Hola, una DISCULPA por hacerlas esperar tantos días para un nuevo capítulo. En mi defensa puedo decir que estaba mentalmente agotada. Gracias por su comprensión.


Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo treinta

Con incredulidad la observo mientras las comisuras de mis labios se elevan en una sonrisa fingida. La rabia que estoy sintiendo ante su revelación me está superando que quiero sujetar su rostro y obligarla a que me mire a los ojos.

Doy un paso porque necesito tenerla cerca y ella retrocede cruzándose de brazos.

― ¡No mientas! ―interviene mi madre en un grito―. ¡Eres la amante de mi marido! Los he descubierto…

― ¡Cállate! ―interrumpo volviéndome a Esme. Es desesperante estar escuchando las sandeces que dice, mi madre solo me observa con sus ojos tan amplios está a punto de protestar―. ¡Tu ex marido es un maldito acosador! ―rujo ante su rostro estupefacto― ¡no te atrevas a defenderlo!

Volteo con Isabella. Estoy lo suficientemente alterado para no poder controlar mi aversión por el hombre que me engendró.

― ¿Cuándo lo viste? ―indago en un grito.

Ella muerde sus labios y me mira con insolencia desde su posición.

― ¡No me grites! ―exige con ese tono tan mandón que últimamente sale de ella.

Meso mi pelo recurriendo al único método para poder tranquilizarme, por mi vida no quiero gritarle. Pero es que ella es tan desesperante y respondona que agota mi paciencia.

― ¡Contesta! ―sujeto sus antebrazos― ¿Cuándo lo viste?

― Fue el día que pedí ayuda a Esme ―susurra mirándome.

― ¿Te hizo algo? ―mis ojos la recorren― ¿te tocó?

Ella niega.

― ¿Cómo puedes decir eso? ―mi madre vuelve a intervenir tomando mi brazo―. Bella es la amante.

― ¡No es cierto! ―chilla Isabella soltándose de mí para irse en contra de mi madre―. ¡Carlisle es un loco que se la ha pasado molestandome! ―sujeto su cintura antes de que haga una tontería, mis brazos la rodean con fuerza― ¿¡cómo puede defenderlo!?

― ¡Mientes! ―Esme responde con el mismo coraje que Isabella la enfrenta― Carlisle es un hombre intachable que nunca haría un acto tan depravado.

― Ese hombre que usted defiende ¡me compró por una noche! ―chilla presa de la desesperación y llanto― ¡Me compró! ¿entiende? Fue capaz de comprarme y desde entonces no me deja en paz.

Mi madre nos mira horrorizada reaccionando con una fuerte bofetada en el rostro de Isabella.

― ¡Basta! ―intervengo poniéndome frente a Esme e impidiendo que se acerque a Isabella―. ¡No te atrevas a tocarla otra vez! —advierto— No me obligues a que te eche de mi casa.

Esme retrocede; sus ojos se han vuelto cristalinos a causa de la lágrimas retenidas.

― ¿La estás defendiendo? ―cuestiona―. ¿Quiere decir que estas de su lado a pesar de ser la amante de tu padre? ¿la prefieres a ella?

Ofuscado froto mi rostro intentando tener paciencia para mi madre.

— No conoces a Carlisle —digo. No quiero terminar la oración porque realmente yo tampoco lo conozco, solo intuyo que no es quien yo creía.

La desilusión se apodera de Esme y su llanto empieza a volverse fuerte.

La ayudo a sentarse en el sofá y me uno a su lado con mi palma en su espalda. La aliento con suaves masajes al verla tan desconsolada en medio de su desgarrador llanto.

― Escuchame ―pido al tener su cuerpo acurrucado en mi torso―. Carlisle no es quien tú crees, mamá.

Ella llora más fuerte y niega enterrando su cabeza en mi pecho. Suspiro hondo y me concentro en su frágil postura protegiéndola con mis brazos.

― Nunca he sido la amante de nadie, Esme ―susurra Isabella entre lágrimas enfocando su vista en mi madre―. Mi único error fue aceptar una beca en la universidad y haber accedido a las presiones de una compañera que me propuso ofrecer mi virginidad en una página de Internet ―toma una bocanada de aire― Carlisle fue quien me compró por una noche, pero yo nunca me vi con él. Lo juro. En su lugar conocí a su hijo que fue quien usurpó a su entonces esposo. Yo nunca he tenido ningún interés en Carlisle y Edward es testigo que solo he estado con él, en mi vida no ha existido ningún otro hombre. Y respecto a la propiedad que menciona no tengo idea de qué trata, yo no he firmado absolutamente nada que me haga sentirme dueña de una casa. Edward ―se dirige a mí― lamento no haberte dicho que había visto a tu padre, lo hice pensando en el bienestar de mi familia.

