Caminaban despacio hacia uno de los calabozos alejados del palacio, eran superados en número por los guardias y mientras Zoe iba herida, Lux seguía en estado de inconsciencia.

Darius recorría el grupo con su mirada de forma constante, a la vez, observaba a los guardias y en todo momento se mantenía atento a Luxana. En su mente ideaba formas de escapar sin revelar su verdadera naturaleza. Por alguna razón, sentía que mantener ocultó que era un celestial, era lo mejor. Para sí mismo, revelarlo tal vez significaría revelar también que era Lux y eso podría suponer un peligro para ella al estar en la nación que despreciaba la magia.

—Detenganse —Los guardias detuvieron su andar al escuchar aquella voz a sus espaldas.

—Capitana. —Saludó uno, pero la joven no respondió.

—Sueltenlos —ordenó.

—Pero... —uno de los oficiales intentó disernir su orden.

—He dicho, sueltenlos. ¿No has escuchado?

—El Rey Jarvan IV...

—El Rey actualmente no es rey. ¿No ven lo que ocurre? El palacio fue tomado, Demacia es un caos en éste momento. Decidan, ¿escucharán a sus superiores, o simplemente seguirán a un rey que no tiene poder en su propio reino?

Los guardias se miraron entre ellos, dudando en qué opción tomar. El que retenía la cadena de Fiora, la liberó y dió un paso atrás. Los demás le observaron e imitandolo, su compañero soltó a Darius y una vez libre, el otro le entregó el cuerpo de Lux cuando éste se acercó.

—Gracias —dijo Fiora y Quinn sonrió, acercándose hasta tomar una de sus manos.

—No pasa nada. Lo que he dicho es cierto. —Se acercó a Lux y pasó una mano por su frente—. Está helada. Vengan, sé quién puede ayudarla.

—Espera, Zoe... —Darius advirtió sobre el estado de la niña y Fiora se acercó al guardia que la sostenía.

—Yo me encargó —subió a la niña a su espalda y avanzó para seguirles—. Rápido, vamos antes de que se arrepientan y regresen por nosotros.

Fueron guiados por las calles desoladas. Cómo había dicho Quinn, el rumor de que el palacio había sido tomado se había esparcido. Las personas se habían escondido, estaban resguardados, muchos, sobretodo nobles, estaban saliendo de la ciudad y probablemente las ciudades cercanas ya estarían enteradas también.

Llegaron a una gran casa a unas cuantas cuadras, la puerta estaba abierta y se adentraron despacio. Un guardia les negó la entrada, pero una joven llegó tras él y evitó que los echara. Quinn saludó con una reverencia y la mujer sonrió, le indicó con su mano que pasara, la guerrera asintió y entró, seguida por Fiora y los demás. La puerta se cerró tras ellos y la joven reconoció a Luxana entre los presentes, se acercó corriendo y tomó su rostro entre manos.

—No sé exactamente qué le ha pasado —explicó Quinn.

La joven sonrió y asintió. Hizo una señal con sus manos a Darius para que la siguiera y acomodó un cojín frente a la chimenea, dónde señaló que acostaran a la rubia. Darius dudó.

—Hazlo. No le ocurrirá nada —la extraña mujer mostró una sonrisa y señaló a Zoe y el segundo cojín.

Fiora acostó a la niña junto a Zoe y retrocedió. Esperaban para saber qué ocurriría y de pronto la chica comenzó a desprender un brillo de sus manos.

—Su nombre es Sona —Fiora y Darius se volvieron hacía Quinn—. Es una maga, pero pocos lo saben. Es una muy buena persona y tiene el don de la curación. Descubrí su poder cuando me ayudó a recuperarme de unas heridas. Si alguien puede ayudar, es ella.

—¿Están bien? —Preguntó el único hombre del grupo acercándose.

Sona asintió sonriendo. Zoe tenía el rostro relajado mientras la herida de su abdomen se cerraba lentamente, borrando cualquier rastro de lo que había ocurrido. Lux, seguía sin mostrar reacción alguna, pero la joven sentada tras ella parecía pensar de otra manera.

Cuando las heridas de Zoe fueron curadas, posó ambas manos sobre la frente de Lux, pero dejó de emanar energía de sus manos. Solo estaba ahí, sentada, con el rostro inerte y las manos a escasos centímetros del rostro de Luxana.

—Despierta, Lux... —Pensó Sona, buscando en el interior de Lux el por qué de su letargo—. Aún tienes una tarea por hacer.

—¿Por qué puedo escucharte? —Sona escuchó aquello y sonrió, aunque solo ella podía escuchar aquello pues los labios de Lux no se habían movido en ningún momento.

—Porque yo te lo permito.

—Siempre me gustó tú música, Sona.

