Capítulo 34
Blake y Amery
Era plenamente consciente de que esa sería la última vez que viajaría a Hogwarts a principio de año como estudiante. Sin embargo, no era algo que le preocupara o le pusiera triste del todo, porque estaba bastante segura de que sus amigos seguirían siéndolo después de graduarse. O al menos, eso era lo que quería creer, y no había ningún motivo para que no fuera así, ¿cierto?
Encontraron un vagón vacío y se metieron en él. Henry se sentó a su lado y Cheryl en frente. Los tres se miraron y Tonks podría apostar a que estaban pensando lo mismo mientras recorrían aquellos rostros familiares y amados. Eran adultos, irán ese año a Hogwarts siendo adultos. Ya no eran aquellos chicos bajitos de cabellera despeinada y túnica negra que les venía un tanto grande para sus menudos cuerpos. Ya no eran extraños que intentaban conocerse, ni amigos que atravesaban por las primeras etapas de su relación. Eran hermanos, habían crecido juntos. Y lo serían para siempre.
El momento se terminó cuando Fred y George irrumpieron en el vagón, ruidosos y alegres. Fred, como era de esperarse, se apresuró a sentarse junto a Cheryl, sonriéndole de oreja a oreja.
- Anoche terminé la revista. Tenías razón - le dijo sin más, con toda su atención en ella. Pronto se enfrascaron en una conversación de la que los otros tres no eran participantes. A veces eso pasaba, según le dijo Ginny la noche anterior. Tenían sus conversaciones privadas, sus propios chistes.
George suspiró. Se había sentado al otro lado de su hermano.
- Podrían decir lo que quieran ahora, ellos no lo notarán - dijo taciturno.
Ni Henry ni Tonks lo debatieron.
...
Seis años después, eran los más grandes. Jóvenes que estaban a punto de salir al mundo real. Adultos. Pero aún estaban en Hogwarts, el lugar más increíble y mágico en el que estarían en sus vidas. Aún eran inmaduros y les gustaba tomar riesgos. Aún, aún... aún tenían un año más allí. Y no había manera alguna de saber qué pasaría durante ese tiempo, pero al menos podía prometerse a sí misma que haría todo lo que estuviera en sus posibilidades porque fuera uno de los mejores años de su vida.
Se sintió realmente bien entrar al castillo al lado de sus amigos. Había pasado sólo un verano, pero parecía haber sido más tiempo, quizá porque el verano fue muy bueno. Maldición, fue perfecto.
- Muero por saber quién es el nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras - dijo Henry cuando estaban por entrar al Gran Comedor -. Oh, bueno, supongo que es la mujer desconocida - añadió, mirando a la mesa de los profesores. Sus amigas también la miraban. Era una mujer rechoncha y bajita, vestida de rosa. La expresión en su cara era un tanto inquietante. Iba a mencionarlo cuando alguien tiró de su brazo.
Volteó y...
"Oh, no".
Había temido que ese momento llegara, cuando tuviera que enfrentarse a las consecuencias de sus acciones del año pasado. Se había permitido no pensar tanto en ello durante las vacaciones. Se fue a casa, se encontró con Remus y vivió cada segundo de ese verano con él y sus amigos. Sabía que pasaría, pero maldición, ni siquiera había comenzado la ceremonia de comienzo de curso.
Blake Stevens fue quien tiró de su brazo. Iba en el mismo año que ella y había sido consciente de su existencia desde el primer año, cuando la vio sentarse en el taburete con el sombrero seleccionador sobre su cabeza, mientras era seleccionada dentro de la casa de Ravenclaw. Los siguientes cinco años apenas y cruzaron palabras, pero únicamente porque compartían algunas clases. Fue el año anterior en el que realmente la conoció.
Era octubre y había decidido no ir a Hosmeade con sus amigos, pues se sentía demasiado triste como para intentar tener un poco de diversión. Comenzó a sentirse muy ansiosa cerca de media hora después de que sus amigos se fueron, y tenía la idea poco lógica de que su dormitorio se hacía cada vez más pequeño y sofocante, así que se puso los zapatos y salió de allí. Un rato más tarde estaba caminando por los invernaderos del colegio y al dar la vuelta en una esquina, vislumbró a una chica sentada en el suelo y con la espalda contra la pared del invernadero. Sabía cómo se llamaba y también que era amiga de un chico de su casa con el que pasaba mucho tiempo. A decir verdad, era un tanto extraño no verla con él.
