Este Fic es una adaptación de la novela "El beso del Arcángel" de Nalini Singh (y continuación de la novela "El Ángel caído")
el cual les comparto sin fines de lucro, sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Trol mayor" Tite Kubo.
Espero lo disfruten.
Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.
Cursivas, comunicación / vinculo mental
Capitulo 31
Rukia se estaba limpiando la sangre de las mejillas cuando Ichigo salió de la
habitación de Ichimaru.
—Necesito tus habilidades, Rukia.
Ella soltó la toalla húmeda que había encontrado en una de las salas de
tratamiento vacías. Aún le dolía la cara, pero no tanto como le habría dolido si
todavía fuera humana: la sanación ya había comenzado.
—¿El ángel muerto?
Un asentimiento con la cabeza.
—Ichimaru... ¿Está...?
—No es fácil matarlo.
No hablaron mientras volaban hasta el cadáver. El lugar donde se encontraba
era un enorme macizo rocoso. Tras realizar un rápido acercamiento a esa área
peligrosa e irregular, Rukia se dio cuenta de que el aterrizaje iba a ser bastante
problemático. El orgullo podría haberla llevado a intentarlo de todas formas, pero
era muy consciente de que en esos momentos Rafael la necesitaba en plena
forma, capaz de realizar una tarea que solo ella podía llevar a cabo.
Necesito un poco de ayuda.
Ichigo cambió de posición para volar sobre ella y le ordenó que plegara las
alas. Para su sorpresa, a Rukia le resultó bastante difícil actuar en contra de sus
recientes instintos, pero al final consiguió cerrarlas. El arcángel la recogió antes
de que empezara a caer, y realizó un aterrizaje perfecto en el saliente de roca
más cercano.
—Gracias.
Con la mente concentrada ya en el cadáver, se acercó un poco. Desde lo alto
daba la impresión de que el ángel había sido arrojado sobre las rocas: tenía los
huesos destrozados, y las extremidades habían sufrido tantos daños que no
quedaba ni una sana. En esos momentos pudo apreciar que también le habían
separado la cabeza del torso, y que su pecho tenía un agujero en el que faltaba no
solo el corazón, sino también el resto de las vísceras internas.
—Alguien se tomó muchas molestias para que no se regenerara. —La caja
torácica del ángel brillaba bajo la luz del sol de la montaña. Aunque su sangre y a
no era líquida, aún conservaba un brillo endurecido que hizo que Rukia se inclinara
hacia delante para examinarla con el ceño fruncido—. Es como si el
cuerpo se hubiese convertido en piedra. —El caparazón de color rojo oscuro
resultaba extrañamente hermoso.
—No es más que una ilusión —dijo Ichigo—. Sus células intentan reparar los daños.
Rukia se apartó al instante.
—¿Sigue vivo?
—No. Pero un inmortal tarda mucho tiempo en morir de verdad.
—Pero eso no es inmortalidad, ¿no crees? ¿Cómo va a ser inmortal alguien
que puede morir?
—Si se lo compara con la vida humana...
Sí.
—Así que le cortaron la cabeza y le arrancaron las vísceras para cerciorarse.
—También le han quitado el cerebro.
Rukia se fijó en la cabeza.
—Parece entera. —Extendió la mano, pero luego la apartó—. ¿No puedo
tocar nada? —preguntó mientras flexionaba los dedos contra las palmas y se
acercaba a ese cabello cubierto de sangre que en su día había sido rubio.
—No. —Sin embargo, Ichigo ya se había agachado al otro lado del cadáver
y había levantado lo que quedaba de la cabeza del ángel.
La parte posterior del cráneo había desaparecido. Un cascarón vacío. Rukia
se ruborizó, incrédula, mientras asentía para indicarle que podía volver a dejar la
cabeza donde estaba.
—Un trabajo concienzudo.
Ichigo la dejó sobre la roca, con la cara hacia arriba.
—Se llamaba Aloy sius. Tenía cuatrocientos diez años.
De algún modo, todo resultaba más difícil cuando el cadáver tenía nombre.
