"Cada culminación es un nuevo comienzo. No hay ruptura entre las partidas y los arribos. El pasado y el presente y aún el futuro se muestran ante nuestros ojos en una continuidad circular".

Relojes

-Abdón Ubidia-


Capítulo XXX:

El presidente Obama anunciaba en cadena nacional "(…) será una tormenta grande y potente…" siendo de cuantiosa atención para la ciudadanía ante la declaratoria de emergencia en la espera de la super tormenta Sandy. Miles de anuncios fueron enviados con la advertencia de no salir de las casas y alejarse de las ventanas como medidas de seguridad, ultimando procesos de evacuación en las zonas costeras.

La televisión se mantenía encendida durante buen parte del día mientras duraban los enlaces noticieros y, mientras tanto Hanji preparaba artículos de primera necesidad en unas mochilas. Estaba un poco preocupada por su hijo, ya le había visto el rostro asustadizo por la noticia, como tenía mucho terror a los fenómenos naturales ahora estaba más acentuado. Y que mal que le sucediera a él, a su pequeño, porque a ella le fascinaba la fuerza de la naturaleza. Si no fuera porque tenía sus obligaciones ahí en su casa, con su hijo y con los demás: iría a la playa y grabaría el mar agitado, el viento golpeándole ferozmente la cara, las olas, la lluvia y el cielo gris.

Se dirigió a la alacena y extrajo una lata de durazno en conserva, la guardaría en la mochila. Ya tenían previsto que se quedarían allí, en el sótano de la casa. Por la preocupación y el estado de alerta que les había generado la noticia de Sandy, ella y Levi fueron dejando de lado algunos eventos del fin de semana anterior. Hace pocas horas cuando llegó Levi hablaron como si no hubieran discutido y no se hubieran dicho ofensas, todo tranquilo, tenían el objetivo de establecer las prioridades de seguridad para su familia.

Ajustó las mochilas y las dejó en el mesón central de la cocina, salió y subió, fue en busca de su hijo, a hacerle compañía. La puerta estaba abierta, dio dos golpecitos suaves sobre la madera anunciando su entrada. Se aproximó con cuidado hacia la cama, Dave estaba acostado sobre su pecho y con la almohada cubriéndole la cabeza.

Ella se acostó a su lado, él instintivamente se rodó y se abrazó a ella. Hanji lo acurrucó y le dijo que estaba todo bien y que así sería hasta cuando la tormenta se disipe. La habitación estaba oscura ya que las cortinas no estaban corridas, Dave lo prefería así en días de tormentas eléctricas.

Más luego, bajó y salió de la casa, ya se empezaba a sentir la proximidad de la tormenta: el viento soplaba un poco más fuerte, las copas de los árboles se mecían dejando la estela de su sonido en conjunto con el sordo eco de la lluvia que se mantenía. Fue allá donde estaba Levi junto a unos obreros trabajaban en soportes de seguridad para las ventanas y ventanales de toda la mansión.

Vio a Gretchen venir de la perrera, llevaba a Rod de la correa, en la otro mano llevaba una jaula grande dónde estaba la gata con sus cinco gatitos.

—Jean se me quedó—. Dijo Gretchen pasando de largo hacia la casa.

—Iré por él—. Anunció Hanji, no sabía si Gretchen la habría escuchado.

Usó el antebrazo para cubrirse el rostro del viento. Llegó a la perrera y se llevó a Jean consigo, el gato estaba un poco asustado por lo cual le fue rasguñando el brazo. Cuando pisó la casa Gretchen la asistió llevándose el animal asustadizo con los demás, los llevó directamente al sótano.

A ese momento Levi entraba tras ella un poco cansado y con la ropa sucia en busca de agua, dijo. Hanji preparó una jarra con solo agua, como se lo había pedido Levi para los obreros.

—¿Dónde están tus padres? —. Preguntó él, mirándole la espalda.

Se mostró serena al entregarle la jarra con agua a Levi.

—En la mañana hablé con ellos, esta tarde saldrán hacia un refugio de los bomberos.

Los padres de Hanji vivían en uno de los pueblos más cercanos de New York, una granja, un lugar cercano a la carretera y que era un ensueño para los amantes del silencio y la naturaleza y los huevos frescos para el desayuno.

Levi asintió brevemente y se marchó con la jarra de agua en manos y un par de vasos. Se cercioró de que ambos evitaron mirarse a los ojos, simplemente tenían una tregua a distancia, era fundamental no decir de más, ni palabras, ni hechos relacionadas al caos.

Aparentemente, así estaban bien.

Para quienes eran empleados de servicio, desde el principio de la noticia de Sandy se les dio la libre elección de elegir entre quedarse en la mansión o irse a sus casas con sus familiares, si optaban por la segunda opción debían ser rápidos ya que necesitarían trasladarse. Claro, porque Levi era un hombre que permitía a sus empleados elegir, no imponía. Como resultado, los mayores fueron recogidos por sus respectivas familias, dos de las tres empleadas domésticas también se marcharon, quedando solo Margarita ya que no tenía parientes en New York y prefirió quedarse a que importunar en la casa de una amiga de su misma nacionalidad.

La inmensa casa un poco vacía, protegida con maderas y sacos rellenos de piedra cerca a las distintas puertas. Las mascotas guardadas al igual que algunas plantas que pudieran ser movidas, como aquellas pequeñas en su macetero.

Llovía y tronaban las nubes del cielo provocando cierto temor en alguien por quien Rod se salió del sótano y subió las escaleras en busca de su amo: trepó a la cama, lo olfateó, el muchacho alzó una mano para acariciarle el hocico, Rod le lamió la cara a Dave, luego se echó con él.

Poco tiempo después las orejas de Rod se alzaron ante el eco minúsculo que provocó el chasquido de unos zapatos sobre la alfombra, emitió un sonido de queja y se bajó de la cama para esconderse debajo de la misma: el canino observó pasar a su otro amo, el más viejo, Levi se detuvo un rato, como queriendo entrar, recapituló y pasó de largo.

Segundos después Rod se volvió a subir a la cama. La experiencia y los castigos de su amo más viejo le enseñaron que no debía subirse a la cama, sin embargo, estaba su amo más joven que lo instaba a hacerlo, además que percibía miedo en él y como buen cuidador estaría a su lado cuando se presentara la amenaza: ladrar o morder, ambos medios podrían ser efectivos.

Aunque según Levi, desde que Rod fue cachorro no mordió a nadie, solo correteaba a las visitas, a personas que no conociera.

Después del almuerzo la familia se quedó reunida en la sala, como un domingo después del asado y la piscina: a diferencia de que estaban escuchando los últimos reportes del clima. Levi dijo que esa noche todos debían dormir en la planta baja, y aunque estuviera previsto la llegada del huracán para el día siguiente, preferiría que ellos se fueran acostumbrando desde ya, y principalmente por Dave.

—¿Te quedarás con nosotros? —. Le acercó una taza de té. — ¡Digo!

Ella miró a su padre girar la taza sobre el platillo.

—Ha no ser que quieran que pase la tormenta en otro lado, no tengo problema.

Ella rio y se sentó a su lado. Platicaron sobre algunas cosas para la convivencia durante esos días, Levi quería asegurarse que todo estaría en perfecto orden porque si había algo que no estaba tratado podría fastidiarse. Al poco rato recibió un mensaje de Farlan, en el le pedía que fuera a uno de los refugios para personas sin hogar a ayudar a Isabel y a las demás hermanas ya que debido a las circunstancias los refugios se estaban rebosando y si Farlan le pedía aquello era por una razón en específica.

Se levantó y buscó las llaves de su auto, su hija fue detrás de él preguntándole a dónde iría a esa hora. Le respondió con cortas frases y siguió hasta la puerta principal; de repente eran varias las pisadas que escuchaba a sus espaldas.

