CAPÍTULO 34

LA TORRE MÁGICA DE RASLUAN

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Me presento en la habitación esa mañana, ignoro a Deckard que está cambiándose para dejarme caer cuan larga y pesada en la cama.

Ugh.

—¿Mañana dura? —se burla.

—Piérdete un rato —mascullo contra la almohada, exhausta a pesar de acabar de darme una ducha. No quiero levantarme de aquí. Enola ha pateado mi trasero el día de hoy

—Quizá lo haga —responde Deckard, ganándose mi atención puesto que mi cabeza se gira hacia él—. Estaré fuera de Menevras unas horas. Tengo que ir a Rasluan.

Una campanilla suena en mi cabeza.

Rasluan.

De inmediato, me incorporo de la cama, estoy sentada ahora.

—¿Rasluan? ¿Por qué?

—Recibí una alerta del líder de la torre del oeste. Hay concentraciones de magia oscura. —Sus cejas se fruncen mientras sujeta su cabello con una cinta antes de ponerse la capa—. Es probable que se trate de presencia de quimeras.

Me muerdo el labio debido a que las palabras de Vita y Naturae en la visión que tuve de hace semanas vuelve a mi cabeza. Con el aumento de oscuridad, las probabilidades de que las criaturas ataquen otros imperios suben a la par. No pensé que sucedería tan pronto, mucho menos a Rasluan. Está demasiado alejado de Menevras, era más seguro pensar que irían a Bromstung dado que es un país vecino.

No importa, el punto aquí es...

—¿Puedo ir contigo? —imploro, poniéndome en pie.

Deckard deja todo movimiento para verme.

—¿Qué?

—¡Por favor! —Junto mis manos en una plegaria ante él—. Prometo portarme bien, no causaré problemas. Sabes cuánto me gustó Rasluan. Mientras haces tu trabajo, puedo pasear por la ciudad capital. Quedé muy corta la última vez.

Mis esperanzas se desploman ante el movimiento negativo de su cabeza.

—Es más seguro para ti quedarte en la torre.

—Deckard, por favor. —Evito que tome su capa al sostener sus manos primero—. No quiero quedarme encerrada en la torre. Lo sabes. Sabes que no puedo permanecer entre cuatro paredes. Crecí en un ambiente libre, crecí sabiéndome cuidar. Déjame ir.

Lo veo. Tiene esa mirada de inseguridad, y casi obstinación, pienso que cree algo puede pasarme si estoy fuera de la torre, como sucedió en el lago Vitta. Aprieto sus manos. Esta vez no haré nada imprudente, esta vez incluso empujaré a las personas para salvarme a mí primero. Seré egoísta para salvarme, siempre y cuando me deje ir.

—Hagamos esto. Si estoy en peligro, gritaré tu nombre. Te llamaré. No haré nada por mi cuenta... que tampoco es como si pudiera por completo, pero no es el asunto aquí. Solo..., por favor, cariño, déjame ir contigo.

Sus manos me regresan el apretón.

—Tú... Dilo de nuevo.

¿Eh?

—¿Por favor? ¿Déjame ir contigo? —Lo capto, y no puedo evitar bufar—. ¿Cariño? ¿Es en serio?

—Me gusta cómo suena eso —susurra, me jala más cerca.

—Oh, cielos. —Comienzo a reírme—. Entonces, si te hago morritos, ¿me dejarás ir? —Procedo ahora a abrazar su torso, estirando mis pies para alcanzar su mentón y luego su boca. Comienzo a hablar con drama—. Mi amor, ¿serías tan maravilloso en llevarme contigo a Rasluan? Mi poderoso y hermoso mago de ojos carmines.

Él se aleja, riéndose, no sé si de mis palabras o de mí. Quizás ambas.

—¿Funcionó? ¿Me llevarás?

Deckard se encoje de hombros.

—Había aceptado un par de frases atrás, pero igual fue gracioso escucharte decir eso.

Mi boca se abre.

¿Por qué nadie me dijo? ¡Debí quedar como idiota! Gran F para mí.

—Eso no me lo esperaba. Qué cretino.

Él sigue sonriendo. Imbécil, ¿te crees muy gracioso, no?

—¿Qué, significa eso que ya no soy tu poderoso y hermoso mago de ojos carmines?

—¡No fastidies!

Mierda. Sé que debería estar acostumbrada a hacer el ridículo, el asunto es que acabo de quedar como la reverenda payasa y él está haciéndome bullying por eso.

Deckard se coloca su capa, sin dejar de sonreír. Ugh. Deseo quitarle esa sonrisa burlona de la cara, no lo hago porque mi peluca y nariz de payaso me ha dado más puntos para que me lleve con él. Seguiré como payasita de Nifu Nifa hasta que lleguemos al imperio.

Que fue justo después de que toma mi mano.

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No me canso de decirlo, a pesar de ser la segunda vez que estoy aquí, estar en Rasluan se siente como regresar a casa. Le he pedido a Deckard que me deje en la plaza que visitamos la última vez, permitiéndome mezclarme entre los lugareños. Él puede rastrear mi maná para encontrarme, no va a perderme sin mencionar que no pienso irme tan lejos.

No aún, al menos.

—Trataré de no demorarme mucho —comenta él, observándome, ignorando las miradas de los demás.

No sé si es que esta gente no acostumbra a ver a los magos, o ellos se camuflan bien entre las personas. Deckard lleva puesto la túnica de los magos y la capa echada sobre la cabeza, lo que atrae la atención de cada transeúnte que pasa cerca de nosotros.

—Em. Todos nos están viendo —digo, algo incómoda.

—¿Y? —No deja de analizarme de pies a cabeza. Sé que no es mi vestimenta, llevo el mismo traje de vestido y pantalón que es típico de Rasluan; no, él se está asegurando que estoy capacitada para estar por mi cuenta en este país unas horas.

Cielos, han pasado más de dos semanas. Accedió a traerme. Aunque no es el punto ahora.

—Es solo que... parecen no haber visto a un mago antes.

