CAPITULO ESPECIAL
N.A: Este no es un capitulo escrito por mi sino por mi amiga Tiamatnerwen quien tambien es autora de maravillosos fanfics y team JiHoo x JanDi como yo. Ella, al ver la falta de momentos ardientes en mi historia, hizo un fanfic de mi fanfic. O sea, un fanfic de mi fanfic el cual es uno de los honores mas grandes que se le puede conceder a un autor de fanfiction. Muchas, muchas gracias, lo amo de aquí al cielo y de regreso
Advertencia: claramente este capítulo es M por escenas explicitas
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Después de las nupcias de Yi Jung y Ga Eul, el abuelo, Ji Hoo y Jan Di no dijeron nada en el camino de vuelta a casa acerca de la "amenaza" que se había recibido de los hermanos Bo. No era necesario, todos sabían que en algún momento tendrían que enfrentarlos nuevamente, pero nadie parecía querer hacerse a la idea de que fuera tan pronto.
—Me iré a descansar. Los viejos ya no estamos para estos trotes, jeje…Buenas noches
—Buenas noches, araboji. —dijo Ji Hoo
—Que descanses, araboji. —dijo Jan Di
Ambos lo vieron retirarse y Jan Di empezó a despojarse de su saco.
—¿Estás bien? —le preguntó Ji Hoo
—No lo sé. Creo que no esperaba que algo como esto pasase, pero lo bueno es que tú estás con la consciencia tranquila, y además, ahora no estoy sola.
Ji Hoo se acercó a ella y la abrazó tiernamente.
—Nunca estuviste sola, Jan Di.
Ella sólo atinó a soltar un suspiro contra su pecho mientras le devolvía el abrazo. Lo cierto era que después de todo el trauma que habían pasado, se sentía un poco egoísta al sentirse tan feliz por saber que Ji Hoo al fin había aceptado sus sentimientos.
Después de un largo rato, él se separó de ella y le deseo buenas noches con un beso.
Ji Hoo regresó a su cuarto y fue a cambiarse al baño. Cuando finalmente se acostó en su cama, no podía dormir. Eran tantas cosas las que pasaban por su cabeza que no lograba conciliar el sueño. Había estado realmente atormentado al pensar que había matado a una persona, pero ahora sabía que no lo había concretado.
—Aunque igual jalé del gatillo…—se dijo.
No había tenido un solo momento de duda al hacerlo y sabía que probablemente no lo volvería a tener dependiendo de las circunstancias, pero, por ahora, la angustia que había pesado como plomo sobre sus hombros se había deshecho.
Otro de los motivos por los que no podía dormir era Jan Di. Finalmente estaban juntos, finalmente habían alcanzado un punto medio y se habían encontrado en él. Las cosas hubieran sido tan distintas tan sólo unos meses atrás, antes que todo ese infierno viniese a cernirse sobre ellos. Él de buena gana hubiera aceptado cualquier cuerda que Jan Di le hubiera lanzado con la esperanza de hacerla suya…pero ahora, podía sonreír y disfrutar de saber que esto era mucho mejor que eso.
Él no era un paño de lágrimas para las heridas que otro había dejado…él era el hombre que Jan Di libremente había elegido.
Mientras pensaba todo esto, un extraño presentimiento lo atacó y sus ojos se desviaron hasta el cuarto de Jan Di y a través del papel de arroz que cubría su puerta observó una luz prenderse y pronto estuvo de pie, dirigiéndose hacia donde su corazón le decía que debía estar.
Abrió la puerta sin preguntar, había ocasiones como estas en las que sabía que podía entrar y ya. La encontró echada de costado con la luz de la lámpara prendida, mirando hacia nada en específico.
—Hola…—le dijo ella sin levantar la vista.
—Hola—entró a la habitación y cerró la puerta. Se sentó en un costado de su cama y posó su mano sobre su cabeza—¿No puedes dormir?
—Por lo que veo, tú tampoco.
—Mmm…pero mis razones podrían ser diferentes a las tuyas.
—Fue sólo una pesadilla…—Los malos sueños de Jan Di habían ido disminuyendo a medida que los días pasaban, sin embargo había ocasiones en que aún regresaban a atormentar su sub consciente. —A veces lo recuerdo todo tan vívidamente, como si aún fuera a abrir los ojos y despertar en mi celda, con miedo y sin saber si tú estabas bien.
—Eso no ocurrirá. Ahora, estás aquí conmigo. No dejaré que vuelvas a desaparecer de mi vista de esa manera.
—¿Te quedarías hasta que me quede dormida?
—Claro
Ji Hoo se levantó y Jan Di volteó e hizo espacio en la cama para que se echara junto con ella, recostó su cabeza en la almohada y quedaron frente a frente. No era incómodo, el silencio entre ellos era algo natural en su relación y lo disfrutaban, Ji Hoo observaba cómo Jan Di miraba sus facciones atentamente, un hábito que se le había formado desde que empezó a echarse a su lado de vez en cuando en las tardes. No obstante, en esta ocasión, pudo ver que sus mejillas se habían teñido rápidamente de rojo mientras cerraba los ojos.
