró Athos con una sonrisa diplomática. La oficial lo miró de forma escrutiñadora, como un halcón acechante.
—Prácticamente no ha hablado. Apenas si hemos conseguido que nos diga su nombre.
—Entonces no pierdes nada en darme cinco minutos.
—Bien —aceptó finalmente la mujer—. Cinco minutos —agregó, cruzándose de brazos y plantándose firmemente en el suelo. Athos aceptó con un gesto cortés de cabeza.
Podía sentir el peso de la mirada de la niña sobre él mientras avanzaba por la habitación. En ningún momento la pequeña desvió la mirada. Athos se arrodilló frente a ella y le sonrió.
—Mi nombre es Athos. ¿Cómo te llamas? —le preguntó en un tono confidente. La niña se tomó unos segundo en responder.
—Iris—respondió la pequeña. Lo hizo con determinación, elevando el mentón mientras pronunciaba su propio nombre con evidente orgullo. Athos sonrió internamente, el rastro de la aristocracia patente incluso desde tan pequeños.
—Es un nombre muy bonito —reconoció el Auror. Iris esbozó una sonrisa complacida ante el cumplido.
—Me llamaron así después de mi abuela. El nombre ha corrido por nuestra familia durante muchas generaciones —las palabras de Iris sonaban recitadas como quien se ha aprendido un discurso de memoria. Athos podía verlo con completa claridad en su imaginación: los padres de Iris repitiéndole aquella frase incontables veces, hasta que se le había quedado gravada con fuego en la memoria.
—Ya veo —respondió él. Metió una mano en uno de los bolsillos de su pantalón, y extrajo un caramelo—. ¿Quieres? —le ofreció a Iris. La niña prácticamente se lo arrebató de las manos. Luego, recordando sus modales, desenvolvió el caramelo con movimientos suaves, y se lo introdujo en la boca. Athos ahogó la risa mientras la veía masticar parsimoniosamente. —Iris, ¿tú vives aquí? —le preguntó. La muchacha asintió—. ¿Puedes contarme qué fue lo que sucedió? —agregó, haciendo un gesto con la mano hacia la cocina. Iris, que todavía estaba masticando el caramelo, se sonrojó bruscamente.
—Fue mi culpa —reconoció, avergonzada, y sus manos estrujaron el borde de tela del vestido.
—Está bien, Iris… Puedes hablar conmigo. Estoy aquí para ayudarte —le aseguró Athos, y sacudiendo su varita, convirtió la insignia que llevaba en su pecho de regreso al escudo de los Aurores.
—Padre dice que no podemos confiar en los Aurores —masculló la pequeña, insegura. Athos frunció el ceño casi imperceptiblemente.
—Puedes confiar en mí —intentó convencerla Goodwich, sonriéndole con sinceridad. Iris pareció dudar. —Algo pasó aquí, ¿no es cierto? Algo que hizo que tu magia explotara… —intentó una nueva estrategia.
Iris empalideció. Lo miraba con ojos enormes y oscuros, y cuando asintió, fue con un movimiento casi imperceptible de la cabeza.
—Se metieron en la casa sin ser invitados —susurró Iris—. Padre me dijo que corriera, y yo le hice caso. Intenté correr y salir de ahí, pero uno de ellos me agarró muy fuerte y no me dejó correr y… y… —Iris frunció el rostro, en un gesto compungido que mostraba la angustia y frustración que sentía—. Hubo un ruido muy fuerte, y luego otro, y otro… y Padre cayó al suelo…
Athos sintió una mano fría y despiadada que se afianzaba sobre su pecho mientras escuchaba la historia de la pequeña Iris. Sabía perfectamente lo que esos ruidos significaban. El cadáver bañado en sangre era el padre de Iris.
—Yo sólo quería que me soltara… Que me dejara correr como Padre me había dicho… —se lamentó la niña, bajando la mirada.
La imagen del segundo cadáver, contorsionado de forma grotesca en el suelo del comedor volvió a su mente. Athos pensó que el corazón se le iba a partir en el pecho. Era sólo una niña. Una pequeña incapaz de controlar su magia, que en un estallido de dolor y miedo, había matado a un hombre adulto.
—Lo sé —intentó tranquilizarla Athos, acariciándole suavemente la cabeza—. Eres una niña muy valiente, Iris.
—Señor Athos… —susurró la niña, levantando sus ojos nuevamente hacia él, haciendo ejemplo de un aplomo sorprendente para una criatura de su edad—. Mi padre está muerto, ¿verdad? —le preguntó sin miramientos.
—Es suficiente, Auror Goodwich —intervino la oficial de Accidentes Mágicos lanzándole una mirada de advertencia. Athos se enderezó y giró hacia la mujer.
—Alguien tiene que decírselo —susurró cuando estuvieron a varios pasos de distancia de Iris, lo suficiente como para que no pudiese escucharlos—. ¿Han podido localizar a su familia? ¿Dónde está su madre? —preguntó. La oficial de Accidentes Mágicos negó con la cabeza.
—Muerta —respondió la mujer, apenada. Lanzó una mirada lastimosa hacia Iris.
—¿No tiene ningún otro familiar vivo? —se sorprendió Athos, alzando las cejas. La mujer chasqueó la lengua y le lanzó una mirada extraña.
—Una tía… pero vive en Estados Unidos —respondió la mujer, y Athos pudo ver en su expresión que había algo más que no estaba diciendo.
—¿Ya se han comunicado con ella?
—Sí…
—¿En cuánto llegará a Londres? —Athos empezaba a impacientarse con la actitud evasiva de la mujer. Iris era menor de edad, y la ley exigía la presencia de un adulto o tutor legal que interviniera por ella durante la investigación. Si Athos quería obtener el recuerdo del incidente de la memoria de Iris, iba a necesitar primero que su Tutor lo autorizara.
—Ese es el problema, Auror Goodwich —puntualizó la oficial—. La tía de Iris tiene prohibida la entrada a Inglaterra.
—¿Qué? ¿Por qué motivo? —se sorprendió Athos.
—Crímenes de guerra —intervino repentinamente la voz de Bekker, entrando en la cocina—. Hemos identificado el cadáver del mago: es Perseus Parkinson. Y ésta es la casa de la Honorable Familia Parkinson.
—Oh, por todos los cielos… —susurró Athos, llevándose una mano a la frente.
A pesar de que era tarde, el segundo piso del Ministerio de Magia se encontraba tan activo como si fuesen las primeras horas de la mañana. Había oficinistas yendo y viniendo, cargando papeles y documentos de un lado al otro. Las notas interdepartamentales volaban a velocidades vertiginosas por sobre las cabezas de los empleados del Departamento de Seguridad Mágica. El Cuartel de Aurores era como un enjambre agitado de abejas, un zumbido inquietante y ensordecedor invadiendo los cubículos, mientras que los Aurores iban y venían, se Aparecían y Desaparecían, reían e insultaban en partes iguales.
