DISCLAIMER: Nada de esto me pertenece. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a JenRar. Yo solo me adjudico la traducción.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite .fanfiction)
Outtake 5: La vida de Lizzie
N/A: Este outtake se desarrolla alrededor de cinco años después del anterior y dura… bueno, hasta que Lizzie tiene veinte años.
Edad de Lizzie: 9 años
POV Edward
—Lizzie-bebé, ¿estás lista para irte, cariño? —le preguntó Bella a nuestra hija, quien estaba regresando su vaso a la cocina después del almuerzo.
—¡Síp! El tío Emmett y la tía Rose me llevarán, ¿cierto?
La atraje hacia mí para besar su cabeza mientras pasaba por el sofá.
—Sí, te están esperando en el auto, cariño. Diviértete hoy en gimnasia, ¿de acuerdo?
Lizzie envolvió sus brazos alrededor de mi cuello y la apreté tanto como su pequeño cuerpo humano podía soportarlo.
—Lo haré, papi. ¿Estarás aquí cuando lleguemos a casa?
—Por supuesto —bufé, pretendiendo rodar los ojos hasta que ella bufó.
—Bien.
Con un último abrazo alrededor de la cintura de Bella, Lizzie se apresuró hacia la puerta, tomando su bolsa de gimnasia en su camino de salida.
—¡Adiós, mamá!
Bella se rio suavemente mientras se sentaba en el sofá junto a mí.
—No recuerdo haber tenido esa energía cuando tenía su edad. Es algo bueno que no nos cansemos.
Sonriendo, la atraje a mi regazo.
—Entonces, ¿no estás demasiado cansada para disfrutar el hecho de que ahora estamos solos en casa?
Reí cuando sus ojos color mantequilla se volvieron miel mientras se agachaba, recargando su frente en mi hombro y girándose para presionar suaves besos en mi cuello.
El tiempo solos se había vuelo un preciado lujo para nosotros. Habíamos estado viviendo en Toronto, Canadá, por los últimos tres años después de pasar casi seis años en Wisconsin. Con Bella siendo neófita y Lizzie demasiado joven como para de verdad tener que sacarla al público por un rato, habíamos sido capaces de quedarnos ahí más tiempo del que pensábamos. Pero para el final, Carlisle estaba tratando de aparentar que tenía 31 años, lo que era demasiado. Así que cuando Lizzie cumplió seis años, nos mudamos al norte.
Lizzie estaba feliz aquí en Canadá. La estábamos educando en casa, pero pertenecíamos a un grupo de familias que educaban en casa que tenía reuniones regulares. Además, estaba inscrita en una variedad de actividades extracurriculares: gimnasia, una clase de arte en el centro comunitario, lecciones de ballet y karate, todas habían sido su elección. La familia simplemente se maravillaba con su humanidad y en verla disfrutar cada cosa que hacía.
Por eso, por lo mucho que cada miembro de la familia amaba a esa pequeña, todos seguíamos viviendo juntos en una enorme casa a donde sea que nos mudáramos. La mayor parte del tiempo, esto era algo bueno —a Lizzie nunca le faltaba alguien para jugar, leerle historias o cepillar su cabello, hacer sus comidas y lo que sea que necesitara— pero también significaba que el único tiempo que Bella y yo teníamos para estar solos era cuando íbamos de cacería. Así que aprovechábamos cuando el resto de la familia estaba cazando y ella quería que alguien más la llevara a donde sea que tuviera que ir.
Los dientes de Bella raspando mi nuez de Adán me sacaron de mis pensamientos y me trajeron de vuelta al presente… a ella deliberadamente moviéndose en mi regazo para ponerla más en contacto con mi erección, a sus dedos acariciando mi nuca y jaloneando el cabello de ahí, a sus pechos presionados contra mi pecho.
—Más vale que te sujetes, mono araña —ronroneé, y sin mayor advertencia, me puse de pie y volé escaleras arriba con Bella colgando y riendo todo el camino.
—Dios, Edward —gimió Bella, fuertemente, mientras deslizaba mi dedo por su resbaladiza piel—. Justo ahí.
Mis dedos se tensaron en su cadera mientras mi otra mano continuaba moviéndose. Miré mientras sus ojos se cerraban y se veía más que hermosa en su placer.
Cuando la toqué de la forma correcta, se vino con fuerza a mi alrededor, sus músculos encerrándome por un momento mientras su orgasmo literalmente le quitaba el aliento. Con un gemido propio, la seguí.
—Amo tener la casa para nosotros —dijo con una risa cuando finalmente pudo hablar de nuevo.
Me acosté junto a ella, atrayéndola a mi lado con una sonrisa.
—Mmhmm, estoy de acuerdo.
El teléfono de Bella sonó con una alerta de mensaje de texto, y con un bufido, se estiró por encima de mí para tomarlo del buró. Deslizando su pulgar por la pantalla para desbloquearlo, abrió el mensaje y sostuvo el teléfono para que ambos pudiéramos verlo.
Vístanse, unidades parentales. Cambio de planes. No habrá parque después de la clase, así que estaremos en casa en veinte minutos.
—¿Qué? ¿Por qué? —Bella le lanzó una mala mirada al teléfono—. Esa no fue suficiente información. ¿Y si algo p...?
La silencié con un beso antes de murmurar contra sus labios:
—Estoy seguro de que Rose hubiera dicho algo si hubiera un problema, amor. Probablemente solo es que el sol saldrá o algo así. Así que no te preocupes hasta que haya algo por lo que preocuparnos.
Bella asintió, dándome un suspiro.
—Estoy segura de que tienes razón. Es difícil no preocuparse, ¿sabes?
Lo sabía. Tener un hijo era difícil para cualquier padre, pero para inmortales que sabían lo frágil que era la vida humana, era incluso más difícil teniendo una hija mortal y humana.
—Lo sé. Pero Rose y Emmett están con ella, y no dejarán que nada le pase.
Sonriendo, Bella dijo:
—Eso es cierto. Si hay alguien a quien tiene más envuelto alrededor de su dedo que su papi, es su tío Emmett —bromeó y me besó antes de girarse de debajo de mí y saltar de la cama—. Bueno, vamos, entonces. Alistémonos para descubrir qué es tan importante que tuvieron que apresurarse a casa después de gimnasia.
Casi veinte minutos después, tres mentes me golpearon al mismo tiempo.
¡Espero que papi me deje quedármelo!
Se ve tan linda con ese perrito. Será bueno para ella tener una mascota.
