CAPÍTULO 33

LA SEÑORA DE LA TORRE MÁGICA

.

.

.

Su presa estaba cerca. Nates lo podía oler.

Llevaba unos días de cacería en Chadwick, rumores indicaban que la persona que le ordenaron buscar fue vista en los barrios del imperio, juntándose con las ratas que ahí se reunían. Días atrás, ocurrió un ataque en el imperio de Menevras que cobró la vida de dos magos, dejando otro grupo de heridos y el lago Vitta destrozado así como manchado por primera vez en siglos de sangre. La razón se debió al estallido de magia del maestro Deckard, estallido que hizo explotar a su vez a las quimeras oscuras que lograron abrirse paso en el imperio.

Quimeras que se atrevieron a herir de gravedad a la dama Verónica.

Ahora con la dama a salvo y fuera de peligro, Nates reemprendió su búsqueda. Chadwick, por suerte para él, no era un imperio grande. Rasluan sí hubiera sido más agotador ya que la extensión de tierra que poseía era enorme, buscar a un individuo, todavía teniendo un rastro de olor, iba a tomarle semanas. Chadwick seguía siendo casi más extensa que Menevras, pero nada que él no pudiera lidiar. Por otro lado, tenía que agradecer el agradable clima cálido del imperio. La dama Verónica solía quejarse de que, en aquel escape que se dio al imperio, el calor había sido fatal, pero para un dragón de sangre fría como él, el clima árido y caliente de Chadwick era ideal.

Aquel aroma le hizo detenerse en el aire, cercano a un barrio en el noreste del imperio. Más al este empezaban los desiertos y el campo abierto, un área poco adecuado para esconderse gracias a la falta de zona boscosa. Buena parte de Chadwick se limitaba a eso, a grandes parcelas desprovistas de árboles, con nada más que amplios desiertos. Dado que estaba en la última parte de la ciudad, definitivamente tendría que encontrar a su presa ahí.

Nates recorrió los callejones. Eran callejones rectos, sin desvíos ni desembocaduras, en contraposición a Menevras o Rasluan cuyas calles parecían un laberinto donde un callejón converge en otro y que a su vez tiene otros tres desvíos diferentes. En Chadwick los terrenos son amplios pero las ciudades son pequeñas, únicamente se permitieron extenderse cuando instalaron el primer tranvía en la ciudad vecina.

El olor de su presa se volvió más intenso. Los ojos del dragón se afilaron, su instinto alerta indicando que estaba cerca. Por fin, luego de días de intensa búsqueda, lo vio. Estaba saliendo de un edificio, la capa oscura echada sobre la cabeza, como si buscara mimetizarse con la oscuridad de la noche. Nates ronroneó de gusto, se lanzó hacia su presa, abrió su hocico y clavó sus dientes en su glúteo izquierdo.

Ronroneó aún más al escuchar el placentero grito de dolor de su presa.

Había encontrado a Eciar.

.

.

.

El suave ronroneo de Nates hacía eco en los fríos calabozos del palacio real de Menevras. Eciar estaba recostado boca abajo en el catre, la dura mordida del dragón recorría desde su nalga izquierda, bajando por el glúteo a la pierna, también subía a su cadera y baja espalda. Había escuchado de la saliva tóxica de los dragones, una mordida de ellos y no contabas con mucho tiempo de vida. Según le informó el dragón, su saliva no era mortal, tan solo afectaba los nervios del cuerpo causando mucho dolor por unas horas.

Él no podía moverse ya que le causaba dolor. No podía respirar porque le causaba dolor. Incluso el no hacer nada, el permanecer quieto, le causaba dolor. La sensación se asemejaba a pinchazos de gruesas agujas en la carne de forma intermitente pero continúa.

El sonido de la puerta principal de los calabozos abriéndose, luego los pasos de alguien que se acercaba trajo su mente al presente. Cuando giró la cabeza hacia las rejas, primero vio al dragón sentado al otro lado, vigilando. Su cola se ondeó como un cachorro complacido, si fuera humano estaría sonriendo con malicia.

—Asqueroso saco de escamas —escupió.

—Humano bastardo —ronroneó el dragón.

Junto a la criatura, el segundo príncipe heredero se paró. Raynor lo observó unos segundos, su rostro sin emociones.

—Muchas gracias por encontrarlo, Nates.

—Ha sido divertido. —Con un salto, Nates comenzó a revolotear junto a la cabeza de Raynor para estar a su altura—. Hace siglos que no tenía una caza tan entretenida. Por lo general, solo cazaba la comida. —Los ojos amarillos del dragón se giraron hacia Raynor—. ¿Puedes liberarlo después para cazarlo de nuevo? ¡Quiero tener otra cacería!

Raynor le dio una sonrisa condescendiente.

—Lamentablemente, no se puede hacer eso, Nates. —Al ver la decepción en la criatura, Raynor añadió—. Pero prometo encontrar alguien más a quien puedas cazar. —Fue entonces que giró su completa atención hacia Eciar—. Has traído bastantes problemas.

Todavía acostado boca abajo, Eciar tuvo el descaro de sonreír.

—¿Las quimeras lograron matar a la falsa Evelyn?

De todas las palabras que Eciar pudo decir, Raynor sin duda no esperaba esas. Su rostro gritaba desconcierto, confusión.