Drake Mufson observó el ajetreo sin alterarse. Estaba acostumbrado al caos. Mientras que otros sectores del Ministerio podían permitirse cerrar sus oficinas cuando terminaba el día laboral, y retirarse tranquilamente a sus hogares, el Departamento de Seguridad Mágica mantenía sus oficinas funcionando las veinticuatro horas, los siete días de la semana, los trescientos sesenta y cinco días del año. Y Drake Mufson llevaba trabajando allí desde hacía mucho tiempo.
Golpeó a la puerta de la oficina del Jefe del cuartel, y aguardó hasta que la voz desde el interior lo invitó a pasar.
Harry Potter se encontraba sentado detrás de su escritorio. De pie, a su lado, estaba Ronald Weasley, con una mano apoyada sobre la madera de la mesa y la otra sobre el respaldo de la silla de Potter, levemente inclinado sobre los papeles que había desparramados frente a ellos, mientras decía algo en voz baja al oído del Jefe. Ambos levantaron la mirada hacia él en cuanto se abrió la puerta.
Ron se enderezó y esbozó una media sonrisa hacia Drake. Tomó algunos de los papeles que había en la mesa, los enrolló sin demasiado cuidado, y los introdujo como pudo en el bolsillo interno de la chaqueta de uniforme.
—Los dejo a solas —agregó luego, cruzando una mirada de entendimiento con el Auror Potter, y haciendo un gesto de despedida hacia Drake. Abandonó la oficina cerrando la puerta detrás de él.
—Me mandó a llamar, Jefe —dijo Drake, todavía de pie junto a la puerta. Harry dejó escapar una risa por lo bajo.
—No hay nadie más aquí, Drake. Podemos dejar a un lado las formalidades —dijo Potter, indicándole con la mano la silla frente a él.
Mufson tomó asiento. De camino hacia allí, había estado convencido de que Potter lo había llamado para conversar sobre los progresos obtenidos en la vigilancia de las Reuniones de Knockturn. Pero ahora ya no estaba tan seguro.
—Necesito que mires este informe —dijo Harry, sorprendiéndolo, y empujó un documento a través de la mesa.
Drake lo tomó con cuidado y curiosidad. Su interés se fue convirtiendo gradualmente en preocupación conforme avanzaba en la lectura. Levantó la cabeza en varias ocasiones para mirar hacia su jefe, pero éste continuaba sentado frente a él con una expresión indescifrable.
—¿Quiénes escribieron este reporte? —preguntó finalmente Drake, una vez que terminó de leerlo.
—Goodwich y Bekker —respondió Harry serenamente. Drake se dejó caer contra el respaldo, sopesando la información.
—Esto no es bueno… Llega en el peor momento —concluyó Mufson, serio. Harry esbozó una sonrisa amarga.
—O tal vez, llega en el momento exacto.
—¿Piensas que la Rebelión está detrás de esto también? —atinó Drake, alzando las cejas. Harry se removió los anteojos y se frotó unos segundos los ojos, antes de colocárselos nuevamente.
—¿Acaso tú no? —fue su respuesta.
Drake no pudo más que asentir. Deseaba encontrar un argumento en contra de ello, porque la posibilidad de que la Rebelión estuviese moviendo sus hilos con tanta precisión era simplemente aterradora. Era como intentar luchar contra una sombra. Pero más lo pensaba, más se daba cuenta de que tenía sentido.
—¿Me has llamado para que investigue el caso antes de que se haga público?
—No, me temo que ya es muy tarde para eso —le dijo Harry—. La información fue liberada a la prensa hace un par de horas.
—¿Estás loco, Harry? —fue la reacción inicial de Drake, olvidado completamente de todo protocolo y del hecho de que Harry era su superior.
—Sabes tan bien como yo que iba a ser imposible mantener esta noticia lejos de la prensa por mucho tiempo. Y Hermione piensa que no podemos permitir que cuestionen la transparencia del departamento en este momento… —intentó explicar Potter. Lucía sorprendentemente tranquilo para la magnitud de la noticia que estaban enfrentando.
—¡Podrías haberlo demorado un par de días! ¡Al menos para intentar averiguar un poco más sobre qué fue lo que sucedió en ese lugar! —siguió quejándose Drake, completamente atónito. Harry le sonrió de forma condescendiente.
—No te he llamado para que investigues en el caso. Goodwich y Bekker están trabajando en eso en este momento —le aseguró Potter.
—¿Entonces para qué me has llamado?
—Mañana, esto será portada de todos los periódicos, y noticia en todas las radios y proyecciones mágicas del país. Y si no me equivoco, la Rebelión espera generar una respuesta en la gente —respondió Harry, entrecruzando las manos sobre su pecho.
—Crees que habrá un levantamiento —comprendió Drake.
—Sí.
—Por Merlín, Harry…
—Necesitamos un plan de contingencia, Drake —apremió Potter, inclinándose hacia delante y apoyando los codos sobre la mesa—. Llevas meses vigilando a los manifestantes de Callejón Diagon. Dime… ¿crees que esto sea suficiente para empujarlos a actuar?
—No podría imaginarme una mejor oportunidad para hacerlo —tuvo que reconocer Drake tras una breve pausa—. Pero no lo harán en Diagon… Protestarán en un lugar más importante. De mayor relevancia política, donde su discurso tenga un impacto definitivo.
—Aquí —comprendió Harry.
—Sí. Vendrán al Ministerio —predijo Drake, la mirada enturbiada.
Mago de importante linaje muere asesinado en su residencia por muggles.
El Departamento de Seguridad Mágica: una figura ausente en momentos de necesidad
Ayer por la noche se reveló a los medios de comunicación la trágica muerte de uno de los últimos descendientes de la antigua y reconocida familia Parkinson. Perseus Parkinson fue asesinado por un grupo de vándalos muggles en la vivienda donde residía junto a su única hija, Iris, de seis años de edad.
Los criminales no mágicos violaron la entrada de la casa y arremetieron contra su propietario, arrebatándole la vida con una de sus armas de fuego. Su hija logró salvarse, no gracias a la piedad de los agresores, sino a su propio talento mágico, propio de alguien descendiente de una familia integrante de los Sagrados Veintiocho.
Recordemos que, hace tres años atrás, Perseus Parkinson había sido acusado por el Departamento de Seguridad Mágica de realizar magia contra personas de la comunidad muggle. En dicha ocasión, el señor Parkinson aseguró que sólo lo había hecho para defenderse, afirmando que sus vecinos sospechaban de su naturaleza como brujo y conspiraban para matarlo, tanto a él como a su hija. El Wizengamot desestimó el testimonio de Parkinson, y en cambio, lo culpable de los cargos, obligándolo a cumplir un año de condena en Azkaban, y prohibiéndole el uso de magia durante los siguientes cinco años.
