Del secuestro
Para todo el mundo, Terje era un niño aprendiz promedio. A veces quería entrenar, a veces no estaba de humor, a veces tenía arranques, pero la mayor parte del tiempo era un buen chico y buen estudiante. Dado que Argol había sido quien lo encontró, fue también él quien se encargó de aclimatarlo al Santuario, de darle lecciones especiales para que se "pusiera al corriente" con los demás chicos de su edad, le daba paseos por el Santuario para que lo conociera y le presentaba personas. Se había convertido en su hermano mayor, en especial luego de aquella vez en que Dicro se lo regresó llorando. Le preocupaba un poco el estado mental del chico, porque bien sabía que el entrenamiento de un Santo no era fácil, pero por lo que podía ver, el niño se repuso rápidamente y se estaba concentrado más que nunca en desarrollar su cosmo.
Y Terje tenía un muy buen motivo para hacerlo, no quería que lo volvieran a atrapar la siguiente vez que fuera a hablar con Alessandro. La verdad es que estaba bastante presionado intentando recolectar toda la información que se le pedía, pero se manejaba relativamente bien. Incluso empezó a usar uno de sus cuadernos para anotar información importante. Como le había dicho Alessandro, seguramente lo llevarían a algún campo de entrenamiento por unos días en algún punto, y sucedió más pronto de lo que esperaba.
Argol tendría que ir al medio de la nada Noruega, ¡su lugar favorito!, y sí, eso es sarcasmo. Se asignaban esas cosas al azar, y la suerte no había estado de su lado. Cuando le comentó a Terje, él pidió que lo llevara también, porque quería volver a ver su hogar, aunque fuera una sola vez más hasta que a él le tocara ser quien vigilara ese campo. Y Argol no pudo decirle que no a esos ojos de perro mojado. Además de Terje, se llevaría a una chica llamada Jivika, era una adolescente, y Helena era su maestra. Le pidió a Argol que la llevara porque le parecía que la chica podría utilizar algunos cuantos entrenamientos en las montañas. Argol accedió a regañadientes, porque a él no le daban muchas ganas de entrenar a alguien en el medio de las montañas, pero ni modo. No es como que le pudiera decir que no a Helena.
Así que apenas unos cuantos días antes de la fecha pactada entre Terje y Alessandro, volaron a Noruega. Como Argol llevaba consigo a dos menores (Jivika tenía 15 años), decidieron irse por la ruta legal, o sea, en avión. Terje pensó que eso era perfecto, porque seguramente podría ir a reunirse con Alessandro en el lugar en el que él y Otis se habían ocultado cuando lo dejaron en el campo de entrenamiento. Y escaparse de Argol sería fácil: el Santo de Perseo dormía como roca. De Jivika no tenía idea, pero seguramente la chica estaría en su propia habitación y no dudaba que podría escaparse de ella aún cuando estuviera vigilando. Además se apresuró a poner todas sus notas en limpio, se las daría a Alessandro en lugar de quedarse demasiado tiempo a hablar con él. Una vez más sentía el nudo de ansiedad en su estómago, pero ya lo había hecho una vez y ahora tendría menos obstáculos.
Llegaron a Narvic por la tarde, y Argol y Moses se quedaron hablando algunas horas. Moses no tenía muchas cosas qué reportar, casi nunca pasaba algo en ese pueblo, pero llevaba dos semanas ahí y ya le urgía hablar con alguien además de sí mismo. Al día siguiente el Santo de la Ballena se despidió de los chicos y se fue de regreso al Santuario.
Argol dedicó básicamente todo el día a entrenar a sus pupilos. Efectivamente los llevó a una montaña cercana a practicar en el medio de la nieve. No fue fácil para ninguno de los chicos quienes ya estaban acostumbrados al clima cálido del Santuario, pero no se manejaban tan mal. El problema era que ambos debían mantener una buena cantidad de cosmo en uso para evitar congelarse, lo cual les dejaba menos energía para usar en sus prácticas.
