Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo 30

Cuando llego al trabajo, Esme simplemente sacude la cabeza y se ríe.

—Lo sé, lo sé. ¡Pero mira! —Le entregó una bolsa de papel—. Compré croissants.

Ella arquea una ceja.

—¿Toda la acción te dejó hambrienta?

—Solo un gesto de lamento-llegar-tarde-no-te-enfades.

—No creo que alguna vez hayas llegado tarde antes. ¿Acaso algo... pasó? —Se ríe.

—Olvidé colocar una alarma, eso es todo. —No es una mentira. Solo dejé afuera la parte en que Edward y yo tuvimos sexo alucinante y que él me hizo correr más fuerte que nunca. Nadie necesita saber eso antes de las diez de la mañana.

Esperaré hasta al menos las once para contarle eso.

—Claro, claro. —Muerde uno de los croissants—. La vieja excusa de la alarma.

—No volverá a pasar —digo mientras marco mi entrada.

—No estoy enfadada, nerd. Para alguien que pasó toda la mañana follando, sí que te encuentras de mal humor.

—No estoy de mal humor —digo, sentándome en el taburete—. Simplemente.. no sé qué mierda estoy haciendo.

—Oh, oh.

—Creo que Edward me dirá esta noche que es Masen.

—¡Oh! —Se ilumina ante esto—. Eso es bueno.

—Supongo.

Ahora se encuentra confundida.

—¿Es malo?

—No es malo, pero... voy a ir la tienda de tatuajes al mediodía para verlo. Saqué una cita con otro nombre, y voy a presentarme y ser como... «oye».

Esme sonríe.

—Qué plan.

Siento pánico nuevamente. La preocupación apareció varias veces cuando estuve con él esta mañana, pero intenté soltarla. No quería que el pensara que mis sentimientos tenían algo que ver con nosotros y con que nos hayamos acostado juntos.

—El pobre chico se llevará la sorpresa de su vida —se ríe suavemente.

—¿Debería dejarlo plantado? ¿Quizás dejar que me lo diga a su manera? No dejaba de repetir que tenemos que hablar luego. Me...

—No.

—Pero, ¿y sí se siente avergonzado? ¿O cree que estuve mintiéndole...?

—No tienes malas intenciones. Él tampoco. Así que estará bien —me asegura—. Deja de dudar de ti. Además, cierra el círculo al hacerlo de esta forma. Mantente a tu plan.

Me siento un poco mejor.

—¿Quieres decir a mi «oye» plan? Porque eso es todo lo que tengo.

Ella se ríe.

—Bueno, obviamente tienes que pensar en algo mejor que eso.

Paso las horas siguientes fingiendo trabajar y tratando de descifrar lo que le voy a decir exactamente. Pero mientras más pienso en ello, más nerviosa me pongo.

Así que, necesito improvisar. Mientras que sea honesta con él, nada puede salir mal.

Pronto se hace el mediodía.

Esme me desea buena suerte y me da el abrazo más cálido antes de salir a la ciudad.

Cuando me encuentro frente a Artful Dodger, me encuentro hecha un desastre. Por dentro, al menos. Por fuera, estoy calmada, tranquila.

Jamás me he tomado tan a pecho la frase «finge hasta que lo consigas» como en este momento.

En retrospectiva, pensar en revelarle esto a Edward parecía divertido. Cuando Jess y yo bebíamos mimosas en su cumpleaños y nos reíamos de ello —sobre el asombro en su rostro y cómo tendría la ventaja— fue cómico.

Pero mucho ha cambiado en tan solo una semana.

Comenzó con querer vengarme de él. Entonces él comenzó a abrirse conmigo, más que nunca. Más hacía, más caía. Y mientras más caía, más entendía su motivo.

Simplemente esperaba que no enloqueciera, y entienda mi motivo también.

Me dirijo hacia adentro, agradecida de que él no se encuentre frente al mostrador. No había pensado en lo que pasaría si se encontraba a la vista. Afortunadamente, Alice me recibe sola. Analizo el área y solo veo otros dos tatuadores con clientes.