¡No puedo creer que ese perro no nos tenga miedo! Quizá si gruño y le enseño los dientes… ¡Ow! De acuerdo, eso fue grosero. ¡Rose no tenía que golpearme!
Me reí, sonriendo cuando Bella me miró con la ceja alzada.
—Ya casi están aquí. Aparentemente… —pausé, alargando el suspenso hasta que ella alzó la otra ceja, no lucía divertida—. Aparentemente, nuestra hija encontró un perrito y lo trajo a casa.
Mi esposa lucía confundida.
—Pero pensé… quiero decir, los animales no… —Sacudió la cabeza—. ¿Eh?
Riendo, asentí.
—Lizzie ha encontrado al único perro que no le teme a los vampiros, y si Emmett no puede asustarlo, entonces ninguno de nosotros será capaz de hacerlo.
Cuando el BMW de Rose estuvo a la vista minutos después, tomé la mano de Bella, y caminamos hacia el porche. Envolviendo mi brazo alrededor de su cintura, la atraje a mí, besando el tope de su cabeza cuando la recargó en mi pecho.
Los pensamientos de Lizzie ya estaban rogando.
¡Por favor, papi! Tienes que verlo. ¡Él es taaaaaan lindo! ¡No le tiene miedo a los vampiros! Ya me ama. Lamió mi cara y todo. Bueno, eso fue algo asqueroso. La tía Rose dijo que ese era su beso así que debo agradarle de verdad. ¡Por favor, déjame quedármelo!
Reí, sacudiendo la cabeza mientras veía el auto.
—Ya está rogando.
—¿De verdad piensa que diremos que no? —Bella pausó y me miró, con el ceño fruncido—. No diremos que no, ¿cierto?
—No, amor —contesté, sacudiendo la cabeza—. No puedo pensar en una razón por la que lo haríamos. ¿Tú?
Bella sacudió la cabeza y luego se giró hacia donde Rose se había estacionado en el garaje.
Rose me miró mientras salía del auto, pensando: Edward, no dirás que no, ¿cierto? Ella está tan emocionada…
En una voz que era demasiado rápida como para que los oídos de Lizzie la escucharan, dije:
—No, por supuesto que no. —Suspirando, miré a Bella—. ¿Por qué todos piensan que voy a decir que no?
Sonrió, encogiéndose hombros, sin dejar de mirar el auto, de donde Lizzie estaba lentamente saliendo mientras Emmett abría la puerta para ella.
Emmett me miró y rodó los ojos. ¿Quizá porque eres un aguafiestas para algunas cosas?
Bloqueando a Emmett y Rose tanto como era posible en mi cabeza, en su lugar me concentré en Lizzie mientras ella caminaba hacia la casa. En sus brazos estaba el perrito en cuestión. De vista, parecía tener unos cuantos meses, una mezcla de shepherd australiano con retriever —quizá un golden o labrador—, marrón y dorado con manchas negras alrededor del hocico. Estaba delgado y sucio, como si ya tuviera tiempo en las calles, pero se veía sano. Estaba mirando a sus extraños alrededores, pero lucía tranquilo y feliz de ser cargado en los brazos de Lizzie.
Mantuve mi rostro neutral mientras ella caminaba hacia mí, su mente acelerándose mientras trataba de decidir qué decir.
—¿Qué tienes ahí, Lizzie-bebé? —preguntó Bella suavemente, agachándose para estar al nivel de la pequeña, que aún no subía los escalones del porche.
—Lo encontré —contestó Lizzie en voz baja, agachando la cabeza cuando el perrito la miró y acarició su mejilla con su nariz.
—¿Sí? —preguntó Bella, sentándose en el escalón de hasta arriba.
Lizzie asintió y me miró.
—Papi, ¿puedo quedármelo? Le agradan el tío Emmett y la tía Rose, y ve, no te tiene miedo a ti o a mamá —se apresuró a explicar.
Incapaz de resistirme, suspiré y dije:
—No lo sé, bebé. Tener un perro es una gran responsabilidad.
Asintió, con los ojos ensanchados.
—Le daré de comer, y lo pasearé, y lo cuidaré. ¡Lo prometo!
—Cuestan mucho dinero, Lizzie —continué, ignorando las malas miradas y las peticiones de que dejara de jugar con ella de parte de Rose y la clara diversión de Emmett detrás de ella.
Lizzie se quedó en silencio por un momento.
—No tienes que darme mesada. —Cuando no dije nada, ella habló de nuevo—: Podría… podría conseguir un trabajo, papi. Podría pagar por él. —Sus ojos se ensancharon y comenzaron a llenarse de lágrimas mientras sus brazos se apretaban solo un poco más alrededor del perro.
Mi corazón helado saltó en mi pecho. Nunca había sido capaz de soportar su llanto. Era mi kriptonita. Si de verdad estuviera dudando en dejarla quedarse con el perro, sus lágrimas habrían resuelto todo. Inmediatamente dejé de bromear y me senté en el escalón al lado de Bella, suavizando mi mirada.
—Cariño, solo estoy bromeando. No llores, Lizzie-bebé. Ven aquí —la apresuré cuando sollozó.
—¿De verdad? ¿Puedo quedármelo? —preguntó mientras caminaba hacia nosotros.
—Sí, cariño —le aseguré, sonriendo cuando abrazó al perro y saltó un par de veces.
—¡Gracias, papi! ¡Gracias, mamá! —Girándose, miró a Rose y Emmett, quienes finalmente estaban caminando hacia la casa—. ¿Oyeron? ¡Dijeron que puedo quedármelo!
—Escuchamos, cariño —dijo Rose, sonriéndole con suavidad—. Dile a tu papá que dado que jugó contigo, tiene que ayudarte a bañarlo.
Gemí juguetonamente mientras Lizzie se giró hacia mí, una sonrisa partiendo su rostro casi en dos.
—¿De verdad?
Soltando unas risitas, Lizzie asintió.
—Sí, por favor.
Bella se estiró y acarició la cabeza del perro, rascando detrás de sus orejas.
—Es lo justo —me dijo, apenas siendo capaz de contener su diversión.
Con un suspiro, extendí la mano, dejando que el perrito olisqueara mis dedos, sonriendo cuando comenzó a lamer mi mano.
—Bueno, supongo que si tengo que hacerlo, tengo que hacerlo. —Poniéndome de pie, dije—: Vamos, bebé. Limpiemos a este mugroso para que no deje tierra por toda la casa limpia de la nana Esme, ¿eh?
Lizzie sonrió, asintiendo, y cuidadosamente subió las escaleras.