—¿Cómo sabes de las quimeras? Estabas fuera de Menevras cuando... —La mirada de Eciar fue apagando su voz. Aferró los barrotes de la celda con ambas manos—. ¿Estabas detrás de todo esto?

—Luego de servir en los negocios sucios del conde Herschel, ¿crees que no forjé los contactos adecuados en la parte más podrida del mundo?

—Casi tan podrida como estás tú. ¿Fue un plan tuyo, o estabas en complicidad con alguien más?

—No cometo errores dos veces. ¿Por qué iba a unirme a alguien más después del fiasco que fue aceptar la propuesta de aquella perra?

Raynor se tomó unos segundos en hablar de nuevo.

—¿De qué manera lograste introducir aquellas quimeras? ¿Tuviste contacto con magos oscuros?

—Fue la única manera, ¿no lo crees? —Eciar le dio una despreciativa mirada de arriba hacia abajo—. No que me agradara, recurrir a magos me refiero. Pero fue la única—

—Pensé que Evelyn te importaba —interrumpió Raynor—. A pesar de que esté otra persona en su cuerpo—

—¡Ella ya no es Evelyn! —gruñó por el dolor, pues había apoyado sus antebrazos en el catre para alzarse unos centímetros—. La Evelyn que conozco no haría ni una mierda de lo que ella ha hecho. Mezclarse con magos, con sirvientes muertos de hambre, vestir como una noble de baja categoría, ¡follar con imbéciles! ¡Sí, sé que ella dejó que ese maldito mago bastardo la infectara con sus fluidos!

El entrecejo de Raynor se frunció.

—¿Qué demonios estás...? ¿No eres su medio hermano?

—¿Crees que me importa eso?

Fue entonces que Raynor comenzó a captar la gravedad del problema. Si no estaba errado en sus suposiciones, Eciar parecía profesar un ilícito amor hacia su propia sangre, uno que le estaba llevando a la locura de incluso creer tener un derecho sobre la propia Evelyn.

En definitiva fue algo de lo que no esperó enterarse.

—¿Tenías alguna relación con lady Rothschild? Hablo de Nicolette.

Eciar no respondió de inmediato.

—Algo. ¿Por qué debería contarte?

—Estuviste bastante cooperativo con respecto a tu activa participación en la filtración de las quimeras, ¿pero te niegas con algún plan que tuviste con lady Rothschild?

—Lo que ella haga no es de mi interés ya. —Eciar hizo una mueca al dejarse caer de nuevo en el catre—. Resultó ser una perra decepcionante.

—¿A qué te refieres con eso? —Raynor se separó de los barrotes—. Te informo unos asuntos. Hay una acusación en tu contra sobre quién puso aquella maldición en el collar de lady Rothschild, y ella no ha negado nada en lo absoluto al respecto. —Sus ojos se entrecerraron—. ¿No te preocupa?

Eciar bufó.

—¿Yo fui quien colocó esa maldición? Por favor, ¡ni mago soy!

—¿Quiere decir eso de que sabes quién lo hizo y el por qué? —Eciar no contestó—. Claramente, al confesar que estuviste tras la filtración de las quimeras, vas a pasar un tiempo aquí. Pero puedes salvarte del otro cargo si das un poco de información.

Eciar demoró dos minutos exactos en responder.

—Te diré únicamente de que ella solo pretende separar a aquel mago de esa bruja falsa. No sé nada más. Ella no me dijo nada más.

—Eciar, ¿Nicolette en serio no te dijo nada más? ¿Sabe ella quién está en el cuerpo de Evelyn?

—Solo dijo que es una usurpadora y que me ayudaría a regresar a Eve, es claro que no le importa en lo más mínimo, ¡como a todos ustedes, malditos!

Raynor retrocedió unos pocos pasos. Nates, que estuvo en silencio hasta entonces, se acercó al príncipe un instante después.

—¿De qué se trata todo esto, señor? —La cabeza del dragón se movió, sus ojos se enfocaron en la figura desplomada de Eciar—. A mi entendimiento, la dama Verónica solo ha confesado la verdad a un grupo selecto. El maestro Deckard, ese humano asqueroso... El maestro Deckard solo lo ha comentado a la maga Enola, y usted junto con el emperador lo saben.

—Es obvio que Nicolette lo supo por otros medios. —Ambos, hombre y criatura, tenían la mirada en Eciar mientras hablaban—. Ella no es alguien en quien debamos confiar, Nates. —Respiró, ajustando su uniforme—. Sigue vigilándolo. He obtenido un par de respuestas por ahora.

—¿Debo informar al maestro Deckard sobre esto?

—No. Déjame hablar de esto a mí.

Nates asintió, dejó que Raynor se marchara de los calabozos en tanto él continuaba su vigía. Por lo que escuchó, es probable que Eciar no sea acusado directamente por el collar maldito del que tanto ha oído mencionar, no obstante recibirá los cargos pertinentes sobre la filtración de las quimeras y las muertes no intencionales de los magos durante ese ataque.

Lo que a Nates no le terminaba de calzar era cómo esa noble supo sobre la verdadera identidad de Verónica. Tenía una idea base de quién era, sabía que había un mago de apellido Rothschild en la torre y que contaba con una hermana que varias veces le visitaba. Nates la vio en pocas ocasiones. Ella no tenía magia. ¿Le habrá contado su hermano algo?

