- ¡Lena!

Las puertas del despacho de la morena se abrieron de par en par entrando una Kara furiosa a la habitación. Lena la recibió sentada desde su mesa donde, hasta hacía unos segundos, estaba trabajando. Kara se detuvo a unos metros de la morena con las manos sobre las caderas.

- ¡Vaya! ¿A qué debo el placer de tu visita? - le dijo la Luthor fingiendo sorpresa, aunque no podía evitar que se le escapara la risa entre los dientes.

- ¿Se puede saber por qué mi habitación está llena de flores? - la acusó Kara.

- No sé de lo que me hablas. - respondió Lena apoyándose contra el respaldo de su silla.

- No vas a conseguir que te perdone con unas simples flores. - respondió Kara acercándose hasta la mesa y golpeándola con las palmas de las manos.

- Bueno hacía semanas que no me dirigías la palabra. - señaló Lena encogiéndose de hombros. - Por lo menos he conseguido que me vengas a ver. Yo lo veo como una pequeña victoria.

Kara se quedó parada mirándola con la boca abierta. Quizá era el momento de irse antes de que Lena se volviera a llevar otra. Dio media vuelta y se acercó a las puertas que había dejado abiertas de par en par. Se paró allí y volvió a hablar de espaldas a la morena.

- ¡No lo vuelvas a hacer! Que sepas que las pienso quemar todas. - respondió antes de desaparecer.

- Las flores desprenden perfume cuando las queman. Qué lo disfrutes. - gritó para que la otra la pudiera oír.

- ¡Pues las tiraré al mar! - se oyó la voz de la rubia a través de los pasillos.

Lena volvía a estar sola en su despacho disfrutando del momento unos instantes, pero tenía que continuar con su trabajo.

Una sonrisa adornaba su cara. Realmente su plan había funcionado mejor de lo que esperaba. Llevaba un par de semanas viviendo en el viejo palacio real de la capital y la rubia ni tan siquiera la había ido a recibir junto con Kal y Alex, cosa que la decepcionó en su momento. De hecho, no habían vuelto a hablar desde la noche de la coronación, sin contar las reuniones del consejo, hasta esa mañana.

Hablando de reuniones del consejo, esa tarde tenían otra y realmente necesitaba haber acabado con los papeles así que se volvió a centrar en ellos.

*/*/*/*

- ¿Se puede saber qué haces? - preguntó Alex mirando confundida a Kara.

Alex acababa de entrar en la habitación de Kara porque estaban lloviendo flores sobre la residencia de los Danvers que volaban desde ese piso.

Kara, en ese momento, tenía cargadas en sus brazos una cuarentena de flores que arrojó por el balcón de su habitación.

- Limpieza. - contestó simplemente Kara mientras iba a coger la siguiente tanda.

- ¿De dónde han salido todas estás flores? - preguntó sorprendida Alex.

- Lena. - contestó secamente Kara tirando la siguiente tanda por el balcón.

- ¿Todavía no la has perdonado?

- No, ni pienso hacerlo. -aseguró Kara cargando la tercera tanda en sus brazos.

- Venga, ni que hubiera sido la primera vez que Lena te drogó. - bromeó Alex.

- No quiero hablar del tema. No quiero saber nada de ella. - gruñó mientras tiraba las flores con fuerza hacía el exterior.

- Pues contando que se va a pasar un buen tiempo en la capital, lo tienes claro. - rio Alex apoyándose contra el marco de la puerta.

- ¿Qué? - preguntó Kara sorprendida deteniéndose en seco. - ¿Cuánto tiempo va a estar aquí?

- Pues seguramente para siempre. Es el enlace con Lex y el norte. ¿Es que no estás atenta en las reuniones?

Kara sintió un pinchazo en su interior. No quería seguir viendo a la morena. No después de todo el daño que le había hecho. Lo peor es que una parte de ella estaba dando saltos de alegría.

- Suelo desconectar cuando el tema incluye a Lena. - contestó Kara encogiéndose de hombros y reanudando su faena fingiendo indiferencia.

- Pues ya puedes empezar a planear como tragarte ese enfado y pronto. Te recuerdo que hay reunión esta tarde y Lena va a estar.

- ¿Va a ser muy habitual que esté en las reuniones? - bufó Kara.

- Claro, te repito que es el enlace con el norte.

- Pues ya puedes ir comprando muñecos para entrenar. Vamos a necesitar muchos reemplazos.

- Mientras te desfogues solo con ellos… ¿Bajarás a comer conmigo? - le preguntó incorporándose de nuevo.

Kara se detuvo de nuevo para contestarle. Entonces se dio cuenta de la ropa que llevaba Alex. Ese no era su uniforme.

- ¿De dónde vienes? - preguntó Kara frunciendo el ceño.

- Vengo de rezar a Tire.

- ¿Dios de?

- La paz.

- Cierto. - contestó Kara secamente.

- ¿Tienes algún problema con ello?

- Simplemente me parece curioso que te pasees por la capital rezando a los dioses antiguos cuando hace unos meses perseguías a los herejes.

- Era mi deber, Kara. No tenía elección. - se defendió Alex.