—No lo hacen. Solo en Chadwick los magos se relacionan libremente con la sociedad. —Por fin alza la cabeza para ver nuestro alrededor. De inmediato su mirada está alejando las de cada persona, como si los espantara. Uy—. En los demás imperios suelen permanecer recluidos en sus torres. Es más cómodo para nosotros... —De entre su capa saca una bolsita de tela que, al yo tomar, resuena con un tintineo—. Esto te distraerá un poco hasta que vuelva. Compra lo que gustes.

Cuando abro la bolsita, el interior brilla por el oro y la plata hecha monedas. Suelto una pequeña risa.

—Definitivamente eres como un cajero automático personal. ¿Puedo gastarlo en lo que sea?

Deckard se encoje de hombros. Yo aferro la bolsa.

—Entonces, ya rugiste. ¡Tómate todo el tiempo que desees! Esta mujer irá de compras. —Me estiro para obtener un beso rápido, marchándome en dirección a las tiendas.

La plaza en la que estamos es una parcela cuadrada, en el oeste hay una especie de museo que, en una ocasión que entramos, contiene ornamentos que pertenecieron a generaciones anteriores y que relatan la fundación del imperio, todos cedidos por el palacio real de Rasluan. Las tiendas y toda la zona comercial ocupan el área norte y este, Me uno a un grupo que está esperando su turno para cruzar la vía de autos, y al echar un vistazo a mi espalda, ya Deckard se ha marchado.

Es entonces que comienza mi verdadero plan. Me giro hacia una mujer que lleva en sus brazos a un bebé, un hombre mantiene un brazo protector sobre sus hombros.

—Buen día. Disculpe, ¿sabe cómo puedo llegar a la Torre del Este?

Ambos se observaron entre sí. Fue el caballero quien me respondió.

—Al cruzar a la otra calle, toma ese callejón que ves ahí entre la pastelería y la boutique de Madame Rosende. Transitan unas dos cuadras hasta que veas el puente Krev. Ahí suele cargar el tranvía que llega hasta la base de la colina donde está la torre. —Él revisa su reloj de bolsillo—. Si te apresuras, puedes alcanzar el tranvía de las diez. El siguiente tardaría tres horas en llegar.

—Mierda, ¿en serio? —Yo me atrevo a tomar su reloj, me quedan diez minutos. No sé qué tan puntuales sean estos medios de transporte, pero no me voy a arriesgar.

Observo la carretera y, sin dudar, aprovecho de cruzar apenas veo una oportunidad entre un auto y el otro. Escucho una bocina a mi espalda cuando alcanzo la otra calle, lo ignoro al continuar corriendo.

Lo siento, suelo respetar las leyes viales. Prometo ser una mejor turista. Justo ahora no me permito eso.

Alcanzo el inicio del callejón, que es más un largo camino en medio de dos áreas de edificios repletos de locales. Dios mío, las cuadras son enormes, son extensas, Es un maldito boulevard enorme, y entre una cuadra y otra, me topo con otra carretera. Aquí no parecen transitar muchos autos, por lo que tan solo me detengo para echar un ojo antes de seguir.

Al finalizar la siguiente cuadra, exhausta, comienzo a girar en busca del mencionado puente Krev. Está a mi izquierda, y ahí alcanzo a ver el tranvía esperando a que los últimos cuatro pasajeros suban. Echo a correr.

—¡Esperen! —grito. Diablos, esto se siente como cuando corría desde casa a la parada de busetas los días que tenía que ir a secundaria—. ¡Detenlo ahí!

Dioses benditos, el último pasajero me escuchó y se detuvo con un pie encima del tranvía. Yo llegué con el alma en el cielo, quería desplomarme como anime japonés en el suelo, tuve que esforzarme en continuar. Puse un pie en el escalón, fui empujada fuera por una fuerza exterior.

—¡Ay! ¿Qué pasa? —me quejo, mi entrecejo fruncido.

El hombre atrás de mí me señala una ranura junto a la puerta.

—La magia del tranvía no te aceptará entrar si no pagas la tarifa primero. Es una moneda de plata.

Oh. Claro.

Busco la moneda en la bolsita que me dio Deckard. Lo introduzco en la ranura y se escucha una campanilla muy suave. El suave impulso del caballero tras de mí me indica que suba, y busco un asiento vacío. Por fin, ahí, me dejo caer con poca elegancia.

Sé que Deckard se fue creyendo que estoy despilfarrando el dinero que me dio en tiendas, probablemente es lo que debería estar haciendo en vez de ir hacia la Torre del Este. No obstante, desde que él me contó sobre la persona tras cada artículo moderno que hay en este imperio, no he podido quitarme de la cabeza el querer conocer a Arsen. Deckard no parece tener aprecio por Arsen, sin mencionar que desde mi recuperación, se ha mostrado bastante posesivo entorno a los demás magos. Es una suerte que haya aceptado dejarme por mi cuenta hoy, sobretodo en este imperio.

Por ello, necesito aprovechar mi suerte y conocer al mago líder de la Torre Mágica de Rasluan.

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El tranvía demoró media hora en dejarme en la base de la colina del este. El palacio imperial está ubicado en la base de las montañas al noreste, De noreste a este, toda esa zona es montañosa y repleta de colinas, la torre mágica está oculta en lo más alto. La entrada es un arco de mármol cubierto por enredaderas, hay bosques rodeándolos.

Es como una colina boscosa. Las otras colinas que he visto han sido limpiadas, me recordaban las colinas de los Alpes en la serie de Heidi. Pero estos están repletos de árboles, hierbas, arbustos, hasta las escaleras —unas interminables, por cierto— están cubiertas de hojas caídas. Y sin duda alguna no me extraña las miradas que me dieron los pasajeros cuando indiqué al tranvía que quería bajarme aquí —que debo decir, ¡qué sistema tan estupendo! Frente a cada asiento había una pantalla de magia con todas las direcciones que el tranvía recorre y solo tenías que presionar tu dirección destino.

Nadie más se bajó. Esto luce además solitario.

—Ug. Esto se parece a un escenario de los juegos de Slender-man —digo para mí misma, me armo de valor y empiezo a subir los escalones.

El canto de los pájaros es lo único que me calma. Sí se siente algo de paz, pero es una paz inquietante. Más allá del piar de las aves, de las ramas de los árboles chocar entre ellas y el sonido del viento, le acompañan los sonidos que hace el tacón de mis botines a cada escalón. El aire es frío, un grado menos a lo "agradable". Y el aire porta un olor a hierba húmeda, aunque sé que no ha llovido hace poco.