—¿Qué ocurre?
—Nada…
Ji Hoo posó su mano en su mejilla.
—Mírame
Jan Di obedeció pero al instante sintió que sus mejillas se pusieron aún más rojas.
Había estado, como siempre, admirando lo increíblemente guapo que era Ji Hoo: sus ojos tan profundos, la caída de su cabello, su perfecta y recta nariz, los labios que ya tantas veces había besado ese día; cuando de pronto, las palabras de Junko regresaron a su cabeza.
Sí, sí, muy guapo y perfecto, pero vamos a lo importante… ¿qué tal es en la cama?
Y apenas las recordó, sus mejillas se llenaron rápidamente de sangre y sintió la imperiosa necesidad de dejar de ver a Ji Hoo, pero él, claro, le tuvo que pedir que lo mirase y al hacerlo, sus propios pensamientos y curiosidad acerca de realmente cómo sería…provocaron que nuevamente se volviera a sonrojar.
El impulso terminó por vencer a la vergüenza y ella se acercó para besarlo, Ji Hoo se sorprendió un poco, pero pronto se unió a ella. El beso fue suave al inicio, pero luego de unos cuantos mordiscos y algunos roces húmedos de sus lenguas, se profundizó.
No es que no se hubieran besado antes de esa manera, pero ambos sentían que esa vez era diferente de alguna forma. Bajo el cómodo calor de las sábanas, la cintura de Jan Di se hallaba fuertemente aprisionada por dos brazos, y la espalda de Ji Hoo era jalada con insistencia, obligada por dos pequeñas manos a pegarse más al cuerpo que lo necesitaba.
Estaba tan cerca el uno del otro que una hoja de papel no pasaría entre ellos. Hubo un momento, sin embargo, en el que Ji Hoo se separó de ella renuentemente. Sus instintos le decía que iba en la dirección correcta, pero para algo tan importante como eso necesitaba confirmación visual. Mantuvo el contacto visual con Jan Di en todo momento mientras que una de sus manos vagó hasta llegar al borde de su camiseta; lentamente, dejó que sus dedos tocaran la piel debajo de ella, ganándose un pequeño gemido por parte de Jan Di.
Había miedo en sus ojos, cierto, pero también deseo.
No tuvo tiempo de pensarlo demasiado al ver que ella misma, valientemente, bajaba las manos para despojarse de la prenda que le impedía tocarla directamente. Ji Hoo aún no se permitía mirar, pero sus manos le daban una más que clara idea mental de cómo era el cuerpo de Jan Di. Sin ninguna clase de ceremonia, se levantó para posicionarse sobre ella y finalmente observarla como era debido.
El pecho de Jan Di subía y bajaba al ritmo de su agitada respiración y el rubor que había adornado sus mejillas minutos antes, ahora se extendía por toda su piel. Tomo un seno con una mano y le agradó la reacción que obtuvo: ojos brilantes, puños que se cerraban contra las sábanas, garganta que dejaba escapar guturales sonidos, espalda que se arqueaba ante su roce…era como si Jan Di se hubiese vuelto un instrumento en sus manos, uno que producía la más fina y exquisita melodía.
Pero en toda la belleza que había frente a él, Ji Hoo no puedo evitar observar las pequeñas cicatrices que se extendían a través del brazo de Jan Di, invisibles para quien no prestaba atención. Él sabía que todas y cada una de ellas habían sido en afán de mantenerlo a salvo, el esfuerzo de ella por protegerlo. Si bien eso debería haberle alegrado, había parte de él que lo odiaba, detestaba que ella no hubiera confiado en él y aborrecía que hubiese sufrido como lo hizo.
Con un rápido y fluido movimiento se deshizo de su camiseta también y tomándola de ambos brazos hizo que se sentara.
—Nunca más volverás a ocultarme algo ¿lo entiendes?
Un tembloroso suspiro salió de los labios de Jan Di.
—No estoy bromeando—los ojos de Ji Hoo demostraban la profundidad de sus sentimientos. Jan Di entendía perfectamente por qué le estaba exigiendo eso.
—Lo prometo…jamás volveré a ocultarte nada…—le contestó tomando su rostro con ambas manos. Ji Hoo capturó una de ellas y la besó, lentamente fue bajando por cada centímetro de piel hasta llegar a sus marcas y por fin, luego de lo que a Jan Di le pareció una eternidad, sus labios se posaron en su pecho. Habían ido cayendo de regreso al colchón y las sábanas que los cubrían quedaron olvidadas, al igual que el resto de sus ropas minutos más tarde.
Piel contra piel, respiraciones tibias, piernas entrelazadas, eso eran Ji Hoo y Jan Di en ese momento. Cuando ella sintió su mano viajar al sur de su centro tuvo que contener la respiración, Ji Hoo por su parte estaba encantado de encontrarla tan dispuesta y lista para él…un dedo, dos dedos, era demasiado sencillo entrar y salir.
