Palabra: Trato.


XXXI. Tranquilidad

Page and waves of time
The ocean has come to meet you
Waiting on the shore
Restless tide will come and take you
We shall be final in you

Maggie Bjorklund


Cuando despierta, no ve a nadie a su lado. Oye primero. El rumor de pasos y quejidos. La maga enfermera aparece ante sus ojos primero, con su ceño fruncido.

—Tu brazo tardará más en recuperarse esta vez. —Chiyo nunca se ha caracterizado por endulzar las cosas—. Y los huesos te dolerán en invierno. Y en las noches largas. Debiste de tener más cuidado.

Izuku lucha por enfocar sus ojos.

—Lo siento… —murmura.

—Oh, niños idiotas —dice—, cómo les gusta romperse para que esta vieja bruja los tenga que parchar.

—Kacchan… —dice Izuku—. ¿Cómo está…? ¿Kacchan?

—¿Tienes energía para pensar en otros? —Le dirige una mirada que tiene un toque de admiración—. No ha despertado. Hay otros dos preguntando por ti y por él. Muchos, en realidad, pero dos que se han negado a moverse. —Sacude la cabeza—. Todoroki y Kirishima… —Sacude la cabeza—. Les prometí dejarlos pasar cuando ambos estuvieran despiertos.

—¿Está bien? —pregunta Izuku—. ¿Kacchan está bien?

Chiyo asiente.

—Ahora deja que vaya a parcharlo a él, niño problema —dice.

E Izuku se queda solo. Un biombo divide las camas de la enfermería, así que no puede ver a sus vecinos. No oye ningún ruido, así que supone que nadie ha despertado. Se siente drenado de toda energía mágica. Duda que pueda hacer algo en ese momento. Oye caminar a la maga enfermera de un lago a otro, hasta que finalmente la oye marcharse. Entonces todo se queda en silencio otro rato. Izuku mira al techo. Piensa un poco en su brazo.

Dolerá en invierno y en las noches largas.

Oh, puede soportarlo. Es fuerte.

Y tenían que acabar con la Gran Oscuridad. Le gustaría saber qué más ha pasado, pero duda que Chiyo quiera decirle nada. Imagina su voz perfectamente.

«¡Descansa! ¡Te enterarás luego!».

Sigue en silencio hasta que oye un gruñido al lado.

—¿Kacchan? —prueba.

El gruñido se hace más fuerte.

Oh, no estaba equivocado.

Se apoya sobre el brazo que está menos lastimado para levantarse y baja de la cama. Se mueve hasta el biombo que está a su derecha y lo aparta. No está equivocado. Allí está Kacchan. Tiene vendado el vientre y uno de los hombros. Está más pálido de lo que Izuku lo ha visto nunca.

Cuando Kacchan se da cuenta de su presencia, gruñe de nuevo.

—Me siento como la mierda —es lo primero que sale de su boca.

Izuku no dice nada hasta estar a un lado de la cama.

—Hazme un espacio —pide. Kacchan lo mira como si deseara que se hiciera pedazos o se desintegrara en ese momento, pero de todos modos se hace hacia una de las orillas de la cama como puede. Izuku es consciente de que nunca jamás lo ha visto tan débil.

Como puede, sube a la cama y se encarama a Kacchan.

Hay un nudo en su garganta que lucha por controlar, pero una vez que siente la piel de Kacchan es incapaz y entierra su cara en la curva de su cuello, con cuidado de no lastimarlo. Respira hondo. Una. Dos. Tres. Y entonces rompe a llorar. De felicidad y tristeza a la vez.

—Idiota —oye que dice Kacchan, aunque no con la fuerza habitual—. Por qué lloras. Sigo vivo. Idiota.

—¡Lo siento, lo siento!

No se le olvida la visión de Kacchan atravesaro después de empujarlo. Es una imagen que tendrá grabada en sus pupilas hasta el día que se muera, porque significa demasiadas cosas. Expiación, redención. Sacrificio. Amor por encima de todo lo demás. Sonríe entre las lágrimas.

—¿Para qué te disculpas? Idiota, no te disculpes. Sigo vivo…

La mano del brazo que no está herido de Kacchan busca su cabello y lo entierra entre sus rizos desordenados. Los revuelve bruscamente, pero incluso en ese gesto se nota la debilidad.