Desprovisto de varita, Parkinson se encontró indefenso cuando, ayer por la mañana, sus agresores ingresaron a la vivienda con claras intenciones de acabar con la vida de sus habitantes. Perseus Parkinson nunca tuvo una oportunidad de pelea justa: eran tres muggles, armados con sus dispositivos destructivos que escupen fuego y plomo, contra un hombre indefenso.
Parkinson había apelado al Wizengamot, tan solo un mes atrás, solicitado que revocaran la sentencia que le prohibía poseer una varita pues temía por su vida. El Jefe Supremo de Wizengamot, el Auror Harry Potter, le negó el pedido, y testigos que estuvieron presentes en la audiencia aseguran que el Potter incluso se jactó de decirle al señor Parkinson que debía agradecer que al menos estaba libertad, dando a entender que, de ser por él, lo habría dejado cumplir cinco años completos en Azkaban.
Cabe destacar que existe un pasado escabroso y un tanto desafortunado entre la familia Parkinson y El Elegido. Gran parte de la familia se vio involucrada, en muchos casos de forma indirecta, con la Segunda Guerra Mágica. Algunos de sus miembros todavía están cumpliendo condena en la prisión de máxima seguridad, mientras otros se han visto obligados a exiliarse para evitar la estigmatización y la violencia que siguió a los famosos Juicios de Restauración.
Como periodista, comprometida con la comunidad mágica y con la verdad, me veo obligada a plantear las preguntas que nadie se atreve a formular directamente al Ministerio de Magia, y puntualmente, al Departamento de Seguridad Mágica.
¿Podemos confiar verdaderamente de que el sistema de justicia que rige nuestro país es imparcial y transparente? ¿O es posible que Perseus Parkinson fuese injustamente castigado por el Wizengamot, por los pecados cometidos por su familia y por resentimientos arrastrados de una vieja guerra? ¿Por qué el Departamento de Seguridad Mágica hizo oídos sordos a las explicaciones que Parkinson presentó en su momento, alegando que el uso de magia había sido en defensa propia? ¿Por qué negarle una varita, cuando, por nacimiento y por sangre, le corresponde? ¿Cómo es posible que dejaran a la familia Parkinson desprotegida de esa forma, sin ningún tipo de protección contra la constante amenaza que supone para un mago vivir en el mundo hostil de la gente no mágica? ¿No es acaso trabajo del Departamento de Seguridad Mágica garantizar, como su nombre indica, la seguridad de su gente?
Porque esta terrible realidad, nos hace preguntarnos quién es el verdadero asesino de Perseus Parkinson: ¿un criminal muggle, con su arma que escupe fuego? ¿O nuestro propio Ministerio de Magia, con su negligencia?
—¿Qué es lo que tiene ahí, Auror Bones? —preguntó la voz firme de Drake Mufson. Bones se enderezó inmediatamente, todavía con el periódico atrapado entre sus dedos. Junto a él, los otros dos Aurores que habían estado ojeando la noticia también se apostaron con los pies juntos y la espalda recta.
Drake Mufson le arrebató el ejemplar de la mano y lo arrojó a un costado. No necesitaba leer la noticia. Ya la conocía. Se había pasado toda la madrugada preparando un plan de contingencia para esa noticia. Aún así, frunció el ceño sin poder contenerse.
—Eso que dice ahí… No es verdad, señor —dijo Bones, manteniendo la mirada baja, como si considerara una falta de respeto hablarle a un hombre con la experiencia de Mufson mirándolo directamente a los ojos.
—Es El Oráculo, Bones. ¿Qué esperabas? —dijo Megara, de pie detrás de Drake, con su sonrisa sardónica característica.
—No, me refiero a que… Yo estuve ahí, como parte de la seguridad de la sala. Durante la apelación de Parkinson. El Auror Potter no se burló de él, ni se regodeó en su condena, ni se tomó a la ligera la acusación de que había muggles que querían lastimarlo —aseguró Bones, y la impotencia y el enojo que le provocaban semejantes calumnias se hizo evidente en la vibración de su voz—. ¡Incluso le ofreció enviar a un Auror a su casa para colocar barreras mágicas si creía que corría peligro! ¡Parkinson se negó! ¡Dijo que prefería morir a dejar que los Aurores jugaran en su propiedad!
—Hay que tener cuidado con lo que deseas… —susurró Megara Fishback. Quentin le lanzó una mirada cargada de reproche, pero Megara simplemente revoleó los ojos.
—¡Pero el Ministerio tendría que salir a desmentir estas cosas! —se indignó Bones.
—Vamos, muchacho. Si Potter saliese a desmentir cada cosa que publican con su nombre en las noticias, se pasaría el día entero dando discursos y explicaciones —exclamó Megara, mitad exasperada mitad divertida.
—Pero…
—Suficiente —dijo el Auror Mufson. No fue necesario que levantara la voz para hacerse escuchar, y Bones inmediatamente cerró la boca y bajó la mirada. —No estamos aquí para cuestionar cómo debe manejarse el Ministerio de Magia frente a periódicos como El Oráculo. Nuestro trabajo es proteger el edificio y controlar la situación. ¿Creen que pueden cumplir con esa tarea o debo buscar a otros Aurores?
—Sí, señor —respondió Bones. A su voz se sumaron la de los otros aurores presentes y la del propio Quentin. Megara le dedicó una mirada socarrona, elevando una ceja de forma juguetona.
—¡Auror Mufson! —exclamó una voz desde el otro extremo de la sala. Cinco figuras vestidas con el uniforme del ERIC avanzaban hacia ellos.
—¿Qué hacen ellos aquí? —susurró Quentin hacia Megara.
—¿Pensaste que no habíamos librado de ellos? Cariño, ¿qué parte no entendiste de la nueva ley? La protección de las zonas neurálgicas es ahora vigilancia compartida —le respondió ella con una expresión felina.
—¿El Ministerio también? —se sorprendió Quentin Clearwater. Megara suspiró, meneando la cabeza, como si estuviese hablando con un niño pequeño.
—Especialmente el Ministerio.
—Oficial Reech, bienvenidos —Mufson estaba recibiendo en ese momento al líder del grupo ERIC. El oficial Reech estrechó la mano de Drake con un movimiento seco y antipático. Drake lo contemplaba inamovible, como si nada que hiciese el hombre pudiese afectarlo—. ¿Tuvo tiempo de leer el informe?
—Por supuesto —respondió Reech en un tono defensivo—. Pero he de decir que considero que el cuartel de Aurores está sobredimensionando la situación. No pensarán verdaderamente que habrá una sublevación en las puertas del Ministerio, ¿o sí?
—Me temo que es muy posible, oficial —confirmó Drake, manteniendo su voz serena—. Las manifestaciones en el Atrio han ido en aumento a lo largo de los últimos meses, y tenemos motivos para sospechar que una noticia como ésta podría gatillar que escalen en magnitud.
—¿Qué motivos? —preguntó Reech, con avidez mal disimulada. Drake le dedicó una sonrisa educada.
