Disclaimer: Todo reconocible de Harry Potter es propiedad de J.K Rowling.
Por obligación, serán un dragón y una víbora
40. Tercer año: Desilusión.
Un silencio sepulcral se formó cuando el ejemplar de El Quisquilloso calló a los pies de Harry. El Gryffindor miró primero la revista donde habían publicado la entrevista que le habían traído tanto apoyo como rechazo, aunque últimamente juraba que eran más los aliados que los enemigos, luego levantó los ojos para toparse con los de la Slytherin. Los ojos verdes se cruzaron, esos dos pares de esmeraldas que pertenecían a diferentes casas se conectaron, él no sabía que decir, no entendía, y ella tenía tanto que decir que no salía nada de su garganta.
—¿Acaso no te gusto? —preguntó Luna con sus enormes ojos de curiosa, rompiendo el silencio —Ya sé que el artículo de los Shorkacks de cuernos arrugados era más interesante, pero la entrevista de Harry...
—¡No tiene nada que ver con eso! —la cortó al exasperarse — ¡Tú! —gritó señalando a Harry —¡Maravillosa entrevista! —dijo con sarcasmo —¿Era necesario dar nombres? ¿Era necesario manchar los apellidos de las familias de personas que no tienen nada que ver?
—¿Disculpa? —Harry lucía desconcertado ante la actitud de la Slytherin, sin llegar a entender el porqué de aquella ración. ¿Que no lo apoyaba? ¿Que no debería de estar feliz por el hecho de que la gente lo tomaba más en serio? ¿Y desde cuando le importaba aquello de manchar nombres?
—¿Lo dices por Malfoy? —se aventuró a preguntar Arise, consiguiendo que la gran mayoría pensara en esos instantes lo mismo. Era lógico que Astoria se molestara porque el padre de su novio era incluido en esa lista de mortífagos.
—Claro, lo dices por tu noviesito Malfoy —alardeó Smith.
—Lo siento, Astoria —balbuceó Harry algo irritado —Pero es la verdad, Lucius Malfoy es un mortífago y si no lo sabías, lamento que te enteraras de esta manera, pero solamente he dicho la verdad. El padre de Malfoy estaba esa noche ahí, por mucho que él te aseguro lo contrario o quiera venderte una buena imagen... —argumentó intentando tranquilizarla, pues la joven Slytherin tenía los ojos llenos de lágrimas.
—¡No me interesa! El que estuviera presente ahí no era razón para... —interrumpió las palabras de Harry, pero de igual manera la interrumpieron a ella.
—Astoria, no tiene una pizca de sentido lo que estás diciendo —intervino Hermione para relevar a su amigo —Entiendo que te moleste o te pongas triste al enterarte de algo así, pero seamos honestas: No es una sorpresa para nadie que los Malfoy estén a favor de Voldemort —al decir el nombre del mago tenebroso algunos chicos se encogieron y otros ahogaron unos pequeños gritos.
—¡No es eso! —bramó la castaña, sin ponerle atención a los detalles —Es verdad que no es una sorpresa que las familias de muchos de mis conocidos están relacionadas con el Señor Tenebroso. Eso no me sorprende en lo más mínimo, ni me molesta, porque sé que es un secreto a voces —aclaró, haciendo uso de todo su auto-control para no escupió con los ojos llenos de lagrimas y los puños fuertemente apretados.
—¿Entonces si lo sabías? —inquirió Neville, acercándose y cerrando más el circulo que se formaba en torno a la joven serpiente.
—¡Lo sabías y aún así andabas con él! —acusó Smith. —¡Andas con un hijo de mortífago!
—¡Cállate! —bramó la menor, apuntando con su varita al Hufflepuff que siempre exasperaba con sus comentarios, aunque en este caso la única exasperada era ella, pues el resto parecía compartir la opinión.
—Me decepcionas —murmuró Ron, llamando la atención —Creo que hablo por todos al decir que pensamos que eras diferente a los de tu casa...
—¡Podrían dejar de meternos a todos en una misma botella! —chilló exasperada —¡Estoy harta! ¡No todos los Slytherin son iguales! ¡De la misma forma que no todos los Gyffindor se parecen! ¡O los Ravenclaw! ¡O los Hufflepuff! ¡No por estar en la casa a la que pertenecieron magos malvados como el Señor Tenebroso, el resto de los que están ahí son malos!
—¿Por qué le llamas Señor Tenebroso? —cuestionó Harry con mirada seria, ganándose la atención de todos, incluso de Astoria, quien había dejado de gritar y ahora, en lugar de molesta, lucía confundida como el resto. —Solo los mortífagos se refieren a Voldemort como "El Señor Tenebrosos" —observó, y provocó más revuelo tanto por la declaración como por prenunciar ese nombre. Hermione observó a su amigo y quien tenía los ojos entre-cerrados como dos pequeñas rendijas.
—La gente que lo teme lo llama el-que-no-debe-ser-nombrado o quien-tú-sabes o similares —comenzó a decir la leona, para que todo quedara más claro y que entendieran lo que acaban de deducir —Tienen miedo de decir su nombre, lo que es ridículo. Tenerle miedo al nombre solo agranda el temor al hombre. —recitó como ya lo había hecho una vez —Por el contrario, otros no le tienen temor al nombre...
—Como tú y Harry —la interrumpió Ron, ganándose una mirada de molestia.
—Dumbledore también dice su nombre —intervino el famoso león —Y como dice Hermione, solo hay tres clase de persona: los que le temen a morir que no pueden decir su nombre; los que no le tienen miedo al nombre porque saben que Voldemort no es más que un asesino —añadió con desdén, cerrando los puños al sentir ese vacío que le producía el recordar todas las muertes que el temible mago había causado —Y los que lo apoyan, como los mortífagos y lo llaman con respeto.
Astoria respiraba de forma pesada y acelerada, mantenía la mandíbula apretada y con una frialdad de hielo se sacó la túnica y bufanda de una, para luego remangarse la camisa blanca del uniforme y mostrar sus dos antebrazos. Pocos fueron los que entendieron lo que Astoria intentaba decir con aquello, aunque igual la insinuación era ridícula, pero otros sacaron conclusiones erróneas, como que Astoria quería luchar o golpear al trío de Gryffindor.
—¡No te atrevas! —gritó Lavander, poniéndose frente a Harry.
—No la va a golpear —Hermione negó con la cabeza y se apretó el puente de la nariz —Astoria quería mostrar que ella no tiene la marca tenebrosa, aunque jamás quisimos insinuar eso, es obvio que no eres mortífaga ni formas parte de ellos —aclaró, mirando fijamente a la Slytherin.
—Pero está más que marcada la influencia que tiene a causa de su compañía. ¿Cierto? Eso es lo que quería decir —informó Luna con naturalidad.
—Bien —aceptó la casta a falta de un argumento contra eso —Puede que tengan razón, yo no crecí escuchando que le llamaran "el-que-no-debe-ser-nombrado", así como tampoco crecí escuchando esas terribles historias de la época oscura. Pero tampoco soy tonta. ¡Sé que es malo! ¡Por eso estoy aquí! ¡Porque le creo a Harry! ¡Yo no apoyo al Señor Tenebroso!
—Te creemos, si no fuera así, no estarías aquí. Lo que no entendemos es porque estás actuando así —volvió a hablar Neville; la verdad, no muchos hablaban o sabían bien que pensar, solo observaban expectantes y sacando o formando conclusiones que no tenían sentido.
—¡Es que ustedes no entienden! ¡Se están metiendo con mi familia! —reprochó con desesperación, no encontraba las palabras adecuadas para expresar sus sentimientos, todo lo que cruzaba por su mente la haría contradecirse. Por lo menos estaba pensando antes de hablar.
—¿Qué? —preguntó Ginny, entrando a la conversación —¿Tu familia qué tiene que ver en esto?
—En la entrevista no dice nada de los Greengrass —afirmó Fred, agachándose a recoger el ejemplar de El Quisquilloso, para reiterar su afirmación.
—Jamás he dicho que en esa cosa se mencionara a mis padres —bramó ella ante el acto del gemelo.
—Dime que no estás diciendo que los Malfoy son tu familia —Cesir se aproximó y la miró fijamente, la chica desvió la mirada como si de repente se sintiera desnuda ante todos ellos —¡No lo puedo creer! ¡Son mortífagos y aún así los defiendes!
—¡Es que tú no entiendes! —se defendió del Ravenclaw.