- Lo que tu digas. Al final, yo solo era la idiota que cayó en vuestros juegos, ¿no? - respondió Kara dolida.

Alex negó con la cabeza y dio media vuelta.

- Mira, cuando se te pase el enfado con Lena, me avisas para saber que ya se puede hablar contigo. Y recoge todas las flores que estés tirando por ahí. No pienso dejar que lo recojan los sirvientes. Es tu problema.

Kara solo gruñó como respuesta antes de que Alex se fuera.

- ¡Fantástico! ¡Gracias, Lena!

*/*/*/*

Cuando Kara entró en la sala de reuniones del consejo, ya estaban todos sentados alrededor de la gran mesa esperándola.

Para ser un sitio tan importante, la sala era muy estrecha y simple. A penas había espacio para el mueble. Además, aquella debía ser la única sala en toda la fortaleza que no tenía frescos pintados en las paredes doradas. Había unas grandes ventanas a un lado por donde entraba toda la luz y permitían que el interior se ventilara.

- Perdón por la tardanza, tenía que deshacerme de unas flores. - dijo con algo de sorna mirando un instante a Lena.

- Vaya, ¿de algún admirador secreto? - preguntó Kal curioso.

- De una admiradora que no entiende un "no" como respuesta. - respondió Kara con desdén.

- Yo diría mejor que no se da por vencida. Debe ser muy persistente. - añadió Lena que recibió una mirada asesina de Kara, mientras Kal las miraba alternativamente sin entender nada.

- Persistente, no. Pesada, sí. Como continúe así, la voy a detener por acosar a la princesa de Thera. - la amenazó la rubia.

- Majestades, tenemos asuntos urgentes que tratar. - intervino uno de los hombres del consejo.

- Cierto, empecemos. - contestó Kal.

Se sentaron los que todavía quedaban de pie. Por aquel entonces, el consejo estaba formado por antiguos miembros del reinado de Jor-El y gente de la confianza del nuevo rey. Todavía se tenían que acostumbrar los unos a los otros, lo que solía provocar más de una discusión durante sus reuniones.

- Ha habido otro ataque a uno de los templos híbridos del sector norte de la ciudad. - informó una mujer.

Los templos híbridos eran antiguos templos que, antes de la llegada de los kryptonianos, estaban dedicados a los antiguos dioses y habían pasado a ser raoistas después. Con el reinado de Kal y la legalización de la antigua religión, esos templos ahora pertenecían a ambas religiones al mismo tiempo.

- Esos templos son un foco de problemas. - añadió uno de los nobles que más se había opuesto a la legalización de la antigua religión. - Con todo el respeto, la religión a los antiguos dioses es una barbarie. - contestó el hombre mirando directamente a Lena. - Ahora que los herejes no paran de salir de sus escondites es el momento de convencerlos para que vuelvan al buen camino.

- Con todo el respeto, el Raoismo me parece una religión muy insulsa y aburrida. - respondió Lena. - De hecho, esos "bárbaros" están construyendo un hospital en la capital porque sois incapaces de curar vuestras propias enfermedades. - se burló.

El hombre abrió la boca para contestar a Lena.

- ¡Suficiente! - gritó Kal golpeando la mesa. - Los que no sepan comportarse en las reuniones serán expulsados de forma permanente. ¿Queda claro? - preguntó mirándolos a los dos.

La sala se hundió en un profundo silencio. El hombre bajó la mirada a la mesa mientras Lena lo seguía mirando de forma burlona.

- ¿Cómo van las obras, Lena? - preguntó Kal reanudando la reunión.

- Van bien de momento. Prácticamente tenemos la mayor parte hecha. Faltan algunas consultas, despachos, medicinas y herramientas. He hecho una lista con lo más urgente. Había pensado en convertir parte de los jardines en invernaderos para cultivar lo más indispensable.

A partir de ahí, la reunión continuó con más o menos tranquilidad hablando de diferentes temas. Al cabo de un par de horas, los miembros abandonaban la sala dejando solos a Kal, Lena y Alex.

- Lena, tienes que controlarte. No puedes rebajarte a su nivel. - le decía Alex. - No vas a conseguir que cambie de opinión. Su hijo murió hace siete años por vuestra culpa. - le explicó.

- Lo sé, Alex. - suspiró la Luthor. - Pero no soporto que nos llame salvajes cuando lo único que tenemos previsto hacer es ayudar.

- A mí lo que me preocupa es otra cosa. - intervino Kal serio. - ¿Creéis que serían capaces de derrocarme?

- ¿Por qué crees que iban a intentarlo? - preguntó Alex.

- Tenemos previsto eliminar a todos los que participaban en el tráfico de esclavos, dinero… No sabemos hasta dónde llegan sus contactos. Quizá todos los del antiguo consejo formaban parte.

- ¿Y a quién iban a poner? ¿A Kara? Krypton no aceptaría un rey que no fuera kryptoniano para Thera. - le recordó Alex.

- Krypton estará contento mientras le lleguen los esclavos. Quién se los envíe, no le importa. - respondió Lena con asco.

- Entonces los que deberíamos preocuparnos somos nosotros. - contestó Kal. - ¿Habéis conseguido resolver el código?

