La Escriba Gensym Aila
Abrió los ojos y respiro el aire mañanero de un bocado, parecía que incluso se atraganto con este.
- ¿Estas bien? Solo respira, estuviste muerta mucho tiempo, tómalo con calma – Hablo un pequeño objeto volador frente a ella, este era una esfera cubierta con una carcasa de algún tipo, en su centro tenía un ojo de color azul. Luego de toser un poco por fin respiro con normalidad.
- ¿Ya estas mejor? Me alegro, llevo mucho tiempo buscándote, probablemente tengas muchas preguntas, pero este no es el mejor momento, hay que movernos – Dijo el pequeño objeto para volar lejos de su posición – ¿Que esperas? Vámonos –
Ella sin embargo se quedó mirando su actual entorno. Lo primero que vio fueron diez cadaveras, todos vestidos con trajes espaciales, cosa que le pareció raro, pero cuando volteo haberse a sí misma, se había dado cuenta que tenía el mismo traje, solo que el de ella estaba en perfectas condiciones. Salió de lo que parecía ser una nave espacial, esta estaba estrellada en la tierra, en medio de un bosque.
De pronto se oyó un ruido algo extraño, más bien era un gruñido, este se oyó lo suficientemente lejos para estar a bastante distancia de ella, y lo suficientemente cerca para que lo oyera.
- Son los caídos, rápido hay que movernos – Dijo el objeto para desaparecer – Estoy aquí no te preocupes ¡Ahora corre! – Ordeno una voz dentro de ella, era la misma voz que tenía el pequeño objeto. Ella le obedeció y se dirigió en dirección opuesta al sonido, atravesando todo obstáculo frente suyo, a una velocidad que escapaba todo recuerdo suyo – aunque no recordara nada realmente. En el camino se encontró con seres insectoides, tenían cuatro brazos, en cada uno llevaban un arma cortopunzante electrificadas, y estaban corriendo hacia ella con intensión asesina. Así que corrió en dirección opuesta, tratando de no mirar hacia atrás, pero sin darse cuenta se había caído a un barranco. La caída le destrozo la columna, las articulaciones estaban en posiciones anormales y el cráneo estaba en una dirección opuesta de la que debería estar.
Abrió los ojos, trago una gran cantidad de aire, y se levantó, parecía que se había desmayado.
- Bien, parece que ya estamos seguros – El pequeño objeto volador había aparecido pese a que lo perdió de vista hace diez minutos.
- ¿Quién eres tú? – Pregunto la chica de forma agresiva.
- Soy Cetus, y soy un espectro – Le respondió tranquilamente.
- ¿Que es un espectro? –
- No sé cómo explicarlo, pero si tuviera que, diría que vine aquí a salvarte –
- ¿A salvarme? ¿De qué? – Pregunto extrañada.
- De morir – Le respondió con firmeza.
- ¿De morir? ¿Estuve muerta? – Pregunto ignorante.
- De hecho, acabas de morir hace un instante – Le respondió Cetus.
- ¿Mori? Si claro, solo me desmaye – Bufo la chica.
- No, de verdad te moriste, ¿acaso crees poder sobrevivir a una caída así? – Le pregunto apuntando con su cuerpo al barranco.
Ella miro sorprendida la enorme altura de la que supuestamente había caído, de verdad que era muy alto, pero ella no se había caído. De pronto recordó que estaba huyendo de unos seres insectoides, y que por accidente cayo por el barranco, y ya no recordaba más que eso.
- ¿De verdad me morí? – Pregunto Alterada - ¿Y cómo sigo con vida? ¿Esto es el más allá? ¿Que eran esas cosas? ¿Porque me persiguen? ¿Y tú de dónde saliste? – Millones de preguntas en tan poco tiempo iban hacer que le diera una jaqueca terrible.
- Cálmate, cálmate, no sirve de nada que te alteres, tranquilízate y piensa con claridad – Cetus hablo con voz calmada.
- ¿¡Como no quieres que me altere!? Acabo de morir, ¿cómo es que sigo con vida? – Le pregunto desesperada.
- Yo te resucite – Le respondió Cetus.
- ¿Y cómo? –
- El Viajero me envió a ti para salvarte, me dijo… -
- Eso no responde una mierda, dime ¿cómo hiciste para resucitarme? – Interrumpió de forma agresiva al espectro.
- Lo hice con la Luz – Le respondió resignado.
- ¿Y qué es la Luz? –
- La Luz es una energía que emana del Viajero, existe en todas partes, en todas las… –
- ¿Que es el Viajero? – Interrumpió de forma grosera.
- Es una esfera gigante que está aquí, en la Tierra –
- ¿Y dónde está? –
- Esta en la Ultima Ciudad Segura –
- ¿Y dónde está la "Ultima Ciudad Segura"? – Cualquiera que fuera el mecanismo que permitía al espectro pensar y actuar con voluntad propia, las preguntas incesantes de la chica comenzaban a hacer que sintiera algo parecido a un dolor de cabeza.
- No podría decirte donde esta exactamente, pero puedo guiarte hasta ella –
- No, estoy mejor sola, gracias – Dijo para levantarse y caminar en dirección opuesta de donde está sobrevolando Cetus.
- ¿Oye a dónde vas? – Le pregunto yendo detrás de ella.
- Lejos de esas cosas con cuatro brazos - Dijo la chica.
- Esas cosas las llamamos caídos y… -
- Me da igual como se llamen esas malditas cucarachas – Interrumpió nuevamente a Cetus, que ya se empezaba a enojar con su guardiana.
- Oye, sé que tienes muchas preguntas y que estas estresada por todo lo sucedido, pero no es motivo para tratarme así, estoy siendo muy condescendiente contigo, pero si tu no pones de tu parte no puedo ayudarte – Le respondió con voz más dulce de la que ella merecía.
- Pues si no quieres quedarte lárgate, estoy mejor sola – Le respondió sin más.
Cetus ya se estaba enojando.
- ¿Sabes qué? No me voy a ir, el Viajero me envió a ti para salvarte, y si esa es su voluntad no voy a ser yo quien le contradiga – Le respondió sacando un poco de su enfado.
- Pues que benevolente es ese "Viajero" resucitando a personas sin ninguna razón y poniéndolas en peligro - Bufo la chica.