Nates no lo sabía, así que optó por dejar la situación en las manos de Raynor y el maestro Deckard, si bien se prometió que vigilaría concienzudamente a aquel par de hermanos.

.

•—•—•—•—•—•—•—•—•—•—•—•—•—•

.

Finalmente, al cabo de unos días más, pude recibir la visita de Myriam a la torre.

—No puedo quedarme por mucho tiempo. Mi padre está la idea de que he ido a visitar a lady Stonehurt.

Parpadeo, confundida.

—No entiendo. ¿Por qué no le dijiste que venías a visitarme? —Me encojo de hombros—. Le agrado a tu padre, ¿no?

—No. Lamentablemente, las cosas respecto a ti han cambiado en estos días. —Myriam avanza conmigo por el patio de la torre—. Desde que varios nobles la vieron haciendo magia el día de la ataque...

—Mierda, ¿ya la cagué, verdad? —Claro. Deckard declaró que yo no poseo magia, pero hice magia al enfrentarme a aquella quimera.

—Disculpa, ¿qué dijiste?

—No. Nada. —Paso una mano por mi frente—. ¿De qué se trata con exactitud?

Myriam se toma unos segundos en pensar sus palabras.

—No estoy al tanto de todos los detalles, comenzó cuando el barón Rothschild tuvo una reunión con varios nobles hace un par de días para hablar sobre la decisión que tomó el emperador con respecto al juicio que tuvo. —Ella me ve de reojo—. Muchos nobles no estuvieron durante el veredicto donde tal parece que el emperador le dio la absolución así como rompió el compromiso entre usted y el príncipe heredero. —Nos detenemos a varios metros de un acantilado, observamos la costa y el amplio mar que rodea el imperio mientras Myriam habla—. Además, rondan varios rumores. Uno indica que el maestro Deckard y usted estaban asociados para que él mintiera, otro rumor indica que... engañó a todos para acercarse al maestro Deckard con fines oscuros, uno más amable dice que usted lo hizo para escapar del palacio y del compromiso.

Me quedo anonadada.

—¿Qué más hay sobre esa reunión entre el barón Rothschild y los demás nobles?

—Como dije, no sé mucho. —Myriam frunció el ceño en concentración—. Solo es algo que sé porque mi padre me lo comentó, que a su vez se lo comentó el padre de Charlotte. Tal parece que el barón quiere buscar la manera de que se reemprenda el juicio con un público más selecto y justo. No está satisfecho con que usted esté libre. Quiere que cumpla una condena por lo hecho a lady Nicolette.

—¿Ese hombre sigue insistiendo en que yo fui quien colocó magia negra en el collar?

Myriam asintió.

—Y todo se refuerza con la demostración de magia que usted hizo para salvarme... —Ella baja la mirada, se gira para enfrentarme y toma mis manos—. Que siempre estaré agradecida por lo que hizo. Apenas tenemos un tiempo disfrutando de esta amistad, y aun así arriesgó su vida para detener a aquella quimera.

—Siempre protejo a mis amigos. —Aprieto sus manos unos segundos, antes de soltarla—. Creí que al venir aquí estaría libre de los nobles. Me he equivocado.

Myriam duda. Puedo notar que quiere decir algo.

—La primera vez que nos vimos, me dijo que no poseía magia. Tal parece lo desconocía. Ahora su aura es más notable... pero es un aura de color.

—Realmente no era consciente de que tenía un aura mágica, es cierto. Ahora puedo verla. —Levanto mi mano, puedo ver el fino brillo contornear toda mi extensión—. Todavía sigo aprendiendo de ella, me queda mucho por aprender. Lo único que te diré es que... es que yo, yo tengo relación con los dioses. —Estoy nerviosa. Es la segunda vez que lo digo, desde ese día en la biblioteca con aquellos magos. A partir de ahí, todos me están mostrando un respeto que aunque aprecio, me hace sentir un tanto incómoda. No quiero que Myriam haga lo mismo—. Mi magia está relacionada con Naturae. Es algo que poco a poco, conforme me sienta lista, quiero revelar a todos. Es algo que debo también discutir con Deckard.

Myriam asiente. Se ve comprensiva, quizá no entiende del todo.

—No he podido estudiar mucho de magia, sé tanto como lo sabe un niño pequeño. Pero si algo sé, es que las auras de colores solo los portan los magos bendecidos por los dioses, y usted es una de ellas. —Coloca su mano en mi hombro derecho—. Sin embargo, pienso que si revelas eso a los nobles, su percepción de usted cambiará.

Niego, no tanto por la duda sino por el rechazo a esa idea.

—No... No es algo que pueda hacer por ahora. El emperador lo sabe, sabe la verdad, por eso me dejó ir del palacio y canceló el compromiso. Todo a cambio de que no revelara nada hasta que yo así lo decida. —Me alejo, el viento sopla una suave brisa que resulta ser un poco fría para ser todavía primavera—. Cuando salí del palacio, me prometí que iba a alejarme de la nobleza, de la aristocracia y me iba a concentrar en esto. Es un... ¡Me molesta la idea de volver solo por un grupo de nobles liderados por un hombre obstinado!

Myriam me sigue de cerca, la veo ladear la cabeza.

—Aunque, no es tanto un hombre obstinado como un padre preocupado. —Detengo mis pasos para verla—. El barón Rothschild, a mi forma de ver, solo es un padre que quiere que la justicia haga pagar a la persona que hirió a su hija.