—¿N-no te vas a quedar Levi? —. Preguntó Hanji, al parecer un poco nerviosa.

Se fijó en que estaba obviando las razones para salir de manera precipitosa a esa hora. Se enderezó y giró hacia ellos, se sorprendió de ver a Dave ahí también moviendo la cabeza en forma de negación.

—Iré a ayudar a Isabel.

—Oh… oh ya.

—¿No es peligroso? —. Intervino su hijo.

—No todavía—. Respondió Levi con mucha calma, rodó los ojos hasta dar con Gretchen que se había puesto un suéter grueso encima. Levi frunció las cejas anticipando sus intenciones y dijo—: te quedas.

—Pero padre…—. Refunfuñó, llenó los cachetes de aire.

—En otra ocasión será, no en esta—. Dijo y salió dejando a su familia en vilo.

La velocidad del viento estaba en aumento, si llevara puesto un sombrero muy seguro tendría que sujetárselo con las manos. Se subió al auto, solo esperaba que no se presentaran rayos todavía. Cuando llegó al límite del terreno se bajó para abrir la puerta de hierro, se planteó en que debía cambiar algún sistema automático manejado por control, y luego se dio el tiempo para mirar hacia el alrededor; policías que aparentemente iban de casa en casa.

—Buenas tardes señor, nos encontramos en el vecindario para comunicarles que deben evacuar y en caso de que decidan quedarse deben saber que será bajo su responsabilidad y, por lo tanto, si hubiese una emergencia, no podrán acceder a los servicios de rescate. Espero que lo piense y tome la decisión correcta para su familia.

Vivían no tan cerca del río, por ello primero pensó en que estaría bien si pasaban la tormenta en casa, empero, sino es hasta la advertencia del oficial Levi lo empezó a pensar bastante. ¿Qué pasaría si se quedaban? ¿A dónde irían si decidían irse? En fin, resolvió discutirlo con Hanji cuando regresara. Conducir todavía no era un problema, veía a la gente salir y entrar de los supermercados, veía las copas de los árboles moverse con más prisa y las hojas que se desprendían iban a volar en el cielo arrastradas por el viento.

Llegó hasta el refugio, una vez allí ayudó en la gestión de personas, víveres y enceres. Por como iba la situación era muy posible que hubiera hacinamiento de personas en el lugar, todos buscaban un refugio, un hogar provisional mientras duraba la tormenta. Habló un poco con Isabel, ella se mantenía optimista respecto a la situación, su objetivo era el de brindar el apoyo necesario para esas personas sin hogar.

Cuando Farlan llegó al refugio le dijo a Levi que podría irse cuando quisiera, puesto que él se quedaría al lado de Isabel, ayudando y asistiendo también a su labor.

—Me han llamado del refugio animal Isabel, todavía están trasladando a los animales a un sitio más seguro. ¿Quieres que vaya y me cerciore? —. Inquirió Levi a Isabel.

El murmullo de las personas alrededor hacía un poco difícil la conversación.

—¿Tienes tiempo para hacerlo, aniki?

—Lo haré.

Antes de que anocheciera y seguro que Farlan cuidaría de Isabel se marchó hacia el refugio animal, rápidamente dio una revisión a las instalaciones al aire libre en dónde no había ya animales, el encargado del lugar le comentó que los voluntarios fueron llevando perros y gatos de calle que se encontraban en situación de abandono, lo que lo llevó a preguntarse en ¿cuántos animales se quedarían en la calle si no tenían una oportunidad de ser rescatados? Muchos hacían lo que podían, erradicar el problema siempre pendía a tener sabor de utopía.

La luz del día era casi escasa para cuando estuvo de camino de regreso a su casa, la lluvia se intensificó un poco, era ya un poco más difícil conducir: tenía que limpiar el parabrisas con un pañuelo debido a los pañosos que se volvieron, tenía que agudizar muy bien la vista para mirar por dónde iba.

En medio de la lluvia tuvo que bajarse de nuevo para abrir el portón y la idea de implementar tecnología allí se le volvió a cruzar por la cabeza. Para cuando llegó hasta su casa, sus ropas estilaban agua. Sucedió algo increíble, caminando hacia la entrada había mirador a sus hijos viéndolo por una ventanilla del segundo piso, fue por pura natura que alcanzó a divisarlos.

Entró a la casa, enseguida Margarita le llevó unas toallas para que se secara cuánto pudiera.

—No llevaste un traje—. Comentó Hanji viéndolo tan mojado.

—Mi error—. Dijo secándose la cara.

Un par de trotes se escucharon en la escalera, ya sabía quiénes eran: unas uñas contra el piso también escucharon.

—¡Oye! Demoraste mucho padre—. Inquirió Gretchen, su inflexión en la voz daba para apreciar su preocupación.

Levi se quedó con la toalla en la cara, sintió unos brazos delgados rodearlo: se quitó la toalla, su sorpresa fue mayor al ver a su hijo abrazándolo. No sabía cómo reaccionar, seguro su rostro se quedó incrédulo y volvió a mirar a las mujeres. Atinó a posar su mano fría en la cabeza de Dave quien todavía era más bajo que él.

Su corazón sonrió de alivio y calor.

Los ladridos de Rod se hicieron presentes, evidentemente quería de su atención también.

—Tenemos orden de evacuar, podemos quedarnos si lo decidimos, hablaremos de esto durante la cena.

Esa misma noche, cómo era de esperarse, resolvieron el dilema. Prepararon todo lo necesario y se fueron a dormir, quizás sería la última noche allí en casa. No durmieron en sus habitaciones correspondientes, más bien tomaron prestada una habitación que era propia para los empleados; aquella en el fondo del pasillo de la planta baja, era la más espaciosa y contaba con dos camas de dos plazas. Gretchen de alguna manera se veía un poco emocionada porque decía que su exacta situación se asemejaba a un campamento, llevaron sus almohadas y frazadas propias. Dave y Hanji escogieron la cama que estaba más lejos de la ventana que, aunque estuviese sellada aún entraba un poco de la luz de los relámpagos. Levi prefirió dormir en el sillón, dijo que estaría bien y Gretchen no siguió insistiendo a que duerma con ella, también se manejaba su orgullo de cierta manera.

Y, aunque no hablasen y las luces estuvieran apagadas, salvo por la lámpara de mesa, sabían que estaban despiertos todos. Los truenos, el cielo relampagueando, la lluvia que en nada cesaba y el sonido del follaje de los árboles y las palmeras moviéndose mantenían muy despierto al más pequeño, aquel se aferraba a su madre como un niño asustadizo.

Levi tampoco podía dormir, no en máximo por la naturaleza sino por sus pensamientos y la calidez que tenía en el pecho, de cierta manera desde que tenía a Dave castigado poco había hablado con él y el abrazo le resultó impredecible. Gretchen le contó que unas horas después de que él saliera de la casa, Dave comenzó a inquietarse porque era tarde y no llegaba. Ciertamente, habían estado viendo los reportes del clima en el televisor. Sin dudas, pensaba Levi, que cuando la tormenta tocase tierra su hijo experimentaría más temor.

Quizás… su hijo estaba dando el brazo a torcer.

En fin, pensaba en cómo le levantaría el castigo, cuándo y dónde lo haría. Por el momento disfrutaba muchísimo de esa tranquilidad con ellos, con Hanji, con Dave… admitía sentir miedo a que se rompiera de nuevo aquella efímera realidad causada por las circunstancias.

29 de octubre.

—Coloca bien esa caja o se va a virar. ¡No! Así no, eso está mal. Déjame hacerlo a mí.

—No es una caja cualquiera…—Amonestó Hanji con fingido resentimiento, soltó su granja de hormigas en lo que Levi se encargó de acomodarlas mejor.

