Capítulo 33
Itachi
—Felicidades, Itachi. ¡Ahora eres el dueño de este bar! —Bernie sonrió mientras me entregaba las llaves.
—Gracias, Bernie —dije mientras le daba la mano.
—Este fue mi legado y mi pasión por muchos años, hijo, y ahora es tu turno. Haz lo que necesites para hacer de este bar tu legado.
—Lo haré, Bernie. Disfruta de la vida de jubilado —dije mientras lo abrazaba.
—Lo haré, Itachi. Ustedes dos cuídenlo. —Bernie sonrió mientras inclinaba el sombrero y salía por la puerta.
Cuando alcancé a Sakura y la giré, la besé.
—No puedo creerlo, cariño. ¡No puedo creer que esto sea todo mío!
—Estoy tan feliz por ti.
La puerta del bar se abrió y mi madre, mi padre, Tenten y Mila entraron.
—¡Tío Itachi! —exclamó Mila mientras corría hacia mí.
La levanté y la besé en la mejilla.
—Bienvenida a Itachi's Bar and Grille, cariño.
—¡Sí! —exclamó.
La bajé mientras mi mamá y mi papá se acercaban y me abrazaban.
—Estamos muy orgullosos de ti, Itachi.
—Condenadamente orgulloso, hijo —dijo mi padre.
—Felicitaciones, gerente. —Sonreí mientras le arrojaba el juego extra de llaves a Tenten.
Me quedé allí y miré alrededor. Mi vida estaba exactamente como siempre quise que estuviese. Era el dueño de un bar, y tenía a mi lado a una mujer de la que estaba locamente enamorado. Mientras pensaba en todo esto, Sakura pasó su brazo alrededor de mi cuello.
—¿En qué estás pensando? —me preguntó.
—En lo afortunado que soy de poder compartir mi sueño y este momento contigo.
Se inclinó hacia mí y besó suavemente mis labios.
—Yo soy la afortunada. —Sonrió.
Mientras estábamos teniendo nuestro pequeño momento, Candi entró por las puertas del bar.
—Oye, jefe. —Sonrió mientras me abrazaba—. No tienes idea de lo feliz que estoy de que compraras este lugar.
Candi era una de las mejores cantineras que conocía. Tenía cuarenta y dos años y nunca se había casado. Tenten siempre había estado celosa de su largo y rizado cabello negro y trabajaron juntas durante años. Siendo ambas solteras, eran molestadas por los clientes. Candi fue prostituta. Llegó al bar una noche después de ser golpeada por su proxeneta. Tenía solo veintidós años en ese momento. Cuando Bernie la vio, la llevó al hospital. Después de que le dieron el alta, tuvieron una larga charla, y Bernie la trajo de vuelta al bar, le enseñó a hacer bebidas y le dio un trabajo. Eso fue hace veinte años, y todos los días nos contaba cómo Bernie le salvó la vida y le dio una segunda oportunidad.
Decidí hacer una fiesta de celebración con familiares y amigos esta noche. Puse un letrero en la puerta, diciendo que el bar estaba cerrado por hoy y que volvería a abrir mañana. Sakura caminó hacia mí y me dio un beso de despedida. Shizune, la directora de la escuela, la había llamado para una reunión. Mientras miraba hacia el escenario, me reí cuando vi a Mila allí arriba, fingiendo que sostenía un micrófono y cantando a viva voz. Mi mamá y papá se fueron justo cuando Óbito entraba.
—¡Amigo, felicitaciones! —dijo mientras chocábamos los puños—. Nunca pensé que vería este día.
—Yo tampoco, Óbito. Tú y Temari vendrán esta noche, ¿verdad?
—Por supuesto que sí y dependiendo de cómo se sienta Ino, ella y Sasori también.
—Oh sí, está bien. Hoy es el día de su cita en la clínica. Sakura quería estar allí con ella, pero Ino le dijo que Sasori la acompañaría.
—Es una mierda que se hayan metido en esta situación en primer lugar —dijo Óbito mientras le ofrecía una cerveza.
—¡Tío Óbito! —chilló Mila—. ¿Me oíste cantar?
—Claro que sí, y creo que vas a ser la próxima Taylor Swift.
Los ojos de Mila se ensancharon cuando sonrió.
—¿De verdad piensas eso?
—Si, en serio. De hecho, voy a llamar a American Idol y decirles que tengo una celebridad de nueve años sentada a mi lado.
Me reí entre dientes mientras le servía a Mila una Coca-Cola.
—Ven, cariño. Toma esto y ve a sentarte a la mesa.
—Gracias por la cerveza, amigo. Voy a ir a casa, cambiarme, y luego esperar a que Temari termine su sesión de fotos. Te veré más tarde —dijo Óbito mientras nos dábamos la mano.
Mientras estaba sentado en mi oficina, revisando algunos papeles, Sakura entró y de inmediato supe que algo andaba mal.
—Hola nena. ¿Qué sucede? —Me levanté de mi silla y la abracé.
—La maestra que estoy reemplazando regresa a trabajar el lunes. Su esposo falleció antes de lo que pensaban y dijo que necesitaba volver a la docencia para dejar de pensar en eso.
—Aw, cariño, lo siento —le dije mientras la abrazaba fuertemente.
—Quiero decir, puedo entender que necesite volver y lamento que su marido haya fallecido, pero voy a extrañar a mis estudiantes. —Comenzó a llorar.
—Sé que lo harás. Sé lo mucho que significan para ti. —Besé su cabeza.
Mi corazón se rompió por ella. Amaba su trabajo y a sus alumnos. Quería quitarle su tristeza, pero no sabía qué hacer.
—Puedes trabajar aquí en el bar.
Rompió nuestro abrazo y me miró.
—Gracias, pero no. Por mucho que te quiera, no quiero trabajar para ti. De todos modos, Shizune dijo que uno de los maestros se jubilará a fin de año, y cuando reubiquen a otros profesores, habrá un puesto disponible y me dijo que es mío. Me enfocaré en la fotografía por un tiempo.
—Esa es mi chica. —Sonreí.
Incliné mi cabeza mientras la miraba y suavemente limpié sus lágrimas. Acerqué su rostro al mío y le besé suavemente los labios.
—Sabes, para que este lugar sea perfecto, tenemos que tener sexo aquí.
—¿Cómo es eso? —Sonrió mientras se mordía el labio inferior.
—Creo que mi oficina es el lugar perfecto para comenzar, señorita Haruno. —Sonreí mientras desabrochaba lentamente los botones de su camisa, luego la sacaba de sus hombros.
—Estoy de acuerdo, Sr. Uchiha. —Su sonrisa se amplió cuando sus dedos agarraron la parte inferior de mi camiseta y la levantó sobre mi cabeza.