Rukia respiró hondo y comenzó a separar las esencias. Había muchísimas.
—Aquí abajo han estado muchos ángeles. —Daba la impresión de que su
recién adquirida habilidad para rastrear ángeles funcionaba a la perfección ese
día.
—Todos teníamos la esperanza de poder revivirlo, hasta que descubrimos que
su cerebro había desaparecido.
Rukia observó a Ichigo, situado al otro lado de ese cuerpo que no era más que
un caparazón vacío. Él se lo había dicho, pero...
—¿De verdad la víctima podría haber sobrevivido sin el resto de su cuerpo?
—La inmortalidad no siempre es algo agradable. —Una respuesta que no
dejaba lugar a ambigüedades—. Es muy probable que siguiera consciente
cuando le arrancaron las vísceras.
Rukia tragó saliva y sacudió la cabeza.
—Yo soy demasiado joven para eso, ¿verdad? Si alguien decide filetearme, ¿me desmayare?
—Sí.
—Menos mal. —No deseaba ser de las que se rinden antes de tiempo, pero
tampoco quería saber qué quedaba de una persona después de sobrevivir a ese
tipo de tortura—. Dadas las salpicaduras de la sangre, debieron de arrojarlo
desde una altura impresionante. —Intentaba no pensar demasiado en qué era lo
que se le había pegado a las suelas de los zapatos... Los de criminalística la
odiarían por alterar un escenario de esa forma, pero ella se tranquilizó diciéndose
que el escenario ya estaba tan alterado que no le serviría de nada a nadie que no
fuera un cazador nato—. De cualquier forma —añadió—, no pudo ser desde
demasiada altura, y a que el cuerpo no se ha desmembrado por completo... ¿Hay
alguna forma de saber si entonces aún conservaba los órganos? —Resultaba
imposible decirlo en medio de aquella carnicería.
—Sí. —Ichigo señaló la cavidad torácica abierta—. Hay pedazos de algunos
de ellos. —Estiró el brazo y cogió un trozo que parecía una piedra rosa con los
bordes dentados. La piedra empezó a brillar bajo la luz del sol—. Esto es un
pedazo de hígado.
A Rukia se le puso la carne de gallina.
—¿Estás seguro de que no puede sentir eso?
—Está muerto. Lo que le ocurre a su cuerpo es similar a lo que le pasa al de
un pollo al que le han cortado la cabeza.
—Una respuesta nerviosa. —Era lógico que el cuerpo de un inmortal tardara
más en dejar de reaccionar.
Tras volver a colocar la piedra en la cavidad torácica, Ichigo señaló la cabeza.
—También se han encontrado trozos de cerebro esparcidos por las rocas.
Rukia pensaba tirar las botas que llevaba puestas en cuanto llegara a casa.
—Un impacto tan fuerte habría convertido los órganos en puré —dijo—. ¿No
dificultaría eso la tarea de arrancárselos?
—No si el « cirujano» esperara el tiempo necesario para que los órganos
regeneraran lo suficiente.
Había visto muchas carnicerías con anterioridad, pero la naturaleza de aquel
asesinato hizo que se le helara la sangre.
—Dios bendito...
—Utiliza tus habilidades, cazadora. —Un gentil recordatorio—. El viento no
sopla, pero eso puede cambiar sin previo aviso.
Rukia dejó el horror a un lado y empezó a filtrar las esencias que ya conocía.
Después podría separar a los buenos de los malos. Estaba a mitad del proceso
cuando sus sentidos angelicales desaparecieron de repente, dejando un rastro
limpio y claro.
—Aquí ha estado un vampiro.—No con el equipo de rescate —señaló Ichigo con expresión elocuente.
—Eso significa que estuvo aquí antes. —Rukia intentó no ahogarse con el olor
dulzón del cadáver que tenía delante (un cadáver que no olía a muerto, como
debería), y dirigió sus sentidos hacia el rastro vampírico.
Cedro teñido de hielo. Una esencia inusual, muy elegante.
Abrió los ojos de repente.
—Urquiola. Urquiola ha estado aquí.
