Capítulo 26: Volver.

The score - Come back/ Harry Styles - Falling

Día anterior. Cuartel General del Cuerpo de Exploración. A unas horas de la expedición.

-¿¡_!?-Exclamó sorprendido Eren, acercándose al encuentro de las dos mujeres que justo entraban en el comedor. Tras el castaño, le siguieron muy de cerca Armin y Mikasa. Los chicos llevaban ropas arregladas del uniforme del Cuerpo de Exploración mientras que la chica un vestido de colores oscuros, lo cual hacía resaltar su piel blanquecina-¿De verdad eres tú?

Con una sonrisa pícara, _ alzó la ceja junto a su barbilla, adoptando una pose orgullosa y altanera.

-¡Eh, los ojos aquí!-Le dijo con burla, señalando con su dedo índice y del medio a sus ojos mientras colocaba su otra mano en su cadera. El rostro del castaño se desencajó completamente causando que la morena se riera de buena gana, divertida por su inocente reacción.

-¡_, no seas vulgar!- Exclamó Petra a su lado con espanto mirando de reojo las mejillas sonrojadas del castaño, golpeando a la morena en el brazo con el dorso de su mano-¡Vas a avergonzar a Eren!

-Lo siento, no he podido evitarlo -Rió con buen humor, palmeando el pecho del castaño- ¡Está tan elegante con el uniforme, que necesitaba molestarlo un poco!

Las palabras de la morena lograron encender más las mejillas del chico, provocando más risas por parte de esta. Eren, con mucha molestia, frunció el ceño causando que su frente se arrugara. No le había sentado bien que _ se burlara de él.

-Por lo que veo, el tuyo te está demasiado grande que te has tenido que vestir con las ropas de una muñeca-Le contestó con mala leche, dejando anonadados tanto a Petra y a Armin.

Quedando unos segundos completamente quieta, _ alzó las cejas y entrecerró los ojos, mirándolo de pronto muy intensamente. Con mucha tensión, esbozó una sonrisa rígida mientras agarraba con el puño la chaqueta color verde militar del chico, atrayéndolo hacia ella. Con los ojos ardiendo de pura rabia, miró a los de Eren, que le devolvían esta de la misma manera.

-¿Perdona?¿Qué has dicho, maldito? Creo que no te he entendido bien.

-¡Eren, _, dejad de pelear!-Les advirtió Armin con una gota de sudor en la frente, temiendose lo peor- ¡Mikasa separalos!

Mikasa giró la cabeza hacia otro lado y encogió los hombros, restándole importancia al asunto. Armin la miró con los ojos muy abiertos, sorprendiendose de que dejara pasar un posible peligro para la salud e integridad tanto física como mental de su hermano adoptivo. No obstante, antes de que la guerra se desatara, un par de personas se acercaron al grupo, atraídos por el escándalo, interrumpiendo la discusión de ambos.

-¡Ey, veo que habéis llegado un poco tarde!-Les saludó Erd amigablemente, siendo seguido por Gunther y Auruo- ¡Madre mía, la espera ha merecido la pena!¡Estáis irreconocibles!

A diferencia de Erd y Gunther, los cuales vestian aquellos uniformes verde militar de gala, Auruo portaba unos pantalones negros, una camisa blanca con un pañuelo similarmente familiar y una chaqueta de vestir negra.

-Ya sabes lo que dicen. Lo bueno siempre se hace de esperar- Le guiñó el ojo _, desviando su atención de Eren, el cual al ver a sus otros compañeros se había erguido en el sitio, adoptando una postura digna- Además, vosotros también estáis radiantes, os queda muy bien el uniforme.

-Tsk. Que bueno tiene esperar, y más aún por vosotras- Refunfuñó Auruo cruzándose de brazos.

-Hablando de esperar-Petra ignoró completamente al anterior dirigiendo su mirada hacia Gunther y Erd- ¿El capitán Levi se ha dado cuenta de nuestro retraso?-Preguntó con un poco de titubeo, mirando alrededor, temerosa.