- Hola - le dijo acercándose a ella. Era verdad que estaba muy triste y que no había salido con sus amigos para evitar socializar, pero Blake parecía estar ida en sus pensamientos y algo en ello llamaba demasiado su atención.
La chica de Ravenclaw volteó a verla, casi sorprendida al notar que había alguien más allí.
- Hola - saludó en respuesta, sonriendo débilmente.
- Soy To...
- Tonks, lo sé - dijo Blake asintiendo. La metamorfomaga sonrió.
- Tú eres Blake.
- Así es.
- No fuiste a Hosmeade - señaló Tonks sentándose frente a ella con las rodillas dobladas.
- No me apetecía - dijo Blake sonando un poco triste, pero encogiéndose de hombros. Quizá intentó hacerlo parecer como algo sin importancia, pero el tono en su voz decía lo contrario.
- ¿Daniel se fue sólo? - preguntó ella. Daniel era su amigo, o al menos creía que ese era su nombre. Sabía dos cosas de él; era un chico tranquilo y siempre tenía extrañas manchas de pintura en sus manos.
Blake negó despacio con la cabeza, desviando la mirada al espacio de suelo que había entre ellas.
- Fue con su novia - allí estaba la tristeza otra vez, más clara incluso -. Lo hicieron oficial hace dos semanas y... - parecía estar batallando para decir lo siguiente. Negó con la cabeza para sí misma -. Es como si yo hubiera desaparecido del universo para él.
- Lo siento mucho - dijo Tonks con sinceridad -. Tal vez podrías intentar hacerte amiga de ella y...
- Es que no es ella - interrumpió Blake -. Clara no lo alejó o algo así. Fue él. La última vez que hablamos de verdad, fue cuando me dijo que ella había aceptado ser su novia. Me alegré mucho por él, porque sé que Clara le gustaba desde cuarto año. Pero el día siguiente se la pasó con ella, y el siguiente a ese también. Todos los días después de ese, hasta hoy - finalizó levantando la vista -. Lo que más duele, es que nunca creí que eso nos pasaría a nosotros.
Tonks sólo la miró por un par de segundos, analizando lo que la chica había dicho. Y de verdad que necesitaba analizarlo porque una parte de ella había estado demasiado distraída dándose cuenta de que Blake era realmente bonita. Tal vez porque era la primera vez que la tenía tan cerca. Notó que su cabello rubio era más claro en las puntas y que sus ojos verdes tenían un poco de color miel.
- En conclusión: Daniel es un idiota - soltó Tonks.
Blake sonrió, ésta vez siendo una sonrisa divertida.
- No es un dato desconocido para mí - bromeó -. Sólo... sólo me irrita lo sola que me siento justo ahora - admitió, haciendo una vez más eso de encogerse de hombros.
- Excepto que no estás sola... - dijo Tonks lentamente - porque soy tu nueva amiga - sonrió. La chica de Ravenclaw sonrió y bajó la mirada. Después soltó una pequeña risa - ¿Qué? - se extrañó ella.
- Nada... es que... - apretó sus labios -. Sé que los problemas te siguen a donde sea que vayas y sólo puedo imaginar la clase de líos en los que me metería si fuéramos amigas - explicó aún sin verla, pero sonriendo.
A diferencia de Blake, Tonks no podía dejar de verla. Un montón de pensamientos cruzaban por su cabeza. Una idea en particular se había instalado en la cima.
- No puedo debatir eso - dijo al final con una sonrisa -, Oye, Blake.
La otra chica levantó la mirada al escuchar su nombre, atenta. Aún sonreía.
- ¿Sí?
Tonks podía sentir su corazón que comenzaba a latir con más rapidez.
- Quiero preguntarte algo cuya respuesta puede ser sí o no. Y estas en toda tu libertad de decidir lo que quieras, ¿de acuerdo? - dijo Tonks. Blake la miró con curiosidad por un par de segundos y después asintió -. ¿Puedo besarte?
Vio la sorpresa en sus ojos, pero también algo más. Como si la pregunta hubiera abierto ante ella una realidad que hasta el momento no era muy clara. Cuando Blake miró sus labios, Tonks supo cuál sería la respuesta.
- Si – la palabra salió casi en un susurró, pero era inconfundible.