—Ronvíbora —dice ella, riéndose del sobrenombre que me ha dado—. ¿Qué puedo hacer por ti?

Sonrío. Ella tiene una vibra tan tranquila y fácil, así que mis nervios disminuyen un poco.

—Tengo una consulta con Masen hoy.

—Estupendo. ¿Qué buscas hacerte?

—Con suerte, un tatuaje de peonias.

—¿Es tu primero?

—Sí. —Echo un vistazo alrededor, aun un poco nerviosa.

—¿Qué tan grande lo pensabas?

—No lo sé... —Estiro las manos, tratando de medir qué tan grande es el boceto que Edward dibujó.

—Me encanta la idea, pero como es tu primer tatuaje, creo que deberías hacerte algo más pequeño. Solo para que sepas lo que se siente. Es menos compromiso si es demasiado para ti, ¿sabes?

No esperaba que comenzara una conversación conmigo, y apenas puedo concentrarme en lo que me está diciendo. En cualquier momento Edward podría acercarse. Estoy muy nerviosa para esto.

—Sí, sí, quizás tienes razón —digo distraídamente. No me haré un tatuaje hoy. Es solo una consulta. Puedo pensar sobre esto luego.

—No te preocupes —dice ella, quizás sintiendo mis nervios—. Estarás en buenas manos con Masen.

—También creo que estaré en buenas manos con él. —Quizás lo digo un poco demasiado con ojos soñadores porque Alice se ríe un poco, dándome una mirada graciosa.

—Midnight Sun va a tocar esta noche. ¿Te veré allí de nuevo? —pregunta.

—Sí, nos veremos.

—Cuando te vi en su último show, iba a señalarte que Masen es el bajista de la banda. Pero claramente ya sabías eso.

Claramente.

Obviamente no lo sabía en ese momento. Casi me río de lo cerca que había estado. Las cosas probablemente hubieran sido diferente si Alice lo hubiera desenmascarado entonces. Hubiera estado molesta. Avergonzada. No estaba tan enganchada con Edward como lo estoy ahora, eso es seguro.

—Él es realmente talentoso, ¿no? —vacilo.

—Definitivamente. A veces trato de recordarle el perdedor que era en la secundaria, solo para mantenerlo en línea. —Alice se ríe, sacudiendo la cabeza.

Sonrío genuinamente ante eso.

—¿Lo conocías en la secundaria?

—Oh, sí. De hace muchos años. Como en la primaria. Mi novio Jas y yo somos cercanos a él.

Jasper y la novia. Los amigos que lo ayudaron cuando lo necesitaba.

Sabía que me agradaba por una razón.

—Oh, vaya —es todo lo que digo, demasiado abrumada sintiéndome agradecida de que Edward tiene personas como ellas en su vida.

—Sí. Dejando las bromas a un lado, Mase es un buen tipo.

—Eso pienso también. —Todo mi rostro debe delatarme porque Alice me mira a los ojos por un segundo, pero no presiona.

Me pregunto si Edward le contó sobre mí—sobre Masen y Swannie y todo lo demás. Si la conoce de hace años, puede que haya confiado en ella. Pero entonces, quizás no.

—Bueno, deberíamos tomar una cerveza luego si te veo en el show —dice, amigablemente.

—Por supuesto. —Le devuelvo la sonrisa—. Me encantaría.

—Genial. Bueno, Masen está en la sala de descanso —dice, parándose de su silla—. Le diré que llegaste temprano.

—Espera. —Mierda—. Sin explicarte qué diablos está pasando, ¿te molestaría si voy directamente a su espacio de trabajo y lo espero allí?

Ella se encoje de hombros.

—Claro, como sea. Sube las escaleras hacia el altillo. Su área es en la esquina derecha.

—Bien. —Me giro, pero me detengo nuevamente—. Y cuando le digas que su cliente está aquí, ¿me llamarías Marie?

Ella luce confundida, pero bastante divertida.

—De acuerdo... Marie.

Gracias a la mierda que está muy tranquila. Yo, por el otro lado, estoy abrumada con anticipación y ansiedad.