Mientras más avanzo, más de la Torre comienzo a ver. Ya no visualizo solo la cúpula, como en Menevras, todas las torres son de ladrillo oscuro. Me toma unos diez minutos alcanzar la cima, cuyo descuidado jardín me indica que hacía años que no se da un mantenimiento. La hierba alta alcanza mi rodilla, hasta sale hierba en medio del pavimento del camino, que está quebrado. Han crecido unas hermosas florecillas silvestres que le dan un toque de color amarillo y lila al jardín. No me distraigo mucho con ellas, me dirijo directamente a la puerta principal de la torre.

Dudo por un momento, toco dos veces. Espero. Deckard dijo que Arsen se ha encerrado por años aquí. Dios mío, ¿y si el weon se murió? ¿Y si termino encontrando su cadavérico cuerpo en el interior en medio de un nuevo invento que nunca llegaría a ver la luz? ¿Y si termino encontrando a un chiflado que trata de atraparme para experimentar conmigo?

—¿Y si mejor solo entro? —acabo diciéndome, cortando la imaginativa aunque dramática línea de pensamientos de mi cabeza.

Muerto o no, algún registro debió dejar que me dé una idea de dónde demonios creó esas cosas.

Tomo la manilla, la giro y tengo que hacer presión, comienzo a empujar con mi cuerpo hasta que los goznes de la puerta cedieron con un horrible sonido.

—¡Perdón! —Cielos, quizá deba dejar algo de dinero—. Le hace falta aceite —añado, sacudiendo el polvo que levanté con ese movimiento—. ¿Hola? ¿Hay alguien aquí?

Mi voz resuena como un eco. Nadie responde. También todo está oscuro. Visualizo un vestíbulo amplio. Solo hay una vieja mesa y unas escaleras en espiral contra la pared al final del vestíbulo. Fuerzo mi vista. Hay puertas, miles de puertas, algunas abiertas y otras cerradas, indicando los pisos conforme se sube por los escalones. Doy un paso dentro, con la intención de ir hacia ahí cuando el piso debajo de mí se abre y caigo.

Jodidamente grito, un vacío en mi estómago augurando mi muerte inminente.

Caigo en una montaña de paja, el polvo me deja sin aire y toso, sacudo las manos para espantarlo. Mi corazón late a mil, he visto pasar mi vida frente a mis ojos por cuarta vez.

—¡Mierda, deja de matarme! —grito hacia el cielo—. ¡Cinco minutos! ¡¿Podrías dejar de matarme por solo cinco minutos?! —exclamo, sacudiendo y tosiendo el polvo todavía.

Entra un poco de luz. No, corrijo, casi no hay luz y estoy más cegata que un topo. Veo algo ahí. Trato de bajarme de la montaña de paja, y avanzo. Esto luce como un sótano, o que se yo. Quiero encender un fuego aquí, no lo hago porque probablemente pierda el control y con la paja cerca, me vuelva una hoguera. Obligo a mis ojos a enfocarse en lo que está conmigo aquí abajo...

Grito.

GRI-TO. Grito hasta quedar afónica. ¡Es un cuerpo! ¡Es una jodida y cadavérica figura humana lo que está aquí conmigo! Mi grito resuena hasta en mis oídos pero no puedo parar, trato de escalar las paredes, presa del terror que envuelve mi corazón, mis dedos fríos por el pánico y el desespero punzando en mi cabeza, mis ojos pican debido a las lágrimas.

Eso, hasta que una risa reverberante me congela. ¡Weon, es el espectro!

—¡Eres demasiado graciosa! —Caigo en cuenta que es una voz... muy juvenil.

—¿E-eh? —Tengo la voz un poco rasposa de tanto gritar, echo un vistazo sobre mi hombro cuando una luz se enciende.

Junto a la calavera, hay un joven chico sentado. Lleva pantalones negros con tirantes en una camisa blanca de mangas arremangadas, muy a los años 20. El cabello es negro, la poca luz destella en las impresionantes esmeraldas que son sus ojos debido al verde que poseen. Debe tener unos quince años. Se pone en pie, Noto ahora que la luz que viene es por su aura mágica y que no está iluminando la estancia, solo define su figura.

—¿T-tú er-eres Arsen? —titubeo, todavía pegada a la pared.

El chico sigue sonriendo por la diversión que le estoy dando sin pretender. Aunque quedé como payasa de nuevo, no lo soy, niño.

—A mi maestro no le gustan las visitas, aunque no me dijo nada sobre no divertirme con ellas. —Metió las manos en los bolsillos de su pantalón—. Eres la primera que viene en los últimos cinco años.

—¿Divertirte? —Doy una mirada al cadáver—. Entonces, ¿ese esqueleto...?

—Oh, ¿este? —Los ojos del chico brillaron al darle un vistazo, todavía sonreía—. Es la última visita que tuvo el maestro hace años. —Sus ojos volvieron a mí—. Ahora va a tener una nueva compañía.

—¡No! —Pego todo mi cuerpo a la pared, ansiosa por buscar algo con qué ganar tiempo y llamar a Deckard cuando nuevamente la risa del chico me congela.

—Por los dioses, eres demasiado—

—¡Bastianich! —Una voz firme se escucha desde el hueco que hay sobre nuestras cabezas y donde cuya luz apenas entra. Hay una figura ahí—. Esa pulga chillona no me deja concentrarme. Deja de perder el tiempo y extermínala de la torre.

El chico hace un puchero.

—Pero maestro, hace mucho que no me divierto con alguien de fuera.

¿Maestro? Entonces, ese sujeto...

Armándome de valor, salgo de mi refugio para colocarme justo debajo del orificio.

—¡Espera! ¿Eres Arsen? Tengo unas preguntas que hacerte.

Hubo silencio unos segundos.

—No tengo nada que hablar contigo, hija de Naturae.

—T-tú... ¿Sabes quién soy?

—Solo un idiota no se daría cuenta con esa aura mágica que traes. —Levantó una mano, y con un chasquido de sus dedos, siento mi cuerpo flotar hasta caer pesadamente en el suelo del vestíbulo.

