CAPÍTULO 34
Intentando ignorar el ruido ensordecedor de las turbinas del jet alquilado por Becca, Clarke sólo pensaba en Lexa, y en lo indefensa y sola que estaría en aquella hacienda. Su corazón se oprimía en su pecho a medida que los minutos pasaban, y el temor parecía crecer en su alma cada vez que la imagen de, la castaña herida, aparecía en su mente.
—Buenas tardes, señora Woods —dijo el piloto, estrechando firmemente la mano de Becca—. Todo lo que la señora solicitó ya ha sido hecho, deberíamos llegar al aeropuerto más cercano de Arkadia en menos de una hora.
Becca asintió con la cabeza y se dirigió a uno de los asientos. Al lado de ella se sentó Raven, seguida por Aden y Clarke.
A medida que el jet ganaba altura, las luces alrededor de la pista se iban haciendo puntitos cada vez más pequeños y Clarke imploraba mentalmente que Lexa estuviera bien.
[...]
—Señorita Costia... ¿cómo está ella? —preguntó Harper.
—Está bien... papá consiguió extraer la bala y ahora sólo necesitamos cuidar la herida para que no se infecte —dijo la ojiverde, mientras deslizaba una toalla sobre la frente de Lexa—. Y esta fiebre que no se va...
—La familia Woods está en camino.
—Que bien... aunque ella va querer matarme por avisarles. Su familia piensa que está en Londres.
—Ah... ahora entiendo por qué doña Becca se asustó cuando le dije que su hija estaba aquí —dijo el ama de llaves, guardando silencio en el momento en que unos golpes en la puerta se hicieron presentes.
—Con permiso —dijo Monty—. No encontramos a nadie sospechoso en los alrededores de la hacienda, pero le pedí a John que fuera al pueblo a informar lo ocurrido al comisario.
—Hizo muy bien... a pesar de que llevo trabajando en la hacienda muy poco, nada me saca de la cabeza que alguien haya intentado matarla.
—No es de extrañar... la patrona hizo muchos enemigos mientras estuvo aquí.
—Monty, será mejor que vayas a buscar a la familia de la patrona que ya deben estar llegando. La señorita Raven, me avisó que vienen en un jet privado y que aterrizarán en el aeropuerto más cercano al pueblo. Así que, es mejor ir pronto la madre de la patrona, odia esperar.
—Me voy entonces. Cualquier cosa, John no debe tardar en llegar —dicho eso, se retiró.
Pasó un tiempo, y finalmente, el jet se encontraba en tierra. A lo lejos, Monty logró reconocer a Clarke y a Aden, rapidamente, caminó hacia ellos y se presentó como el capataz de la hacienda.
Ya dentro del auto, Becca se preguntaba con qué propósito Lexa había cambiado Londres por un lugar como aquel. Recordaba que la hacienda era muy bonita, pero no era suficiente para hacerla dejar la capital para vivir allí.
—¿Cómo está mi hija, joven? —preguntó, aunque Clarke ya había hecho la misma pregunta.
—Está bien, señora. La bala ya fue extraída, pero tenía mucha fiebre cuando salí de la hacienda.
—¡Un momento! ¿No llevaron a mi hija a un hospital? —preguntó, en una mezcla de enojo y asombro.
—La señorita Costia dijo que podría ser peligroso llevarla a un hospital debido a la distancia.
—¿Quién es Costia? —Clarke preguntó, al darse cuenta de que nunca había oído ese nombre mientras estuvo en aquella propiedad.
—Es la nueva veterinaria de la hacienda —respondió el capataz —Ella estaba cabalgando con la patrona cuando el accidente ocurrió —añadió, y sin que pudiera evitarlo, el corazón de Clarke se puso en alerta. Lexa nunca había cabalgado con nadie más que no fuese ella, y enterarse de ese hecho, la llenó de celos e interrogantes. Había pasado más de un mes y, según Raven, Lexa aún no tenía fecha de regreso. ¿Sería Costia la razón de su permanencia en la hacienda? Se preguntaba mientras la idea de perderla por otra mujer la devastaba por dentro. Perdida en sus pensamientos, ni siquiera, se dio cuenta de que ya habían llegado.
—Por favor, lleve nuestro equipaje a la casa grande —dijo Becca, descendiendo rápidamente del vehículo.