—Me temo que no puedo compartir esa información con vuestro departamento, oficial —le respondió en un tono sumamente cordial. Reech frunció el seño.
—Según la Nueva Ley de Vigilancia…—intentó atacar nuevamente el oficial.
—El cuartel de Aurores debe trabajar en forma conjunta con el ERIC para garantizar una adecuada vigilancia. Pero eso no quiere decir que debamos revelarles el contenido de nuestras investigaciones clasificadas —lo interrumpió Mufson, manteniendo la voz imperturbablemente calma. Reech enrojeció frente a él, el deseo de quejarse evidente en la forma en que apretaba los dientes y arrugaba el rostro.
—¿Cómo espera que protejamos el Atrio si no conocemos la naturaleza de la amenaza? —volvió a insistir Reech. Fue el turno de Megara de intervenir.
—¿La naturaleza de la amenaza? Un montón de civiles enojados y asustados. Esa es la amenaza que nos enfrentamos hoy —le espetó la mujer con crudeza.
—Nuestro trabajo hoy consiste en controlar a la multitud y evitar que la situación se torne violenta —agregó Drake.
—¿Han leído las noticias de hoy? Esa gente va a estar furiosa… ¿cómo se supone que vamos a controlarlos? —preguntó un oficial del ERIC, visiblemente preocupado. Drake tuvo que recordarse que era inexpertos, y que esto excedía completamente el trabajo al cual estaban acostumbrados. No eran Aurores. No entendían de protocolos de seguridad ni de medidas de contención.
—Levantaremos una barrera mágica bloqueando el paso hacia el interior de Atrio. Sólo aquellos que tengan tarjeta identificadora del Ministerio podrán cruzar. Ante todo, estamos aquí para contener cualquier peligro que pueda surgir durante la manifestación. Intentarán provocarlos. No respondan. Eviten el enfrentamiento directo. Y bajo ningún punto de vista, ataquen a un civil.
—¿Y qué si ellos nos atacan? —preguntó otro de ERIC.
—Entonces más te vale haber prestado atención durante el curso acelerado de Protección Personal que recibieron hace unos meses, ¿eh? —se burló Megara, guiñándole un ojo, mientras sacaba la varita de la funda de su cintura y la hacía girar hábilmente entre sus dedos. Esta vez, Quentin se permitió sonreír casi imperceptiblemente.
Fue tal como Drake Mufson había predicho. A medida que los diarios y la noticia empezaron a esparcirse por la comunidad mágica, la multitud de manifestantes en la entrada del Atrio fue aumentando exponencialmente. Drake dispuso a sus aurores y a los oficiales del ERIC distribuidos a lo largo de la barrera mágica, la cual vibraba con la energía que emanaba la multitud, pero se mantenía en pie.
Podía leer el nerviosismo en los rostros del ERIC a medida que pasaban las horas y la gente, lejos de tranquilizarse y dispersarse, parecía ponerse cada vez más inquieta. Incluso el oficial Reech miraba hacia las barreras con desconfianza, y con motivo. Él sabía, tan bien como Drake, que si la multitud decidía arremeter contra los escudos, no había forma que éstos pudieran aguantar el embate. Eran barreras permeables, pues no podían permitirse sellar completamente el Ministerio de Magia. Y si los manifestantes ponían sus intenciones en entrar… Entonces entrarían.
Sus aurores tampoco lucían relajados. Estaban tensos, con las varitas listas y las miradas atentas. Incluso Megara había perdido la sonrisa sobradora y lucía en cambio una expresión sobria. Pero esto era terreno conocido para ellos. Sabían lo que tenían que hacer. Drake Mufson confiaba en sus aurores.
Durante las primeras horas, los manifestantes se quejaron y gritaron, sacudieron carteles y reclamaron atención del gobierno, pero nada de ello suponía un verdadero peligro. Y Drake Mufson llegó a pensar que, tal vez, todo saldría bien después de todo.
Estaba equivocado. Y la aparición de Zafira Avery fue lo único que necesitó para comprenderlo.
La joven bruja llegó cerca del mediodía, vestida con su impoluta túnica roja, y acompañada como siempre por Heros Morgan y Jolie Cartier. Solo que esta vez, marchando detrás de ella, la seguía una turba de magos y brujas sacudiendo banderas rojas y expresiones de furia e indignación.
La multitud se abría a su paso como si se tratara de un miembro de la realeza. Todo en ella, desde su mirada altiva y dura, hasta la forma en que caminaba, denotaba importancia, y exigía respeto. Incluso aquellos que no la conocían se sintieron intimidados por su actitud y por la agrupación de seguidores que marchaban con ella.
Y ahí fue cuando comenzó la verdadera amenaza. Drake comprendió que, hasta entonces, habían estado lidiando con un grupo de manifestantes desorganizado y amorfo, cuyo discurso era confuso. Pero ahora, Zafira traía consigo a la Marea Roja, y ése era un discurso claro y contundente, que Drake conocía de memoria a estas alturas del juego.
—Hermanos y Hermanas —empezó Zafira, y un rostro de terrible pesar le desdibujó los hermosos rasgos. Drake no dejaba de sorprenderse con la facilidad con la que esa muchacha podía manipular los sentimientos—. No me alcanzan las palabras para expresar la emoción que me produce ver a tantos de ustedes reunidos aquí para reclamar contra la injusta tragedia que le toca vivir hoy a nuestra comunidad. Uno de nuestros hermanos… Uno de nosotros … fue cruelmente asesinado frente a su hija por un muggle. Una persona sin una pizca de magia en su cuerpo fue capaz de arrebatarle la vida a un hombre experimentado y poderoso… Y yo me pregunto: ¿CUÁNTOS MÁS DEBEN MORIR PARA QUE EL GOBIERNO HAGA ALGO AL RESPECTO?
Al igual que aquel día en el teatro del callejón Knockturn, la multitud estalló en efervescentes aplausos y gritos de aceptación. Las palabras de Zafira eran bienvenidas por la mayoría de los que estaban allí, despertando un fuego detrás de sus ojos, emociones que venían germinando desde hacía meses en sus almas.
—Durante siglos, hemos respetado cada una de las leyes que el Ministerio ha impuesto en un supuesto intento por protegernos. Nos dijeron que nos ocultáramos, y nos ocultamos. Nos prohibieron usar la magia para protegernos frente a los muggles, y dejamos de usarla. No prometieron que, si resignábamos nuestra libertad y nuestro derecho a usar nuestro poder, estaríamos a salvo. Limitaron nuestro mundo, y nosotros se los permitimos. Pero tal vez ha llegado el momento de plantearnos si estas medidas verdaderamente existen para protegernos a nosotros… o a los muggles.