Una hora y una sucia bañera después, teníamos a un perrito limpio, a quien Bella estaba cuidando mientras Lizzie y yo nos cambiábamos de ropa, dado que ambos nos habíamos mojado durante el baño y ella ya estaba sucia de cargar al perro. Mientras pasaba mi nueva playera por encima de mi cabeza, escuché al resto de la familia entrar en rango, los pensamientos de Alice me alertaron del hecho de que estarían en casa en diez minutos.
Me detuve en la puerta de Lizzie de camino a las escaleras. Tocando suavemente, dije:
—El resto de la familia llegará pronto, Lizzie.
—Sí, papi. ¡Espérame! Ya casi estoy lista.
Sonriendo, dije:
—De acuerdo.
Cruzando hacia la pared opuesta, me recargué contra ella y crucé los brazos por mi pecho, esperando a que saliera de su habitación. La escuché apresurarse, abriendo y cerrando cajones, hasta que finalmente se abrió la puerta. Se había puesto unos shorts y una playera limpia antes de amarrar su cabello en una rápida coleta.
Me enderecé y me estiré, tirando de ella gentilmente.
—¿Lista?
Cuando me giré y me agaché, ella saltó en mi espalda.
—¡Lista!
Riendo, la cargué por las escaleras hacia la sala, dejándola en el suelo cuando el perrito ladró y llegó con ella. Me senté junto a Bella, atrayéndola a mi lado para besar su sien.
Lizzie se acomodó en el suelo y comenzó a acariciar y sobar la pancita del perro cuando se giró.
Todos —menos Lizzie— escuchamos a los otros entrar a la casa antes de que llegaran a la habitación.
Todos de alguna forma contuvimos la respiración mientras esperábamos a ver cuál sería la reacción del perro al añadir a cuatro vampiros más a la mezcla, dando un total de ocho.
El perrito se puso de pie, lanzó un ladridito, y luego cuidadosamente olfateó el aire, mirando alrededor de la habitación antes de acomodarse frente a Lizzie.
—Huh —dijo Carlisle casi sin habla. Si no lo viera con mis propios ojos…
Me reí.
—Extraño, ¿no es así? —pregunté para que Lizzie no pudiera oír.
Él asintió en acuerdo mientras todos se acomodaban alrededor de la habitación, mirando a Lizzie con el perro hasta que hablé.
—Dile a mamá lo que descubrimos.
—¡Oh, sí! Adivina —le dijo Lizzie a Bella y los demás.
—¿Qué, bebé? —preguntó Bella, sonriendo.
—No es un él —respondió con una risita—. ¡Es una perrita!
Bella se rio, mirando a Emmett y Rose, quienes se encogieron de hombros.
—No queríamos mirar las, uh, partes privadas de él... ella —dijo Emmett, sonriendo cuando Rosalie bufó.
Girándose de vuelta a Lizzie, Bella preguntó.
—¿Y cómo la llamarás?
Después de pensarlo, para mi diversión, Lizzie anunció:
—Gem.
Emmett dejó salir una risa.
—¿Jim? —preguntó—. Pensé que dijiste que era niña.
Lizzie rodó los ojos.
—¡No así! G-E-M —deletreó.
—¿Por qué Gem, cariño? —preguntó Rose, ignorando a su esposo.
—Porque la encontré después de gimnasia, pero no quiero llamara G-I-M.
Todos reímos, asintiendo, y no pude evitar sonreír cuando Lizzie me miró, en su mente esperando por mi aprobación.
—Es perfecto, pequeña.
Me lanzó una brillante sonrisa y rio mientras la perrita —Gem— ladraba de nuevo, como si lo aprobara.
Edad de Lizzie: 15 años
POV Bella
—De ninguna forma —gruñó Edward, sacudiendo la cabeza—. No hay manera que deje a mi bebé ir a un baile con algún… chico.
—Edward —suspiré, moviéndome detrás de él y pasando mi mano por la suave y cálida piel de su espalda—. Ya no es una bebé. Tiene quince años. Y él no es un algún chico. Conoces a Matthew. Es un chico perfectamente lindo. Viene de una buena familia.
—Aun así es un adolescente —bufó—. Y créeme, Bella. Los chicos adolescentes de esa edad y este tiempo en Portland no son diferentes de como lo eran en Chicago cuando yo tenía diecisiete.
No pude evitarlo. Una risita se escapó de mis labios y me las arreglé para contener mi diversión.
—Y sí —soltó—. Sé que yo solo tengo diecisiete. Así que eso debería decirte que entiendo cómo piensan los adolescentes.
Bufé, sacudiendo la cabeza, y con un gentil empujón a sus hombros, lo forcé a que me mirara.
—Edward, Matthew solo tiene quince años. No diecisiete. —Alcé una ceja cuando él abrió la boca. Una vez que la cerró, asintiendo para que continuara, dije—: Es el baile del condado Hood River en el centro comunitario, no un video de Girls Gone Wild.
—Lo sé, pero es el primero, Bella. —Lucía dolorido mientras cerraba los ojos y tomaba su cabello.
Él tenía razón. Este sería el primer baile al que Lizzie iría, su primera cita, me había dicho emocionada cuando llegó a casa de su reunión con el resto de su grupo de chicos educados en casa. Había habido un baile el año pasado en Hood River, pero había estado enferma, así que todos nos quedamos en casa.
—Está creciendo —dije con tristeza, mi mente pasando por los recuerdos de su infancia, hasta su nacimiento—. No podemos detener eso, sin importar lo mucho que queríamos que se quedara como la misma pequeña que te llamaba papi y se aferraba a tu espalda para que la bajaras por las escaleras, y eso no es algo malo, Edward. De verdad.
Suspiró y envolvió sus brazos a mi alrededor, sosteniéndome cerca y presionando un beso en mi cabeza.
—Lo sé, lo sé. Yo solo… no pensé que sería así de difícil verla tomar estos pasos lejos de nosotros.
Asentí contra su pecho, dejando que mi abrazo lo consolara.
—¿Ayudaría si también fuéramos al baile?
—¿Harías eso? —Edward se separó y me miró con calidez—. Sé que no te gusta bailar…
—Es mejor ahora que no estoy preocupada por tropezarme con mis propios pies —admití con una risa.
Él se rio y me atrajo de nuevo a su pecho, moviéndonos al ritmo de la melodía que estaba escuchando en su cabeza.
—Entonces sí, me haría sentir mejor si estuviéramos ahí.
Una semana después de que le habíamos dado permiso a Lizzie para ir al baile, llegó a la sala de estar sin zapatos, con Gem siguiéndola. Desde que Lizzie la había traído a casa, la perrita nunca se alejaba mucho de ella. Dormía en la cama de Lizzie, se sentaba a sus pies en la mesa, y miraba desde el porche cada vez que se iba de casa.