—Como sea, trae los gatos—. Dijo Levi, asegurándose que las hormigas estaban bien apretadas contra un par de maletas.

Hanji estiró sus brazos hacia la cajuela, le entregó a Levi la porta mascotas que era de por sí un poco grande ya que albergaba a la gata y sus mininos, y como Jean tenía una maleta propia fue acortando el espacio que quedaba. Levi pensó en cómo mejor acomodar las maletas con las jaulas porque necesitaba espacio para Rod todavía.

—Tsk.

Tuvo que mandar algunas maletas encima del auto y amarrarlas contra la parrilla; las maletas con ropa fueron encima, lo que era medicamento y víveres se quedó junto a las mascotas. Salieron antes del mediodía, Margarita iba con ellos. Seguía lloviendo y el viento por igual que meneaba los árboles, se escuchaba truenos… y Rod ladraba, hizo un chillido de queja cuando Levi lo reprendió: desde su posición en la maletera estiró su cuello hasta el asiento delante de él para lamer el rostro de su amo más joven, él en respuesta le acarició el hocico.

Levi sabía que con el transcurso de las horas conducir se volvería un poco peligroso, por ello, si necesitaban hacer algo era pronto; refiérase a la compra de algo que resultó imprescindible comprarlo como emergencia.

Cuando llegaron a casa de los Zacharius fueron bien recibidos, la noche anterior Hanji se encargó de hablar con Nanaba al respecto quien a su vez se le comunicó a su esposo: ambos no tuvieron problemas para recibirlos, aunque tuvieron que planificar el espacio para las mascotas. Los Zacharius contaban con un loro de cinco años como única mascota, entonces, la incorporación de los gatos, las hormigas y el perro les resultó divertidos. Supusieron que Levi se encargaría del aseo de sus desperdicios orgánicos, también.

—Pueden acomodarse entre esas dos habitaciones: la de Raylee y el cuarto de huéspedes que luego será del bebé. Disculpen, si es muy estrecho el espacio—. Dijo Nanaba, se acomodó el vestido maternal.

—No importa Nana, más bien creo que usaremos la sala—. Inquirió Hanji recorriendo con los ojos la amplia sala y sus muebles.

—¿La sala? Mm, Mike está un poco enfermo y no creo que pueda ser de mucha ayuda para bajar colchones.

—Yo me encargaré de eso, Nanaba. Suficiente hacen con abrirnos la puerta—. Tercio Levi la conversación.

—Si ustedes así lo desean—. Se acomodó el cabello de la frente. — ¡Están en su casa! Siéntanse todos en confianza, tengo mucho helado en la nevera y galletas en la alacena.

—¡Oh! Nosotros hemos traído también—. Hanji se sentó en el suelo para abrir una de las maletas, extrajo cereales, chocolate en polvo, pan de molde, mantequilla de maní y algunos otros.

Levi entró de nuevo en la casa con una hielera, la llevó a la cocina para dejar las carnes de origen animal y la carne de soya. De una manera y otra empezaron a adaptarse ambas familias en la convivencia, las mascotas fueron acomodadas en un espacio de la sala, las cajas de arena, los platos con balanceado y agua fueron puestos por Dave y Raylee, la jovencita se emociono con cada uno de las mascotas, aunque tuvieron que ponerle el bozal a Rod por los ladridos, Levi afirmó que pronto se adaptaría al nuevo lugar momentáneo.

Mike se mantuvo en cama, todavía tenía fiebre, se estaba recuperando de una amigdalitis.

Unos breves instantes, mientras Levi estaba ocupado acomodando los muebles de la sala, Nanaba y Hanji se apartaron un poco para conversar con libertad.

—¿Cómo van? — Quiso saber Nanaba bajando un poco la voz.

—Pues… como ves, desde ayer está con nosotros y… eh… ¿Qué te digo? Después de lo que nos dijimos esa noche y todo lo que pasó, no hemos vuelto a hablar de eso.

—Tampoco han tenido tiempo.

—Si tuviéramos el tiempo no sé si quisiera hacerlo, preferiría que terminara, así como está. Con decirte, Nana, que estoy cansada del tema: no quiero hablar con Levi de eso, no quiero pelear más con Levi, pero presiento que podríamos pelear de nuevo en cualquier momento—. Dijo, su voz se mantuvo firme. — Estoy pareciendo una cobarde.

—No hay delito por eso, querida Hanji.

Nanaba le ofreció una cálida sonrisa y un abrazo medio puesto por su barriga abultada. Escuchaban las voces de los niños al final del extenso pasillo, ellas estaban ahí cerca al baño pretendiendo que buscaban algo.

—Esa noche Mike se quedó en tu casa, estuvo buen tiempo con Levi…

—Oye espera—. Empezó a temblar un poco. — ¿Y desde que hora estuvo con Levi?

—Oh Hanji, cuando me contaste que Smith estuvo en la misma discoteca no pude decírtelo: Mike y Levi fueron a buscarte, esto es porque según Mike: Levi quería asegurarse de que estuvieras bien.

La mujer se dio media vuelta, se llevó las manos a la cabeza.

—Si eso es así, ¿Quiere decir que Levi estuvo con Mike cuando me recogió borracha?

—En lo absoluto.

—¡Ahhh! —. Se frotó más deprisa la cabeza. — ¿Como pude no saber que él estaba ahí? Evidentemente, estaba muy ebria—. No sabía muy bien como actuar ahora, se acomodó los lentes pensando en ello.

La situación se presentaba de tal manera: Hanji ignoraba que Mike supiera algo sobre Erwin Smith a más de que era el hombre de fuera de la discoteca, Nanaba supo por labios de Hanji que tuvo un encuentro desagradable con Erwin Smith, Mike y Nanaba intercambiaron información de manera natural, Levi ignoraba también ciertos puntos. A modo simple, cuatro cabezas que conformaban un rompecabezas sin saber que cómo lo estaban conformando.

—Tranquila Hanji. Quizás ahora no era el mejor momento para decírtelo—. Susurró.

Hanji se sacudió desde la cabeza siguiendo por el cuerpo.

—No sé que estará pensando Levi sobre eso, ¡al demonio! Que piense lo que quiera pensar. Ahora tengo mayores preocupaciones—. Dudó— Tenemos—. Se corrigió pensando en Levi, en la responsabilidad de los dos sobre su familia.

Apretó los puños y avanzó por el pasillo, divisó a Levi pasar, llevaba en las manos una escoba y un recogedor de basura. Por un instante Hanji sonrió para sí misma, le agrada verlo siendo él mismo.

No. Antes le había dicho que era un loco de las escobas, la realidad: lo dijo porque no hallaba otro insulto para decir, solo eso.

La tarde avanzaba y con ello la tormenta, el televisor se mantenía encendido con los últimos reportes acerca de Sandy. Y aunque hubieran elegido jugar las dos familias para pasar el tiempo y distraerse, su atención estaba dispersa en lo que ocurría fuera: se asomaron, la lluvia empañaba el cristal de las ventanas, el viento soplaba tan fuerte que el árbol de la casa en diagonal se desprendió del suelo, cayó y no causó mayor daño.

El estruendo asustó a Dave, seguido de otro estruendo más de árbol derribándose en el vecindario.

«La naturaleza tiene una fuerza y belleza implacable, mi deseo es postrarme a ella», pensó Hanji ante lo que observaba por la ventana, luego se retiró para acompañar a su pequeño asustadizo, quien temblaba ligeramente. Miró a Levi muy cerca de Dave, presentía que él quería acercarse, y ella tenía las ganas de decirle o hacerle un gesto para que lo haga.

—Hemos preparado chocolate para todos—. Anunció Gretchen, llegando a la sala con un charol con jarros de cerámica humeantes.