Entonces Tonks se incorporó y se puso de rodillas más cerca, sin despegar sus ojos de los de ella. Llevó su mano hasta la mejilla de Blake, posándola suavemente. La acarició con su pulgar sin siquiera pensándolo, sólo decidiendo que era lo correcto. De esa forma, se inclinó lentamente hasta juntar sus labios con los de la chica, cerrando los ojos en el último momento. Jamás había besado a una chica, pero era una idea que solía bailar entre el sin fin de ideas que tenía.
Los labios de Blake eran suaves, se sentían bien bajo los suyos. El beso era un tanto tímido, desconocido. De alguna forma podía escuchar su propio corazón dentro de sus oídos. Se separó despacio de ella, abriendo los ojos conforme se alejaba y bajaba su mano. Sonrió al ver que Blake aún los tenía cerrados y que sus mejillas estaban sonrosadas. Por unos largos segundos consideró la posibilidad de que la chica no abriría los ojos nunca más. ¿Quizá se había avergonzado y arrepentido de...?
Pero no pudo seguir cuestionando la situación, pues Blake abrió los ojos de un momento a otro y se incorporó en cuestión de segundos. Todo sucedió tan rápido ésta vez.
Blake se hincó frente a ella y tomó a Tonks de la cintura para acercarla a ella, cuerpo contra cuerpo. Y sin aviso alguno, la besó... y Tonks le correspondió. Ya no había timidez, ni extrañeza. Había humedad, arrebato y calidez. La metamorfomaga pasó sus brazos sobre los hombros de la chica, dándose cuenta de que anhelaba desesperadamente el contacto físico. El calor agradable que sentía, iniciaba en sus labios unidos y se extendía a cada centímetro de ella. Blake misma se sentía cómo fuego contra ella, con sus manos quemándole la cintura. Pero Merlín, habían olvidado que debían respirar y llegaron a un punto en que no tuvieron más remedio que separar sus bocas para tomar aire. Pero no deshicieron el abrazo en el que se encontraban, se abrazaron con más fuerza y cercanía. Blake pasó sus manos detrás de la espalda de Tonks y recargó la cabeza en el hombro de la chica. Tonks la apretó contra sí misma.
- ¿Te cuento un secreto? - dijo Blake en voz baja.
- Claro.
- Ese fue mi primer beso.
Y a Tonks le gustó eso. Saber que había sido la primera persona en besarla era un tanto emocionante.
- Es la primera vez que beso a una chica - admitió ella misma. Blake soltó una risita. Se quedaron en silencio por un par de minutos en el que Tonks se dio cuenta de que la rodillas comenzaban a dolerle pese a traer un pantalón y medias debajo de él -. Hay que pararnos - y así hicieron. No le gustó el frío que sintió cuando se separaron.
Una vez que estuvieron de pie, se dio cuenta de que Blake era más alta que ella. Se miraban. Se miraban a los ojos y a los labios. Las rodeaba una tensión palpable de la que la otra chica también era consciente. Podía notarlo en sus ojos. Y estaban tan cerca...
- ¿Tienes algo qué hacer? - preguntó Blake. Tonks negó con la cabeza -. ¿Podemos... podemos continuar...? - titubeó.
Sabía a qué se refería, así que sonrió y asintió.
- Pero no aquí - dijo Tonks. No le incomodaba ser atrapada. Había pocas cosas que le avergonzaban, y besar a una chica no era una de ellas -. Un profesor podría pasar por aquí y no quiero que nos interrumpan - aclaró. Blake asintió.
Tonks conocía el lugar adecuado. Siendo sábado y con la mayor parte de los alumnos en Hosmeade por un par de horas más, un salón de clases sería el último sitio al que un chico entraría. Blake fue quien cerró la puerta del aula tras de sí y apenas se dio la vuelta, Tonks la besó. La chica de Ravenclaw quedó en medio de ella y la puerta, pero Tonks tiró de ella hacía una mesa en la que Blake se sentó. Sin dejar de besarla, la metamorfomaga puso sus manos en las piernas de la otra chica para atraerla más hacia ella, jalándola hasta el borde de la mesa. Blake jadeó bajo sus labios y puso su mano sobre la que Tonks había puesto en su pierna. Por un momento pensó que la había lastimado con el movimiento brusco, pues la chica llevaba falda. Maldición, ¿la había rasguñado o algo así? Se separó de ella para preguntarle si estaba bien, pero Blake no la miraba avergonzada, o asustada. Y por la forma en que presionaba su mano contra su pierna...
- ¿Te gusta? - le preguntó, inquiera y fascinada con la expresión desinhibida de la chica.