Caigo duro sobre mi culo. Joder, pedazo de...

—Ahora, levántate y fuera de mi torre.

Levanto la mirada hacia Arsen. Está un poco a contraluz, sin embargo me es suficiente para definir su rostro. Es atractivo, mucho, tiene el tipo de belleza suave sin perder la forma masculina. Sus ojos son de un increíble azul claro que asemeja al cielo despejado, destacando gracias a un cabello pelirrojo que está atado en una cola baja, probablemente tenga el largo para rozar sus hombros. Es casi tan alto como Deckard, y dado que no lleva la capa, me permite ver que su cuerpo es más estilizado, no tan robusto contrario a Deck.

Me pongo en pie. Arsen aprovecha eso para dirigirse al joven. ¿Bastianich, se llamaba?

—Y tú, deja de jugar con los intrusos. Si sabes que están por entrar a la torre, mándalos a volar por las escaleras.

—¡¿Volar por las escaleras?! —reclamo—. ¡Son más de cincuenta escalones! Me rompería unos cuantos huesos.

Arsen asintió.

—Cantidad más que suficiente para que no vuelvan.

Bastianich se cruzó de brazos.

—Yo solo quería entretenerme un rato. —El joven se rió. Bastardo—. Fue gracioso. ¿Vio cuánto gritó? ¡Su cara de espanto fue divertida!

Arsen rodó los ojos.

—Bast, no voy a repetirme dos veces.

Escuché al chico gruñir y levantar una mano.

—A usted nada le gusta, maestro.

—¡No, alto! —Me coloco delante de Arsen, enfrentándolo—. No me iré de aquí sin respuestas. Esos artefactos, los celulares, los automóviles, ¡la luz eléctrica! ¿De dónde los sacó?

Noto que Arsen está quieto, observándome con fijación.

—¿De qué estás... hablando?

—Todos esos son artículos modernos que estaban en mi mundo. Pero los has traído aquí, ¿cómo?

El hombre —¿o chico? Su apariencia lo hace ver de menos edad contrario a Deckard, pero sé que porta casi tanta edad como lo debe tener Deck— frunce el ceño. No del tipo molesto, sino como si quisiera resolver un enigma y fuera yo.

—¿De tu mundo? No logro entender de qué estás hablando. Este es tu mundo.

Niego. Tomo una respiración.

—Mi nombre es Verónica Gómez. Fui traída aquí, no sé por quién exactamente, y he caído en este cuerpo. Todas esas cosas que has creado... están en el lugar de donde vengo. Pero es imposible porque este mundo parece haber quedado estancado en una época antigua. —Tomo un par de respiraciones—. Necesito saber de dónde o cómo las has inventado.

Hay un silencio en la torre por unos segundos.

—Qué interesante. —Los ojos azules de Arsen me recorren un instante—. ¿De qué dimensión provienes?

Me encojo de hombros.

—No lo sé. ¿Cuántas malditas dimensiones hay?

—Existen un trillón de dimensiones. Cada una alterna de la otra en tiempo y espacio. ¿Tu año?

—2019.

—¿Continentes?

—Hasta donde recuerdo, 7.

—¿Nombre de tu mundo?

—Tengo entendido que le decíamos "Planeta Tierra". Vivía en Chile. La última Guerra Mundial fue en 1945, las súper potencias eran Estados Unidos, Rusia, China y la Unión Europea, que comparados con Latinoamérica, que es donde provengo, eran los Kardashian mundiales. Y antes de que preguntes, no, no hemos tenido la visita de extraterrestres ni mucho menos un apocalipsis zombi.

Arsen se frotó el mentón un momento.

—Bien, significa eso que no he estado en tu dimensión. —Él suspira—. Ven, sígueme.

Miro una vez a Bastianich quien se encoje de hombros, antes de que ambos sigamos a Arsen escaleras arriba.

—Se necesita una gran cantidad de magia para viajar entre dimensiones y un control en los elementos de tiempo y el nivel astral en la magia sagrada —comienza a explicar él—. Se gasta mucho maná con un mísero viaje de diez minutos a una dimensión fuera de la propia y aun así solo viajas en espíritu, nunca en cuerpo físico. —Él se detiene, gira a verme y permanece así unos cinco segundos exactos—. ¿Dijiste que no sabías quién te trajo?

—No. Tampoco si fue a propósito o accidental. Sé que he llevado un montón de vidas cortas al nacer aquí... Vidas que no recuerdo.

—Cerca de unas diecinueve.

—Er, no. Tuve una oportunidad de compartir chismes con Naturae. Dijo que fueron unas treinta.

Arsen negó.

—No todas de esas vidas las tuviste aquí. Nacías al momento de morir, sin embargo debiste ser llevada a otra dimensión—. Arsen continuó subiendo escaleras—. Es probable que solo recuerdes las vidas que tuviste aquí debido al entorno que te rodea.

—¿Cómo sabes que he tenido diecinueve vidas aquí?

—Fueron las veces que Lynd supo que estabas aquí. Él viajaba constantemente para buscarte.

Llegamos al tercer piso, Arsen entró en la segunda puerta, yo le sigo siendo Bastianich el último en entrar tras de mí. Me quedo anonadada con la cantidad de cachivaches que hay. Es como el cuarto de un inventor loco. Hay planos colgando del techo, prototipos de aviones, aeroplanos, autos, bicicletas, ferrocarriles; licuadoras, abrelatas, neveras, y un extraño aparato que imagino intenta imitar el horno microondas. Todo está construido de manera robusta, de alguien que intenta crear esos aparatos tan conocidos para mí desde cero en un ambiente donde la tecnología no se da. Arsen tiene funcionando un rudimentario ventilador frente a un escritorio donde imagino estuvo sentado cuando yo llegué.

—Todas estas cosas...

—Por años he hecho viajes a otras dimensiones. —Él avanza hacia el escritorio, tomando una vieja libreta de notas—. Aprovecho los pocos minutos que puedo obtener para hacer investigación de campo, y al volver anoto todo lo posible. Es difícil. Diez minutos consume mucho maná que toma al menos un mes recuperar y no es suficiente ese tiempo para ver y analizar todo lo que ha construido el mortal no mágico. —Arsen levanta la mirada—. Crear el comunicador mágico ha tomado siete años. ¿Y los carruajes mágicos? Ese tomó dieciocho años.

