Era la tercera vez que la alarma sonaba y ninguna de las dos se había despertado. Jane gruñó cuando comenzó a sonar otra vez. Abrió los ojos y, aunque no quería, apartó el brazo que rodeaba su cintura. El aparato cayó al suelo por la vibración y Maura se quejó en su sueño por el estruendo. ¿Por qué tenía alarma para un sábado?

-Oh oh -susurró, pensando que se había roto al dejar de sonar.

-¿Qué fue eso? -preguntó con voz adormilada.

-Creo que tu celular se romp... nop -Soltó un suspiro frustrado cuando la alarma comenzó a sonar otra vez-. Maur, por favor detenlo. Estás más cerca.

-¿Hmm? -preguntó con ojos cerrados, volviendo a quedarse dormida.

Jane la miró, -por lo menos la alarma no era tan molesta como la de ella y podría aguantar unos segundos más de escuchar ese abominable sonido- el cabello dorado esparcido parcialmente sobre la almohada y la espalda desnuda. Se veía tan hermosa que le dio pena hacer que se moviera.

-Vale. Yo lo hago -se dijo más para sí misma mientras su mirada se enfocaba en el rasguño de uñas en la espalda de Maura. ¿En qué momento...? No. Mejor ni pensarlo porque de solo recordar lo que estaban haciendo un par de horas antes sentía que sus piernas comenzaban a temblar otra vez y un rubor cubría su rostro.

El celular estaba intacto.

Jane apagó la alarma mirando la pantalla mientras la otra mano sostenía la sábana que protegía su cuerpo desnudo del frío.

-Maur, esto dice que tienes almuerzo con tu madre en... ¿media hora?

La rubia se sentó en la cama tan rápido que Jane no tuvo tiempo para procesar lo que había ocurrido.

-¿Qué hora es? -Sus ojos se abrieron como platos cuando Jane giró el aparato, mostrándole la pantalla.

-No no no. -Se puso de pie y arrugó el ceño, deteniéndose de repente-. ¿Qué pasa?

-Nada. -Se relamió los labios mientras sus ojos descendían por el cuerpo desnudo enfrente de ella. Maura se miró a sí misma notando su desnudez.

-Tengo que bañarme, Jane... -advirtió.

-No he dicho nada.

-No, pero tu mirada habla por ti.

-No sé qué estás insinuando... -dijo en voz baja, tomando un paso hacia ella.

-Jane... A mi madre le disgusta la tardanza.

-Entonces propongo que nos bañemos rápido y dejes de mencionar a tu madre por ahora, por favor. -Le guiñó un ojo y soltó la sábana que cubría su cuerpo, cayendo a sus pies. Tuvo que usar todo su control para no reír ante la reacción de Maura.

-Rápido -advirtió y a Jane no le dio tiempo a responder cuando sintió brazos rodear su cuello y labios apoderarse de los suyos.

-Como ordene.

Maura se rio entre besos y soltó un grito ahogado cuando las manos de Jane rodearon sus muslos, alzándola del suelo.

-No te dejaré caer -aseguró cuando Maura cruzó sus piernas alrededor de su cintura, riendo nerviosa.


-Es aquí -avisó sin dejar de darle vuelta a uno de sus anillos.

Jane asintió y aparcó el auto lo más cerca posible de la entrada. Maura estaba nerviosa.

-Estoy segura que entenderá si le explicas.

La mujer la miró con una amplia sonrisa, alzando una ceja.

-¿Deseas que le diga a mi madre que estoy llegando 27 minutos tarde porque estaba teniendo sexo con mi mejor amiga?

Jane abrió la boca y la cerró sin decir nada.

-Estaba pensando más en algo como "No me desperté con mis alarmas".

-Lo pensaré.

-¡Maura!

Maura se acercó para besarla, pero Jane se echó hacia atrás inconscientemente con la mirada sobre varias personas que caminaban en la acera al lado del auto. La acción dejó a la rubia sorprendida; sus ojos permanecieron en el rostro ruborizado de Jane y luego viajaron a los dedos que tamboreaban nerviosamente sobre el volante.

Jane la miró a los ojos por un instantes como si quisiera decir algo, pero no pudiese.

-Lo siento -fue un susurro que apenas alcanza a llegar a los oídos de Maura.

"¿Porqué estamos en público?" pensó y se reservó la pregunta y simplemente asintió, aunque se quedó con un peso en el pecho.