-Ni te molestes en buscarlo-Negó con la cabeza el hombre de tez morena. Gunther encogió los hombros, restándole importancia- El capitán se ha encerrado a cal y canto en su despacho antes de que la Mayor Hange pudiera sacarlo de ahí, y parece que no querer salir.

-Eso significa que estamos salvadas- Exclamó emocionada _ aplaudiendo mientras daba pequeños saltos de alegría. Con alegría, cogió por las manos a Petra y con un par de risas, la arrastró a la "pista de baile", ya que simplemente habían apartado las mesas a los lados, dejando un gran espacio en el centro del comedor- ¡Vamos a bailar!

Actualidad. Cuartel General de Cuerpo de Exploración.

Tras la muerte de Petra y el shock de _, el Titán Hembra mató a Auruo, irremediablemente, aun sin la participación de la morena. Eren, a unos metros del lugar, visualizó toda aquella cruel matanza, por lo que enrabietado se lanzó al ataque, transformándose en titán entre gritos de furia y desesperación. Ambos lucharon con bestialidad y fuerza, hasta que el Titán Hembra derrotó a Eren transformado, cogiendolo entre sus fauces de la carne y hueso de los restos de su titán.

Atraída por el grito de guerra del titán Eren, Mikasa llegó poco después al lugar y trató por todos los medios rescatarlo de entre los dientes de este, siendo detenida por el capitán Levi antes de que cometiera cualquier insensatez, después de haber llevado a una inconsciente _ de vuelta a la tropa principal. Juntos siguieron muy de cerca al titán femenino, viendo como poco a poco sus fuerzas iban remitiendo. Una vez establecido el plan, Mikasa se encargó de la distracción mientras que Levi de la inmovilización de esta. Primero, el moreno la cegó, clavandole a una velocidad increíble las cuchillas dentro de las cuencas de los ojos, y, acto seguido, rodó por el cuerpo de esta, causándole múltiples cortes y provocando su caída. Poco a poco, Levi fue cortando los brazos que protegían su punto débil hasta que estos descendieron. En ese momento, Mikasa se lanzó hacia la nuca, cayendo en la misma trampa. Levi, dándose cuenta a tiempo, se impulsó contra la morena, apartándola antes de que la Titán Hembra le golpeara con el dorso de la mano, causando que éste apoyara y se torciera de mala manera el tobillo izquierdo. Sin embargo, eso no le impidió propulsarse con el mismo y cortar de lleno la mandíbula del titán, causando que su boca se abriera y que de su interior surgiera Eren envuelto en saliva. Recogiendolo de la lengua de este, Levi cargado con el castaño y Mikasa, que los seguía de cerca, se alejaron lo máximo posible del lugar, dejando recostada al Titán Hembra contra el árbol, dándole con mucha rabia la oportunidad de escapar.

Ese mismo día, el Cuerpo de Exploración regresó a la Muralla Rose tras haber partido por la mañana. Su aspecto y número distaban visiblemente de la anterior vez que los ciudadanos los despidieron. El plan había fracasado estrepitosamente y, además de ello, aquella derrota había cobrado la vida de bastantes hombres y mujeres, por lo que los gastos y las bajas fueron suficientes para desacreditar el Cuerpo de Exploración. Los responsables de aquel trágico suceso fueron convocados a la capital en un par de días, donde se decidió que entregarán a Eren Jaeger.

Presente. Cuartel General del Cuerpo de Exploración.