Blake asintió. Y Tonks sonrió…
Ese fue el comienzo de algo enteramente desconocido y fascinante. Unas horas después, Tonks estaba de vuelta en su habitación, acostada. Se sentía… emocionada. La última vez que se había sentido así, fue cuando estuvo coqueteando con Charlie Weasley en el verano, cuando se lo encontró en el Torneo de los Tres Magos. Sin embargo, la mañana siguiente volvió a sentirse igual de miserable. Ni Charlie ni Blake poseían los labios que ella quería besar. No tenían los brazos que deseaba alrededor suyo… pero aun así volvió a buscar a Blake. Porque un par de labios eran mejor que ningún par.
Había pasado casi un año desde esos sucesos y Blake Stevens estaba de pie en medio de todos esos chicos que entraban al Gran Comedor, mirando Tonks con una expresión plana, calculada.
- ¿Podríamos vernos donde siempre cuando termine el banquete?
- Claro - respondió Tonks, un poco ida.
La chica la soltó y se perdió entre las demás personas. Henry y Cheryl se habían detenido cuando notaron que no iba con ellos y las miradas en sus rostros le habrían hecho gracia si no fuera ella el motivo por el que las tenían.
- Ni una palabra - dijo ella Tonks caminando hacia su mesa. Y no dijeron nada, pero siguieron mirándola de la misma forma.
Se llevó a cabo la selección de los de primer año y al finalizar Dumbledore informó que Hagrid sería sustituido por algún tiempo en su clase. También presentó a la profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras, que era, en efecto, la mujer de rosa sentada al lado del director del colegio. Su nombre era Dolores Umbridge. Dumbledore pretendía seguir hablando, pero la nueva profesora lo interrumpió y tomó la palabra. Dio un discurso extraño que hizo que varios se miraran desconcertados. Había cierta oscuridad en ella.
Al terminar el banquete fueron enviados a sus respectivas salas comunes.
- Los veo al rato - les dijo a sus amigos cuando salían del Gran Comedor.
- Te esperaremos - dijo Cheryl con una sonrisa demasiado burlona para su gusto.
- Merlín, mejor no - prefirió mientras se daba la vuelta.
Fue al cuarto piso y entró a un salón. Su salón. El de ella y Blake.
Blake.
La chica ya estaba allí, de pie junto a una ventana y con los brazos cruzados. Su cabello rubio y largo tenía un brillo blanco bajo la luz de la luna. No volteó cuando Tonks entró, pero habló.
- ¿Qué tan tu verano?
- Estuvo bien... ¿y el tuyo? - le preguntó Tonks mientras atravesaba las mesas para llegar hasta la chica.
- No me quejo - respondió Blake. Y finalmente se giró a verla cuando la metamorfomaga se detuvo a tan sólo una mesa de distancia -. Pero fue un poco desesperante no tener noticias tuyas durante semanas, ¿sabes?
- Lo siento, Blake - se disculpó Tonks mirándola a los ojos.
- ¿Qué pasó? ¿Por qué no escribiste?
- Tampoco me escribiste...
- ¡No era yo quien debía hacerlo primero!
Un punto justo. Si los papeles hubieran estado invertidos, Tonks habría esperado que la otra chica le escribiera primero. Teniendo en cuenta lo que pasó casi al final del curso anterior, no le habría sorprendido que Blake no volviera a dirigirle la palabra. Blake era una persona maravillosa... pero eso no pareció importarle el año anterior. Ahora se sentía culpable y un poco molesta consigo misma.
Pensó en qué decir a continuación, pero era realmente fácil...
- De verdad lo lamento mucho. No tengo excusa alguna, sólo que estuve muy ocupada durante el verano - dijo con sinceridad.
La expresión de Blake se suavizó lentamente. Bajó la mirada al mismo tiempo que descruzaba los brazos. Hubo un corto silencio.
- Está bien. Está bien - soltó finalmente -. Te extrañé - agregó en un tono más bajo.
¿Cuántas veces la escuchó decir esas dos palabras en ese mismo salón?
Un millón, tal vez.
- También te extrañé, Blake - le sonrió.
Pero no era verdad del todo. El único momento en el que la había recordado durante el verano, fue cuando le dijo a Remus que había hecho algunas cosas de las que no estaba orgullosa, porque Blake estaba involucrada en su desastre.