- Sí, pero solo sirve para algunos documentos de la Voz. El resto siguen encriptados. - lamentó Lena.

- ¿Cómo está yendo con el esclavo daxamita?

- Muy bien la verdad. Brainy es un genio. Es una suerte que los daxamitas se lo dejaran atrás cuando salieron por patas.

- ¿Es de fiar? - preguntó Kal preocupado.

- No tendría por qué traicionarnos. - respondió Alex. - Aquí es libre, ha dejado de ser un esclavo gracias a nosotros. Se siente en deuda por ello.

- Bien. ¿Lena vuelves ahora a la capital? - preguntó Kal.

- No, me quedaré un rato con Brainy a ver si conseguimos descifrar algo más.

- ¿Alex?

- Alguien se tiene que encargar de tu ejército. Estaba un poco desorganizado después del ataque. Kelly y los Lane se están haciendo cargo de la marina.

- Pues visto que lo tenéis todo bajo control me iré a hacer mis tareas yo también. ¿Sabéis dónde está Kara? En teoría, teníamos reunión ahora. - preguntó el hombre confundido.

- Seguramente ha salido corriendo en cuanto ha podido. Estaba un poco enfadada cuando ha llegado. - respondió Alex.

- Me he dado cuenta. ¿Qué has hecho esta vez? - dijo Kal mirando directamente a Lena.

- ¿Yo? Nada. Solo he tenido un detalle con ella. - contestó despreocupada mirando algo en sus manos.

- Detalle dice. - rio Alex. - Creo que tu plan no ha salido muy bien.

- Al contrario, querida. Por primera vez hoy, ha bajado a la ciudad para hablar conmigo. - dijo victoriosa.

- ¿Aún no lo había hecho? - preguntó Kal sorprendido.

- Lleva ignorándome desde que llegué.

- No la culpes. - intervino Alex. - Yo me sentí traicionada con lo que hiciste. No me quiero imaginar cómo se siente Kara contando que lo conseguiste a su costa.

- Lo sé, lo sé. - suspiró Lena.

-Dale tiempo. Dudo mucho que mi prima dure mucho más tiempo enfadada contigo. - contestó Kal levantándose de su silla y colocando una mano sobre el hombro de la Luthor.

*/*/*/*

Kara se paseaba por el puerto. A esas horas de la tarde estaba a rebosar de gente cargando mercancías, paseando con tranquilidad o artistas callejeros. Nunca le había gustado tanto como ahora perderse entre la muchedumbre. Se distraía de todo. Podía simplemente observar a la gente a su alrededor: analizarlos, inventarse sus oscuros secretos. Eso hacía que olvidara lo estúpida que se sentía por lo que Lena le había hecho, cómo había jugado con ella. Se había aprovechado de sus sentimientos para poder entrar en la fortaleza. Jugó con ella y lo peor de todo es que ella, como una idiota, seguía enamorada de ella como desde el primer día. Y eso la hacía hervir de rabia.

Un hombre pasó por delante cargando un ramo de flores parecidas a las que Lena le había dejado en la habitación. Sintió la ira subiéndole hasta la garganta. Era mejor ir a distraerse en otro lugar.

Se adentró en las calles de la ciudad. Allí no había tanta gente, pero la suficiente como para entretenerse. Logró ver como uno de los grupos de artistas que antes estaban en el puerto entraban en un pequeño local con un cartel donde ponía "Kandor".

Los siguió con curiosidad. Al abrir la puerta, descubrió una especie de oscura taberna con un pequeño escenario en el fondo. Allí un grupo de malabaristas jugaban con fuego. Se quedó hipnotizada por el movimiento de las llamas. Quizá allí conseguiría un poco de diversión. Se sentó en una de las mesas que había en una esquina para poder observar el espectáculo sin ser molestada.

Al cabo de un rato, un chico se le acercó cargando con una jarra llena de líquido.

- Majestad, es un honor que este en nuestro local. - dijo teatralmente haciendo una reverencia. - ¿Quiere un poco de nuestra mejor cerveza?

- Oh, no, gracias. A estas horas no debería beber.

- Insisto. - sonrió el chico. - Invita la casa. Ya verá cómo le gusta. Es la mejor que puede encontrar en toda la capital.

- Seguro que todos dicen lo mismo. - rio Kara.

- Estoy seguro de ello. - rio también el muchacho. - Mi nombre es Barry. Si desea otra, solo hace falta que me avise.

Sin decir nada más, puso la cerveza delante de Kara y se alejó de vuelta al trabajo.

Kara examinó el vaso y su contenido. Tenía una capa de espuma blanca que cubría todo el líquido. La jarra era de una madera oscura que no le dejaba ver el contenido. Intentó olerla un poco de cerca, pero la espuma salió disparada a su nariz que quedó cubierta de blanco. Rápidamente se limpió esperando que nadie la hubiera visto.

Volvió a examinar el vaso. Acercó el recipiente a sus labios y lo volcó lo suficiente como para que la espuma cubriera por encima de sus labios y la cerveza llegara a su boca.

Estaba extremadamente amarga. Apartó el vaso rápido y se limpió los restos de espuma. ¿Cómo podía la gente beber eso?