Estoy tan abrumada. Sé que nada de lo que veo son exactamente las versiones con las que crecí en mi dimensión, pero se acercan bastante a la idea básica. Cada dibujo, anotación, prototipo, moldes, cada detalle debió ser hecho por el mismo Arsen.

—¿Por qué estás haciendo todas estas cosas? —pregunto, viéndolo al fin—. Eres el primer mago que conozco que sabe de estas cosas y... las has implementado en Rasluan.

Arsen baja su especie de diario. Como yo, da una mirada a todas sus creaciones, como si las viera por primera vez.

—Una vez perdí a alguien. —Su tono fue monótono, vacío, ensimismado en un pasado que, de alguna manera, podía augurar que no fue alegre—. Buscándolo entre las dimensiones, llegué a esos mundos donde no existe la magia. Nunca lo encontré, sin embargo en su lugar me topé con artefactos que parecían mejorar la calidad humana. —Por fin, sus ojos azules volvieron a los míos—. Esa persona siempre buscaba el bienestar del prójimo. Se me ocurrió que imitar esas cosas sería una buena forma de honrarle y hacerle sentir orgulloso.

Tardo unos segundos en responder.

—Me parece que esa persona lo está. Aunque no esté aquí, puedo estar segura de que se sentiría orgulloso de saber lo que has logrado. —Arsen no me dice nada, Bastianich continúa frente a la puerta, observándonos a ambos—. Antes hablaste sobre Lynd y sus viajes. —Es un cambio de tema para aligerar la tensión en el ambiente, me parece que el hablar sobre las razones de Arsen para hacer sus inventos es un tema sensible—. ¿Eras cercano a Lynd?

Sé que sí. Deckard dijo que Arsen quería ser su discípulo, y Lynd lo rechazó a favor de Deckard, pero quiero averiguar un poco más de boca de él.

—Algo.

Ug. Es un tipo de pocas palabras.

—El mago Ancestral rechazó a mi maestro. —Bastianich cruzó los brazos tras su cabeza, sirviendo de apoyo—. Mi maestro se arrastró una y otra y otra vez. ¡Ay!

Bastianich escapó por los pelos de una bola de fuego que salió de la mano de Arsen directo a él. El chico sonreía a pesar de haber saltado lejos.

—Cierra tu boca, o te usaré como sujeto de pruebas en el próximo experimento.

—Vamos, maestro, usted lo dijo una noche en la que se embriagó con el licor de cereza. —Bastianich soltó una risa pequeña—. Mi maestro no soporta el licor. Balbuceaba cosas sobre lo incrédulo que estaba de ser rechazado por el gran mago Ancestral. —Otra vez, Bastianich esquivó una nueva bola de fuego. Las paredes deben estar protegidas contra incendios, y no parece algo nuevo entre ellos.

—¡Bastianich! —gruñó Arsen.

—Ustedes dos parecen llevarse muy bien. —La situación es un poco hilarante. Son los únicos magos en esta torre, Bastianich aún actúa algo inmaduro, bromista, pero eso parece no molestar del todo a Arsen. Si fuera Deckard, ya habría echado al chico de la torre hace mucho—. ¿Desde cuándo se conocen ustedes dos?

—¿Llevarnos bien? —espetó con sarcasmo Arsen.

—Tengo siete años en esta torre —respondió Bastianich a mi pregunta—. El maestro me secuestró luego de que cayera en una de sus trampas para curiosos.

—¿Secuestrarte? ¿De qué hablas tú, mocoso?

Bastianich continuó como si Arsen no hubiera dicho palabra.

—Estaba cumpliendo un reto con unos amigos de la torre del oeste. Caí en su trampa y ¡zas! el maestro no me dejó salir por una semana.

—Regresabas todo el tiempo para fastidiar.

—A la quinta vez, no me dejó salir de la torre. Así que me tomó como su aprendiz.

—Esa es una patraña. Tu magia era pésima. Solo te decía cómo se debían hacer las cosas. —Arsen nos dio la espalda a los dos—. Tú solito te autodenominaste mi aprendiz y comenzaste con esa tontería de "maestro".

—El maestro también se siente feliz de que lo llame maestro. —La sonrisa de Bastianich era bastante amplia, a pesar de la expresión huraña de Arsen.

Empiezo a reírme.

—Sin embargo, Bastianich, ¿tus amigos de la torre del oeste no te extrañan? Seguro vienen aquí y caen en la trampa de Arsen.

Bast se encoge de hombros.

—Nunca han venido aquí.

—Muy bien. Volviendo a lo que nos compete. —La voz de Arsen me trae de vuelta a él, está ahora sentado frente a su escritorio. Bastianich se interna en la habitación y se sube a una de las mesas de trabajo de Arsen para sentarse también—. ¿Cómo es que llegaste a la torre y por qué hasta ahora no has sido regresada a tu cuerpo?

Es la pregunta del millón de pesos.

—Vengo de Menevras. Este cuerpo pertenece a la hija de un conde. Vine aquí con Deckard pero yo—

—Espera... —Con lentitud, Arsen se levanta. Su expresión ha cambiado. Es adusta, sombría. Dura—. ¿Vienes acompañada de ese bastardo?

Mierda.

—Em. ¿No? —Ya la cagué otra vez, ¿verdad?

Arsen entrecierra los ojos. Comienza a avanzar hacia mí, noto de reojo que Bastianich se bajó de la mesa pero yo estoy más interesada en retroceder lejos de Arsen quien no se detiene. Para entonces ya estamos fuera de la habitación, en las escaleras.

—Oye, espera, sí, es cierto, estoy con él pero yo—

Arsen me empujó fuera del borde de las escaleras, al vacío. Escuché a Bastianich decir algo pero mi mente estaba enfocada en mí cayendo. Sin pensarlo tanto, solo envuelta en el pánico, en el horror de golpear el suelo, grité el nombre de Deckard al tiempo que cerré mis ojos.

Estaba preparada para recibir el impacto.

En su lugar, fui envuelta por unos brazos.

