Algunas semanas después...
La jornada laboral estaba por acabar e Itachi estaba realmente ilusionado. Observaba a Temari y admiraba su determinación en su trabajo.
Era perfecta en todo sentido.
Las reuniones con los accionistas cada vez eran más tensas y sólo la elocuencia de la rubia lo ayudaba a salir adelante.
Poco a poco, Itachi fue reuniendo las piezas del rompecabezas que necesitaba, logrando armar toda el trasfondo de la gran estafa.
—Estuve pensando en que realicemos una presentación formal de la planta en Konoha. Invitaríamos a todos los inversionistas y a él, por supuesto—musitaba mientras acomodaba el papeleo del escritorio.
—Deberíamos esperar, por si encontrás algo más. Además, tenemos que ayudar a Sasuke—el Uchiha fijó sus orbes sobre los de ella y suspiró.
—Es cierto, pero... —Temari se acercó y sonrió.
Itachi era débil ante su sonrisa.
—Por favor, sólo algunas semanas más y te acompañaré... —el Uchiha asintió y acomodó el cabello de Temari.
—Está bien. Esperaré un poco más... —se acercó y depositó un sutil beso en su mejilla antes de irse—¿Has traído tu cartera?
—¡Es verdad! Lo olvidé en la oficina. Iré por ella.
La rubia corrió por los pasillos y cuando Itachi quería advertirle que no lo hiciera, ella se había alejado lo suficiente para no oírlo.
Temari llegó hasta la oficina y entró sin mirar. Allí vio su cartera colgada en el perchero y antes de salir se detuvo.
Recuerdos. Malditos recuerdos que regresaban a su mente en sutiles gemidos que sus oídos captaron inmediatamente.
La Sabaku No tomó aire y salió de ese lugar. Caminó lentamente hasta la oficina contigua y notó que la puerta estaba entreabierta.
Una vez más, su mente viajó a ese día y su temor volvía a aflorar. Sin embargo, las personas que estuvieran allí dentro no afectarían su relación actual.
Abrió la puerta y se detuvo en la entrada. Sintió pavor al presenciar una escena semejante a la que vio con Shikamaru, pero esta vez podía reaccionar adecuadamente a los hechos.
Shisui estaba sentado detrás del escritorio con la cabeza hacia atrás, gimiendo al son del movimiento de la cabeza de una mujer que se encontraba en el suelo.
—¡EXISTEN HOTELES TRANSITORIOS PARA HACER ESTÁS COSAS, SHISUI! —de inmediato, el aludido volteó a ver a Temari y comenzó a reír. La mujer que estaba practicándole sexo oral se levantó y secó sus labios.
Se acercó hasta la rubia y la miró descaradamente.
—Perdón, señora de Uchiha... —espetó con cierta envidia.
Temari la miró de soslayo y esperó a que la mujer se retirara para sermonear a Shisui.
—Luego te llamo, Konan—gritó y la mujer lanzó un beso al aire.
Asqueada ante la situación, Temari cruzó sus brazos y frunció el ceño. Por otro lado, el primo de Itachi acomodó su ropa y se levantó.
—Deberás traerme algo a cambio del favor que estaban haciéndome y que vos interrumpiste descaradamente—espetó con ironía.
—Lo único que obtendrás de mí es tu castración si continuas molestándome o intentando hacer quedar mal a Itachi—amenazó la rubia.
Ante la ofensiva, Shisui suspiró y se acercó a la rubia.
—No es bueno que continúes trabajando en tu estado, ya sabés, es peligroso que una embarazada se exponga de esa manera... —susurró.
La Sabaku No lo sujetó de la camisa y redobló su apuesta.
—Que es peligroso que trabaje por mi bebé, podría confirmarlo, pero eso no me incapacita para apalear tus pelotas por intentar burlarte de Itachi o de mí—ante la risa de Shisui, Temari agregó: —Y aquí te daré tu adelanto.
De inmediato, utilizó sus tacos para golpear en su zona baja a Shisui. Este cayó inmediatamente, maldiciendo la aparición de Temari en la empresa.
