Muy buenas querid s lector s, después de un larguísimo tiempo sin actualizar puedo decir que... ¡He vuelto! Espero que lo disfrutéis.

Capítulo 63

-¿Estáis seguros de que dijo exactamente eso? –Preguntó el más anciano del Consejo. Todos los que estaban frente a él asintieron. –Esto es grave. No sabemos con qué intenciones viene. ¿Quién nos asegura que no trate de destruirnos como ya intentó en el pasado? Estamos al borde de una guerra con esos locos de Akatsuki y ahora, después de años creyéndole muerto, reaparece Madara Uchiha.

-Y tiene una hija, -añadió otra anciana.

-Que ha estado viviendo entre nosotros, conociéndonos desde dentro, ¡por el Sabio de los Seis Caminos! ¡Todo podría haber sido una trampa! ¡Hemos estado ciegos! ¡Vosotros dos habéis estado ciegos! ¡¿En qué pensabais?!

-No sabíamos quién era la chica, -respondió Tsunade. –Tuve un presentimiento. Fallé. Y asumo las consecuencias.

-¡Debísteis llevarla con Ibiki para que la interrogara!

-Con el debido respeto, señor, -intervino Kakashi. –De haber hecho eso, sin duda no quedaría ni una sola piedra en pie en la Aldea. Madara ya nos habría hecho pagar caro el haberla interrogado con las técnicas de Ibiki.

-Oh, veo que tienes un plan para salvarnos a todos, ¿no, Kakashi? –Preguntó el anciano con sarcasmo. –Bien, oigamoslo, Hokage en funciones.

Kakashi respiró hondo por enésima vez aquella mañana. Desde que habían llegado aún a riesgo de desfallecer, habían informado al Consejo de lo sucedido y del posible plan de actuación a seguir. Estaba convencido de que, si les convencían a ellos, los demás de la aldea no serían difíciles de convencer. O eso esperaba.

La habitación estaba con el ambiente cargado, no sólo por la tensión de los allí presentes, si no también de humo de la pipa de tabaco que el viejo consejero no dejaba de espirar por sus fosas nasales cada vez que tomaba una bocanada.

-El primer paso del plan ya lo ha dado la Godaime, así vamos a enseñarle que en la Hoja cualquiera puede ser Hokage, por todos es conocido el odio que tanto el clan Senju como el Uchiha se profesaban, esperamos que lo tome como una señal de que ninguno de los dos clanes es más que el otro, donde son iguales ante el resto de aldeanos.

-¿Qué hay de Hashirama y Tobirama Senju? Según habéis informado, ambos van con él, ¿cómo es posible? –Preguntó el anciano.

-Estamos casi completamente seguros de que se trata de algún tipo de jutsu prohibido de resurrección, parecido al que usó Orochimaru cuando atacó la aldea, pero este puede que sea alguna versión mejorada. En nuestro encuentro en el desierto, ninguno de ellos intentó atacarnos, -explicó Kakashi, -y Madara no movió ni un solo músculo para dañarnos.

Los ancianos parecían meditar sobre las explicaciones.

-Es cierto que no podemos negarles la entrada, -admitió. –A él como fundador y a ella por derecho de nacimiento de un fundador y, -dijo haciendo una pausa y mirando con desaprobación a Tsunade y a Kakashi. –Por ese protector que le habéis entregado, pero acatarán nuestras normas y, además, negociaremos unas cláusulas y se comprometerán con esta Aldea bajo pena de expulsión y ejecución inmediata.

-¿Habéis perdido el juicio? ¿Ejecución? Madara nos borraría del mapa antes de que pudiéramos desenfundar nuestros kunais, por no hablar de que despedazaría con sus propias manos a quien le pusiera una sola mirada encima a la cría.

-Escuchadme bien los dos, quiero vivir en una aldea tranquila y en paz los pocos años de vida que me queden, -dijo la anciana apuntándoles con un dedo. –Haced lo que sea necesario para que ese par de Uchihas estén en calma, no pido más y, por supuesto, no quiero una rebelión por parte de los demás clanes. Haced lo que queráis para conseguirlo, pero haced algo.

-Que el Sabio de los Seis caminos os asista y os guíe, Godaime y Rokudaime.

Sin más que decir los dos ancianos se levantaron y abandonaron la estancia dejando a los otros dos solos. Antes de que se cerrara la puerta, un silencioso ANBU entró y se quedó arrodillado esperando instrucciones para hablar.

-No hace falta esa formalidad Yamato, -dijo Kakashi.