― Una familia que no te quiere y que te ve más como un estorbo en sus vidas ―espeto dolido―. Te pedí más de una vez que debías decirme si Carlsile te molestaba, lo hablamos suficientes veces y prometiste ser honesta.

― Pero estamos hablando de mi familia ―increpa― Para mí no importa si no me quieren ―su voz se hace un débil murmullo― jamás podría vivir en paz sabiendo que algo les pasó por mi culpa. Entiendeme.

― Estás tan acostumbrada a mendigar migajas de cariño de todo mundo ―prosigo― Crees que por esto tu madre va caer a tus pies o piensas que Charlie tendrá valor de quererte sin reparos a lo que diga su esposa. ¿En serio lo crees? Porque lamento decirte que eso no va ocurrir ni aunque te sacrifiques una y mil veces por ellos.

Isabella levanta su rostro y con ojos llorosos me mira justo cuando su labio inferior tiembla.

― Tienes razón. Estoy acostumbrada a mendigar que me quieran, quizá por esto mismo busqué desesperada a alguien que cuidara de mí ―sacude su cabeza― muy mala decisión.

― ¿Otra vez queriendo huir? ―cuestiono al verla caminar a la entrada. Ella se detiene sin voltear aún con su mochila al hombro, me incorporo dejando a mi madre entre sollozos en el sofá―. ¿A dónde vas?

Isabella limpia sus lágrimas mirándome cuando estoy frente a ella.

― Lo que menos quiero es causar más problemas de los que ya ocasione, así que prefiero irme.

― ¿Por qué? ―pregunto soportando las ganas de abrazarla y darle el consuelo que necesita. Fui un gran hijo de puta al decir que ella solo mendiga cariño.

― Estoy tan cansada de ser la culpable de todo lo malo que sucede a mi alrededor. Merezco un poco de paz en mi vida.

― ¿Crees que la conseguirás huyendo?

― Pues si me alejo de ti puede que lo consiga ―responde sosteniendo mi mirada.

Pensativo me lleno de rabia, decepción y frustración al mismo tiempo, me niego a creer que prefiere apartarse de mí a pesar de lo que hablamos. A pesar de que soy capaz de poner el mundo a sus pies si lo pidiera.

― ¡Edward! ―escucho que grita Esme― hijo…

Confundido regreso a su lado; mi madre yace tendida sobre el sofá a punto de desvanecerse. La sostengo entre mis brazos mientras sus ojos se vuelven blancos. Isabella se acerca dando suaves golpecitos en el rostro, sin embargo Esme no reacciona. Carmen entre nuestros gritos por hacer reaccionar a mamá aparece con un algodoncito empapado de alcohol.

Manteniendo la calma la tomo en brazos llevándola a la camioneta; yo conduzco más allá del límite del tráfico, dejando que Isabella cuide de ella en el asiento trasero.

Estaciono en el primer hospital y los paramédicos me ayudan a bajar el cuerpo lánguido de Mamá llevándola en una camilla móvil. En todo momento Isabella y yo nos mantenemos distanciados y sin cruzar miradas dejando el tiempo transcurrir.

Después de lo que parece una eternidad el médico encargado de urgencias se acerca diciéndome que Esme había llegado en un estado crítico de estrés y que debe quedarse bajo observación veinticuatro horas para evaluar otra posible crisis.

― ¿Cómo te sientes? ―quiero saber cuando veo que abre sus ojos, paso una mano por su dócil cabello color caramelo y ella traga saliva volviéndose inquieta.

― Las fotografías llegaron a mí por medio de un sobre anónimo ―murmura dejando resbalar sus lágrimas por sus sienes, las limpio de inmediato tratando de que se sienta mejor. Esme detesta verse débil― no sé qué pensar... ahí venían las fotos y un documento que acredita a Bella ser dueña de una casa que tu padre compró para ella. ¿Quién pudo enviarme eso tan cruel?

― Deja de pensar, mamá ―sostengo su mano.

Mi madre se ve tan frágil tumbada en la camilla que su semblante acongojado me preocupa.

― También sé que lleva meses viviendo en el mismo edificio del despacho McCarty ―continúa hablando de forma atropellada―. La ha estado acechando, Edward. Tu padre es un monstruo, es un maldito degenerado.