Subo las escaleras e inspecciono su zona de trabajo en el rincón del altillo. Hay una silla de tatuajes y un carrito movible con materiales en él. Al lado de eso, hay un escritorio. Tatuajes al azar marcan la pared que rodea su área. Algunas están pegadas con cinta, y algunas están esparcidos por su zona de trabajo.

Veo el boceto mío—la chica con el pelo al viento y los pétalos flotando a su alrededor. Está pegada a la pared, como si quisiera verlo todos los días. Hay un dibujo de una taza de Starbucks que tiene escrito «vete al diablo» en el frente, la que comenzó con todo esto. Veo al cisne y las peonias. Levanto ese y sonrío. Es muy precioso. Delicado. Exactamente la forma en que había descrito mi flor favorita esa primera noche en mi cama, cuando me estaba cuidando.

Dios. Todo este tiempo era él. Quiero decir, en el fondo creo que lo sabía. Quizás. Y no fue hace mucho tiempo. Edward solo mantuvo la farsa como Masen por unas semanas. Y durante ese tiempo, se aseguró que me enamorara de él en todo sentido. Realmente funcionó a su favor.

Escucho los pasos en las escaleras. Una garganta nerviosa se aclara. Entonces, giro para encontrarme a Edward.

Él parece tan pálido como un puto fantasma.

Pero, al momento en que lo veo, es como si todos mis nervios desaparecen.

—Oye. —Soy una idiota—. Quiero decir... hola.

Bajo el dibujo de las peonias sobre el escritorio.

—¿Bella? —La mirada de puro asombro en su rostro no se siente tan bien como pensé que sería. Luce completamente nervioso, la personificación de un tipo que está a punto de perderlo todo—. Mierda.

Mierda lo resume bastante bien —digo, y mantengo mi tono amable a propósito. Puedo ver su tensión aflojarse un poco.

—Mierda. —Se queda donde está—. No que quiera que lo hagas, pero ¿por qué no estás enloqueciendo?

—¿Por qué no estás enloqueciendo?

Toma un puñado de su cabello, exhalando irregularmente.

—Lo estoy.

Da unos pasos más cerca con cuidado, pero mantiene su distancia.

—¿Debería llamarte Edward o Masen?

Frunce el ceño.

—Solo llámame Edward.

—¿De dónde salió el nombre Masen?

—Era el apellido de soltera de mi madre, y es mi segundo nombre. —Mis ojos vuelan hacia la E y la M en su antebrazo. Elizabeth Masen—. Algunos amigos me llaman Masen también. —Se aclara la garganta—. ¿Qué hay de Marie?

—Segundo nombre. —Mi sonrisa es suave—. ¿Puedo sentarme? —pregunto, señalando la silla de tatuajes.

Él parece asombrado.

—¿Quieres... quedarte?

—Quiero decir, ¿no crees que deberíamos hablar de esto?

—No creía que quisieras hacerlo —dice con honestidad, la duda clara en su expresión.

Mi corazón duele al imaginarlo pensar que iba a saber la verdad e inmediatamente lo abandonaría.

Con razón no quería contármelo.

—Ese no es el tipo de persona que soy, Edward. La situación no es de tipo blanco y negro para mí. ¿De acuerdo?

—Okey.

Me siento al borde de la silla, pero él sigue parado.

—Descubrí que eras Masen hace una semana.

Es como si puedo ver su mente analizando los tiempos.

—¿Cómo?

—Las cosas simplemente... hicieron clic. —Luego explicaré mi conversación con Jess y la investigación en Instagram. Pero por ahora, hacer clic lo resume bien.

—Ya veo. —Su voz es baja, preocupada—. Quería contártelo tantas putas veces, pero tenía miedo —murmura, tirando de la parte trasera de su cuello.

—¿Miedo de qué? —pregunto tranquilamente.

—De perderte. De que me odies. Que pienses que soy un mentiroso y un maldito y...

—No pienso nada de eso, y no te odio. Jamás podría odiarte.

Mira hacia el suelo.

—¿Cuándo te diste cuenta exactamente?

—La noche que viniste al cumpleaños de Jess. Temprano ese día.