—¡Las vas a pagar, maldita zorra entrometida! —espetaba entre quejidos.
La rubia salió de la oficina encolerizada. Cada vez era más tensa su relación con Shisui y lo era aún más después de descubrir que estuvo robándole información a su primo.
No obstante, ella guardó dichas pruebas para hundirlo junto con Fugaku.
Al salir, vio que Itachi estaba en su vehículo y trató de tomar aire para poder subir.
El Uchiha esperó a que Temari se colocara el cinturón de seguridad para encender el automóvil.
—¿Estás bien, Tem? —inquirió con preocupación.
—Sí, no es nada—mintió una vez más.
Porque así era su vida, un constante mundo de sentimientos omitidos ante el resto de las personas.
Al llegar a la entrada de su hogar, Temari pensó seriamente aquella idea que no la dejaba dormir tranquila desde hacía algunas semanas.
—Estaba pensando que sea en Konoha y... —la voz de Itachi se disipaba en sus oídos.
La rubia disociaba ante la propuesta del Uchiha y su mente se enfocaba en lo que sucedería si lograba llevar a cabo sus deseos.
—Es por eso que... —los labios de Itachi se silenciaron al momento de que se encontraron con los de Temari.
Exaltado ante la acción que tomó la rubia, él sujetó su rostro para demostrarle cuánto la amaba. No obstante, notó algo diferente en Temari y se sentía abrumado ante ello.
Se alejó un instante y observó las expresiones de la Sabaku No.
—Tem, qué...
—Quedate conmigo esta noche... —sus orbes brillaban más que cualquier otro día.
—¿Estás segura de que...?
—Esta vez no he bebido, Itachi. No volverá a pasar lo mismo que la otra vez—aseguró y sonrió.
El Uchiha se ruborizó y, al mismo tiempo, sintió cómo su corazón latía con una rapidez increíble.
Ambos bajaron del vehículo y la rubia tomó la delantera. Abrió la puerta de su hogar y esperó a que Itachi ingresara también.
Una vez que así lo hizo, colocó el seguro y arrojó las llaves al suelo.
Se acercó nuevamente a Itachi y lo besó apasionadamente. Descontrolada, Temari procedió a aflojar la corbata del Uchiha y él detuvo el beso para aclarar la situación.
—¿Estás segura de lo que estás haciendo, Tem? —inquirió mientras sostenía sus manos inquietas.
—Hace varios días he tenido algunos sueños comprometedores con vos y no quisiera contarte más porque me avergüenzo por eso... —desvió la mirada y comenzó a reír—Inconscientemente, deseo hacerlo con vos y por eso estamos aquí.
—Tem, quiero aclararte algo—se acercó a ella y la abrazó—. Si realmente querés que tengamos algo más que simples besos o salidas, deberás tener en cuenta que yo no soy como cualquier otro hombre.
—¿A qué te referís? —inquirió, desconcertada.
—Me gustaría que hagamos el amor, aunque sea una vez. Me costaría trabajo tener sexo y ya... —suspiró— No podría tratarte como una más del montón y me encantaría dejar una buena impresión de mí en tu mente.
Temari, emocionada, se aferró al cuerpo de Itachi. Luego, ambos se soltaron y volvieron a encontrarse en sus profundas miradas.
Él imaginaba un universo y ella sólo veía un planeta. Sin embargo, Itachi haría lo que fuera para que Temari saliera de su órbita y, de ese modo, conociera lo que su vista ignoraba.
Con una sutileza desmesurada, el Uchiha se acercó hasta los labios de Temari y los besó con ternura. Deseaba estar para siempre en ese mundo y que nada pudiera estropear ese momento.
Deslizó una mano hacia su cintura y la apegó a su cuerpo. Ella, por su parte, continuó aflojando la corbata sin despegar sus labios de los de él y luego prosiguió con los botones de su camisa.
Su respiración era lenta y meliflua. Itachi apostaba a que cada sonido que la rubia emitiera, sería una nueva canción de cuna para su corazón.