Sabía lo que planeaba pedir, así que cerré mi libro y esperé.
—¿Papi? —preguntó en voz baja.
Edward despegó la mirada del videojuego que estaba jugando con Emmett para mirarla con el rostro suavizado.
—¿Sí, bebé?
—Yo… necesito ayuda.
Él asintió lentamente, una mueca cruzó por su rostro demasiado rápido para que Lizzie la notara antes de sonreír.
—¿Necesitas ayuda para aprender a bailar?
—Sí... mamá dijo que tú sabes cómo… que la llevaste al baile de graduación en la preparatoria y bailaron ahí.
Edward sonrió, mirándome.
—Y en nuestra boda también, sí.
—No creo que haya como… bailes realmente elegantes o algo así, pero lo que sé es cómo deslizarme de un lado a otro, lo que es bueno para niños pequeños. —Hizo una mueca—. Matthew dijo que usualmente hacen un baile de cuadrillas, un baile de Texas, e incluso unos valses para la gente adulta.
Arrojando el control junto a Emmett, dijo:
—Por supuesto, Lizzie-bebé, aunque quizá deberías preguntarle al tío Jasper y la tía Ali acerca del baile de Texas. Ellos han hecho eso por años.
Edward metió la mano en su bolsillo y sacó su teléfono justo cuando Alice llegó a la habitación, con su iPod y una bocina portátil.
—No te molestes —dijo—. Tengo lo que necesitas. —Me guiñó el ojo mientras se movía para sentarse en el suelo junto a mi silla. Recargándose contra mi pierna, murmuró—: Mira esto.
Chasqueé los dedos e hice unos ruidos de besos, y Gem, quien había seguido a Lizzie, vino y se recostó junto a mi silla, descansado su cabeza en sus patas delanteras mientras miraba la acción del otro lado de la habitación.
Edward le hizo una reverencia a Lizzie, extendiendo su mano.
—¿Me concede esta pieza, señorita?
Lizzie rodó los ojos, pero no pudo contener su sonrisa mientras dejaba su mano en la de Edward.
Miramos mientras Edward movía la mano libre de Lizzie hacia su hombro antes de poner la suya en su cintura.
—Sígueme —dijo—. Comienza con un pequeño paso hacia atrás con tu pie derecho, luego uno de vuelta con tu izquierdo, y finalmente avanza un paso.
Lizzie lucía nerviosa mientras asentía.
Edward miró a Alice, quien comenzó a reproducir la música.
"Unforgettable" de Nat King Cole comenzó segundos después, y Edward le sonrió a Lizzie.
—¿Lista? —preguntó, y ante su asentimiento, él se adelantó al ritmo de la música.
Le tomó unos minutos a ella comprenderlo, pero pronto, estaba siguiendo a Edward mientras él la guiaba alrededor del piso de madera de la sala, evitando los muebles y al resto de la familia, quienes habían venido a ver el show.
Mi corazón estaba rebosante mientras lo miraba guiarla de una canción a otra. Estaba creciendo tan rápido. Parecía que fue ayer cuando la enfermera dejó a la pequeña recién nacida llorando en mis brazos, y ahora, estaba aprendiendo a bailar para su primera cita.
Bailaron casi diez canciones —moviéndose del vals a simplemente Edward enseñándole cómo moverse con su pareja— antes de que Lizzie finalmente se separara.
—Creo que lo tengo —dijo con una sonrisa. Arrojando sus brazos alrededor de él, murmuró en su pecho—. Gracias, papá.
Edward besó el tope de su cabeza y dijo:
—De nada, cariño.
Mientras se giraba para preguntarle a Jasper acerca del baile de Texas, me puse de pie y extendí mi mano hacia Edward.
Él no cuestionó cuando lo guie a la puerta trasera, tomando mi mano y siguiéndome afuera sin decir una palabra.
La noche del baile, todos nos arreglamos y alistamos para irnos y estábamos esperando escaleras abajo a que Matthew llegara. Edward había tratado de insistir que nosotros los lleváramos al baile, pero Lizzie había protestado, rogándome para que lo convenciera de dejar que la mamá de Matthew los llevara como él lo había arreglado. Había logrado que Edward accediera, pero solo si Matthew pasaba a la casa cuando la recogiera para que pudiéramos tomar fotografías. Sonrojada, Lizzie había aceptado a regañadientes.
Cuando la puerta sonó, las manos de Edward se convirtieron en puños.
—Ve a abrir la puerta mientras yo voy por Lizzie —le dije, lanzándole una mirada—. Y sé amable. Sin asustar al chico humano, papi.
Suspiró, asintiendo, mientras me alejaba.
Una vez que estuve arriba, toqué suavemente la puerta de la habitación de Lizzie.
—¿Cariño? Matthew está aquí. ¿Estás lista?
Lizzie abrió la puerta y dio una vuelta.
—¿Cómo me veo?
Le habíamos comprado un nuevo vestido veraniego solo para el baile. Se veía hermosa, y se lo dije.
—Ahora vamos —dije—. Tu papá probablemente está dándole un susto de muerte al pobre chico allá abajo.
Eso la puso en movimiento, y nos apresuramos por las escaleras para encontrar a Matthew sentado en el sofá, con Edward, Emmett y Jasper cerca. Edward estaba sentado frente a él en una de las sillas, luciendo falsamente casual. Podía decir por su postura que realmente no estaba para nada relajado. Emmett y Jasper estaban recargándose contra la pared frente al sofá, a cada lado de la televisión, con los brazos cruzados y una expresión seria en sus rostros. Matthew, aunque obviamente nervioso, estaba tratando muy duro de soportar su escrutinio.
—Guau —dijo, sonriendo y poniéndose de pie mientras Lizzie entraba a la habitación—. Liz, te ves muy bonita. —Me sonrió—. Hola, Bella. Es bueno verte de nuevo.
—Hola, Matthew. Igual a ti —dije—. ¿Podemos tomar unas cuantas fotografías? Carlisle está trabajando, así que me hizo prometerle que conseguiría unas para él.
—Sí, seguro —accedió fácilmente.
El resto de la familia —menos Carlisle— llegó a la sala de estar, vestidos y listos para irse. Esme me tendió la cámara.
—Aquí tienes, Bella.
Le di las gracias y dirigí a Lizzie y Matthew para que se pusieran frente a la chimenea, tomando varias fotografías.
