Este Fic es una adaptación de la novela "Déjame amarte" de Maruena Estríngana la cual les comparto sin fines de lucro,

sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Trol mayor" Tite Kubo. Espero lo disfruten.

Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.

Capítulo 30

Rukia

Con dedos temblorosos meto el CD en mi portátil y espero a que se ponga el vídeo.

Cuando aparece, veo a una Yuzu muy joven con un chico, besándose en un cuarto.

Hay poca luz pero se sabe quién es ella. De repente él quiere quitarle la camiseta y

Yuzu se aleja. Noto en sus ojos el miedo ante lo desconocido y como el joven la

camela con palabras bonitas y Yuzu acaba asintiendo, pero no veo que sea por

deseo si no más bien por tratar de encajar, ya que él le ha dicho que es lo que hacen

todos. Se me llenan los ojos de lágrimas por esa Yuzu incomprendida que por tratar

de encajar se dejó engañar por un mentiroso que sólo quería burlarse de ella. Cuando

le va a quitar la camiseta a Yuzu el vídeo se detiene. Y aparece una frase: De ti

depende que la gente de este pueblo no recuerde el pasado...

Suelto el PC y cojo el papel que me ha dejado Kugo donde aparece su número de

móvil. Lo llamo conteniendo la respiración.

—Hola, Rukia.

—Eres un desgraciado...

—Intuyo que ya has visto el vídeo —dice, cortándome—. O, mejor dicho, la prueba

de que tengo el vídeo que hizo tanto daño a la inocente Yuzu. Os he visto juntas

trabajando y se nota que te aprecia y tú a ella. Es tan fácil manipular a la gente que

tiene sentimientos. A la gente que busca lo bueno en las personas siempre pese a los

palos que le dan... eres tonta, Ruzu y yo muy listo porque sé cómo aprovecharme de

ello. Te espero en la playa, de ti depende que no suba este vídeo a la red. Y yo que tú

me daría prisa y no llamaría a nadie ya que lo subiré si noto que algo no va bien. El

tiempo corre, Rukia...

Dejo el teléfono sobre la mesa y no dudo en ir. Me pongo una chaqueta y voy hacia

allí pensando en si debería o no avisar a Ichigo... ¿Para qué? Me ha dejado claro que

estoy sola. Que lo que hemos vivido estos días sólo ha sido un espejismo.

Llego a la playa y busco a Kugo. No tardo en verlo pues no hay nadie a nuestro

alrededor. Me acerco hacia él. Llega hasta mí y me pide el móvil y el bolso. Se lo

entrego porque tiene una tableta en la mano y puedo ver cómo está subiendo el vídeo.

—No lo hagas...

—Todo depende de ti —saca una pistola de su pantalón y juega con ella,

apuntándome. Me quedo petrificada, me veo a mí de niña, ante mi padre y recuerdo

cómo éste apuntaba contra mí sin pensárselo y ahora, más adulta, sigo teniendo ese

miedo a que lo hagan de nuevo.

—¿Qué quieres? —le digo, sin poder apartar los ojos de su pistola.

—Tienes dos opciones. Puedes venir conmigo por las malas, a punta de pistola y

subiré el vídeo, o por las buenas y dejaré de subir el video y sólo sufrirás tú. ¿Qué

decides?

Veo en sus ojos que se saldrá con la suya haga lo que haga. Trato de encontrar una

vía de escape y pone el dedo en la pistola. Me quedo tan petrificada que asiento,

ahora mismo no sé qué pensar. Sólo escucho el arrollador ruido del arma al

dispararse. Sólo siento el dolor...

—Creo que no tengo opción —digo, dando un paso hacia él.

—Eres tan tonta, tan buena... das asco, pero te deseo. No dejo pensar en tu perfume,

en tu cuerpo... tengo que atarte... hacerte mía a la fuerza... todo esto es culpa tuya. Si

no te hubieras ido, no hubiera tenido que seguirte e implicar a Yuzu. Tenía este

vídeo porque fui uno de los que participo en la apuesta, pero nadie lo sabía. Ya ves,

guardarlo ha servido de algo. Y que se suba es culpa tuya por huir de mí. ¡Tú me has

traído aquí!

Siento asco. Me cuesta mucho reprimir las lágrimas mientras ando hacia él

pensando en cómo escapar.

—Vamos, Rukia —separa la pistola y pienso en correr pero no me da tiempo antes

de que pueda hacer algo.

—¡Aléjate de ella! —la voz de Ichigo me hace girarme.

—¡¿Se lo has dicho?! ¡Eres tonta! Ahora pagarás las consecuencias —y antes de que

lo piense racionalmente pone el dedo en el gatillo para apuntar a Ichigo.

No lo pienso y me lanzo contra él sin importante que con mi acción la bala me

atraviese. Sólo pienso en salvar a Ichigo. Escucho el disparo mientras caigo a la arena

con Kugo. Miro hacia atrás al tiempo que veo por el rabillo del ojo que Ikkaku sale de

las sombras y viene hacia nosotros. Veo a Ichigo llevarse la mano al pecho. No hay

luz suficiente para verlo bien pero la luna llena me deja ver que sus dedos se llenan

de sangre. No puedo moverme. Me quedo congelada. Y casi no soy consciente de que

Ikkaku corre tras Kugo y de que Ichigo los sigue de cerca, ignorando que la sangre

corre por su pecho. Los gritos de Kugo congelan el aire cuando lo atrapan y escucho

otro disparo que me hace aislarme más del mundo. No consigo salir de esta pesadilla.