- ¡Tu no conoces al Viajero! – Dijo Cetus enojado
- ¿Y tú sí? –
- Pues, de hecho, si –
- Si tanto lo conoces, dime algo acerca de él – Pregunto la chica.
- Es…grande…tiene forma de esfera y… - En ese momento se había dado cuenta que realmente no conocía nada del Viajero.
- ¿Ves? Solo eres un objeto volador que no sabe quedarse callado más de dos minutos – Dijo de forma insultante para continuar su camino.
Cetus dio un gran suspiro.
- Mira, sé que yo no tengo las respuestas que buscas, pero lo que si tenemos es el uno al otro, y no pienso separarme de ti – Dijo con voz dulce nuevamente.
- Ya te lo dije, estoy mejor sola, no te necesito a ti ni a esas cosas que te persiguieron todo este tiempo – Acuso la chica de la nada.
- ¿Disculpa? – Cetus se sintió ofendido.
Ella se dio vuelta de forma violenta y repentina que lo obligo a detenerse.
- ¿Crees que no me di cuenta? Esas cosas no me siguieron a mí, te estaban siguiendo a ti, tú los atrajiste hasta a mí y me convertiste en un objetivo a propósito ¿verdad? – Le pregunto enojada.
Lo que decía no era del todo falso, los caídos lo estaban siguiendo a él, pero dio la casualidad que encontró a su elegida, pero al hacerlo también la puso en riesgo, pero no era con la intención que describía.
- Emm, bueno, cuando lo pones de esa forma si suena muy mal, pero… -
- ¿Lo ves? Solo querías salvarte a ti mismo como un cobarde, y ya tengo suficientes problemas como para lidiar con los tuyos, así que no me sigas – Ordeno la chica severamente para caminar en dirección opuesta de Cetus. Ella no paro su andar pese a que ya no la seguía.
Cetus estaba decepcionado con su guardiana, el esperaba que formaran una amistad apenas fuera resucitada, pero las situaciones no fueron favorables para su relación, hasta el punto en ella le ordeno que no la siguiera. Él ahora estaba en un dilema, obedecer a su guardiana y dejarla ir, él no tenía control sobre sus acciones y si ella quería que se alejara tendría que cumplir su voluntad. O la otra opción era obviar toda orden y cumplir con la voluntad del Viajero, que era eso para lo que había sido creado. Era una elección difícil.
Así que con un largo suspiro se fue volando hacia ella.
- Creí haberte dicho que no me siguieras – Le hablo con desdén.
- Y yo creí haberte dicho que no me separaría de ti – Dijo con firmeza.
Ella lo miro, se veía que estaba enojada - Dame una buena razón del por qué no debería entregarte a esas cosas – Amenazo la chica.
- Porque puedo ayudarte – Dijo excusándose.
- ¿En qué? –
- Necesitas comida, un refugio, yo puedo conseguirlos –
- ¿Como? –
- Puedo buscarte animales, frutas y agua, no tendrás que buscar nada, yo lo hare por ti, es mi trabajo – Respondió Cetus.
- Si solo es buscar lo puedo hacer yo misma – Dijo soberbiamente.
- Si, pero dudo que puedes atraer a algún animal y alcanzar los frutos de los altos árboles – Le contesto.
La chica se quedó pensando un tiempo, de reojo miro los árboles que tenían frutos, de verdad que estaban altos, y ella no podía volar.
- Bien, si tan bueno eres, tráeme algún fruto, muero de hambre – Le ordeno.
- Ahora mismo – Dijo para empezar a buscar en las cimas de los árboles mientras la chica bebía agua de un rio que estaba a unos metros de su posición.
Luego de uno hora Cetus apareció, con un montón de frutas, en su mayoría manzanas, naranjas y peras. La chica se veía levemente sorprendida.
- ¿Y bien? – Pregunto Cetus, esperando una especie de aprobación.
- ¿Y bien qué? – Respondió ella mientras pela una naranja.
- Esperaba un poco de gratitud, me llevo tiempo encontrar todo esto – Dijo protestante.
- Dijiste que el Viajero te envió a mi para salvarme, ¿verdad? Solo estás haciendo tu trabajo – Le contesto sin más mientras muerde la naranja.
Cetus solo podía suspirar, de verdad que era difícil tratar con ella, pero creía que valía la pena intentarlo, llevaba mucho tiempo buscando a su elegido, no se iba echar para atrás ahora.
- ¿Como te llamas? – Cetus buscaba un tema del cual pudieran hablar.
- No lo sé – Dijo mientras pelaba otra naranja, ya se había comido la otra en muy poco tiempo, parecía que tenía hambre.
- ¿No lo sabes? –
- No, desde que resucite no recuerdo nada por alguna razón – Dijo mirando acusatoriamente a su espectro.
- No sé nada al respecto, yo solo te resucite, nada más – Dijo en defensa.
- ¿Y por qué me resucitaste? ¿Por qué a mí y no a los otros cadáveres que había en la nave? – Pregunto con duda mientras muerde la naranja.
- El Viajero me envió a ti, me dijo que te salvara –
- ¿La esfera enorme te hablo? –
- No exactamente, apenas nací ya sabía mi propósito, encontrar a mi guardián, o guardiana en tu caso –
- Aun no respondes la pregunta que te hice, y si la sigues evadiendo te pisare hasta aplastarte – Dijo amenazante. Cetus retrocedió un poco por el miedo.
- Emm, si, ya voy a eso – Hablo nervioso - Cuando te encontré sentí una chispa en ti, un alma gemela que nos complementaria a ambos, no sentí lo mismo cuando analicé los otros cadáveres, por eso te resucité -
- Siento una conexión contigo, pero es algo diferente, como si estuvieras en mi cerebro – Dijo extrañada.
- Es la simbiosis neuronal, gracias a eso puedo comunicarme contigo a través de tu mente sin necesidad de hablar, también puedo saber lo que piensas –
- Es muy irrespetuoso que te metas en mi cabeza sin mi permiso, ¿acaso no te enseñaron modales? – Pregunto molesta.
- Emm bueno…no me meteré en tu cabeza si no quieres – Respondió nervioso - Pero si lo tengo que hacer en caso de que estés en problemas –
- Hmp, como quieres – Dijo sin más para sacar una manzana y comérsela con todo y cascara, no tenía cuchillo para pelarla después de todo.
