De un nuevo año en el Santuario

Alfa despertó y abrió los ojos. Saga no estaba con ella, la despertó unas dos horas antes para avisarle que se iba de ronda. Le tocaba la primera de la mañana, por lo que la chica entrenaría mas tarde con Kanon. Se levantó con pereza, eran las 7. No tardó en vestirse y salir de la habitación. Kanon ya la esperaba, al menos había hecho café, pero la vio con cara de perrito con hambre. Alfa sonrió y fue a preparar el desayuno. Le parecía extraño que todo pareciera tan similar pero a la vez tan diferente. Hacía un año y algunos cuantos meses que se convirtió en la aprendiz de Géminis. En ese tiempo ambos gemelos pasaron de ser casi perfectos desconocidos a su mejor amigo y ahora cuñado y a su... novio.

Kanon y ella tenían una afinidad difícil de explicar. Era como si se conocieran de toda la vida. Les era fácil comunicarse el uno con el otro y también entender lo que el otro estaba pensando sin necesidad de palabras. Kanon estuvo ahí para apoyarla en sus entrenamientos cuando Saga se fue. También fue él de los primeros a los que le dijo que su gemelo le revolvía las tripas, pero de buena manera. Sencillamente su amistad, aunque bastante platónica, también tenía una carga de entendimiento que era diferente a la que tenían con los demás. No eran como hermanos, era distinto. Kanon la hacía reír y ella lo hacía reír a él. Él también le contó cosas que nadie, ni su gemelo, sabían, por ejemplo del tiempo qué pasó como General de Poseidón. O de la vez que Saga lo encerró en Sounión.

De hecho, se ofreció de conejillo de indias para que siguiera practicando la ilusión, durante el tiempo en que Saga estuvo fuera del Santuario, y eso fue justo lo que le había mostrado. Esas noches y días que pasó encerrado sin que nadie supiera que estaba ahí más que Saga. Le mostró la ira de Poseidón, cuando, dentro de la ilusión, el dios se enteró de sus planes. Luego de la experiencia Kanon también requirió del tratamiento de la botella de whiskey y una noche en la que le habló a la chica de todos sus errores. Le gustaba que la mujer no lo juzgaba. Sabía lo que hizo y que no estuvo para nada bien, pero ella confiaba en él, así como confiaba en Saga.

Y eso era lo que él necesitaba: que alguien no lo viera como un traidor, manipulador y el primer culpable de lo que pasó con su hermano. Hasta ese momento los únicos que estaban cien por ciento convencidos de que había cambiado, además de Shion y Saori, eran Milo y su hermano. Los demás como que de pronto todavía lo miraban con un poco de desconfianza, aunque definitivamente, en el último año, ya casi nadie lo hacía. Pero tampoco nadie le había dicho: "hey, yo confío en ti", mucho menos de una manera tan sincera como lo hizo Alfa.

Por eso y muchas cosas más ellos eran amigos. Sabían que podían contar el uno con el otro para lo que fuera, aún cuando esos "lo que fuera" implicaran esas cursilerías que Kanon no se iba a permitir mostrarle a nadie más en el Santuario, ¡o la que se le vendría encima!

La noticia actual era que había llegado de nuevo la fecha en la que celebrarían la fiesta por las mujeres del Santuario. Quedaba perfecto porque las siguientes luchas por obtención de armaduras se llevarían a cabo en exactamente tres meses y muchas mujeres iban a competir, tanto entre ellas como contra hombres.

Quienes no ganaran armadura tenían la opción de quedarse en el Santuario a continuar sus entrenamientos para intentarlo de nuevo por otra armadura. O bien podían decidir retirarse de la competición y unirse a las filas como soldados, o salir al mundo de fuera y seguir sus estudios en cualquier lugar que desearan, quizá para regresar después como abogados, contadores, doctores o enfermeros. O cualquier otro puesto que quisieran. No se los expulsaba del Santuario, se les daban recursos y opciones.