—Creo que son suficientes —dije finalmente—. Ustedes diviértanse, y los veremos en unos minutos en el centro comunitario.
Lizzie asintió y siguió a Matthew hacia la puerta. Él la mantuvo abierta para ella y luego salió detrás de ella, cerrándola con gentileza detrás de ellos.
—No me agrada ese chico —murmuró Edward.
Alzando una ceja, pregunté:
—¿Por qué? ¿Qué estaba pensando? —Me pregunté si necesitaba preocuparme.
—Nada por lo que pudiera matarlo… desafortunadamente. —La última palabra fue murmurada entre dientes, como si realmente no hubiera querido decirla en voz alta.
—Si ayuda en algo, no percibí nada… inapropiado de él —dijo Jasper, acercándose y palmeando el hombro de Edward—. Un poco de timidez, nerviosismo una vez que estuvimos en la habitación, pero no hubo nada más que respeto con un poco de atracción cuando miró a Lizzie.
Los hombros de Edward cayeron y suspiró.
—No me gusta tener que jugar al cuñado —murmuró.
—Lo sé —dije, pasando mis dedos por su cabello y rascando su cuero cabelludo ligeramente—. Tampoco me gusta tener que actuar de su hermana mayor, pero… —Me encogí de hombros.
Esa era la historia que habíamos dicho cuando comenzamos de nuevo en el pequeño pueblo de Hood River, Oregón, aproximadamente a una hora al este de Portland. Yo era la hermana mayor de Lizzie, y Edward era mi esposo. Nuestros padres habían muerto cuando yo tenía dieciocho años, y había obtenido la custodia de mi hermana menor, quien tenía solo trece años en ese momento. Los hermanos de Edward, Emmett y Alice, estaban casados con Rose y Jasper, mientras que su prima, Esme, estaba casada con Carlisle. La historia funcionaba, pero ni Edward ni yo estábamos felices acerca de no poder ser los padres de Lizzie en público.
Emmett dijo:
—Ya vámonos. Ustedes quizá confíen en ese enano, pero yo no. Los quiero en donde pueda mantener un ojo sobre él.
Rose solo rodó los ojos y sacudió la cabeza, pero enredó su brazo alrededor del de él y lo dejó que la guiara hacia el garaje.
Uno por uno, la familia dejó la casa, hasta que Edward y yo fuimos los últimos en salir en su auto.
Cuando nos estacionamos en el centro comunitario unos minutos después, pregunté:
—¿Estás listo, papá? ¿Serás capaz de ver a tu bebé toda crecida y bailando en los brazos de alguien más?
Frunció el ceño, pasando una mano por su cabello ya revuelto, y suspiró.
—Siempre y cuando guarde un baile para mí.
Sonreí.
—Me prometió que le guardaría un baile a su viejo —bromeé—. Ahora vamos. Me puse mis zapatos de baile solo por ti, amigo.
Edward sonrió y se inclinó para besarme una vez antes de salir y moverse hacia mi puerta.
—Te sigo, amor —dijo, extendiendo su brazo.
Edward y yo encontramos un asiento en el gran gimnasio del centro comunitario para observar a la gente —para observar a Lizzie específicamente, aunque él no lo admitiría— por un momento. El resto de la familia se nos unía cuando no estaban en la pista de baile.
—Se la está pasando bien —dijo Rose, moviendo la cabeza hacia donde Lizzie estaba bailando con un grupo de chicas al ritmo de "Girls Just Wanna Have Fun" de Cindy Lauper.
Sonreí, asintiendo.
—Lo está. Esto es bueno para ella.
Edward estuvo de acuerdo a regañadientes, y cuando la música cambió a "Flightless Bird, American Mouth" de Iron & Wine, él sonrió y se puso de pie, extendiendo su mano.
—Es nuestra canción, Isabella —dijo, su voz baja—. ¿Te importaría bailar?
Suspiré, recordando no solo nuestro primer baile —en la graduación— sino también nuestro primer baile como marido y mujer, cundo bailamos al ritmo de esta misma canción. Sonriendo suavemente, tomé su mano, y caminamos hacia el centro de la pista de baile.
Todo se desvaneció mientras me movía en los brazos de Edward. No eran pasos complicados o movimientos arriesgados, solo deslizamientos simples y suaves giros mientras él tarareaba en mi oído.
Cuando la música terminó, él me besó suavemente y susurró:
—Te amo, Isabella.
Lo besé de nuevo, sonriendo contra sus labios cuando la música cambió a algo más movido.
Nos quedamos en la pista de baile por un momento, bailando con nuestros hermanos cuando se nos unieron.
Lizzie bailó con sus amigos, incluyendo a Matthew, hasta que "I Loved Her First"de Heartland comenzó. Viniendo hacia nosotros, se inclinó y susurró en el oído de Edward para que los únicos que pudieran escuchar fuéramos nosotros.
—¿Bailas conmigo, papi?
Edward me guiñó el ojo mientras me alejaba, y luego él tomó su mano, esperando hasta que su mano izquierda estuvo en su hombro antes de comenzar a bailar al ritmo de la música como le había enseñado en casa.
Justo antes de que pudiera sentarme, Emmett apareció, haciendo una pequeña reverencia.
—¿Me permite este baile?
Me reí ligeramente.
—Por supuesto, amable señor.
Él no era Edward, pero Emmett sabía cómo moverse en la pista de baile. Me guio a través de su propia versión de un vals, girándome en tantas vueltas que estaría mareada de seguir siendo humana.
—Esto es difícil para él —observó mientras veíamos a Edward y Lizzie—. Sé que lo es para ti, también, pero lo está matando el verla crecer.
Sonriendo tristemente, asentí.
—Lo es. Crecer significa apartarse. Él no está listo para eso aún. —Suspirando suavemente, añadí—: Tampoco yo.
Emmett simplemente apretó mi mano más fuerte y me giró una y otra vez hasta que no pude evitar reír.
Edad de Lizzie: 20 años
POV Edward
No pude evitar preocuparme mientras Lizzie iba alrededor de la habitación, despidiéndose del resto de la familia. Se iba a ir a Irlanda por las vacaciones de primavera, y sin importar lo mucho que hubiera querido ir con ella, era una adulta ahora, como me lo había recordado múltiples veces durante las últimas dos semanas.
