CAPÍTULO 35
Agradezco a Madame Prefeita por permitirme hacer la traducción y adaptación de su libro.
Agradezco a cada lector por la paciencia y el tiempo dedicado a la lectura de esta historia, por compartirla, y por cada comentario que hicieron más amena esta labor e incentivaron la continuación de la obra.
Sin más, ¡les deseo, buena lectura!
—Clarke, ¿qué estás haciendo? —Lexa preguntó, al abrir la puerta de la habitación y encontrar dos maletas abiertas sobre la cama.
—Estoy haciendo las maletas. Mañana mismo volveremos a Polis.
—¿Pero, por qué? Pensé que nos quedaríamos hasta el fin de semana.
—Ya casi estás totalmente recuperada. Monty nos dejará en el aeropuerto y tomaremos un vuelo a la capital. No harás ningún esfuerzo.
—Está bien, pero ¿por qué esa prisa?
—Ya has estado aquí demasiado tiempo. Además, no me gustó toda esa intimidad con la veterinaria.
—¿Estás celosa? —indagó Lexa, sin contener la sonrisa.
—No, por supuesto que no... "mi sexy comandante" —exclamó, y en respuesta, Lexa soltó una sonora carcajada.
—¡Por Dios! ¡Eres un espectáculo cuando tienes celos!
—Estoy hablando en serio, Lexa.
—Y yo también... por cierto —dijo, rodeándole la cintura con su brazo derecho—. No tienes de que preocuparte. Ella no está interesada en mí de esa forma. Y yo, solo tengo ojos para ti. —añadió, besando el cuello expuesto—. Me muero por hacerte el amor...
—No estás en condiciones. Y no cambies de tema...
—No estoy cambiando de tema.
—¿Tenías algo con ella?
—Por supuesto que no. Ella solo es una amiga...
—¿Una amiga tan importante como para hacer que te quedes aquí tanto tiempo?
—¿Tanto tiempo?
—¡Lexa, has estado aquí por más de un mes! Todo ese tiempo con ella...
—¡No, señora! —Lexa la interrumpió—. Todo este tiempo buscando una manera de sacarte de mis pensamientos, ¡eso sí! Como te dije, entre nosotras solo existe una linda amistad. Sabes en quien sí está interesada ella —dijo, esbozando media sonrisa—. En Raven, me lo confesó ayer. Mi hermanita logró flechar a ese descarado corazón. Y, al parecer, el sentimiento es mutuo.
—Vale, lo siento... —dijo Clarke, suspirando enseguida—. Confieso que morí de celos cuando la oí decir "mi" con tanta confianza. Y tuve miedo que te hubieras involucrado con ella para intentar olvidarme.
—Lo hice una vez y fue inútil. No hay nada ni nadie en este mundo que me haga olvidarte, Clarke.
—Que bien, porque no quiero que me olvides... —dijo, llevando una de sus manos al rostro de Lexa—. Te amo, y se estaba volviendo insoportable no saber de ti. Tuve tanto miedo de perderte, de que me dejaras de amar...
—Eres de una sensibilidad impresionante, y no podría hacer más para enamorarme aún más de ti... Te amo, Clarke... y mañana mismo volveremos juntas a Polis, pero con una condición.
—¿Por qué siempre impones condiciones?
—Porque me gusta.
—Vale... ¿Cuál es la condición?
—Vivirás conmigo y con mi hijo.
—Lexa...
—Si no es así, me quedaré en la hacienda hasta Navidad.
—Eso es chantaje.
—No... esa es mi condición.
—Está bien... acepto tu condición.
A la mañana siguiente, como se había acordado, Clarke y Lexa dejaron la hacienda de Arkadia y volvieron a la capital. Aunque se alegraba por la felicidad de la castaña, Costia no ocultó su decepción porque su amiga partiría antes de la fecha prevista.
Pasaron algunas horas y, finalmente, llegaron a su destino. Becca y Raven fueron avisadas sobre el anticipado regreso de ellas, y al atardecer, las dos aparecieron acompañadas por Aden.
Algunos días después...
— ¡Por fin! No podía soportar quedarme más tiempo en casa a causa de esto —dijo Lexa, después de que le retiraran los pequeños puntos que recibió en el hombro, debido al disparo que recibió en la hacienda.
—Pensé que estabas disfrutando de ser mimada —dijo Clarke.