—Pero no he sido yo. —Señalo en dirección al mar con mi brazo—. Ese collar se lo confié a Eciar para que él lo entregara a Nicolette. —De pronto un pensamiento asalta mi cabeza—. ¿Qué ha dicho ella de todo esto?

Veo, como inicio de respuesta, a Myriam encogiendo un poco sus hombros.

—Desde ese día en el lago Vitta, no la he visto. Solo supe que mantiene una fiera defensa ante cada acusación al maestro Deckard con respecto a una complicidad con usted.

—No espero nada de ella y aun así logra decepcionarme —mascullo por lo bajo.

De un tiempo acá, quizá poco después de que llegué a este mundo, la imagen que tengo de Nicolette cada vez va en picada. No se me olvidan las palabras que le dije ni me arrepiento de ellas, las dije con la completa intención. Ella en ningún momento ha hecho alarde de estar de mi lado, tan solo mantiene una molesta si bien condescendiente actitud hacia mí, a veces tratándome como si fuera una tonta.

A veces tratándome como si quisiera dejarme en ridículo.

A veces como si quisiera provocarme.

Se siente igual a que hubiera leído a una Nicolette diferente en aquel libro. Si pienso en el sistema de una novela habitual, un héroe siempre necesita un villano, sea una persona, un defecto o un hecho, algo que lo haga evolucionar que le represente dificultades, que lo obligue a ello. Evelyn era la villana para Nicolette. Estando yo en el cuerpo de Evelyn, sin aspiraciones maquiavélicas, ¿eso ha transformado a Nicolette en mi villana? Pero no tiene sentido. Los villanos necesitan un objetivo, una aspiración oscura que los vuelva como son.

¿Qué objetivo tendría Nicolette para volverse villana, si lo fuera?

Reemprendo mi camino junto a Myriam.

—Voy a mantenerme firme en mi decisión de no involucrarme con los nobles. Dejaré al emperador hacerse cargo. —Me abrazo a mí misma para huir del frío viento—. Solo en caso de que vea necesario intervenir, revelaré la verdad. Rezo para no hacerlo y no adelantarme.

—¿Cree que sea una buena idea? —cuestiona Myriam—. Hablo de, los rumores seguirán y crecerán, al menos hasta que el emperador haga algo, o usted misma.

—La gente siempre va a hablar de ti, Myriam. Hagas lo que hagas, consideran más entretenido volcar su atención en cómo los demás viven su vida que preocuparse por vivir la propia. —Niego, mi mirada está fija en la torre, algunos magos se asoman por las ventanas de los pisos—. Sé que soy inocente, no necesito que nadie me lo diga. Además, no es como si necesitara su aprobación para vivir tranquila. Ellos no se atreverían a venir aquí a hacer una revuelta... —De uno de los pisos, veo a Deckard asomarse. Probablemente esté buscándome—. No si no quieren terminar asados...

Myriam sigue mi mirada hacia la torre, ve a Deckard igual que yo.

—Si bien los rumores ponen en tela de juicio la lealtad del maestro de la torre, dudo que tampoco se atrevan a venir aquí a enfrentarlo. —Ella sonríe un poco—. Habrá nobles que desprecian la magia pero no son tontos como para desafiarla. —Myriam es la primera en detenerse, lo hago también al notarlo—. ¿Fue idea suya que el maestro Deckard hablase con mi padre respecto a entrenar mi magia?

Oh, no.

—No mía. —Quito un mechón de mi cabello que está entorpeciendo mi vista—. Deckard lo hizo por cuenta propia. No le agradó mucho que arriesgara mi vida por proteger a un mago... Y Myriam, pienso un poco como él. En el sentido que... tienes que aprender a usar la magia. —Doy un paso a ella—. No tanto por hacer cosas, sino para protegerte. ¿Qué ha dicho tu padre al respecto?

—Está reacio. No me comentó con exactitud qué habló con el maestro Deckard pero... dudo mucho que acepte.

En verdad quiero decirle que tome sus propias decisiones, ya es lo suficientemente adulta para ello. No lo hago solo porque me recuerdo que en esta época, la mayoría de las decisiones sobre la vida de una mujer la toma el hombre. Quizás el único ámbito donde ella puede decidir es sobre la casa familiar. Como jefe de su familia, el padre de Myriam tiene la potestad de seguir decidiendo qué estudiará, dónde vive, e incluso su matrimonio. La única vez que eso cambió fue cuando Myriam rompió su primer compromiso.

—Oye..., sé que las cosas no son fáciles para ti. Pero pienso que deberías tener más firmeza en expresar tus deseos. Ante todo, es tu padre... —Me encojo de hombros, todavía pensando mis palabras—. El punto de vivir es cometer nuestros propios errores y aprender de ellos. Y, antes que nada, tienes un don otorgado por un dios... Algo por el que quizá muchos darían.

—Lo sé. Lo sé, en verdad lo entiendo... —Myriam se llevó ambas manos al rostro, en un gesto frustrado—. Pero tengo miedo, tengo miedo de decepcionarlo, de que se enoje conmigo. Es mi padre, mi padre biológico.