—Tú. Asqueroso insecto rastrero —oigo gruñir a Deckard, su voz dándome el valor para abrir los ojos y caer en cuenta que me tiene en brazos, su mirada alzada hacia el piso desde donde Arsen nos observa.

—El hijo prodigio está aquí. Vaya novedad. —La sonrisa de Arsen fue oscura. Un frío helado me recorre.

¿Qué es esto?

Hace un minuto, Arsen actuaba como un individuo normal. Huraño pero aparentemente abierto a dar información. Ahora luce como una persona diferente, sus ojos fríos como el hielo, la amargura tiñendo su voz.

—Lynd duró siglos para esto. Murió en su intento para reunir a los hijos de los dioses, intento del cual fracasó.

—¿Y eso te molesta? —El agarre de Deckard en mí se aprieta, tenso—. Me sorprende. Después de todo, fuiste tan patético para esconderte en esta torre por años luego de que él murió. ¿Y así pretendías ser su aprendiz? Decepcionante.

—Decepcionante ¿yo? ¿No es más decepcionante el saber que el supuesto mayor orgullo de Lynd ni siquiera ha sido capaz de bendecir su amada tierra? —Arsen se cruzó de brazos—. ¿O que tenías que suplantar el cuerpo de alguien más para traerla a ella?

—¡Él no tuvo nada que ver!

—Verónica.

—Caí por accidente en este cuerpo. Y no hemos podido hacer la bendición porque este cuerpo no es compatible con mi magia.

—Verónica, no hables —espeta Deckard, los dientes apretados.

—No. Está malinterpretando las cosas. No es nuestra culpa que no podamos...

—Déjenme adivinar. Puesto que tu cuerpo no es compatible, necesitarán uno nuevo, pero a riesgo de que te pierdas en el intercambio. —Arsen comienza a bajar las escaleras—. Lynd me contó algo de ustedes. De la particular conexión que portarán los hijos. Había tenido la esperanza de que no se hubieran encontrado cuando llegaste aquí...

—¿Querías que no nos conociéramos?

—Harías bien en no relacionarte con él.

Deckard bufó.

—Lo sabía. Sospechaba que Menevras no te importaba, aunque tampoco creí que lo fuera tanto como para ni siquiera interesarte en protegerla.

—La barrera aguantaría lo suficiente hasta que murieras y renacieras de nuevo. —A mitad de escalera, Arsen se detiene.

—Weon, ¿es en serio? —Me quedo observándolo, incrédula—. ¿Por qué lo odias tanto?

—¿Por qué será? —Fue Deckard quien responde por Arsen—. ¿Quizá porque está celoso y no supera que Lynd me escogiera a mí? ¿Porque tiene envidia de no poder tener un aura de color, aun aura que lo separa del resto de magos comunes?

—¿O quizá porque tú fuiste el responsable de la muerte de Lynd? Tú acabaste con él.

La sonrisa burlona de Deckard desaparece.

—Ahora sí estás diciendo tonterías. Mi maestro murió por una enfermedad.

—¡Lynd murió a causa de la maldición que fue originalmente impuesta en ti!

—¿De qué... mierda estás hablando?

La mirada de Arsen, una mirada infectada de odio, dolor, no se aparta de Deckard.

—Un destino de pena, un destino de soledad. Ambas maldiciones puestas en la hija y el hijo de los dioses sagrados. —Por un momento, la voz de Arsen se escuchó mecánica, como si estuviera recitando algo de memoria—. Ambas maldiciones no solo afecta el destino, sino la vida en sí. Y Lynd usó la magia, una altísima magia prohibida, para transferir esa maldición a él. Tú, maldito imbécil, jamás viste las manchas en las manos de Lynd, en sus brazos, jamás notaste el aro de oscuridad en sus ojos. Cuando Lynd transfirió tu maldición a él para jodidamente protegerte, ¡sentenció su vida a muerte

—¿Qué? —Deckard comenzó a dejarme en el suelo, su aura creciendo. Ay, no, ¿qué haces, weon? ¡Cárgame de nuevo! ¡Lo que sea para que no entres a vergazos con él!—. ¿Cómo puedes saber tú eso? Tú decidiste largarte aquí a Rasluan.

—¿Y crees que en ningún momento estuve pendiente de Lynd? ¿Crees que lo abandoné? Que no haya querido ver tu puta cara no significa que no haya estado reuniéndome con Lynd. —Arsen dio una sonrisa irónica—. Vaya, ya entiendo, Lynd jamás te dijo de nuestros encuentros ¿eh?

Sujeto a Deckard por la manga, si bien sé que él fácilmente puede desaparecer y hacerlo frente a Arsen, estampar su puño en su cara es tan sencillo con solo parpadear.

Pero más allá de todo, la revelación de Arsen es… Estoy atónita. ¿Lynd volcó la maldición de Deckard en sí mismo? Por eso Deckard no percibía ninguna maldición en él, contrario a mí. A costa de su vida, su propio maestro le salvó. Sin embargo, si mi destino de pena me ha traído desgracias en todas mis vidas...

—¿En qué consistía esa maldición? ¿Tú lo sabes?

—El destino de pena impuesto en ti te auguraba muertes prematuras, enfermedades, tragedias. —Hizo una mueca, como si se viera incómodo, mientras se frotaba el cuello—. Por otro lado, para Deckard era soledad, aislamiento, mala suerte, abandono y melancolía. No iba a ser capaz de mantener a alguien a su lado, por alguna u otra razón, las personas acabarían dejándolo solo.

—¿No es gracioso? —escupió Deckard, con aspereza—. Ahora es como si tuvieras esa maldición, en esta baldía y solitaria torre.

—Siempre hablando porquería, ¿eh? —Arsen rodó los ojos. Él continuó—. Cuando Lynd te quitó esa maldición, fue absorbida por él, pero tomó forma de una enfermedad degenerativa, que fue la que acabó matándolo.

Arsen no deja de dar una mirada de rencor hacia Deckard, él claramente lo culpa de la muerte de Lynd. El hombre debió significar mucho para Arsen, a pesar de que Lynd no le aceptó como…

"Una vez perdí a alguien".

"Mi maestro se arrastró una y otra y otra vez".