—¡No! ¡No entiendo! ¡Nadie puede entender! ¡Tus padres son aurores! ¡Son del equipo los buenos! ¡Tú estás de nuestro lado también! —le contestó el Ravenclaw, enfatizando la palabra "buenos". —¿Por qué andas con un hijo de motífago? ¿Por qué defiendes a los mortífagos si dices estar de nuestro lado? —le preguntó algo exasperado. Muchas miradas esperaban las respuestas a esas preguntas. ¿Como decir que sus padres eran doble-cara? ¿Como decir que su padre tenía la marca y se justificaba porque decía que había pretendido ser un espía a favor del ministerio, cuando en realidad había sido al revés? ¡Merlín! Solo pensarlo daba dolor de cabeza.
—Los hijos no tenemos que pagar o seguir las acciones de nuestros padres —comenzó a decir tranquilamente, intentando acomodar sus ideas ahora que parecía que la querían escuchar y la dejarían hablar —Vamos por partes —gesticuló con las manos como indicando que había varias cosas frente a ella de las cuales debía de hablar y apenas estuviera tomando una. Aunque aún así parecía no acomodar sus ideas para hablar con claridad.
—Continua —le animó Potter, que seguía frente a ella, mirándola con atención.
—No todos los Slytherin son malos y demás. También hay buena gente ahí, que no se tomen la molestia de conocerlos es otra cosa, pero no todo son... bueno, la gran mayoría si, pero no todos... ¡No es nuestra culpa que nos educaran así! —terminó chillando ante la mirada de los presentes —A ustedes los educaron de manera diferente, nosotros nacemos oyendo lo mismo una y otra vez: ¡La sangre es lo que importa! Hasta el cansancio y el fastidio, tanto así que muchos buscan mostrarse relacionarse con Muggles o así, solo para llevar la contraria y demostrar su rebeldía. —a Harry le vino a la mente su padrino. Sirius era un Black y había hecho hasta lo incansable por demostrar que no era como los de su familia, aunque claro, su padrino había sido un Gryffindor en contra de la tradición familiar.
— ¿A caso haces esto por rebeldía? —preguntó Neville ingenuo.
—No, no es eso lo que quise decir. Es solo que... ¡Arg! Es solo deben de entender que no por pertenecer a una familia debes de ser como el resto...
—Malfoy es una exacta copia, o al menos una imitación un tanto patética de su padre —le cortó Harry —No nos quieras convencer de que Malfoy es diferente y que por eso andas con él —Astoria frunció el ceño.
—¿Y qué hay de Nott? ¿Siquiera lo conoces? —bramó molesta, recurriendo a sus demás argumentos, porque lo de Malfoy era caso perdido —¿O que hay de Dolohov o Rowle? ¿Los conoces?
—¿Los demás mortífagos? —preguntó Ron con poco tacto, haciendo una mueca y tomando el ejemplar de El Quisquilloso que tenía su hermano entre las manos —Dolohov no sale aquí... —comentó leyendo cuidadosamente las líneas.
—Dolohov es uno de los mortífagos que se fugaron de Azkaban —le informó Hermione, quitándole la revista y guardándola para que ya nadie la agarrara.
—Ellos tienen hijos que están aquí... ¡Y son increíbles! Paige es la Slytherin más loca y efusiva que pueden imaginar, Leo es un bromista de primera... bueno quizás de segunda —se corrigió ante la mirada ofendida de los gemelos Weasley —Theo es agradable y un gran amigo. ¡Y aun así los tratan como si tuvieran viruela de dragón, solo porque sus padres son lo que ustedes consideran "malas personas"!
—¡Pues es que lo son! —aclaró George. —¿O como llamas tú a la gente que mata solo porque si a los que considera inferiores?
—No digo que eso no esté mal, al contrario. ¡Pero entiendan que no son los monstruos que creen! —le espetó furiosa, apretando los puños —¡Ustedes jamás han convivido con ellos! ¡Para ustedes Lucius Malfoy es un monstruo! ¡Para mí no! ¡Él nunca me ha tratado mal o con desprecio! ¡Al contrario! ¡Ha sido encantador!
—Pues, es porque tú eres de sangre limpia —dijo Colin algo temeroso por los gritos.
—Los Weasley también son sangre limpia y los trata como basura —aclaró Hermione, ganándose una mirada suspicaz por los pelirrojos —¡Es verdad! Lucius Malfoy no solo desprecia a los Muggle, los nacidos de Muggle y a los de sangre mestiza, también odia a los traidores de la sangre. Así que aquí nadie se libra.
—Ella se libra —bufó Smith.
—¿Y me van a crucificar por eso? —bramó molesta, enseñando los dientes como si luciera colmillos. —Ustedes han convivido conmigo y claramente han dicho que no soy la clase de Slytherin que esperaban —miró fijamente a Harry —Que era una en un millo; pero para su información, no soy la única. En Slytherin hay buena gente y ustedes los tachan a todos por igual. ¡No por altaneros u orgullosos tenemos que terminar matando mestizos porque un mago de dudosa procedencia y con nombre pomposo se le ocurrió! —los presentes soltaron un pequeño grito ante tal blasfemia. Una cosa era no temer al nombre o tratarle con respeto, pero era una cosa muy diferente insultarlo de aquella manera. Era como estarse burlando de la muerte, sabiendo que en cualquier momento podías caer muerto.
—Nunca hemos dicho que tienen que terminar siendo mortífagos todos —aclaró el león de ojos verdes. —Pero admite que los de tu casa no son muy agradables que digamos, especialmente Draco, Cabbe, Goyle, Pansy...
—Y no nos olvidemos del idiota que era Marcus Flin. También están Lucian Bole, Peregrine Derrick, Warrington, Montague, Pucey, la gemelas Carrow, Bletchley... —comenzó a enumerar George.
—¡Arg! —chilló exasperada Astoria —No hay quien se salve ante sus ojos, ¿verdad?
—¿Nos dirás que alguno de ellos son interiormente un encanto? —se burló Corne, quien estaba a un lado de Ginny.
—¡Bien! ¡Ganaron! —bufó con fastidio, rodando los ojos y tomando una bocanada de aire. Se agachó a recoger su túnica y sin mucha gracia se la puso.
—¿Ganamos? —Hermione había permanecido en silencio, escuchando y analizando la situación, pero ahora no entendía bien a que se refería la otra castaña.
—Para ustedes no hay escalas de grises, solo negro y blanco, mortífagos y aurores. Así que ganan, no insisto más en hacerles cambiar de opinión —contestó.
—¿Y entonces? —Neville dio un paso hacía adelante, acercándose más a la chica, pero la Slytherin también avanzó, quedando a unos centímetros de Harry.
—Perdón por no ser lo que esperabas —susurró sin mirarle a la cara.
—No, bueno, tú no... —intentó decir, pero las palabras no se acomodaban y parecía que le hubiera lanzado una maldición de lengua enredada.
—No te puedes ir —intervino Luna —¿Vas a dejar de lado tus ideales, solo por una pequeña diferencia con nosotros?
—¿Pequeña diferencia? —bramó Ron —¿Pequeña diferencia? ¡Estaba diciendo que los Slytherin son buenos! Ahí sí que no coincidiríamos en mil años. Todos ellos son como un grano en el trasero. ¡Odiosos! —argumentó como si buscara que los presentes entendieran, ignorando el hecho de que frente a él tenía a una Slytherin.
—¡Ron! —le regañó la leona amiga suya, dándole un disimulado pisotón para que no metiera la pata. Querían que Astoria se quedara de su lado no en contra.
—Si eso piensan... —se encogió de hombros, le comenzaba a doler la cabeza. —No los molesto más —concluyó. —Gracias por todo, Harry.
—¿Qué? ¿Nos vas a dejar así porque sí? —dijo uno de los gemelos Weasley.
—No puedes hacerlo, Astoria, Emerald... —tartamudeó Neville.
—Ya les dije mis razones, así que no me voy "así porque sí" —aclaró, dando unos pasos más para salir del circulo y quedar de espaldas a Harry que seguía sin palabras a su favor o contra, era como estar en un trance donde lo que se suponía ser bueno se volvía malo. —Ustedes son demasiado cabeza dura —añadió con desdén.
—Nadie te va a rogar para que te quedes —masculló finalmente el león.
—Harry... —intentó decir Hermione, estaba segura de que su amigo se había molestado, pero luego se arrepentiría de dejar ir a la única Slytherin que tenían de su lado. —Astoria, por favor, sé que estás molesta, pero esto no es un juego y no es como si lo pudieras dejar por un capricho.
—No es un capricho, Hermione. Es un argumento muy bien fundado: no compartimos ideales —respondió a su defensa.