—Buenas tardes, señora. Bienvenida —dijo Harper—. Señorita Raven, señorita Clarke... —añadió, saludándolas con un movimiento de cabeza.
—Hola, Harper —Clarke le devolvió el saludo.
—¿Mi hermana está en la habitación de ella? — preguntó Raven.
—Sí, señorita.
—Vamos, mamá —dijo, caminando apresuradamente hacia las escaleras.
Clarke, Aden y Becca la acompañaron, cada uno con su ansiedad y aflicción. Cuando la puerta fue abierta, todas las miradas se posaron sobre el cuerpo parcialmente inclinado sobre el cuerpo de Lexa. A causa del sobresalto, Costia se puso de pie, sus ojos analizaron rápidamente cada figura que estaba delante de ella, deduciendo a la brevedad quien era cada uno, según las descripciones hechas por la castaña.
—Buenas tardes —dijo, alejándose de la cama.
—Buenas tardes —dijo Becca, acercándose a Lexa acompañada por Clarke y Aden—. ¡Por Dios, está ardiendo en fiebre!
—Ya fue medicada y el vendaje ha sido cambiado —explicó Costia.
—¿Quién está cuidando de mi hermana? —Raven preguntó y, en ese momento, Costia se percató de la belleza de aquella morena, sonrojándose enseguida. Era tan osada para afrontar muchas cosas, pero tan tímida para otras...
—Mi padre... es médico. Por cierto, mi nombre es... es Costia. Soy la nueva veterinaria de la hacienda —explicó, y sin poder evitarlo, Clarke la recorrió con la mirada y no podía negarlo: Costia era una mujer extremadamente atractiva y, ese hecho, la llenaba de inseguridad.
—Ya puede retirarse, jovencita —Becca habló, atrayendo la atención de todos—. Clarke y yo nos encargaremos de Lexa. Entonces será mejor que vuelva a sus deberes, gracias por haber cuidado de mi hija.
—No tiene por qué agradecer, señora. Con permiso —dijo la veterinaria, y luego, sus ojos se fijaron en Clarke. Tenía mucha curiosidad por conocer a la amada de su "comandante". Pero antes de retirarse, fue inevitable que su mirada se cruzara de nuevo con los atrayentes ojos de Raven, y que le regalará a esta una tímida, pero hermosa sonrisa, provocando en la hermana de su amiga, un leve sonrojo y estremecimiento.
Después de mucho tiempo dentro de la habitación, Becca, junto a Raven y Aden se retiraron. Clarke optó por quedarse hasta que su amada se despertara. Pronto se hizo de noche y Marcus apareció para asegurarse de que Lexa estaba bien y, afortunadamente, todo indicaba que en breve se recuperaría.
—¿Por qué mi mamá no despierta? — preguntó Aden.
—Es por el efecto de algunos medicamentos, pero debería despertarse pronto. No te preocupes, jovencito —explicó Marcus.
—¿Está seguro de que no es mejor llevarla a un hospital, doctor? —indagó Becca.
—No será necesario, señora Woods. Lo que se requería hacer ya fue hecho. Sólo es necesario estar al pendiente para que la herida no se infecte —explicó—. Preparen una sopa de verduras o un caldo para cuando despierte. Si necesitan algo o si la fiebre aumenta, pueden llamarme.
—Gracias, doctor —dijo Raven—. Lo acompaño a la puerta.
Eran más de las 7:00 p. m., cuando Harper informó que la cena estaba lista para ser servida. Sólo Clarke se rehusó a cenar, quedándose al lado de Lexa todo el tiempo.
—Necesitas comer y descansar —dijo Raven.
—Estoy bien, no te preocupes.
—Bueno, me voy a la cama. Si necesitas alguna cosa...
—Ve tranquila... me quedaré aquí con ella.
Con su pulso acelerado, Clarke se acercó un poco más a Lexa. Lentamente, limpió el sudor de su frente para luego, besarla delicadamente, mientras le acariciaba el cabello. Los segundos se convirtieron en minutos y los minutos en horas, y a medida que pasaba el tiempo, la angustia de Clarke crecía porque Lexa no despertaba, ni siquiera se movía.