Centró su atención en el escenario de nuevo con el regusto de la cerveza en la boca. Al cabo de unos minutos, sintió ganas de probarla de nuevo. Quizás no le había gustado porque no se esperaba tanto amargor.

Este segundo trago no le pareció tan amargo como recordaba, pero seguía sin gustarle. Así que abandonó la cerveza a su suerte en la mesa aceptando que aquello no era para ella.

Para el sexto sorbo que le daba, empezó a darse cuenta que le gustaba más y más. Cuando se le acabó la jarra pidió otra.

- Aquí tiene, majestad. - le contestó Barry mientras colocaba la jarra encima de la mesa de Kara.

- Por favor, nada de "majestades". Solo soy un cliente más. Llámame Kara.

- Como quieras, Kara. - sonrió el chico.

- Gracias, Barry.

El leve entumecimiento que le provocaba la cerveza combinado con la música que ahora llenaba el local la alejó de Lena. Disolvió la nube de pensamientos que invadía su mente y, por fin, pudo centrarse en otra cosa que no fuera Lena o sus problemas en la corte. Por unas horas estuvo relajada sin que le importara nada más, distraída con los diferentes artistas que pasaban por ese escenario.

- ¡Chavales tenéis que ir a ver la que están liando! - entró gritando un hombre al local. - A ver si estos norteños entienden que no son bienvenidos al sur.

A Kara le costó un poco procesar la información. Norteños igual a norte, norte igual a guerra, guerra y norte igual a Lena. Lena no era bienvenida al sur.

Kara se levantó rápido y se lanzó sobre el hombre que había entrado gritando agarrándolo por la camisa y zarandeándolo.

- ¡Explícate! - gruñó.

- Majestad, no es nada. Una pequeña broma que le están gastando a la Luthor.

- ¡¿Dónde?!

- En el antiguo palacio.

Kara cogió lo poco que llevaba con ella y salió disparada por la puerta. En el exterior, era casi de noche ya. Prácticamente corrió por las calles hasta llegar a las puertas principales del antiguo palacio. Allí no parecía estar pasando nada.

Un fuerte golpe se oyó de uno de los laterales seguido de gritos. Provenía del ala del antiguo palacio donde se estaba construyendo el hospital. Se dirigió hasta allí y se encontró con una gran estatua con símbolos de algún antiguo dios tirada en el suelo rota. Había una multitud rodeando la piedra que vitoreaba con fuerza.

- ¡¿Qué demonios está pasando aquí?! - gritó cruzando el círculo de gente y colándose dentro. Un par de hombres estaban en el centro celebrando la caída del monumento.

- Majestad, solo limpiamos las calles de esta basura. - se dirigió a ella uno de los hombres. - La Luthor se ha pensado que puede llenar nuestras calles con su herejía.

- ¿De qué estás hablando? - preguntó Kara.

- Esto lo han colocado esta mañana. - dijo el hombre señalando la estatua. - Pero no se preocupe, majestad, nosotros la ayudaremos a eliminar a estos herejes.

- Herejes o no son ciudadanos de Thera y no se les puedo agredir, ni a ellos ni a sus propiedades. - respondió Kara cubriéndose la cara con su mano en señal de derrota. No sabía si detenerlos o simplemente darles un escarmiento.

Sea como sea, pareció que el hombre malinterpretó sus gestos.

- Lo sabemos, majestad. Es un insulto para nuestra fe. Usted ha luchado tanto por Rao. Hizo un gran trabajo en Gimina.

- ¿Cómo? - preguntó Kara frunciendo el ceño volviendo a mirar al hombre.

- Aunque algunos digan que fue una vergüenza, nosotros siempre la hemos apoyado. No nos dejamos engañar por toda esa propaganda pagana.

Kara se acercó al hombre invadiendo su espacio personal.

- Los norteños, adoren a los dioses que adoren, son ciudadanos de pleno derecho de Thera. Así que ni tú ni ninguno de estos energúmenos tenéis derecho a destruir su propiedad. ¿Queda claro? - respondió amenazante.

- Pero, majestad, nosotros pensábamos que… - contestó con miedo el hombre retrocediendo un poco intentando separarse de Kara. La rubia lo agarró con fuerza del brazo y apretó. Una mueca de dolor cubrió el rostro del hombre.

- Pensabais mal. Largaos antes de que decida que es mejor meteros en una celda. - le susurró en el oído antes de lanzarlo lejos. - Hasta aquí ha llegado el espectáculo. Cada uno, a su casa. - gritó a la multitud que no tardó en dispersarse.

- ¿Qué ha pasado aquí? - oyó una voz acusadora a sus espaldas.

- Lo que me faltaba. - se quejó la rubia todavía sin buscar a la propietaria.

- Kara, ¿me puedes explicar que es todo esto? - dijo Lena agarrándola del brazo para hacer que se girara.

- Dímelo tú. ¿Cómo se te ocurre poner esta estatua de… de…? - dijo señalado el pedazo de piedra en el suelo.

- Iza. - respondió con los brazos cruzados.

- Me da igual Iza, Amate o el que sea. ¿Cómo se te ocurre poner una estatua de un dios antiguo en medio de la capital?