—Gracias. Me haces sentir halagada.

—¿Qué debo hacer?

—Lo que consideres correcto.

—¿Cómo saber qué es lo correcto?

—Lo sabrás en su momento. Sé que no es fácil tomar decisiones tan complicadas, pero, a veces, no se puede conseguir que todos obtengan lo que quieren. Sin embargo, ¿qué quieres tú? Te será más fácil si piensas así.

—Sé lo que no quiero... No quiero ser reina.

—No tienes que serlo. Solo tienes que evitar que un mal rey dirija a Demacia.

—Hay mucho en juego.

—Lo harás bien. Confío en ti, pero, debes levantarte y pelear.

—Me siento débil.

—Es normal, pues han drenado mucha de tu magia, pero, sabes que tiene más poder que el que te han robado. No lo escondas. Se libre, Lux. No te contengas nunca más.

—Gracias.

Los ojos de Lux se abrieron lentamente y mientras se sentaba, Darius prácticamente se lanzó a ayudarla. Ella sonrió al verlo frente a ella y acarició su mejilla.

—Lamento haberte preocupado.

—No te disculpes. —Darius tomó su mano y besó el dorso de ésta con cuidado.

—Salvaré a Jarvan —dijo, sorprendiendo a todos—. Sé lo que ha hecho, y mí propuesta ha sido rechazada. Así que, aunque lo salvaré, no le permitiré seguir poniendo a Demacia en riesgo.

—¿Qué hay de Sylas? —Lux entornó sus ojos en dirección a Fiora—. ¿Cuáles son sus habilidades? —Lux asintió y se quedó sentada, mientras Sona servía té en unas tazas y les entregaba a los demás.

—Cuando escapó, usaba la petricita en sus cadenas para absorver la magia a su alrededor, luego la canalizaba y la usaba como suya propia. Sin embargo, ahora no tiene las cadenas, pero sigue tomando la magia y usándola a su favor. Supongo que ha ideado alguna manera de usar su propio cuerpo cómo receptor de la magia.

—En otras palabras, —intervino Quinn—, el palacio, construido con petricita, que ha recibido ataques de magia durante tantos años...

—Es como entregarle un arma cargada —dijo Lux asintiendo—. Por eso es peligroso. Aunque no le ataquemos con magia, tiene mucha para usar mientras esté ahí. Por eso, solo yo puedo hacerle frente.

—¿Cómo? —Preguntó Fiora con un gesto de desagrado—. Si le atacas con magia será usada en tu contra, y sin magia, ¿qué podrías hacer?

—Todo contenedor tiene un límite —el cuerpo de Lux comenzó a cambiar de apariencia—. Éste cuerpo, aunque es mío, me es difícil controlar mí verdadero poder con él, así que si Sylas lo quiere, se lo daré. Sin embargo, no creo que ningún ser humano pueda retenerlo.

—Si le das tú magia celestial a Sylas, sería muy peligroso —advirtió Darius y ella sonrió.

—Por eso solo debo estar yo con él. Hay que evacuar el palacio.

—¿Te enfrentarás sola a ese tipo? —Preguntó Fiora enarcando una ceja—. Es un suicidio.

—En realidad, soy la única que puede pararlo, por eso yo debo hacerlo.

—Lux tiene razón —la rubia sonrió ante el apoyo de Darius—.La única con el poder necesario para hacerle frente a Sylas es ella. Nosotros solo debemos asegurarnos de que el lugar esté desalojado.

—Pero... —Quinn intentó intervenir pero Sona posó su mano sobre el hombro de la joven y negó con la cabeza.

—Sé lo que planeas —dijo Darius, y Lux amplió su sonrisa—. Es muy peligroso, así que, aunque contribuiré en evacuar a todos, me mantendré tan cerca cómo pueda, y no aceptaré un no como respuesta.

—Va a salir bien, te lo prometo —volvió a afirmar sus ojos en Sona y con ayuda de Darius se levantó—. Muchas gracias —dijo haciendo una pequeña reverencia y la joven le respondió de la misma manera.

Lux y Darius le pidieron a Zoe volver al pueblo Lunari, con Garen y los demás. Comenzaron su camino hacia el palacio una vez que la niña se fue, un poco mejor de sus heridas tras la ayuda de Sona. La maga se quedó en aquella casa que era su hogar, pues se negaba a escapar como una cobarde, esperaría ahí a que las cosas se solucionaran o simplemente terminaran de explotar, peor no huiría de su hogar.

El camino hacia el palacio fue silencioso, buscando mantenerse fuera de la vista de los guardias. Encontraron la entrada secreta al palacio y la usaron para adentrarse sin ser vistos. Pasados unos minutos finalmente llegaron a una de las salas principales y un grupo de magos estaban vigilando, cómo era de esperarse.