—Claro que compartimos ideales, solo que desde que te volviste novia de Malfoy, has cambiado mucho. Aunque quizás solamente estás siendo tú misma ahora que estás relacionada con más serpientes —le dijo directamente Ginny.
—Bonito concepto en el que me tienes —respondió frunciendo el ceño, aun dándole la espalda a todos.
—No dejas de ser una serpiente, cuando estás solas eres dócil, pero en compañía de otra serpiente sacas los colmillos —le atacó Smith.
—¡Ya basta! ¡No te permito que me insultes! —gruñó la niña, girándose bruscamente.
—¡Entonces deja de actuar como tal! —le gritó Harry finalmente hastiado y molesto, le comenzaba a doler la cicatriz y aquella discusión solo empeoraba todo.
—¡No estoy actuando mal! ¡Solo digo lo que pienso! ¡Y es verdad! ¡Son unos inflexibles! ¡Obtusos! —renegó frustrada.
—¿Y tú no? —bramó Ron, mirándola con coraje.
—Si fuera una inflexible no les hubiera hablado nunca —le contestó con el ceño fruncido —Porque a mí me enseñaron a no...
—¡Basta! —vociferó Hermione —Nos estamos apasionando. Ya es demasiado... ¿Te quieres ir? —le preguntó a Astoria, pero no esperó respuesta —Adelante, pero por ningún motivo nos vayas a traicionar, recuerda que tu nombre también está en esa lista. Firmaste y participaste con nosotros en esto. No es amenaza, pero que quede claro que, si dices algo para perjudicarnos, ahora que te has cambiado de lado, no te salvaras de caer con nosotros.
—No diré nada, no soy una traidora, solo hago lo mejor —dijo ya más calmada.
—¿Lo mejor para quién? —bufó por lo bajo Fred.
—Para todos —contestó en un susurró seco e indiferente. Quería convencerse de que eso era lo mejor.
—Para ti y Malfoy, querrás decir —le espetó el otro gemelo.
Astoria les miró uno momento, luego recorrió la sala de los menesteres con la vista. Ahí había aprendido mucho sobre los hechizos, había tomado confianza para hacer magia aún con una varita que no sentía suya. Se había sentido parte de algo importante, se había hecho de amigos, de esos amigos que la aceptaron sin más a pesar de ser quien era; y ahora ella los dejaba. Se sentía pésimo, se sentía como una traidora de verdad, ¿pero que sería si se quedaba ahí y traicionaba a su familia?
—¡Piensen lo que quieran! —bramó molesta, girándose y caminando a grandes pasos hasta la puerta.
—¡Anda lárgate con los mortífagos! —le gritó Smith sin poderse contener.
—¡Arg! —abrió la puerta y se giró a mirarlos con indiferencia y frivolidad —Y si quieren saber algo más: ¡El amor me importa más que los ideales! ¡Me harté! Si ante sus ojos es imposible querer a los Malfoy y apoyar a los buenos, pues ¡perfecto! ¡Me largo con los malos! —puntualizó, saliendo por la puerta de madera que se desvaneció apenas la cerró detrás de ella con odio y fuerza.
—Se supone que debíamos ganar aliados, no enemigos —la decepción se reflejaba en la voz de Ron y no era el único que veía la partida de Astoria como una considerable perdida.
O-O-O
Astoria corría por los pasillos sin reparar en si la veían o no, igualmente aún no era del todo tarde como para que la regañaran. Se sentía tan perdida, como si lo que había pasado hubiera sido solo un mal sueño. ¿Por qué había dicho tantas estupideces? Ni siquiera tenía un buen argumento. Si, quería a los Malfoy, pero no estaba de acuerdo con que apoyaran a los mortífagos. ¿Como hacerles entender eso a los cabeza-dura de los Gryffindor, Ravenclaw y Hufflepuff?
Con esa sensación de aturdida regresó a la sala común de Slytherin. Lo único que quería en esos momentos era acurrucarse en una butaca cerca de la chimenea y olvidarse de todo lo que había pasado. Una parte de ella le decía que no debería de sentirse mal o culpable, porque al final de cuentas ella sabía de ante mano que aquel momento llegaría, ese momento de escoger en que "bando" estar y era más que obvio que elegiría el bando donde estaban sus seres queridos y familiares.
Iba llegando a las escalerillas de piedra que llevaban a las mazmorras, tan perdida en sus pensamientos, que no se había dado cuenta que alguien venía tras ella.
—¡Emerald! —se escuchó una voz masculina, pero ella no le puso cuidado —¡Emerald! ¡Espera! —se volvió a escuchar y solo entonces Astoria volteó. Detrás de ella, jadeante por el esfuerzo realizado de andar corriendo tras ella, estaba Neville.
—¿Qué pasa? —preguntó fríamente, aún con esa sensación de estar en un sueño o mundo irreal.
—Bueno, yo... —tartamudeó, jugando con sus manos y demostrando lo nervioso que estaba —Mejor dicho: Todos los chicos...
—No me interesa —lo cortó y frunció el ceño —Y no había necesidad de que vinieras a decir nada, ni para bien o para mal —el chico la miró y luego desvió la mirada algo ofendido. Él había ido detrás de ella solo para decirle que la echarían de menos y que todos, o al menos la mayoría, consideraban su partida como una gran pérdida para el ejército de Dumbledore, y que podía regresar si llegaba a cambiar de opinión.
—Está bien —puntualizó el león sin mirarla, girándose y regresando por el camino que había tomado.
—Neville —murmuró sintiéndose aún peor de lo que ya se sentía. Cerró los ojos con fuerza, intentando evitar que las lágrimas se formaran y rodaran.
—No me digas, vienes de hacer la tarea de Astronomía con Lunática —una voz chillona y molesta se escuchó detrás de Astoria. No tenía voltear a ver quién era, porque conocía esa voz a la perfección: Pansy siempre tan inoportuna. —Pero juraría que ese que iba ahí no era la Lunática, sino el grasiento Neville Patata Longbottom —comentó venenosa. —¿Y por qué te llamaba Emerald? —indagó con tono jocoso.
La castaña palideció ante esas últimas dos oraciones. Si Pansy le decía a Draco que la había visto con Neville y que la llamaban Emerald se podía dar por muerta. ¿De verdad podía tener tan mala suerte en una sola noche? Bufó molesta y se giró para encarar a la pelinegra.
—¿No tienes nada mejor que hacer además de estar deambulando por los pasillos? —dijo la pequeña Greengrass.
—Es mi trabajo de Prefecta —contestó con altanería —Y con esa misma autoridad te exijo que me conteste lo que te pregunté.
—No tengo porque hacerlo —respondió sin mirarla, comenzando a caminar hacia las mazmorras, pero antes de pisar los escalones, sintió como la agarraban.
—Me lo puedes decir por las buenas o si quieres vamos con Draco para que se lo expliques a él —la amenazó. Pansy se sentía como si hubiera ganado una batalla en aquella guerra por su príncipe de Slytherin; sentía que tenía poder sobre Astoria con aquella información.
—Es un apodo —comentó con fastidio y sin darle mucha importancia —¿Qué acaso no sabes lo que es? ¿Qué tú no tienes uno? —añadió con desdén —¡Ah! ¡Cierto! Tú ya no tienes apodos, porque el único que tenías te lo pusiste tú sola y ahora es mío —esbozó una sonrisa cruel y soltó una risa —Princesa de Slytherin —se burló, demostrándole a la mayor que ella también tenía veneno.
—Mocosa del infierno —susurró Pansy con odio, mirándola como si quisiera matarla —Ese título no te durará mucho, de mi cuenta corre eso —amenazó.
—No me hagas reír —bufó con arrogancia —¿Por qué piensas que Draco regresaría contigo?
—Porque Draco lo que necesita es una mujer como yo —alardeó con autosuficiencia y dándose aires superioridad.
—¡Por favor! Mujer no es igual que mujerzuela, de lo contrario si te otorgaba la razón —contraatacó con burla y todo el veneno que tenía —Ya no me molestes más, Parkinson —añadió con ese susurro de desprecio tan propio de las serpientes.
—Te arrepentirás —masculló la mayor, sin siquiera mirarla soltó a Astoria y continuó su camino para las rondas que tenía que dar.
La joven de ojos verdes se quedaron perdidos en el pasillo donde Pansy desapareció al doblar para tomar otro rumbo. Una parte de ella quería ir tras Parkinson y pedirle que no fuera a decir nada de lo de Neville o Emerald, pero su orgullo no le permitía mostrar hacerlo, además que si lo hacía le daría entender a la pelinegra que la tenía en sus manos y eso no lo permitiría.