- Básicamente porque el hospital va dedicado a ella.

- Sabes lo difícil que está siendo la convivencia. ¿Puedes dejar de echarle leña al fuego? - se quejó Kara.

Lena respiró profundamente totalmente seria.

- ¿Has sido tú? - preguntó la morena.

- ¿Perdón? - preguntó sorprendida Kara.

- ¿Has sido tú quien ha tirado la estatua? - repitió Lena.

- ¿Me lo estás preguntando en serio? - rio dolida Kara.

- ¿A ti que te parece?

- Que no me puedo creer que después de todo pienses que soy capaz de esto. No soy como tú. - respondió Kara tranquila para después alejarse de vuelta a la fortaleza.

- Yo por lo menos no falto a mis reuniones. - le contestó a la espalda de la rubia.

Lena suspiró mientras se alejaba. Miró la estatua en el suelo con dolor. Quizá era mejor esperar antes de volver a colocarla en su lugar. Echó un vistazo a su alrededor y no encontró más daños en la fachada. Luego entró. A su paso iban saliendo de sus escondites algunos trabajadores.

- ¿Ya se han ido, señora? - le preguntó con algo de miedo una mujer.

- ¿Quiénes? - respondió Lena.

- Los hombres que nos ha atacado.

*/*/*/*

- ¿Seguro que no quieres descansar? Llevamos horas aquí encerrados y tus capacidades mentales han decaído drásticamente en la última semana. - preguntó Brainy observándola fijamente.

Brainy y Lena estaban repartidos por la sala secreta de la biblioteca trabajando en descifrar los malditos documentos de la Voz.

- Estoy bien. Solo un poco cansada. Llevamos aquí muchas horas. - respondió Lena desperezándose en su silla.

- Según mis anteriores observaciones, el cansancio no debería tener unos efectos tan pronunciados. Sin embargo, como antes he expresado, tu capacidad de concentración, analítica y racional han disminuido de forma alarmante. Así que o algo te preocupa o estás enferma. En cualquiera de los dos casos hay solución, pero deben ser tratados.

- Quizás estoy un poco preocupada. - aceptó Lena.

- ¿Algo relacionada con la princesa Kara? He observado que el estado mental de la princesa ha empeorado recientemente también.

- Discutimos la semana pasada.

- No soy muy experto en las relaciones socio-afectivas, pero creo haber observado que la princesa puede ser una buena interlocutora y entre vosotras existe un vínculo. ¿Por qué la situación es tan grave?

- Porque no me perdona y no me quiere dirigir la palabra. Ella también es muy terca.

- Siempre puede ir a buscarla directamente a su residencia. Como has dicho, llevamos muchas horas aquí metidos. Mañana podemos reanudar nuestras investigaciones. - sugirió Brainy.

- Está bien, Brainy. Tienes razón. - asintió Lena. - Iré a ver si puedo encontrarla.

Ordenó los papeles en los que había estado trabajando todo el día y salió de la habitación secreta.

Desde el intento de golpe de estado de los Luthor y la coronación de Kal, la Luthor había pasado muchas horas en esa habitación recopilando toda la información posible sobre las redes de contrabando de esclavos y materias primas. A pesar de tener suficientes pruebas para detener a unos cuantos gobernadores, seguían sin tener lo suficiente para atacar directamente a alguien del nivel de la Voz de Rao. Así que de momento no habían tomado cartas en el asunto. Todo lo que parecía contener información sobre él estaba excelentemente cifrado. Si no fuera porque jugaba en su contra, Lena sentiría una gran admiración por tal obra. Ahora no podía hacer más que odiarlo con todas sus fuerzas.

Después de salir de la biblioteca y bajar las escaleras que la conducían al patio central de la fortaleza, llegó a la puerta de la residencia de los Danvers. Ya era de noche y, con el final del verano, empezaba a refrescar. Seguramente Kara ya estaría en casa.

Llamó a la puerta y un sirviente le abrió y la acompañó a la sala donde recibían invitados. La misma donde se encontró aquel día con la Voz de Rao. Un escalofrío recorrió su espalda.

- Lena, ¿alguna buena noticia? - la recibió Alex.

- Para nada. - contestó derrotada.

- Entonces, ¿vienes por Kara? Sabes que no te quiere ni ver.

- Me he dado cuenta. - suspiró Lena. - En la última semana no me la he cruzado ni una vez. Parece que sabe constantemente donde estoy para poder evitarme.

- Más o menos. - rio Alex. - No lo voy a negar.

- ¿En serio? - preguntó sorprendida Lena.

- Está muy dolida, más que antes. ¿Has hecho algo más?

- La acusé de destruir una estatua de Iza.

- Lena… ¿Por qué?

- ¿Y yo qué sé? Estaba allí, al lado de la estatua, y sabes cómo es Kara cuando se enfada. Por eso vengo a pedirle perdón, otra vez. ¿Puedo verla?

- Se fue hace unas horas. Kal la llamó con urgencia. Creo que ha pasado algo. Espero que no tarde en llegar. ¿Quieres esperarla conmigo?

- ¿No te causaré problemas?