Trato de relajarme. Necesito que mi madre me vea tranquilo, aunque por dentro puedo sentir que mi sangre se agita como lava volcánica por ir en busca de Carlisle y enfrentarlo.

― Ahí en el sobre vienen las pruebas de tu padre viviendo en ese lugar. Es como si el propósito real de las fotos fuera solo hacerme ver que ellos eran... ―solloza fuertemente―. Necesito hablar con Bella ―se intenta enderezar y yo la detengo con mis brazos― debo disculparme con ella ―pide entre lágrimas― por favor, pídele que venga.

― Isabella está afuera ―le explico― ella ha estado esperando conmigo todas estas horas. Iré a decirle que puede pasar.

Mamá trata de sonreír pero falla moviendo solo la cabeza cuando la ayudo a volver a su posición sobre la incomoda camilla.

― La vamos a cuidar, Edward, debemos cuidarla para que ese hombre no se acerque. No dejaremos que le haga daño ―empieza a hiperventilar― no voy a permitirlo, no lo haré.

El monitor empieza a sonar más deprisa, sus pulsaciones se están acelerando de forma estrepitosa mientras Esme sigue balbuceando que cuidará de Isabella y está intentando incorporarse para salir de la camilla. Intento que se tranquilice, pero al no surgir efecto mis peticiones presiono el botón de ayuda para que una enfermera me asista debido a que mi madre está teniendo una nueva crisis.

En instantes el personal médico entra a la habitación blanca y empiezan a suministrar algún tipo de medicamento directamente en el brazo, entretanto una enfermera me guía fuera para que los deje seguir con el procedimiento de calmar a Esme.

Estando fuera de la habitación comienzo a caminar por el pasillo aún conmocionado por haber sido testigo del lapso alterado de mamá, me siento extraño porque jamás imaginé verla en esas condiciones tan vulnerables. Llego al área de espera y busco a Isabella con la mirada, ella no está por ningún lado, inclusive salgo al área de la cafetería y jardín dándome cuenta que se ha ido.

Molesto saco mi móvil buscando su contacto y su buzón me recibe al instante.

No tengo más noticias de Isabella lo que resta del día. En la noche decido quedarme a cuidar de Esme después de que fue sedada por tercera ocasión.

Un día después es dada de alta y luego de mucho insistir acepta quedarse en mi casa bajo mis cuidados.

― ¿Por qué Bella no durmió aquí? ―indaga Pat al verme entrar en la cocina. Él está comiendo de pie junto a la encimera― ¿en dónde está?

Carmen le hace un gesto para que guarde silencio el cual mi hijo ignora.

― Ah, discutieron ―rueda los ojos y continúa comiendo froot loops con leche― ¿terminaron?

― Pat ―quiero reprenderlo por su insistencia― deberías alimentarte mejor que solo comer cereal.

Él se encoge de hombros y sigue removiendo la cuchara en el tazón.

― Bella siempre come esto y nunca le dices nada.

― Ella es una adulta.

― Pero se alimenta muy mal y solo sabe comer galletas, cereal y chatarra congelada.

Exhalo. Salgo de la cocina porque realmente no quiero discutir, mi humor no ha sido el mejor desde las últimas veinticuatro horas.

Al marcar de nuevo el número de móvil de Isabella me sigue mandando a buzón. Fastidiado marco a Jessica que ella si responde al segundo timbre.

— ¿Dónde está Isabella?

Jess resopla al escuchar mi pregunta.

— No llegó a dormir —prosigo caminando con el móvil pegado a mi oreja— ¿quiero saber si está bien y dónde pasó la noche?

Se quedó con Mike —reconoce.

— ¡¿Qué demonios?! —el tono de mi voz se registra más alto del que debería, pellizco el puente de mi nariz molesto por la nueva información— ¿¡Cómo qué se quedó con Mike!? —cuestiono— ¿con Mike tu novio?

responde entre risas sofocadas que se escuchan a través de la línea.

— ¿Y por qué mi novia se quedó con tu novio? —exijo saber.

Tenían una tarea en equipo. Yo estuve con ellos pero son demasiado aburridos cuando se concentran y terminé por venir a dormir al apartamento —inhala y exhala ruidosamentepor cierto, Bella fue a correr hace una hora, si quieres verla de forma casual llega al Lincoln Park. Y no digas que yo te dije.

No me causa ninguna gracia que Isabella haya dormido en el mismo lugar que Mike. Me hace sentir raro e incómodo.