Zafira sabía cómo hablar a una multitud y captar su atención. Sabía cuándo era necesario endurecer el tono y reforzar un concepto, y cuándo dulcificar la mirada y convertirse en una criatura vulnerable. Había arte en lo que hacía, por más maquiavélico que pudiese ser. Y el público simplemente la adoraba.
Las protestas y los reclamos de la gente no tardaron en volverse homogéneas y comprensibles. Lo que inicialmente había comenzado como una manifestación desarticulada, ahora tenía un propósito claro: estaban cuestionando el Estatuto de Secreto Mágico, las prohibiciones para el Uso de Magia… Y todas las bases sobre la que se alzaba el Ministerio de Magia.
Estaban pidiendo un cambio.
La multitud arremetió contra la barrera, intentando avanzar hacia el interior. El Atrio vibró con la fuerza del impacto, mientras magos y brujas de todas las edades reclamaban el ingreso, exigían una audiencia con el Ministro de Magia, con el Departamento de Seguridad Mágica… Pedían justicia por Perseus Parkinson.
No, pensó Drake, no era justicia. Pedían venganza.
Megara le lanzó una mirada significativa desde el otro extremo del Atrio. Ella también podía percibirlo. La situación estaba saliéndose de control. Los manifestantes, cebados por las palabras que Zafira había pronunciado a todo pulmón, estaban indignados.
Una segunda vibración sacudió el lugar, y un eco amortiguado, como un bong, resonó entre ellos.
—¡Mantengan posiciones! ¡Usen maniobras de contención! —les recordó Drake, sacando su propia varita de la funda que colgaba en su cinturón, preparándose para lo que sabía que, inevitablemente sucedería.
Se escuchó el primer crack, como un chasquido de dedos, mientras uno de los manifestantes lanzaba un hechizo contra la barrera, abriendo una grieta. Quentin fue quien respondió. Su hechizo logró repeler al hombre hacia atrás, enmendando, provisoriamente, el daño en la barrera.
A partir de allí, fue un sinfín de golpes. Envalentonados por el primer crack, cada uno de los manifestantes intentaba ahora encontrar una grieta por la cual escurrirse, una forma de derribar la barrera que los separaba de las instalaciones del Ministerio. Exigían una audiencia a los gritos. Exigían que el Ministro Shacklebolt se presentara al Atrio y compareciera ante ellos.
Los Aurores contuvieron cada uno de los intentos, y tras superar la sorpresa inicial producida por los primeros avances, el ERIC también comenzó a responder. Y al principio, sus maniobras defensivas parecían ser suficiente para contenerlos.
Hasta que, finalmente, uno de los manifestantes logró abrirse paso a través de la barrera. Llevaba una bandera roja atada alrededor del cuello, y una expresión fiera en el rostro. Cruzó la barrera con un ruido seco, y sin vacilar, avanzó con su varita en alto, encarando directamente hacia donde se encontraba uno de los oficiales del ERIC.
Y entonces sucedió.
El oficial del ERIC atacó primero. Y su hechizo golpeó de lleno contra el civil, quien ahogó un gemido, mezcla de sorpresa y dolor, y cayó desplomado al suelo. Durante un segundo, el mundo pareció paralizarse. Nadie se movió, nadie se atrevió siquiera a respirar. Y entonces, como saliendo de su aturdimiento, la muchedumbre soltó un grito iracundo y brutal.
—Diablos —exclamó Drake mientras corría hacia el civil para comprobar el daño.
El ruido ensordecedor de la turba enfurecida inundaba el aire, mezclándose con el zumbido que producía su propia sangre en sus oídos al correr a una velocidad exorbitante. Podía escuchar la voz de Zafira, pero no llegaba a entender lo que estaba diciendo, toda su atención puesta en el hombre que había sido derribado por un empleado del Ministerio de Magia.
—¿Quién mierda has hecho? —escuchó que decía Megara, dirigiéndose al oficial del ERIC que había disparado. El muchacho estaba pálido y parecía a punto de descomponerse, pero aún así se las arregló para responder.
—¡Me estaba apuntando con la varita! ¡Iba a atacarme! —se defendió el oficial del ERIC.
—¡Entonces te defiendes, imbécil! ¡Pero no atacas a un civil! —seguía gruñéndole Megara.
Por el rabillo de un ojo, Drake vio que su compañera se había acercado a donde él se encontraba arrodillado junto al civil caído. La varita de Megara se movía a gran velocidad, haciendo uso de su destreza como duelista, conteniendo los ataques cada vez más violentos que provenían de la manifestación.
—Hay que llevarlo a San Mungo —dictaminó Drake, tras comprobar que el hombre tenía una herida bastante fea en el lado derecho del pecho, y respiraba con dificultad.
—Yo me encargo, señor —dijo Bones expeditivamente. Drake asintió con un movimiento de cabeza, y el Auror Bones colocó uno de sus brazos alrededor del cuerpo inconsciente del manifestante. Con un crack, Desaparecieron.
Drake se incorporó nuevamente, comprobando que la situación había escalado peligrosamente durante esos breves segundos que se había tomado para comprobar que el civil seguía con vida.
—Clearwater —llamó a su Discípulo. Quentin dio un paso hacia él—. Vamos a necesitar refuerzos.
—Sí, señor —dijo Quentin, girando inmediatamente hacia los Ascensores que llevaban al Cuartel de Aurores.
—Quentin… —lo llamó Drake por su nombre, tomándolo firmemente del antebrazo para evitar que se fuera, y acercándose para hablarle casi en un susurro inaudible—. Dile al Jefe lo que acaba de pasar.
Quentin y Drake se miraron a los ojos durante un breve instante. Drake pudo ver la preocupación en la mirada de su Discípulo, que rápidamente fue reemplazada por una expresión decidida. Quentin desapareció hacia los ascensores.
Con dos de sus hombres menos, Drake se vio obligado a reagrupar a los Aurores. Él y Megara quedaron entonces al frente de la defensa. Los manifestantes ahora empezaban a lanzar maleficios directamente hacia ellos.
—¿Qué hay de nosotros, Mufson? —le recordó Reech, haciendo un gesto hacia sus oficiales, quienes habían quedado relegados de la primera línea de defensa.
—Creo que ustedes ya han hecho suficiente por hoy, oficial Reech —fue la respuesta fría de Mufson, sin siquiera mirarlo. Estaba demasiado ocupado desviando los maleficios que filtraban la barrera.
Me he demorado más de lo habitual en actualizar, pero estoy conforme con el resultado.
Estamos, verdaderamente, en los últimos capítulos de esta historia (no puedo creer lo rápido que se ha pasado!). Por lo tanto, escribir estos capítulos me toma más tiempo del normal, y es que hay muchos detalles que necesito terminar de hilar, preguntas que todavía necesitan ser respondidas... Y bueno, también estoy decidiendo qué cosas revelaré en este libro... Y cuales quedarán pendientes para la próxima entrega (*risa malvada*).
Para los que venían pidiendo acción... Ha empezado. Y les recomiendo que se ajusten los cinturones. Éste va a ser un viaje turbulento.
