Bella estaba acurrucada junto a Edward, con la cabeza apoyada en su pecho, cuando la primera luz de la mañana empezó a filtrarse en el dormitorio. A pesar de que habían intentado conciliar el sueño, aún estaban totalmente despiertos.
—Es imposible que aguante todo el día en el trabajo —se quejó ella.
—¿Después de la noche que has tenido? Necesitas descansar. Ni se te ocurra pensar en ir a la biblioteca —le advirtió.
—Tengo que hacerlo. Quiero ir. Lo que tú y yo tenemos es importante para mí, pero también lo es mi trabajo. No quiero estropearlo.
—No vas a estropearlo —le dijo él—. Llama a Rosalie y dile que no estás bien y que irás más tarde.
Bella asintió.
—Vale. Pero no puedo seguir haciendo esto. Yo...
—Relájate —insistió Edward silenciándola con un beso.
—¿Puedo preguntarte una cosa?
Él se incorporó sobre un codo y la miró acariciándole la mejilla.
—¡Oh, oh! —exclamó—. Eso suena serio. Y, según los términos recientemente negociados de nuestra relación, supongo que tendré que responderte.
—Exacto —afirmó Bella.
—Me ha hecho tan jodidamente feliz que me dejaras fotografiarte... Tenía mis dudas sobre lo que querías hacer en ellas, pero lo has logrado.
—No me cambies de tema —protestó ella, aunque sus palabras la entusiasmaron
—. Tengo curiosidad. ¿Puedes tener sexo sin todo el… bondage y la disciplina antes?
—Claro —respondió—. Aunque, para mí, ir directamente al sexo es más para ligues de una noche… material desechable.
—¿Y qué hay de esa mujer con la que te vi en la biblioteca? —Edward se rió.
—Me preguntaba cuándo ibas a preguntarme por ella. Ése es un ejemplo perfecto, sólo sexo, nada especial. Una vez y ya está.
—Una vez y ya está —repitió Bella—. ¿Es cierto lo que has dicho antes? ¿Que nunca has estado enamorado?
Ella sintió que se tensaba y, por un instante, temió que la pregunta los hiciera retroceder hasta donde estaban la noche en que él le advirtió que no lo estropeara y la mandó a casa.
—No —contestó—, no es del todo cierto.
—Vale —dijo ella, prácticamente conteniendo la respiración mientras esperaba a que él continuara.
—Te expliqué cómo me metí en la fotografía... que Tanya me introdujo en ella.
—Sí —asintió.
—Sólo tenía unos pocos años más que yo. Creo que se aburrió rápidamente de su matrimonio con mi padre. Éste tenía muchísimo dinero y era guapo, pero no estaba dispuesto a salir a clubes nocturnos con ella o a ir a ver a una banda en Roseland. Así que, a veces, cuando le decía que estaba demasiado ocupado o demasiado cansado o lo que fuera, me hacía acompañarla a mí.
—Vale —convino Bella en voz baja, mientras lidiaba con la imagen de un Edward adolescente paseándose por Nueva York con una de las modelos más famosas del mundo.
—Creo que sabía que estaba aburrido y muy solo también. Yo tenía amigos, pero era hijo único. Y, de algún modo, el dinero de mis padres me aislaba. En algunos aspectos, ella y yo teníamos mucho en común. Y entonces me enseñó a usar una cámara y a llevarme a algunas de sus sesiones de fotos.
—Sí, eso lo mencionaste.
—Y me enamoré de ella.
Bella sintió que se le encogía el estómago.
—¿Cómo? ¿En plan estudiante pierde la cabeza por un amor imposible? Edward vaciló.
—No, fuimos amantes.
Ella se incorporó y se volvió para poder mirarlo.
—¿En serio?
No sabía por qué había dicho eso. Era estúpido, como si él fuera a bromear con algo así. Pero le sonó demasiado increíble. Un adolescente teniendo una aventura con la mujer de su padre...
—Sí, estaba loca y profundamente enamorado de Tanya. No sé qué fue para ella. Atracción física, quizá. Un pasatiempo. No lo sé. Pero nos volvimos descuidados y mi padre nos pilló, me echó de casa y me desheredó.