Margarita fue tras ella con un charol que contenía tostadas francesas. Ambas fueron entregando a cada quien, Nanaba se sentía gustosa: sentía que tenía unas mini vacaciones de la cocina.

—¿Escuchaste eso hermana? —. Los labios le temblaban sobre la cerámica del jarro.

—Fuerte—. Comentó, su boca estaba un poco llena de pan. — Hey~ es la primera vez que pasamos una tormenta juntos hermanito mío. No tengas mucho miedo, bueno, eso no quise decir—. Casi le susurraba. — La cuestión es que si tienes mucho miedo yo te abrazaré y te cantaré, te cantaré, te can…ta…rè—. Le pulsó reiteradamente a él la nariz con la yema de su índice, él le sonrió, pestañeó y volvió a mascar el pan.

—¿Qué me vas a cantar? —. Preguntó él, aproximándose un poco más a ella en el mueble.

—Pídeme la canción que quieras—. Ella le besó la frente.

—¿Puedes hacerlo en francés? —. Quiso saber Dave.

Ella se pasó los dedos por los labios, sentía una ligera molestia causada por los ciscos del pan.

—Francés, italiano… como quieras.

—Francés—. Repitió y se acurrucó más en ella.

La sala se llenó de una melodía en un idioma que era desconocido para la mayoría, no tanto para Levi, puesto que podía discernir algunas líneas. Por un instante miró a Hanji, ella también lo miró, se sostuvieron la mirada unos segundos, nada más. Juraba que halló en los labios de Hanji algo asemejado a la tranquilidad y alegría.

Tranquilidad y alegría, vaya, hacían el juego indicado.

Mientras tanto, la jovencita rubia que observaba al par de hermanos con disimulo, iba grabando en su memoria las palabras y acciones de Gretchen como un referente para ella siendo que dentro de unos meses se convertiría en la hermana mayor del ser que su madre portaba en su vientre. Su madre la miró, le guiñó un ojo. Ella llevó su mano hasta aquel vientre abultado para acariciarlo delicadamente sobre la tela del vestido, su hermano no reaccionó al tacto como otras veces lo hacía, así que pensó en que debería estar dormido.

Aquella acción logró que los ojos de Dave se posaran un instante en el vientre de Nanaba. Un bebé, pensó él, como si no se hubiera percatado antes ya. Aquello le recordó las palabras de Frieda y se volvió a sentir impasible y arrugó los labios.

Francamente, casi dejó en el olvido aquello tras escuchar la discusión de sus padres y luego la tormenta ocupó gran parte de sus preocupaciones.

El estruendo de lo que parecía ser un rayo irrumpió en sus pensamientos, irrumpió también en el canto de Gretchen y la serenidad grata de la estancia.

Con el trascurso de las horas la luz del día se apagó, la tormenta empezó a tocar tierra, primero llegó a New Jersey convertido ya en ciclón post tropical. Continuó avanzando por las costas del atlántico de los Estados Unidos.

Todas las manifestaciones de la naturaleza se vieron terriblemente manifestadas, la lluvia se convirtió en intensa, las ráfagas de viento se convirtieron aún más peligrosas puesto que iban arrastrando carteles de metal y otros elementos que se pudiesen desprender. El cielo tronaba más fuerte, se apreciaban relámpagos y rayos…

—Creo que deberíamos preparar las lámparas, no estaría de más tenerlas a la mano—. Dijo Nanaba para Gretchen, quien asintió brevemente.

Con unos pocos minutos transcurridos Margarita se agolpó a la ventana: el agua corría como en un río turbulento, todavía no debería ser tan alto, empero, la acera en las calles ya no se podía divisar. Corrió hacia la planta baja, siguió por el pasillo que conducía al sótano que a la vez compartía espacio con el garaje subterráneo; su jefe Levi ya se encontraba en la puerta mirando que casi nada podía hacer.

El agua entraba desmedidamente por las rejillas de ventilación del sótano y el garaje. Su auto y el de Mike quedarían muy mal después de eso. Bajó y rebuscó por el lugar una cinta de embalaje y con trozos de cartón empezó a pegarlos con la ayuda de Margarita, aparentemente funcionaba ya que entraba menos agua. Tenían los pies mojados, los zapatos y parte de los pantalones.

—Y pensábamos usar el sótano—. Dijo Hanji desde las escaleras, empezó a bajar.

Un sonido de fuerte estruendo difamó la leve victoria que obtuvieron: la puerta del sótano que daba hacia la calle se abrió por el peso del agua que empezó a entrar con más fuerza, Levi se apresuró a intentar cerrar la puerta, luchar contra el peso del agua era increíble. Luego fue Hanji y Margarita en cuanto prestaban su fuerza para cerrar la puerta. Para cuando la tuvieron casi cerrada el agua los vencía, volviendo intentar cerrarla, debían hacerlo pronto.

Sin rendirse lograron cerrar la puerta. Pero pensaban que podría volverse a abrir, el agua les llegaba cerca de las rodillas. Básicamente fue como un río entrando y tomando paso del espacio que quería. Colocaron algunos aparatos como cimientos para la puerta y se fueron. Quizás no podrían hacer más.

Todo se volvió más problemático, el agua empezó a entrar por debajo la puerta principal, la casa de Nanaba no era tan baja y por ello se sorprendieron cuando sucedió; Levi miró por la ventana, el agua estaba subiendo de nivel, y se planteó a la idea de que pronto estarían inundados.

—Hay que mover lo que se pueda al segundo piso, vayan por los animales—. Dijo a Gretchen y a Raylee, Dave las siguió.

Mientras tanto Hanji junto con Levi y Margarita se ocuparon de mover la comida y algunos artículos importantes como llaves, extintor… no tenían mucho tiempo.

—Nanaba ¿Qué haces? ¡Sube! —. Inquirió Levi al ver cómo la mujer aún daba vueltas en la sala. — Oye te puedes resbalar, ven—. Básicamente la indujo a subir con él.

Nanaba alcanzó a recoger el portarretrato de su familia. Cuando subieron encontraron a Mike levantado y dispuesto a bajar para ayudar en algo, pues, creía que la familia Rivaille se estaba encargando de mucho.

—Pero Mike… mm… está bien, desconecta lo que puedas. El televisor, el televisor… ¿Le llegará el agua?

—Es lo de menos nena.

Mike fue por una cocineta eléctrica que tenía guardada, casi nueva, en un lugar que solo él recordaba que estaba.

No sabían hasta dónde subiría el agua, lo cierto era que el huracán recién estaba entrando y los estragos se presentaron con fuerza, por ello, debían establecer la alimentación como una de las prioridades; Hanji rebuscó en los anaqueles por la comida enlatada y galletas.

De repente la luz se apagó en toda la casa, en todo el vecindario. La ciudad se enfrentaba a un apagón en medio de la tormenta, ahora los sonidos de la naturaleza eran más fuertes todavía. Dave se apegó a Gretchen un poco más con desespero pues no encontraba cómo calmar la tembladera de todo su cuerpo.

Para suerte de algunos sus teléfonos aún mantenían la carga suficiente como para funcionar durante algunas horas más. El agua fue subiendo de nivel con el transcurso de apenas algunos minutos, daba la impresión de que la tormenta podría ser incluso más devastadora de lo que habrían podido anticipar. Todos se instalaron en el segundo piso de la casa ya no habría manera de cómo regresar hacia la planta baja a la sala a la cocina casi todo estaba lleno de agua y los muebles empezaban a flotar quién sabría más si eso empeoraría con el transcurso de las horas.

Encendieron las lámparas y quiénes se mojaron las ropas pues se fueron a secar. Seguro la convivencia ahora resultaría un poco más difícil ya que el espacio estaba mermado, no hay nada que hacer en aquellas circunstancias y lo único que toca es adaptarse al medio si se quiere sobrevivir.