Hubo un silencio incomodo que duro toda la tarde hasta que el sol se ocultó, Cetus le recomendó enconderse en una cueva no muy lejos de ahí para pasar la noche y refugiarse, la chica encendió una fogata para no sentir frio y se sentó en el lugar más cómodo que vio posible.
- Oye – Dijo la chica llamando la atención de Cetus.
- ¿Sí? ¿Que necesitas? – Este estaba muy atento a cualquier petición.
- Antes me hablaste de algo llamado La Ultima Ciudad Segura, ¿qué es exactamente? – Pregunto mientras comía una pera.
- Es un lugar donde se junta toda la humanidad restante, y también donde se juntan los guardianes – Dijo Cetus animado.
- ¿Que son los guardianes? – Pregunto mientras da un mordisco al fruto en sus manos.
- Son un grupo de resucitados que utilizan los poderes del Viajero para proteger a la Ultima Ciudad y a su gente – Explico Cetus.
- ¿Grupos de resucitados? –
- Si, hay más como tú, muchos más, de distintas clases y razas –
- ¿Que es el poder del Viajero? –
- Es la Luz de la que te hable antes, los guardianes la pueden usar como arma –
- ¿Y yo también podría usarla? – Pregunto claramente interesada.
- Claro, pero para eso tendrías que ir a la Ultima Ciudad, ahí hay representantes de cada clase, mentores, ellos te enseñarían – Respondió Cetus.
- ¿Y dónde está la Ultima Ciudad? –
- Ya te dije que no podría decirte donde esta exactamente, pero puedo guiarte hasta ella –
- Bien, guíame, iremos ahora – Comento impaciente mientras se levanta para ir fuera de la cueva, pero su espectro no se movió – ¿Que esperas? Dijiste que me llevarías, ¿ahora no quieres? – Pregunto molesta.
- Me gustaría guiarte, pero no sé si es la mejor idea – Respondió con duda.
- ¿A qué te refieres? –
- Creo que tus intenciones de usar la Luz son hostiles, egoístas, como los Señores de la Guerra –
- ¿Señores de la Guerra? –
- Eran grupo de resucitados que utilizaron la Luz del Viajero para gobernar tiránicamente sobre las personas sin luz –
- Vamos, no voy a gobernar tiránicamente a nadie –
- ¿Entonces para que la quieres usar? –
La chica se quedó pensando, realmente no tenia motivos para usarla, más allá que una simple curiosidad.
- ¿No sabes por qué verdad? Me gustaría llevarte a la Ultima Ciudad, pero no con malas intenciones, no quiero crear a otro Señor de la Guerra – Dijo Cetus recordando los horribles tiempos de la edad oscura.
- No tengo la intención de pelear, pero tampoco pienso usarla con fines tiránicos, la usaría para investigación –
- ¿Investigación? –
- Si, sobre que son los espectros, que es el Viajero, por que perdemos nuestros recuerdos y más – Dijo la chica. Cetus gracias a la simbiosis neuronal pudo saber que sus verdaderas intenciones eran las que acababa de decir. Realmente le alegraba que su guardiana no fuera una idiota cabeza hueca que solo busca pelear, como cierto Cazador que conoció una vez.
- Muy bien, si ese es el caso te guiare, incluso conozco al mentor perfecto para ti – Dijo con alegría – Pero no ahora, es muy peligroso salir de noche, no solo hay caídos, también hay otras razas, como la colmena –
- ¿Que es la colmena? –
- Es una raza enemiga de la Luz, llego después del Colapso –
- ¿Que es el Colapso? –
- Creo que ya son suficientes preguntas, deberías dormir un poco y aclarar tu mente – Recomendó Cetus.
La chica a regaña dientes obedeció y se recostó en el lugar más cómodo que vio posible. Por lo menos podría dormir un poco, pese a que no sentía la necesidad de hacerlo.
- Otra cosa antes de que te duermas – Hablo Cetus.
- ¿Ahora que quieres? – Pregunto un poco molesta de que interrumpiera su sueño.
- ¿No quieres que te dé un nombre? Todos los guardianes tienen uno – Pregunto entusiasmado.
- Como quieras – Respondió ella sin más, si con eso se callaba para que pueda dormir que así sea.
Cetus se quedó pensativo un tiempo, trataba de pensar en un buen nombre para que no se enojara.
- Que te parece "Aila", ¿te gusta? – Propuso felizmente.
- Si, lo que sea – Respondió Aila vagamente, parecía no estar muy lucida, era obvio que se estaba quedando dormida.
Cetus se quedó vigilando la entrada de la cueva durante toda la noche, si hubiera algún intruso despertaría a Aila para que se defendiera como pudiera, pese a no tener arma y no saber usar la Luz.
¡BUM!
Aila se encontró con un grupo de máquinas bastante elevado, ya empezaban a hacer una molestia, así que simplemente uso la Bomba Nova y acabo con todas.
Ella había estado sola sobrevolando no muy lejos de la superficie, lo hacía para tener un panorama extendido de su entorno. Había propuesto separarse los unos de otros para abarcar más terreno y poder encontrar componentes para reparar la nave más rápidamente. Cualquier situación peligrosa o un descubrimiento importante debía ser informado de inmediato. Por mucho que fuera la Tierra seguía siendo un planeta desconocido para ellos, no querían lidiar con situaciones desagradables.
El problema fue que se había desviado completamente y ahora se encontraba matando máquinas, como a la horda que había eliminado recientemente. Aunque no elimino a todas, dejo a una moribunda, pero viva.
- Cetus, escanéalo – Pidió Aila a su espectro.
Este obedeció y escaneo de pies a cabeza a la máquina frente a el – No tiene nada interesante, al igual que las cincuenta y tres máquinas que escanee previamente – Hablo Cetus irritado.
- Maldición – Dijo Aila al aire – Bien, entonces sigamos buscando – Termino de hablar para empezar a avanzar, pero su espectro no.
- ¿Qué pasa? – Le pregunto.
- Ya he escaneado cincuenta y tres máquinas, cincuenta y cuatro con esta, no sacaremos nada útil a este paso – Respondió Cetus cansado.