Bella no supo qué decir. Se preguntó cuánto de eso sería de dominio público y luego decidió que no debía de saberlo demasiada gente, o si no Alice, incluso quizá Elizabeth, se lo habrían mencionado. Volvió a apoyar la cabeza en su pecho.
—Lo siento. Eso debió de ser... No puedo imaginarlo. ¿Se hizo público?
—No. —Bella notó que sus brazos se habían tensado a su alrededor—. Mi padre tiene muchos amigos y dinero metido en los medios de comunicación. Nadie se atrevió a cabrearlo. Pero mi madre sí se enteró. Le supliqué a mi padre que no se lo contara… La mujer que había roto su matrimonio, teniendo relaciones con su propio hijo. Eso era de lo único de lo que me sentí avergonzado. Pero él no me escuchó y le explicó por qué me echaba de casa y me dejaba sin dinero.
—¿Dejó de mantenerte? Pero tú eras menor, ¿no?
—Sí, aunque la familia de mi madre tenía también dinero y ella consiguió más con el divorcio. Dejar de mantenerme era una especie de amenaza vacía. Creo que por eso tuvo que ir más allá y me castigó contándoselo a mi madre.
Incluso en ese momento, todos esos años después, Bella podía oír la vergüenza en su voz.
—Ella habría preguntado por qué te había echado. No sé cómo habrías podido evitar que lo supiera.
—Mi padre y yo nunca nos llevamos muy bien. Créeme, podría haberlo evitado.
—Entonces, ¿por qué vivías con él y no con ella?
—Después del divorcio, mi madre se fue a visitar a sus padres al extranjero durante un año. No tuve muchas alternativas. Luego, cuando hacía unos pocos meses que había vuelto, recibió el siguiente golpe. Y esa vez fue por mi culpa.
—Oh, Edward, eras sólo un adolescente. Y supongo que Tanya era poco más que una adolescente también.
—Después de marcharme de casa de mi padre, mi madre sospechó que seguía viéndola y tenía razón. Me distancié de mi madre, le mentía, discutíamos. Y entonces se suicidó.
A Bella se le cortó la respiración. Levantó la cabeza para mirarlo y la impresionó verlo a punto de llorar.
—Edward, no me digas que te culpas.
—No, no lo hago —dijo, pero su cara decía lo contrario.
Le besó la mejilla y saboreó la sal de sus lágrimas. Lo rodeó con los brazos y lo estrechó con fuerza. Él hundió el rostro en su pelo y se aferró a ella como si fuera una tabla de salvación de la que dependiera su vida.
—No fue culpa tuya —le dijo, acariciándole la cabeza.
De algún modo, sus palabras liberaron un torrente de pena y Edward sollozó pegado a ella como un niño. Bella sintió que haría cualquier cosa por librarlo de ese dolor.
—Mi agente ha recibido ofertas de editores que quieren hacer un libro con mis fotos de Tanya. Pero yo no puedo hacerlo. Ni siquiera deseo ya mirarlas. Accedí a exponerlas porque era lo que la galería quería y era mi oportunidad de mostrar mi trabajo. Nunca he hecho fotos a ese nivel desde entonces. Los editores de moda no conocen la diferencia. Pero el mundo del arte, sí.
—¿Por qué dices eso? He visto tu trabajo en revistas y las fotos que tienes aquí en la pared.
—Están bien, pero no son especiales. Y, sin duda, carecen de inspiración. Antes pensaba que era porque Tanya era la mejor modelo. Al menos, intentaba decirme eso a mí mismo. Pero sabía la verdad y era que las fotos eran tan buenas por todo lo que sentía por ella y eso se reflejaba en el trabajo. Ésa es la razón por la que estaba tan desesperado por fotografiarte a ti, Bella.
—¿Por qué? —susurró.
Edward levantó la cabeza y le rodeó el rostro con las manos. Ella sintió que se le aceleraba el pulso. Él tenía las pestañas húmedas y Bella sintió el impulso de besarle los párpados.
—Porque por primera vez desde lo de Tanya, estoy enamorado.