Su mente estaba llena de emoción por el viaje, que tomaría con tres amigas de la escuela. Todas estaban a punto de terminar su segundo año en la Universidad de Maine, justo afuera de Bangor, que era en donde habíamos estado viviendo durante los últimos dos años. Fiona había sido una estudiante de intercambio en los Estados Unidos durante su último año de preparatoria, y le había gustado tanto que se había quedado para la universidad. Ella y Lizzie habían sido compañeras de cuarto desde el inicio de su primer año. Jaime y Sophia vivían al otro lado del pasillo, y las cuatro se habían convertido rápidamente en amigas. Dos semanas antes de las vacaciones de primavera, Fiona las había invitado a las tres a visitar a su familia en Irlanda por una semana. Planeaban ir de compras, ir a un club —en donde era legal para ellas beber—y recorrer el Ring of Kerry, que era un sendero turístico por Irlanda.
—Papá, trata de no preocuparte demasiado —dijo Lizzie, interrumpiendo mis pensamientos acerca de su viaje cuando finalmente vino a despedirse—. Estaré bien.
Palmeando su espalda gentilmente mientras me abrazaba, asentí.
—Sé que lo harás. Pero es mi trabajo preocuparme, solo pregúntale a tu madre.
Bella rodó los ojos, sonriendo, mientras Lizzie reía.
El ver a las dos juntas era casi aterrador. Tenían físicamente la misma edad —ambas tenían veinte años— y lucían tanto como gemelas que era asombroso. El rostro de Lizzie era un poco más redondo, su cuerpo un poco menos ágil, debido a los cambios en Bella cuando se convirtió en vampiro. Pero el parecido era increíble.
Algunas veces era extraño, ser el padre de una joven mujer de veinte años. Físicamente, solo tenía diecisiete años. Pero había estado… vivo, en este planeta, como quieras llamarlo… por más de un siglo —veintiséis años más, para ser exacto— y la mayor parte del tiempo, me sentía mucho más viejo de lo que mis años físicos decían. Después había momentos como este, mirando a nuestra hija abrazar a su madre —una mujer que lucía como su hermana—, ir por su cuenta sin nosotros a otro país, que me sentía justo como de diecisiete años: completamente inseguro de mí mismo y no sintiéndome listo.
Un claxon de afuera me sacó de mis pensamientos e hizo que Lizzie rodara los ojos. Fiona había conducido para recoger a Lizzie y se encontrarían con las demás en el aeropuerto. Ya habíamos llevado su equipaje al auto, pero Lizzie le había pedido a Fiona esperar afuera en el auto mientras se despedía.
Dándonos a Bella y a mí una última sonrisa, una despedida al resto de la familia y una buena caricia a Gem, Lizzie se apresuró al auto de Fiona.
Bella y yo la seguimos afuera, mirando desde el porche principal mientras el pequeño Camaro se alejaba.
—Ella estará bien, Edward —susurró Bella—. ¿No es así?
Apreté mi brazo alrededor de su cintura.
—Por supuesto que lo estará —prometí.
Eso esperaba…
Durante la semana de las vacaciones de Lizzie en el extranjero, Alice había tenido múltiples visiones de ella: decidiendo llamar a casa, yendo a nadar a la piscina interior en la casa de un amigo de la familia, llamar al abuelo Charlie para desearle un feliz cumpleaños número sesenta y uno. Pero nada había sido sorprendente o preocupante hasta la visión que tuvo el viernes en la mañana, cuando Lizzie llevaba casi una semana en Irlanda.
Una conversación entre Lizzie y sus amigas, emocionadas por salir esa noche.
El viaje en el taxi hacia el club.
Lizzie y las chicas entrando a Club M, con su fuerte y pulsante música y luces brillantes y resplandecientes.
Bailando con un joven hombre de la edad de Lizzie.
Lizzie y el chico moviéndose a una mesa en una esquina oscura.
La conversación me hizo jadear entre dientes.
—¿Estás asustada, a chroí? —Su voz era baja, suave, el acento irlandés pesado a través de su inglés perfectamente dicho, mientras la llamaba su corazón.
Estirándose, él pasó su dedo por su mejilla, desde sus ojos demasiado oscuros hasta sus labios llenos.
—No —dijo suavemente, sacudiendo la cabeza—. No estoy asustada. Tus ojos… son como los de mi familia.
—¡Vampiro! —dijimos Alice y yo, aunque ella lo dijo como un jadeo, mientras yo lo dije como la maldición que era.
Cuatro mentes me golpearon a la vez, todos en la casa se reunieron en la sala de estar, con Bella casi arrancando la puerta de la habitación en su premura por ir con nosotros.
—¿Lizzie? —dijo, luciendo asustada.
—¿Qué? ¿Elizabeth está bien? —preguntó Esme con la mano en la boca.
Ignoré a todos excepto a Bella mientras rápidamente repetía la visión de Alice, incluyendo el vistazo al reloj del taxi y el hecho de que la visita de las chicas al club era para esa misma noche.
Para cuando terminé, Bella ya tenía el teléfono en la mano y estaba marcando el número de nuestra hija. El sonido del timbre sin contestar resonó por la habitación. Lo intentó una y otra vez, cuando no consiguió una respuesta, dejó un mensaje de voz muy tenso y preocupado.
—Lizzie, es m-Bella. Llámame de inmediato. Por favor. —Girándose hacia mí, lloró—. ¿Por qué no contesta su teléfono?
—No lo sé, amor —contesté, atrayéndola a mis brazos y masajeando su espalda para calmarla tanto como era capaz de hacerlo.
Cuando miré a Alice, abrí la boca para hablar, pero me interrumpió antes de que pudiera hacerlo.
—Ya estoy en eso, Edward —dijo, llevándose el teléfono a la oreja.
—¿Qué? ¿Qué está haciendo? —demandó Rose—. Edward, tenemos que ir con ella. Tenemos que encontrarla. Ojos como los de nosotros o no, Lizzie no...
—Maldición, lo sé, Rose —gruñí, la preocupación por Lizzie hizo que mi tono de voz fuera más duro de lo que pretendía.
Emmett llevó a su esposa a sus brazos cuando parecía que estaba lista para saltar hacia mí.
—¿Cuál es el plan, Ed? —preguntó Jasper. Él estaba casi en estado de alarma, las manos en la espalda y una mirada oscura en su rostro.
—Alice nos está reservando un vuelo ahora… —pausé cuando escuché sus pensamientos—. Sí, Alice. Mejor. —Mirando a los otros, les dije—: Un vuelo comercial tomaría demasiado. Vamos a rentar un jet privado y estaríamos en Irlanda a las...
—Diez y media esta noche —terminó Alice—. Hora europea, claro.
Asintiendo mientras la escuchaba hablar al teléfono y escuchaba sus pensamientos, comencé a lanzar órdenes.
