Miraculous Ladybug pertenece a Thomas Astruc, Zag Animation, Disney y TF1, hago esto sin fin de lucro.
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Je Suis
Por Mimi chan
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Capítulo 37
Japon
Primera parte
Sin duda alguna, todos tenernos demonios en nuestra historia. Cosas de las cuales quisiéramos solo alejarnos, escondernos, seguir de largo para no tener que verlos jamás. Desafortunadamente, algunos de esos demonios justo cuanto más los ignoras, más los alimentas y más grandes se hacen, la única forma de poder acabar con ellos es mirarlos de frente, enfrentarlos y derrocarlos.
Kagami sabía que no podía solo dejar atrás esta parte de su historia. No porque la persiguiera, sino porqué había dejado una huella imborrable en ella
Estar de regreso en Japón parecía avivar sus recuerdos. Aquella parte de su historia, había estado llena de sueños. Cuando se había enterado de que había una vida creciendo dentro de ella. Sí, se había sentido asustada, se había sentido humillada y sola cuando Uranosuke le había dado la espalda y aun así se había sentido agradecida por el regalo que se le había hecho. Había fantaseado con una vida nueva, una vida creada alrededor de la de su hijo, sabía que no sería una vida fácil, lamentablemente ser madre soltera nunca era fácil, mucho más en una sociedad tan… discriminante, como la japonesa. Pero no le importaba, sabía que ella simplemente lo lograría.
Pero… cuando la vida dentro de ella se apagó, una parte de la suya propia se extinguió con esa criatura que nunca había logrado ver. El abandono de Uranosuke, el hombre que había llegado a amar como no había amado a nadie más en su vida; el rechazo de su madre que la había corrido de casa en cuanto supo su condición; o la discriminación de todo el mundo, aún de las personas que habían dicho ser sus amigos en un momento, no habían sido nada, realmente nada, comparado con el dolor de perder la criatura que había estado creciendo dentro de ella. Su vida solo se había acabado sin ninguna explicación y se lo habían arrebatado del cuerpo como sino significara nada. Había sido demasiado pequeño aún para enterrarlo, su familia había tomado la decisión de incinerarlo y dejar que el hospital dispusiera de las cenizas. Nunca había sabido sí sería un niño o una niña. No había crecido lo suficiente pasa siquiera poder desarrollar las irises de sus ojos o siquiera sus parpados, no sabría siquiera sí su cabello sería negro como el suyo… pero si había crecido lo bastante para poder moverse, para alimentarse de ella, para que su corazón latiera. Había estado vivo, había sido parte de ella y repentinamente solo su pequeño corazón se había detenido.
Aún hoy, después de cinco años era un recuerdo difícil de enfrentar. En su momento había concluido, que quizá había sido lo mejor, que no había sido el momento correcto para que llegara al mundo, pero aún así, dolía… dolía mucho.
Salió del aeropuerto internacional de Tokio y abordó un taxi. No quería la oportunidad de la nostalgia, no quería recorrer sus viejos caminos, no quería ver aquellos lugares que le eran tan familiares que habría podido recorrer con los ojos cerrados, y por supuesto, no quería que su familia supiera que estaba en Tokio. Le dio instrucciones precisas al chófer del auto de ir a Shinjuku al hotel Hyatt donde la familia Takeda estaba hospedada, desde que Uranosuke estaba tomando un tratamiento en el hospital de la universidad de Tokio con los mejores médicos del país seguramente.
Llegó en cuestión de minutos a la recepción del hermoso, hotel, los colores, miel, marrón y caramelo cargaban el ambiente con elegancia.
— Buenas tardes – saludó a la joven y elegante recepcionista en japonés, se sentía hasta un poco oxidada al hablarlo – busco a Takeda Shiori sama.
— ¿Quién desea verla? – preguntó con educación.
— Tsurugi Kagami.
— Oh si – dijo saliendo de la recepción, yendo a su lado – Takeda sama la ha estado esperando desde hace varios días, acompáñeme por favor,
La joven la guió hasta los asesores pulsando el botón del penhouse. Estaba nerviosa, no había esperado que la madre de Uranosuke la hubiera estado esperando por días, probablemente desde el momento que le envió aquella carta urgente a Estados Unidos, hacía ya varios días. Llegaron rápidamente al penhouse, las puertas del asesor daban directamente al lobby de la habitación. Respiró profundo y se preparó para lo que fuera a pasar.