-Nos vemos en la noche -dijo y salió del auto, caminando apresuradamente hasta la entrada del hotel donde su madre se estaba quedando.

Jane la siguió con la mirada hasta que desapareció de su vista. No fue hasta ese momento que soltó un suspiro y se cubrió el rostro con ambas manos, maldiciendo en un susurro.

Maura se mostró impasible mirándose a sí misma en el reflejo del elevador. Las puertas se abrieron y los otros dos ocupantes salieron tomándose de las manos. La puerta de cerro y su mirada se volvió a encontrar con ella, esta vez tensando la mandíbula.

-Llegas tarde. -Fue lo primero que dijo su madre al abrirle la puerta y dar media vuelta sobre los talones con un vaso de whiskey en la mano-. Hemos perdido la reservación así que he pedido algo a la habitación.

-Lo siento ¿Tan temprano?

Constance miró el vaso en su mano.

-Es medio día y es un trago celebratorio. Las negociaciones dieron buenos resultados y tenemos el trato para Europa.

-¿El de Francia? -preguntó con sorpresa, sentándose al lado de su madre-. Siempre has querido ese trato.

-Así es.

-Entonces sí se merece un brindis.

Constance hizo ademán hacia la botella y vaso sobre la mesita de noche.

-¿Por qué llegaste tarde? Nunca lo haces al menos que sea por una emergencia de trabajo -preguntó, notando como el cuerpo de su hija se tensó.

Maura se mordió el labio y se dio un trago antes de servirse otro.

-No desperté con las alarmas y estaba con Jane.

Constance ladeó la cabeza.

-Eso ya lo se, hija, vive contigo.

La rubia asintió mordiéndose el interior de la mejilla para refrenarse de aclarar la situación. Lo mejor era dejarlo así.

-Sí. ¿Por qué no te quedaste en la casa?

-Hicimos la negociación en este hotel así que decidí quedarme. Conveniencia.

-Entiendo.

Maura se dio otro trago con la mente en blanco y la mirada perdida en la cadena de plata al lado de la botella de whiskey. Sabía que esa cadena le pertenecía a Ella.

No fue hasta unos momentos después que sintió la mirada penetrante de su madre.

-¿En qué piensas?

-En Ella. ¿Dónde está?

Constance titubeó por un momento y dejó su bebida a un lado, cruzando las manos sobre su regazo.

-Está almorzando con su familia; regresaron hoy de California. Este año pasaron Acción de Gracias con la familia de Edward -explicó de más y Maura se dio vuelta para mirarla antes de acercarse, sentándose a su lado una vez más.

Era difícil de percibir si no la conocías muy bien, pero Constance Isles estaba nerviosa.

-Ella... me dijo sobre lo que hablaron... -Su voz era firme como siempre, pero dudaba en cómo proseguir-. Tienes preguntas para mí, imagino.

Maura asintió, dándose cuenta que no estaba segura de por dónde empezar.

-¿Desde cuándo?

El pecho de su madre subió y bajó al respirar profundamente.

-Dos años... oficialmente.

-¿Oficialmente?

-Ella ha estado trabajando para mí por más de tres décadas. No estoy segura del momento preciso cuando las líneas entre trabajo, amistad y amor se cruzaron.

-Mencionó algo sobre perder tiempo... -pensó en voz alta y su madre soltó una risa ahogada.

-Sí. Ambas perdimos mucho tiempo, querida -admitió y la sonrisa entristecida de su madre la sorprendió.

-¿Por qué no me dijeron?

Constance guardó silencio y miró sus dedos entrelazados.

-Hija... -Descruzó los dedos y al ver que sus manos temblaban ligeramente, volvió a cruzarlas-. He tenido tiempo para pensar... y no tengo una respuesta a esa pregunta. Podría decirte cualquier cosa, pero creo que... si soy honesta, todo fue por miedo. Y ahora que lo digo en voz alta parece tan... insignificante.

Constance soltó un suspiro al sentir la mano de su hija cubrir las de ella y sus miradas se encontraron.

-El miedo puede ser irracional. ¿Aún lo sientes? Oh, madre. -Rodeó su hombro atrayéndola a ella-. A mí lo único que me importa es que seas feliz. Que ambas sean felices. -Se separó con una sonrisa que flaqueó al ver los ojos brillantes de su madre ¿Cuándo había sido la última vez que la había visto llorar? Ni siquiera tenía memoria de ello-. Ella me dijo que era muy feliz.