Suspiró, sintiendo como la cabeza le comenzaba a doler y continuó su camino a la sala común de Slytherin. Cuando entró no encontró a Draco entre los presentes y a falta de ánimo decidió irse a dormir temprano. A lo mejor con una buena noche de sueño la sensación de culpa y decepción se iba, quizás al despertar descubriría que todo había sido un sueño.
O-O-O
Los días siguientes Astoria seguía sintiéndose en esa pesadilla de la que deseaba despertar; cada que veía a un miembro del ED se sentía una traidora. Lo único que agradecía era que Parkinson parecía haber olvidado su conversación y, hasta donde ella tenía entendido, no le había dicho nada a Draco sobre Neville o Emerald.
Astoria no les había vuelto a hablar o dirigir la palabra a nadie que no fuera de Slytherin, ni a Luna que le sonreía cuando la veía, ni a Colin que junto a Iván y los otros chicos la miraban con curiosidad, como queriéndole decir algo, pero no se atrevían a hacerlo. Era extraño pasar aún lado de sus antiguos amigos y no hablarles, y ganarse miradas de reproche, sobre todo cuando iba del brazo de su príncipe.
Era verdad que todo cambiaba con el pasar del tiempo, pero para el gusto de Astoria, las cosa estaban transcurriendo demasiado de prisa. ¿Qué sería después? ¿Draco, Blaise, Theo y todos sus amigos con la marca tenebrosa? ¡Merlín! Como odiaba al Señor Tenebroso por traer tanta desdicha a su vida y eso que apenas habían comenzado las cosas; no quería imaginar o plantearse como sería más adelante, como cuando comenzaran a matar nacidos de muggle y mestizos.
—¿Estás bien? —preguntó Paige, mirando como Astoria vertía, sin querer, su jugo de calabaza en el cereal, en lugar de la leche.
—¿Eh? —apenas salió de sus pensamientos miró a donde miraban sus acompañantes y calló en cuanta de lo que acaba de hacer; puso cara de asco y dejó el plato de lado, igual no tenía hambre.
—¿Sucede algo? —preguntó Cole, asomándose por encima del periódico.
—No tengo hambre —respondió tajante.
—¿Pasa algo con Malfoy? —Grayback siempre era directo en lo que decía, peguntaba o comentaba; pocas veces se andaba con rodeos para hablar.
—¿Tendría que pasar algo? —la castaña enarcó las cejas, justo como lo hacía Draco. Bien dicen que pasar mucho tiempo con alguien que quieres provoca que involuntariamente adoptes manías o gestos de la otra persona.
—No realmente —el castaño soltó una risa y regresó a leer las noticias, cada vez pasaban cosas más ridículas, pero aun así era bueno estar informado, pese a que la información estuviera alterada por el ministerio.
—¿Alguna novedad? —preguntó la pelirroja, mirando al chico mayor del grupo de cuatro.
—¿Resumidamente? —preguntó sonriendo de lado y con burla. Tanto Paige como Leo y Astoria asistieron con la cabeza —Están encerrando en Azkaban a cualquier idiota que pase frente al ministerio, pero no han encontrado ni rastro de los mortífagos que se escaparon en la fuga —murmuró la última oración con cautela, mirando de reojo a su amigo.
—No creo que sea tan... no creo que regresara a casa —murmuró de igual forma Leo —Más allá de poner en peligro a mamá, sabe que sería el primer lugar donde lo buscarían —comentó como si fuera lo más normal del mundo.
—¿Y si fue a donde mi padre? —indagó Paige con una pizca de preocupación en sus ojos.
—No debería, no sería tan estúpido —masculló, apretando el pan que estaba en su mano hasta hacerlo migajas.
—Los fugados deben estar en el mismo lugar donde se esconde el Señor Tenebroso ¿No? —comentó Astoria en voz baja para que no le escucharan los demás.
—Dudo mucho que quien-ustedes-saben esté escondido, debe andar moviéndose y organizando sus tropas y así —formuló Cole con seriedad —De la misma forma los mortífagos deben de estar en movimiento constante, buscando aliados o planeando cosas crueles. Eso explicaría porque no les siguen la pista...
—No le siguen la pista porque los ineptos del ministerio piensan que es mentira eso de que el Señor Tenebroso regresó —le aclaró Astoria, ganándose un asentimiento por parte de sus tres amigos. Al menos ya nadie parecía resistirse a la idea, aunque seguían guardando recato ante la posibilidad, ya fuera por miedo personal o por el simple hecho de que si alguien se lo decía a la profesora Umbridge se meterían en problemas.
—Pero igual debe de tener una base ¿No? —observó Paige después de un rato de silencio.
—Claro, alguna de las mansiones de sus consentidos —se burló Leo, mirando de reojo a Astoria quien entendió la indirecta enseguida.
—Me ahorro el derecho de opinión —bufó rodando los ojos. No quería pensar más en la relación de su familia, los Malfoy y Voldemort.
Ya nadie añadió más a la conversación, al menos no de ese tema. Continuaron hablando de otras cosas, como el partido de Quidditch que se aproximaba y demás banalidades, hasta que Draco apareció en el comedor, seguido de sus dos amigotes.
—¿Dónde estaba? —cuestionó Paige en un susurro, observando como el rubio se acercaba a donde ellos, con cara de pocos amigos.
—Eso mismo le preguntaré cuando venga y me hable —respondió la castaña. Esa mañana había esperado a Draco en la sala común, pero al cabo de un rato, cuando bajaron Blaise y Theo, le dijeron que el heredero Malfoy se había levantado temprano y se había ido de los dormitorios incluso antes de que saliera el sol.
—¿Ya comiste? —tal cual lo dijo Astoria, el chico se había acercado a ellos y le había hablado con calma y naturalidad, ignorando completamente a sus acompañantes. Desde la última discusión por Pansy, tanto ella como él habían acordado ser más civilizados con sus celos.
—No tengo para nada hambre —respondió, girándose un poco para encarar a su novio. —Crabbe no comas... —pero antes de terminar la frase el amigo de Draco ya había tomado el cereal con jugo de calabaza para comer.
—¡Iug! ¡Vincent! Por eso no debes agarrar todo para comer —masculló el rubio cuando su corpulento amigo escupió el cereal.
—¿Quién demonios come esto? —se quejó, limpiándose la boca con la manga de su túnica.
—Alguien que toma la comida de una chica distraída que puso jugo en lugar de leche —le respondió Paige con burla. El chico frunció el ceño, ofendido.
—A ver si ahora aprendes a no tragar todo —le espetó Draco —Sobre todo si es la comida de mi novia —añadió con más seriedad.
—¿Y bueno? ¿Te vas a sentar con nosotros o te vas a llevar a Astoria? —preguntó Cole, dejando El Profeta de lado.
—¿Me estás invitando a comer con ustedes? —el prefecto hizo una cara de asco.
—No, pero ya me exasperó verte ahí parado —bufó de mala gana. El buscador de Slytherin rodó los ojos con fastidio, sin duda alguna era más divertido cuando se insultaban a cuando se trataban con diplomacia, pero todo fuera para evitar problemas entre él y Astoria.
—Vamos, princesa —concluyó finalmente, ofreciéndole la mano a su niña, haciendo caso omiso a Cole y Leo que cruzaban una mirada de sorpresa ante la indiferencia del príncipe de las serpientes.
—Nos vemos en la clase —se despidió Astoria y aceptó la mano de Draco para levantarse y salir del Gran Comedor.
Caminaron sin rumbo alguno, hablando apenas de cosas sin importancia, sobre todo porque iban en compañía de los dos matones del rubio. Cuando Astoria le preguntó a Draco donde había estado en la mañana, el chico rió y tanto Crabbe como Goyle pusieron cara de molestos. Draco le explicó que había salido a correr en la madrugada por el lago negro, como lo hacía de vez en cuando para ejercitare un poco.
—Pero estos —añadió señalando a los chicos que lucían enojados —Quisieron acompañarme y bueno —soltó una sonora carcajada —Ya comprobaron personalmente que en lago hay un calamar gigante y juguetón al que le gusta arrastrar a los flojos que se sientan en la orilla —Astoria también se carcajeó y los dos chicos se ponían más rojos y enojados, pero sin decir nada.
Continuaron con la charla hasta que la campana sonó. La pequeña Greengrass se despidió con un beso y se dirigió al aula de pociones. Las clases empezaron y por el resto no volvió a ver a su novio; por el contrario, si se topó más de una vez con Ginny, Arise o Neville y solo regresaba el sentimiento de culpa. Las cosas no mejoraron para el final de las clases, todo lo opuesto, para cuando se dirigía a cenar junto a su hermana y Tracey se escuchó un grito desgarrador por parte de una mujer.