Cuando regresaron, ya bien entrada la tarde, los dos chicos no tardaron en darse una ducha caliente y luego en ir a devorar lo que Argol preparó para la cena. Dicho sea de paso, Argol no era el mejor de los cocineros, pero se defendía cuando tenía que hacerlo. Los entrenamientos del día calmaron bastante los nervios de Terje, pero también le dejaron el problema de que no tuvo mucho tiempo de inspeccionar el lugar para encontrar una buena ruta de escape. Por suerte habían pasado varios días ahí cuando lo "encontraron", así que confiaba en que eso sería suficiente.
Argol lo mandó a dormir a su hora habitual: las 9 de la noche. Él y Jivika se quedaron charlando un rato más hasta que la chica se cansó y se fue a dormir una hora después. Las habitaciones eran separadas, así que Terje no tuvo problemas en ponerse su ropa para salir, pero de nuevo se quedó acostado a esperar que Argol se retirara también a descansar. Había arrancado las hojas de su cuaderno que tenían la información y además escribió una pequeña carta para Alessandro en la que le contaba cuáles eran sus progresos, al igual que algunos chismes de los que se enteró. También le dijo que quizá la chica que los acompañaba era la que Otis le pidió encontrar, pero de eso no estaba seguro, le describió la zona en la que entrenaron ese día para que pudiera ir a verla si es que quería.
Eran las 11:30 de la noche cuando escuchó a Argol apagando luces y fue a echarle un vistazo a su habitación. Terje se fingió dormido nuevamente. Esperó con el corazón latiéndole con fuerza a que Argol cerrara la puerta de su propia habitación, y un poco más a ver si se dormía antes de que saliera. Se levantó de la cama con sigilo, fue a la puerta de la habitación y la abrió con cuidado, esperando que no rechinara. Asomó la cabeza al pasillo: todo estaba en calma, escuchaba a lo lejos la respiración de la chica y nada más. Se animó a salir por completo, quizá podría llegar a la puerta de la casa y no salir por la ventana como había planeado. Caminó en puntas de pies por los oscuros pasillos. Respiró un poco más aliviado al llegar a la puerta principal. De nuevo, y con todo el cuidado del mundo, quitó los seguros, abrió de a centímetro por vez. Hubo un pequeño rechinido, pero no muy fuerte. Salió. Emparejó la puerta y le puso una roca para evitar que se abriera. Sólo entonces se permitió pensar que tendría éxito.
Primero caminó cerca de la casa, cuando estuvo del lado de la salida del cercado midió mentalmente la distancia. Respiró profundamente, cerró los ojos un instante y luego echó a correr a la salida. La puerta del cercado también tenía un seguro, pero sin llave puesta, así que fue fácil abrirla. Una vez más la emparejó. Miró a su alrededor y distinguió el lugar por el que había llegado la primera vez. Corrió de nuevo hasta llegar al inicio del bosque. Se ocultó detrás de un árbol, apoyándose en este y se dejó caer al suelo, cerrando los ojos. Su respiración apenas comenzaba a tranquilizarse cuando sintió una pesada mano en su hombro. Dio un respingo y abrió los ojos. Se levantó de un salto para ver quién era. Alessandro mantenía una mano en el hombro del chico y se llevó un dedo a los labios para que guardara silencio. Terje asintió y murmuró:
—Aquí está toda la información que tengo. Creo que ya encontré a la adolescente. Está aquí. Nada más está Argol de Perseo con nosotros. —Y le entregó las hojas del cuaderno.
Alessandro sonrió mientras ojeaba lo que había ahí escrito.
—Haz hecho muy bien, Terje, me llenas de orgullo. Ahora tienes que regresar antes de que te atrapen. Si la chica es quien Otis piensa entonces nos volveremos a ver pronto. Necesitamos que esté con nosotros. Si esto es verdad, iremos por ella y deberás distraer a tu maestro para que nos la podamos llevar. Tú te tienes que volver a quedar en el Santuario porque seguramente necesitaremos más información. Por ningún motivo te veas sospechoso. Si todo sale como lo planeamos, el día en que vayamos por la chica te daré una fecha para que nos veamos de nuevo. Corre, hijo. Es importante que te vayas ahora.