"Lynd jamás te dijo de nuestros encuentros ¿eh?".

Espera. O estoy loca —y creo que lo estoy— o estoy equivocada pero…

—Arsen, ¿acaso tú estabas…?

Deckard me interrumpe, tomando mi mano.

—Es suficiente.

—E-espera.

—Sí. Váyanse. Y, ¿sabes qué? Tú deberías entrar en razón y alejarte de ese idiota. —Arsen se cruzó de brazos—. Estar a su lado solo te traerá desgracias, justo como le ocurrió a Lynd.

—Piérdete. —Antes de que pueda decir algo más, Deckard nos desaparece de la torre.

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—¡Qué mierda fue eso! —Una vez en la torre, más específicamente en nuestra habitación, me giro a Deckard—. Estaba hablando con él. Hay mucha información que quería obtener de Arsen y tú solo—

Deckard me acorrala contra la pared junto a la ventana, tan cerca que el aire se llena de su aroma, un suave almizcle de madera y romero.

—¿A qué jugabas yendo ahí? ¿Para eso me pediste que te llevara a Rasluan? ¡Tu objetivo era ir a la torre de ese imbécil!

Puedo escuchar a Eva decir "Verónica, ¿qué pendejada hiciste?" desde aquí.

—¡N-no! Ya te lo dije, él tenía información que quería. Los objetos que hacía, y… él sabe viajar entre dimensiones. Podría saber cómo solucionar mi caso.

—Maldición, Verónica, ¡no confíes en lo que ese idiota diga! Está loco, es un chiflado. Es una bazofia de mago que ni siquiera cumple sus funciones como mago líder de una torre.

—Tiene aquel niño. Bastianich. Le está enseñando…

—¿Enseñando? ¿Enseñando qué? —Deckard entrecerró los ojos—. ¿A ser un vago? ¿A desperdiciar la magia? ¿A ignorar sus obligaciones? Lo único para lo que ha servido es crear los artefactos que se han extendido por todo el imperio. —Colocó una mano junto a mi cabeza—. Pero más allá de eso, de la cascarria inservible que es Arsen, tú me mentiste. ¿Y pretendes que confíe en ti?

—No te mentí. —Levanté la mano con la que hicimos nuestro juramento—. No sucedió nada. Nunca te dije mis intenciones para ir a Rasluan.

—Me dijiste que irías de compras —gruñó. Sí, lo sé, estoy retando al Alfa.

—Fui de compras. Compré un boleto en tranvía. —No es mi culpa que hayan vacíos legales en ese juramento.

Deckard por fin se aleja, puedo notar la decepción en su mirada, la traición, similar a aquel negro de White Chicks.

—Bien. Simplemente has… lo que quieras.

—Deckard, yo no—

—Me has pedido que confíe en ti. Acepté el juramento por ti. Deberíamos hacer los movimientos juntos, somos un equipo —dice, sus manos gesticulando junto a sus palabras solo sirven como un látigo hacia mí, volviéndome incapaz de moverme—. Y de pronto, te interpones ante una quimera, regresas de las puertas de la muerte con la idea de irte siguiendo la estela de un posible nuevo cuerpo que nada nos asegura que funcionará y escapas para ver a un inestable lunático traidor. —Se queda callado solo cinco segundos—. ¿Qué está sucediendo? ¿Qué es esto? ¿Por qué…? —Parece luchar un segundo con las palabras—. ¿Por qué hacer estas cosas por tu cuenta?

No respondo de inmediato. Y cuando comienzo a hacerlo, mis palabras salen muy lento, envuelta en emociones tan contradictorias que no sé en cuál enfocarme.

—No hago nada por mi cuenta. Te lo dije. Me enfrenté a la quimera por proteger a Myriam. —Lamo mis labios. Una primera emoción es la vergüenza, la pena, como una niña siendo regañada por su padre—. Siempre voy a proteger a mis amigos. Ella es la primera amiga que tuve al llegar aquí. No hay mucha profundidad en nuestra amistad pero es valiosa para mí. —No lo estoy viendo, porque me cuesta. Estoy presentando dificultad para eso, tengo la mirada fija en el suelo frente a mí.

»Sobre lo demás, desde la primera vez en Rasluan quise hablar con Arsen. Saber de dónde sacaba esas cosas que tanto me recordaban a casa… Él de alguna manera… —Por un momento, mi voz tiembla. Hago un esfuerzo para mantenerme estable—, de alguna manera trajo un pedazo del lugar donde crecí aquí. —Y cuando reúno el valor suficiente, alzo la cabeza. Lo veo—. Y si piensas que uso esa idea para abandonarte, te equivocas. Ahora más que nunca quiero estar contigo, pero me siento inútil, con una magia hecha para ayudarte a protegernos y proteger este lugar que te importa, y no la puedo usar. No sientes lo que yo porque puedes usarla cada que quieras…

Se establece un tenso silencio entre los dos. Le toma un tiempo a Deckard moverse y sentarse al final de la cama, aparta un mechón de cabello de su rostro.

—Tienes razón. No puedo comprender cómo te sientes al respecto. Pero necesito que tú comprendas que no puedo aceptar lo que conlleva esa idea tuya. Los pros y contras, en especial estos últimos. —Apoyó sus codos en las rodillas, las manos juntas y apretadas—. No puedo arriesgarme a perderte, Verónica. De ninguna forma.

Las palabras que salen en ese libro sobre las Llamas Gemelas regresa a mi mente, tomando la forma de una cruel puñalada en mi pecho. Hasta el día de hoy, no me he atrevido a contarle sobre eso, y no sé si pueda. Más que nada porque sigue siendo difícil de digerir hasta para mí.

Tomando aire, avanzo hacia él. Me dejo caer de rodillas, mis manos toman las suyas, y con nuestros rostros cerca, entrelazo nuestros ojos en una mirada.

—Sé que me has pedido que fuera paciente, que encontrarás una salida. Pero el tiempo pasa rápido. Tengo tendencia a la impaciencia, y más por el miedo a no saber lo que vendrá. —Aprieto nuestras manos juntas, solo para ocultar el ligero temblor en las mías—. Prometí que no me pondría en peligro de nuevo. Pero déjame seguir buscando una salida también. Por muy difícil que sea, no descartemos esa primera idea.