Constance rio a la vez que se secaba las lágrimas con los dedos.

-Sí. Siento mucho haber ocultado nuestra relación, hija.

-Estoy feliz por las dos. Ella ha sido como una segunda madre para mí y la he considerado parte de la familia desde que tengo memoria. Me alegra mucho que ambas hayan podido encontrar algo tan especial en la otra...

Maura se giró hacia la puerta al escuchar un toque y miró a su madre, preguntándole con la mirada si esperaba a alguien.

-La comida.

-Perfecto. -Se puso de pie para abrir la puerta-. Estoy hambrienta.


-¿Lo estás aguantando bien? -Preguntó Frankie por segunda vez, sintiendo la inestabilidad de la escalera mientras limpiaba la canaleta.

Jane puso los ojos en blanco.

-Sí. Puedes apurarte si tanto miedo tienes de caerte. ¿Por qué no podías llamar a Tommy para esto, Ma?

Angela sostenía un saco de basura, agachándose para recoger las últimas hojas que habían caído de los árboles en el patio.

-Tu hermano tiene un bebé que cuidar. No estaba disponible.

-Ya quiero el día que pueda usar un hijo como excusa para evitar todo.

-¡Frankie no digas eso! Tu hermano no está usando a TJ como excusa -dijo y se quedó boquiabierta cuando sus dos hijos comenzaron a reír.

-¡No dejes de sostener la escalera!

-Si sigues quejándote tanto yo misma te tiraré.

-Puedes apurarte si quieres, no me estoy haciendo más joven.

-Ni siquiera tiene novia -comentó Jane y su hermano pausó lo que hacía para lanzarle una mirada seria.

-¿Quién dijo que se necesita tener una novia para eso? -soltó el hombre sin pensar y las dos mujeres se quejaron.

-Por favor no hagas como Tommy -pidió su hermana.

-Compórtate como el hombre educado que he criado, Frankie.

-Ujum. Eso dice mucho de Tommy.

Angela soltó el saco de basura y cruzó los brazos. Su mirada se alternaba entre sus dos hijos y Frankie bajó las escaleras, acercándose a su madre para meter la bolsa con su basura en la que ella tenía.

-Ni se te ocurra mencionarle algo sobre bebés -susurró a la vez que se inclinaba para meter la basura. Sabía que su madre estaba a punto de hacerlo con solo la forma con la que la estaba mirando.

-¿Qué le acabas de susurrar?

"Oh no" pensó el hombre y tragó en seco. Para su sorpresa, su madre permaneció callada, mirándolo de reojo. Esperando.

-¿Frankie?

Jane cruzó los brazos de la misma forma que su madre había hecho y ahora las dos esperaban a que dijera algo.

-No fue nada.

Angela resopló y Jane volvió a mirarlo, alzando una ceja. Su hermana lo iba a matar y estaba seguro que ya estaba pensando en cómo deshacerse de su cuerpo. Estaba seguro que podría hacerlo y librarse sin ningún problema. Oh. No.

Angela lo miró y suspiró antes de dirigirse a su hija.

-Me dijo que no te dijera nada sobre bebés.

Frankie no pudo reunir el coraje para ver la reacción de su hermana.

-Oh.

-¿Puedo saber por qué?

-Bueno... no era un tema que me gustara tanto antes de estar en un proceso de divorcio. Mejor entramos -propuso y se dio media vuelta sin esperar a que los otros estuvieran de acuerdo.

-¿Por qué presiento que no me están diciendo algo?

Frankie se sacudió de hombros; ya no volvería a abrir la boca por ese día. No metería la pata otra vez. Clásico de él decir algo para evitar problemas, pero hacerlo peor en el proceso.

Angela siguió con la mirada a Frankie que sacaba una cerveza del refrigerador y, evitando la mirada de su hermana, se fue a sentar enfrente del televisor.

-Entonces, ¿me vas a decir lo que sea que tienen entre los dos? -Se colocó enfrente de su hija, apoyándose en el mostrador de la cocina.

-Iré al punto, Ma -avisó con un suspiro derrotado.

Angela entrecerró los ojos, segura que algo estaba fuera de lugar con Jane. Lo había notado desde el momento que llegó, pero no estaba segura qué era exactamente. Físicamente estaba ahí con ellos, pero era como si tuviera algo en mente.

-Frankie no quería que me dijeras algo sobre bebés porque Gabriel tendrá uno con su amante -soltó sin pensarlo dos veces y la reacción de su madre era exactamente lo que esperaba.