—Gracias, Kacchan —murmura, haciendo ademán de abrazarlo sin hacerlo, para no lastimalo.

—No hay de qué, Izuku.

Se quedan así, pegados el uno con el otro, hasta que los pasos interrumpen el silencio de la sala. Chiyo vuelve a aparecer ante sus ojos.

—Ah, están despiertos —murmura. Alza las cejas al ver la manera en la que están acurrucados, pero no dice nada sobre ello. Se acerca a Kacchan—. Estarás bien. Quedarán cicatrices feas. Por eso no se puede hacer nada si te cauterizaron de emergencia. Apenas tienen energía, niños problema. Descansen al menos una semana antes de intentar hacer demasiada magia.

Kacchan no dice nada. Izuku siente por los dos.

—Y no debería dejar que tuvieran visitas, pero no quiero que los otros dos sigan molestándome. —Bufa, claramente harta de Shouto y de Eijiro—. Tienen media hora.

No los deja contestar. Se dirige hasta la puerta y los deja pasar.

Eijiro entra primero. Izuku puede ver la manera en la que se contiene para caminar a un ritmo normal y la manera en la que intenta maquillar la preocupación de sus ojos.

Shouto va detrás de él, manteniendo la compostura mucho mejor.

—Carajo, por qué todo el mundo tiene cara de funeral —se queja Kacchan—. Nadie importante se murió. Y si lo hizo seguramente es irrelevante.

—No digas eso, Kacchan —murmura Izuku.

—No es ninguno de ustedes tres, así que… —Kacchan se encoge de hombros, dejando claro su punto—. No recuerdo cuando volví a perder el conocimiento. —Pone cara de lamentar eso, frunce el ceño—. Pero vi a este idiota. —Le revuelve el cabello a Izuku de nuevo mientras el mago de aire sigue encaramado a su lado—. Lo vi. Oh, nuestra magia… fue… Eso fue algo que nunca antes vi.

—Izuku nos drenó —dice Eijiro—. Entonces fue cuando te desmayaste de nuevo. Cuando terminó…

Se acerca hasta la cabecera de la cama y jala un banco cercano. Shouto se queda en los pies de la cama e Izuku mueve los pies para que pueda sentarse allí.

Kacchan se queda viéndolos.

—¿Se besaron? —pregunta.

—¡Kacchan! —recrimina Izuku.

—Se estaban besando mientras me estaba muriendo —se queja Kacchan—. Idiotas. ¿Entonces?

—Sí, Katsuki —responde Shouto—. Hablamos un poco, también. Mientras Chiyo los curaba. —Sonríe apenas imperceptiblemente. Su felicidad es tranquila, pero mejora la atmósfera del lugar.

—¿Y Shigaraki? ¿La Gran Oscuridad?

—De lo segundo, no sabemos. Desapareció. Nadie sabe si volverá. Quizá si muchos magos vuelven a jugar con magia prohibida. —Eijro se encoge de hombros—. Se escribirá demasiado sobre ello en los años que vienen. Ya se habla. En la torre. En sus pasillos. Casi todo el mundo vio lo que hiciste Izuku.

—Hicimos —corrige él.

Eijiro sonríe.

—A Shigaraki lo encerró Aizawa —sigue Shouto—. Había más con él. Los archimagos se reunirán pronto para decidir qué hacer con ellos.

Kacchan gruñe.

—Cállense. —Estira una mano, buscando la mano de Eijiro y él se la aprieta—. No quiero oír nada sobre la Gran Oscuridad ni la maldición que detuvimos mientras estoy aquí. O nada. Si van a estar aquí no molesten, maldita sea.

Shouto sonríe.

—Es un trato.

Se quedan allí. Izuku se siente en paz, con Shouto a sus piel y Kacchan a un lado de él. Eijiro aferra la mano de Kacchan.

Todo está bien.


Notas de este capítulo:

1) Acabéeeee. El siguiente capítulo es el epílogo (se sube mañana). Gracias por acompañarme en esta aventura. Cerraremos los cabos sueltos en el capítulo que nos falta.

2) No, en serio gracias por leer.


Andrea Poulain