- Vamos, todo lo que hacemos es por la investigación, el progreso, el conocimiento, ¿no sientes curiosidad por este nuevo mundo? – Pregunto Aila más animada de lo usual.
- La verdad no, desde que llegue solo he escaneado y escaneado máquinas sin sacar absolutamente nada útil – Respondió irritado.
- Pero eso es por el momento, estoy segura que podremos averiguar algo en el escaneo número ciento cincuenta o doscientos –
- ¿¡Doscientas máquinas!? – Pregunto preocupado.
- Si –
- Eso nos llevara días, y recuerda que el objetivo principal era buscar piezas para reparar la nave –
- Si, y eso es lo mejor de todo, mientras investigamos podemos encontrar piezas útiles en estas máquinas, ahora no hemos encontrado nada, pero estoy segura que en la próxima lo encontraremos –
- Aila, todas las máquinas son exactamente iguales, del mismo material barato que usan los caídos para hacer sus naves. No la verdad es que incluso ellos usan materiales más decentes – Dijo exasperado.
- Bueno, entonces habrá que seguir buscando – Dijo Aila para empezar a avanzar, dejando atrás a su espectro.
Este con un suspiro fue detrás de ella, no quería quedarse solo después de todo.
De pronto se encontraron con un bosque, la geología de ese planeta era muy extraña y curiosa, un desierto cerca de un bosque y de lo que alguna vez fue una ciudad, era algo fuera de lo común. Ella se adentró para investigarlo con mas detalle, pero luego de mucho tiempo no logro encontrar nada.
- Oye Aila, podrías haber sobrevolado el bosque, ¿lo sabias? – Pregunto Cetus.
- Si, pero puede que aquí haya algo interesante – Le respondió.
- ¿Como qué? –
- Emm, mira ese cofre, te dije que habría algo bueno – Dijo Aila para dirigirse hacia el cofre y romper el candado con su mano. De este salió…
- ¿Chatarra? – Se pregunto a sí misma.
- ¿¡Nos metimos dentro de un bosque mugriento por chatarra!? – Pregunto alterado a la vez que enojado.
- Bueno, nadie dijo que habría algo útil – Dijo Aila con descaro para empezar a volar y encontrar una salida, a su espectro le daría un corto circuito por estar ahí más tiempo.
- ¿Que esperas encontrar ahora? – Pregunto Cetus.
- Algo que pueda investigar – Le respondió.
- Si te soy sincero, dudo mucho que este mundo tenga algo bueno – Dijo con pesimismo.
- ¿Eso crees? – Le pregunto a su espectro mientras mira a lo lejos un montón de máquinas vestidas con trajes extraños y pintadas de igual forma. Estas máquinas estaban bailando y soltando confeti, otras disparan globos, parecía que estaban celebrando algo. Lo más alucinante de todo era la ambientación, había una especie de castillo enorme que tenía un hueco con forma de corazón y una rueda enorme muy rara hecha con vigas.
- Que divertido, que divertido –
- Seamos felices juntos –
- Juntos, juntos –
Estas máquinas estaban hablando de felicidad, algo que contrastaba con las máquinas que se encontraron en el desierto y con las que estuvo peleando hasta ahora. Lo más extraño de todo es que podían hablar con fluidez, a diferencia de las del desierto que les costaba un poco.
- ¿Que es este sitio? – Pregunto Cetus contemplando el ambiente.
- No lo sé – Respondió Aila de la misma manera.
- Bueno, supongo que encontramos algo interesante – Dijo para después guardarse.
- Tu lo has dicho – Comento Aila para descender y acercarse a las máquinas, una vez hecho esto se acercó a un par de máquinas que estaban quietas cerca de un árbol.
- Acepta mi amor por favor – Dijo la máquina frente a ella para extender su mano y darle un hilo con una esfera en un extremo.
- ¿Qué es esto? – Pregunto Aila intrigada.
- Son pendientes – Le respondió la máquina que se los dio.
- ¿Que son "pendientes"? –
- Son objetos decorativos que van en tus orejas – Le respondió la máquina que estaba a la izquierda de la otra.
- ¿Objetos decorativos? Es la primera vez en toda mi vida que veo algo así, y sinceramente no creo que te queden – Hablo Cetus con pesimismo.
- Siempre es bueno aceptar regalos. Muchas gracias – Dijo Aila dando una reverencia formal y elegante, algo que solo los Hechiceros podrían hacer.
- Es un placer para nosotros poder compartir la felicidad y el amor – Dijo la máquina hermano menor.
- Tengo una duda, ¿por qué ustedes a diferencia de las otras máquinas no nos atacaron en cuanto nos vieron? – Pregunto Aila muy curiosa.
- Porque el mundo no necesita más guerra, necesita felicidad y amor, y nosotros nos propusimos a expandir todo eso – Dijo la máquina hermano mayor.
- ¿Guerra? ¿Se refirieren a la guerra con los androides? – Pregunto nuevamente.
- Si, la guerra que hay entre androides y máquinas, si dejamos de pelear habrá paz – Respondió el hermano menor.
- ¿Cuánto tiempo llevan luchando? –
- Varios siglos, tantos que ya no recuerdo – Dijo el hermano mayor.
- Yo recuerdo un poco, creo que llevamos peleando unos sesenta siglos más o menos – Dijo el hermano menor.
- Sesenta siglos, es bastante tiempo – Dijo Aila para ellos no era la gran cosa, llevaban incontables siglos luchando con distintas razas alienígenas después de todo.
- Es demasiado tiempo, por eso las guerras deben terminar, para que así no haya más bajas innecesarias – Dijo el hermano mayor.
- Que interesante, máquinas que descubrieron el sin sentido de las guerras y se cambiaron a sí mismas para dejar de luchar. ¿Cómo lo hicieron? – Se pregunto Aila en voz baja.
- ¿Disculpa? No te entendimos – Dijo la máquina hermano menor.
- Naturalmente habrá máquinas que se opondrán a ustedes ¿verdad? – Pregunto Aila cambiando de tema.
- Si, ya ha habido varias máquinas pacifistas asesinadas por nuestros hermanos y androides que no aprueban las expresiones públicas de la paz, por eso nos reunimos aquí, para poder estar seguros – Dijo el hermano mayor.