Cuando abrió los ojos, después de varios días inconsciente, se sintió completamente destrozada, tanto física como psicológicamente. Deseó con mucha fuerza no haber despertado jamás para no tener que afrontar la cruel realidad que tenía delante. Su escuadrón entero había muerto, Petra se había sacrificado por su inutilidad y ella era la única superviviente. Una vez más, la gente tenía que pagar por su debilidad, por su culpa. De nuevo, volvía de nuevo a cometer los mismos errores. Más tarde, las enfermeras tuvieron la insensatez de comunicarle lo sucedido tras su desmayo, incluido lo del cuerpo de Petra, por lo que su estado anímico descendió considerablemente más. Quedando completamente inmovil mirando a la nada con los ojos vacíos, sin ninguna gana de beber o comer. ¿Cómo podría hacerlo si su amiga había muerto por salvarla y ni siquiera podría tener un entierro digno? Horas después, cuando se supo la noticia de que había despertado, le visitaron Eren y el resto en la sala de enfermería que ahora compartía con los otros enfermos. Los rostros de los chicos fue respuesta más que suficiente para _ para saber cómo de mal estaban las cosas para con el Cuerpo. A pesar de ello, intentaron hacer que se animara y reaccionara, pero de sus labios no salió nada ni un mísero amago ni de sus ojos un brillo. Así que al cabo de unos minutos de amena compañía, se despidieron de ella y la miraron por última vez, antes de irse. El día fue transcurriendo y más personas iban visitandola. Hange junto con Moblit también se dejó caer por el lugar. Sin embargo, ni la locura contagiosa de la castaña pudo hacerle reaccionar.

Sin emitir ni una mísera palabra, por fin, llegó la noche y la sala de enfermería empezó a vaciarse de gente hasta quedar solamente con una adormilada enfermera que hacía guardia por si ocurría algo con los enfermos. Cuando los ojos de la chica se cerraron completamente y empezó a roncar, _ se sacó las sábanas de encima, dejando que el frío de la noche se colara entre sus piernas desnudas, causando que su vello corporal se erizara ante la sensación. Tras todo el día en stand by, por fin su mirada ya dejaba de estar completamente vacía. Debía hacerlo. Se lo debía. Vistiendo únicamente con un camisón, se calzó unas botas, cogió un par de cosas de entre sus pertenencias que las habían traído entre todos sus visitantes y salió de la enfermería, como si fuera un fantasma, recorriendo los pasillos sin apenas hacer ruido. Esquivando a los soldados que montaban guardia tanto en el interior como el exterior, asaltó el almacén de suministros. Dentro, cogió lo que necesitaba, y cuando se disponía a marcharse, un relámpago iluminó completamente la habitación, causando que por la retina del ojo un destello le llamara la atención. Girando el rostro en su dirección, vio como amontonadas de manera ordenada, unas cuchillas descansaban sobre una mesa. Durante unos segundos, se quedó completamente absorta dentro de sus pensamientos, viendo de manera constante la superficie metálica y afilada de aquellos objetos hasta que de pronto, avanzó en su dirección. Con cuidado, deslizó sus dedos por la parte no cortante de aquel objeto y lo alzó a la altura de sus ojos, viendo a duras penas su propio reflejo en el metal. Estaba demacrada y en sus ojos se reflejaba la tormenta y lo rota que se encontraba en su interior. Cerrándose con fuerza, su rostro reflejó un gesto de completo sufrimiento; entonces, inclinó la cuchilla a la altura de su cuello y cortó. Cuando dejó el lugar, casi arrastrando los pies, un relampago volvió a dar claridad al oscuro lugar, mostrando como, junto a la mesa de armas, un montón de cabello negro había sido abandonado.

Con el cielo oscuro y completamente encapotado, _ caminó alejándose del lugar con mucha seriedad, cargada con todo lo necesario, sin importarle el frío que atacaba con dureza a sus piernas desnudas o la lluvia que se avecinaba. Ignorando, o no dándose cuenta de todo ello, su mirada estaba tan oscurecida como la noche cerrada que era y dentro de su mente una tormenta de sentimientos y emociones batallaba sin cesar. Sin embargo, gracias a que, de vez en cuando, el lugar era iluminado por los rayos que se dejaban entre ver por las nubes, permitieron que la morena pudiera guiarse por la oscuridad.