—Y por ser tu padre, no está en su derecho de decirte qué hacer o no. —La tomo por ambos hombros—. Myriam, nuestros padres están para ser las primeras personas en amarnos, en cuidarnos y ser nuestro guía en la vida. —Ella luce mortificada, me siento un poco inútil ahora porque, en parte estoy guiándome por la educación y la vida que viví en mi mundo. No crecí en este ambiente, mis padres fueron bastante liberales, me apoyaban en mis decisiones, incluso cuando decidí que trabajaría desde joven. Mi primer trabajo fue a los once años, estuvieron de acuerdo siempre que no dejara la escuela. Ellos nunca fueron como el padre de Myriam—. Escucha, haz una carta.

—¿Una... carta?

Asiento.

—Sí. Escríbele una carta. A veces las palabras cuestan para que salgan de nuestra boca, parece ser tu caso. Entonces..., expresa tus deseos y anhelos en papel. Recuérdale que lo amas, que es lo más importante para ti pero que necesitas tomar esta experiencia y aprender, porque él no siempre estará ahí y tampoco lo estará tu futuro esposo. —La tomo de las manos, apretándola para inspirarle valor y confianza. Pienso que es la mejor manera para ella tratar con el hombre—. Sé clara, firme. Cuando él lea la carta, tendrá su propio tiempo de analizarlo. Luego, podrán discutirlo más sabia y calmados, en confianza.

Myriam no me responde en seguida. La dejo. Le cedo el tiempo de pensarlo, de poder llegar a la conclusión de que, si no puede hablarlo de frente, que lo haga por medio de una carta escrito por ella misma. Nadie puede interceder, ni siquiera yo, ni siquiera Deckard. Podríamos dar un incentivo, consejo, sugerencia, pero al final es un asunto familiar que solo le concierne a Myriam y su padre.

Por fin, ella da un respiro.

—Lo haré. Tienes... razón. Sigo teniendo miedo de su reacción, de su respuesta..., pero no quiero seguir teniendo miedo. No quiero seguir siendo indefensa. —Dado que todavía sostengo sus manos, la siento temblar un poco—. Ese día en el lago, mientras era perseguida por la quimera, finalmente fui consciente de lo efímera que es la vida. Tengo veintidós años, casi no he vivido nada. —Myriam luce como que quiere hablar, se toma unos segundos en hacerlo—. No quiero revivir esa emoción de nuevo. Tuve la oportunidad de defenderme, no lo hice. Quiero remediar eso.

Con el orgullo y la admiración por sus palabras, no me contengo y la abrazo.

—Esas son las palabras que quise oír. Sé que podrás lograrlo.

Siento que es poco, pero es lo que puedo lograr. No puedo cambiar una sociedad entera de la noche a la mañana, una sociedad que se formó y desarrolló bajo estos estándares, bajo estas leyes, bajo estos prejuicios donde la mujer es débil y dependiente. Si he de hacer cambios, deberán ser pequeños, y sin embargo, mientras eso no ocurra, tendré que soportarlo con paciencia, porque hasta ahora yo soy la única que ha crecido en un entorno diferente aquí.

Aunque no me termine de agradar, aunque me crujen los dientes por hacer algo diferente, yo soy la que debe amoldarse a ellos, y no ellos a mí.

.

•—•—•—•—•—•—•—•—•—•—•—•—•—•

.

Myriam se marchó unos minutos después, prometiendo que volvería apenas pudiera. Siento que han pasado muchas cosas demasiado rápido, y tan solo estoy a nada de cumplir tres meses acá. El tiempo pasa con absoluta rapidez. Mi mirada pasa a la torre, cuyo dueño ya no veo asomado en las ventanas.

Mi situación con Deckard también está un poco tenso desde nuestra última discusión. Somos como una montaña rusa, que se mantiene estable, luego baja, y sube de repente, totalmente lleno de altibajos. A pesar de todo, debería... darle la razón porque quizá estaba equivocada y puede que haya otra forma de lidiar con esta magia en este cuerpo.

Es egoísta. Fui egoísta. Había leído aquello sobre las llamas gemelas y, aun así, fui capaz de sugerirle soportar algo que quizá lo lastime más de lo que pueda soportar ¿sin un seguro de que funcionaría? La razón por la que sugerí eso es debido a las consecuencias que nombró Vita si no solucionamos este conflicto.

No siento apego por Menevras, sin embargo tampoco quiero verlo hundido en la decadencia, la miseria y la oscuridad, no quiero ver a estas personas inocentes morir y mucho menos, quiero ver a los magos, en especial a Deckard, ser títeres de Mors.

He visto la fuente. Es una cúpula de luz sin cristal que brilla cálida y acogedora, no quema, es como si estuviera vivo. Justo ahora brilla de un adorable azul cielo. Refleja las emociones de Deckard en sus cambios de color; cuando está enojado, es rojo, cuando está calmado, es azul; un tono amarillo dorado indica que está estresado y, me contaron, las pocas veces que se tornó gris ocurrieron cuando atravesaba momentos de algo similar a la depresión, que se vio más luego de la muerte de su maestro.

Fui a la cocina. Las cocinas que están en la torre son casi tan grandes como las cocinas de MasterChef, Hay estanterías repletas de ornamentos como ollas, cacerolas, cucharones, cuchillos de todos los tamaños, vasijas, platos, vasos; otras estanterías están por estallar de todos los ingredientes habidos y por haber. Las chimeneas dan vida a las estufas, el fuego siempre encendido y caldeando, pues la cocina es el único lugar que nunca tiene descanso. Los magos en este lugar siempre tienen hambre.