Una primera parte que nos lleva a Hogwarts, con Lily, Albus y Amadeus... Y creo que responde las dudas que habían quedado en torno a Lily... Pero despierta otras preguntas. Vemos un poco más de Albus, y de esta visión sobre su futuro: una imagen aterradora y seductora para alguien como él.
Y después, vamos de lleno con los Aurores... Y acá se cruzan varios grupo de Aurores que hemos visto a lo largo de la historia. Tenemos a Athos y a B.B, que se dedican principalmente a Homicidios, y tenemos a Drake Mufson, uno de los aurores con más experiencia en el cuartel y a quien Harry acude cuando tiene que llevar adelante planes de "batalla" o "defensa".
Un asesinato de un mago a manos de muggles que desata una crisis interna en la comunidad mágica. Ya me dirán ustedes sus teorías, pero creo que es bastante evidente lo que ha pasado aquí.
¡GRACIAS POR SUS REVIEWS! Es el mejor regalo que me pueden hacer, así que no duden en seguir dejando :)
Yanelyn: ¡Casi se nos olvida la orientación vocacional! Si tengo que ser sincera, estuve a punto de eliminar esa escena, principalmente porque temía estar dando un poco mucho de información inicialmente... Después la edité, eliminé algunas cosas, y terminé decidiéndome porque conservarla. Creo que ayuda a conocer un poco más a los personajes. Sobre Scorpius: sí, en muchas cosas se parece a Draco. Es meticuloso e inteligente, pero no es alguien frío. Sí, puede ser un poco ácido en algunos momentos... Pero es un personaje que se nos muestra bastante cálido. Tiene un corazón sensible, y es moralmente mucho más correcto que Albus. Y sí, podría ser también un buen auror... Tal vez trabajando más al estilo de lo que hace Goodwich y B.B. Se condice también con la necesidad de Scorpius de "reparar" el daño que la familia Malfoy causó en el pasado... De reivindicar el apellido. Sobre Lysander: sí, efectivamente es una persona alegre y despreocupada, y no, no podría trabajar en una oficina... Y por eso creo que sus amigos se sorprenden de que esté pensando en la posibilidad de meterse a trabajar en el Ministerio. Pero al mismo tiempo, si existe un lugar dentro del Ministerio donde el trabajo escapa de lo "rutinario" y "aburrido", creo que debe ser en el Depto de Misterios. Es decir... Cosas muy locas pasan ahí adentro. Sobre Albus... Es difícil, ¿no? Un muchacho que tiene aptitudes y el deseo de sobresalir... Podría conseguirlo en muchos ámbitos laborales. Y coincido contigo en que la ambición en sí no es una mala característica, sino que puede ser algo muy positivo... en su justa medida. Lancelot Wence: la inminencia de la guerra empieza a hacer mella en todos los personajes, y Lancelot no es la excepción. En este capítulo nos queda claro que ALGO le sucede. No sabemos qué, no por qué... Pero hay algo que lo tiene disperso. ¿Contrarrestar magia oscura con magia oscura? Bueno, sí, es una forma de combatir... Pero no es la forma de combatir de Harry, y tampoco de Hermione. Ellos combaten la oscuridad con luz. ¿Y qué hay más fuerte que la felicidad? Bueno, no sé si técnicamente es más fuerte, pero existen muchos sentimientos positivos y poderosos... Y uno que es más poderoso que todo. La magia más poderosa del mundo, según Albus Dumbledore. Magia que Harry conoce bien, y por lo tanto entiende que debe ser manejada con mucha cautela. ¿La Rebelión sabe de la existencia de Oxanna? Si sabían de la existencia del Domador, entonces seguramente también sepan de ella. ¿Por qué armar tanto alboroto para sacar un cadaver de Nurmengard si pueden ir a por Oxanna? Bueno, primero hay que encontrarla, ¿no? ¿Y qué te hace pensar que no lo intentaron también? Y por último... Circe. Ella guarda un lugar especial para mí en esta historia. Ella es la chica "mala" que no es mala. La niña que usa la arrogancia y la ferocidad de su carácter como un escudo para protegerse del mundo. Es ácida, un tanto engreída, y no duda en decir lo que piensa. Pero también es una amiga fiel, y una persona capaz de pensar por sí misma y tomar sus propias decisiones, incluso cuando eso supone enfrentarse a su familia. Siempre ha sido incondicional para Tessa, y verdaderamente, tiene en mente las mejores intenciones con ella. Quiere que sea feliz, aún si eso significa que termine con Albus. Y ahora finalmente sabemos por qué. ¡Sí, yo sabía que iban a odiar esa frase final donde Albus recuerda con melancolía esa charla entre sus amigos! Pero no vas a negarme que ahora tienes ganas de saber qué fue lo que pasará con cada uno de ellos.
Soar97: ¿El padre de Walter realmente no creía en la leyenda de los domadores o fue algo que prefirió ocultar a sus hijos? Era una leyenda que se corría por los pasillos de Durmstrang, y se sospechaba de que varias familias podían ser descendientes de los domadores... Pero en el fondo, la mayoría de los magos pensaban que era una magia que se había extinguido con los años, diluyéndose en las generaciones, y que ya no quedaban magos capaces de controlar dragones. Y antes de que Walter se cruzara en el camino de Grindelwald él tampoco lo creía... Pero después, si su padre siguió sin creerlo, o si todo lo que dijo fue en realidad un intento de ocultar la verdad y proteger a Oxanna... Es algo que no sabemos. ¿Así que viste venir que Scorpius eligiría Leyes? Creo que le pega. Albus nos da a entender en varias ocasiones que Scorpius es inteligente, intuitivo, y tiene un talento para la diplomacia y la oratoria. ¿Tanto sorprende Lysander como Inefable? Yo lo vi como algo casi obvio... Es decir, con su curiosidad, y su aire despreocupado, me lo imagino interesándose por formas raras de magia, poco convencionales, que tal vez nadie más se interesaría... Un trabajo poco rutinario, lleno de "misterios" y "sorpresas" para evitar que se aburra. Hedda hace mucho que ya sabemos que quiere seguir los pasos de su tío Jaques, y Rose con su aire de justicia y su tenacidad, creo que sería excelente en política. Ely es un poco más compleja, y después de Albus, creo que es la que tiene menos en claro lo que desea hacer... Pero quiere ayudar a la gente como ella, porque aunque no siempre lo demuestre, es bastante difícil para Ely amoldarse a un mundo nuevo, y a veces, se siente un poco como una "extranjera". Pero sí... El final de la escena nos da a entender que no necesariamente este sea el camino que terminen tomando nuestros chicos. Falta mucho todavía. ¿Los chicos saben que Lysander es homo? Sí, y casi todos los miembros de la Hermandad ya se han dado cuenta de que pasa algo entre Lysander y Keith, aunque mantienen un bajo perfil por ahora. Lancelot: hay muchas opciones sobre lo que puede estar sucediéndole, ¿no? ¿Y si se está preparando para terminar con Hedda y ahorrarle el sufrimiento cuando elija a su familia? Bueno, si fuese a elegir a su familia, sería lo más correcto no? Pero Lancelot no es tan desinteresado... Es posesivo, y celoso. No lo veo dejando ir a Hedda con facilidad...