Al sentir la tibieza de los dedos de la Sabaku No, el Uchiha desvió el curso de sus besos hacia el cuello de ella. La dulzura de su piel lograba crear una deliciosa adicción de la cual jamás podría superar.
El cuidado que Itachi tenía sobre Temari era sublime. Él no deseaba que el cristal se fragmentara frente a sus ojos, ya que si los pegara, no sería igual de encantadora.
La rubia fue guiando al Uchiha hasta su habitación mientras arrojaba su ropa por el camino: zapatos, camisa y sus propias prendas estaban regadas en la sala.
Al ingresar al cuarto, Itachi contempló por primera vez el cuerpo de Temari luciendo una lencería seductora: encaje negro, reluciente y acorde a su personalidad...
Avergonzado, el Uchiha quitó su pantalón para quedar en las mismas condiciones que ella.
Sin embargo, la rubia era aún más astuta que él y su última prenda había desaparecido, quedando completamente desnudo y excitado ante ella.
Ya no había más escapatoria. Tanto ella como él deseaban pasar a ese nivel y comprobar qué era lo que sentían el uno por el otro. Itachi estaba seguro del amor que profesaba, pero Temari estaba confundida.Sin embargo, que ella tomara la iniciativa era alentador, ya que significaba que Itachi estaba entrando en el sitio más privilegiado de su corazón.
Dejando de lado su amabilidad y timidez, el Uchiha abrazó nuevamente a Temari y comenzó a besar su cuello mientras quitaba lentamente su brasier.
Aunque costara admitirlo, Itachi era bastante hábil con sus manos.
El Uchiha alzó a la Sabaku No y la llevó hasta su lecho, donde continuó su camino de besos húmedos que se detenía en algunos puntos en específico.
No se trataba de un hallazgo en sus puntos sensibles, sino en el modo en que el Uchiha lograba estremecerla.
Los jadeos de ambos se volvieron salvajes, a tal punto que los excita a escucharse mutuamente y redoblaban su apuesta para no perder ante el otro.
Los labios del Uchiha degustaban el delicioso sabor de la lujuria, acariciando y masajeando la curvas más prominentes, deslizando la punta de su lengua en la cumbre de sus pechos, alcanzando una extraña y candente sensación que despertaba un ferviente deseo de ser nuevamente amada en todos los sentidos.
Apasionado, lento y preciso, tal como un caballero de las antiguas novelas que tanto amaban leer. Un ferviente defensor del placer a través de la imaginación, cultivando las ganas de culminar el acto sexual de manera explosiva.
Sumergida en el sueño que estaba logrando hacer realidad, notó que sus bragas habían sido quitadas del camino, dejando su intimidad a merced del servicio del Uchiha, quien le otorgaba un desmesurado placer, al punto de sentir cómo la humedad daba cuenta de su nivel de excitación.
Sin perder más tiempo, el Uchiha regresó hasta Temari, pero fue sorprendido por ella al quedar bajo su mando. Ella se ubicó encima de él y comenzó a acariciar su abdomen con premura.
A diferencia de él, Temari sí estaba deseosa de su cuerpo.
Al oír cómo los jadeos del Uchiha se volvían cada vez más audibles, ella procedió al último nivel de su acto. Se ubicó en el punto máximo de ambos, encontrándose tanto su intimidad como la de él en el mismo sitio.
Su miembro estaba al borde del colapso. Sus palpitaciones eran delirantes y sentía cómo se desgarraba su piel al tomar contacto con la estrechez de su amada.
La danza fue lenta al principio. Sus cuerpos se fusionaban a la perfección, encontrando el punto de inflexión que los llevaría al clímax más rápido de lo que pensaban.
Sin embargo, poco duró la cordura física de la rubia. Mientras balanceaba su cuerpo excitado, desgarraba la piel de Itachi con suavidad. Él cerró sus ojos e imaginó que todo sería un terrible sueño.
Ambos disfrutaron del momento, olvidando las restricciones de todo tipo. No existían lamentos ni penas, sólo placer.