- Pero ahora no estamos seguros ni en este sitio, hay una máquina rota dentro del teatro donde se celebraban obras – Hablo el hermano menor.
- ¿Máquina rota? – Pregunto Aila.
- Si, dentro del teatro hay una máquina que canta horrible, es imposible tratar de hablar con ella, es completamente hostil hacia cualquier forma de vida – Respondió el hermano mayor.
- Ya veo, tal vez vaya a echarle un vistazo – Dijo interesada.
- No, es muy peligroso, mejor quédate aquí, esa máquina nunca sale del teatro, por lo que estamos seguros aquí, al menos por ahora –
- No se preocupen, no soy fácil de matar – Dijo soberbiamente.
- Bueno, si vas allá será tu muerte, así que me despido, fue un placer compartir la felicidad y el amor contigo, aunque sea por poco tiempo - Dijo la máquina para despedirse junto con su hermano.
- También me dio gusto conocerlos – Dijo Aila para retirarse a un callejón y poder hablar en privado con su espectro – Cetus, ¿qué pudiste sacar de esa máquina? –
- Algo verdaderamente interesante – Dijo Cetus un poco animado de por fin encontrar algo que valiera la pena.
- ¿Y qué es? – Pregunto curiosa.
- Esa máquina estaba desconectada de la Red de Maquinas – Respondió Cetus.
- ¿Desconectada de la red? – Pregunto muy sorprendida.
- No solo esa, todas las máquinas que de este sitio están desconectadas de la red –
- ¿Como es eso posible? –
- No tengo idea, pero el hecho de que pudiera desprenderse de la red es…increíble –
- Así que se desconectó de la red y adquirió voluntad y personalidad propia, también llego a la conclusión de que las guerras son un sin sentido y adopto un estilo de vida pacifista y amorosa, y no solo ellos dos, todas las máquinas de este sitio. ¿Cómo pueden entender algo tan complejo? -
- No tengo idea, pero lo más extraño es que se hayan desconectado, es imposible que lo hayan hecho por sí mismos –
- ¿Dices que algo o alguien los desconecto? -
- Es posible –
- Mmm - Aila se quedó pensativa un tiempo – Esto me recuerda a los Ogros de la colmena. Ellos podían escapar del control de sus creadores debido al inmenso dolor en el que están imbuidos. ¿Podría haber algo parecido en estas máquinas? –
- No tengo idea, supongo que habrá que seguir investigando -
- Estas muy animado, ¿no dijiste que no te interesaba este mundo? – Pregunto Aila con sarcasmo.
- No estaba interesado en escanear máquinas inútiles, pero esto si es interesante – Respondió Cetus.
- Bueno, así será mejor para mí, ¿dónde crees que estará el teatro? – Pregunto cambiando de tema.
- Creo que esta allá – respondió apuntando con su cuerpo la entrada al castillo – Pero no creo que sea buena idea, mejor contactemos con Acteón o Ramírez – Propuso Cetus.
- Puedo cuidarme sola, además será una oportunidad de oro para investigar a fondo a estas máquinas – Dijo Aila muy entusiasmada.
- ¡No! Lo que debemos hacer es contactar con los demás en caso de que se descubra algo de suma importancia, como lo es visitar una colonia de máquinas pacifistas – Dijo Cetus poniéndole los pies sobre la tierra.
- Aaaaah, está bien, ahora contactare – Dijo Aila a regaña dientes para después hablar a través del comunicador integrado en su casco - Acteón, Ramírez, ¿me escuchan? – Pregunto Aila, pero solo se escuchaba estática.
- Deben estar fallando las comunicaciones, estamos usando la nave de Acteón como canal puesto que no hay satélites, pero creo que es muy ineficiente – Dijo Cetus.
- Bien, entonces vayamos al teatro, después informare de esto – Dijo para empezar a avanzar.
- Espera, intercepte una comunicación, aguarda – Informo Cetus haciendo que Aila pare su andar.
- Oh, gracias Anemona, eres tan amable con nosotros – Hablo alguien en el comunicador, alguien con una voz metálica, parecida a los exos, pero esta estaba mucho menos refinada.
- No es nada Pascal, nos ayudamos mutuamente, en brevedad te enviare lo solicitado – Hablo una voz femenina, pero esta voz a diferencia de la otra era natural. No escucharon nada más, por lo que intuyeron que dejaron su conversación.
- ¿Quiénes eran esas dos? – Pregunto Aila curiosa.
- No tengo idea, pero pude rastrear la señal de ambas, una está muy cerca de donde estamos, la otra está bastante lejos – Le respondió Cetus.
- Bien, muéstrame la ubicación más cercana –
- Ahora mismo – Dijo para empezar a avanzar, podían seguir marcando zonas en el mapa integrado en su casco, pasaron por un puente hecho de chatarra, parecía estar a medio hacer, ya que había varios huecos bastante grandes donde podría caerse sin problemas, aunque ella tenía buenos reflejos para evitar que sucediera. Tardaron bastante en llegar, hasta que se detuvieron en mitad de un bosque.
- ¿Por qué nos detenemos? – Pregunto Aila.
- La señal está más adelante, no quiero exponerme al peligro así que ve tu al frente – Dijo para después guardarse.
- Cobarde – Bufo Aila para empezar a caminar hacia su objetivo. No le preocupaba el tener que pelear, aunque para ella eso era poco ortodoxo, tendría que hacerlo si alguien venia con intención hostil, así que recargo su escopeta y preparo su Luz para cualquier situación y se adentró.
Ella vio una especie de aldea llena de máquinas, de distintos tamaños y formas, algunas eran muy grandes y otras muy pequeñas, algunas volaban y otras no tenían brazos, era algo alucinante para ella. Tenían lo que parecían mercados, muy al estilo de la Ultima Ciudad, aunque obviamente estaban mucho menos avanzadas. Lo que más llamó su atención fue una máquina que era físicamente muy diferente del resto, esta parecía estar más humanizada físicamente. Empezó a caminar para encontrarse con la primera máquina que estaba a la entrada de la aldea.
- ¿Quién eres? – Pregunto la máquina robusta, parecía que cuidaba la entrada.
- Hola, me llamo Aila – Se presente a sí misma.
- ¿Como encontraste este sitio? – Pregunto groseramente.
- ¿Qué es este sitio? – Pregunto cambiando de tema.