El interpelado se levantó y se quitó la máscara. Sacó de uno de los bolsillos de su chaleco un pequeño rollo y se lo tendió a los Hokages, dudando de por cuál de los dos decantarse.

-Tienes que empezar a hacerte cargo de la aldea, -dijo Tsunade rechazando el tomar el rollo. Tras esas palabras, Yamato acercó un poco más el rollo a Kakashi. Éste lo cogió y lo desenrolló.

Era un informe de Sai, una de sus bestias pintadas había dado con el paradero del quebradero de cabeza del actual Hokage y del único aliciente que había tenido en los últimos meses desde que había dejado la enseñanza del Equipo Siete. Al parecer, los habían visto caminando a varios kilómetros después de cruzar la frontera. Eso les situaba a unas cinco o seis horas, tal vez siete, si paraban a comer. Llegarían cuando hubiese mayor afluecia de gente en las calles, gente haciendo las compras de la tarde, paseando o descansando a la sombra de uno de los árboles.

-Tengo una idea, -dijo Kakashi de pronto. –Yamato, date prisa, necesito que reúnas a Inoichi Yamanaka, al crío de las gafas y su abuela, a Kiba Inuzuka y a Tetsu Hyūga, el nuevo de Comunicaciones y a todos los que encuentres que hayan tenido relación cercana con Mara y diles que se queden cerca de las puertas del Este.

Yamato no esperó ninguna orden más y se marchó presuroso.

-Iré contigo, -declaró Tsunade. –No es que ella vaya a alegrase de verme, pero yo empecé todo esto.

-Gracias, -musitó Kakashi bajo la máscara.

-Tranquilo, todo va a salir bien, -dijo la anterior Hokage para animarlo. –Aposté con Shizune que no volverían y apenas están a unas horas de camino. Deberías de ir a adecentarte, no creo que tu aspecto sea el mejor para que conozcan al Rokudaime.

Kakashi se dio un rápido vistazo, Tsunade tenía razón. La ropa estaba cubierta de polvo, sudor y arena, al igual que él y, aunque todavía no era el Rokudaime oficial sólo sería cuestión de unos días para que celebrase la ceremonia. Suspiró y hundió sus hombros con pesadez y cansancio, no se avecinaban tiempos fáciles.

Decidió usar las dependencias más cercanas para tomar una ducha rápida y éstas eran las del cuartel de ANBU, bajo la Torre del Hokage. Aún tenía acceso a pesar de haber dejado de ser uno de ellos para dedicarse a la enseñanza y el entrenamiento de nuevos genins.

Bajó las escaleras con rapidez. Recordaba el camino como si hubiese sido ayer la última vez que lo había recorrido. Primero era un tramo largo de escalera de piedra que se internaba en la roca. Al final, en uno de los laterales, una puerta de hierro blindado cortaba el paso. Ése era el acceso a la prisión subterránea donde se mantenían a los presos de más peligrosos. El último preso que había visitado había sido a Mara después de que casi dejase fuera de combate a dos jōnin y Tsunade la enviase ahí abajo para que reflexionase sobre lo sucedido.

Se desvió a la derecha, dejando la entrada de la prisión a su espalda, anduvo por un pasillo iluminado con luz artificial. Sus pasos retumbaban por el eco hasta que llegó al otro extremo, cruzó una puerta más típica de una oficina civil con un letrero sobre ésta que se podía leer con letras negras:

"Cuartel General ANBU"

Una vez dentro, el olor de aquel sitio inundó su olfato con su característico aroma a las piedras de amolar y al metal desgastado pero recién afilado.

Encaminó sus pasos hacia uno de los barracones, pasó de largo de la habitación donde había dispuestos nueve camastros y entró directamente en las duchas comunes.

Mientras estaba bajo el agua, su cabeza le daba vueltas al discurso que daría para convencer a los presentes de que era buena idea volver a acoger a los Uchiha, aquellos Uchiha en concreto, de nuevo en la Aldea. Pensó en ensalzar el poderoso sharingan, pero lo desechó, ameritar el poder sólo crearía más recelo en la población.

Tal vez, podría hacer valer el hecho de que Madara fue uno de los fundadores y que podía ejercer su derecho de libre entrada a la misma, sólo que, si alguien se oponía, dudaba mucho que el propio Madara no hiciera algo al respecto antes de que nadie pudiese mover un solo dedo.

Otra buena idea, sería alegar que con ellos allí la Aldea sería mucho más segura y estaría mucho más protegida de posibles ataques de otras aldeas que no estuvieran formando parte de la Gran Alianza Shinobi. Pero también podría iniciarse una revuelta interna como oposición a su presencia.