El caso es que se iba a llevar a cabo de nuevo la celebración. Las cosas siguieron cambiando bastante desde la anterior. Los avances se sentían dentro del Santuario. Helena y Aldebarán continuaban juntos. Sonaban muchos rumores de boda para Deathmask y Dicro. Vivien y Camus ya habían formalizado, aunque ellos llevaban juntos apenas un par de meses. Gabriella como que le estaba haciendo ojitos a Mu y al de Aries no le era indiferente. Shura empezó a salir con una de las nuevas abogadas del Santuario. Marín le estaba echando muchas indirectas al León para que al fin le propusiera matrimonio, aunque al de Leo como que no más no le caía la teja. Milo y Alfa no necesitaron decirse nada para entender que su relación de "amigos con derechos" terminó, y Milo lo tomó muy bien, tanto así que como que empezó a hacerle ojitos a Lexa, aunque la joven no estaba todavía convencida.

El que seguía de soltero empedernido era Kanon, porque, a pesar de que había tenido algunos "queveres" con una chica llamada Elisa, como que ninguno de los dos esperaba más de esa relación que una buena noche de copas. Otro soltero empedernido era Afro. Al menos nadie le conocía algún algo. Shaka como que andaba empezando a hacerle ojitos a una chica de contaduría y Aioros, por extravagante que pareciera, últimamente andaba rondando mucho la Fuente de Atenea, en donde varias jóvenes estaban prestando sus servicios sociales y prácticas. El Antiguo Maestro decía que ya estaba muy viejo para esas cosas, así que se consideraba el Presidente y Fundador del Club de los Solteros Empedernidos. Por supuesto que el plan de todos los Dorados con pareja era ya por fin encontrarle "peor es nada" a todos aquellos solterones, quién sabe, igual y alguien se ponía a jugar a cupido durante la fiesta.

Una vez más iban a hacer las cosas un tanto diferentes para la celebración de ese año. Todos aquellos que no tenían rondas qué cumplir iban a ayudar a limpiar y despejar la explanada. También pondrían las carpas desde el día anterior y alistarían los espacios para las fogatas. La comida iba a ser preparada por los hombres porque de plano les encantó hacerla de chefs. La razón era que al menos un par había logrado conquistar por el estómago a algunas chicas. Además de eso decorarían un poco más con flores y demás adornos que les encantan a las mujeres.

Saori estaba así un tantito desilusionada de que no hubieran nacido niños dentro del Santuario durante el pasado año, pero bueno, ¿qué se podía esperar?, ¿que alguien saliera con su Domingo Siete? No, no, a Shion le daría un yeyo. Aunque eso sí, ya estaba esperando que alguien le diera nietos. Ya venía siendo hora. Pero quería que primero le permitieran celebrar algunas nupcias antes de salir con el encargo.

Otra de las novedades durante el pasado año es que las Saintias empezaron a relacionarse un poquito más con las chicas del Santuario. En especial con Dicro, porque se les hacía la más amigable. Ya no era raro verla en compañía de al menos Katya y Mii. Ella había pasado luego a presentarlas a las demás aprendices de Dorados. Quien las conocía menos era Alfa, por aquello de haberse ido a buscar a cierto gemelo vacacionero. Eran agradables aunque bastante jóvenes aún, apenas adolescentes. Saga se mostró un poco nervioso cuando vio a Alfa en compañía de sus amigas y las Saintias, pero no hizo comentarios.

Fue hasta esa noche cuando Alfa le preguntó por qué se puso de nervios que él le contó la historia que tenía con Katya. Estaban sentados a la mesa, tomando un café.

—Así que, ¿ya me vas a hablar de Katya?

—No tengo mucho qué decir sobre ella

—Ajá, ¿por eso te pones de nervios e intentas alejarte lo más pronto posible cuando la ves cerca?

—No me vas a dejar en paz hasta que te lo cuente, ¿verdad? —Alfa sonrió y negó con la cabeza, por lo que a Saga no le quedó más que suspirar. —Antes de la batalla de las Doce Casas, Katya fue enviada al Santuario, por Saori, para "tantear el terreno", pero antes de que pudiera llegar, fue atacada, y yo me di cuenta y la salvé. La traje al Santuario, ordené que la curaran y que la dejaran quedarse en una habitación. Ella fue a hablarme y decidió quedarse dentro del Santuario y cumplir funciones como doncella. Tiempo después le pedí que fuera por Saori y ella lo hizo. Pero luego de aquello no regresó. Hasta donde sé, en una batalla, le borraron de cierta manera los recuerdos que tenía sobre mi. Y eso es todo.

Alfa lo miró con una sonrisa cuando Saga terminó.

—O sea que se enamoró de ti a primera vista —le comentó la chica ampliando su sonrisa.

Saga rodó los ojos y se encogió de hombros.