—Bella, tú sigue marcando al teléfono de Lizzie. Intenta también desde el teléfono de Rose y Emmett. Yo empacaré. Quienes vayan a ir, nos vamos en la tarde. Dejaremos la casa en una hora. Quienes lo necesiten —mis ojos se deslizaron hacia Jasper y Emmett—, cacen antes de irnos.
—¿No se puede más pronto? —preguntó Bella, sus palabras siendo amortiguadas por mi playera.
—Es lo más pronto que pueden tener el jet listo —dijo Alice mientras deslizaba su teléfono de vuelta en su bolsillo—. Estaremos ahí esta noche, Bells.
Cuando Bella asintió, Alice y Jasper se apresuraron a salir. Después de arrojarme sus teléfonos, Rose y Emmett los siguieron.
—Edward, llamaré a Carlisle y luego haré arreglos para Gem antes de empacar —dijo Esme suavemente—. ¿Necesitan algo más? Bella, ¿cariño?
Cuando Bella sacudió la cabeza contra mi pecho, murmuré:
—No, gracias, Esme. Eso suena bien.
Se movió y se apresuró hacia las escaleras, y me separé para mirar a Bella.
—Vamos, amor —le dije, presionando un beso en su cabeza cuando sus brazos se apretaron alrededor de mi cintura—. Alistémonos para encontrar a nuestra hija.
POV Bella
Los ocho nos preparamos para el aterrizaje cinco horas y media después de despegar. Habíamos intentado llamar a Lizzie durante todo el vuelo, pero ella aún no respondía su teléfono. Ninguna de sus amigas lo hacía. Todos trataron de convencerme de que tenía que haber una razón válida para eso, pero nada calmaría mis nervios hasta que viera a mi hija. Me había calmado un poco después de que Carlisle llamó a Siobhan, la… líder del clan Irlandés, que vivía no muy lejos de Dublín.
—¿´ola? —El cantarín acento irlandés de Siobhan hizo eco en la cabina del avión.
—Hola, Siobhan. Es Carlisle Cullen. ¿Cómo estás?
Edward le dio una mirada impaciente, a lo que Carlisle alzó una ceja. Debió haber dicho algo en sus pensamientos hacia Edward, porque Edward asintió.
Carlisle regresó su atención de vuelta al teléfono.
—¡Carlisle! Ha pasado demasiado tiempo —dijo Siobhan jovialmente—. Estamos bien, muchas gracias por preguntar. ¿Cómo están las cosas de tu lado del mundo?
—Las cosas están… —Carlisle bufó, sonando más alterado de lo que alguna vez lo había escuchado—. Bueno, las cosas están un poco… complicadas en este momento.
Escuché mientras Carlisle relataba que una conocida de nuestra familia estaba vacacionando en Irlanda por la semana, y que Alice había tenido una visión de ella encontrándose con un vampiro de ojos dorados. Le dolió mucho no mencionar quién era Lizzie en relación a nosotros y nuestra familia.
—Así que te llamo con esperanzas de que tú y los tuyos quizá sepan algo acerca de otro como yo y mi familia en tu área —terminó.
—Oh, sí —dijo la mujer alegremente—. Ese debe de ser Loch... Lochlan —aclaró—. Es amigo de nuestro pequeño clan aquí en Irlanda. Es un buen chico. Tu amiga está a salvo en su presencia —rio—. Bueno, tan segura como cualquier humano puede estarlo en presencia de un vampiro, supongo.
La voz de Carlisle era calmada, incluso aunque sus ojos lucían preocupados, mientras preguntaba:
—¿Podrías decirme un poco más acerca de él?
Todos escuchamos mientras Siobhan le decía a Carlisle que Lochlan era más o menos de la edad de Edward y que había estado con ellos de forma intermitente desde hacía una década. Había estado bebiendo de animales desde poco tiempo después de su transformación, de acuerdo a Lochlan, aunque Siobhan no tenía más detalles acerca de por qué había elegido ese estilo de vida. Le gustaba sumergirse en la cultura humana. Había sido convertido a los veinticinco años, así que ocasionalmente elegía ir a la universidad o conseguir un empleo, su elección más reciente era convertirse en un estudiante universitario en la Universidad de Dublín.
—Apostaría a que tu joven amiga está teniendo el tiempo de su vida bailando con él, pero él probablemente bese su mano y se despida de ella, Carlisle —terminó, sonando segura de sí misma—. Aún no lo he visto traer a una mujer a casa de sus momentos en el club.
Carlisle le preguntó a Siobhan si le molestaba tratar de comunicarse con Lochlan, dado que el teléfono de nuestra amiga parecía estar apagado, pero Siobhan simplemente se había reído y dijo que sin importar lo mucho que le gustara mezclarse con los humanos, Lochlan no era de los que cargaban un celular. Carlisle le había agradecido por su tiempo y colgó el teléfono sin hacer planes para encontrarse, incluso aunque estaríamos en su parte del mundo.
—¿Has visto algo más? —le pregunté a Alice mientras el avión comenzaba a detenerse.
Alice frunció el ceño.
—No, nada aún, Bella. Lo siento.
Sacudí la cabeza.
—No es tu culpa, Ali.
Eran las once menos cuarto de la noche del viernes para cuando desembarcamos del avión. Alice había arreglado vehículos mientras estábamos en el aire, así que había dos autos esperándonos en el pequeño estacionamiento del aeropuerto. Alice, Jasper, Edward y yo nos subimos a uno, dejando el otro para Rose, Emmett, Carlisle y Esme, quienes nos siguieron al salir del estacionamiento.
Sabíamos a dónde íbamos, gracias al GPS dentro del auto, pero aun así nos tomó casi media hora llegar al Club M. Estábamos a casi dos horas de la visión de Alice, y estaba aterrada por mi hija. Cuando nos estacionamos, Edward saltó del auto y vino para tomar mi mano, listo para apresurarse a entrar y encontrar a Lizzie, pero Alice lo detuvo con una mano en su brazo.
—No puedes —dijo, sacudiendo la cabeza.
Cerró los ojos, y sabía que estaba viendo cómo se desarrollaba la visión.
Furioso, él hizo un puño con su mano y siseó.
—¿Qué sugieres entonces, Alice?
—Tienen que ser Bella y Rose —explicó nuestra hermana—. Ellas tienen mejores oportunidades de sacarla del club rápidamente sin causar una escena.
Apreté su mano mientras él asentía.
—Iré por ella —dije—. Lo prometo.
Rose se me unió, y las dos cruzamos casualmente la calle, rodeando la fila.
Ignorando la mirada que el cadenero nos dio cuando llegamos a él, en su lugar sonreí hacia un espacio encima de su cabeza.
