Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes, tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?

ADVERTENCIA: Contenido sensible.


Acto III: Madurez (El juicio de las almas)

Escena 11: ¡Protejan a los inocentes de los traidores!

-Sengoku es el bueno de esta historia-

-No se de qué lado estás y no se porque quieres hacer que parezca que es de este- dijo Ler, soltando el cuello del hombre lentamente hasta dejarlo caer- pero creo que no eres ni de cerca la mierda de persona que estoy pensando que eres.

- ¿Ah no?- preguntó el, sin expresión . No hizo amago de alejarse de ella, mucho menos de tratar de llamar la atención para obtener ayuda.

Se alejó unos cuantos pasos de él, con las manos en la cabeza como si estuviese frustrada pese a la seguridad de su voz. Cerró los ojos con fuerza y rebuscó los lentes en su bolsillo, se los colocó en su lugar para luego volverse nuevamente hacia el hombre

-Dame una razón para no atravesarte el corazón y acabar con esto de una vez, que no sea el hecho de que estás permitiendo que lo haga.

El se mantuvo sereno. Se ajustó la bata del laboratorio y caminó hasta una serie de papeles que tenía desordenados tras el repentino ataque de ella en su lugar de trabajo. Rebuscó rápidamente hasta que encontró lo que parecía buscar. Se volteó hacia ella, quién alzó las cejas y lo tomó.

Aún con las gafas puestas, leyó el contenido de los papeles, analizando cada palabra. Cuando terminó respiró forzosamente por la dificultad producto de la paliza que Lucci le había dado hace no más de un día, en su interrogatorio. Y ya estaba allí, metiéndose otra vez en la clase de problemas que casi le habían congelado el culo hasta la muerte.

- Bien, esto te vale para que me expliques detenidamente porque planeaste esto- Ler apuntó a los papeles en sus manos- cuando claramente participaste en esto- apuntó a su rostro mallugado, específicamente a sus ojos detrás de la barrera negra.

- Yo no participe en eso. Tú te lo buscaste- aclaro el. Ler pensó que aquella era la oración más larga que le había escuchado decir. Y la más cierta.

De alguna manera, sin haberse ganado originalmente las palizas que le dieron, se hizo merecedoras de ellas de otras maneras.

- Como sea- cortó chasqueando la lengua, sacudiendo desanimadamente los papeles- ¿Padre sabe que estás planeando esto?- el negó con la cabeza mirándola como si fuese estúpida.- ¿Y no lo planeaste porque sabías que vendría a por ti?

-No.

Ler volvió a respirar profundamente mientras trataba de procesar todo en su cabeza sin tener una crisis lógica ni moral.

- Entonces tú lo decidiste por ti mismo...- reflexionó en voz baja. Consideró que ya llevaba tiempo suficiente para que pronto alguien más apareciese y arruinara su esfuerzo para lograr la visita que estaba realizando. Le aterraba pensar que podía ser Lucci- ¿Cuánto vas a tardar?

El parecía sorprendido, como si no creyese que ella estuviese dispuesta a aceptar de esa manera.

- ¿Desde cuándo lo sabes?- preguntó el hombre al percatarse de la seguridad que la joven tenía, como si hubiese gastado muchos años aceptando que esa era la mejor opción para salvarse. O salvarlos.

- Desde siempre- confirmó sin más, poniéndose de pie- no soy una tonta. Cuando entré a la Marina y me ofreció un intercambio puso en la balanza lo que más me importaba en el mundo, y al apar, algo que parecía absurdo. Tú crees que no sé que con lo que he hecho, ¿No debería haberme matado ya?...- echando un vistazo hacia un lado, se cruzó de brazos y comenzó a caminar nuevamente al rededor del espacio en donde se encontraban- Sengoku de verdad intentó matarme cuántas veces pudo, pero Padre lo impidió...Y no porque el hijo de puta del Almirante de Flota fuese precisamente el enemigo.