—Sí, pero te pasas todo el día en esa universidad y, por la noche, te niegas a hacer el amor conmigo.
—Lexa, por favor... no podías hacer fuerza.
—¿Y por qué necesitaría hacer fuerza mientras hacemos el amor?
—Voy a fingir que no escuché esa pregunta.
—¿Qué piensas de que Aden duerma hoy en casa de Raven?
—Vamos a poner el árbol de Navidad hoy, ¿lo olvidaste?
—Sí, lo había olvidado.
—No te preocupes... prometo no hacer tanto "ruido" esta noche —dijo Clarke, y sus labios se curvaron en una sonrisa maliciosa.
—El problema es que adoro oír tus "ruidos". Cuanto más alto, mejor. Por eso, sería bueno que él durmiera en casa de Rav.
—Lexa, definitivamente no tienes remedio.
Al caer la noche, Clarke y Aden comenzaron a armar el árbol de Navidad mientras Lexa discutía algunos asuntos relacionados con el trabajo por teléfono. A petición de Clarke, la castaña se unió a ellos y, finalmente, se sintió en casa e incluida en una verdadera familia.
...
Clarke atravesó la habitación, se arrastró por la cama y, sin pedir permiso, cerró el portátil y lo apartó de las piernas de Lexa, y luego se subió a su regazo.
—Tienes suerte de que ya haya terminado lo que estaba haciendo en el computador —dijo la castaña.
—Tus palabras suenan como una amenaza, ¿sabes? — Clarke refutó—. ¿Por casualidad, pretende dañar mi cuerpo, comandante Lexa?
—Tal vez si me imploras que haga un poquito de maldad a tu cuerpo... acabaré haciéndolo —dijo, posando sus manos en la cintura de la rubia.
—¿Quieres decir que tengo que implorar?
—Sí... y que quede claro que eso es un castigo por negarte a hacer el amor conmigo todos estos días.
—Ese no es el tipo de castigo que quiero...—dijo Clarke, inclinándose sobre el cuerpo de Lexa, para luego, tomarle el rostro con ambas manos y besarla en la boca. Aunque familiar, el beso de Lexa siempre sería una novedad.
—Te amo... —susurró Lexa, empujando el cuerpo de Clarke delicadamente hacia un lado—. Puede parecer cliché, pero mi vida sin ti no tiene sentido... no lo tiene... —añadió. Sus ojos se llenaron de ternura, y sus manos paseaban por el cuerpo de Clarke, arrancándole la ropa mientras sus labios probaban la suavidad de su piel, besando su abdomen, senos y hombros, absorbiendo cada glorioso centímetro de lo que le pertenecía.
—Hazme el amor como la primera vez... —pidió Clarke, rozando su boca contra la oreja de ella, lamiendo su lóbulo, deslizando sus labios contra su mandíbula.
Lexa introdujo sus dedos entre el largo y rubio cabello, y el cuerpo de la maestra tembló, cuando los hilos dorados fueron halados y los labios chocaron con cierta presión. La suave lengua de la morena recorrió lentamente por sus labios entreabiertos, alojándose dentro de su boca.
—Soy adicta a tu sabor... —Lexa murmuró al interrumpir el beso. Su nariz se hundió entre el cabello de Clarke, enseguida, descendió por su cuello y subió por las mejillas ruborizadas. El sonido de ella inhalando su aroma precipitó una sensación de necesidad que se alojó entre sus piernas, humedeciendo su ropa íntima—. Pretendo saborear cada centímetro de tu cuerpo en esta cama —dijo, desabrochando el sostén que Clarke usaba.
En segundos, Lexa ya había abierto la pieza íntima, liberando los senos del confinamiento. Sus ojos verdes contemplaban el cuerpo parcialmente desnudo y, sólo entonces, sus manos se apoderaron de los senos, apretándolos levemente. Su boca hambrienta rozó el cuello de Clarke, subiendo y descendiendo, mientras que sus oídos eran invadidos por el excitante sonido de los gemidos.
Con la punta de la lengua, la castaña acarició uno de los rígidos pezones, y con una de sus manos, le arrancó las bragas y masajeó el clítoris con círculos lentos y suaves. Tomada por el deseo, Clarke se aferró al cabello castaño, presionándole el rostro contra su pecho. Su acelerada respiración resonó en la habitación, mientras Lexa la penetraba con los dedos.