- Es una aldea de máquinas pacificas – Le respondió la máquina.
- ¿Máquinas pacificas? ¿Como las que estaban celebrando? – Pregunto intrigada.
- No, nosotros no vestimos trajes ridículos, solo somos un grupo de máquinas que decidió dejar de luchar para vivir una existencia pacifica –
- ¿Ustedes no buscan expandir el amor y la felicidad como las otras? –
- Claro que no, no desperdiciamos nuestro tiempo en estupideces, si quieren dejar de luchar lo pueden hacer, pero no obligamos a nadie a unírsenos –
- ¿Y cómo construyeron todo esto? –
- Todos cooperamos –
- ¿Cuantas máquinas habitan? –
- No lo sé, muchas supongo –
- ¿Y quién es su líder? –
- Haces demasiadas preguntas, ¿cómo encontraste este sitio? – Pregunto la máquina, se oía cansada.
- Eso no tiene importancia, ¿quién es su líder? – Pregunto cambiando de tema.
- Si te digo donde esta, ¿dejaras de hacer tantas preguntas? –
- Si, por lo menos a ti –
- Bien, está ahí arriba – Dijo apuntando con su mano.
- Gracias – Dijo Aila para empezar a avanzar, no sin antes observar todo a su alrededor, de verdad que estas máquinas habían construido una civilización bastante prospera. Lo que era extraño es que nuevamente entiendan conceptos tan complejos. Ella de un salto llego frente a quien la máquina robusta consideraba su líder. Esta se sorprendió un poco por la repentina aparición.
- Hola, mi nombre es Aila, ¿es usted el líder de esta aldea? – Pregunto educadamente la chica frente a él.
- Oh, hola, así es, soy el líder de esta aldea, mi nombre es Pascal – Respondió la máquina, era la misma voz que había escuchado en el comunicador. Lo más raro era su voz femenina, pese a que él se identificaba como varón.
- Ya veo, hay algunas preguntas que me gustaría hacerle si no es molestia – Pregunto Aila.
- Claro, aunque a mí me gustaría hacerte unas cuantas preguntas – Dijo Pascal.
- Esta bien – Dijo Aila.
- ¿Como encontraste la aldea? –
- Pude rastrear la señal de su comunicar cuando hablo con alguien de nombre "Anemona" –
- Oh, ¿puedes hacer eso? –
- Yo no, pero el si – Dijo Aila para extender su palma izquierda y sacar a su espectro.
- Vaya, que máquina más interesante, ¿qué es? – Pregunto claramente interesado.
- Soy un espectro, y me llamo Cetus, es un placer conocerte – Se presento educadamente.
- Para mí también es un placer. ¿Pero que es un "espectro"? – Pregunto mirando al pequeño dron frente a él.
- La verdad, sigo sin saber que soy exactamente, y la poca información que tengo no la puedo compartir, ya que no lo entenderías muy bien – Le respondió Cetus.
- Ya veo, no te preocupes – Le respondió dulcemente – Pero todavía tengo una duda, ¿eres un androide? – Le pregunto a la chica.
- La verdad no, y tampoco sé si podría compartir esa información contigo, recién acabo de conocerte, y las cosas no están muy cuerdas por lo que pude ver – Le respondió Aila.
- Ya veo, es una pena –
- Ahora me gustaría hacerte las preguntas que mencione antes –
- Claro, para mi será un placer contestar a todas las que pueda – Le respondió alegremente – Pero tendrá que ser en otro momento, ahora mismo tengo algo importante que hacer, cuando regrese hablaremos todo lo que gustes, mientras tanto podrías conocer la aldea, eres bienvenida – Dijo para empezar a volar con un cohete que tenía equipado.
Aila vio como volaba a saber dónde, para después mirar con más detalle la aldea. Podría darse una vuelta y conocer mejor a sus habitantes, sería una oportunidad de oro para la investigación.
Ella bajo para encontrarse a dos máquinas, una voladora cuyo cuerpo era solo un círculo con brazos, y la otra con cuerpo más humanoide y robusto.
- Que sorpresa ver a alguien como tú por aquí. Los habitantes de esta aldea preferimos no pelear, pero tenemos armas por si acaso, echa un vistazo si te interesa – Le dijo la máquina robusta. Pese a que Aila prefiere de igual forma no pelear, quería ver qué clase de armamento usaban, ella había visto que portaban armas blancas como espadas y cuchillo, pero a lo mejor tendrían armamento más potente, pensó para sí misma.
Cuando el comerciante le mostro las armas, se dio cuenta que eran las mismas que usaban todas las máquinas.
- ¿Qué te parece? – Le pregunto la máquina.
- Lo siento, pero yo también prefiero no pelear, así que por hoy paso – Dijo muy disimuladamente que no quería comprar la chatarra que vendía.
- Ya veo, es una pena – Dijo la máquina comerciante – Un artesano legendario que vive en el bosque me enseñó a fabricarlas, ojalá se viniera a vivir con nosotros –
- Si lo veo algún día le preguntare – Dijo Aila para dirigirse al otro comerciante que estaba al lado suyo.
- Te doy la bienvenida, ¿hay algo que quieres comprar? – Le pregunto la maquina voladora. Esta le mostro varios productos, como materiales raros, chips enchufables y un cebo animal para según él, montarlo. Realmente una inutilidad, pero había algo que le llamo la atención.
- Estos chips, ¿cuánto cuestan? – Pregunto interesada.
- 500G – Le respondió la maquina voladora.
- ¿Que son los G?
- Es la moneda que usamos para comerciar. Básicamente son piezas de máquinas muertas que usamos para repararnos. Su valor se mide en la rareza y el peso de las partes conseguidas – Dijo la máquina para mostrarle la misma chatarra que encontraron en las alcantarillas.
- ¿Utilizan piezas de máquinas muertas para comerciar? – Pregunto con algo de asco.
- Si, ¿por qué? – Pregunto extrañado.
- Eso se podría considerar como mercado negro – Respondió con obviedad.
- Es mejor que ir por ahí buscando metal. Pero, en fin, ¿vas a comprar algo? -
- Pasare esta vez, no tengo los G suficientes como para comprar nada de todo esto, pero volveré en cuanto consiga más – Respondió Aila.