¡Todo era demasiado complicado! Y tampoco conocía los verdaderos planes de Madara, por no hablar del papel que jugaban los dos Senju y la propia Mara en todo aquello.

Cerró el grifo cuando notó que su mente estaba embotada de calcular posibilidades. Cogió un uniforme limpio, se vistió y puso un chaleco táctico impoluto sobre su vestimenta. Salió a paso ligero con la intención de ir directo a la puerta Este con intención de dar instrucciones a los que Yamato hubiese podido reunir allí. Por el camino trataría de reclutar a Naruto para su plan, quien tiene cierta afinidad por el clan Uchiha dada su amistad con Sasuke Uchiha y a Killer B, que la ayudó con su explosión repentina de chakra cuando volvían a la aldea.

Cuando salío al exterior, era bien pasado el medio día, pensó en dónde estaría Naruto en esos momentos y sólo se le ocurrieron dos lugares posibles: la cascada donde solía entrenar con Bee y el restaurante de fideos de Ichiraku. Sin pensarlo demasiado se dirigió primero al restaurante y envió a uno de sus Ninken a la cascada a buscarlo.

Mientras se alejaba con pasos lentos de la Torre del Hokage, sintió la presión sobre sus hombros, la gran responsabilidad que Tsunade había dejado recaer sobre él. Metió una mano en uno de los bolsillos de su chaleco y sacó un pequeño libro de Icha Icha Paradise, a penas le quedaban más de veinte páginas para acabarlo, pero con el poco tiempo que disponía no podía volver a casa para coger otro.

-¡Qué aburrido!

Las palabras que Mara le dijo en su departamento después de que él le dijera que volvía a empezar el mismo libro si éste se le terminaba volvieron a sus oídos como si la estuviese escuchando junto a él.

Suspiró. ¿Por qué siempre eran las cosas tan complicadas para él? Se compadeció de sí mismo durante un instante y siguió avanzando por las calles cada vez más concurridas en dirección a Ichiraku.

Cuando llegó a la altura del restaurante, la indumentaria de un naranja brillante le resultó inconfundible. Naruto estaba sentado en la barra del local devorando un enorme cuenco de ramen. Junto a él, podía escuchar las rimas de Killer Bee elogiando la gastronomía del momento.

Entró apartando las cortinillas y saludó al dueño. Se sentó pesadamente en un asiento libre junto a Naruto y observó cómo se sorprendía por su presencia allí.

-¡Vaya, Kakashi sensei! ¿No me digas que has venido a comer ramen tú solo? –Preguntó Naruto sin dejar de sorber los fideos.

-No, en realidad, te estaba buscando, -respondió apoyando un codo en la barra y el rostro enmascarado sobre el puño cerrado.

-¿A mí? –Preguntó de nuevo confundido. Naruto no destacaba por tener demasiadas luces.

-Sí, necesito que vengas conmigo, -y añadió dirigiéndose a Bee. –Y tú también. Quiero que me ayudéis con algo.

-Vaya, parece importante, te has puesto muy serio, Kakashi sensei, -respondió Naruto dejando el cuenco vacío sobre la barra.

-Y lo es, podría decirse que es una misión de rango S, -dijo Kakashi con un halo de misterio. –Quiero que me ayudes con mi nueva alumna, ¿la recuerdas? Tenemos que convencer a la gente de la aldea que es una buena idea que se quede, aunque no se quede sólo ella, sino que viene acompañada.

-¡Cuenta con nosotros! –Exclamó Bee al otro lado de Naruto. –Lo cierto, es que esperaba tener algo de tiempo para que viniese con Naruto y conmigo a entrenar, pero tú acaparabas todo su tiempo.

La propuesta, le cogió con la guardia baja, ¿por qué tendría que entrenar con ellos? Durante el último mes, Bee y Naruto habían entablado una buena amistad, y le estaba ayudando a controlar mejor el chakra del Kyūbi de Naruto, dado que ambos eran Jinchūrikis y Bee lo era desde hacía muchos años, lo que le daba una enorme experiencia.

Kakashi decidió dejarlo correr, no era momento para especular sobre jinchūrikis. Sacó unos cuantos ryus y los dejó sobre la barra a modo de pago para el jefe del local. Luego agarró a Naruto del brazo y tiró de él hacia fuera.

-¡Espera, Kakashi sensei! ¡Aún no había terminado! –Se quejó ya fuera del establecimiento y empezando a caminar a su lado por la calle principal mientras Bee les seguía.