El la miró detenidamente, reconociendo sin necesidad el peso de la mente de una niña que había tenido una muy mala vida. Y un muy mal padre.

- Padre intentó hacerlo tantas veces en el pasado y después de mi, pero solo funcione yo. De otra forma me habrían desechado por no querer crecer como los demás nobles, pero no puede, no aún. Sin embargo, ahora no solo me tiene a mí donde quiere, también lo tiene a el así que...Si en verdad vas a hacerlo- balanceándose sobre un pie, miró hacia la puerta, como si fuese más allá de ella y notase que su tiempo se le estaba acabado- tienes que apresúrate.

- ¿No es eso imposible para los dos?

Era claro que sí Ler mantenía aquello intacto consigo, el viviría más tiempo.

Con un pero en la oración...Lo matarían igual en algún momento.

La única opción viable era el darle a como de lugar el tiempo suficiente -que el hombre ni se imaginaba como la joven planeaba conseguir- y después, deshacerse de su maldición para que no pudiese ser usada a favor de su Padre y en contra de ella nunca más.

- No tenemos que ser los dos- admitió finalmente- sería una suerte que alguno saliese con vida de esto. Pero...Si es así, quiero que sea él y que aunque viva, Padre no pueda hacer nada con lo que tiene el.

"Solo podrá salir uno."


-¿Ya estás cansada, preciosa?- le preguntó, acercándola aún más, deslizando sus manos sobre el cuerpo femenino- me dijeron que tenía que durar lo suficiente para que no te encontrasen. Al menos hasta la caída del sol- dijo riendo. Leriana ni siquiera le prestó atención a que el sol no había terminado de caer.

Los labios de ella se separaron, como si quisiese contestar pero no emitió ningún sonido. El orgullo por someterla lo motivó aún más :- ¿Qué dijiste, Leriana? No te escucho...

El cuerpo del hombre continuó chocando contra el de ella, quién se mantuvo tranquila hasta que se aseguró de que su cabeza estuviese lo suficientemente cerca para golpearlo con todas las fuerzas que sus manos encadenadas le podían permitir, con una pequeña piedra que había cogido en el clímax de el. Reunió todas su energías en golpearlo de tal manera que pudo sacárselo de encima. Cómo pudo, rodó hacia abajo, un poco más dentro del mar ya que él había ido a parar hacia adelante. Intentó ponerse de pie para echar a correr arriba, pero las piernas se le doblaron por la debilidad, y con la falta de equilibrio por las ataduras en sus manos, cayó al suelo.

- POSEIDÓN- gritó desde el suelo, sin poderse ponerse de pie al no tener en que apoyarse. La voz, la ropa y las esperanzas rotas- ME EQUIVOQUÉ YO. ELLOS...SALV- su grito de clemencia se vió interrumpido nuevamente por el guerrero, quién la lanzó unos metros atrás de una patada, haciéndola estrellarse contra las pequeñas piedras debajo del agua, que ya tenía una profundidad considerable.

Viéndola desde arriba, sabiendo que intentaría lo que sea nuevamente para escapar, decidió que no valía la pena el riesgo. No dejaría que echarse a perder todos sus planes cuando había trabajado tanto en lograr que toda la guardia y las comunicaciones estuviesen fuera de servicio, por lo que la tomó la cabeza una vez más, en esta ocasión, sin ninguna intención maliciosa más que matarla.

El mar comenzó a salpicar y moverse más salvajemente a unos cuantos metros en donde el pataleo y la lucha de Leriana y el hombre se estaba dando. Como si supiese que su Guardiana estaba perdiendo, que poco a poco se le agotaba el aire bajo el agua.

Como si el mar, aún habiéndole abandonado, gritase que no quería matarla.

Pero Teach no la soltó hasta que el cuerpo de la joven se volvió flácido y se aseguró de que no respiraba más. Entonces el oleaje se detuvo al mismo tiempo que el cuerpo de la ex-guardiana comenzaba a flotar en las agua claras, tranquilas, poco profundas, pero que la arrastraron poco a poco lejos de su violador y asesino.