- Vuelve siempre que quieras, no sientas timidez – Hablo la máquina voladora.
- Gracias – Dijo Aila para retirarse y dirigirse hacia una máquina que estaba con falda y tenía puesta pintura en la cabeza. Junto a ella había una maquina robusta pintada en todo su cuerpo de tal forma que pareciera una vestimenta elegante. Junto a ellos estaba una maquina más pequeña, su cuerpo igualmente estaba pintado para que pareciera una vestimenta de algún tipo.
- Hola, es la primera vez que veo a alguien como tú por aquí. Es un placer conocerte – Saludo alegremente la máquina con falda.
- Hola, es un placer conocerlos, me llamo Aila – Saludo educadamente – ¿Y quiénes son los demás? – Pregunto interesada.
- Ellos son mi esposo y mi hijo – Dijo la máquina.
- ¿Que? – Pregunto Aila claramente estupefacta ante la estupidez que acababa de oír. ¿Ellos eran su esposo y su hijo? ¿Acaso una máquina podía tener esos lazos familiares tan complejos? Se pregunto mentalmente.
- Hola señorita, es un gusto conocerla – Saludo educadamente la máquina "padre".
- Holaaaa – Saludo enérgicamente el "hijo".
- Hijo, te he dicho que tienes que saludar educadamente como tu madre – Dijo la máquina con falda reprendiendo a su hijo.
- Si, lo siento mama – Hablo la máquina con un tono de voz triste y arrepentido.
- Hijo, recuerda que siempre debes hacerle caso a tu madre, ella es muy inteligente – Dijo el padre.
- Tu también podrías enseñarle modales al niño, siempre estas ocupado, nunca tienes tiempo para él – Reprendió la madre.
- Si papa, debes pasar más tiempo conmigo – Reprendió igualmente el hijo.
- Si lo sé, lo siento – Dijo el padre.
Aila estaba impresionada por la interacción entre los tres, de verdad creían que eran una familia y tenían discusiones como tal. Pese a que son máquinas, imitaban a la perfección una relación familiar característica de los humanos, era verdaderamente interesante.
- Y usted señorita, ¿cómo encontró la aldea? – Le pregunto la máquina padre.
- Tengo mis métodos, pero en fin, fue un gusto conocerlos a todos, espero volver a verlos próximamente – Dijo Aila.
- Entiendo, igualmente fue un gusto para nosotros conocerla, vuelva a visitarnos cuando quiera – Dijo la maquina madre.
- Siii, vuelva a visitarnos – Dijo el niño.
- Lo hare, lo prometo – Comento Aila para retirarse hacia donde estaba Pascal, quien ya había regresado.
- Ya volviste – Dijo Aila dirigiéndose a Pascal.
- Si, ahora podemos hablar, ¿que necesitas saber? – Pregunto alegre.
- ¿En qué momento te desconectaste de la red? ¿Y cómo pudiste hacerlo? –
- ¿Conoces la Red de máquinas? –
- Si, estuve investigando mucho -
- Ya veo, fue hace bastante tiempo, no recuerdo cuando, y pude hacerlo porque siempre estuve consciente dentro de la red –
- ¿Están conscientes dentro de la red? – Pregunto Aila sorprendida.
- Si, todas las máquinas estamos conscientes, pero dentro de la red todo lo que no sea máquinas se ve oscuro – Le respondió Pascal.
- Ya veo, eso explica muchas cosas – Dijo Aila analíticamente – ¿Y por qué te desconectaste? –
- Para dejar de luchar – Le respondió.
- ¿Y por qué dejarías de luchar? – Le pregunto Aila.
- Llevo viviendo cientos de años, he perdido a muchos amigos una y otra vez – Dijo con un tono triste – Pero perder amigos no es lo que me asusta, lo que me asusta es que he me acostumbrado a ver morir aquellos que me importan, por eso decidí que ya había tenido suficiente -
- Ya veo – Dijo Aila - ¿Sabes algo acerca de tus creadores? –
- ¿Mis creadores? Llevamos cientos de años sin recibir un solo mensaje de ellos, así que no puedo contarte gran cosa, lo siento –
- ¿Tus creadores son una raza alienígena verdad? ¿Y hace cuanto tiempo llegaron? -
- Así es, llegaron aquí hace mucho tiempo, no sabría decir cuánto, fui construido bastante tiempo después de su llegada –
- Entiendo, ¿y cuál era su misión en un principio? –
- Nuestra misión era la de combatir y exterminar a los androides, así nuestros creadores podrían poblar el planeta y expandirse –
- ¿Y que paso con los humanos? – Pregunto Aila, era una de las preguntas que más quería hacerle.
- Ya no había humanos cuando me fabricaron, y tengo entendido que la orden fue siempre aniquilar a los androides – Respondió Pascal.
- ¿Donde se encuentran sus creadores? – Esa era la pregunta que más quería hacerle.
- No lo sé, cuando llegaron se ocultaron en algún lugar, pero no sabría decir donde – Le contesto.
- ¿Qué raza alienígena son tus creadores? –
- Ni idea, las máquinas los conocemos simplemente como "creadores" –
- Ya veo – Dijo Aila analizando toda la información adquirida hasta ahora para ir sacando conclusiones.
- Y tengo una duda – Pascal hablo sacándola de sus pensamientos - Dijiste que no eras un androide, ¿entonces que eres? – Le pregunto curioso.
Aila estaba bastante escéptica sobre si quitarse el casco y mostrar su apariencia, podría alarmar a las máquinas, a lo mejor despertar un impulso reprimido obligando a ella a hacer cosas que no quiere. Pero todo este tiempo hablando con Pascal se dio cuenta que era alguien bastante intelectual, no creía que fuera a matarla solo porque es parecida a un humano, así que de entre todas las máquinas que conoció en la aldea podría confiar en él.
- Te mostrare lo que soy, pero en privado, las otras máquinas podrían alarmarse – Le dijo Aila.
- Esta bien, conozco un sitio bastante privado donde nadie nos moleste, sígueme – Le dijo Pascal para empezar a moverse, impulsado por el cohete de antes. Aila lo siguió detrás, volando igualmente, aunque ella usaba la luz para poder hacerlo. Habían llegado a lo profundo de un bosque, en el que nadie los molestaría.