Los gritos, procedían del vestíbulo y todos los alumnos salieron en manada, casi atropellándola y sacándola a empujones del Gran Comedor. Todos querían saber que pasaba y por falta de espacio había terminado en las escaleras de mármol donde por fin localizó a Blaise y a otros Slytherin más entre montón.
—¡Merlín! ¿Qué está pasando? —se quejó, sobando su hombro donde le habían dado un golpe sin querer o queriendo o sabrá Salazar que fue.
—Ven —le pidió Zabini, tomándola de la mano y jalándola entre la gente, nuevamente esquivando a personas y ganándose uno que otro golpe, desventajas de no ser muy alta. —Por las barbas de Merlín —murmuró el moreno cuando logró visualizar la escena y Astoria le acompañó en su asombro.
La profesora McGonagall se hallaba en un lado del vestíbulo, y daba la impresión de que lo que estaba viendo le producía un débil mareo. La profesora Trelawney estaba de pie en medio del vestíbulo, sosteniendo la varita en una mano y una botella vacía de jerez en la otra, completamente enloquecida. Tenía el pelo de punta, las gafas se le habían torcido, de modo que uno de los ojos aparecía más ampliado que el otro, y sus innumerables chales y bufandas le colgaban desordenadamente de los hombros causando la impresión de que se le habían descosido las costuras. En el suelo, junto a ella, había dos grandes baúles, uno de ellos volcado, como si se lo hubieran lanzado desde la escalera. La profesora Trelawney miraba fijamente, con gesto de terror a la profesora Umbridge que estaba al pie de las escaleras.
—¡No! —gritó la profesora Trelawney —¡Esto no puede ser! ¡No puede ser! ¡Me niego a aceptarlo!
—¿No se imaginaba que iba a pasar esto? —dijo la mujer con cara de sapo y su voz aguda e infantil con un deje de crueldad —Pese a que es usted incapaz de predecir ni siquiera el tiempo que hará mañana, debió darse cuenta de que su lamentable actuación durante mis supervisiones, y sus nulos progresos, provocarían su despido —añadió con sorna, estaba disfrutando de aquello.
Astoria abrió la boca como si fuera a decir algo, pero las palabras no salieron. No le caía bien la profesora de adivinación, pero no por eso le agradaba la idea de que la despidieran solo porque si, porque esa vieja bruja no tenía razones para despedir a Trelawney, todo el mundo sabía que la adivinación eran puras patrañas, con ella o con cualquier otra profesora u otro profesor.
—Vieja bruja —masculló Blaise a un lado de Astoria, a él si le gustaba la clase, le parecía divertida y la necesitaba para sus EXTASIS.
—¡N-no p-puede! -bramó la profesora Trelawney, a quien las lágrimas le resbalaban por las mejillas por detrás de sus enormes gafas —¡No p-puede despedirme! ¡Llevo d-dieciséis años aquí! ¡Hogwarts es m-mi hogar! —chilló la profesora.
—Era su hogar hasta hace una hora, en el momento en que el ministro de Magia firmó su orden de despido —la corrigió la profesora Umbridge, con el placer ensanchando aún más la cara de sapo que tenía, mientras contemplaba cómo la profesora Trelawney, que lloraba desconsoladamente, se desplomaba sobre uno de sus baúles —Así que haga el favor de salir de este vestíbulo. Nos está molestando.
—No la puede despedir ¿Quién carajo va a dar la clase entonces? —bramó el moreno molesto, pero su bramido se perdió junto al demás cuchicheo de los alumnos que al parecer tampoco aprobaban lo que despidieran a la mujer.
Pero la profesora Umbridge se quedó dónde estaba, regodeándose con la imagen de la profesora Trelawney, que gemía, se estremecía y se mecía hacia delante y hacia atrás sobre su baúl en el paroxismo del dolor. Astoria visualizó a los presentes y se topó con la sonrisa de satisfacción de Pansy, una de las pocas que disfrutaba de aquello tanto como la bruja de Umbridge. También había unos más afligidos que ya habían comenzado a llorar, como Lavender y Parvati. Todo se reducía a eso y al silencio sepulcral que se fue formando con forme los alumnos, expectantes a lo que fuera a pasar, habían dejado de hablar.
Se escucharon unos pasos firmes sobre la piedra y fue entonces que la profesora McGonagall salió de entre los espectadores. La mujer había ido directamente hacia la profesora Trelawney y le estaba dando firmes palmadas en la espalda al mismo tiempo que se sacaba un gran pañuelo de la túnica.
—Toma, Sybill, toma... Tranquilízate... Suénate con esto... No es tan grave como parece... No tendrás que marcharte de Hogwarts...
—¿Ah, no, profesora McGonagall? —dijo la profesora Umbridge con una voz implacable, y dio unos pasos hacia delante —¿Y se puede saber quién la ha autorizado para hacer esa afirmación? —un deje de arrogancia se escuchó en la voz de la mujer.
—Yo —contestó una voz grave.
Las puertas de roble se habían abierto de par en par. Los estudiantes que estaban más cerca de ellas se apartaron y Dumbledore apareció en el umbral. A más de uno le pareció extraño que el director entrara desde los jardines, pero tenía un aire imponente allí plantado, como si lo enmarcara una extraña neblina nocturna, lo cual provocaba una sensación entre admiración y miedo. Dumbledore dejó las puertas abiertas y avanzó, dando grandes zancadas a través del corro de curiosos, hacia la profesora Trelawney, quien seguía temblando y llorando sobre su baúl, con la profesora McGonagall a su lado.
—¿Usted, profesor Dumbledore? —se extrañó la profesora Umbridge con una risita particularmente desagradable —Me temo que no ha comprendido bien la situación. Aquí tengo —dijo y sacó un rollo de pergamino de la túnica —Una orden de despido firmada por mí y por el ministro de Magia. Según el Decreto de Enseñanza número veintitrés, la Suma Inquisidora de Hogwarts tiene poder para supervisar, poner en periodo de prueba y despedir a cualquier profesor que, en su opinión, es decir, la mía, no esté al nivel exigido por el Ministerio de Magia. He decidido que la profesora Trelawney no da la talla, y la he despedido.
Todos los alumnos estaban en sus pendo, sobre todo porque el director seguía sonriendo. El anciano miró a la profesora Trelawney, que no dejaba de sollozar e hipar sobre su baúl, y dijo:
—Tiene usted razón, desde luego, profesora Umbridge. Como Suma Inquisidora, está en su perfecto derecho de despedir a mis profesores. Sin embargo, no tiene autoridad para echarlos del castillo. Me temo que la autoridad para hacer eso todavía la ostenta el director —dijo e hizo una pequeña reverencia —Y yo deseo que la profesora Trelawney siga viviendo en Hogwarts.
Al escuchar las palabras de Dumbledore, la profesora Trelawney soltó una risita nerviosa que no logró disimular un hipido.
—¡No, no! ¡M-me m-marcharé, Dumbledore! M-me iré de Ho-Hogwarts y b-buscaré fortuna en otro lugar...
—No —dijo Dumbledore, tajante —Yo deseo que usted permanezca aquí, Sybill. —se volvió hacia la profesora McGonagall y añadió —¿Le importaría acompañar a Sybill arriba, profesora McGonagall?
—En absoluto —repuso ésta—. Vamos, Sybill, levántate...
La profesora Sprout salió apresuradamente de entre la multitud y agarró a la profesora Trelawney por el otro brazo. Juntas la guiaron hacia la escalera de mármol pasando por delante de la profesora Umbridge. El profesor Flitwick corrió tras ellas con la varita en ristre, gritó: "¡Baúl locomotor!", y el equipaje de la profesora Trelawney se elevó por los aires y la siguió escaleras arriba. El profesor Flitwick cerraba la comitiva.
La profesora Umbridge no se había movido, y miraba de hito en hito a Dumbledore, que continuaba sonriendo con benevolencia.
—¿Y qué piensa hacer cuando yo nombre a un nuevo profesor de Adivinación que necesitará las habitaciones de la profesora Trelawney? —le preguntó la profesora Umbridge en un susurro que se oyó por todo el vestíbulo.
—¡Ah, eso no supone ningún problema! —contestó Dumbledore en tono agradable —Verá, ya he encontrado a un nuevo profesor de Adivinación, y resulta que prefiere alojarse en la planta baja.
—¿Que ha encontrado...? —repitió la profesora Umbridge con voz chillona —¿Que usted ha encontrado...? Permítame que le recuerde, profesor Dumbledore, que el Decreto de Enseñanza número veintidós...