—Más fuerte, Lex... más fuerte... — Clarke susurró entre gemidos, mientras un placer abrasador se apoderaba de ella, y el calor se intensificaba entre sus piernas con cada estocada.
Mirando los ojos azules de Clarke, Lexa se deslizó por su cuerpo, retrocediendo lentamente hasta que su rostro estaba entre las temblorosas piernas de ella. Como un animal hambriento merodeando su presa, la morena se detuvo por algunos segundos antes de tomar el sexo con su boca, y saborearlo con lentas y profundas lamidas.
Clarke estaba embriagada de placer, loca de excitación mientras la lengua de Lexa le exploraba su sexo con movimientos circulares y lentos, y sus dedos entraban y salían de su intimidad.
—¿Tienes idea de cuánto te amo? — Lexa preguntó, levantando la vista y terminando las caricias. —Tú eres mi razón... me vuelvo loca sin tu presencia... —añadió, besándole delicadamente los muslos.
Clarke se estremeció ante esas palabras. Sin aliento, se humedeció los labios mientras sus ojos capturaban cada movimiento de los labios de Lexa en sus muslos. Incontables emociones intensas la dominaban, y el placer se irradió como electricidad por todos sus músculos cuando una vez más, Lexa puso la boca en medio de sus piernas. La lengua se movía rápida y suavemente por el clítoris hinchado, y los escalofríos recorrían su piel con cada embestida, provocando una feroz ola de éxtasis. Sus caderas se mecían, se arqueaban, empujando su húmedo calor contra la boca hambrienta que la devoraba.
Los gemidos de Clarke agitaban sus sentidos, y el deseo la enloquecía a medida que los gemidos se convertían en gritos, y los gritos se disolvían en llanto. Clarke tiraba del cabello, al mismo tiempo que empujaba el rostro al encuentro de su sexo, lo que sólo contribuía a que Lexa enloqueciera y la torturara aún más.
—Goza para mí, amor... —pidió Lexa, introduciendo dos dedos en la húmeda cavidad, mientras la necesidad de hundirse más y más en ella crecía sin ningún control—. Quiero beber tu placer... lo quiero todo —añadió, succionando más rápido y con más fuerza, mientras sus dedos aumentaban la presión de las embestidas dentro de ella.
Clarke dejó escapar un largo suspiro en respuesta a la seductora voz de Lexa. Su piel hormiguea, sus pezones duros como piedras preciosas, y su sexo palpitaba violentamente cuando el orgasmo la envolvió, sacudiendo su cuerpo como una fuerte ola.
Lexa se deslizó sobre el cuerpo de la rubia y le dio un beso lleno de excitación. Sintiendo su propio gusto en la lengua de la morena, Clarke gimió, succionando la lengua con intensidad mientras acercaba el rostro de su amada al suyo.
Perdiéndose en las sensaciones y en los sonidos de los cuerpos fundiéndose, Clarke abandonó los labios para que sus ojos pudiesen mirar directamente a los ojos de la castaña. Lexa correspondió a la mirada con una intensidad que Clarke ya conocía. Aprisionada por su encanto, Clarke la agarró por el cabello y atrajo nuevamente el rostro de ella al suyo. Una vez más sus labios se encontraron, sus lenguas se enredaron, y sus cuerpos se frotaron locamente entre sí.
—Te amo, Lexa... eres mi vida —dijo Clarke, empujándola hacia un lado y cubriéndole el cuerpo con el suyo.
Clarke deslizó las yemas de los dedos por el rostro de la morena, mientras su boca descendía hacia los senos. Su lengua se deslizó por los pezones hinchados y rígidos, y su mano derecha trazó una línea hasta la mitad de sus muslos.
—No te detengas... —Lexa susurró. Su cuerpo estaba en llamas y sus ojos fijos en los de Clarke. — Por favor, Clarke... no te detengas... —añadió, mientras su sexo se contrajo en pequeños espasmos, estrechándose alrededor de los dedos de ella, y Clarke realizaba embestidas más fuertes y más rápidas.
Con sus músculos tensos, Lexa intentaba respirar con cada embestida recibida, y aunque intentara prolongar su propio placer, no consiguió aguantar mucho tiempo. Llegó a su límite de forma única, violenta y abrumadora que sólo Clarke conseguía proporcionar.
[...]