- Bien, aquí será perfecto, ¿ahora me lo mostraras? – Pregunto algo impaciente.
Aila puso sus manos en el casco, dudo por un segundo si mostrar su rostro, pero había volado bastante lejos, así que sentía que debía hacerlo. Levanto por completo su casco, mostrando un rostro de color azul pálido, ojos color azul los cuales brillaban y un cabello color purpura.
Pascal al verla se quedó impresionado, tanto que casi se cae, era la primera vez que veía a alguien con ese aspecto después de todo.
- Soy una insomne, una especie que desciende de los humanos – Le respondió la chica.
Pascal por otro lado estaba en transe, no hablo hasta cinco minutos después.
- ¿Dices que desciendes de los humanos? –
- Así es – Le contesto Aila.
- ¿Y de dónde vienes? – Pregunto interesado.
- Vengo de un universo completamente diferente, en ese universo existen más razas – Le respondió con el casco apoyado entre su brazo y el cuerpo.
- ¿Universo diferente? –
- Así es –
- Eso es…muy difícil de creer – Le dijo Pascal con un tono complicado.
- Lo sé, pero es la verdad – Le respondió Aila.
- ¿Y en ese universo existe los humanos? –
- Si, y no solo humanos –
- ¿Que otras razas hay? –
- También están los exos, máquinas de guerra con mentes humanas incansables –
- ¿Máquinas de guerra con mentes humanas? – Pregunto sorprendido.
- Si, sé que es difícil de creer, pero puedo mostrártelo – Dijo Aila para sacar a su espectro y que este proyecte a la Ultima Ciudad, junto a las plazas y calles donde las distintas razas convivían pacíficamente.
Pascal se quedó admirando la proyección, de verdad que era algo muy fantasioso, una civilización humana y prospera, algo que llevan queriendo las máquinas de su pueblo por mucho tiempo, tener una civilización prospera, y vivir en paz con los androides.
- ¿Ahora me crees? – Le pregunto Aila.
- La verdad, no tanto - Dijo con voz complicada – Todo lo que dijiste es difícil de creer y muy fantasioso, necesito tiempo para pensar en todo esto – Pascal comenzó a avanzar en dirección a su aldea, pero volteo a ver a Aila que ya se había puesto el casco – Igualmente fue un gusto conocerte y charlar un poco, puedes visitar la aldea cuando gustes – Dijo finalmente para salir volando.
Aila por otra parte se quedó pensativa.
- ¿Crees que fue buena idea contarle todo esto? – Pregunto Cetus con duda.
- No lo sé – Respondió igualmente con duda.
- ¿Y si decide contarle a alguien? –
- No lo creo –
- ¿Como estas tan segura? –
- Alguien tan intelectual como el no sacara conclusiones tan apresuradas, además, dudo que alguien le crea – Le respondió Aila, parecía estar un poco preocupada.
- ¿Y si de todas formas lo hace? – Cetus Insistió.
-…Pues se hará lo que se deba hacer – Dijo para empezar a sobrevolar por encima de los árboles, iba a intentar contactar con ellos nuevamente.
- ¿Hola? Ramírez, Acteón, ¿me escuchan? – Pregunto Aila al comunicador.
- Aila, apareciste, llevo tiempo tratando de contactarlos, ¿dónde estás? – Le pregunto Acteón.
- Estaba en una aldea de máquinas pacifistas, me quedé conversando con su líder, se llama Pascal, fue muy agradable, discutí varios temas interesantes con el – Le respondió.
- ¿Una aldea de máquinas pacifistas? – Preguntaron Acteón y Ramírez al mismo tiempo.
- Si, por muy loco que suene es así, tengo una larga explicación que darles, pero por ahora será mejor encontrar refugio – Dijo Aila.
- Juntémonos en el campamento que me ofrecieron mis amigas, estaremos seguros ahí – Propuso Ramírez.
- ¿Campamento? ¿Tus amigas? – Pregunto Aila ignorante.
- Un campamento de androides que me ofrecieron Devola y Popola – Le respondió Ramírez.
- ¿Existe un campamento de androides? ¿Y los conociste? ¿Por qué no me lo informaron hasta ahora? – Pregunto molesta de que le ocultaran tal acontecimiento.
- No había conexión suficiente como para entablar una comunicación, recién ahora pude contactarlos, hay algo que también debo informarte – Explico Acteón.
- Cuando estemos en el campamento compartiremos datos que hayamos obtenidos – Hablo Ramírez.
- Sigo sin estar de acuerdo con eso – Comento Acteón con duda.
- Pues es eso, o ir de vuelta hasta la nave, y dudo que Ramírez quiera ir – Hablo Aila.
- No, el campamento es mil veces mejor, hay mucha sombra, además podremos conocer a su líder y a lo mejor obtener algunas respuestas – Propuso el susodicho.
- Pues ya está decidido, iremos al campamento. ¿Vienes Acteón? – Le pregunto a su compañero, aunque ya sabía la respuesta.
- …Esta bien, vamos – Respondió resignado.
- Genial, entonces tendrán que venir a la ciudad en ruinas, les hare señales de Luz sutiles para que puedan verme – Dijo Ramírez para cortar la transmisión.
- Bien, nos vemos allá – Dijo Aila para hacer lo mismo.
- ¿Estas segura? No sabemos cómo reaccionaran al vernos – Pregunto Cetus.
- Si, estoy segura, si le ofrecieron a Ramírez refugio en el campamento es porque deben ser bastante razonables, además podremos estudiar a los androides y obtener más respuestas – Respondio Aila para descender hasta tocar tierra.
- No estoy muy seguro de esto la verdad – Dijo Cetus con duda.
- Vamos, dijiste que debíamos seguir investigando, y ahora que tenemos la oportunidad de conocer a los androides ¿te vas a acobardar? – Le pregunto Aila de cierta forma burlesca.
- Esta bien, vamos – Dijo resignado – Pero te pido que no bajes la guardia, siguen siendo desconocidos para nosotros –
- Estas máquinas también lo eran, pero después vimos que eran muy agradables y simpáticos –
Cetus giraba su carcasa, parecía nervioso.
- No me mires así, ahora invoca a mi colibrí, tenemos un largo camino – Ordeno Aila para después subirse a dicho vehículo y dirigirse hacia su nueva investigación.