—Te amo, Lexa —susurró Clarke—. Tengo la certeza de que hacias parte de mis sueños, incluso, antes de que entraras en mi vida —añadió, dejando que sus labios rozaran el rostro de la morena—. Nunca debiste casarte con Niylah, debiste casarte conmigo, pero el destino retrasó nuestra relación. Entonces, "comandante"... si me perdonas por haber sido tan idiota dejándote sola y rechazando tus disculpas, tú y yo vamos a pasar el resto de nuestras vidas juntas, pase lo que pase.
—Sólo voy a perdonarte porque soy una buena comandante... —Lexa murmuró. El hermoso y asustado rostro de Clarke casi le quitó el aliento. Sus ojos se alejaron de los de ella para posarse en los temblorosos labios. Labios que habían perseguido sus sueños desde que se habían distanciado.
—Gracias a Dios... —susurró Clarke—. Lexa... mi amor... —dijo, llevándose la mano a la boca mientras las lágrimas caían de sus ojos—. Me perdonas, mi amor... Nunca más te alejaré de mí, nunca más...
—¡Chss!, no llores... está todo bien —Lexa habló, enjugándole las lágrimas, pero un gesto de dolor se hizo presente en su rostro, haciéndola retroceder.
—No te esfuerces, mi amor. Estate quietecita... —Clarke la reprendió.
—Necesito saber que no estoy soñando...
—No estás soñando.
—Entonces bésame... necesito sentir tus labios tocando los míos —pidió, y sin dudarlo, Clarke atendió su petición y, después de tanto tiempo, sus labios finalmente se encontraron.
Incapaz de controlar su deseo, Lexa levantó su brazo derecho que no había sido afectado por el disparo y, sin importar su propia condición, sus dedos se enredaron en el cabello de Clarke y sus labios entraron en contacto, absorbiendo el exquisito sabor al pasear la lengua por su boca.
—Mi amor, con cuidado... —dijo Clarke, interrumpiendo el beso cuando escuchó el gemido que escapó de los labios de Lexa.
—Te amo... y te extrañé tanto... —habló, mirando profundamente a esos ojos azules llorosos, luchando por resistir la tentación de besarla otra vez.
—Yo también te amo; pero, por favor, no te esfuerces. Quiero que te recuperes pronto...
—Contigo a mi lado, pronto estaré recuperada.
—¿Tienes hambre?
—Tengo sed...
—Ten... bebe con cuidado... —dijo Clarke, tomando el vaso de agua sobre la mesita de noche y, lentamente, lo llevó a la boca de Lexa—. Voy a buscar algo para que comas...
—No —Lexa la interrumpió—. No tengo hambre.
—Pero estás débil. Has perdido mucha sangre y necesitas alimentarte.
—Sólo lo haré con una condición.
—¿Cuál condición?
—Dormirás aquí conmigo, en la misma cama.
—Lexa... necesitas espacio y tengo miedo de...
—Lo que necesito, es a ti cerquita de mí. Y si no es así, no voy a comer.
—¡Pero, que malcriada! Pareces una niña.
—Soy la "comandante", ¿recuerdas? Tómalo o déjalo, señorita Clarke...
—Está bien. Dormiré aquí contigo
—¿Cómo supiste que estaba aquí? —Lexa preguntó.
—Harper llamó para avisar lo que te había pasado. Por cierto, tu madre, Raven y Aden vinieron conmigo... están todos preocupados.
—No hay razón para preocuparse... estoy bien.
—Quédate quietecita... voy a traer tu cena...
Como el doctor Marcus había recomendado, Harper preparó una sopa de verduras y Clarke se encargó de hacérsela comer, dándosela directamente en la boca. Entre besos y caricias, la castaña terminó comiendo todo lo que la rubia le había llevado.
—¿Cómo no pensé en esto antes? En que un disparo te traería de vuelta.
—No digas eso, Lexa... por favor.
—Sólo estoy bromeando...
—No juegues con esas cosas.
—Lo siento.
—Bien... ahora toma este medicamento y descansa.
—Vas a dormir aquí conmigo, ¿verdad?
—Por supuesto que lo haré.
Clarke se acercó y le dio un suave y demorado beso en los labios. Se acurrucó a su lado en la cama y cerró los ojos mientras el calor del cuerpo de la morena irradiaba el suyo.
[...]
—Buen día, mi amor —dijo Clarke, acercándose con una bandeja en las manos—. Mira quién está aquí...