Ichigo encontró a Orihime horas después, mientras sobrevolaba el cielo
nocturno por encima de su hogar. Iba ataviada con un mono ajustado que la
convertía en un depredador esbelto y peligroso. No había ni rastro de la
demencia que tanto Noba como Rukia habían visto en ella, y su cuerpo parecía
tan limpio y hermoso como siempre.
—Ichigo —dijo la arcángel, que realizó un aterrizaje vertical para situarse a
su lado—. ¿Has venido a advertirme otra vez que me aleje de tu cazadora?
Rukia tal vez creyera que la herida del pasado de Orihime la había vuelto
más amarga, pero él la había conocido cuando era un ángel joven y sabía que su
ambición era una pira en la que ella habría sacrificado cualquier cosa.
—Entraste en la Galena con la intención de hacer daño.
Una sonrisa cubierta de la más absoluta crueldad.
—No tenía ninguna intención de hacer daño hasta que tu mascota cazadora y
sus amigos se interpusieron en mi camino.
—Heriste a varios de los sanadores nada más entrar. Y cuando te enteraste de
que Rukia estaba allí, la esperaste.
—¿No te desagrada? —susurró ella, con una voz que de pronto empezó a
destilar sensualidad en lugar de veneno—. ¿No te molesta que sea tan débil?
—El poder sin conciencia corrompe el alma —replicó Ichigo, que vio cómo
se endurecían los ojos de la arcángel, a pesar de que sus labios seguían curvados
en una sonrisa que prometía los más oscuros pecados, los más atroces placeres.
Pensó en Aizen, que había caído en la trampa de esa sonrisa, que se había visto
atrapado por la belleza egoísta de esa mente..., pero luego recordó que el
arcángel muerto había elegido su camino mucho antes de que Rukia naciera
—. ¿Por qué mataste a Aloy sius?
—Qué listo, Ichigo. —Una breve inclinación de cabeza. Sus ojos reflejaban
un deleite genuino—. Era uno de los míos; pasó a serlo cuando me apoderé de
parte del territorio de Aizen.
—¿Qué hizo para merecer semejante ejecución? —Como arcángel
gobernante en ese territorio, Orihime tenía derecho a matar a Aloy sius, pero
que el asesinato hubiera sido cometido por uno de los Conversos (un vampiro que
a buen seguro tenía permiso para alimentarse del ángel moribundo), era una
humillación muy estudiada.
Los ojos grises de Orihime se convirtieron en pequeñas ranuras luminosas.
—Colaboró en el secuestro de Kon.
Cualquier simpatía que Ichigo pudiera haber sentido por Aloy sius murió de
forma rápida y permanente.
—¿Te apoderaste de sus recuerdos?
—Inservibles. —Orihime hizo un gesto despectivo con la mano—. Era un
actor secundario, una oveja inocente en el ejército de ese aspirante a arcángel
sin rostro.
—¿Fuiste capaz de descubrir algo que pueda llevarnos a la identificación del
responsable?
—No. Aloy sius solo era un peón.
Ichigo vio la verdad en la sonrisilla de sus labios. Era una sonrisa fría,
implacable, satisfecha.
—Perdiste el control y lo mataste antes de apoderarte de todos sus recuerdos.
—Reía a carcajadas mientras metía a Kon en ese baúl. —Una delgada línea
roja rodeaba sus iris—. Lo vi cuando indagué en su mente.
—¿Fue entonces cuando lo dejaste caer?
—Sí. —Un encogimiento de hombros—. Ya le había roto las alas. Urquiola se
encargó del resto.
Ichigo intentó controlar su frustración.
—¿Cómo descubriste que estaba involucrado?
—Le preocupaba que su amo lo considerara prescindible, y no pudo evitar
contarle sus miedos a su amante. —Una sonrisa lánguida, como la de una
serpiente en la hierba—. Y la lealtad es un lujo muy raro cuando hay riquezas de
por medio.
XXX
Rukia sintió una calma casi sobrenatural cuando subió al avión al día
siguiente. Iban a volar hasta Pekín dos días antes de la celebración del baile, así
que llegarían un día antes que los demás arcángeles.