—Así lo haré, puede confiar en mí. —Terje sonrió, Alessandro le dio un corto abrazo y lo dejó ir. Terje tomó aire y comenzó a correr de regreso.
Entrar al campo fue muy fácil, ahí no había soldados haciendo guardia. Regresó a la casa, abrió la puerta, dejó la roca a un lado y cerró. Caminó sin zapatos a su habitación, entró: todo seguía en calma. Se aventó a su cama por unos minutos, esperando a que bajara la adrenalina de su cuerpo. Entonces se cambió de ropa y se acostó a dormir. No le tomó nada de tiempo lograrlo, entre el entrenamiento y la salida había quedado exhausto.
Alessandro regresó a la cabaña en la que se estaba quedando y comenzó a leer los informes de Terje. En sí no había mucha información nueva, tan sólo era más precisa. Le contaba que la chica que entrenaba con el Santo de Cáncer en realidad no era una estudiante para Santo, si no que ya tenía su propia armadura y pertenecía a las filas de Eros. También le dijo la edad de su niña y que ella sí iba por una armadura de Atenea. Alessandro sonrió, le parecía que en su anterior encarnación también hubo una chica que Manigoldo de Cáncer había entrenado, y que, según recordaba, era una oráculo. Eso podría serle de utilidad. Ya vería cómo lograr que la mujer hiciera lo que le pidiera.
Leyó también sobre el entrenamiento que Argol les estaría dando esos días, así que le llamó a Otis y le dijo que lo necesitaba enseguida ahí para confirmar que la adolescente era quien él pensaba. Sobre la otra joven, Alfa, le dijo que efectivamente tenía una relación con uno de los Santos de Géminis. Entonces debía ser quien él pensaba, una Saintia que se había fugado del Santuario con uno de los gemelos de Géminis de su época. Si no, ya sería demasiada coincidencia, aunque bueno, en el par de ahora el fugado fue el Santo y no ella. Tener bajo su control a una de las Saintias de Atenea definitivamente era algo útil, siendo ellas las más cercanas a la diosa, seguro podría darle más información importante con respecto a la adolescente que tenían (de nuevo) por diosa. Se fue a dormir bastante tranquilo, su informante estaba siendo útil.
Otis llegó por la mañana a reunirse con Alessandro. Decidieron ir a observar el entrenamiento de los chicos a ver si la adolescente de nombre Jivika era alguien a quien reconocieran. No les tomó mucho tiempo rastrearlos, Terje se había encargado de encender su cosmo para mantenerse caliente y además dejó unas muy notorias huellas en la nieve que cayó durante la noche. Alessandro y Otis se ocultaron bien mientras los veían entrenar. Argol no parecía estar muy en guardia que digamos. Estaba acostumbrado a la calma de ese lugar de Noruega. No esperaba que sucediera algo.
—Es ella. La conozco —dijo Otis—. Era una Santo de Bronce, de la Liebre, si mal no recuerdo.
—¿Crees que nos pueda ser útil?
—Seguramente sabe más del Santuario que Terje y ya está bastante entrenada. ¿O quieres esperar a que tenga su armadura?
—Nos sería más útil una Santo de Bronce que una aprendiz de Bronce. Quizá podamos...
—Si nos la llevamos ahora, podemos capturar también a su maestra cuando vaya a buscarla. Es una Santo de Plata: Helena.
—Muy bien, entonces. Pretende que vas a secuestrar a Terje y cuando vayan a rescatarlo yo me llevo a Jivika. Encárgate de mantener a Argol fuera de combate. Nos vemos en la guarida. Dile a Terje que lo veremos en tres meses, donde quiera que esté.
Otis asintió. Ambos pusieron atención y esperaron el momento en el que Argol y sus alumnos estuvieran alejados entre sí. Cuando eso sucedió, Otis hizo explotar su cosmo y salió corriendo en dirección a Terje. Todos lo sintieron. Terje se quedó quieto en su lugar. Argol vio al desconocido correr hacia su aprendiz y fue para allá él también, al igual que Jivika. Otis agarró a Terje quién pretendió asustarse y comenzó a forcejear.