Poseidón llegó a su lado después de retirarse del de sus hermanos.

- Te dije la verdad, Príncipe. Te dije donde estaba...- susurró viéndola desde arriba. Su cuerpo era pálido. Estaba ultrajado, herido y frío. El podía sentirlo- pero no cuando.

El habría preferido matarla antes para evitarle sus últimos momentos, pero necesitaban no querían que ninguno se encontrase, ella debía pasar por aquello, el debía estar con el Príncipe y Plutón con el guerrero.

Urano, desde los cielos había visto todo también, sin intervenir. Por eso Poseidón la acogió en su cuerpo, en sus aguas, para que al menos allí, sin importar el tiempo o el espacio, su alma tuviese paz.

Verla flotando, sola, en el más absoluto de los olvidos, sin haber estado si quiera cerca de lograr su objetivo, le dio en que pensar: La fragilidad de la vida humana, por ejemplo.

Ninguno de ellos podía permitir su victoria, y solo le dejaron vivir un poco más para que en la nueva línea, ninguno de los suyos la encontrase y cometiesen más pecados que pudiesen juzgar aún cuando claramente ellos habían violado su propio pacto.

Pero ella no podía reclamárselos.


Sin embargo, los dioses, sin saberlo, nos dieron la oportunidad de enmendarlo.

Al momento de intervenir y de no hacerlo, de una u otra forma, provocaron las pequeñas grietas en el espacio y en el tiempo, que aunque debían crecer lo suficientemente para tener un verdadero impacto, nos permitieron tener la fuerza suficiente para el golpe final.


Leriana apartó la mirada de Poseidón con los ojos cristalizados. Una vez más, después de no mucho, era capaz de ver también su propio cuerpo hecho pedazos. El dios le puso una mano en el hombro, invitándola a caminar con el. Ler se volteó y lo miró a los ojos azules que negaron a los suyos en su nacimiento, y apretando los labios para no llorar abiertamente, le siguió.

Aquel no era su Reino, que sabía, estaba siendo devastado, destruido hasta no dejar pruebas de su gloria, de su existencia para la historia y el mundo. Lo sabía bien. Y a pesar de eso, sabía también que aquel lugar de luz y tranquilidad no era el paraí podía considerar a aquel lugar como un infierno o el castigo que suponía, merecía justamente.

- ¿No debería estar siendo condenada por la eternidad por Plutón? Se que me lo merezco...- dijo, terminando la oración a penas en una voz audible.

Algunos seres que ella desconocía, pero al parecer, pertenecían allí, salieron a verla, saludándola como si la conociesen. Ellos tenían brillo propio y la belleza que solo había visto en los dioses a quienes sirvió en vida. Sin embargo, no parecían molestos con ella, no en su mayoría. Lucían como si la estuviesen esperando desde siempre. "La del reino de los que ríen" la llamaban.

- Ellos asistieron a su nacimiento, al de los tres- explicó Julián, sobresaltándola. El la miró con una media sonrisa- ya no eres mi guardiana, puedo leer tus pensamientos.

La revelación impactó fuertemente en Leriana, que pudo haber descartado por ser demasiado increíble, pero que le parecía de las pocas cosas racionales después de todo lo que había ocurrido en su corta vida.

Solo se le ocurrió hacer una pregunta que no necesitó contexto para que el lo entendiese, porque ella lo creó todo en su cabeza.

- ¿Porqué?

- No quise asistir- dijo con sinceridad-y algunos aprovecharon a bendecirte porque se enamoraron de ti, otros a maldecirte porque te odiaban. Suele pasar con las nuevas almas que crea el destino, pero en ustedes tres tenían especial interés porque eran las primeras en ser creadas en mucho tiempo para servirnos. Estaban acostumbrados a ver a los viejos Guardianes reencarnar.