MA154: ¿Hermione le propone a Harry usar magia oscura para luchar con las sombras? No! No le propone exactamente eso... Habla de otro tipo de magia, también poderosa. Harry la conoce porque Dumbledore le enseñó que es la magia más fuerte de todas... Pero también sabe que no es algo para tomarse a la ligera. Ese tipo de magia... Conlleva un precio. Fue un partido de Quidditch express, más que todo porque lo importante no era el partido en sí, sino las conclusiones que Albus saca a partir de cómo juega Lancelot. ¿Quieres que gane Hufflepuff? Bueno, tienen una de las mejores Buscadoras, así que las chances son buenas. ¿Morirá alguno de los 6 o alguno de ellos se alejará? Sabes que no puedo responder esto, pero como siempre digo... Todo es posible. Todavía quedan dos libros enteros, y el final de éste, y la guerra ya está sobre ellos... ¿Puedo prometer que todos los personajes llegarán vivos al final de la saga? No. ¿Puedo prometer que lo harán los seis chicos principales? Tampoco. ¿Quiere decir eso que alguno de ellos va a morir? No necesariamente jaja. ¿Qué carreras quieren seguir los Caballeros? Oh, ya te irás enterando ;) ¿No te gusta más la idea de James/Hedda? Bueno, quien te dice... Tal vez no terminan juntos. ¿Veremos algo más de Lorcan? Sí! Verán más de Lorcan. Tengo varias cosas planeadas para el futuro no sólo de él, sino de todos los Caballeros de la Mesa... Pero tendrán que esperar al próximo libro... Y tal vez, al siguiente también jaja.
lulu0611: Las fiestas de Slughorn jaja. No incluí ninguna de ellas durante los libros porque no venían a la trama en sí... Pero por supuesto que hubo. El viejo profesor no ha perdido su manía por coleccionar estudiantes. ¿No te imaginas a Albus como Auror? Bueno, es difícil verlo "siguiendo órdenes"... Pero Harry tampoco era la mejor persona para seguir las reglas, y sin embargo, es Jefe de Aurores ahora. Pero es verdad que la política también es algo que se le daría muy bien. Sobre las profesiones de cada uno de los chicos... No quiere decir que después terminen dedicándose a eso. En el camino podrían pasar cosas que los hagan cambiar de opinión, o nuevas opciones que antes no habían contemplado. Creo que todos entendemos a Albus en su pensamiento de mantener la Hermandad con personas de su confianza... Es algo parecido a lo que hizo Dumbledore con la Orden del Fénix, y ahora lo está haciendo Harry. Pero a veces... los números importan. Y ellos son pocos cuando se comparan con la cantidad de personas que tienen en el bando opuesto. Y a veces, esta idea de Albus pareciera no basarse sólo en que quiere gente en la que confiar... Pareciera también que le gusta que sea gente que lo admire, que lo obedezca, que lo vea como un líder... Y fíjate que esto se vuelve notorio en su preocupación respecto a Circe, y como baraja la posibilidad de "manipularla" con la información nueva que tiene de ella para conseguir su "obediencia". En cierta forma, Circe es una de las pocas personas (sino la única) dentro de la Hermandad que no mira a Albus con completa admiración. ¡Y no, no eres una positivista extrema! Efectivamente, Hermione no habla de magia negra cuando dice que todavía hay algo más que pueden probar además de la felicidad... Y sí, se refiere al amor. Pero Harry ha aprendido que hay algunas formas de magia demasiado poderosas como para ser manipuladas sin el adecuado cuidado. ¿Llegaremos a ver la guerra de la frontera? Sí, veremos algo de eso... Y no sé por qué, pero imaginaba que me dirías que adorabas a Dom jaja. Sobre el quidditch: no, no ha sido un partido emocionante, pero en primer lugar, porque lo importante no era el partido en sí, sino Lancelot... Y en segundo lugar, porque sin su capitán jugando al 100%, Slytherin jugó fatal.
Breleth: ¿Todo puede suceder? Bueno, sí... Prácticamente todo puede suceder. Algunas cosas creo que van a ser un poco predecibles, porque podemos imaginar el futuro de muchos de los personajes que conocemos, pero me gusta pensar que todavía me guardo un par de sorpresas bajo la manga, jeje. ¿Por qué piensas que voy a matar a Lysander? Me da mucha curiosidad cuando los lectores me preguntan sobre la posibilidad de que mueran algunos personajes... Quiero qué es lo que les hace pensar que podrían morir jaja. Ya lo he escuchado varias veces para Lysander, así como también para Elektra, Lily... Y un par de personas han sugerido la muerte de Albus también. ¿Tessa es un personaje heterosexual? Bueno, por ahora lo es. ¿Cuál es el valor del personaje de Tessa? Bueno, sí, es el primer amor de Albus... Pero tiene también sus detalles, algunos que ya hemos visto, y otros que sucederán más adelante. Pero por ejemplo, ella fue quien le dio el libro La Magia a Albus, y ese libro fue un antes y un después para él. ¿Hasta dónde llegará la lealtad de la Hermandad? Bueno, supongo que tendremos que ponerlo a prueba, no?
BSCE: a veces me pregunto si no hay demasiadas "subtramas" en esta historia... Pero es que muchas veces me dejo llevar jaja. He creado una pequeña trama para cada uno de los personajes... Y muchas de estas historias, están entrelazadas entre sí. Es posible que ahora no se entiendan algunas cosas... O algunos personajes no parezcan tener demasiado sentido... Pero prometo que lo tienen. O espero que lo tengan una vez que la historia esté terminada jaja. ¿Tessa se da cuenta de los sentimientos de Circe? Si y no... Es decir, sabe que Circe la quiere, y mucho. Pero no, no sabe que ella está enamorada. ¿Donde están, en el fondo, las lealtades de Circe? A veces, es difícil saber esas cosas hasta que no se ponen a prueba. ¿Hacia dónde va Elektra con sus sentimientos por Albus? Mmm... Ese es un libro que Ely no termina de cerrar, no?