—El Ministerio sólo tiene derecho a nombrar un candidato adecuado en el caso de que el director no consiga encontrar uno —la interrumpió Dumbledore—. Y me complace comunicarle que en esta ocasión lo he conseguido. ¿Me permite que se lo presente?
Entonces se dio la vuelta hacia las puertas, que seguían abiertas y dejaban pasar la neblina.
—¿Pero qué diantres? —murmuró Blaise y Astoria pareció volver a la realidad, pues se había quedado absorta con la escena. Se escucharon los ruidos de unos cascos como de cabello y un murmullo de asombro recorrió el vestíbulo.
—¿Blaise? —le llamó la joven castaña con un hilo de voz, tapándose la boca con asombro al observar como los que estaban más cerca de las puertas se apartaban rápidamente; algunos hasta tropezaron con las prisas por abrir camino al recién llegado. A través de la niebla apareció un rostro: tenía el cabello rubio, casi blanco, y los ojos de un azul espectacular; eran la cabeza y el torso de un hombre unidos al cuerpo de un caballo claro con la crin y la cola blancas.
—Le presento a Firenze —le dijo Dumbledore alegremente a la perpleja profesora Umbridge—. Creo que lo encontrará adecuado.
—¿Un centauro? —masculló el moreno, volteando a ver a Astoria, quien le regresó la mirada de sorpresa —¿Nos va a dar clases un caballo? —volvió repetir, como si no asimilara lo que estaba pasando. Astoria no tenía nada contra de esos seres, pero le seguía pareciendo extraño tener clases con una criatura en lugar de un mago.
O-O-O
—No lo puedo creer. Ese viejo está decrepito. ¡Mira que ponernos a un centauro! —masculló Daphne, se veía molesta mientras guardaba sus libros en su bolso.
—Ya, que no puede ser tan malo —le intentaba tranquilizar Tracey.
Había un revuelo desde la noticia de que Firenze sería el nuevo profesor de adivinación, especialmente entre los Slytherin, quienes no veían con buenos ojos que un centauro les enseñara. Pocos eran a los que les parecía irrelevante, pero la gran mayoría parecían molestos e indignados.
—¿Un fantasma? ¡Bien, se pasa! —chilló Pansy —¿Un semi-gigante? Bien, no nos queda de otra con el zopenco de Hagrid —se quejó la castaña, haciendo ademanes y guardando también sus cosas de mala gana —¡Pero al menos tiene piernas! ¡No es un caballo!
—¡Ya! —le regañó Draco, golpeando un libro contra la mesa central; y como por arte de magia, valga la ironía, la sala común quedó en silencio.
—No puede ser tan malo —comentó Astoria, acurrucada en la misma butaca que Draco. Ambos frente a la chimenea, observando el fuego y la madera consumiéndose poco a poco con ese singular chisporroteo de cenizas.
—Así como vamos, sin duda alguna no será malo —añadió el rubio, ganándose miradas ingenuas.
—¿Qué no será malo? —bramó el capitán del equipo de Quidditch. —Dumbledore está decrepito...
—Por eso mismo —le cortó el príncipe de Slytherin —La profesora Umbridge se encargará de encontrar algo para no solo correr a los maestros, si no también sacar de una buena vez y por todas a Dumbledore —el chico parecía saborear las palabras, con veneno y arrogancia, disfrutando de una anticipada victoria. Astoria le observó frunciendo el ceño. Admitía que la forma en la que Draco decía las cosas era muy tentadora, te envolvían las palabras y te seducía la idea; pero cuando analizabas bien las palabras, al igual que Astoria, entendías que aquello no estaba bien. Sin Dumbledore en Hogwarts todo sería un desastre, el viejo, pese a todo, sabía mantener las cosas bajo control y era un mago muy poderoso, al menos su presencia era garantía de que Bellatrix no aparecería un día a mitad del desayuno.
—Eres brillante hermano —le apoyó Blaise —Egocéntrico, malvado, orgulloso... —comenzó a decir mientras se ponía de pie con cojín en las manos —Un tirano, extremista, pero brillante —finalizó con una risa, dándole con el cojín en la cabeza. El rubio recibió el golpe soltando una risa sonora, inclinándose un poco para evitar que el golpe le diera a Astoria.
—¡Merlín! —se burló Tracey —Si hasta parecen enamorados —y como respuesta recibió en toda la cara el cojín que le aventó Astoria.
—¡Uy! ¿Celosa hermanita? —le molestó Daphne, lanzando un cojín contra ella.
—Patético —murmuró Pansy ante el pequeño revuelo que se había formado con los cojines. La pelinegra rodó los ojos con fastidio y subió a los dormitorios. Por su mente aún pasaba una y otra vez eso de "Emerald", necesitaba sacarle provecho a esa información, pero antes necesitaba saber por qué le decían así a la pulga.
O-O-O
La primera clase con Firenze fue un asco. Astoria no podía sentirse más desesperada ante el centauro, si hasta se planteaba apoyar a Draco con eso de que despidieran a Firenze también. El centauro pasaba, por lo menos la mitad de la clase, hablando sobre la diferencia entre los humanos y los de su raza. Que si los centauros no son sirvientes ni juguetes; que si los humanos estaban ciegos y eran supersticiosos sobre cómo interpretar las cosas. La tenía mareada con eso del contexto del universo era incomprensible por las limitaciones de la especie humana y un sin fin de cosas más. Nunca en su vida había añorado tanto una taza con hojas de té, sobre todo mientras quemaba salvia y malva dulce en el suelo. El profesor insistía en unos símbolos que al parecer solo él veía en el humo y no mostraba interés o preocupación de que nadie más los viera o siquiera entendiera. El punto clave era que no importaba nada, igual todo era "relativo" y ningún conocimiento era infalible.
—Mejor que nos diga que dejemos el colegio, te aseguro que le hago caso —se quejó Leo, dándole un fuerte golpe a la salvia con un cuchillo.
—Si alguna vez llegué a decir que adivinación era divertida, me retracto ahora mismo —le apoyó Paige, tosiendo por el humo.
—Esto es peor que pociones —bufó finalmente Astoria, pero con la mala suerte de que el centauro estuviera detrás de ella.
—¿De verdad eso piensa, señorita? —preguntó tranquilamente, sacudiendo la cola mientras caminaba.
—¿Quiere la verdad o una mentira piadosa? —respondió de mala gana. Se sentía fastidiada, aturdida y con un terrible dolor de cabeza por culpa del humo, además no ayudaba mucho el hecho de que no había comido nada durante el descanso y que esa era la última hora del día.
—Adelante, sea honesta, no es muy común en los humanos el don de la honestidad. Nosotros los centauros con el tiempo aprendimos las ventajas de decir todo tal cual es o tal cual lo pensamos. —comentó Firenze, deteniéndose frente al grupo de Slytherin.
—Nosotros, los humanos —comenzó a decir la castaña, usando el mismo tono que su profesor —También aprendimos eso; el no emplearlo es otra cosa muy diferente. Y es que, claro está, también aprendimos que las mentiras son, en algunos casos, lo mejor para no dañar a otros.
—Claro, el egoísmo humano, no les permite ver... —Firenze empezó a hablar de nuevo, pero antes de llevar a cabo su discurso, Astoria se puso de pie y tomó sus cosas de mala gana. ¡Runas Antiguas! Eso debía de escoger, su hermana se lo dijo una y otra vez, Tracey le afirmó que no era tan difícil, pero ella de idiota no hizo caso.
—Ustedes los centauros no logran ver que más allá de la lógica y toda esa basura del conocimiento están los sentimientos —le espetó la niña, caminando hasta la puerta de aquel fantasioso salón que imitaba una parte del bosque oscuro —Ustedes hablan y hablan del conocimiento, de como nosotros nos cegamos por limitaciones y nos dejamos influenciar por cosas si marte está no sé dónde y nos va a ir bien en un examen, mientras ustedes buscan corrientes de no sé qué. Pero déjeme decirle profesor, que sus dichosas corrientes no nos han dicho nada que no sepamos ya y las dichosas predicciones tampoco nos van a ayudar a evitar lo que esté por venir. Por el contrario, esas tonterías nuestras al menos nos dan algo de esperanza, nos hacen sentir bien aún cuando ignoremos la verdad. Y como dije, y mantengo mi posición, los sentimientos no es algo que pueda entrar en la lógica o sabiduría. Sentir es solamente eso: sentir. Creer en algo que te hace sentir bien y punto. ¿Que demonios importa si no es verdad?