Llegaron a una segunda sala, donde la propia señora Takeda estaba de pie junto a un ventanal que tenía una vista estupenda de los alrededores de Shinjuku.
Lucía tan propia y elegante como la recordaba de la única fiesta familiar a la que Uranosuke la había llevado hacía varios años. De baja estatura pero con una postura imponente y perfecta. Los años no parecían haber pasado por ella, su rostro duro pero perfectamente cuidado sin ninguna arruga que evidenciara los casi 50 años que debía tener. Unos ojos marrones soberbios, pero también cansados con grandes ojeras. Su cabello sostenido tras su nuca en un rodete apretado con solo algunas canas atravesándolo. Vestía un kimono color verde oscuro de seda. Era una mujer elegante y hermosa. Aunque le era evidentemente imposible ocultar el cansancio y la preocupación que la embargaban ahora.
— Takeda sama – se anunció la recepcionista – ha llegado Tsurugi san.
— Buenas tardes, Takeda sama – saludó Kagami con una leve inclinación.
Antes de que la mujer le respondiera la joven empleada salió tan discretamente como habían llegado allí dejándolas a solas.
— Tsurugi san – respondió a su saludo con otra leve inclinación – muchas gracias por atender a mi llamado.
Kagami no sabía que responder, "no es nada" no parecía una respuesta correcta. Había después de todo abandonado repentinamente su puesto en el asilo sin dar explicaciones a nadie, ni siquiera se había despedido de Marinette hasta que había estado en el aeropuerto, y no había sabido que decirle a Michael.
— Por lo que me ha comentado en su carta, me parece que era urgente que viniera – fue lo que se animó a responder finalmente.
— Y lo es – dijo invitándola con ademan a sentarse en la discreta y elegante sala de estar, frente a una chimenea eléctrica que calentaba cómodamente la habitación.
— ¿Qué es lo que le pasa al joven Takeda?
La mujer delante de ella se llevó una mano al pecho y agachó su mirada. Kagami tuvo que cerrar sus puños para contenerse de ir a ella y socorrerla, se había vuelto una acción tan cotidiana en el asilo que casi era mecánica. Había visto ese mismo gesto tantas veces que sabía que significaba, el preludio de una historia trágica.
— Tiene una extraña leucemia. – dijo la mujer levantando su rostro cansado – Hace alrededor de seis meses, empezó a quejarse de que siempre se sentía cansado y le dolía la cabeza, lo cierto es que lo ignoramos. Uranosuke había empezado a beber en exceso y eso significaba justo que siempre se sintiera mal. Poco después empezó a tener mareos, nauseas y desmayos sin ningún motivo, los médicos nos dijeron que solo era anemia, que debía dejar de beber y comer mejor, pero las cosas solo fueron a peor. Uranosuke siempre estaba enfermo, después sangraba sin motivo aparente, su nariz sus oídos… — la mujer detuvo un sollozo, tratando de no romperse antes de contarle todo — solo hace un mes le han diagnosticado finalmente que está muriendo.
— Pero… – intervino Kagami tratando de hacerla sentir mejor — supongo que con el tratamiento…
— No hay un tratamiento eficaz a estas alturas – dijo la mujer con amargura — lo hemos descubierto muy tarde, lo único que quizá hubiese funcionado hubiese sido un trasplante de medula ósea, pero ni su padre ni yo somos compatibles, no tiene hermanos o primos cercanos.
— Entiendo… — dijo con pesar Kagami, por eso la buscaban, porque pensaban que su hijo… — piensan que su hijo podría…
— Si, Tsurugi san – reconoció la señora Takeda con quizá algo de vergüenza — por eso nos era tan importante encontrarla, su hijo…
— Takeda sama – la interrumpió antes de que siguiera – yo… yo perdí a mi bebe al cuarto mes de embarazo.