- Ya estoy en medio. - dijo Alex haciendo un gesto para que la siguiera fuera de la sala. - Lo mejor para mí ahora mismo que es arregléis las cosas y me dejéis en paz. No sabéis lo pesadas que estáis las dos.

- Perdón. - respondió avergonzada Lena. - ¿Kara también?

- También, Lena.

- ¿Crees que algún día me va a perdonar?

- Dale tiempo. Solo está dolida. Iba a cenar, ¿te apuntas? - preguntó Alex justo antes de girar en un pasillo que conducía a algunas habitaciones que no conocía.

- Claro. ¿No vamos al patio? - preguntó confundida.

- No, hace demasiado frío ya. Ya estamos empezando a preparar las habitaciones para en invierno. - dijo Alex señalando unas placas de madera apiladas por los pasillos.

- Vaya, ¿y Kara duerme arriba en invierno?

- Sí. No hay quién la saque de allí. - respondió Alex entrando en una sala donde en el centro había una mesa sobre una alfombra parecida a la que había en el patio donde solían cenar los cuatro. Alex y Lena se sentaron alrededor mientras los sirvientes empezaban a prepararlo todo. - El primer año tuvimos que subir a quitar la cama exterior porque seguía durmiendo allí y enfermó. Desde entonces, una vez al año la encerramos en algún sitio, preparamos la habitación para el invierno y escondemos todos los muebles de la terraza para que no los pueda volver a colocar. - rieron Alex y Lena.

- ¿Por qué será que no me sorprende?

Siguieron charlando un rato más mientras cenaban. Alex le preguntó a Lena sobre las obras del hospital. Prácticamente estaban acabadas. Solo faltaban algunos detalles. También hablaron sobre diferentes modos de descifrar los documentos. Apenas se habían empezado a llevar la cena a la mesa cuando Kara entró por la puerta.

- Vaya, ¿por qué no me sorprende? - gruñó Kara mirando fijamente a Alex.

- Quiero hablar contigo. - respondió Lena poniéndose de pie.

- Pues yo contigo, no. - respondió esta vez mirándola. - Pero ya que estás aquí, te enterarás de las nuevas noticias. Acaba de llegar un embajador de Krypton preguntando por el golpe de estado, la muerte de Jor-El y el próximo envío de esclavos.

- ¿Qué le habéis dicho? - intervino Alex.

- Hemos dejado en claro que todo está bajo control. Un kryptoniano está en el poder y se ha acabado la guerra con el norte. Sobre los esclavos, hemos quedado en empezar a negociar mañana.

- ¿No estaréis pensando en darles esclavos? - preguntó Lena alterada.

- No, Lena. Solo intentábamos ganar tiempo para pensar en algo. Voy a pedir que me lleven la cena arriba. Qué descanses, Alex. - dijo Kara antes de desaparecer por la puerta.

Alex y Lena se quedaron mirando la una a la otra hasta que la Luthor suspiró.

- Ve tras ella o nunca conseguirás que te perdone. - le dijo Alex.

Lena asintió y se levantó en busca de Kara. Estaría en su habitación así que fue en esa dirección.

A medio camino se la encontró hablando con algunos sirvientes, pero cuando la rubia la vio, le dio la espalda y continuó su camino.

- Espera, Kara, por favor. - pidió agarrándola del brazo cuando estuvo a su alcance.

- ¿Para qué? ¿Para qué vuelvas a acusarme de algo? Después de todo, resulta que soy la gran heroína de Gimina. - dijo soltándose del agarre de Lena y continuando su camino. Lena la seguía de cerca hasta llegar al patio donde estaban las escaleras que llevaban a la habitación de Kara.

- ¿De qué hablas? He venido a pedirte perdón.

- Hecho. Ya te puedes ir.

- No.

- ¿No?

- Kara, por favor. Escúchame. - le rogó Lena. - Sé que me equivoqué mucho.

- ¿Cuándo? ¿La semana pasada cuando me acusaste de destrozar una estatua de Iza o los últimos meses mientras jugabas conmigo?

- Las dos. Nunca quise hacerte daño.

- Ya, se notaba. ¿Sabes qué? Déjame en paz. No quiero saber nada más de ti. Desde que te he conocido solo me han pasado desgracias y ahora, además, tenemos a Krypton encima. Lárgate de mi casa. - gruñó Kara haciendo énfasis en el "mi".

- No eres una Danvers, te recuerdo.

- No, soy una kryptoniana, hija de unos padres que no llegué a conocer por una guerra contra los vuestros. ¿Quieres más motivos para que te eche?

- Tranquila, ya me conozco el camino. Adiós, Kara. Qué descanses.

Kara se quedó viendo como Lena volvía tras sus pasos hacia la salida del edificio. Miró el patio. En el centro, había un maniquí de entrenamiento. En dos golpes cargados de furia, lo rompió por la mitad.

Suspiró. Había alguien en la casa con quien había llegado lista para disculparse.

Volvió sobre sus pasos en dirección al comedor. Alex estaba sentada ya comiendo sola.

- ¿Se ha ido Lena? - preguntó Alex.

- Sí, eso creo. Oye, Alex, lo siento. Últimamente lo pago todo contigo.