anilem12: Un final donde Albus y Harry pelean contra el Mago... Bueno, tendremos que esperar y ver si efectivamente es así como se dan las cosas jaja. Es todo lo que puedo decir al respecto. Sobre las profesiones de cada uno de los chicos: es verdad que los motivos por los cuales Albus se plantea ser auror no son los más "nobles" o "románticos", sino que mas bien resultan... competitivos, diría yo. Y sí, ya se que mis frases ominosas sobre el futuro les ponen los pelos de punta jaja. Pero también sirve para reflejar que, a pesar de que esos pueden ser sus proyectos o sueños ahora, éstos pueden y van a cambiar con los años. Sobre la Orden: siguen un paso por detrás de el Mago, pero al menos están avanzando, lo cual no es poco. Oxanna... Un personaje nuevo que aparece y que trae más preguntas que respuestas, no? Quien es? Donde está? Es aliada o enemiga? Sobre tu duda de si la Orden está investigando todo lo relacionado a Walter... Sí, efectivamente, quieren obtener toda la información posible, buscar alguna respuesta sobre cómo es que el Mago de Oz consiguió controlar 5 dragones. Sobre Albus... Es un buen líder de la Hermandad, pero ojo, que sus razones para no sumar más gente se deben también a que sabe que no puede controlar con tanta facilidad a un grupo grande... Y Albus tiene un problema de ego. Le gusta sentirse importante, respetado... incluso temido. Circe es la única que no parece caer bajo sus encantos como el resto de los miembros de la hermandad, y eso también es lo que lo lleva a barajar la posibilidad de contarle o no a Tessa la verdad sobre los sentimientos de Circe. No lo hace simplemente porque no quiere romper la amistad entre ellas... Sino porque no quiere que Circe lo traicione.
BiBiBe: La relación de Tessa y Albus es... compleja. No es una mala relación. Albus la quiere, y Tessa verdaderamente está enamorada de él. Pero creo que, después de todo lo que hemos visto en este libro, todos coincidimos en que Albus no es la persona indicada para ella. Él mismo reconoce que no puede darle lo que Tessa busca. Y bueno, aquí vemos un poco de su egoísmo, ya que a pesar de que lo sabe, igual decide quedarse con ella, y se justifica diciéndose a sí mismo que Tessa lo conoce y sabe lo que elige quedándose con él. Y creo que Tessa ha tenido un año muy difícil. Ha perdido a sus padres... Y creo que no puede permitirse perder también a su novio. En este momento, Albus es como un ancla para ella. Lo necesita para no sentirse a la deriva. ¿Albus es capaz de ser mejor novio si encuentra a "la indicada"? Mmmm... No se si tanto. El tiempo podría ayudarlo a madurar en su forma de vincularse con la gente... pero creo que su vínculo con Tessa nos habla mucho de él. Albus no es el tipo de persona que antepondría una relación a su desarrollo personal... De hecho, creo que todo lo contrario.
Reinier: Primero que todo, te doy la bienvenida a mi historia, y las gracias por tomarte el tiempo para leerla. ¿Vas por el segundo libro? Templo de Hades es uno de mis favoritos, personalmente jaja. ¿Cada cuánto actualizo las historias? Intento subir un capítulo por semana, pero a veces lo hago en menos tiempo, y a veces (como ahora) me demoro un poco más.
maddie. sophie: ¿Así que prevees que esta historia se prolongará más allá de Hogwarts? Es cierto que la guerra parece estar recién empezando, y la perspectiva de que se termine en dos años es... poco probable. Pero incluso si así fuese, hay que ver si en dos años los chicos siguen queriendo estudiar las mismas cosas! ¿Albus como un profesor? Mmm... Tendría que madurar mucho en el camino, así como abandonar algunos de sus "sueños de grandeza". Tessa y Albus... Creo que todos vemos los problemas en esta relación, y lamentablemente, recaen sobre Albus. Y él lo sabe. Pero la realidad es que, aunque no sea la relación ideal, a ambos les funciona. Tessa necesita tener una figura constante a su lado en este momento. Alguien en quien apoyarse, que le genere tranquilidad y protección. Y Albus cumple con eso, aunque falle en otras cosas. ¡Y que bueno que te gustara la confirmación de lo de Circe! Era algo que creo que todos los lectores ya sabían porque yo lo revelé hace tiempo cuando respondí un review (ups jaja), pero era hora de confirmarlo en la historia.
Severus 8: podemos concluir en que ambos nos hicimos sonrojar mutuamente con nuestras halagadoras palabras. Y no exagero cuando digo que es un placer escribir cuando del otro lado hay lectores como tú, que valoran el trabajo y se sumergen enteramente en la historia, apreciando los pequeños detalles. ¡Prometo no dejarlos con un cliffhanger demasiado grande! jaja... Pero sí, este libro terminará con muchas cosas sin resolver, pendientes para ser respondidas en la próxima entrega. A mi tampoco me gustaba el Club de las Eminencias, pero me imagino que Horace siguió adelante con él después de la guerra, y creo que querría tener dentro del mismo a todos los hijos de Harry. ¿Un capítulo mostrando alguna reunión del club, y quienes de la nueva generación han sido invitados? Jaja... Bueno, no se si amerita un capítulo, pero tal vez aparezca en algún punto de la historia. Si no lo hace, puedo escribirte un one-shot para tu próximo cumpleaños jaja. A modo de regalo. La orientación vocacional... Albus: definitivamente no es el lider altruista y desinteresado que es Harry. Albus es... otro tipo de lider. De esos que inspira admiración y un poco de temor también. De esos que saben qué decir y qué hacer para conseguir el apoyo de alguien. Pero sí, yo también puedo imaginármelo viajando para estudiar distintas formas de magia con los mayores expertos del mundo. No eres el primero en sugerir que Albus podría terminar siendo profesor... Pero lo cierto es que el Albus que conocemos hoy, sediento de reconocimiento, jamás se quedaría en Hogwarts a enseñar. ¿Crees que la profesión de sanadora de Hedda sería una buena combinación para emparejarla con James? Jaja, ustedes cualquier excusa con tal de juntar a esos dos. Elektra: es un ser de luz, no puedo estar más de acuerdo contigo. Sea lo que sea que haga, será con el objetivo de asistir. Scorpius: sí, no eres la primera persona en sugerir que Scorpius podría ser un buen auror. Y confieso que por un momento lo pensé... Sobre todo porque sería una buena forma de reivindicar el apellido Malfoy. Pero pienso que alguien con su inteligencia, astucia y afabilidad se le daría muy bien el juego del tribunal. Lysander: posiblemente la elección menos predecible... pero siento que una vez que lo escuchas, empieza a tener sentido jaja. Rose: ya la has convertido en Ministra de Magia jaja. Cambiando de tema a las Sombras: sí, Hermione también pensó en la posibilidad de usar el Amor como fuente primaria... Pero a Harry no le gusta jugar con esa magia. Él sabe por experiencia propia que es magia poderosa, pero que viene con un alto costo. El algún momento Lancelot iba a tener que enfrentarse a lo inevitable. Viene evadiendo este momento desde hace años... Pero ahora, su último año de Hogwarts se acerca al final, y él tiene que elegir. Sobre Albus y Circe: Albus es un manipulador. Y a veces, es también un poco cruel. Los celos le jugaron una mala pasada... Y también su ego.
Saludos,
G.