La chica de Ravenclaw levantó la mirada y rodeó la mesa hasta quedar a sólo un paso de distancia de ella. Le asustó esa cercanía y de momento sólo pudo bajar la mirada. Su instinto le dijo que debía dar media vuelta y salir de allí, pero no podía simplemente volver a hacerle eso. La cuestión es que, decidiera lo que decidiera, ambas opciones eran incorrectas. No quería tener que decidir…
– ¿Tonks?
Blake acunó su mejilla con la palma de su mano. La metamorfomaga cerró los ojos ante el contacto. "Maldición, Blake… detente", pensó para sí misma. Le dolía… ahora le dolía y sabía que lo merecía. Merecía sentir cada noción de culpa, dolor y arrepentimiento, porque la chica de pie frente a ella no había hecho nada más que quererla inocentemente y ella se había aprovechado de ello.
Sintió los labios de Blake sobre los suyos y eso fue todo, se alejó sin dudarlo, dando tan sólo un par de pasos atrás sin abrir los ojos.
– No puedo. Lo siento.
Silencio. Tal vez en realidad fue poco tiempo, pero ella lo sintió demasiado largo.
– Ya no – dijo Blake en un susurró –. "Ya no puedo", deberías decir. Porque antes podías. Besarme, estar cerca de mí. Antes no te importaba hacerlo… ahora importa porque él volvió, ¿cierto?
Tonks abrió los ojos, sorprendida. Y lamento haberlo hecho porque la mirada de la otra chica reflejaba un cansancio infinito. Era la mirada de quien había envejecido 20 años en tan sólo un verano. Ella conocía esa sensación, quizá demasiado bien. La verdad absoluta sobre el amor, es que nadie puede abrir su corazón a otra persona sin arriesgarse al dolor y a la decepción, menos aun cuando eres joven y un tanto ingenuo.
No fue necesario que asintiera ni negara, Blake entendió su silencio. Fue la primera en apartar la vista.
– Adiós, Tonks.
Y caminó por su lado, con una andar lento pero firme. Un momento después estaba completamente sola, sabiendo jodidamente bien que ese sólo era el principio de las consecuencias de sus actos.
…
Los primeros días en el castillo fueron tranquilos hasta que llegó a oídos de todos la pequeña, pero acalorada discusión entre Harry y la nueva profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras. Los primeros que llegaron a contarles al respecto fueron los gemelos y a Tonks le pasó desapercibida la manera en que Fred parecía volcar casi toda su atención en Cheryl. Incluso cuando hacía una broma, lo primero que el chico hacía era voltear hacia ella, como si esperara su reacción. Su rostro reflejaba satisfacción al ver la sonrisa de la chica. A estas alturas todos simplemente estaban esperando a que los dos se dieran cuenta de lo que sentían por el otro. En fin, no había prisa, ¿cierto?
Pudo llegar al fin de semana sin mayores problemas, excepto, tal vez, cuando se dio cuenta de que la profesora Umbridge iba a ser un dolor de cabeza. Los demás no bromeaban cuando decían que era ridícula y molesta. Algo sobre su sonrisa permanente y su mirada fija provocaba en ella un disgusto profundo.
El sábado, sin embargo, fue otra historia. Se habría preguntado cuanto tiempo pasaría sin que Amery la buscara; 5 días era la respuesta, porque allí estaba él de pie junto a la entrada a la sala común de Hufflepuff. Era temprano y volvía de desayunar. Bueno, al menos tenía algo en el estómago.
Amery pertenecía a la casa de Gryffindor y era sólo un año menor que ella. Tenía el cabello marrón, pero se lo decoloraba a rubio constantemente. Era más alto que ella, pero sólo un poco.
– Hey – la saludó con una sonrisa – ¿Quieres caminar?
Tonks asintió. Salieron a los terrenos del colegio, pero su caminata silenciosa se terminó una vez que llegaron a la orilla del lago. Se sentaron en una piedra que, plana y larga, servía para su propósito.
– ¿Qué tal el verano?- preguntó ella, mirandolo.
– Lo pasé en Australia con mi hermano. No estuvo mal – respondió el chico sonriéndole – ¿Y el tuyo?
– Con Cheryl, Henry, Isaac y… bueno, con mis amigos – dijo ella –. Fue un buen verano – añadió.