- ¿Tanto problema tienes con que rece a los antiguos dioses?

- No puedo evitar seguir sintiéndome traicionada.

- Kara… No sé qué decir…

- No hace falta que digas nada.

- Kara, sí hace falta. No quiero perder a mi hermanita. Escúchame. Sé que es raro e hipócrita de mi parte. Esconderte esa parte de mí me dolía, Kara. - explicó Alex triste. -Quería compartir con el mundo quién era, pero estaba prohibido. Era herejía. Tuve que hacer cosas horribles a gente con la que quizás hacía unas semanas había compartido ritos. Todavía tengo pesadillas con ello.

La mayor se quedó con la mirada perdida en algún punto de la mesa.

Kara suspiró y se sentó en un lado de la mesa.

- ¿Tienes comida para dos? - preguntó Kara.

- Sí, habían servido comida para Lena. - dijo señalando los platos.

- Pues me lo voy a comer yo.

Alex rio como respuesta.

- Tengo que contarte otra cosa. He estado dando vueltas a algo. - dijo la mayor pensativa.

- ¿Es algo grave?

- Estaba pensando en pedirle matrimonio a Kelly. - le respondió con media sonrisa.

- ¡Alex! ¡No me lo puedo creer! - gritó alegre Kara saltando encima de su hermana para abrazarla. - ¿Debería decirte felicidades? Kelly en teoría no te ha dicho que sí, pero estoy segura que va a decir que sí. ¿Cuándo se lo pedirás?

- Kara, calma. Respira. - dijo apartando a la rubia de encima de ella. - No lo sé. Supongo que cuando pase toda esta montaña rusa. No creo que sea el momento adecuado con todo esto que está pasando.

- Cuando lo decidas, seguro que lo será. Quiero ser la primera en enterarse.

- Tranquila, lo serás. - prometió Alex.

- ¿Y cuándo se lo dirás a Eliza? - preguntó Kara volviendo a su sitio.

- No lo sé tampoco. Quizá le envíe a Etón con una carta. Es complicado mantener el contacto con ella ahora que está retirada en Midvale. - dijo Alex un poco triste.

- Eliza está disfrutando del descanso que se merece, Alex. - la consoló Kara.

- Lo sé, pero igualmente la echo de menos. - suspiró la mayor.

*/*/*/*

- Barry, invito hoy a una ronda para todos. - dijo Kara llegando y golpeando la barra.

- ¿A qué se debe este honor? - dijo divertido el chico.

- Tengo algo que celebrar.

- Vaya, Kara. Es la primera vez desde que te conozco que estás así de feliz. - respondió Barry entregándole una jarra llena de cerveza.

- Han sido buenas noticias. - asintió Kara con una sonrisa.

- ¿Puedo saberlas?

- Eres el cotilla de toda la capital, pero no vas a conseguir este cotilleo. Pero, cuando sea público, te lo contaré.

- Me muero por saberlo. ¿Te quedarás hasta el final hoy?

- No lo sé, Barry. Mañana va a ser un día muy largo.

- Hoy hay un nuevo luchador, un viejo amigo. - explicó Barry.

- ¿Tiene nombre? - preguntó Kara con curiosidad.

- Oliver Queen. En su país era el mejor luchador. -aseguró el otro.

- ¿Y qué hace perdido en una taberna de mala muerte, Barry?

- Auch, en todo el orgullo. - dijo dramáticamente llevándose la mano al pecho. - Para ser una taberna de mala muerte, tenemos una clientela de la realeza. ¿Lo sabías?

- ¿Así? ¿Quién lo iba a decir? ¿Y sabe esa realeza que organizas peleas ilegales?

- Sí, y es la primera que disfruta viéndolas.

- Vaya, es muy irresponsable por su parte. - reía Kara. - Pero es una diversión que vale la pena. La entiendo. ¿Y está tu amigo por aquí?

- Sentado en esa mesa. - contestó Barry señalando un hombre sentado en una esquina. Llegaba puesta una capucha que le cubría toda la cara.

- Dame una de esas jarras. - ordenó Kara.

Agarró su jarra y la nueva y se dirigió hasta la mesa. Dejó la jarra llena delante del hombre y se sentó en otra silla.

- Invito. - anunció Kara.

- No bebo antes de las peleas. - respondió él sin moverse un solo centímetro.

- Sabio de tu parte. - estuvo de acuerdo la rubia.

- ¿Qué quiere, majestad?

- ¿Sabes quién soy?

- Barry me lo ha contado.

- Como no. - rio Kara - ¿Qué te trae por Thera, Oliver?

- ¿Estoy en problemas?

- Siento curiosidad. Barry me ha dicho que eres un gran luchador. Estoy segura que el ejército de tu país agradecería tus servicios.

- Me expulsaron.

- ¿Por qué?

- Vengué a mi familia. Maté a los cerdos que los asesinaron.

- No los llevaste hasta la justicia. _ dijo Kara con algo de repulsión.

- ¿Por qué iba a hacerlo si podía sentir en mis manos el placer de matarlos?

- ¿Y valió la pena convertirte en lo mismo que ellos?

- Completamente. - dijo seguro el hombre.

Kara quedó confundida viendo lo convencido que estaba Oliver.