— Gracias, Jess. —respondo entre dientes— Pero no me has dicho, ¿Isabella está bien?

Mmm… es mejor que hables con ella. Nos vemos, Edward —hace algún murmullo y finaliza la llamada.

No pierdo tiempo en avisar que iré a correr tan solo salgo derrapando de la entrada rumbo al Lincoln Park.

Es una tarde de sábado muy concurrida.

Empiezo a andar entre las veredas viendo en todas direcciones para encontrar a Isabella. Después de recorrer la mitad del camino me detengo frente al lago; hay algunas parejas tendidas en el pasto y familias compartiendo una tarde de picnic.

Sigo recorriendo el lugar con un poco de ansiedad al no verla entre el gentío hasta que mis ojos la captan sentada frente al lago con sus piernas recogidas, parece absorta ante la vista.

Me poso a su lado, incluso me siento muy cerca de ella sin que note mi presencia, molesto su larga coleta y es como capto su interés.

— ¿Cómo está Esme? —murmura con su vista en cualquier lugar.

— Mejor, la llevé a casa —paso detrás de su oreja un corto mechón que se ha soltado de su coleta—. Quiere verte. Está muy apenada contigo y necesita disculparse.

— No tiene por qué.

— ¿Estás enojada? —indago al notar su frialdad—. Discúlpame si te hice sentir mal, estaba molesto.

Isabella suspira ante una suave brisa, eleva su rostro a la vez que cierra sus párpados por unos segundos.

Alargo mi dedo y acaricio su hermoso rostro que hoy está libre de maquillaje, se ve más joven vestida en ropa deportiva.

— Está bien, Edward. He pensado mucho en lo que dijiste sobre mi necesidad de afecto.

— Isabella...

Ella levanta su dedo sin dejarme hablar.

— Es que tienes razón, estoy haciendo todo mal porque necesitaba pertenecer a alguien, quizá en mi desesperación por sentirme protegida cedí ante ti y no, no debí hacerlo. Debo aprender que el cariño no se ruega y si no me quieren no pasa nada, la vida no se acaba. Mis padres permitieron que esta necesidad de afecto creciera en mí por esto mismo me aferré tanto a Tyler, por esto mismo llegué adueñarme de los padres de Jessica y estoy haciendo lo mismo con Mike y estoy segura que así lo hice contigo. Y no, no quiero seguir con este patrón, necesito alejarme y primero que nada aprender a quererme. Quiero y merezco paz en mi vida.

― Cariño... ―Sotengo su rostro entre mis manos, sus bellos ojos marrones me observan con profundidad. Dejándome ver que está hablando con su corazón. Y no, me niego a aceptarlo―. No te martireces, Isabella, nunca has sido tú quien pida cariño. Fui yo quien me acerqué a pesar de qué no debía porque sabría que te expondría y te arrastraría a mi mundo. Fui egoísta porque a pesar de tu juventud te quise conmigo sin importar el mundo entero. Te he estado exponiendo ante los bajos instintos de Carlisle en vez de atacar como debía hacerlo, pero lo resolveré, nena. Juro que no permitiré que se te acerque, nunca más.

— Gracias por todo, Edward. ―cierra sus párpados un instante y luego fija sus ojos en mí― Pero es momento de dejarlo aquí.

― No, no me pidas eso ―ruego sintiendo una sensación de angustia creciendo en mi pecho― no te dejaré.

― Es necesario ―dice― debemos de darnos un tiempo.


Y hasta aquí la dejamos, ahora sí el viernes traigo la otra parte porque me estoy atrasando mucho y deseo volver a los capítulos felices. ¿Alguna duda o algo que quieran decir sobre el capítulo? ¿Creen que Edward se quede tan tranquilo y la dejará?

No se olviden que pueden buscarme en mi grupo: Historias por Lau

*Nos leemos el viernes.

A quienes comentaron todo mi agradecimiento especial: Elizabeth Marie Cullen, Diannita Robles, PaolaValencia, Pepita GY, ALBANIDIA, Lore562, Jane Bells, Moni, angi marie cullen, Gabs Frape, Patty, Flor Mcarty, Eli, Dulce Carolina, Lily, Ana, solecitonublado, Pameva, joabruno, cocoa blizzard, Antonella Masen, Lidia, GLORIACULLEN, Torrespera172, Adriu, Ximena, Andrea, Lili Cullen-Swan, mrs puff, Claudia, Iza, Bell Cullen Hall, Lizdayanna, Wenday14, rociolujan, Isis Janet, y comentarios Guest.

¡Gracias totales por leer!