-Ese cobarde...

-Hum ¿Has hablado con él?

-No. Supongo que no tiene ni el valor de dirigirme la palabra ahora. ¿Es por eso que has estado tan distraída hoy?

-¿Distraída?

-Sí.

-No. No es por eso... es solo que... creo que tuve un mal entendido con Maura.

-¿Crees?

-Es... difícil de explicar.

-Inténtalo -propuso, descruzando los brazos para abrir el refrigerador y sacar una cerveza para ofrecérsela. Jane sonrió al aceptarla y tomó un sorbo mientras pensaba cómo y si quería de verdad hablar con su madre sobre lo que estaba rondando en su cabeza.

-Creo que pudo haber malinterpretado una acción.

-Ya... -La alentó cuando se dio cuenta que no tenía planes de seguir-. ¿Puedes ser un poco más clara?

-Le negué algo y... ¿puede ser que haya pensado que lo hice por las razones equivocadas?

-Suena como que tú tampoco estás muy segura de lo que sea que intentas decir.

Jane soltó una risa porque, como siempre, su madre tenía razón.

-Para ser honesta, en el momento tampoco sabía por qué lo hice.

-Habla con ella. Si algo he aprendido durante todos mis años es que con simplemente hablar se resuelven muchas cosas.

-Lo haré.

-Bien -asintió con una sonrisa y Jane hizo lo mismo antes de beber otro sorbo de cerveza.

-¿Ya es seguro ir a la cocina?

Las dos escucharon a Frankie gritar desde el salón y rieron.


Ya había oscurecido cuando entró en el loft. Por un instante pensó que Maura no había llegado, pero entonces notó la figura sobre el sofá, justo antes de prender la luz. Se quitó la chaqueta y se acercó poniéndose de rodillas al lado del sofá, observando su rostro antes de recoger el libro abierto sobre el abdomen de Maura y dejarlo sobre la mesa de café.

-¿Jane?

-Ya llegué... no deseaba despertarte.

Maura sonrió aun adormilada y se giró quedando de lado en el sofá para poder mirarla.

-Me quedé dormida. ¿Es muy tarde?

-No. -Apartó un mechón de cabello de su rostro, dejándolo detrás de su oreja-. Pensaba que podríamos ordenar pizza, si te apetece.

-Me parece estupendo. ¿De mi favorita?

-De la pizzería de Mario, claro, ya pensaba pedir de ellos. Para ser honesta no pensé que iba a ser tan difícil buscar una pizzería que te gustara de verdad.

-Es la mejor pizza que he probado en Boston.

Jane sonrió levemente y acarició la mejilla de Maura como si estuviera moviéndose en automático. Maura lo notó y cubrió la mano con la suya, haciendo que Jane enfocara su mirada en ella.

-¿Qué estás pensando? -preguntó en voz baja.

-En esta mañana...no he dejado de pensar en esta mañana. Cuando te dejé enfrente del hotel -aclaró y Maura pestañeó sintiendo el latir de su corazón acelerarse.

-Jane...

-No... -movió su mano con la de Maura, entrelazando sus dedos-. Quiero decirte lo que he tenido en la cabeza, lo que estoy pensando. No quiero que haya mal entendidos entre nosotras.

Maura asintió y esperó, sosteniendo con más fuerza su mano.

-No quiero que pienses que estoy avergonzada de ti... de nosotras. Nunca he sido muy buena con demostraciones públicas y me aparté de ti sin pensarlo.

-No tenemos que hacer demostraciones públicas. Lo entiendo. Yo...

-Quiero cambiarlo. -La interrumpió y Maura abrió los ojos, sorprendida.

-¿Qué?

-Quería besarte. Cuando me di cuenta de lo que había hecho sin pensar, quería besarte. Quería salir del auto y seguirte y besarte...pero no lo hice y quiero poder hacerlo.

La sonrisa de Maura se fue ampliando con cada segundo que la escuchaba.

-Puedes hacerlo. Siempre que desees.

Jane asintió imitando su sonrisa y se acercó, besando sus labios suavemente.

-He querido hacer eso todo el día -susurró sobre sus labios. Maura rio incorporándose un poco para acercarse y susurrarle al oído:

-Yo he querido hacer mucho más. -Rodeó la nuca de Jane y la besó profundizando el beso hasta escuchar un gemido de Jane que solo se separó de sus labios por un instante para subir en el sofá con ella.