No consigo olvidar lo sucedido. No sé reaccionar. Estoy temblando.

—Rukia... mírame, Rukia... —la voz de Ichigo me trae de vuelta. Lo miro y lo veo

arrodillado ante mí con una mano en su pecho y otra en mi mejilla.

Sólo puedo ver la sangre salir, no sé exactamente de dónde pero sale mucha. No

puedo perderlo. Todo esto es mi culpa. Yo le he traído a Kugo. Todo es mi culpa.

Me levanto y me alejo de Ichigo cuando llegan los del servicio médico. Ichigo les

gruñe pero está tan falto de fuerzas que no puede luchar contra ellos cuando se lo

llevan para curarle.

—Rukia... se pondrá bien, tu rápida acción ha hecho que solo le diera en el

hombro. Pero está perdiendo mucha sangre.

Asiento a Ikkaku, que no sé de dónde ha salido, y me voy hacia mi casa al tiempo

que la ambulancia se lleva a Ichigo. Entro en mi piso y me rompo en dos. No puedo

dejar de llorar. No puedo parar de revivir lo sucedido y de ver a Ichigo con el pecho

ensangrentado y a mí siendo una niña. No puedo dejar de sentirme culpable. Si no

hubiera venido a este pueblo Ichigo no se hubiera visto envuelto en esto, ni Yuzu.

Yo no traigo nada bueno a la gente. Además, ya no hay nada que me ate aquí. Ichigo lo

dejó muy claro esta tarde.

Ignoro el tiempo que me paso llorando en el suelo de mi piso, sacando todo lo que

siempre guardo en lo más recóndito te mi alma.

Recojo mis cosas cuando es cerca del amanecer, cansada y deshecha de dolor.

Siento que con cada parte de mí que guardo en mi pequeña maleta donde solo meto lo

imprescindible, se muere una parte de mi alma. Es la primera vez que, mientras hago

la maleta, me doy cuenta de que yéndome dejo atrás infinitos recuerdos bellos.

Recuerdos donde he sido feliz de verdad. Y casi todos con Ichigo. Y sé que si he

alargado mi partida haciendo la maleta, es porque me cuesta decir adiós a todo esto.

Me limpio las lágrimas con impotencia y temblando por lo sucedido y sigo con la

maleta, sin poder olvidar el ruido del disparo, la sangre... mi miedo a que Ichigo

estuviera herido de muerte.

Tocan a la puerta y no pienso abrir hasta que escucho su voz y no puedo ignorar el

alivio que siento al escucharlo y saber que si está aquí es porque está bien. Abro y me

encuentro a Ichigo vestido con la ropa de hospital. Kaien está tras él, por su cara no le

hace gracia haberlo traído.

—¿Qué haces aquí?

—Me niego a que me duerman de nuevo y que cuando despierte tenga que buscarte

en quién sabe dónde, aunque intuyo que tu próximo destino sería coger un barco hacia

la isla que está en línea recta con este pueblo.

Aparto la mirada, molesta, porque esa idea se me ha pasado por la cabeza.

—¿De qué sirve que me conozcas tan bien? No sirve para nada. Tú estás así por mi

culpa, Ichigo —miro su hombro y se me llenan los ojos de lágrimas. No puedo negar

que verlo me ha aliviado. Pero su cara muestra un color blanquecino poco habitual en

él.

—No puedo dejar que te marches. Que te alejes de mí por ser un idiota que tiene

miedo y te ha dicho cosas horribles para no sentir nada. Por ser un cobarde... no

dejaré que me quite nada más. Tú lo has dicho esta tarde, yo tampoco he afrontado el

pasado y por su culpa casi te pierdo.

—Necesito saberlo todo... saber qué te hace ser así.

—Te lo contare todo. No te vayas —me pide, y noto tanta desesperación en su

mirada que sin que diga las palabras que espero que salgan de sus labios sé que lo

que veo en sus ojos es amor. Me acerco y lo abrazo con cuidado. Ichigo parece

respirar aliviado y lo noto temblar en mis brazos. Temo romperme de nuevo.

—Ha sido mi culpa...

—Ha sido culpa de Kugo. Y pagará por ello, eso te lo juro.

—Será mejor que regresemos. Has perdido mucha sangre —nos informa Kaien.

—¿Vienes?

—Sí. No vaya a ser que obligues una vez más a Kaien a seguirme.

—Te prometo que lo haría de nuevo.

Bajamos hacia el coche de Kaien e Ichigo se pone detrás, conmigo. Ahora que me

tiene a su lado se relaja y noto que le cuesta estar despierto. Tiene tensa la mandíbula

y le debe de doler mucho la herida.

—Eres un cabezón. Un tonto...

—Y un idiota por haberte dicho lo que te dije. Soy todo eso y mucho más. Pero he

conseguido que te quedes a mi lado.

—Algo bueno tendrás, entonces —le digo, acariciando su mano, preocupada por su

estado.

Cuando llegamos al hospital, en la puerta está su familia con una silla de ruedas

lista para Ichigo. Todos lo miran de manera reprobatoria y luego a mí. Conforme se lo

llevan, me abrazan y luego me echan la bronca por haberme querido ir. Nadie duda

que lo iba hacer.