—Acuéstate—su orden salió con un grave rugido desde el interior de su pecho y Jan Di tenía la vaga noción de qué se avecinaba, pero fue sólo cuando sintió su lengua pasear de arriba a abajo en su entrepierna que supo con certeza lo que seguía.
La vergüenza se apoderaba de ella, pero la lujuria que había nacido desde su vientre se encargó de hacer trizas el sentimiento anterior. Se obligó a sí misma a morder una almohada para no gritar del grandísimo placer que estaba experimentando y Ji Hoo lo lamentaba, le hubiera encantado escucharla, pero sabía que su abuelo tenía el sueño ligero, no sería bueno levantarlo con esa clase de sonidos.
Cuando por fin pudo sentir el cuerpo de Jan Di tensarse y un llanto placentero escapar de su garganta, se separó de ella, sintiendo su propio ser tenso y pulsante, a sólo un respiro de terminar…pero no, aún no, tendría que aguantar sólo un poco más.
Retornó a su boca y Jan Di sintió una extraña mezcla de su sabor en los labios de Ji Hoo y pronto quiso hacerle sentir el mismo arrebato de pasión que ella había sentido hace poco. Cuando sus dedos rozaron algo duro pero cálido, Ji Hoo se sobresaltó.
—No…
—Pero yo…
—Digo que no ahora, podrás hacerlo la próxima vez, si quieres…Hoy es acerca de ti, quiero disfrutarte ¿Me dejarás?
Ella reconoció la propia pregunta que le hiciese el día anterior y asintió afirmativamente.
No pasó demasiado tiempo entre besos y caricias para que Ji Hoo se posicionase en ella y se abriese paso en el cuerpo de Jan Di.
Nada de lo que ella se había imaginado se acercaba a la realidad. Ver el rostro de Ji Hoo contorsionado por la libido que estaba impregnada en cada superficie de la habitación hacía que olvidase fácilmente el agudo dolor que había sentido al tenerlo dentro de sí. Estaba segura que sus uñas se estaban clavando en cada parte de piel que hallaba, pero a él no le importaba, quería compartir esto con ella, sentir lo que ella sintiese, porque esta era Jan Di, entregándose a él en cuerpo y alma, en esa pequeña habitación, no en un gran hotel luego de una cena romántica y rosas como alguna vez lo hubiera soñado. Para Ji Hoo esto era mil veces mejor.
Su ritmo era perfecto, hubieron dificultades, momentos en los que hubo que detenerse y acomodarse, pero eso no importaba, ellos estaban hechos el uno para el otro y eso hacía que todo fuera perfecto. Sus almas siempre lo había sabido y ahora sus cuerpos se estaban encargando de firmar el pacto con sangre.
Pronto todo fue rápido, un vaivén sensual y cautivador que prometía llevar a Jan Di al borde de la inconsciencia, podía sentir el calor acumulándose nuevamente, cada vez más rápido, más fuerte, más rápido…más, más…más…
—Mírame…—le dijo el por segunda vez en la noche, entre jadeos ahora y adornado por una leve capa de sudor. Segundos más tarde Jan Di fue testigo de lo más maravilloso que hubiera visto y estaba segura que nada se podría comparar con ese momento. Absolutamente nada.
Ji Hoo cayó agotado sobre ella, aún dentro y pulsante, y aun moviendo sus caderas en un afán de que el sentimiento jamás terminara. Eso fue más que suficiente para que esta vez Jan Di volviese a ver estrellas. Fuertes y graves sonidos se escuchaban en toda la habitación, la precaución había sido lanzada al viento en esos escasos últimos instantes en que dos corazones celebraban haberse reunido.
Y Jan Di se quedó dormida.
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—Mmm…
—¿Despierta?
Jan Di volteó la cabeza intentado evitar el sol y vio a Ji Hoo sentado en una silla al lado de su cama, observándola.
—Creo que sí…¿qué hora es?
—Las once de la mañana.
—¿¡Qué!? —Jan Di se sentó de golpe haciendo que sus músculos se quejaran automáticamente—¡Auch!
—¿Te encuentras bien?
—Sí, bien…bien…sólo algo, adolorida.
—Lo siento—le dijo él y se acercó a darle un beso—no quise hacerte daño
—Y no lo hiciste, en ningún momento lo hiciste.
Jan Di entonces prestó atención a su cuerpo y vio que estaba vestida.
—Te quedaste dormida rápidamente, pero no podía dejarte así. Te limpié con una toalla húmeda y pensé que te sentirías más cómoda si despertabas con algo de ropa.
—Gracias…—comentó algo azorada, no que no hubiera visto todo de ella hacía algunas horas, pero igual.
Ji Hoo entonces, tomó la mano derecha de Jan Di y besó su dedo anular. Ella se sorprendió mucho y cuando regresó la mirada a su alma gemela lo encontró sonriente, como un ángel que había viajado en el rayo de luz que lo bañaba sólo para entregarle ese hermoso obsequio. Jan Di sabía que había una silenciosa promesa en ese gesto y lo aceptó con total gratitud.
—¿Quieres desayunar? —pregunto él.
—Me encantaría—contestó ella.
FIN
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N.A Me encantó, gracias de verdad...
