Tu padre
En aquel momento el rostro de Lily era una hoja de papel blanca y pálida. Su boca se entreabrió, y su respiración era audible y entrecortada. Se quedó mirando a la madre durante largos segundos, mientras Regina y Emma se miraban con total perplejidad.
–¿Cómo…Cómo que mi padre? Me dijiste que mi padre era un forastero con el que tuviste una aventura de una noche y que nunca más volviste a verlo…–Lilith habló finalmente, mirando a la madre con una mirada llena de rencor.
–Y de hecho, nunca más volví a verlo…–Maléfica murmuró con dolor y lágrimas en sus ojos –Lo único que te omití es lo importante que era, no un simple forastero…¡Y también el hecho de que yo lo amaba! ¡Amé a Christopher con todo mi corazón! Pero el destino nos separó…
–Explica eso, mamá…–Lily dijo muy irritada.
–Ehhh…¿Queréis privacidad?–Emma cortó a las dos, captando ambas miradas.
–No, Emma…–respondió Maléfica –No quiero y no voy a esconder esto a nadie…Sin más secretos. Sentaos–Regina y Emma se sentaron frente a ellas para escuchar, y Mal volvió a encarar a la hija, y cogió sus manos.
–Hija…–comenzó –Conoces toda la historia de Fiona, el Hada Negra. Te pido que me perdones, y también perdones a tu padre. Una de las razones para mantener este secreto fue para protegerte y también proteger a Christopher. Debes entender que él cometió un error enorme y muy grave ante todos los pueblos. Tuvo la oportunidad de matar a la mayor villana de todos los tiempos y no lo hizo, flaqueó, y no lo culpo, porque se trataba de su propia madre. Sin embargo, podría pagar un alto precio por eso. Tarde o temprano las personas podría descubrir que Fiona no estaba realmente muerta, sino desaparecida o escondida, cosa que sucedió tiempo más tarde. Tu padre corría gran peligro, el pueblo, lleno de rabia, podría hacer cualquier cosa contra él e incluso matarlo. Así, por más dolora que fuera nuestra separación, pues nos amábamos, decidimos que lo mejor era separarnos, pero yo ya te llevaba en mi interior. No creas que tu padre no sufrió, ¡sufrió y mucho! Christopher viajó por el mundo, aprendiendo magia poderosa y dedicándose a ayudar a las personas, pero, siempre ocultando su identidad. Muy raras veces mostraba su verdadero rostro, que siempre ocultaba con magia, modificándolo. Si supieran que él había dejado a su amada y a su hija, podrían venir tras nosotras por venganza y tu padre temía eso. Entonces Christopher me dijo que nunca contactaría con nosotras por cuestión de seguridad, pero en compensación, buscaría una manera de estar vigilándonos y acompañándonos de cerca, por medio de visiones mágicas, espejos y otras cosas, y ayudándonos de cierta manera. Por más que él no se mostrara, siempre estaba presente y nos acompañaba…Bueno, entonces, fuiste separada de mí…Y, ¿adivina quién era aquel anónimo que depositaba dinero de este mundo en tu cuenta, hasta que completaste la mayoría de edad y saliste de los hogares de adopción?
En ese momento, Lily lloraba copiosamente.
–Mi sueño era encontrar a esa persona para agradecerle…
–Pues bien…Era tu padre. ¡Te amaba mucho, mi princesa! Al igual que me amaba a mí…–acarició el rostro de sus hija.
–Lo único que me entristece es ser nieta de un ser tan despreciable como el Hada Negra. ¿Y qué ha sucedido con él, con mi padre? ¿Emma? ¿Regina? ¿Cómo esta carta…?–la pregunta murió en su garganta al pasar su mirada de la rubia a la morena, y aunque aún no había leído la carta, tenía un mal presentimiento.
Emma bajó la cabeza y se miró sus propias manos. Regina la incentivó, apretando sus hombros.
–Ha muerto, Lily…–Emma alzó su mirada cargada de lágrimas –Lo supe durante mi última sesión con el Espectro…Es más…Creo que es tiempo de contaros todo lo que está sucediendo…
Emma y Regina dejaron que madre e hija lloraran y expresaran su luto. Maléfica, por haber perdido al hombre que más amó en su vida y al que echó de menos cada día que había pasado, y Lily, por no tener más oportunidad para conocer al hombre grandioso que había sido su padre.
Emma y Regina les contaron todo a las dos, detalle a detalle, desde el comienzo, con las visiones y desmayos de Emma, hasta la conclusión de que la Batalla final estaba cercana, y las dos escuchaban atentamente, asintiendo. Al final, Maléfica habló.
–¡Nos quedaremos aquí hasta que todo acabe y os ofreceremos nuestra ayuda! ¡Mi hija y yo podemos ser muy útiles en forma de dragón!–sonrió Maléfica aún triste por las últimas noticias.
–¡Contad con nosotras!–añadió Lily
Regina y Emma sonrieron.
–¡Toda ayuda será bienvenida! Sobre todo porque tenemos plena certeza de que la Reina no vendrá sin un ejército. La conozco muy bien, porque ella era yo, y yo haría exactamente eso. Tenemos que estar preparadas–comentó Regina
–Pero, ¿te vas a quedar a dormir donde la Abuelita, no, Maléfica?–dijo Emma de sopetón, con la intención de cortar a Mal en el caso de que se les ocurriera pensar en quedarse en la mansión de Regina.
Todas se echaron a reír a carcajadas, y Emma se puso roja como un tomate, arrepintiéndose al momento de lo que había dicho.
–Bueno, había pensado en quedarme aquí, pero…–Mal rió y Emma se puso seria –Es una broma, Emma. Está claro que jamás os molestaría. Lilith y yo nos quedamos en la pensión de la Abuelita.
El ambiente se alivió, así que horas más tarde después de ponerse al día en otras muchas cosas, Mal y Lily se marcharon a registrase en la pensión, y tras estar debidamente instaladas, abrieron la carta de Christopher. Lloraron mucho abrazadas al leerla. En ella, el gran hombre le hacía una gran declaración de amor a Maléfica, diciéndole que siempre la amó y que siempre la amaría donde quiera que estuviera, en el mundo de los vivos o en el de los muertos, pidió perdón a ella y a Lily, y también dijo que siempre amaría a la hija, con toda su alma, hoy y siempre. Les pidió perdón por haber ido al encuentro de su propia madre y entregarse de buena voluntad a la muerte, pero que su cuerpo y su alma ya estaban muy cansados, y querían partir. Finalmente, acabó diciendo que confiaba plenamente en Emma y en su misión como Salvadora, y que tenía plena certeza de que cumpliría de forma magnífica la misión que otrora él no había podido cumplir.