La joven comprendió entonces porque siempre sintió que su suerte había sido grande. Y su infortunio también.

- ¿Y nadie pudo ayudarnos?- preguntó con la vista clavada en sus pies descalzos, acariciados suavemente por las olas.

El dios a su lado le miró el rostro decaído, pero limpio y puro porque no quería que toda la maldad y daño la acompañase allí también.

- Nadie debería haberles hecho daño tampoco- le respondió, llamando su atención- que juguemos con ustedes no significa que sean nuestros juguetes. Hay dioses rebeldes, si, e incluso estrellas que les gusta caer de los cielos- algunas risas melódicas sonaron de fondo, provenientes de aquellos que escuchaban la conversación. El ambiente para Ler era irreal- pero la mayoría se abstiene de intervenir en el destino de los humanos de la forma en que nosotros lo hemos hecho.

- Son más inteligentes que ustedes entonces- declaró ella a sabiendas de que ya estaba muerta y que en un ataque de rabia de un dios, no le podía ir peor.

Las risas volvieron a escucharse, está vez con más fuerza, en mayor número, incluyendo la de Poseidón.

- Por eso eres de sus favoritas- dijo cuando terminó de reír- aunque no más que el chico de Urano.

- ¿Ellos me permitieron venir aquí? - preguntó mirando a todos lados, pero los seres ya habían desaparecido. Poseidón negó con la cabeza- ¿Porqué estoy aquí entonces?

El guardó silencio un minuto, dirigiendo su mirada hacia el mar, donde era capaz de ver lo que ocurría con los otros guardianes.

- Por tu traición deberías haber vagado para siempre en el limbo, sin que ni siquiera nosotros pudiésemos escucharte...Pero fuiste más allá y te atreviste a hacer que apareciesemos una vez más frente a ti. Sin embargo, tus métodos también tienen su castigo, que al igual que todo lo demás, está en manos del destino.

- ¿Estoy aquí para ser juzgada?- alzando las cejas, notó como el dios se había detenido en sus palabras y en sus movimientos. Frente a ellos, un espacio blanco parecido a un tribunal de los que existían en su Reino- ¿Tendré un juicio?

- Lo tuyo será más como una lectura directa de tu castigo, porque tú pecado ha sido evidente y no hay vuelta atrás, pero necesitamos estar los tres con quiénes has ligado tu existencia...- explicó, su mirada azul penetrando la mirada que le regaló el, para mantener el conocimiento de su historia en ella- Urano y Plutón están ocupados y yo debo volver también. Tendrás tiempo para pensar lo que has hecho antes de que desaparezcas- concluyó empujándola suavemente hacia el centro del lugar, donde repentinamente apareció un espejo grande.

Aquel objeto era perfecto y limpio, hermoso. Rodeado de oro con grabados de símbolos en la lengua de su Reino, que juntos formaban la oración " Has que responda."

- No necesitas un nombre, ni las palabras. No necesitas saber hablar si puedes gritar- dijo el dios tras de ella, a través del espejo como si de una sugerencia importante se tratase.

Cuando ella volteó para pedir una explicación más directa, sin comprender del todo a que se refería, Poseidón ya no estaba.


Ler apretó los puños mientras trataba de enderezarse lentamente, consiguiendo únicamente llegar hasta un punto en donde la espalda dejó de tocar el suelo y sus antebrazos la sostuvieron unos segundos, pero cayó nuevamente al estos deslizarse por la sangre.

- Levántate- le dijo una voz, mientras su dueño golpeaba una de sus piernas contra el vientre de ella y le hacía rodar varios metros atrás. Ella gimió por lo bajo.

- Que te levantes- exigió otro, acercando su mano y tomándole de la barbilla. Ler apretó los dientes y miró al hombre que la sostenía obligando a que su rostro apuntase a el y al resto de "ancianos".Sonrió como pudo, aún sintiendo el dolor en el rostro por los golpes, y le escupió en la camisa blanca que llevaba. El resultado, tal como se lo esperaba, fue otro golpe con un puño cerrado en su mejilla.