—¿Ichimaru? —preguntó.
—Está a salvo —le dijo Ichigo mientras despegaban—. Los he trasladado a
los tres (a Kon, a Noel y a Ichimaru) a otro sitio. Noba ha ido con ellos.
—Bien. —Se aferró a los reposabrazos—. Lo siento por Orihime, de verdad.
—Perder un hijo... no quería ni imaginarse lo que era eso.
Su padre había perdido dos hijas.
Por culpa de Rukia.
Se tragó el dolor de la culpabilidad, que era como una losa en su pecho, y se
dio la vuelta para contemplar al arcángel a quien consideraba de su propiedad.
—Pero en el hospital estaba fuera de sí. Si Orihime hubiera podido hablar contigo,
se habría evitado toda esa violencia.
—Das por hecho que Orihime se habría comportado como una humana,
Rukia. —Una respuesta teñida de hielo—. Los arcángeles no están
acostumbrados a pedir permiso para nada.
Ella ya no era la misma mujer que había despertado del coma, a quien la
relación entre ambos le resultaba un absoluto misterio. Ahora lo conocía un poco
más. Lo suficiente para preguntar.
—¿Qué pasa?
Cuando la miró, los ojos de Ichigo tenían ese tono metálico que nunca
auguraba nada bueno.
—¿Te parece mal lo que Michaela le hizo a Aloy sius? Pues te aseguro que yo
no habría sido tan clemente.
Rukia notó que se le humedecían las palmas de las manos.
—¿Consideras que eso es ser clemente?
—Murió rápido. —Hielo en la mirada, el hielo de un invierno gélido y eterno
—. Yo lo habría mantenido vivo durante días mientras destrozaba su mente.
Rukia dejó escapar un suspiro trémulo.
—¿Por qué me lo cuentas?
Necesitas saber quién soy.
Rukia pensó en eso y le dio su respuesta.
—Si Kugo Ginjo estuviera delante de mí, yo haría lo mismo.
Ichigo le acarició la mejilla con el dorso de la mano.
—No, Rukia. Creo que tu furia posee una llama mucho más abrasadora.
La cazadora alzó la mano para entrelazar los dedos con los de él.
—Intentaré detenerte si eso ocurre alguna vez.
—¿Por qué? ¿Te compadeces de los que hacen daño a los inocentes?
—No. —Se llevó las manos enlazadas hasta los labios—. El que me preocupas eres tú.
Ichigo notó que el frío de su interior empezaba a desaparecer, a ser sustituido por el calor.
—Así que intentarías salvarme.
—Creo que sería algo mutuo. —Una voz ronca matizada con recuerdos sombríos.
Ese día había despertado gritando, con la mente encerrada en un horror ocurrido hacía
casi dos décadas.
Ichigo la imitó y se llevó ambas manos a la boca para darle un beso.
—Nos salvaremos el uno al otro.
No hubo más palabras hasta que la cazadora sacudió la cabeza.
—¿Qué pasará si ese ángel, el que quiere Convertirse en arcángel, intenta
algo mientras estamos fuera?
—Nazarach, Dahariel y Anoushka han sido invitados al baile, al igual que
otros con un poder semejante. Rukia se quedó inmóvil.
—Y será allí cuando hagan su siguiente movimiento, ¿verdad? Será el
escenario perfecto, y a que todos los miembros de la Cátedra asistirán al baile.
—Así es. —Ichigo contempló el pulso que latía en su cuello, un pulso frágil
como las alas de una mariposa—. No permitas que se acerquen a ti. Sigues
siendo el objetivo que más atrae a ese aspirante a arcángel.
—No te preocupes. No son el tipo de gente con la que me gusta pasar el
tiempo. —Rukia se estremeció, pero, antes incluso de que añadiera otra palabra,
Ichigo intuyó que ese temblor no tenía nada que ver con el peligro que corría su
vida— Unohana... ¿te has enterado de algo?
—Ha llevado a sus renacidos a la Ciudad Prohibida. Veremos a los muertos
vivientes.
