Día 29. Harry ama la piel de Draco

Uno de los rasgos físicos que más le gustaban a Harry de su novio era la piel increíblemente pálida. Fácil de marcar y maltratar. No era que no lo cuidase con mimo, sino que cuando Draco dormía después de hacerlo, y Harry identificaba alguna de las "marcas" que le dejó, algo en lo más profundo de él se estremecía.

Así que siempre terminaba igual.

Draco cargándolo, con ambas manos en su trasero, embistiéndolo sin piedad. Harry con los brazos y piernas enroscados alrededor de su novio, el pecho pegado al suyo, aferrado a él, jadeando cada vez que golpeaba en su interior y gimiendo con fuerza si alcanzaba su próstata. Le encantaba tenerlo así de cerca. Le encantaba sentirlo.

Y le encantaba todavía más poder hundir el rostro en su cuello, cerrar los dientes en la tersa piel, divisar las líneas que se marcaban allí donde mordió, ese rastro de sangre que brotaba para remarcarlo sobre la hermosa piel pálida. El leve quejido de Draco no era una protesta, sino un sonido que se mezclaba con sus jadeos al follárselo; en el fondo, estaba seguro de que a su novio también le gustaba ver los "recuerdos" que le dejaba.

Harry succionaba en su garganta, regresaba a los hombros, mordía. Mordía, mordía, mordía. Repasaba la "herida" con la lengua, la besaba. Deslizaba las manos por la espalda de Draco, y arañaba. Arañaba, arañaba, arañaba. Una de las imágenes más calientes de su día a día era Draco Malfoy desnudo, a primera hora de la mañana, abandonando la cama y con la espalda repleta de líneas que le provocó durante el sexo.

Harry continuaba aferrado a él, daba rienda suelta a esos actos que otro podía ver extraño y le resultaban tan placenteros. Mordía, arañaba, mordía, arañaba, lo arrastraba hacia un beso, gemía sobre sus labios. Estaba cerca de correrse, y siempre, siempre, se aseguraba de sostenerse de él para otro beso, sin importar en qué posición hubiesen estado.

Más tarde, cuando estuviese tendido en su cama y Draco deambulase por la habitación, vería las marcas de dientes en sus hombros y las líneas rojizas en su piel, suspiraría, sonreiría, y admitiría que , amaba su piel pálida.