- ¿Debería arrestarte, Oliver?

- No soy un asesino, majestad. Además, por lo que he oído de usted durante mi corta estada, no somos tan diferentes, purificadora de Gimina.

- Ese es un apodo desafortunado fruto de un malentendido. - se defendió Kara.

- ¿No quemasteis media ciudad?

- Ese no es el tema, Oliver. ¿Debo preocuparme por ti? - respondió la rubia algo mosqueada.

- No, majestad. Mañana ya no estaré en Thera.

- Eso espero, Oliver. No me gustaría tener un asesino libre por aquí.

*/*/*/*

- Supongo que ayer no hubo suerte. - preguntó Alex a Lena cuando entró por la puerta. Esa mañana bien temprano se había programado una reunión urgente del consejo para discutir quién negociaría con el embajador.

- ¿Tan evidente es? - suspiró Lena que apenas había podido dormir esa noche.

- A Kara se le ha puesto humor de perros cuando ha sabido que te tenía que ver hoy otra vez. La he mandado a refrescarse las ideas. - contestó riendo Alex.

- No le veo la gracia la verdad.

- Ya verás que, en unos meses, cuando lo hayáis arreglado, todos nos vamos a reír de esto. - dijo Alex intentando tranquilizarla.

- Lo dudo bastante, pero gracias por los ánimos.

Kal seguido de Kara con el pelo suelto, como siempre, pero algo húmedo esta vez, entraron los últimos a la sala del consejo. Él se sentó en la silla que coronaba la mesa mientras ella se quedó de pie detrás de él. Se la veía algo intranquila.

- Bien, hemos estado hablando y creemos que lo mejor será que las negociaciones siempre de nuestro bando estén presididas por Kara o por mí. Lo mejor será mostrar a Krypton un frente fuerte de kryptonianos.

- Con todo el respeto, majestad, no sé si la aquí presente princesa esté preparada para ello. Además, conocidas sus conexiones con los Luthor… - intervino una mujer mirando a Lena mientras dijo lo último. - Puede que no sea la mejor manera de mostrar lealtad a Krypton.

- Todo hemos oído lo que se dice de ella fuera de estos muros: que es la "purificadora de Gimina". No creo que él vaya a dudar de su lealtad cuando oiga esas historias. Hay algo más importante aún. Krypton reclama su envío de esclavos. Tenemos que decidir qué hacer al respecto.

- Majestad, siempre hemos enviado a herejes y delincuentes. Quizá la herejía ahora ya no sea un delito, pero para el resto de crímenes seguimos teniendo candidatos. - sugirió una mujer.

- ¿Cuántos de aquí conocían el tráfico de esclavos? - preguntó serio Kal.

- Todos, majestad. Era de lo que hablábamos en las reuniones que no estabais presentes. - contestó simplemente otra mujer.

- ¡Fantástico! - exclamó con ironía Kal. - No enviaremos a más theranos a la esclavitud. - sentenció.

- ¿Y si son daxamitas? - propuso otro hombre.

- Explícate. - contestó Kal.

- Tenemos prisioneros daxamitas de la invasión. No tenemos capacidad de plantar cara a Krypton. Ni en número ni en armamento. Una guerra contra ellos es un suicidio. Si no queréis enviar nuestros esclavos, enviad a los daxamitas.

- ¿Qué dices tú, Kara? - preguntó Kal a la rubia.

- Que desgraciadamente tiene razón.

- ¿Alex? ¿Lena? ¿Alguna idea? - buscó su opinión Kal.

- No tenemos muchas opciones. - respondió Alex encogiendo los hombros.

- Bien. Votemos. - propuso Kal.

Casi todos votaron a favor de enviar a la mayoría de los prisioneros daxamitas con algunas excepciones como Brainy y aquellos que les resultaran más útiles. Casi todos aceptaron, excepto Lena.

*/*/*/*

- No puedes esperar que esté de acuerdo con esto, Kal. - respondió seria Lena.

Kal y Lena estaban reunidos a solas en el despacho de este último. Lena estaba de pie enfrente de Kal con los brazos cruzados, mientras él estaba sentado en su silla.

- ¿Qué quieres que haga, Lena? - preguntó el rey abriendo los brazos.

- Como se nota que no es tu gente la que está prisionera en Krypton como esclavos. Si supieras lo que se sufre, no aceptarías esto. - le recriminó Lena.

- Mi intención es no enviar nadie a Krypton si las negociaciones van bien. Pero prepárate para lo peor. - le advirtió.

- Déjame estar presente. - dijo firme la Luthor.

- No, Lena. Parecería que Kara y yo no tenemos capacidad para gobernar Thera por nosotros mismos y que, al final, ganasteis el golpe de estado. Te recuerdo que la casa real es la Casa de El, no los Luthor.

- Porque sois unos usurpadores. - gruñó Lena.

- Usurpadores o no, así están las cosas. Ya veremos cómo progresan las negociaciones con el embajador.

Lena se fue de la sala enfadada sin añadir nada más. Tenía previsto pasar por la biblioteca a trabajar ese día, pero ya no tenía ganas.

¿No se suponía que ahora todo iba a ser diferente?