Uno de los magos advierte a los demás y corre en su dirección, alistandose para atacar.

—Avancen ustedes, yo me encargo —dijo Fiora cogiendo una espada de la pared y corriendo en dirección al atacante.

—Te ayudo —dijo la mano de Noxus siguiendola en carrera.

—Vamos —Quinn le hizo una señal a Lux y ésta avanzó tras de sí, respondiendo solo con un asentimiento de cabeza.

Abrieron una de las puertas y los rehenes estaban frente a ellas, ahora tenía sentido el por qué de tantos vigilantes en aquella sala. Lux y Quinn comenzaron a soltar sus ataduras, ayudándolos a poner en pie, guiándolos hacia otro de los pasadizos para que pudieran escapar. Las últimas 2 personas entraron por el pasillo y un rayo de luz se acercó a toda velocidad hacia Lux y Quinn, la primera creó un escudo en segundos que las cubrió.

—Vaya, así que finalmente muestras tu verdadero poder —Lux frunció el entrecejo.

—Guíalos a la salida —le dijo a Quinn y ella aceptó, dejándola sola en el lugar.

—Sospechaba que ocultabas algo, tú poder, tú magia, sentía que había más de lo que parecía.

—No la escondía de ti, ni de nadie, simplemente, no era necesario que la usara.

—¿Y ahora es necesario por qué te enfrentas a mí? Me halagas —caminó despacio en su dirección, recorriendo con la mirada cada detalle de la apariencia celestial de Lux—. ¿Qué eres exactamente?

—No te debo explicaciones —abrió su mano al frente y su báculo apareció ante ella. Lo sujetó—. He venido a hablar, Sylas.

—¿Hablar? —Sonrió de medio lado—. ¿Para qué armarte si vienes a hablar?

—Porque no confío en tí. Quise confiar, lo juro, pero una vez más, me usas y me engañas.

—¿Yo te uso? ¿Yo te engaño? —Soltó una carcajada fingida y dio un par de pasos, acercándose lo suficiente para que la diferencia de estatura se notara con facilidad—. He venido a apoyarte, pensando que finalmente le daríamos fin a la tiranía y resulta que venías a pedirle al cerdo asqueroso que se case contigo. Eso es más traicionero, Lucecita... hacer eso, tras hacerme creer ayer que me querías.

—Yo nunca dije que te quería. Lo que haya pasado entre nosotros, no tiene nada que ver con Demacia. Yo estoy aquí para ayudar a mí nación, para buscar la paz y la tranquilidad para buscar la forma de que magos y no magos puedan vivir en paz, sin que nadie tema a nadie y nadie se esconda de nadie. Pero es algo que no entenderás jamás.

—¡Tenemos la misma meta! ¡Pero te niegas a verlo! —Gritó.

—¡Eres tú quién no ve la realidad, Sylas! —Lux dió un paso al frente, elevando el rostro, mostrándose tan firme cómo sus palabras—. Tus planes y los míos chocan, porque yo no deseo tomar a Demacia cortando cabezas y asesinando a inocentes y culpables por igual en el camino.

—No deseo dañar a inocentes, pero si se cruzan en el camino a la libertad de Demacia, no puedo evitar que salgan heridos.

—Si podrías hacerlo, pero simplemente no te importa, solo te importa tu venganza y satisfacer tu ego.

—Sabes que juntos, somos imparables —acercó sus dedos a la mejilla de Lux y ella permaneció inmóvil—. Podemos derrocar al cerdo y hacer de Demacia el lugar que siempre debió ser. ¿Por qué es tan difícil para ti entenderlo, Lucecita?

—No hay lugar para un nosotros Sylas, nunca lo hubo, nunca lo habrá. —golpeó suavemente la mano de Sylas con el dorso de la suya, haciendo que la alejara de su rostro—. Seré clara y escúchame bien, porque lo diré solo una vez. Sigues mí causa y me dejas encargarme a mí de Demacia, para que un día, tras responder por tus crímenes puedas tener una vida normal, o simplemente tendré que ser tu juez y verdugo, aquí y ahora.

—Sabes que no puedes contra mí tú sola, Lucecita, y sabes que no te temo, ¿realmente quieres enfrentarte a mí.

—No deseo enfrentarme a ti, ni a nadie. Deseo lo mejor para Demacia y quitaré del camino a quién tenga que quitar para lograrlo.

—¿Tras decirme eso, aún piensas que somos diferentes?

—No, estoy segura de que lo somos. Tú no miras a quién pisas en tu camino a la cima, y yo, deseo quitar a las personas cómo tu del medio. —Sylas afirmó el rostro, visiblemente enojado—. Toma un decisión, y no, no te daré 3 días. Tienes 3 minutos.