Cuando estuvo lo suficientemente apartada del castillo, se detuvo junto a un árbol de aspecto muy hermoso, observando el lugar con ojo crítico, y, entonces, dejó caer todo lo que portaba en el suelo. Aquel sitio era el idóneo. Y habiendo decidido, se agachó, cogió la pala que había robado del almacén de suministros y se puso a cavar, a pesar de que su cuerpo todavía no estaba recuperado de las secuelas de la expedición. Con ayuda de su pie y su propio peso para hincar más profundamente la herramienta, poco a poco, la tierra fue removida y echada hacia un lado, amontonándose paulatinamente. Durante el proceso, el corazón de _ latía lenta pero dolorosamente dentro de su pecho, llorando y lamentándose por todo. No obstante, de cara al exterior, el rostro de _ se mantenía completamente serio. Tras media hora cavando sin descanso, el agujero ya era de un tamaño considerable como para que una persona bajita cupiera dentro de ella. Clavando la pala a un lado del agujero, _ cogió de entre las cosas que había traído una hoja de papel y una pluma con tinta. Sin importarle lo incómodo que fuera, con ayuda de la palma de su mano, escribió sobre el papel cinco letras: PETRA. Su caligrafía era horrible, pero al menos se podía distinguir aquel nombre. Aquel nombre que cada vez que lo leía, algo en su interior se resquebrajaba. Lo siento. Una y otra vez. Lo siento. Encogiendo el gesto con un nudo en el pecho, se agachó y cogió la penúltima cosa que se había traído: una caja con cerillas. Cuidadosamente, deslizó la caja del interior, sacándola del envoltorio y dejando a la vista las tantas cerillas que guardaban en su interior, entonces, escogió una del montón y la sacó. Un relámpago iluminó por un momento la tierra y, segundos después, el sonido irrumpió con la tranquilidad del lugar. Y, sin que se diera cuenta, una gota, seguida de muchas, cayó en su hombro desnudo, deslizándose con suavidad por su piel. De pronto, una lluvia torrencial golpeó con fuerza la tierra.

Su camisión de color blanco se pegó al cuerpo, transparentandosele por ciertas partes. Sin embargo, _ no lo notó. No podía.

De manera inexpresiva, vio como el papel que tenía entre sus manos se empezaba a empapar poco a poco causando que la tinta, todavía fresca, se fuera emborronando entre sus dedos. Sin alterarse ni lo más mínimo y con una tranquilidad escalofriante, _ de todas maneras deslizó la cerilla por la parte rugosa de la caja, creando una pequeña llama que en cuestión de segundos, se apagaba. Una y otra vez. Una y otra vez. Fue cogiendo una nueva cerilla; la deslizaba y cuando veía que la llama se apagaba inevitablemente, la tiraba a un lado y cogía otra. Hasta que de pronto, sus dedos tocaron el fondo de la caja. Ya no había nada más. Durante unos segundos, se quedó mirando a la nada, dejándose sumergir por el remolino de sentimientos y emociones que deseaban tragarla y, entonces, gritó, con todas sus fuerzas. Lanzó con toda la rabia de su cuerpo la caja y el papel dentro del agujero, con la voz saliéndose de la boca con tal intensidad que seguramente después se quedaría completamente muda y, acto seguido, pateó el palo de la pala que había al lado, partiéndolo en un sonido duro. Siguió gritando, pateando la herramienta y todo lo que pillaba a su alrededor, descargando todos sus sentimientos hasta que se quedó completamente vacía. Derrotada y sin fuerzas, cayó de rodillas frente a la improvisada tumba, manchandose el camisón de barro, como un creyente devoto, arrodillado ante su dios, rogando porque le concediera sus más profundos anhelos. Ese pensamiento hizo que se riera amargamente y alzara el rostro hacia el cielo, dejando que la lluvia fuera aquello que le faltaba en aquel momento.

-Me odias ¿verdad? Si es que siquiera existes…- Habló con la voz desgarrada, tanto por los gritos como por sus sentimientos-Me desprecias tanto, que deseas que viva mi vida completamente sola...Por eso me arrebatas aquello que más quiero y me obligas a continuar respirando…- A tientas y sin dejar de mirar el cielo tormentoso, alargó su mano hacia el último objeto: una botella de alcohol. Como si fuera un muñeco, _ alzó la bebida de manera titubeante y temblorosa y, con los dientes, arrancó el tapón de corcho y lo escupió, lanzándolo al fondo de la tumba. Entonces, alzó el alcohol al cielo, como si estuviera brindando con algún dios- Pues felicidades, hijo de puta, lo has conseguido. Soy completamente desgraciada. Asique espero que te regodees de alegría en tu trono de oro.