Sus ojos se llenan de comprensión, y es como si puedo verlo unir las piezas desde la semana pasada. Las cosas que le dije, las pistas que le dí. Mis bromas y mi coqueteo con Masen, y luego el haber terminado las cosas con él.

—Lamento no habértelo dicho —dice con honestidad—. Quería hacerlo. En serio. Pero mientras más te conocía, menos quería decírtelo. Fue egoísta.

—No fue egoísta. Lo entiendo. —Mis ojos aterrizan en el boceto de peonias—. ¿No estás enojado conmigo por no decirte que lo deduje hace una semana?

—No. —Lo veo tragar—. Pensé que quizás lo sabías, pero entonces fuiste y terminaste con Masen, lo que me confundió demasiado. Supongo que tiene sentido ahora.

—Lo hice porque quería que supieras que estaba adentro. Que eras suficiente para mí y que simplemente te quería a ti.

Nos quedamos en silencio, simplemente observando al otro. No estoy segura cómo seguir.

—¿Me querías? —repite—. Terminaste conmigo, ¿cierto?

—No acabé en absoluto contigo —digo, ofreciéndole una sonrisa alentadora.

Su asentimiento de pequeño, así como su voz.

—¿Entonces esto no cambia nada por completo?

—Oh, cambia todo —respondo honestamente, y su rostro se desencaja por un momento—. Cambia todo, pero de la mejor forma. Ya no hay secretos entre nosotros. Todo está a la luz.

Luce genuinamente sorprendido de lo que estoy diciendo. Por lo que sigo.

—Lo que siento por ti no puede esfumarse así de rápido. ¿Y por qué? ¿Porque me querías conoces? Sería jodidamente estúpida si te dejo ir por eso.

—Entonces, ¿no estás furiosa?

—No. Si estuviera enojada, no hubiera tenido sexo contigo anoche —señalo—. Y esta mañana —añado, por si acaso.

Sus mejillas se sonrojan, y es jodidamente adorable.

—¿No te arrepientes de dormir conmigo?

—Jamás podría arrepentirme de eso. —Y lo digo en serio. Jamás dejaría que algo tan amargo como el arrepentimiento manchara el estar con él.

Se acerca un poco más a mí, como si finalmente lo estuviera entendiendo, y hace que mi estómago se retuerce.

—Bella, lo siento —dice de nuevo. Su tono es jodidamente sincero, y jala de mi corazón.

—Me encantó hablar con Masen. Pero podrías haberme hablado como mismo, ¿sabes?

—No sabía eso. —Otra mano nerviosa por su cabello—. Y fue fácil hablar contigo detrás de una pantalla. No pensé que me eligirías. Eres tú. Yo soy yo. No lo sé.

Odio la forma en que resta importancia a quién es como persona ahora mismo.

—Eso no es verdad —murmuro, repentinamente sintiéndome emocional cuando pienso que se siente inferior y no lo suficientemente bueno para mí—. Eres...

—¿Un imbécil? —ofrece—. ¿Un fracaso?

No. —Trago mi emoción—. No te ves con claridad, Edward. Para nada.

Se encoje de hombros.

—¿Ves algo que yo no?

—Sí. —Inhalo profundo—. Veo un hombre que es apasionado. Que amó a su mamá y aún la adora. Que sigue intentándolo con su papá, pero se niega a dejar que esa relación lo defina. Veo a un tipo que es tímido y callado, pero cuando se abre, vale la pena. Su sonrisa y su risa es tan rara, pero cuando baja la guardia y te deja entrar, él vale la pena. Veo a alguien que es tierno y encantador, alguien que hizo todo lo posible para cuidarme.

Veo a alguien que creo que amo.

Mierda.

Estoy completamente enamorada de él.

—Veo todas las partes buenas de ti —le digo con lágrimas nublando mis ojos.

—¿Realmente piensas todo eso? —cuestiona, como si en cualquier momento me retractaré de lo que acabo de decir.

—No, todo eso —susurro, y una sonrisa suave, casi calmada se forma en sus labios—. Te he visto como Edward y como Masen. Ambas partes de ti significan mucho para mí. ¿Puedes ver eso?