Para mí, la repostería siempre ha sido mi lugar de terapia. Cuando tengo problema y no sé qué hacer, en las ocasiones en las que no contaba con el consejo de una amiga o simplemente era algo que debía decidir por mi cuenta, hornear era mi mejor sillón de psicólogo. Por un momento estoy en blanco, dado que hacía mucho tiempo desde la última vez que estuve en la cocina. Pero si necesito saber qué rumbo tomar, esta es la única forma para que mi cerebro tome el rumbo correcto.

Todos los magos, cinco chicas y ocho hombres, notan de inmediato mi presencia.

—¡Señorita!

—Es la dama.

—¿Necesita algo, señorita?

—¿Tiene hambre? Podemos prepararle algo de inmediato.

—¿Quiere comer algo en específico?

Suspiro. Aquí vamos de nuevo.

—No. Y hablen solo uno a la vez. —Me adentro en el interior, voy directo a las estanterías con los instrumentos de cocina—. Quiero hornear unos dulces. ¿Pueden darme las cosas que necesito? Y un espacio de trabajo. Prometo no molestar lo que hacen...

—No es molestia para nosotros. ¡Estamos emocionados de tenerla aquí!

—Si necesita ayuda, no dude en consultarnos. ¡Nosotras somos muy buenas haciendo dulces!

—¿Qué dices, Colette? ¡Claramente nosotros somos mejores en los dulces!

La más alta de las chicas fue la primera en moverse. Bueno, quizá "chica" no es correcto, ya que luce tan mayor para ser mi madre. Ella es la que me administra un bol, una paleta, medidores y otras cosas más. Su piel es del mismo tono bronceado que el mío, hace resaltar el verde de sus ojos.

—Terryn, busca algo de harina y azúcar —ordenó a una de las chicas que observaba la aún discusión del otro par de cocineros—. ¿Qué otros ingredientes necesita la señorita? ¿Estás segura de que no necesitas ayuda?

Dudo por un momento.

—Supongo que necesitaré manos extras. La cantidad que usaré no dará cupcakes para todos los magos... —Los observo—. Solo si no están ocupados lidiando con otras cosas.

La —ahora— pelea se detuvo apenas todos oyeron mis palabras.

—¡Por supuesto que no!

—Es un placer ayudar a la señorita.

—Muy bien... Entonces, primero que nada, tendremos que modificar los moldes.

Como aquella vez la noche anterior al festival, varias bandejas de moldes para otros dulces fueron transformados en lo que necesitaba para los cupcakes. Fue más fácil hacerlo ahora con magia, ellos usaron la magia alquímica para transformar las bandejas usando la misma materia prima como base. Su explicación breve sobre cómo funciona esa área de la magia me recordó muchísimo a las leyes básicas de la química con las antiguas reglas de la alquimia. No podían convertir una materia en otra, usaban los mismos elementos que la conformaban para transformarla en una forma nueva.

En formas simples, no podían volver la plata en oro, solo modificar la forma de la plata.

La magia alquímica, me hablaban ellos mientras trabajábamos en los cupcakes, me recordó mucho a la química de mi época. Esa magia dependía mucho de los componentes base para procesarse. No era simple magia. Unía los componentes simples de diferente material en bruto para crear algo nuevo, La magia en sí puede nacer de la nada, la magia alquímica necesita primero una base. Ocurrió lo mismo con aquellas modificaciones que Myriam, o Jennyfer hacían a mis vestidos, tan solo los cambiaban por uno nuevo con el mismo material.

Decían ellos, que es justo esa desventaja de la materia lo que volvía a la magia alquímica un área poco explotado. Los magos en general siempre recurrían a la magia pura porque no necesita un elemento base. La existencia de la magia alquímica es que la magia pura requiere mucho más maná porque la magia forma algo de la nada; no necesitas gastar tanto maná en la magia alquímica dado que ya estás trabajando con algo existente. Es solo cuestión de ser prácticos.

Al final, sacamos casi cien cupcakes de fresa y limón. Una de las chicas, Colette, me comentó que hay aproximadamente setenta magos viviendo en la torre, el 40 % son jóvenes entre los doce y veinte años de edad.

—En teoría, cada año se sumaban nueve magos a la torre —continuaba explicándome ella. Estábamos todos en una larga mesa, pasando cupcakes para rellenarlos, ponerles el glaseado y decorarlos antes de pasarlos a una bandeja para repartir—. Pero en los últimos diez años, apenas han entrado cinco. Enola fue la última, y lo hizo ya de adulta.

Terryn asintió. Ella, junto con dos cocineros y yo, nos encargábamos del relleno.

—Por lo general, entraban niños o adolescentes. Son más rápidos de aprender, aunque Enola ascendió muy rápido para haber sido primeriza.

—Hay muy pocas cosas que sé de ella. No le caigo bien.

Uno de los cocineros a mi lado, Randall, bufó.

—Enola no es la única. Otros magos están igual. No se sienten cómodos con su presencia y no saben qué esperar de usted, sin mencionar su, bueno, aura. ¡Auch! —Miró mal a su compañero—. ¿Por qué me pisas?

—Qué bocón eres. ¿Cómo le dices eso?