La mujer delante de ella envejeció 10 años en ese momento, se derrumbó finalmente, empezó a sollozar sosteniendo su cabeza en sus manos. Kagami de verdad quería ir a ella y reconfortarla, pero no sabía cómo hacerlo.
— Kami sama me está castigando – dijo en medio de su llanto – me está castigando por haber sido tan egoísta. He creado mi desgracia, la desgracia de mi hijo e incluso su desgracia, Tsurugi san.
— Takeda sama – se dirigió a ella conmovida, no importaba que es lo que pudieron hacerle a ella, aún era una mujer mayor que parecía indefensa e inmensamente abatida — Kami sama no nos castiga de esa manera.
— Pero toda mi familia muere con mi hijo – lagrimas recorrían su rostro, esas lagrimas sin sollozos parecían no poder dejar de fluir — no habrá ningún otro Takeda, cuando Uranosuke ya no este y la única responsable de todo eso soy yo.
— Usted… solo estaba protegiendo su familia.
— Y con ese acto la he destruido. – dijo tratando de limpiar su rostro con un pañuelo, pero sus lágrimas no dejaban de fluir — Al menos en este último momento espero poder reparar algo de aquel error. Tsurugi san usted debe de saber.
— ¿Saber?
— Mi hijo siempre la ha amado – le dijo – En aquellos momentos, todos pensamos que no era usted más que… — se detuvo para buscar el termino correcto — una mujer bonita que lo había encantado. Pero las emociones de mi hijo han sido auténticas, todos estos años, la ha amado, pero ha aceptado el compromiso que le impusimos desde niño, sin en cambio nunca la ha olvidado.
— Pero él…
— Nosotros lo obligamos a despreciarla – dijo con culpabilidad – le ordenamos hacerlo a riesgo de quitarle cualquier ayuda para su futuro.
Kagami sintió un escalofrió recorrer su el pecho. No… no podía creer lo que la señora Takeda le estaba diciendo.
— Takeda sama – solo, no podía creer lo que le decía, debía ser una mentira — si usted me está diciendo esto para limpiar la imagen de su hijo, no tiene por qué hacerlo.
— No Tsurugi san, le digo la verdad – insistió la mujer — he sido tan egoísta con mi hijo que lo alejé de su amor solo para poder preservar nuestro apellido. Y con eso he segado la vida de mi hijo, si les hubiese permitido estar juntos, hoy quizá tendría una familia feliz y quizá incluso no estaría muriendo.
La joven japonesa sintió un dolor profundo en el pecho. Ella… ella lo había odiado todo ese tiempo, había creído realmente que solo había jugado con sus sentimientos, pero él…
— Yo…
— Tsurugi san, por favor vaya con él – le suplicó la mujer – por lo menos solo para que pueda dejar este mundo sin culpas – la tomó de las manos — se lo suplico, otórguele su perdón, por un pecado que él no cometió, la única culpable he sido yo.
— Yo… — se obligó a alejarse de aquella mujer saliendo de sus manos — necesito un poco de tiempo, necesito poner en orden mis ideas.
— Por favor no se vaya – dijo suplicante aquella mujer tan orgullosa — mi hijo no tiene tiempo, puede… él puede…
— Solo, solo necesito un momento – dijo antes de que siguiera, la hacía sentir mal que aquella mujer se humillara por su hijo — solo iré a caminar un momento y regresare, se lo prometo.
— Gracias, muchas gracias Tsurugi san – dijo solo un poco más tranquila — ¡Oh Kami sama, que equivocada he estado con usted todo este tiempo! espero algún día me pueda perdonar la injusticia tan grande que he cometido con usted.
— Takeda sama, yo no tengo nada que perdonarle ya, hace mucho tiempo que deje ir cualquier rencor de mi corazón.
Sin saber más que decir salió de la pequeña sala mientras la mujer lloraba en su lugar y casi corrió al ascensor. Tenía tantas cosas en su cabeza que no sabía por dónde empezar.
[…]
Marinette estaba por fin terminando con los contratos para la temporada de invierno. Dentro de todas las emociones vividas esos días, no podía dejar de lado el trabajo, de alguna manera trabajando casi podía dejar de lado toda esa maraña de ideas que ahora habitaban cómodamente en su cabeza, cómo una araña en la esquina de una habitación después de haber tejido una enorme tela.