—¡Mamá! —Aden exclamó, atravesando la habitación corriendo—. ¿Cómo te sientes?
—Estoy bien, mi amor. Fue sólo un pequeño agujero de nada... y tú, ¿cómo estás?
—Mejor ahora que te veo bien...
—¡Hija! ¡Qué susto nos diste! —Becca habló, acercándose rápidamente—. ¿Cómo te sientes, cariño? ¿Y qué diablos estás haciendo aquí? ¿No viajarías a Londres?
—Desistí a última hora y vine para acá...
—¿Estás viendo lo que tus decisiones precipitadas hacen?
—Mamá, no empieces...
—Está bien, lo siento. ¿Ya comiste?
—Necesito un baño primero.
—Voy a empezar a creer en aquel dicho: Hierba mala nunca muere —dijo Raven, en tono juguetón—. ¿Cómo estás, hermanita? ¿Con quién te metiste para ganarte esa "linda" estampa en tu hombro?
—Pero, que graciosita estás hoy. Has conseguido novio, ¿o qué? —indagó Lexa, y todos en la habitación se rieron.
Después de casi una hora de conversación, todos se retiraron de la habitación, excepto Clarke, que ayudaría a Lexa a bañarse y cambiarse. Aunque el proyectil sólo había alcanzado su hombro izquierdo, todavía se sentía débil por la cantidad de sangre que había perdido, y no dejó pasar la oportunidad para obtener la mayor atención de Clarke sólo para ella.
—Clarke... ¿está todo bien entre nosotras ahora? — preguntó Lexa.
—¿Me perdonas por alejarte de mí y rechazar tus disculpas?
—No tengo nada que perdonar. En tu lugar, habría hecho lo mismo. ¿Pero qué hay de lo que hice? ¿Perdonaste mi comportamiento impulsivo y el dolor que te causé ese día en el colegio?
—Vamos a olvidar todas las cosas malas que nos pasaron e intentemos empezar de nuevo, ¿vale? Ambas cometimos errores y juntas conseguiremos arreglarlos. Ahora vamos, nos están esperando para tomar el desayuno —dijo Clarke, sosteniéndole la mano.
La mañana en familia transcurrió de forma tranquila. Lexa dejó claro que tan pronto como se recuperara, volvería a Polis. A pesar de la insistencia de Becca en permanecer en la hacienda, Lexa finalmente logró convencerla de que regresara a la capital con Aden y Raven, ya que Clarke se ofreció a "cuidar" de ella, y tan pronto fuese posible, las dos volverían a Polis.
—Ya estoy bien y Clarke estará conmigo. Aden no puede perder las últimas semanas de clases, Raven tiene que hacerse cargo del colegio y tú, mamá... cuidaras de él y de mis negocios —dijo Lexa.
—No se preocupen... cuidaré de Lex y tan pronto como la herida se cierre, volveremos a Polis — dijo Clarke.
Al final de la tarde, Monty llevó a la familia de vuelta al aeropuerto donde el mismo jet los esperaba. La policía ya estaba investigando y buscando al autor de aquel disparo, y no tardó mucho en descubrir que había sido hecho por Emori.
—Sólo lamento que esa infeliz no haya muerto —dijo, mientras el jefe de policía la llevaba a la comisaría.
Al anochecer, Lexa fue informada de que el tirador ya había sido arrestado, sorprendiéndose al saber que se trataba de Emori. Sólo entonces se dio cuenta de que sabía poco sobre sus empleados y, por esa razón, debería estar más atenta a todos los que la rodeaban.
—Ten más cuidado con tus empleados, Lexa... no es la primera vez que se rebelan contra ti —dijo Clarke.
—Sí, lo sé. Pero, todo está bien... ella ya ha sido arrestada y dentro de pocos días volveremos a Polis.
—Patrona, con permiso... la señorita Costia pide permiso para hablar con usted —dijo Harper.
—Déjela entrar, por favor.
—Me voy a retirar para que puedan hablar libremente —dijo Clarke, y cuando se iba a levantar, Lexa le tomó el brazo.
—No, cariño... no necesitas irte —dijo, y antes de que Clarke pudiera responder, Costia entró en la habitación.
—¿Cómo está mi sexy comandante? ¿Lista para otra carrera? —preguntó Costia. Y a pesar del tono juguetón que usó, Clarke se mostró descontenta al oír aquellas palabras.