– Me alegro – asintió él. Hubo un largo silencio, que no era del todo incomodo, pero tampoco se sentía bien. Ambos sabían que había mucho por ser hablado y ninguno sabía cómo comenzar. Entonces el chico suspiró y comenzó a hablar. Gracias, Merlín –. No sé si estabas esperando a que yo te buscara o si esperabas que ya no te buscara – soltó.
Amery Hunt, directo como siempre. Eso le había gustado de él desde el principio. Era fácil estar con él porque eran muy parecidos en muchos sentidos.
– Lo primero, pero no porque quisiera hacerme la difícil o algo así – admitió ella –. Creo que sólo quería tardarme todo lo posible hasta que esta conversación sucediera.
– Lo entiendo – dijo él.
– Sé que sí.
– Entonces, se terminó, ¿no es así? – sonrió él.
– Si – respondió ella, mirándolo a los ojos.
– ¿Es por Blake?
– No – negó –. Es una larga historia…
– ¿La misma larga historia que el año pasado me dijiste que me contarías después?
Tonks sonrió.
– Exactamente esa – asintió.
– Soy todo oído, cariño – bromeó.
Le contó de un alguien. Alguien que había conocido dos años atrás… ese alguien que llega a tu vida para darle otro sentido, para mostrarte cosas de las que habías escuchado hablar, pero aún no conocías. La imagen de lo soñado, aquello por lo que la mayoría de la población humana pelearía sin dudarlo.
– Te enamoraste – dijo Amery, ladeando la cabeza.
– En efecto.
– Pero entonces…
– Entonces…
Le contó de lo inevitable, de circunstancias. De una realidad no deseada pero esperada, de ese adiós doloroso que te deja llorando en tu habitación por horas aún semanas después de que pasara.
– Estaba devastada, creí que no volvería a verlo… jamás.
– Es allí donde entro yo, ¿no?
A su pesar, la joven bruja asintió.
Le contó de la desesperación, de la soledad, de la tristeza, de la negación y de esa resignación superficial, la que se utiliza cuando quieres ser capaz de seguir adelante, pero que en el fondo sabes que es un engaño. Querer volver a sentirte bien y recurrir a cualquier escenario para conseguirlo, y lograrlo… y llorar porque se acaba, porque no se compara con lo que en verdad quieres, con el sueño infinito, con el deseo perdido.
Hubo un considerable silencio después de eso. Amery tenía una expresión pensativa.
– Entiendo, Tonks. Pero, ¿cómo se lo tomó Blake?
– ¿Te la has encontrado? – preguntó ella en lugar de responder.
– Claro, al menos tres veces durante la semana. No me volteó a ver, pero estoy seguro de que eso fue a propósito – agregó.
– Si no me hubieras besado el último día en el colegio…
– ¡Fue la emoción del momento!
Blake y Amery eran muy distintos. Con Blake jugó a tener una historia de amor, a pretender que se enamoraba, porque estar enamorada se siente bien, porque es lindo… porque extrañaba ser mirada con cariño. Con Amery sólo fue sincera; jamás lo iba a amar y él tampoco. Se caían bien, se divertían juntos. En fin, los uso a los dos de distintas maneras, pero el chico lo sabía y Blake no. Ella si la quería. Ella si estaba dándolo todo…
Y entonces, el último día, los vio besándose cuando se despedían. No podía culpar del todo a Amery. A los ojos de todos se suponía que estaba saliendo con Blake, y el chico estaba de acuerdo con verse en secreto. Pero les era natural besarse cuando podían estar juntos y cuando se despedían, también le salió natural besarla de una manera nada amistosa. Para su mala suerte, Blake se estaba dirigiendo hacia ella para decirle adiós y lo vio todo. Maldición, todos los chicos de su curso lo vieron, incluidos sus amigos.
- Así que, estas saliendo con este chico y va en serio - dijo él.
Tonks sonrió, pero sintió su pecho encogerse. La palabra "chico" hacía demasiado ruido en la cima de sus ideas.
- Va muy en serio.
- Debe ser duro saber que sólo lo verás durante las vacaciones - señaló él.
- Sí, pero es mejor que nada.
¿En verdad lo era?
Toda esa distacia, todos esos días. Los meses a miles de kilometros del otro.
(n.a)
¡Hola!
Ahora si podré subir capítulos seguido. Estoy mucho mejor, kids.
Y espero que ustedes estén bien, ha sido un año complicado para todos. Les mando un abrazo 3
Lamento si todo ese lío amoroso es demasiado. En lo persona es algo que me ha estresado mucho incluir.
¡Gracias por leer!