Con una última risa amarga y sintiéndose maldita, se llevó la botella a la boca y bebió largos tragos, dejando que aquel líquido el cual no toleraba se deslizara por su garganta hasta su interior, abrasando todo a su paso. Uno. Mamá. En un ataque de tos, se separó el alcohol de los labios y respiró entrecortadamente, con el rostro cubierto de la lluvia y una expresión de dolor, ya fuera por lo ingerido o por… Sonriendo entrecortadamente, manteniendo el gesto, volvió a beber. Dos. Finn. Un nuevo ataque de tos causó que se le deslizara el líquido entre los labios. Todo. Todo lo que tocaba o quería, se iba. Ojalá fuera ella misma, la que se marchara. Y con ese anhelante deseo, alzó por tercera vez la botella, sintiendo los efectos deseados de la bebida, anestesiando momentáneamente el intenso dolor que llevaba sintiendo todo el día. Tres. Gillian… No obstante, antes de que sus labios siquiera llegaran a rozar la boca, una mano detuvo el trayecto. _ no miró, no le interesaba. Simplemente deseaba descansar de ella misma. Para siempre. Sin hacer ningún esfuerzo por evitarlo, la morena dejó que la otra persona deslizara de sus dedos aquella bebida y la lanzara muy lejos del lugar. Sobre la lluvia y los relámpagos, se escuchó el sonido de algo roto. Entonces, _ dejó escapar el aire por su nariz, como una especie de risa irónica, bajando la cabeza.

De pronto, dejó de sentir como la lluvia caía y se deslizaba sobre esta, su cuerpo había sido cubierto por una tela que emanaba calidez y un aroma muy conocido.

-¿Por qué?

-Deudas.

-No deberías...No con una maldita asesina- El silencio de la otra persona lo interpretó como que estaba de acuerdo con ello. Por supuesto. De nuevo, de sus labios salió una amarga risa- Sí...No hay otra posible palabra para describirme… Una psicópata asesina... Pe...Ella… Ella murió por mi culpa… De nuevo, he matado a otra persona… Por mi debilidad… Por mis errores.

-No es cierto- Aquello desató a _.

En un movimiento agresivo, la morena se levantó del suelo y encaró a la otra persona, con el rostro encogido de la rabia y del dolor, acercándose hasta un par de centímetros de separación respecto al otro.

-¡Claro que es cierto!¡Yo maté a Pe…!¡Yo la maté!-Le gritó desgarradamente a aquellos ojos de color gris azulado, que la miraban seria e intensamente, a pesar de no tener ninguna expresión en el rostro. No entendía por qué le contaba esas cosas, pero su boca no podía dejar de hablar- ¡Yo debería haber muerto!

-No- La firmeza con la que lo dijo, hizo que _ cerrara la boca de golpe y abriera los ojos- Tú no has matado a nadie. Petra te salvó de morir.

Sin comprenderlo, _ parpadeó confusa.

-¿Cómo-

-Eren estaba cerca del lugar y lo vio todo- Ante el silencio atónito de _, Levi suspiró cansadamente, bajando por un momento su mirada. Después de unos segundos, sin decir palabra, los volvió a alzar- Petra nunca salvaría a un asesino. Ni ella, ni nadie que tuviera suficientes neuronas en la cabeza. A quien ella salvó, fue a un amigo.

Aquellas palabras hicieron que _ encogiera el gesto; el dolor en el pecho estaba empezando a ser insoportable, parecía como si fuera a explotar en algún momento. Hablar de ello no le estaba ayudando, pero simplemente no podía parar. Sentía que aquella era la única manera de sacarlo.

-¿Amigo? ¡Já! ¿¡Qué clase de amigo no llora por su muerte, Levi!?-Le gritó desesperada con la voz completamente rota, sin darse cuenta de un pequeño detalle. El moreno se sobresaltó captandolo al instante, pero disimuló con maestría. Un tapón que había sellado por tantos años, había sido removido, y, por ello, sus palabras no paraban de salir-¡En años, no he derramado ninguna maldita lágrima, por nada ni por nadie!¡Estoy completamente arruinada, no tengo sentimientos!¡Una persona así no debería ser salvada por nadie!- Con dolor, se agarró el rostro con ambas manos, dejando ir parte de su aire. Su corazón latía a ritmos desorbitantes. Lo había dicho. Había dicho aquello que llevaba incrustado en su interior desde hacía mucho tiempo.