Estremecida, Temari ajustó la velocidad de su vaivén. Desbordando de calor, humedad y lujuria, la rubia colapsó después de varios minutos de sentir cómo su cuerpo experimentaba tantos orgasmos en tan poco tiempo.
Era la primera vez que vivía tal experiencia. A lo mejor, Sakura tenía razón en lo que le decía respecto al sexo durante el embarazo.Aunque, siendo franca, hubiera sido más bonito que lo descubriera con Shikamaru.
Despistado, jadeante y con una sonrisa que no podía ocultar, Itachi besó nuevamente a Temari.
—¿Qué fue esto, Tem? —inquirió entre jadeos.
—Pues, en mis sueños era aún más intenso... —ambos rieron.
No fue sueño. No fue producto de su imaginación.Finalmente, después de tanta decepción, Temari experimentó el placer otorgado por otro hombre que no fuera Shikamaru.
A la mañana siguiente...
Itachi se había bañado y luego fue vistiéndose a medida que encontraba sus prendas perdidas en la sala.
Estaba exhausto, pero su felicidad desbordaba notablemente.
Antes de irse, besó a Temari y la abrazó.
—Ese día, te daré un hermoso regalo que he estado preparando. Dependerá de vos lo que suceda luego de que lo recibas... —acomodó el cabello rebelde de la rubia y sonrió.
—No deberías molestarte tanto por mí...
—Quiero hacerlo y, además, merecés ser la privilegiada que lo tenga—suspiró—. En fin, debo ir a casa. Sasuke estuvo llamándome toda la noche, así que debe estar desesperado.
Temari esbozó una sonrisa ladina y acomodó la corbata de Itachi.
—Sí, no preocupes más a tu hermano. Nos vemos mañana—Él volvió a besarla y luego ella se dirigió hasta la puerta para abrirle.
—Más tarde te llamo, Tem. Cuídate mucho—exclamó y corrió hacia su automóvil.
Temari esperó a que él se fuera y cerró la puerta.
Se detuvo allí y observó sus manos.
No estaba arrepentida. No sentía culpa.¿Así se siente cuando tenés relaciones con otra persona que no fuera tu esposo?
Antes de comenzar a divagar, Temari fue hasta la cocina para buscar alguna fruta para comer.
En ese momento, divisó la billetera de Itachi sobre la mesa y resopló.
Cuando iba a buscar su celular para llamarlo, el timbre sonó.
Menos mal que se dio cuenta antes de que le avise.
Al abrir, su sorpresa fue tanta que su sonrisa se había desplomado. Su corazón se detuvo de inmediato y su mente se estancó.
—Hola, Tem... —sus ojos mostraban cuántas lágrimas pudo haber derramado.
—Shikamaru...—musitó y respiró profundo —¿Qué estás haciendo aquí?
—Seré breve y franco—frunció el ceño y mordió su labio inferior—¿Yo soy el padre del bebé que estás esperando?
—¿Por qué se te ocurre preguntarme eso de repente? No te entiendo... —se excusó.
—¡Sé que estás saliendo con Itachi! Lo vi entrar anoche y salir esta mañana. No me importa eso, pero necesito saber la verdad... —inquirió con desesperación. Llevó sus manos al vientre de la rubia y dejó caer unas lágrimas— Te conozco y sé que por más idiota que haya actuado, no te hubieras acostado con nadie más cuando estabas tan dolida. Por eso estoy seguro de que estás mintiéndome.
—¿Qué creés que ganaría mintiéndote?
—Alejarme para siempre. Olvidarme—suspiró —. Pero nuestro bebé no tiene la culpa de los errores que cometí.
Aquel extraño reencuentro la orillaba a confesarse. Estaba segura de que había logrado engañarse a sí misma y engañarlo a él, pero la realidad volvía a golpearla fuertemente.A escasos metros, dentro de un vehículo, Itachi observaba la secuencia en la cual el antiguo amor de Temari volvía a buscarla.No lo ocultes más. Él merece conocer la existencia de su hijo, aunque a mí me duela admitirlo.No le mientas más, demostrale que tu corazón delator es tan puro como lo imagino...