La cabeza de Ler rebotó en el suelo, provocando que su vista se volviese negra unos segundos. Tuvo náuseas y el cuerpo, por el daño a sus nervios, le tembló en una especie de convulsió entonces su padre la tomó del brazo y la levantó hasta dejarla de rodillas, de frente a los 6 hombres en la Sala. Ler los miró con los ojos entrecerrados por el esfuerzo para mantenerse despierta, apretándose el estómago para no vomitar hasta el alma del dolor.

- ¿Acaso no estás feliz de estar en casa, Leriana?...- y con aquella pregunta, utilizó su nombre real- nosotros estamos felices de verte aquí.

Ella respiró con profundidad, sintiendo como las costillas se le clavaban en los pulmones.

-Vayanse a la mierda.- espetó tras un silencio, levantando su brazo con dificultad y mostrándoles el dedo medio, ensangrentado también.

Los ojos dorados de su padre brillaron, de molestia o emoción, Ler no lo sabía ni le interesaba saber. Cuando otro de los hombres se acercó para golpearla nuevamente, el le detuvo, haciendo que la joven bufara por lo bajo.

- No queremos matarla- explicó, aunque se dirigió directamente a Leriana, que se movía hacia delante y atrás, tambaleante sobre sus rodillas.

- No, claro que no...- replicó ella con humor, sintiendo como la sangre se volvía viscosa dentro de su boca y poco a poco, comenzaba a secarse sobre su piel- aunque si lo intentan no me opondria, ya saben...Preferí saltar un día y morir que seguir aquí.

- No tendrás ese privilegio otra vez- repuso otro de los hombres, el de cabello rubio. Ler le recordaba vagamente de cuando se reunía con su padre, y le resultaba aterrador el hecho de que permaneciere igual que aquellos días- no volveras a escapar.

- No planeo hacerlo- cortó ella, sin rastro de malicia en su tono de voz. Empujó sus piernas para ponerse de pie, aunque perdió el equilibrio a mitad del camino y cayó nuevamente al piso. No sé sintió avergonzad, los Almirantes le habían dado una paliza y al llegar allí, recibió otra que le hacia preguntarse si no es que estaba hecha de goma como Luffy- saben lo que quiero.

-No puedes intercambiar algo que no te pertenece- apuntó su padre, dando unos pasos hasta agacharse frente a ella y mirarle directamente a los ojos- el muchacho va a morir y tú le seguirás pronto cuando me devuelvas lo que es mío.

- Por algo somos nosotros y no tu, ¿Sabes?- se burló ella, estremeciendose ante la cercanía del hombre- intenta todo lo que quieras, prefiero acabar con ellos antes de que los tengas tu. A menos que lo dejes ir.

El hombre estiró su mano y le tocó las heridas en el rostro, especialmente, un golpe en su labio abierto, el que presionó con fuerza haciendo que Ler gritase y retrocediese.

- ¿Cómo planeas "acabarlos?- preguntó, imitando las comillas con un gesto, sonriéndole de lado- aunque lo hicieras, no hay ningun lugar donde puedan esconderse, el mundo ya sabe que eres una traidora...

Ler frunció el ceño, y sin haberse recuperado de las punzadas de dolor que le invadían el cuerpo y la cabeza, lo miró con duda. Ella conocía mejor que nadie su capacidad para destruir en un parpadeo la vida de cualquier persona.

- ¿No lo sabes? No solo lo entregaron a la Marina, también entregaron todos los artículos personales que le pertenecían- la joven abrió los ojos con sorpresa y sintió como una puñalada, con un puñal más grande que los otros, le atravesaba el corazón- así que finalmente incluso ellos pueden darte la espalda: Estás expulsada, Leriana. Todo el mar conoce la historia del muchacho...Y la tuya con el.

Ler parpadeo débilmente mientras procesaba toda la información que su Padre le había revelado.