—Yo no le hice nada.

—¿Además de salvarle la vida, you mean? ¿Y de curar sus heridas y darle un techo y misericordia en un lugar en el que se supone la iban a tratar de traidora?

—Todos sabemos que ella no tenía nada de traidora. En cuanto a curar sus heridas, yo no lo hice, nada más mandé a que la cuidaran.

—Y luego la miraste con esos grandes ojos esmeraldas tuyos y that did the trick.

—Empezaré a considerar la posibilidad de usar lentes oscuros todo el tiempo para que nadie me vea a los ojos.

—Le lanzaste LA mirada, Saga, admítelo.

—Era poco más que una niña, por supuesto que no le lancé la mirada, no quería acostarme con ella.

—Pues a ella le llegó el mensaje contrario de todas maneras. —Alfa rió. —Pero ya en serio, aunque le hayan borrado esos recuerdos de lo que sintió por ti, te sigue admirando. Y quizá haya algo aún dentro de ella que la atrae a ti. Me dio la impresión de que no tiene mucha idea de cómo tratarme, así que sí, ponte esos lentes oscuros la próxima vez que la veas.

—Espero no encontrármela muy seguido. Me pone de nervios verla. Probablemente porque me recuerda esas épocas. Y no es como que pueda ir a hablar con ella a decirle todo esto, en especial si ya no lo recuerda.

—No te preocupes mucho por eso, como te digo, por el momento ella nada más te admira, así como medio Santuario lo hace. —Alfa no le dio mucha importancia, lo qué pasó, pasó y la joven Saintia se le hacía agradable.

Toda la tarde anterior a la fiesta, el Santuario se puso a arreglar su explanada, menos los que tenían ronda, claro está. Aquellos que debían vigilar la prisión tendrían turnos más cortos para que pudieran pasar al menos un rato en la celebración.

Terje estaba bastante fascinado, era una oportunidad perfecta para revolotear por todos lados a ver de qué más podía enterarse. Ya había pasado por sus primeras peleas de prueba así que tenía una buena idea de quién era quién. Aunque a decir verdad, todavía confundía a los gemelos. Sabía que tenían diferencias y el mundo no parecía tener muchos problemas para distinguirlos, pero para él eran perfectamente iguales y nada más sabía que Saga era más serio y quien pasaba más tiempo con Alfa.

La mañana de la celebración Alfa se fue temprano de Géminis porque la rutina del año anterior se seguiría implementando. Saga se ofreció a hacer el primer turno de la mañana en los calabozos así que se levantó temprano con ella, la llevó hasta la entrada del Recinto de las Amazonas y luego siguió su camino.

No habían atrapado a nadie nuevo durante los pasados meses, pero de todas maneras de vez en cuando les iba a hacer visitas y a interrogar a aquellos tipos que atraparon en Dinamarca. Cuando entró a la prisión vio que su compañero de turno ya estaba ahí también, y aquellos a los que relevaría tenían listas sus cosas y nada más lo estaban esperando para poder marcharse.

Su compañero de turno era Roberto, aquél chico que peleó contra Alfa en su primera pelea de prueba. El joven apenas se dignó a levantar la mirada de su celular cuando lo vio entrar. Al de Géminis le pareció ver un gesto de fastidio en la cara del chico, pero no le dijo nada. Despidió a los que esperaban su indicación y procedió a revisar que todos los prisioneros siguieran en donde debían.

—Ya hice la ronda. Todo está en orden. ¿Acaso no confías en mí? —preguntó Roberto con hastío.

—No se trata de que confíe o no en ti, se trata de que esto es exactamente lo que debo hacer cuando entro a este lugar, al igual que todos. Y sí, me gusta revisar por mi mismo que las cosas estén en orden.

Como respuesta escuchó otro suspiro hastiado y un:

—Como quieras.

Saga no prestó mucha atención: siguió dando su ronda. Luego de asegurarse de que todas las celdas estaban bien cerradas y que la mayoría de los prisioneros dormían aún a esas horas, fue de regreso a la entrada, tomó una silla y se sentó cruzado de brazos.

Estaba viendo directamente a la celda de la que escapó Otis. Intentó imaginar qué es lo que había pasado y cómo logró salir de ahí. Desde que el hombre se fugó no volvieron a usar esa celda y la dejaron justo como quedó ese día, con la diferencia de que Kanon se había llevado la "llave" que fabricara el prisionero y ésta estaba ahora en posesión de Shion.

