Shaman King no me pertenece
Fictober: 30 de octubre
Pareja: Yoh x Anna
Los charcos en el piso ya cubrían la suela de sus zapatos, el árbol que los estaba protegiendo de la lluvia al parecer ya no daba abasto, su ropa escurría, el contenido de sus mochilas estaba más que perdido y tenían tanto frío que ya veía venir al menos una semana de gripe. ¿Cómo es que había creído en el despistado de Yoh?
—Pensé que Manta te había enseñado a entender las noticias del clima. —Y sí, lo hizo, el problema era que Yoh no había prestado la suficiente atención como para interpretar todos los términos que arrojaban—. Vamos a morir congelados esperando a que esto termine. Esta vez tu castigo será insoportable.
Anna lo decía como si el Asakura no sufriera igual que ella.
—¿Cuántas veces tengo que decirte que lo siento? Puede que me haya confundido de días y, de cualquier manera, esta lluvia no es normal. Nunca había visto que cayera tanta agua y menos en esta época del año.
—No intentes eximir tus culpas. Tenías una única tarea y fallaste.
No estaba muy feliz con la actitud de la rubia.
—Te recuerdo que yo estoy aquí contigo así que estamos en igualdad de condiciones. Yo tampoco estoy feliz bajo la lluvia, además prefiero disfrutar y no enojarme por tonterías. No podemos hacer nada mientras esperamos, a menos que quieras caminar así hasta la pensión. ¿Qué es lo peor que nos puede pasar? ¿Enfermar?
¿Tenía sentido discutir con él? No. ¿Eso evitaba que su enojo disminuyera? Tampoco.
—¿A cuánto estamos de la pensión? ¿Unos 20 minutos? —Yoh respondió afirmativamente con algún sonido— Podríamos intentar. No hay forma posible de que nos mojemos más y no quiero estar más de tiempo de pie sin hacer nada.
—Si hay una forma de que te mojes más. —Anna no estaba para las bromas tontas de Yoh. Lo golpeó con su bolso y salió del pequeño refugio bajo el árbol.
El Asakura no tuvo más remedio que seguirla. Recogió las cosas de Anna y se fue tras ella. Intentó llamarla, pero entre el sonido de la lluvia, el tráfico y su mal humor, sabía que era imposible seguirle el paso por lo que se resignó y simplemente se quedó atrás. Avanzaron unas cuantas calles más y a pocos minutos de llegar, Anna se detuvo y miró hacia el cielo. Yoh aprovechó para alcanzarla.
—Es solo agua. —Anna empezó a saltar sobre los lodazales y su risa confundió aún más a Yoh—. ¿Por qué tan serio? Salta conmigo.
Al ver que su prometido seguía mirándola sin moverse, comenzó a patear las pequeñas lagunas del piso: su ropa quedaría hecha un desastre. Ver cómo Anna sonreía de esa forma era un espectáculo bastante extraño, sin embargo, lo que más le sorprendía era la libertad que estaba experimentando. Finalmente se dejó contagiar de esa alegría y se unió a ella. Motivado por el extraño humor de ella, se acercó lo suficiente como para empujarla, aunque luego se arrepintió de ese impulso de idiotez porque la mirada de Anna solo demostraba sus ganas de matarlo. Yoh comenzó a correr hacia cualquier dirección y esta vez fue su prometida la que tuvo que seguirlo.
No sabían muy bien hacia qué dirección iban, pero poco les importaba: hacía mucho no se divertían de esa forma y aunque ninguno de los dos lo expresara en voz alta, era la primera vez que podían renacer una parte de su infancia que les fue negada: Anna al vivir encerrada en su habitación y Yoh al no tener amigos. Corrieron hasta que la lluvia los agotó y, para la suerte de ambos, el sol ya estaba volviendo a salir.
—Te dije que podías mojarte más.
Ya no tenía caso enojarse. Caminó hasta él, le pasó los brazos por el cuello y lo besó. Ambos estaban helados.
—¿El último que llegue a la casa hace la cena? —El Asakura la besó en la frente y un segundo después ya estaba en el piso: Anna lo había empujado para ganar ventaja en la carrera. Era obvio quién sería él sería el perdedor.
Fin
¡No puedo creer que estemos a solo un día del final! Gracias por estar conmigo. (L)
¡Que los ilumine la eterna luz!