Un silencio se formó en el aula, Firenze la miraba sin ninguna expresión en concreto. Astoria mantenía la mirada y esperaba que en cualquier momento la mandara ante el director por su desacato, o que le llamara al profesor Snape para reportar su comportamiento; pero para su sorpresa nada de eso ocurrió. El profesor de adivinación la miró y asistió con la cabeza, caminado hacía ella. Astoria pudo escuchar el revolotear de la cola de caballo, así como los cascos contra el suelo.
—Sabias palabras —admitió el centauro —Y es curioso notar como los seres humanos son consciente de sus defectos y aun así no hacen nada para remediarlo.
—Si el mundo fuera una utopía nada tendría sentido —le respondió suavemente, pero con cierta exasperación.
—Cierto, muy cierto. Y sin embargo todos luchan a su manera para crear el mundo "perfecto" que tanto añoran. Algunos con la valentía y los sentimientos, otros con el trabajo duro y la armonía, algunos más con la inescrupulosa astucia y muy pocos haciendo uso de la sabiduría.
—Me acaba de describir las cualidades de las casas de Hogwarts —replicó Astoria al sentir una indirecta entre las palabras del profesor —A no ser que me quiera insinuar que le hubiera gustado pertenecer a Ravenclaw, no le encuentro sentido a lo que dijo —añadió con calma, sin afán de sonar burlona o grosera. Aunque de igual manera Firenze parecía tener una paciencia enorme aún con sus palabras que podían ser algo arrogantes.
—¿Nunca se ha planteado la idea de que debió de ser una Gryffindor, señorita Greengrass? —preguntó directamente el centauro. Astoria le miró horrorizada, como si acaba de insultarla. Y es que, aunque admitía que, si se lo había llegado a plantear una vez, ahora que estaba con Draco y era la princesa de Slytherin se sentía más serpiente que nunca; si hasta hubiese deseado ser una de verdad y lanzarse a darle una mordida en la yugular con sus colmillos.
La pequeña Greengrass no contestó y desvió bruscamente la mirada, girándose 180° para darle la espalda al profesor Firenze y salir de una buena vez de aquella clase de locos, o mejor dicho: la clase de aquel caballo loco.
—Mugrosa mula —masculló por lo bajo, sin que el centauro la escuchara, sobre todo porque el azote de la puerta enmascaró sus palabras. Estaba más que furiosa con aquel comentario. ¿A caso tenía que andar echando maldiciones a diestra y siniestra para que la gente entendiera que ella era una Slytherin? O mejor aún: ¿Tenía que ir con el director Dumbledore para que la dejaran ponerse de nuevo el sombrero seleccionador y que la re-colocaran la una casa?
O-O-O
—¡Salazar bendito! —chilló Paige cuando estaban en la sala común, después de la cena. —¡Pusiste a ese caballo en su lugar! —dijo con admiración. Toda la tarde se habían pasado hablando de aquello, sobre todo los de tercero que habían presenciado la conversación. Lo sorprendente era que no le habían llamado la atención, pese a su desacato, y ahora no tenía nada que ver la influencia, simplemente el profesor Firenze no había encontrado nada malo en la conversación como para castigarle, obviamente no había escuchado su insulto final. Por otro lado, estaba el insultante hecho de que el centauro insinuara que ella debía de ser una Gryffindor, pero nadie, aparte de Astoria, parecía darle mucha importancia a eso.
—Fue muy impulsivo de tu parte hacer eso —le recriminó Daphne —¿Qué tal que te hubiera castigado? ¿O nos hubiera quitado puntos?
—Pero no pasó nada de eso —se defendió la menor de las Greengrass.
—Igual fue irresponsable —volvió a insistir —No lo vuelvas a hacer —le advirtió, dándose aires de ser mayor y sabia; como una madre que le dice a su hijo que no juegue con el fuego porque se va a hacer daño.
—No, no lo volveré a hacer, señora Daphne Nott —le respondió con ironía y burla, más burla que ironía, sobre todo al ver como las pálidas mejillas de su hermana se teñían de rojo; por suerte que Theo no estaba ahí.
—¡Tory! —le gritó su hermana, lanzando uno de los cojines negros.
—Millicent, Daphne, Montague, Warrington —la voz de Pansy se escuchó fuerte y clara en la sala común. La recién llegada les miró con autoridad y superioridad —La profesora Umbridge nos quiere ver —les informó, para luego voltear a ver a Astoria —Draco, Nott, Crabbe y Goyle ya están esperando por nosotros.
—¿A dónde van? —preguntó la chica castaña, mirando a su declarada y terna enemiga.
—Nada que les importe a los de primero, segundo, tercero o cuarto —le respondió con arrogancia, regalando una mirada de asco a los jóvenes alumnos.
—¿Para qué nos quiere esa vieja loca? —bufó Daphne de mala gana.
—Bien, si no quieres venir, no me interesa, fue idea de Theo que te unieras a nosotros —la pelinegra se encogió de hombros y soltó una risita. Los demás que había llamado se habían puesto ya de pie para ir con ella. Los cuatro Slytherin se disponían a salir sin Daphne. La rubia titubeó, cruzando miradas con su hermana y con Tracey, las cuales estaban desconcertadas de lo que estaba pasando.
—Ve a ver que están haciendo —le sugirió Astoria. La mayor de las Greengrass no la pensó dos veces antes de ir detrás del grupo, la curiosidad la mataba.
—¿Crees que fue buena idea? —preguntó Paige, observando cómo se iba el grupo.
—Algo me huele mal aquí y no es precisamente el hecho de que te quitaras los zapatos, Blaise —comentó Tracey haciendo un mohín y mirando al moreno.
—Ya, pues, que carácter —se quejó, volviendo a ponerse los zapatos —Y sobre lo que acaba de pasar... —meditó unos segundos antes de hablar para evaluar la información que tenía —Draco y Pansy son prefectos. Montague es el capitán del equipo de Quidditch.
—¿Podrías decirnos algo que no sepamos ya? —lo interrumpió Astoria con un gesto de fastidio y levantándose para caminar discretamente hacia la puerta.
—¿En qué estás pesando? —Paige se puso de pie igual que su amiga. Astoria sacó de su túnica un galeón y lo examinó con cuidado.
—Quiero saber que está pasando —afirmó, guardando el galeón entre su ropa, de forma recelosa.
—¿Qué? —dijeron Zabini y Davis al mismo tiempo.
—Que no voy a esperar a que Daphne venga a contarme —se quejó y atravesó el muro de piedra para salir de la sala común.
—Espérame —le llamó la pelirroja que iba detrás de ella.
A Astoria no le daba buena espina aquella repentina llamada a ese grupo de alumnos en particular. Y aunque pudiera deducirse que lo único que pasaba era que tenía celos por el hecho de que Pansy y Draco estuvieran en ese grupo, aquello no estaba ni cerca de la realidad. Había algo que le decía que iba a pasar algo malo y ese susurró se intensificó cuando notó en el galeón falso que ese día había una reunión del ED. No podía explicarlo, pero ese susurro le decía que debía de ir al séptimo piso porque ahí era donde estaban los problemas.
—Astoria —volvió a llamarle Paige, después de un rato de que su amiga no le prestara su atención. —¿Al menos podrías decirme a dónde vamos?
—Al séptimo piso —contestó secamente. Apresurando el paso y moviéndose con sigilo, si bien no era lo suficientemente tarde como para que Filch las regañara si las llegaba a encontrar fuera de los dormitorios, lo que le preocupaba era toparse con el grupo de Slytherin al que había llamado Umbridge.
—¿Para qué vamos a ir? —se quejó, caminando más de prisa para no perder la pista de su amiga. —¡Astoria! ¡Astoria, te estoy hablando! —se quejó.
—¡Paige, guarda silencio! —susurró con desesperación —¿Quieres despertar a todo el castillo? —le reprendió.
—Solo quiero saber en qué está pensando —se quejó cuando por fin alcanzó a Astoria y la miró de frente.
—Pienso que algo anda mal y que debemos ir al séptimo piso para averiguar lo que está pasando —dijo la castaña tranquilamente —Y no te puedo explicar el por qué, pero si me quieres acompañar no preguntes, luego te explicaré —añadió ante la mirada ingenua de Paige, quien frunció el ceño ante las palabras de su amiga.
—Bien —aceptó en pocos seguidos —Pero espero una explicación satisfactoria —puntualizó antes de comenzar a caminar hacía donde Astoria había dicho.
—Te lo prometo —se comprometió, sin pensar en que dado el caso de que no pasara nada referente al ED debería inventar una excusa para justificar aquello.