Saga se levantó y caminó hasta ahí. Encontró el lugar en el que seguramente Otis se había ocultado mientras doblaba aquél pedazo de metal para que nadie lo notara. Revisó las paredes: ya no quedaban más pedazos de metal y todas las celdas fueron revisadas para asegurarse de que no habían más objetos del estilo. De pronto se imaginó a Kanon encerrado en Sounión. Sacudió la cabeza. Mejor salía de ahí, no quería ni pensar en lo que le pasó a su hermano.

Roberto seguía entretenido con su celular. Volvió a levantar la mirada cuando Saga fue a sentarse de nuevo.

—¿Qué tal las vacaciones? —preguntó. Tenía ganas de hacer rabiar a alguien.

Saga sacó el iPad que llevaba consigo en una mochila y la encendió.

—Bien, gracias. Conocí muchos lugares.

—Quizá debería yo intentarlo algún día. ¿O las vacaciones están reservadas a Santos Dorados?

—Deberías concentrarte primero en obtener una armadura y ya después pensar en vacaciones.

—Tu novia hizo trampa. Entró en mi mente.

—Ese es precisamente el objetivo de su técnica: entrar a las mentes de sus oponentes. Si quieres ganar la próxima vez, yo te aconsejaría que practicaras el bloquearla, pero ni a mi me es sencillo hacerlo, así que buena suerte. Y su nombre es Alfa, no es de mi propiedad.

—Fue ella quien te encontró, ¿no es así? ¿O ya le habías dicho dónde estabas y nada más pasaron un mes de fiesta?

—Me encontró porque es una buena rastreadora. Y esas insinuaciones que estás haciendo ya las he escuchado, deberías buscar algo nuevo con qué molestar.

Y vaya que las había escuchado. Por supuesto nadie, hasta ese momento, se atrevió a decírselo a la cara, pero se enteró de los rumores que circulaban, en los que la gente se preguntaba por qué habría mandado Shion a la chica a buscarlo. Que era muy raro que fuera precisamente ella quien lo encontrara cuando la joven ni siquiera tenía armadura, en que el hecho de que ahora estuvieran juntos nada más evidenciaba que efectivamente lo estuvieron desde antes de que se fuera y, por supuesto, que él le dijo dónde encontrarlo y se pasaron algunas semanas de Luna de Miel. Fue Cassia quien le contó la mayoría de los rumores, y fueron los soldados y algunos aprendices los que comenzaron a circularlos, aunque todavía no estaba seguro de quiénes exactamente.

—Supongo que para ganarse el derecho de ser entrenada por un Dorado se necesita una cara bonita y una mente fácil. Deberían poner eso en los requisitos.

Saga levantó la mirada de su iPad, exhaló un aburrido suspiro y volteó a verlo. Él mismo había acallado gente que comenzó con esas habladurías el día en que Aldebarán presentó oficialmente a Alfa como su aprendiz, y varios Dorados más hicieron lo mismo cuando la noticia de que ahora ella sería su alumna se dio.

—Es en serio, necesitas encontrarte una nueva gama de insultos, porque los que estás diciendo ya los hemos escuchado muchas veces. Dicho eso, estás hablando con tu superior: un Santo Dorado. Y estás hablando sobre mujeres que no te han hecho nada. Lo único que ha hecho Alfa es demostrarte sus técnicas y que deberías concentrarte en mejorar esos aspectos en tu entrenamiento. Si tu orgullo de macho no puede con la idea de que una mujer te haya ganado una pelea, pues lo siento mucho, pero eso no es problema suyo ni mío. Tu turno en la prisión queda suspendido, puedes irte. Hablaremos con el Patriarca luego. Retírate.

—¿Y si no lo hago?

—Estamos, convenientemente, en los calabozos. Puedo arreglar que pases una temporada con los prisioneros, a ver si así te das cuenta del lugar en el que estás y de la persona con la que hablas. ¿Entendido? ¿Qué va a ser? ¿Unas vacaciones aquí o te retiras inmediatamente?