Cuando Ace se reunió con ella y le pidió cazar a Teach, se imaginó que algo así pasaría, que vendería a uno de los dos a cambio de cualquier cosa que lo pusiera en ventaja con el Gobierno. Y cuando no reveló toda la información que le robó a Ace, supo que quería algo más, literalmente los quería a ellos.

Y una vez más, los tuvo.

- No me importa- declaró sosteniendole la mirada, gateando hasta el con humillación y vergüenza- devuelvemelo. Déjalo ir y prometo que no pondré resistencia si quieres encerrarme hasta que se te de la puta gana. Arrancalos ya si quieres- pidió, su mano dirigiéndose a la ropa oscura de el- pero déjalo vivir.

El volvió a sonreír, de esa forma tan oscura y cruel que a Ler no dejaba de perturbarle con los años, que le hacia saber que todo estaba mal

- Bien...- susurró soltandolo al ver que este no decía nada. Se alejó un poco, como pudo y luego se llevó las manos hacia los pechos, debajo del retazo de uniforme que aún conservaba. De allí extrajo un pequeño bote frente a la mirada de los demás.

- ¿Planeas suicidarte?- se burló otro de los ancianos, acercándose a tomarle la mano y hacerse con el objeto- porque no pasará jamás, Ler-i-ana.

Su Padre se levantó y tomó el pequeño frasco, lo dejó caer en el piso y lo aplastó, desperdiciando todo su contenido.

- Déjate de estupideces. No vas a morir- dijo serenamente. Ler tenía la cabeza gacha, mirando el líquido que se había mezclado con la sangre y suciedad en el suelo- vas a estar encadenada de cada parte posible de tu cuerpo como una bestia y aislada en la soledad hasta que ordene lo contrario. Vas a vivir para saber que él ha muerto.

- Ya te lo dije...- susurró sin despegar su vista del piso, y dolorsamente, se rió- no planeaba morir- apuntó al frasco y siguió riendo.

El rubio la miró. El resto de los hombres dirigieron su vista al padre de Ler quién analizaba cuidadosamente a la joven hasta que notó como los ojos de ella, de una forma a penas visible, comenzaban a inyectarse de sangre y perdían a penas perceptible al volver a la normalidad, pero lo suficiente para que el apretase la mandíbula con rabia y se lanzase sobre ella a tomarla del cuello.

- ¿QUE MIERDA HICISTE, LERIANA?

"Después de finalizar su estrepitosa y absurdamente estúpida visita, Leriana dijo que yo era "una de las ratas más viles que ha rodado por este maldito mundo de mierda" y mirándome por última vez, salió por la ventana.

Estábamos en el décimo piso.

En una torre rodeada por agua.

No sé si ella no lo recordaba debido a que su cerebro seguía congelado y mallugado por la situación que hace muy poco había pasado, pero hasta donde tengo conocimiento, ella es incapaz de nadar.

Pero se fue tan silenciosamente como debería haber venido...Quizá hay cosas que aún yo, desconozco (...)

De alguna forma volví a verla después. Y seguía con vida.

Observación: Planeo preguntarle cómo lleva haciéndolo desde que nació.

Bitácora de Vpnk"

- Te dije que iba a deshacerme de ellos si no me dabas a Ace...- alzó las cejas con una expresión de superioridad pese a que su rostro estaba prácticamente destrozado- Tu acabas de deshacerte de la única forma en que podías recuperarlos- concluyó señalando el piso.

Al antídoto del veneno que acababa de beber y que tardaría un poco en hacer efecto, pero que le daría tiempo para que su Padre no matase a Ace tratando de buscar una solución.

-LLÉVENLA A LA MALDITA TORRE. QUE NADIE MAS ENTRE ALLÍ HASTA QUE "ÉL" SEPA COMO ARREGLAR ESTO...

Y se la llevaron con la intención de nunca dejarla salir, al menos no con vida...Pero Ler no era el único Dragón rebelde que andaba por allí.