—No puedo.

—Deckard, por favor…

—No puedo hacerlo. Es… ¿Sabes cada posibilidad que conlleva?

—No la descartemos —insisto, esta vez más suave. Más suplicante—. Promételo.

Deckard no dice nada. En verdad está callado. Sus labios dejan un beso en mi frente, sin embargo las palabras que salen de entre ellos son lejos lo que esperaba.

—No lo haré. —Besa una de mis manos, se levanta y se marcha de la habitación.

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La tetera hace un suave pitido anunciando que está listo el agua. Él la saca del fuego, y vierte las especias en su interior, esperando los minutos necesarios a que liberen toda su esencia y sabor. Una vez hecho, sirve una taza. La cocina en la que se encuentra solo está alumbrada por el fuego que proviene de la chimenea, que a su vez caldea la estancia a una temperatura agradable. El clima en Rasluan bajaba varios grados durante las noches, así que Arsen solía caldear bastante la torre una vez el sol se ocultaba para que ni Bastianich o él pasaran frío por la noche.

Y hablando de ese chico, muestra su figura al entrar en la cocina y también servirse una taza.

—Otra vez la torre vuelve a estar en silencio.

Arsen no responde. Bastianich habla de nuevo.

—Cuando hace años usted mencionó los hijos de los dioses, debo admitir que no le creí. Pero esas auras… —Bastianich silbó. El fuego coloreaba el verde de sus ojos de un adorable tono marrón—, vaya, nunca había visto unas auras tan vibrantes.

—No fue suficiente.

—¿Perdón?

—Tu vista está mal. El aura del idiota de Deckard es correcto, un potente rojo caramelo. Pero el de esa chica… —Arsen entrecerró los ojos, pensativo—. Lynd decía que su aura debería ser de un impresionante verde esmeralda, que combinara a la perfección con el de Deckard. No así, el aura de esa chica era solo… verde. Un verde común, o quizá como el verde de los tréboles.

Bastianich enarcó una ceja.

—¿Y eso significa algo?

—Esa chica debe abandonar ese cuerpo. Su magia nunca se amoldará.

Bastianich usó la cuchara para girar el líquido en su taza, permaneció en silencio unos segundos.

—¿Qué cree que pasó, maestro? Para que ella terminara en ese cuerpo.

—Alguien la trajo, eso es seguro. Desconozco la razón inmediata, aunque tengo mis sospechas que se trate sobre esa profecía que mencionó Lynd una vez.

—¿Fue cierto eso que dijo, maestro? Sobre los destinos de esos dos y lo que hizo el mago Ancestral.

Arsen asintió, secamente.

—Mors impuso esos destinos para hacer sufrir a los hijos de Vita y Naturae al mismo tiempo de evitar que cumplan la profecía. En anteriores vidas, esa chica nacía y moría, una y otra vez. Lynd solo la encontraba cuando ya había muerto, en muchas ocasiones él mismo tuvo que enterrar su cuerpo porque había nacido en la calle o con familia que simplemente nunca se interesó en ella. —respondió, tan pensativo y envuelto en el pasado sin dejar de remover su té con la cuchara—. Lynd viajaba solo, decía que no quería que Deckard se enterase de lo que hizo, no quería su maldita lástima o que le recriminara. Solo una vez logró llegar a ella con vida…

Bastianich se interesó. Eso era diferente.

—¿Qué pasó?

—Había tenido una vida de mierda. Nuestro pasado no contó con buenas épocas. Ella fue abusada por soldados cientos de veces… —Arsen se frotó la frente—. Lynd llegó a ella un día. La resguardó en una cabaña a la espera de llevársela al día siguiente. Ella se suicidó con veneno. Está destinada a una vida infeliz.

Bastianich bajó la cabeza. Esa chica… ¿suicidarse? Era gritona, activa, determinante, alegre. No parecía el tipo de persona que se quitaría la vida.

—¿Qué ocurrirá con ella, maestro?

Arsen suspiró.

—Ella necesita abandonar ese cuerpo. Estará obligada a hacerlo. Estoy seguro que Deckard entiende las consecuencias y, por lo que vi, no querrá hacerlo. —Bebió un sorbo de su té.

Bastianich quería preguntar más, tan solo esperó el momento adecuado.

—¿Cree que la volveremos a ver?

—¿Con Deckard vigilándola como un halcón a partir de ahora? —Dio una risa sin gracia, solo movido por la burla—. Finalmente esas dos almas se encontraron. Deckard es como un maldito perro alrededor de un hueso una vez que lo tiene. No la va a dejar tan fácil… y también será más destructivo si se le arrebata. Pero, quizá, la siguiente vez que la veamos, las cosas hayan cambiado un poco. Esperemos que para bien —dijo una última vez, terminando su taza de té.

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PRÓXIMO CAPÍTULO: La Nueva Vida de una Honesta Villana

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La condesa empalidece. Es el conde quien habla.

—Todo nuestro futuro, nuestros planes…

Las cejas de Raynor se levantan con suave asombro, yo solo me encojo de hombros e intervengo.

—Sé que soñaban con tener una hija emperatriz, sin embargo no pienso que sea lo que Evelyn haya querido.

—¿Qué dices, niña? —La condesa se eriza por completo—. Evelyn toda su vida soñó con ser emperatriz, fue para lo que se preparó hasta que tu llegaste a invadir su vida.


¡Feliz Año Nuevo! Feliz navidad, Feliz día de reyes, Feliz todo.

Lamento tanto haber desaparecido por un mes. Deben saber que diciembre fue un mes lleno de distracciones para mí que me imposibilitaron incluso escribir los capítulos. Solo quiero que recuerden que esta historia no será abandonada, simplemente las festividades no me permitieron trabajar en esto.

Por otro lado, extra-oficialmente estamos a solo 4 capítulos del final. El siguiente capítulo NO contará con adelantos para aumentar la tensión y la espera ya que, una vez publicado, entramos en los 3 reyes: antepenúltimo, penúltimo y último.

El próximo va a ser bastante ameno (espero, estos capítulos salieron más intensos de lo que pretendía, según yo) así que saldrá bastante pronto.