Suelto un suspiro.

—Tranquilo, está bien. No puedo llegar aquí como niña bonita y pretender que todos me acepten. —Relleno otro cupcake, y lo deslizo para tomar otro—. Supongo que nadie lo expresa abiertamente por mi o por...

—El maestro Deckard —responden todos al unísono.

—Sí, por él. —Se me escapa una sonrisa pequeña— Quiero explicarles a todos por qué estoy aquí. Solo soy una estudiante más.

—Pero es... —Terryn alargó musicalmente la última vocal, con una gran sonrisa— ¡la novia del maestro también! Y no puede pretender ser una maga normal y corriente.

—¡Sí! —El mago más alejado, quien ordena los cupcakes con otros dos, asiente con energía. Percival, recuerdo que es su nombre—. Es la Señora de la Torre. No importa lo que digan o piensen los demás, ahora le debemos respeto.

Me sonrojo.

¿Qué?

—¿"Señora de la Torre"? ¡¿Kisaweá?!

—¿Qué?

—¿Cómo?

—No, no. Eh. —Dejo la manga pastelera con el relleno, y froto mi frente—. ¿Qué es eso de "Señora de la Torre"? ¿Ha habido una antes o lo acaban de inventar?

Todos negaron con rapidez. Terryn fue quien habló.

—Sabe que todas las torres están dirigidas por un mago líder, a quien llamamos "Maestro". Es la más absoluta inminencia y la imagen representativa de la torre. —Asiento para dar a entender que comprendo, y ella continúa—. No es muy común que un maestro tenga pareja pero tampoco es algo anormal. Cuando sucede, la pareja del maestro de la torre toma el título de "Señora", que es un equivalente a "Cónyuge o Consorte".

Ayla, aquella mujer cuya apariencia se asemeja a la mía real, interviene. Ha estado callada desde hace un rato, y ayudaba a organizar los cupcakes.

—La Señora de la Torre, sea maga o una mujer normal, ayuda al maestro en la administración de la torre. Toma lugar como su voz de la razón y mediadora en los conflictos, ayuda a cuidar de los más débiles. Si porta magia, suele tomar un rango como instructora. Es la madre de cada mago que vive en la torre. —Toma otro cupcake, y lo coloca en la bandeja—. Vita representa la magia, Naturae representa el amor. En las Torres Mágicas, el maestro y la señora de la torre son la imagen de ambas representaciones.

Me quedo en silencio un momento.

—Pero Lynd nunca tuvo pareja, ¿o sí? ¿Ha habido testimonios de esto en otras torres?

Ayla asintió.

—En algunas torres en Bromstung y Dovelush. También en una torre en Chadwick. Los magos líderes son bastantes solitarios, se enfrascan en el aprendizaje de la magia.

Colette suspiró.

—Por eso casi no hay muchas mujeres magos en la torre. Amamos la magia, eso no hay duda, pero...

—¡Pero también soñamos con una familia! —Otra chica a mi lado, ella se ocupa del glaseado, termina el espiral de un dulce—. Todos están tan obsesionados con aprender más de la magia que ni siquiera voltean a vernos.

Yo les sonrío, comprendiéndolas.

—Me parece que no todas. Enola no parece alguien así. —Termino de rellenar un par de cupcakes, sacudo mis manos al dejar la manga con el relleno a un lado—. Terminen eso, ¿sí? Luego repártanlo con los demás. Terryn, ¿puedes darme una cantidad más de ingredientes? Prepararé algo aparte.

Demoran diez minutos en terminar y en marcharse con las bandejas flotando cuidadosamente junto a ellos. Algunos, como Colette y Randall, ya están hincando el diente en los dulces, puedo escuchar sus sonidos de gusto mientras se van y me encuentro sola en la cocina.

Los ingredientes aparte que solicité tienen la cantidad justa para una docena de cupcakes más, que serán de red velvets. Comienzo con los ingredientes secos, parte de mi mente cuestionándose dónde estará él. No hemos hablado mucho en todo el día. Hoy mis entrenamientos se han basado en la parte física con Enola. Avanzo lento en mi recuperación desde aquel ataque con la quimera. Tal cual dijo Enola, las cicatrices en mi cuerpo han disminuido un poco más no han desaparecido. Sé que no lo harán, la marca es demasiado pronunciada como para que desaparezca, en palabras técnicas, requeriría al menos tres cirugías para que mi torso vuelva a la normalidad.

Siento que avanzo lento.

Siento que estoy estancada.

Siento cada vez más que, recaigo una y otra vez en una guerra dividida en mi cabeza. Es como estar indecisa entre dos bandos. Por un lado, está mi promesa de permanecer con Deckard, aquí y ahora, de no ser egoísta y creer que pueda lograr una forma de explotar mejor este don a través de estudio y entrenamiento duro; el otro bando insiste en que mi anterior sugerencia a Deckard es lo mejor, porque este cuerpo no es compatible con mi magia, algo que vamos a necesitar en esta guerra. El asunto con esa idea es que..., en contraposición, también le da la razón a Deckard de ¿qué seguro nos dará de que va a funcionar como ahora?

Poco a poco, uno los ingredientes secos con la mezcla líquida, y mezclo con movimientos envolventes. De la misma forma, unos brazos envuelven mi cintura, apretando mi espalda a un cuerpo firme.

—Entonces, así es como haces tu magia...