Aplicando su encanto vampírico, Rose habló.
—Hola, grandote. ¿Te molesta si entramos? Nuestros amigos están allá dentro y realmente nos gustaría bailar. —Cuando él dudó, ella agregó—: Si tienes un descanso más tarde, quizá podrías entrar e invitarme una bebida, y luego podemos ir a la pista de baile...
El hombre asintió, casi tontamente, y movió el brazo, indicando que podíamos entrar.
Sonreímos y entramos al club. Podía escuchar una riña desde el estacionamiento y sabía que lo que fuera que ese hombre estuviera pensando había enfadado a Edward. Lo normal en lugares como estos. No estaba preocupada. Emmett y Jasper podían manejarlo.
Mis sentidos fueron asaltados en el momento que cruzamos la puerta, pero alejé la esencia de la pulsante sangre humana y me enfoqué en encontrar a mi hija y al vampiro con el que estaba. Rose y yo los vimos al mismo tiempo, y cuando indicó la esquina lejana, asentí.
Llegando por la esquina de la pista de baile, los vi, relajados en un gabinete. Él estaba girado ligeramente para mirarla, y la sonrisa en el rostro de Lizzie causaba alegría, incluso si la situación no lo hacía. Lucía feliz, deslumbrada… casi como yo lo había estado desde el primer minuto en el que Edward volvió a la escuela y se presentó conmigo.
Pude ver el momento en el que Lizzie nos vio. Sus ojos se ensancharon y jadeó, volviéndose más pálida de que lo ya estaba.
Su reacción de inmediato alertó al vampiro a su lado. Lochlan se giró, poniéndose entre Lizzie y la amenaza que ella hubiera visto. Mientras Rose y yo cruzamos la pista de baile, deslizándonos a través de las parejas ahí, él olisqueó y se tensó, y sabía que había olido a otros de su especie.
Solo le tomó un momento relajarse en cuanto nos vio. Para cuando Rose y yo llegamos a su gabinete, él sostenía gentilmente su mano mientras Lizzie nos miraba, mortificada.
—¡Ma-Bella! ¡Rose! ¿Qué están haciendo aquí?
No pregunté si les importaba si nos sentábamos. Simplemente me deslicé en el gabinete frente a Lizzie, dejándole a Rose espacio para sentarse junto a mí, frente a Lochlan.
—No contestabas tu teléfono —dije simplemente, arqueando una ceja—. ¿Quién es tu amigo?
—¡Oh, mierda! —chilló Lizzie, soltando la mano de Lochlan y buscando en su bolsillo, sacando su celular unos momentos después—. Lo apagué cuando fuimos al recital de baile de la hermana de Fiona, supongo que olvidé encenderlo de nuevo. Seguramente eso no garantizaba un viaje a… —Su voz se apagó y suspiró—. Tía Alice.
—Eso me temo, pequeña. Te vio conociendo a un vampiro esta noche, y cuando no pudimos comunicarnos contigo, temimos lo peor. —Me estremecí mientras el miedo al que me aferré todo el día finalmente se desvanecía—. Es lindo conocerte, Lochlan —saludé, extendiendo mi mano—. Soy Bella, madre de Lizzie —dije lo suficientemente bajo para que nadie fuera de nuestra mesa pudiera escucharlo.
—¿Lo conoces? —jadeó Lizzie, girándose para mirarlo—. ¡Loch! ¡No me dijiste que conocías a mi familia!
—No, a chroí —dijo suavemente—. No los conozco. ¿Quizá tu padre...?
Sacudí la cabeza.
—Contactamos a unos amigos nuestros aquí en Irlanda. Nos contaron sobre ti.
Lochlan sonrió y se relajó en su asiento.
—Sí. No debes creer todo lo que Siobhan te dijo. Es conocida por cambiar una o dos cosas.
Riendo, dije:
—Solo dijo cosas buenas, lo prometo. —Recordando cómo se relajó cuando nos vio, dije—: Nos reconociste.
Lochlan asintió.
—Cuando me cansé de mi dieta y cambié lo que… comía, Siobhan me contó acerca del famoso Carlisle Cullen, y me ha mantenido informado acerca de los cambios en tu familia, así es como las reconocí.
Mi teléfono sonó y lo saqué, leyendo el mensaje de Edward.
Bella, por favor. Tengo que ver a Lizzie.
—Bien, Lizzie-bebé —dije, usando el sobrenombre que teníamos cuando era pequeña aunque ya no la llamábamos así—. Tu padre está a punto de enloquecer queriendo verte. ¿Crees que podamos ir afuera y asegurarle que estás completa?
Lizzie lucía avergonzada y asintió.
—Loch, ¿te molestaría salir y…?
Le lanzó una encantadora sonrisa, llevando su mano hacia sus labios.
—Para nada. No hay momento como el presente para conocer al resto de tu familia.
Nos deslizamos fuera del gabinete y esperamos mientras Lizzie guiaba a Lochlan por la pista de baile para encontrar a sus amigas. Rose y yo saludamos a las otras chicas cuando nos miraron y sonreímos. Luego Lizzie se giró de nuevo y señaló la puerta. Asentí, y Rose y yo los seguimos entre la multitud y fuera del club.
—Cruzando la calle al fondo del estacionamiento —le dije a mi hija, señalando para que los dos se adelantaran.
Era increíble ver la forma en que ambos interactuaban con el otro a pesar de que apenas se conocieron unas horas antes. La mano de él descansaba en su espalda baja mientras ella se reclinaba contra él, incluso mientras caminaban. Continuaban mirándose, y cuando ella se tambaleó porque estaba ocupada mirándolo en lugar del suelo, él gentilmente la enderezó y siguieron caminando. Me recordaba tanto a mí y a Edward cuando aún era humana que mi corazón dolió.
Sabía que la vida de Lizzie acababa de cambiar para siempre. Reconocía las señales. Como su madre, Lizzie había encontrado a su otra mitad, su alma gemela, y si la adoración que brillaba claramente en sus ojos era una señal, Lochlan sentía lo mismo.
Ahora solo tenía a que convencer a Edward de no asesinarlo antes de escucharlos.
¡Mil gracias a las chicas que leyeron Full Circle por primera vez o se dieron la oportunidad de re-leerlo y fueron dejando sus reviews!
Gracias a:
tulgarita, Tecupi. Car Cullen Stewart Pattinson, bbluelilas, nelsy, liduvina Lore562, y a todas las que leyeron en su momento la historia :)
¡Nos leemos muy pronto! ;)