—Llegó el momento, Terje, nos vemos en tres meses. Donde quiera que estés. Nos llevamos a Jivika.
Terje asintió. Argol estaba a punto de llegar a ellos, pero de pronto el grito asustado de Jivika lo detuvo.
Alessandro midió bien su oportunidad y salió corriendo tras la adolescente en cuanto la vio sola y a Argol atento a otra cosa. Encendió su cosmo hasta que la alcanzó, la aferró por la cintura y le tapó la boca a medio grito. Luego le propinó algunos golpes para que dejara de resistirse, la cargó y comenzó a correr de nuevo en otra dirección, aún con su cosmo encendido. Argol vio todo eso, no sabía si ir a ayudar a Terje o a Jivika, pero estaba más cerca del primero así que siguió su carrera hacia el niño. Otis lo vio acercarse, tomó a Terje por la cintura y comenzó a correr también, pero no tan rápido. Argol no tardó en darles alcance. Cuando lo hizo, Otis impulsó a Terje hacia su maestro, acto seguido encendió más su cosmo y salió corriendo en la dirección contraria a la que usó Alessandro. Argol atajó a Terje antes de que cayera, luego volteó a ver al hombre que se alejaba con Jivika. Sujetó bien a Terje y salió corriendo en esa dirección. El desconocido era apenas un punto que se alejaba con rapidez. Argol maldijo entre dientes y lanzó la alerta al Santuario por medio de la cosmonet.
El aviso les llegó fuerte y claro y fue Kanon quien utilizó un portal para llegar a Noruega. Pero para ese momento el cosmo de los atacantes había desaparecido. Lo único que quedaba era el rastro entre la nieve. Kanon no preguntó nada, sólo se limitó a seguir a Argol quien aún corría con la esperanza de alcanzar a Jivika. Pero perdieron el rastro una vez que se adentraron en el denso bosque a las faldas de la montaña. Se detuvo con Kanon junto a él, todavía cargando a Terje. Lanzó otra maldición al aire.
—¿Qué sucedió? —preguntó Kanon al fin.
—Dos tipos se acercaron a nosotros en el medio del entrenamiento. Uno fue directo hacia Terje y yo corrí a ayudarlo, pero entonces el otro hombre atajó a Jivika y se la llevó. En ese momento di la alarma. Su cosmo es fuerte, Kanon, esos dos tipos fueron entrenados y no dudaría que tienen el poder de Santos Plateados.
—¿Los pudiste ver bien?
—Al que se llevó a Jivika no, pero el primero estoy bastante seguro que es Otis.
Kanon suspiró y procedió a abrir un portal de regreso al Santuario y le pidió a Argol que pasara. Luego atravesó él mismo.
Aparecieron en el medio del Coliseo, que es donde estaban todos reunidos cuando se dio la alarma. El Patriarca también había bajado. Argol procedió de nuevo a contar la historia y en menos de cinco minutos un grupo de búsqueda se organizó. Irían Saga, Kanon, Helena y Camus a acompañar a Argol. Terje por supuesto se quedaría en el Santuario.
Las aprendices de Dorados se reunieron en la Sala de Batallas del Templo de Géminis a esperar noticias. Estaban preocupadas por la adolescente a quien conocían y se preguntaban el por qué la habrían capturado.
Kanon los llevó al mismo lugar en el que había sucedido todo y los 5 se pusieron a rastrear. El camino era fácil de seguir hasta el bosque, incluso encontraron en donde los dos estuvieron ocultos esperando la oportunidad de salir, pero la nieve era mucho menos densa en el bosque y el rastro se perdía. De todas maneras siguieron buscando por ahí y eventualmente por el pueblo, pero no parecía haber ningún rastro de los rebeldes. Estuvieron fuera hasta bien entrada la noche, recorrieron las afueras de la ciudad también, pero sin éxito. Decidieron regresar al campamento ya de madrugada. Helena estaba muy preocupada por su aprendiz, en especial porque su cosmo se esfumó por completo.
En el Santuario, Shaka estuvo intentando rastrearla, pero se topó con el mismo problema, su cosmo desapareció y no podía dar con ella, era como si se hubiera esfumado de la faz de la Tierra. Se sentía derrotado.