Subieron a toda prisa las escaleras, agradeciendo que las antorchas y arañas estuvieran encendidas e iluminaran su camino. No habían llegado al quinto piso para cuando se toparon con Ginny, Luna y Neville corriendo hacía su dirección.
—¿Qué está pasando? —Astoria tomó el brazo de la Weasley para detenerla, pero solo recibió un fuerte empujón.
—Yo de ti no me acercaba —le advirtió Luna sin dejar de correr.
—¿Pero que les pasa? —Paige los observó unos minutos y luego volteó a ver a Astoria. La castaña permaneció en silencio. Aquello comprobaba que algo no estaba bien y estaba muy relacionado con el ED, ahora solo debía saber si también se relacionaba con...
—¡Tú, maldita soplona! —se escuchó un grito de furia, proveniente del tope de las escaleras.
—¿Soplona? —preguntó ingenua la castaña de ojos verdes.
—¡Si! ¡Tú! —bramó Smith en compañía de otros de Hufflepuff.
—No...No entiendo —tartamudeó la Slytherin, mirando de reojo a Paige.
—No te hagas la inocente —Ernie también parecía molesto con ella —¡Les dijiste! ¡Nos entregaste! —le recriminó el chico —¿Como pudiste?
—¡Yo no he hecho tal cosa! —se defendió —¡Ni siquiera tengo idea de que está pasando!
—La profesora Umbridge se enteró del ED y acaba de entrar a la sala de los menesteres —le informó Hanna, mirándole con reproche, como si ella tuviera la culpa de lo que estaba pasando. Y es que, claro, pensaban que la Slytherin era quien los había delatado.
—Yo no he hecho tal cosa —volvió a argumentar a su favor.
—¡Hey, ustedes! —les gritó Daphne que iba con varita en mano. Los Hufflepuff comenzaron a correr para escapar y si bien la rubia no los hubiera dejado escapar en otras circunstancias, se detuvo al ver a su hermana ahí en las escaleras —¿Pero qué diantres hacen aquí? —las regañó.
—Queríamos saber que estaba pasando —dijo Paige al notar que Astoria parecía en trance.
—Descubrieron a Potter y a sus amiguitos conspirando, los estamos atrapando —les informó con euforia y orgullo.
—¿Estamos? —preguntó su hermana menor.
—A los que mandó a llamar Umbridge —aclaró la chica —Vengan, vamos, no se separen de mi —les ordenó al escuchar unos estruendos —Saquen sus varitas y hagan como que me ayudan, no sea la de malas que Pansy las agarre e invente que estaban de parte de Potter —les advirtió. La menor de las Greengrass sintió un vacío en el estómago, junto con una vocecita que insistía en canturrear: Te lo dije. ¿Y si los idiotas del ejercito la delataban pensando que ella había sido la soplona? ¡Maldita sea!
Subieron las escaleras y tal cual lo predijo Daphne se toparon con la pelinegra quien sonreía ampliamente.
—Draco dijo que busquemos en los baños —le informó a Daphne, haciendo caso omiso a su compañía.
—Claro, buscaremos en los del piso de abajo —se ofreció la rubia, tomando a su hermana del brazo para llevarla con ella; de la misma forma Astoria tomó a su amiga para no separarse. Por alguna razón la sonrisa de Pansy tampoco le daba buena espina, pero prefirió mandar al demonio aquel presentimiento. —Regresen a la sala común, si las ven aquí les irá mal —les ordenó Daphne, cuando ya estaban en el tercer piso.
Ambas chicas asistieron y como si su vida dependiera de ello comenzaron a correr de regreso a las mazmorras. Apenas estuvieron por debajo de las escaleras de piedra se detuvieron para tomar aire y recuperar el aliento.
—¿Ahora si me podrías explicar lo que está pasando? —le preguntó Paige con el ceño fruncido.
—¿Qué no escuchaste? —respondió con ironía y una risa nerviosa. Hubiera sido mil veces mejor tener que inventar una mentira para justificar su insensato impulso de ir a ver qué pasaba. ¿Por qué no podía simplemente quedarse sentada en la sala común, esperando a que regresaran y le dijeran las cosas?
—Claro que escuché —recriminó Paige —Escuché como los de Hufflepuff te decían traidora porque Umbridge descubrió que estaban conspirando contra ella.
—No conspiramos contra ella, solo aprendíamos a defendernos —las palabras salieron de su boca, casi sin querer.
—¿Conspiramos? ¿Aprendíamos? ¿Te incluyes en ellos? —bramó molesta la pelirroja.
—Si, bueno, yo estaba con ellos —tartamudeó —Pero me retiré...
—¡Te uniste a los imbéciles que nos han dado la espalda toda la vida! ¡A los que no les importa nada más que su bello y filosófico concepto del bien! ¡A los que nos miran mal porque nuestras familias tienen creencias diferentes! —le gritó molesta.
—Eso no es verdad, lo único... —intentó explicar, pero en ese momento apareció Draco, junto con Pansy.
—Vamos —susurró la pelinegra, manteniendo esa sonrisa de satisfacción.
—¿Qué pasó? —la voz de Astoria temblaba igual que todo su cuerpo. Esa voz dentro de ella le gritaba nuevamente que nada estaba bien, pero quería ignorarla.
—Atraparon a Potter —fue lo primero que dijo el rubio, sonriendo torcidamente. Su expresión de triunfo no concordaba con su mirada, los ojos grises parecían estar cristalizados, como si fuera a llorar en cualquier momento, pero no quisiera demostrarlo.
—¿Lo atraparon? —repitió ella con ingenuidad, como si no supiera de que estaban hablando. Paige quiso gritar, pero por lo delicado de la situación no lo hizo.
—Así es —afirmó Malfoy, extendiendo su mano —Astoria, dame el anillo —la pálida mano de Draco temblaba y los ojos de Astoria se abrían exageradamente.
—¿Qué has dicho? —Draco tenía que estar bromeando. ¿O es que acaso ya sabía todo? ¿A caso la había escuchado cuando hablaba con Paige? —¿Por qué?
—Porque lo nuestro se acabó —la voz de Draco sonaba firme y fría, indiferente y decidida. Los ojos de Astoria se humedecieron y dos lagrimas rodaron por sus pálidas mejillas. Aquello no podía ser cierto, no era posible. —No me interesa el compromiso, el día que nos tengamos que casar ya veré que hago, pero por ahora no me interesa estar contigo —dijo él, como leyéndole el pensamiento.
—Aquí tienes —se quitó el anillo de serpiente y lo puso sobre la mano de su prometido. No le importaba el símbolo de aquel compromiso que jamás había querido; pero si le partían el alma las palabras de Draco y esa actitud de desprecio en su contra. Un escalofrío los recorrió ante el contacto, pero no dijeron nada. Solo se miraban, se miraban y sentían como algo dentro de ellos se rompía.
—Vamos, amor. La profesora Umbridge dijo que la esperáramos en su despacho para recompensarnos —Pansy sonrió y tomó a Draco del brazo. El chico miró a Astoria y negó con la cabeza, pero se dejó llevar del brazo de la pelinegra. Los prefectos se alejaron, dejando a las dos chicas de tercero solas. Pero Astoria pudo distinguir como Pansy llevaba un pergamino en sus manos y entonces lo entendió. Pansy sabía que ella era Emerald, y "Emerald G." había firmado aquel cochino pergamino para unirse al grupo. Seguramente se lo había dicho a Draco y entonces...
—Me odia —murmuró con desesperación. Pansy había usado las cartas a su favor, sigilosa, cuidadosa y paciente como serpiente que acecha a su presa, había utilizado la información que tenía de manera adecuada y definitiva. Si la pelinegra hubiera dicho algo cuando la había visto con Neville, seguramente Draco se hubiera puesto celoso, pero se habrían arreglado y luego no le hubiera creído nada a Pansy; pero la chica había sido astuta y había esperado el momento justo para usar la información.
—Claro que te odia —masculló Paige —Y te lo mereces por traicionarnos —puntualizó con resentimiento en sus palabras. La pelirroja también estaba molesta con ella y tenía sus razones.
Astoria la miró unos instantes y luego el llanto se intensificó. Utilizó todas sus fuerzas para correr y llegar al baño del segundo piso, no se le ocurría un lugar mejor para esconderse, para evitar el reproche de los Slytherin cuando se enterara, porque estaba segura de que todos se enterarían de lo que había hecho y la odiarían. Nuevamente se quedaba sola, justo como al principio. Las cálidas lagrimas rodaban por sus mejillas y sentía un dolor inmenso en su pecho y estómago, como si algo la desgarrara por dentro. ¿Por qué había pasado aquello? ¿Por qué?