— Directora.
La voz de su secretaria desde el comunicador la trajo a tierra, atendió enseguida.
— Dime Jenny – respondió al aparato.
— La busca el Sr. Reich – le respondió su secretaria del otro lado
— Hazlo pasar por favor.
Sabía porque Michael podía estarla buscando y casi quiso tener a Kagami frente a ella, sabía que solo ella podía darle las respuestas que el joven abogado podía estar buscando. Michael entró sin mayor demora a su oficina, la expresión en sus ojos le decía ya un montón de cosas de entrada, oh no, esa charla no le gustaría ni tantito.
— Michael, hola ¿Cómo estás?
— No lo bien que podría estar – dijo sentándose frente a ella – vengo del albergue y nadie sabe donde esta Kagami, fuera de "salió de la cuidad"
— Bien, pues lo hizo – confirmó Marinette incomoda.
— ¿A dónde?
— Yo, no estoy segura de poder decírtelo.
— Pues yo estoy seguro de que puedas o no me lo vas a decir – dijo con cierta violencia, se mesó un momento el pelo y cambió su tono – lo siento Marinette, solo… ella ha estado de lo más extraña en los últimos días, no ha querido casi ir a ningún lado conmigo, Kagami está evitándome y por lo que se las mujeres te evitan solo cuando están tratando de terminar contigo.
— Dudo que alguna vez una mujer haya terminado contigo – trató de bromear con él.
— Pero lo he visto en otras personas, supongo que podría aplicar lo mismo conmigo – dijo sin tomar nada de humor.
Marinette suspiró profundamente, le había dicho a Kagami que no le diría a nadie lo que estaba pasando, pero…
— Michael… ¿Tú amas a Kagami? – le preguntó directamente.
— ¿Por qué quieres saberlo? – le respondió.
— Depende de tu respuesta si te cuento lo que se – le dijo Marinette.
— Sí – dijo con seguridad – y no lo digo a la ligera Marinette, la amo.
Marinette vio al hombre a los ojos, había hecho de descubrir la verdad en los ojos de las personas casi un arte, y supo que Michael no le mentía, oh, si ese hombre la amaba…
— Kagami está en Japón – dijo antes de cambiar de idea – la han… bueno… ¿Tú sabes lo que le paso en Japón? Por qué decidió venir a los Estados Unidos.
— Solo sé que un hombre le rompió el corazón y decidió dejar todo atrás y empezar de nuevo.
— Hay mucho más detrás de esa historia, pero no soy la persona adecuada para contártelo. Pero ha ido a Japón para poder cerrar esa parte de su vida definitivamente.
— ¿Por qué no me ha dicho nada? – dijo aun sin podérselo creer.
— Pensé que lo había hecho – dijo Marinette.
— No, no lo hizo – dijo sintiendo como la sensación de ira empezaba a crecer en él — ni a mí ni a nadie, excepto a ti aparentemente.
— Soy su mejor amiga – respondió la joven mujer— nos conocemos casi desde siempre.
— Y yo solo soy el hombre con el que ha salido un par de meses supongo – dijo apretando sus puños — ¿Cuándo volverá?
— No sé cuánto tiempo pueda tomarle arreglar esos asuntos
— Yo sí que sé cuánto le tomara.
El hombre se levantó aún más alterado de lo que había entrado hacia un momento y antes de que pudiera detenerlo se marchaba.
— Michael espera…
— Te lo aseguro Marinette, le tomara tanto tiempo como a mi encontrarla y traerla de regreso.
El hombre salió de su oficina casi golpeado la puerta, Marinette no supo ni que reaccionar, oh, Kagami no se lo tomaría nada, nada bien.
Fin capítulo 36
10 de enero de 2021
12:52 a.m.
nota de autora: No tienen que decirmelo, soy sadica, pero justa xD tenia muchas ganas de mostrarles lo que pasa en Japon y no me pude aguantar a traer la primera parte, pronto actualizare... espero... pero, la vida.
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Mimi chan