De la ventana del pasillo no se despegaba Levi, se mantenía atento a lo que ocurría fuera de las calles, veía como el agua fluía. Le parecía que las demás familias también entraban en un estado de alerta al ver cómo el agua entraba a sus casas.

Se percató de que el árbol que estaba entre la casa de Nanaba y la de al lado aún estaba en pie y no sabía si próximamente eso representaría un peligro para la familia puesto que si llegara a voltearse o a desprenderse por la fuerza del viento: sería probable que impacte contra la casa.

—Ustedes vayan hacia atrás es preferible que no se queden aquí tanto tiempo—. Dijo Levi y haciéndoles una seña con la mano para que se alejen de la parte delantera y se vayan hacia la parte trasera todos los niños.

Gretchen asintió con la cabeza y se llevó a los niños con ella, Rod también iba atrás de ellos como cuidando sus pasos.

Mientras tanto en el frente se quedaron los adultos, Nanaba parecía preocupada. Levi seguía mirando tras la ventana, ya no pensaba demasiado en las consecuencias que iba a tener su auto o que tal vez ya las estuviera teniendo; pensaba que después aquello se podría solucionar.

Todo sucedió muy rápido a partir de que la tormenta llegara a la costa.

De repente volvió Gretchen llamando a Nanaba.

—La señora dice que es la madre de su vecina y que necesita urgentemente hablar con usted—. Anunció Gretchen con la mano en el aire.

Nanaba se giró y caminó despacio seguida por su esposo. Agarró el teléfono y una mujer tras la línea intentaba hablar lo más claramente posible que pudiera, y ella se empecinaba en agudizar aún más el oído ya que el ruido de la lluvia, el viento y los relámpagos le impedían escuchar con solvencia. La mujer dijo tras la bocina: «Hola disculpe que la esté molestando o interrumpiendo de esta manera: no tengo a otra persona a quien acudir. Nanaba solo en usted y en su familia confío. Sucede que mi madre se quedó sola en casa. Por los reportes en la televisión es que me entero que hay inundaciones por el sector, la he llamado, pero no me contesta. usted sabe que mi mamá se le dificulta caminar y por eso me preocupa lo que está sucediendo allá no sé si sea mucha molestia por favor que ustedes vayan a un ciliar la no sé me preocupa mi madre por favor se lo imploro señora Nanaba».

Nanaba respondió con cortas frases afirmando verían que podrían hacer mientras veía a su esposo y luego recaía en qué era lo que podían hacer ellos dos.

—Bien tenemos tengo que hacer algo—. Dijo Mike tras escuchar lo que Nanaba le dijo.

—Pero Mike estás enfermo y no quiero que te suceda algo o te empeores por el agua que es muy helada.

A la habitación entró Hanji, seguida de Levi. Los niños aún se mantenían en la habitación de Raylee por lo cual estaban ellos solos.

—¿Qué sucede? —. Preguntó Hanji al matrimonio.

Nanaba inspiró fuertemente aire hacia dentro de sus pulmones y volvió su mirada a Hanji, dijo:

—Tenemos un problema con una vecina que vive pasando una casa, es una adulta mayor que está sola y su hija quiere saber cómo está porque no responde el teléfono de la casa—. Inquirió con un tono de voz preocupante.

Levi pasó en frente de Hanji.

—Siendo así no hay mucho tiempo para decidirse que van qué van a hacer. En ese caso yo puedo hacerlo, me haré cargo. Sólo dime en qué casa es y cómo se llama la señora—. Anunció Levi proyectando un porte muy confiado.

Pudo sentir detrás de él un murmullo proveniente de la garganta de ella, ella quien alzó los brazos y se mostró abierta a realizar cualquier acto en beneficencia.

—Iré contigo, no vas a ir solo—. Dijo Hanji batiendo sus brazos en el aire.

—No, es mejor si te quedas—. Refirió inmediatamente Levi saliendo de la habitación del matrimonio y buscando un buzo para ponerse encima.

—Podrías necesitar ayuda ¿no te das cuenta?

—Podré solo. Nanaba ¿cuál es la casa? —. Preguntó Levi acercándose a la ventana para mirar.

La mujer rubia avanzó hasta la ventana, un par de gotas de agua le mojaron el rostro. Alzó el dedo y señaló hacia el costado izquierdo.

—La casa que le sigue a ésta, es—. Habló.

—Bien—. Dijo y descendió a la planta baja que ya estaba inundada.

Hanji trató de sujetarlo del brazo, lo zarandeó un poco.

—¿Haz pensando cómo vas a llegar? ¡Mira la corriente! Prácticamente irías en contra.

El hombre afirmó sin decir nada. Para ese momento los niños regresaron ante los murmullos que escucharon y la superflua conversación, desde la escalera ellos observaron.

—Lo sé, voy a ir agarrándome del enrejado. ¿Lo ves?

—Bueno, entonces déjame ir contigo. Podrías necesitar ayuda.

—Tsk. Bien, lo que quieras.

Entonces regresaron a mirar a los ojos de los más pequeños: Raylee y Dave que se mantenían ahí como expectantes.

—¿No pasará nada? —. Preguntó Dave.

—No, mira: todavía no está tan alto, si no subiera más seria bueno. Así que… ¡Vamos Levi! Tenemos que ver a esa señora—. Verificó la lampara que se la guindó en el cuello.

Ambos salieron por la ventana y se lanzaron al agua, si no fuera porque saben que es una tormenta entonces creerían que se encontraban en un verdadero río. Con mucho sigilo caminaron hacia el enrejado, el agua les llegaba hasta la cintura. Fue necesario que anduvieran de la mano hasta llegar al enrejado de la casa contigua, de ahí en adelante se fueron arrastrando por ese medio. La corriente les estaba resultando pesada, como era lo esperable, por lo menos sí podían hacerle frente. Aunque lo que lo hacía más difícil para llegar a la casa acordada era la lluvia ya que no les permitía ver con toda libertad.

—¡No te quedes tanto atrás! —. Casi gritó Levi ya que creía que Hanji no podría escuchar bien.

—¡Tú sigue más rápido, que es para hoy Levi! —. Bromeó.

Ella no lo quería admitir, sin embargo, se sentía como en medio de un deporte extremo, sus neuronas haciendo sinapsis a mayor velocidad, y su encéfalo emitiendo descargas de adrenalina lo cual propiciaba a que su esqueleto y sus músculos pudieran moverse a pesar del cansancio.

El problema vino cuando se les presentó la duda de cómo entrarían a esa casa. Levi no quería infringir en propiedad ajena. Primero, empezaron a llamar con gritos a la señora dentro de la casa. No respondió. Decidieron que debían hallar una manera, algo rápido: Levi empujó la ventana, no tenía seguro puesto. El nivel del agua casi alcanzaría el límite de la ventana, se propulsó, saltó y entró. Hanji fue tras él, casi estuvieron pegados cuerpo a cuerpo: acomodaron su vista dentro de la casa.

—La lámpara—. Pidió Levi.

Hanji enseguida encendió el aparto y buscaron a la señora, la sala y el comedor estaba despejado, lleno de agua por supuesto, y algunas cosas flotando.

—¡Holaaa! —. Exclamó Hanji en el lugar, alguien respondió al fin—. Vamos allá, la lavandería—. Señaló con el dedo y avanzaron ambos.

Caminar era dificultoso, estaban poniendo a prueba la resistencia de sus piernas a esa edad, lo peor que podría sucederles es que experimentaran un calambre.

—¡Aquí está! —. Anunció Hanji.

La mujer adulta espabiló al verlos. Ella estaba sentada, el agua le llegaba cerca del pecho.