De pronto, la lluvia fue lo único que se escuchó a su alrededor, rellenando el silencio que ambos mantuvieron por unos instantes. La morena encogida, temerosa, intentando de nuevo respirar con normalidad mientras era observada intensamente por el otro. La falta de habla de Levi hizo que _ decayera aún más. La juzgaba. Lo sabía. Era normal ¿Qué clase de persona no lloraba por sus seres queridos? ¿Qué clase de monstruo se mantenía firme sin mostrar sus sentimientos? Todo ello, era ella. Un maldito monstruo sin sentimientos.

Unas manos se posaron sobre las suyas propias, retirandolas de su rostro. Con temor, _ evitó alzar la mirada, quedándose observando el pecho de la otra persona. No podía mirarle a la cara. No después de lo admitido.

-Eso tampoco es cierto- Murmuró suavemente Levi, para completa sorpresa de _- No eres ningún monstruo. Tú tienes sentimientos. Y los muestras diariamente, por pequeños actos. Sin embargo, tú misma eres la que impide que algunos surjan y se muestren, seguramente por culpa del pasado, porque sientes que no mereces llorar por esas personas o porque no quieres mostrar tu debilidad a la gente. Independientemente de lo que sea, de una u otra manera, tú no estás completamente arruinada- Las palabras del moreno, aunque iban dirigidas hacia ella, por alguna razón, _ sintió que también se hablaba a sí mismo. Por alguna extraña razón. Los ojos de la morena picaron en sus cuencas, pero ya está- y mereces sufrir por los tuyos- Levi, sin dejar de mirarla, cogió una de las manos de _, y la extendió, sobre la suya. Con la otra mano, el hombre rebuscó entre sus bolsillos y, acto seguido, la posó sobre la palma de _- Ten.

Cuando Levi dejó aquello que había cogido y retiró la mano, _ observó que en la palma de su mano, unas alas de la libertad descansaban, siendo mojadas por la lluvia. Estas habían sido arrancadas de un uniforme, ya que varios hilos colgaban de estas, completamente mojados y goteando.

-Eran de Petra.

De pronto, todo el dolor de todos estos diez años se desató. Completa y arrolladoramente. Podía permitírselo ¿cierto? Podía por aquellos que habían muerto por ella, podía permitirse ser débil y dejar fluir todo ¿verdad? Con el rostro encogido con la más absoluta muestra de padecimiento, se tapó la boca, dejando escapar un lastimero sollozo, sin dejar de mirar aquellas alas azules y blancas. Las alas de su amiga. Como si nunca quisiera que se fueran, como si tuvieran miedo que se echaran a volar, arrugó la mano y las llevó al pecho, sin dejar de emitir sonidos, apretandolas contra este. Súbitamente, su visión se inundó de manera muy dolorosa, como si de un recipiente repleto, surgiera un pequeño agujero y, por ese pequeño y diminuto lugar, el líquido fuera derramado. La chica, poco a poco, alzó la barbilla, dejando que la lluvia empezara a caer por su rostro, y , entonces, conectó por fin la mirada con el hombre que tenía delante. A través de sus ojos, repletos de lágrimas que se confundian con las gotas de lluvia, le agradeció a Levi, por todo, sin poder decir nada, pues de su boca solo salían sollozos. Sin poder ni querer aguantarlo más, emitió un alarido doloroso y su llanto se desató sin reservas. Cansada de todo, agachó la cabeza y la apoyó en el pecho del hombre, todavía con las alas arrugadas en el suyo propio, y se dejó llevar. Sin darse cuenta, Levi encogió su mirada levemente y entonces, arropó con ambos brazos a aquella morena, que agarrada a él, lloraba como si fuera un bebé. Como debía ser.