Por toda respuesta Roberto se levantó. Azotó la silla en la que había estado sentado junto a Saga y salió de los calabozos dando un muy sonoro portazo. Saga le comunicó vía cosmonet a Shion del "receso" que le "concedió" a Roberto y el resumen del porqué. Shion a su vez se lo dijo al maestro de Roberto, un Santo de Plata llamado Klaus, y le pidió que mandara a algún otro aprendiz a que terminara de cubrir el turno. Klaus no estaba nada complacido y prometió hablar con su alumno más tarde, mientras, tenía contemplado ponerlo a barrer la explanada con un cepillo de dientes. Shion decidió no decirle a nadie más lo sucedido, no era el momento.

Poco tiempo después de que Roberto se fuera llegó Kiki a ayudar a hacer el turno en la prisión. Le contó a Saga cómo iban los preparativos y también lo bombardeó con preguntas sobre el mundo de fuera, dado que el aprendiz no salía mucho que digamos al mundo "normal", fuera de sus escapadas con los cinco Santos de Bronce.

Saga aceptó de buen grado la compañía, el aprendiz de Aries siempre le había caído bien y se estaba convirtiendo en un adolescente bastante simpático, aunque muy hablador. El resto del turno se les pasó bastante rápido. Klaus entró para relevarlos junto con otro de sus aprendices. Se disculpó profusamente con Saga y le dijo que ya arreglaría cuentas con Roberto cuando acabara la celebración.

Saga y Kiki fueron a ayudar con los preparativos. Como el año pasado, cuando se acercaron al Recinto de las Amazonas, pudieron escuchar música, risas, vitoreos y aplausos que venían de dentro. El de Géminis sonrió. Le ponía de buen humor que las chicas pasaran un buen rato.

Dentro del Recinto las mujeres ya habían empezado la fiesta. Como ya se conocían más que el año pasado se sentían en confianza. Hubieron todavía más chismes que el año anterior. Muchas preguntas de doble sentido fueron hechas a las novias de los Dorados. Muchas otras también fueron hechas a las chicas que claramente les estaban haciendo ojitos a los que quedaban solteros. Saori estaba muy contenta. Le encantaban los romances que se daban en su Santuario, como toda buena adolescente, le encantaba fantasear con esas historias. Si bien ella era una diosa virgen, entendía muy bien que, la gran mayoría de los humanos, eran más felices cuando encontraban a esas personas con las cuales compartir sus vidas. Ella no lo viviría, así como no lo vivió ninguna de sus encarnaciones pasadas, pero que se conformaba con compartir la felicidad de aquellos que la servían. Además, no le veía nada de malo.

A la hora acordada, de nuevo todas las mujeres hicieron su formación detrás de Saori y salieron al encuentro de los hombres. El discurso de Atenea se repitió más o menos de la misma manera, pero agregó lo feliz que estaba de que las cosas en ese año hubieran mejorado tanto y que le alegraba verlos felices. Cuando las filas se rompieron, aquellos con pareja fueron a buscar a sus medias naranjas. Saga vio a Alfa desde lejos y le sonrió. Alfa lo miró y negó con la cabeza: a esa distancia LA mirada no tenía TANTO efecto. Se acercó a él con una gran sonrisa. Se abrazaron y besaron cuando estuvieron frente al otro.

—El modelo de vestido va mejorando cada año —le dijo Saga con una sonrisa.

—La idea siempre es superarse, cariño. Y por lo que veo, tú tienes esa misma idea.

—No lo voy a negar. ¿Crees que podamos escaparnos de regreso a Géminis relativamente temprano?

—Depende de qué tan bueno se ponga el chisme, pero siempre hay tiempo para eso que estás pensando —le contestó la chica, luego volvió a besarlo.

El festín comenzó y todos se reunieron a comer. Roberto estaba de lo más aburrido. No sabía por qué la demostración de afecto entre Saga y aquella chica lo molestaba tanto, en realidad le molestaban las demostraciones de afecto, punto, pero en especial las de los Santos. En su opinión la idea de que se pudieran rebajar a prácticamente idolatrar a esas mujeres que no eran su diosa se le hacía obscena. No estaban ahí para encontrar novia, sino para entregar su vida al servicio del Santuario. Y le molestaba también que Atenea fuera tan permisiva. Se sentó en una silla alejada de todo mundo. Tenía que estar presente para el festín, pero su maestro le advirtió que podía quedarse a comer y punto. Luego del numerito que había hecho, de lo que menos tenía derecho era de celebrar. Roberto bufó hastiado; él tampoco quería estar ahí.

—¿Estás enojado?

Escuchó que una voz de niño le hablaba. Volteó a ver al pequeño Terje que se había acercado a él.