—Oh… vaya, ¿Quiénes son ustedes? —. Inquirió con voz temblorosa, estaba asustada. — ¿Pueden ayudarme?

—Claro, venimos de parte de su vecina Nanaba.

—¿Nanaba? ¿y donde está el fortachón de su marido? —. Inquirió mirando a Levi.

—Está enfermo, no puede mojarse. ¿Usted puede caminar? —. Preguntó Levi acercándose a ella un poco.

—Ay hijo… me duelen las piernas, y ahora no lo sé.

—¡No se preocupe! —. Exclamó Hanji introduciendo sus manos debajo del agua buscando con el tacto el cuerpo de la mujer.

Levi la imitó, la mujer se sujetó con ambos brazos a los hombros de ellos y fue cuando se dieron cuenta que sacarla de la casa sería muy arriesgado, el agua seguía entrando y el nivel parecía que también subía. Hanji y Levi resolvieron en llevarla a la parte más alta de la casa, solo eso fue difícil por la condición de la señora y las piernas cansadas de ambos.

—¿Cree que pueda estar bien aquí? —. Preguntó Hanji secando las piernas de la anciana.

—Sí, sí claro… puedo arreglármelas sola, el baño está aquí mismo y puedo preparar comida. No soy tan inútil, hijita. Nunca dejé que mi hija dejara que contratará una empleada solo para mí, así que estaré bien por mi cuenta.

—Le dejaremos cerca el teléfono, la linterna y estos víveres que sacamos de su cocina—. Dijo Levi, mostrando todo lo que había llevado del piso de abajo.

—Gracias. ¿Se van a quedar? ¿quieren comer algo? No es bueno que anden por ahí en la lluvia sin comer bien.

—Oh no se preocupe ¡somos fuertes! ¿Verdad, Levi?

El aludido interpretó la pregunta como algo más subjetivo a que la fuerza física. En medio de la oscuridad, sonrió de medio lado a espaldas de Hanji, mientras ella se despedía efusivamente de la anciana.

Bajaron y de nuevo se sumergieron en esa agua helada, Hanji empezó a titilar y Levi le dijo que esa se ganaba por no dejarlo solo a él hacer las cosas. Ella le sonrió, había jurado que la escuchó decir: "No podía dejar que salieras solo" y si no fuera por el ruido de la tormenta lo hubiera afirmado.

Se dieron la mano para llegar hasta el enrejado de la casa contigua, ciertamente fue un poco más fácil porque no estaban ya yendo contra la corriente, si pisaban mal y uno se resbalaba quizás…

La lluvia, el agua les llegaba un poco más arriba de lo que antes, Hanji lo notó. También otra diferencia era que por la fuerza de la corriente cuando chocaba el agua contra un poste o un árbol se formaban pequeñas olas. Ella lo observaba todo, le parecía fascinante, tanta fuerza y energía rodeando su cuerpo.

La casa que tenía el enrejado fuera de ella era más larga de lo que era la casa de Nanaba, los dos avanzaron agarrados del metal. Hanji adelante, Levi un poco más atrás, tenía la vista fija en ella, como si… pasaron una división del enrejado, Hanji se agarró de la nueva y él todavía no se desprendía de la anterior, todo sucede en segundos ante sus ojos: la reja se desprende provocando que Hanji se suelte.

Su corazón dio un vuelco, trató de agarrarla del cabello, la distancia estuvo medida apenas por centímetros, no pudo agarrarla. La reja la había golpeado en la cabeza y la corriente hizo una mala jugada.

Sin pensarlo tanto se soltó de la reja y se dejó arrastrar.

—¡HANJI! — Gritaba, mientras se arrastraba alzando el brazo con la esperanza de alcanzarla.

La vio tratando de incorporarse, pero justo se impactó contra un vehículo: estaba seguro que aquello la abría debilitado, era solo un poco de lo peor que podría suceder.

—¡HANJI!

Su desesperación aumentó, sentía que no podía alcanzarla… era como si cada vez estaba más y más lejos. ¿estaría consciente? Solo veía su brazo hacia ella, no la alcanzaba. El agua y la lluvia le imposibilitaban mirar, ni siquiera se fijó en los gritos de los demás. La corriente era demasiado fuerte.

¡MAMÁ, PAPÁ… MAMÁ, PAPÁ…!

Escuchó, pero no podía volver a mirar atrás.

Vio a Hanji tratando de incorporarse de nuevo, ella hizo brazadas hacia atrás, él alcanzó a agarrarla de la muñeca. Sería lo suficiente. Estiró su brazo, hacia el enrejado de otra casa no sabía cuánto habían rodado, simplemente se aferró con un brazo a la reja y con el otro a Hanji.

—¡Respira mierda! —. Exclamó desesperado al verla boquear y toser contra su pecho.

No le importaba si se dislocaba el brazo: no la soltaría.

La espera a que regresaran fue un poco turbia, Gretchen y Dave mantenían la cabeza doblada y los ojos fijos a la casa contigua por dónde deberían regresa sus padres, casi sacaban medio cuerpo por la ventana por lo cual estaban mojándose un poco por el agua de lluvia llevada por el viento.

—¡Los veo! —. Exclamó Gretchen haciendo que Nanaba se aproximase a un poco a la ventana.

La mujer rubia echo un resoplido de alivio. No le duró demasiado la tranquilidad, pues, los chicos se agitaron en la ventana.

—¡MAMÁ, PAPÁ… MAMÁ, ¡PAPÁ…!

Dave apoyó aún más su cuerpo en el marco de la ventana, tomando impulso con los brazos empezó a elevarse como si quisiera saltar por la ventana.

—¡Oye espera! —. Exclamó Gretchen sujetándolo del cuerpo.

—¡Hay que hacer algo! —. Exclamó preocupadísima Nanaba, viendo a su esposo regresar con una cuerda enrollada en su hombro. —Mike por favor, ten cuidado.

—No sé exactamente qué hacer—. El hombre murmuró para sí mismo, presuroso a bajar a la calle.

—¡Tengo que ir!

—¡Te arrastrará la corriente!

—¡Hermana!

—¡Dave cálmate! —. Lo zarandeó.

Ambos estaban forcejeando sin llegar a ser realmente de utilidad.

—¡Están allá! ¡Están allá! —. Exclamó Dave completamente agitado, señalando hacia el frente, habían rodado tres casas más allá.

Mientras tanto Mike se enfrentaba solo a lo que vendría luego, agudizó la visión y vio a Levi y Hanji arrastrarse a través de un enrejado, sintió alivio porque su amiga estuviera consciente. Pero el problema era que más adelante la casa en frente de la suya no tenía rejas por lo tanto no tendrían de donde sostenerse. Entonces, bajó un poco agarrándose del árbol y luego de la pared de la otra casa, a él el agua no lo cubría como a Levi: se reprochó el haberlos dejado salir, no importaba si empeoraba de su salud, tomó una decisión errónea.

Entonces Mike, Levi y Hanji quedaron frente a frente. Mike empezó a girar la cuerda sobre su cabeza (previamente la amarró para enganchar a alguien) y la lanzó, Levi no alcanzó a agarrarla, parecía que sería verdaderamente difícil por el viento que desviaba su trayectoria. Fueron cinco intentos hasta que Levi por fin rozó la cuerda y se aferró a ella, se la colocó en la cintura a Hanji, se cercioró que estuviese bien ajustada y alzó el brazo. Hanji seguía pegada a él.

—¡Muévete Mike! —. Espetó Levi.

—Agárrate duro Levi—. Le dijo al oído.

Mike empezó a jalar a Hanji, Hanji se apretó a Levi, Levi intentó zafarse de ella porque quería que fuese ella quien estuviese a salvo primero.