Sonrío.

—Red velvets. ¿Los recuerdas? Son tus favoritos.

—Mmh. ¿Te dedicabas a esto antes?

—Sí. Cuando acabé mis estudios universitarios, trabajé un año en una farmacéutica operando en el desarrollo de fármacos. Me gustaba pero no me llenaba —expliqué, recordando la época en la que parecía como si hubiera perdido el rumbo de mi profesión. Fue una época difícil, en parte—. La paga no era tan mala pero quería algo que también me hiciera feliz. Cuando me sentía triste, horneaba. Acabé haciéndolo varias veces al mes. —Compruebo la mezcla, noto que aún quedan unos pocos grumos, sigo batiendo—. Mi mejor amiga probó de mis dulces y sugirió unir nuestros ahorros para abrir un negocio de dulces. Me tomó dos semanas decidir que aceptaba. Nos costó casi un año, los primeros años fueron duros pero incluso ahora no me arrepiento. Abrir la pastelería fue la mejor decisión de mi vida...

—Podrías intentar hacer lo mismo acá.

Me toma unos segundos responder a eso.

—Podría. Pero quiero enfocarme en entrenar. Lo sabes... —Dejo lo que hago, y me giro entre sus brazos para verlo—, sabes que las cosas serán difíciles ahora. Escucha... —Uso el dorso de mi muñeca para apartar un mechón que se deslizó por mi frente—, he pensado en lo que dije el otro día en el bosque Lynd.

—Verónica, creí haber dejado claro que ese tema está zanjado. —Deckard se separa de mí, camina por la cocina.

—Y lo entiendo, no pretendo insistir pero—

—Pero lo haces. —Se voltea, me enfrenta con una expresión pétrea en el rostro—. Insistes en una idea que, uno, no sabes sin funcionará, y dos, podría alejarte por completo de aquí. Después de siglos, de intentos fallidos, estás aquí y conmigo, como debiste haber estado desde un principio, ¿para qué arruinarlo?

—Necesitamos mi magia. Para proteger este lugar, para protegernos, para protegerme. En teoría, este cuerpo y yo no combinamos. —Doy un par de pasos a él, aun así estoy lejos—. ¿Siquiera entiendes eso?

—¿Por qué de pronto estás tomando este tema? —Luce enojado, irritado. Oye, tranquilo, viejo—. De repente estás hablando sobre irte buscando la forma de conseguir otro cuerpo y volver, como si los dieran a cambio de monedas por ahí.

Me muerdo el labio inferior, nerviosa.

—En aquel encuentro con Vita, le hice unas preguntas sobre la barrera y otras cosas más. Si no fortificamos la barrera, la oscuridad podría infiltrarse por completo, llegando a la Fuente de Magia. —Lo miro con gravedad—. Sé lo que ocurriría si se apodera de ella. —Él no dice nada—. ¿Tú lo sabías?

Deckard desvía sus ojos a otro lado.

—¿Esperabas que no lo hiciera? Mi maestro me entrenó por siglos. —Comenzó a cruzar sus brazos—. Claro que siempre fue bueno para ocultar maldita información aparte.

—Entonces, entiendes por qué estoy tan preocupada por obtener mi magia por completo. Deckard... —Froto mi sien, sé que mi mirada hacia él denota preocupación porque es el sentimiento que me está gobernando desde hace tiempo, junto con los nervios, la ansiedad—, no quiero ver a estos magos gobernados por la oscuridad, no quiero verte a ti siendo títere de la oscuridad.

—Debe haber otra for—

—¡Ambos sabemos que no es así! —Acabo gritando, presa de la ya evolucionada desesperación—. Siempre dices que debe haber una forma, ¡y yo sé que no la hay! Porque si la hubiera ya la habrías encontrado. —Mis labios tiemblan por querer hablar—. Tengo miedo. El tiempo transcurre, no veo avance conmigo y ya no sé qué esperar.

Permanecemos uno a cierta distancia del otro, sin que ninguno de los dos hablara. Con un minuto transcurrido, me volteo, coloco las cápsulas en la bandeja y vierto la mezcla lista en los moldes. Justo cuando terminé de hacerlo, siento los dedos de Deckard frotando mi sien, seguro limpiando algún rastro de harina, mis manos están algo manchadas por ella.

—Juré que protegería esta tierra, a los que viven en ella. Juré que te protegería. No pienso faltar mi promesa, no importa lo que cueste.

No comento nada. Tengo fe, la confianza que él lo haría, sé que protegerá todo esto con fiereza..., no obstante, el miedo no deja de susurrar crueles palabras desalentadoras de, quizá, llegado el momento y si seguimos en esta situación, su magia no bastará para salvarnos.

.

•—•—•—•—•—•—•—•—•—•—•—•—•—•

.

PRÓXIMO CAPÍTULO: La Torre Mágica de Rasluan

.

Estaba preparada para recibir el impacto.

En su lugar, fui envuelta por unos brazos.

—Tú. Asqueroso insecto rastrero —oigo gruñir a Deckard, su voz dándome el valor para abrir los ojos y caer en cuenta que me tiene en brazos, su mirada alzada hacia el piso desde donde Arsen nos observa.

—El hijo prodigio está aquí. Vaya novedad. —La sonrisa de Arsen fue oscura. Un frío helado me recorre.

¿Qué es esto?