—Sí, niño, no me molestes.

—¿Con el Santuario o con sus habitantes?

—Con todo, mocoso, te dije que no me molestes.

—Eres un aprendiz como yo. ¿Crees que haya algún lugar mejor allá afuera?

—Sí, justo eso estoy empezando a considerar. Si me doy cuenta de que es así te diré para que no desperdicies tanto tiempo aquí como yo.

Terje sonrió y, sin decir nada más, se alejó con dirección al resto de los aprendices de su edad para comer.

La mesa en la que estaban reunidos los Dorados con sus parejas era el centro de atención de todo mundo. Se les veía como una gran familia en la que bromeaban y reían juntos. Por el momento la víctima era el Antiguo Maestro, porque querían saber si no le había hecho ojitos a alguien. Dohko les repitió que no, que ya era demasiado viejo para esas cosas y que todos ahí eran demasiado jóvenes y no le hacía a la pedofilia. Kanon le dijo que pasar tantos años sentado frente a la cascada no contaban como "envejecer". Milo le preguntó si en serio nunca nunca tuvo "algo" con alguien.

Dohko sonrió y comenzó a contarles una historia de su juventud en la que sí, hubo una chica, pero desgraciadamente le perdió el rastro durante la Guerra. Luego de eso sus obligaciones no le permitieron ponerse a buscar a alguien más. Entonces y para salvar el momento, a Milo se le ocurrió la idea de preguntarle a Afro si él no le estaba haciendo ojitos a alguien.

El de Piscis lo miró un tanto hastiado. Eso provocó que todos comenzaran a hacerle preguntas sobre sus gustos, Afro contestó a regañadientes porque era eso o seguir con el deprimente tema anterior. Sus compañeros le dijeron que le ayudarían a encontrar a alguien que fuera de su agrado.

Luego le preguntaron a Aioros si se había decidido por fin a invitar a salir a aquella chica, él dijo que no. Una vez más todo mundo le empezó a hacer preguntas y a darle consejos no pedidos sobre cómo invitar a una chica a salir.

Después de eso, por fin, Milo se animó a embromar a Saga sobre sus vacaciones. Saga negó con la cabeza pero sonrió. El Alacrán se había contenido por bastante tiempo antes de sacar el tema, y bueno, ya que lo hizo, el resto no dudó en lanzar sus bromas y comentarios también. Saga estaba relativamente en calma con el mundo, así que accedió a contarles un poco sobre los lugares en los que vivió y en los que trabajó. También le preguntaron a Alfa cómo y en dónde dio con él. Hablaron sobre eso, pero claro, omitieron la parte en la que se quedaron de vacaciones una semana en la casa que Saga se compró. Para cuando terminaron de hablar también había finalizado la comida así que se levantaron a ayudar a recoger las cosas para que la música y el baile comenzaran.

Por "petición" de su maestro, Roberto se tuvo que quedar a levantar platos y además lavarlos, luego lo mandó a recoger mesas y sillas y demás mobiliario que ya no se utilizaría. Hasta que terminó de hacer todo eso fue que se le permitió retirarse directamente a los alojamientos de los aprendices y, de paso, que cuidara de los niños que también ya se iban a dormir.

Por supuesto eso no ayudó para nada a su humor de perros. Sabía que estaba jugando con fuego cuando decidió confrontar de esa manera al Santo de Géminis, pero si él no lo hacía, nadie más lo haría. En su opinión el Santuario de la diosa estaba en plena caída en picada. Un leve pensamiento le gritó, en algún punto, si no sería mejor irse del Santuario y unirse a un grupo de renegados, como los que habían estado capturando. Esa idea lo asustó. Él sí era devoto de la diosa, pero la idea que tenía en su mente de ella era muy diferente a la que estaba viendo en el Santuario. Como que se le había caído su fantasía. De todos modos no se animaba a marcharse así no más. Decidió mandar ese pensamiento a lo más profundo de su mente a la lista de "malas ideas".

Una vez más la fiesta terminó hasta la madrugada, con varios Santos y aprendices borrachos, y no, Saga y Alfa no escaparon temprano, así como tampoco lo hicieron las más recientes parejas de Dorados, porque los del Club de Solteros Empedernidos se obstinaron en mantenerlos ahí, compartiendo con sus pobres compañeros solitarios.

En serio necesitaban conseguirles novias.