—¡Primero vas tú!

—¡Oye! —. Exclamó y luego fue arrojada hacia atrás por Levi. Sintió la fuerza en su cintura y se aferró a la cuerda, con todo el dolor que sentía se propulsó a caminar contra la corriente, además se sentía la fuerza de Mike al arrastrarla hacia él.

—Rápido hacia allá—. Dijo Mike llevando a Hanji hacia la ventana—. Quédate aquí.

Se escucharon las voces de los niños llamando a Hanji.

Mike regresó aferrándose a las paredes a la misma posición de antes, esta vez le resultó a Levi más fácil agarrar la cuerda, no se la colocó en la cintura solamente la tomó con ambas manos y se fue dejando guiar por la fuerza de Mike.

—Amigo, ¿Qué quieres que te obsequie?

—Cállate—Espetó. Sonrió al ver a Hanji en el marco de la ventana.

Al subir los dos estaban adoloridos y fríos, cansados por el esfuerzo que requirió su hazaña. Se sentaron en el suelo, Nanaba los observaba colocándoles mantas en los cuerpos ayudada de Mike quien al parecer sentía mucha culpa por lo sucedido al argumentar que, en primera instancia, debió haber ido él. Ya nada había que hacer que pudiera cambiar las cosas, eso era todo.

Los hipidos detrás de los esposos se hicieron muy audibles, prefirieron hacerse a un lado, enseguida el niño se lanzó hacia sus padres. Hanji se quejó un poco ya que le dolió el abdomen, Levi solo hizo un mohín, luego miró a su hijo: ligeramente temblaba abrazado a su madre, con el rostro pegado al hombro de ella.

—Te… vas a mojar la ropa cariñito—. Ella se esforzó para hablarle, le acarició la cabeza y se aproximó más a él.

—No importa—. Respondió, su voz flaqueaba. Dejó salir un poco de llanto.

Llevó su mano hasta rebuscar en el hombro de su padre, quien se regocijo en su accionar y se dejó arrastrar un poco más, sumergiéndose a complacer a Dave y tratando de mitigar su miedo.

Los tres estaban muy juntos, Dave los unía a ambos en un abrazo compartido. La escena perfecta en que una familia que estuvo antes en crisis, parecía querer sostenerse por dónde fuera posible.

—Hey ¿Qué pasa? —. Quiso saber Levi.

—Me dio miedo—. Contestó Dave.

Hanji tenía la necesidad de decirle que ella también tuvo miedo, por un momento creyó que sería arrastrada por siempre en aquel río, que de estrellaría con algo y quién sabe que más le hubiera ocurrido a su cuerpo. Tuvo miedo, sí, porque pensó en que si se dejaba llevar ya no tendría la oportunidad de verlo a él, luego a los demás: Levi, Gretchen, sus padres.

Y cuando Levi fue quien no la soltó creyó firmemente en la gran voluntad y fuerza de ese hombre con ella, quizás algún día le diría cuánto estaba agradecida porque no se rindió aferrándose a no dejarla ir.

A manera de sigilo, Gretchen se escabullo también con ellos. Se sentó al lado de Levi y se abrazó a él: le fue difícil lidiar con aquella situación, especialmente porque no sabía qué hacer y tenía que controlar a su hermano porque quería lanzarse a la calle.

Alzó su rostro hacia su padre, él la miró, ella le hizo un gesto particular de "hablar" y señaló a Hanji y a Dave con el mirar.

Mike y Nanaba se retiraron, luego lo hizo Gretchen.

Levi se fue a la habitación de huéspedes para lavarse y cambiarse ropa seca, quiso ayudar a Hanji a hacer lo mismo, ella insistió en que podía sola: sin embargo, Gretchen fue con ella para ayudarla. Todos la veía muy adolorida. Después del baño, Nanaba llevó ungüentos que Margarita se encargó de masajear a Hanji en el abdomen con ello, al parecer se le estaban formando una gran mancha morada.

Cuando estuvieron listos, secos y con ungüento en el cuerpo: Levi se aproximó a Hanji que estaba con Dave, ahora estaban aún más apegados.

La habitación de huéspedes estaba alumbrada apenas por la lámpara de mano que llevaba Levi. Se sentó al borde de la cama, despacio, no quería que algo le perturbase a Hanji.

—¿Cómo te sientes? —. Le preguntó Levi a Hanji.

—Cansada. Pero bien y feliz—. Dijo cerrando los ojos, se acurrucó en Dave.

El hombre inhaló aire profundamente, reparó en las miradas que recayeron en él.

—No creo que sea el momento más indicado, solo quiero decirlo ya.

—¿Eh?

—Es sobre ese bebé que tú y hermana creyeron tan tontamente—. Quizás se escuchó un poco rudo. —No existe, nunca existió y tampoco tengo algo semejado una relación con… aquella.

—¿Qué? —. No era que no entendió, estaba aturdido.

El hombre se llevó la mano a la cara, a frotarse la frente sin creer en lo rápido fue al decirlo, se sentía bien y ligero al soltar en un solo párrafo la mentira que desencadeno una serie de problemas. Juró que Hanji esbozó una tenue sonrisa disimulada, tratando de ocultarse en la oscuridad.

—Lo que escucharon.

Seguramente el asunto con Hanji sería aún más largo de tratar. Pasaron unas horas, casi todos dormían, el cielo seguía implacable en medio de la tormenta.

Se encontraron hablando ellos, un poco bajo para no molestar a Gretchen y Dave que dormían juntos en la cama, Hanji antes estuvo con ellos, no podía dormir y fue cuando se levantó y caminó hasta Levi, él recostado en un sillón que entraron a esa habitación, la miraba tranquilo.

—Lo siento—. Murmuró él bien bajo.

Hanji abrió un poco los ojos, su corazón palpito fuerte ante aquella disculpa.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Lo sabes bien—. Refutó. — porque te insulte de verdad.

—Ohh… los dos lo hicimos—. Admitió, bajando un poco la mirada.

—Creo que sí.

Un trueno interrumpió.

—Lo siento también, Levi—. Hizo un ademán con el dedo sobre el puente de su nariz. —¡Oh! Lo olvidé, no tengo lentes, los perdí en el agua.

—Tonta—. Soltó él.

—Lo sé.

—No lo dije en serio.

—Lo sé.

—Tsk.

Rieron un poquillo, se miraron fijamente y luego volvieron a mirar a otro lugar. No tenían lugar para dejar las dudas de que se necesitaban, no lo negarían.

Simplemente, no era el tiempo: eso, tú y yo lo sabemos.

No fue la única ocasión en que se quedaron a solas conversando, las dos noches siguientes en medio de la oscuridad, las tardes después de comer y ordenar los cuartos (según la costumbre de Levi), las mañanas en que corrían a la ventana para ver si el agua empezaba a retirarse de las calles… parecía que no todo era tan malo, no podría serlo. La noche de Halloween pasaron reunidos todos en el pasillo de las habitaciones sentados en la alfombra contando historias de terror y comiendo brownies con manjar y oreos trituradas y trufas todas rebosadas en fideos de chocolate. Antes de las historias de terror conversaron sobre los disfraces que pensaban usar ese año, o de lo que harían como tradición.

Cabe señalar que Mike volvió a recaer con fiebre tras exponerse al frío de la tormenta.

Y como era de esperarse alguien no podía dormir y ya no era Dave, sino Gretchen, y Levi se mostró contrariado porque fue ella quien impulsó lo de las historias de terror y terminó muy asustada por la historia que él se inventó. Y ella le había dicho temblando: «Que me de miedo no significa que no me gusten ni que voy a de-dejarme de acercar a lo sobrenatural». No la entendía, qué hacerle.