—Buenos días, mi comandante... hora de despertar... —Clarke habló, mordisqueándole el lóbulo de la oreja.
—Buenos días, mi princesa... no quiero levantarme aún —Lexa respondió, manteniendo los ojos cerrados.
—Mi amor, tenemos que comprar los regalos de Navidad.
—Todavía falta mucho para Navidad...
—Claro que no, Lexa. Faltan pocos días.
—Vamos en la tarde entonces... quiero quedarme en la cama contigo toda la mañana. Tengo que aprovechar mientras estás de vacaciones porque cuando las clases empiecen, pasarás todo el día en esa bendita universidad.
—¿Por qué siempre sufres anticipadamente? Las clases no empezarán hasta marzo, tendremos más de dos meses...
—Dos meses es muy poco. Además...
—Además, nada. Sé exactamente a dónde quieres llegar, y no voy a renunciar.
—Ni siquiera he dicho nada.
—Pero ibas a hacerlo. Ahora levántate porque quiero comprar los regalos ahora por la mañana.
...
—Pensé que no se iban a levantar hoy —dijo Aden.
—Tu madre quería quedarse en la cama todo el día —se defendió Clarke.
—Está haciendo frío... nada mejor que quedarse bajo las sabanas —dijo Lexa.
—Dudo que quieras quedarte bajo las sábanas sin la señorita Clarke.
—¿Qué estás insinuando, jovencito?
—Ustedes dos... los estoy esperando. Vamos — Clarke interrumpió, y enseguida, se fueron juntos a hacer las compras.
Una semana después...
El sol comenzaba a ponerse y todo brillaba con las vibrantes luces navideñas esparcidas entre los árboles de los parques y por las casas. De repente, ya era Navidad. Clarke, junto a Becca, terminaba los últimos detalles de la cena que tendría lugar en la mansión de la matriarca de la familia.
—¿Qué estás haciendo aquí sola? —preguntó Clarke, caminando lentamente al encuentro de Lexa.
—Revisando algunos asuntos del trabajo —dijo, y cuando se iba a quitar las gafas de lectura que llevaba puestas, Clarke le sujetó la muñeca.
—No te las quites... te ves irresistible cuando usas lentes...
—¿Te parece?
—Sí... —susurró, besándole los labios suavemente—. Me excita, ¿sabías?
—¿De verdad? ¿Estás excitada ahora?
—Mucho...
—Entonces...
—¡Entonces apaga ese computador y ven! Nos están esperando para cenar.
—Clarke. Eso no se hace. Me provocas, y luego cambias de tema...
—Ven, mi amor... tal vez, pueda recompensarte más tarde.
Además de la familia, Lincoln y Luna fueron invitados por Lexa a petición de Clarke. Animados por la música navideña y satisfechos con la deliciosa comida casera, todos conversaban animadamente y de forma tranquila.
—Es tarde y mamá nos pidió que durmiéramos aquí. ¿Te parece bien? —Lexa preguntó, después de que se despidieran de los pocos invitados.
—Por supuesto, mi amor. Cualquier lugar a tu lado para mí es perfecto...
...
De repente, ya era la fiesta de fin de año. Mientras la vibrante explosión de los colores de los fuegos artificiales iluminaba el cielo, Clarke miró a los ojos de Lexa y su boca formó una de las más bellas y dulces sonrisas que jamás había visto.
—Lexa... necesito tu fe en todo lo que estamos destinadas a ser —dijo Clarke, acariciándole el rostro—. Necesito que seas más fuerte que tus temores e inseguridades. Nunca desistas de mí, porque yo nunca más desistiré de ti.
Clarke la besó con la esperanza de desterrar todos los rastros de tristeza que habían ocupado cualquier mínimo espacio en su corazón. Queriendo eliminar cada recuerdo doloroso que sus ojos habían presenciado, Clarke la acercó, mostrando que la protegería de los demonios contra los cuales había luchado durante tanto tiempo.
—Feliz año nuevo, mi amor —dijo la rubia.
—Feliz año nuevo, mi vida —respondió Lexa, entrelazando sus dedos con los de ella.
Un nuevo año había comenzado para ellas, y juntas, cerraron la puerta a los momentos que nunca debieron haber ocurrido, borraron todos los recuerdos de un pasado despiadado, dejando sólo aquel magnífico comienzo grabado para siempre en sus respectivos corazones.
FIN.