—Creo que comienzo a hacerlo. —Exhala profundamente—. Lamento haberte mentido. Eso jamás volverá a ocurrir.

—No me mentiste exactamente. Y te perdono —respondo simplemente—. Es un concepto algo loco, ¿cierto?

Da otro paso tentativo hacia mí, y ahora, si quisiera estirar un brazo y aferrarlo, podría.

Así que lo hago.

Tironeo del extremo de su camiseta y lo jalo hacia mí. —Me corro hacia atrás en el asiento, así puede ubicarse entre mis piernas. Mis dedos aferran el algodón que cubre su abdomen para mantenerlo en el lugar, y él me mira, observando mis ojos, como si siguiera dudando de por qué no estoy enojada.

Traga con fuerza.

—Me merecería si estuvieras enojada conmigo.

—No te mereces eso. Para nada. —Estudio su rostro, encuentro honestidad en sus ojos—. Te conozco lo suficiente para saber que no lo hacías con maldad. Simplemente estabas asustado. En guardia. Y después de conocer a tu papá... —Sacudo la cabeza—. Lo entiendo.

—Iba a decirte la verdad —admite suavemente—. Antes del show.

—Te gané, supongo.

Sonrío, y él se inclina para presionar su frente contra la mía.

Tironeo de su camiseta y lo acerco más hasta que nuestras bocas se encuentran. Nuestro beso es sensual, lento, y libre de tensión porque todo está a la luz ahora. Todo se encuentra a la luz, y podemos estar juntos, de la manera que queremos. Lo tomo del cuello, enlazando mis dedos en su cabello.

—¿Aún vienes al show? —pregunta, manteniendo su frente contra la mía.

Me río un poco.

—Definitivamente. No te librarás de mí ahora.

—Entonces, ¿cuándo le diga al tipo en la puerta que ponga tu nombre en la lista esta noche, quizás pueda referirme a ti como mi...?

—Si escucho la palabra amiga de nuevo, puede que enloquezca —advierto con una sonrisa.

Él esboza una sonrisa.

—No. Pensaba más en como mi novia.

—Podrías hacer eso —digo, manteniendo mi expresión neutra—. Tienes que preguntármelo primero.

Abre la boca, soltando una pequeña sonrisa.

—Mierda. Cierto. —Se endereza y lleva un mechón de mi cabello por detrás de mi oreja, y es un movimiento tan tierno que hace que mi corazón se salte de mi pecho—. ¿Estás conmigo? —pregunta suavemente—. ¿Sos mi novia?

Le respondo con un beso.

—Okey. —Sonrío—. Sí.

Él sonríe suave, tímidamente y mira entre nosotros.

—Entonces, ese tatuaje de peonias —digo, dándole una mirada—. Le dijiste a Marie que no estaba disponible. ¿Qué hay con eso?

—Porque lo dibujé para ti. Es tuyo. Nadie más.

Va a matarme, lo juro.

—¿Quieres marcarme? —pregunto en voz baja—. ¿Hacerme tuya?

Traga.

—Ese es el plan.

—¿Dónde? —pregunto, lamiéndome los labios.

Sus dedos cautelosamente levantan mi camiseta, acariciando la piel sobre mis costillas, y tiemblo bajo su toque.

—Pensaba aquí —dice con voz ronca—. ¿Y quizás aquí? —añade, sus dedos rozan la parte trasera de mis hombros—. Y... —Su mano cae entre nosotros, y siento su tacto hacer un camino desde el costado de mi muslo y hacia mi cadera—. Quiero hacer esta parte también. Hay mucha piel sin marcar.

—Soy solo un lienzo en blanco para ti, ¿no? —bromeo, pero mi corazón quiere salirse de mi pecho, imaginándolo tatuándome.

—No. —Sacude la cabeza—. Eres más que eso para mí. Eres todo. ¿Recuerdas?

Lo acerco más y lo beso suavemente en los labios.

—Lo recuerdo —susurro contra su boca—. También eres todo para mi, Edward Masen.


¿Qué tal? ¿Es lo que esperaban?

¡Quiero un Edward Masen para mí!

¡Hasta el próximo! :)