En silencio se volvió a reunir con Hanji (fuera de la habitación dónde dormían) y conversaron, y se dijeron muchas cosas que no logramos entender porque hablaron muy bajito casi con susurros inentendibles pero si es grato asegurar las siguientes: ella le dijo que quería asegurarse de que Dave estuviera bien, porque la semana anterior fueron llamados por el Dr. Pixies en razón de que el desfibrilador había enviado información de la aparición de dos arritmias que el aparato se encargó de corregir, solo fue para que sepan ya que no había peligro mayor. Él le respondió que también quería lo mismo, ella le dijo que estaba disfrutando de esos días, él le devolvió un ademán con la mano, ella le tomó la mano y él la apretó. Se soltaron. Él le dijo que pasando todo, se encargaría de arreglar el desorden de la casa que dejara el huracán. Vendería el apartamento y se compraría otro, porque iba a mantener la distancia entre los dos, ella le dijo que estaba de acuerdo. Ella quería hablar respecto a la noche en la discoteca; decirle que ella no planeo nada con Smith, que todo fue casualidad. No sabía cómo hacerlo, lo quería y, sin embargo, le daba miedo.

Quizás no sería necesario, Levi lo sabía. ¿Cómo? Simple, pues, él estuvo averiguando a través de Mike quien a su vez fue tras Nanaba. Cómo era de esperarse, Hanji se lo contó a Nanaba y como Nanaba y Mike sabían lo mismo ella le dijo a Mike lo que Hanji le contó y a su vez éste se lo contó a Levi, Levi reaccionó así "No me interesa, es su vida". Mintió a Mike, en realidad había sido un gran alivio para su alma atormentada, pero que por emociones que le turbaron la mente llegó a hacer otras cosas.

—Yo no me he visto a propósito con Erwin Smith—. Dijo ella.

—Lo sé—. Murmuró Levi sin mirarla, de nuevo la espina lo asedió.

—¿Cómo?

—Si tú lo dices, te creo.

Vino el silencio sepulcral, él sabía que no hizo lo mejor: dejaría morir su secreto.

2 de noviembre

El agua poco a poco fue abandonando las calles dando paso para visualizar con mayor amplitud la magnitud de los daños ocasionados. Unas casas más afectadas que otras. Los vecinos, que en breve salían de sus casas para las revisiones, caminaban y charlaban a gusto con las demás familias: comentaban cómo pasaron aquellos días y de los daños que hubo en Manhattan y Coney Island: de este último, el gran incendio que arrasó con un centenar de casas, no sabía aún si hubo muertos.

Restaba esperar a que se restableciera el servicio eléctrico para ver qué mismo sucedía en el resto del país.

Así mismo los Zacharius se aventuraron a salir, a mirar la fachada de su casa que en verdad no estaba tan mal. El árbol por alguna razón de fuerza mayor aún seguía en pie, aunque, no se podía decir nada de los autos de Levi y Mike, pues, habían quedado bajo agua que inundó el garaje subterráneo.

En fin, se escuchaban palabras entre vecinos: "Me alegra que sigamos con vida" dijo alguien a otro alguien que Levi desconocía a ambos.

El olor del aire parecía mezclado con aire de mar, una sensación fresca que llenaba de recuerdos a ellos a Hanji y Levi quienes estaban caminando uno al otro del otro, en busca de una calle principal en dónde hubiese mayor flujo de vehículos para conseguir un taxi.

Levi alzó la mano, consiguieron un taxi. Se subieron. Pronto llegaron a un centro médico: ambos necesitaban ser revisados por un galeno. Era normal que hubiera muchas personas esperando, ellos también lo harían. Irremediablemente el dolor a ambas los persiguió durante esos días, a Levi el dolor en su brazo, no quería pensar que en realidad tuviera un desgarre muscular. Sin embargo, volteaba a mirar a Hanji y no se arrepentía, si ahora su brazo dolía no podría ser nada en comparación de que le hubiese sucedido algo peor.

De por sí que se hubo golpeado dos veces (por la reja que le golpeó el hombro y parte de la frente, y el golpe contra la trompa de un auto en el abdomen), resultó ser peligroso, Hanji tenía como secuelas, dolor y moretones.

—¿A dónde vamos? —. Preguntó ella una vez que salieron del centro médico.

Levi pidió un taxi.

—Vamos a la corporación quiero ver si hay o no daños. También quisiera ir por Isabel, luego iremos a la casa.

—¿Con los chicos? —. Preguntó una vez sentada al lado de él en el vehículo.

—No, a nuestra casa.

Aquella oración resonó con magnificencia para ella, y que por supuesto generó la misma emoción en él. Cuando finalmente llegaron a su casa desolada por la tarde, se impacientaron cuando estuvieron fuera. No fue necesario mover mucho la reja, pues parecía que si iría a caer si la seguían manipulando, la excusa perfecta que tenía Levi para quitarla y luego colocar una con tecnología.

Avanzaron, a simple vista parecía que solo agua corrió por ese lugar. Luego, se fijaron en la escultura de la pileta de agua: no tenía cabeza, otra no tenía brazo. Cómo sea, seguía diciendo Levi. Caminaron, el jardín evidentemente estaba destruido y lo más grave—quizás— fue la caída de dos palmeras, en ella área de la piscina, una cayó en el agua y la otra estaba impactada con la gruta.

Además de cosas y basura traídos por el agua y el viento, parecía que no hubiese mayores daños. Aún no entraban a la casa, quien sabe.

Se quedaron quietos, parados uno al otro del otro observando su enorme casa; pensando en los acontecimientos, en su vida, en los hijos y lo que pudo suceder.

—No importa, se puede arreglar—. Dijo Levi por la pileta decapitada.

Ella asintió, esbozó una ligera sonrisa.

—Mientras se pueda, que se haga todo esfuerzo y que sea válido—. Comentó ella.

—Tiene que ser.

Ninguno de los dos miró al otro, presentían una fuerte conexión que los estaba forzando a unirse en cuerpo, a aferrarse a lo verdaderamente bueno, satisfactorio y que ofrecía felicidad.

Se escuchaba más fácil de lo que se pudiera realizar, para ello, ambos sabían que el tiempo y la paciencia eran esa poderosa arma para restablecer la quietud, la buena voluntad… agréguese también el amor hacia todo.

Se percataron, al final, de los estragos más importantes que les dejó la tormenta: la unión.

Estaban listos, se miraron, estaban listos para dejarse ir, ambos lo sabían: necesitarían el tiempo y la paciencia para reestablecerse como un equipo. Ella estaba lista para decirle adiós, él estaba listo para decirle adiós sin que exista resentimiento.

Lo deseaban, ambos lo sabían, sabían que estaban cansados y por ello lo mejor sería vivir lejos del otro.

Y así fue como no volvieron a hablar de cosas innecesarias.

Y así fue como finalmente se resignaron a dejar que el otro viva.

Y así fue como se soltaron y vivieron por diferentes cuentas…

Porque no había mejor comienzo que colocando un buen punto final.

...

Qué enseñanzas nos dejarìa este capìtulo?

Piénsalo 💫

!Hola! Muchas gracias por leer. Me encantan sus comentarios :) Levihan,
Scarlett1988 Andume24 navy blue glasses ustedes no lo saben, pero les voy a decir que hay algunas cosas que a veces no he pensando y en sus comentarios hay algo nuevo para darle importancia. !Muchas gracias!

Mientras escribìa este capìtulo Zeta se encontraba activo por lo que sè.

Si hubiese alguna informaciòn errònea, corrijame.

Y ahora que hemos llegado al capítulo 30, nos falta un aproximado de 10 capitulos para el final. 🍂

Este capítulo es especial, muy especial. Hay muchos temas que están inconclusos y que el tiempo nos dirá que sucederá con cada uno de ellos.

01/11/2020