Todos se sentían igual. Estaban sentados alrededor de la mesa bebiendo café y hablando de los sucedido y de lo que encontraron. Camus le comentó a Saga que al menos eso les daba un lugar en el cual concentrarse: Noruega. Pero Saga le dijo que Noruega no era especialmente pequeño y tenía muchos lugares en los cuales una bola de rebeldes podrían ocultarse. Decidieron quedarse ahí esa noche a ver qué pasaba, o si podían averiguar algo más, pero eso último lo dudaban, era poco probable que los renegados se hubieran quedado en esa parte del país. Helena se ofreció, con Argol, a hacer guardia nocturna. Los demás se fueron a intentar dormir en las habitaciones disponibles. Saga aprovechó para llamar a Alfa y contarle las pocas noticias. Alfa luego se las dijo a sus amigas.
Bien temprano por la mañana los Santos Dorados salieron a recorrer el pueblo una vez más, pero, de nuevo, no encontraron nada más que la máscara de la chica flotando en el río. Se la habían llevado quién sabe a dónde y ellos no tenían ni idea de dónde buscarla.
Saga estaba bastante histérico, no quería ni imaginarse lo que estaba pensando Helena porque seguramente él estaría igual o peor si de pronto hubieran secuestrado a Alfa. Regresaron por la tarde a hablar con Argol y Helena. Ambos insistieron en que se quedarían exactamente en donde estaban a esperar pistas o cualquier cosa. Los demás podían regresar al Santuario a dar las noticias. A los Dorados no les encantaba la idea, pero ellos eran dos Santos de Plata bastante capaces. Esperaban que no hubiera problemas. Accedieron a regresar al Santuario.
Atenea estaba muy preocupada. Nunca habían secuestrado a un aprendiz del Santuario y, por lo tanto, no tenían un plan de acción para esas circunstancias. Saga le dijo que no había mucho que pudieran hacer hasta que los renegados se movieran de nuevo. Por el momento no tenían ni rastro ni pistas. Se imaginaban que eso era parte de un plan de venganza de parte de Otis por haber estado en los calabozos, y por cualquier ofensa imaginaria que tuviera con la diosa.
Camus y Saga decidieron redoblar sus esfuerzos de rastreo. Aldebarán le pidió a Saga que le abriera un portal a Noruega para ir a ver un rato a su chica. Saga accedió, necesitaría el apoyo y seguro no habían dormido todavía. Shion le pidió al de Tauro que se quedara un par de días allá con ellos hasta que se tranquilizaran un poco. Saga regresó a su templo bien entrada la tarde, Alfa lo esperaba en la sala. En cuanto el Santo de Géminis la vio fue a abrazarla.
—¿Hay noticias?
—No. El rastro se pierde en el bosque y en la ciudad no encontramos nada. Seguramente en este momento ya están lejos. Lo único que queda es esperar. Quizá vayan a pedir algo a cambio de Jivika, quizá es mera venganza y no van a regresarla. Fuera de que Otis estuvo encerrado aquí no tenemos idea de qué es lo que quiera con ella. Y del otro hombre no sabemos nada. Argol dice que tiene que haber sido un Santo de Plata y Mu está de nuevo buscando los archivos, pero no sé si pueda encontrar algo.
—¿Cómo está Helena?
—Muy preocupada, como era de esperarse, pero calmada. Por el momento Aldebarán está con ellos, se va a quedar allá algunos días.
—¿Interrogaron a Terje?
—No que yo sepa. Pero es sólo un niño y no creemos que haya visto mucho más de lo que vio Argol. ¿Por?
—Voy a sonar muy cínica, pero es la segunda vez que Terje está en el medio de algo raro, sin contar cómo lo encontraron. Vivien tiene la impresión de que fue a hacer algo fuera del Santuario la noche que lo atrapamos durante nuestras rondas, y se basa en que iba de regreso a su alojamiento y no hacia afuera. No sé, yo también estoy empezando a pensar que se está viendo un tanto sospechoso. ¿No es mucha coincidencia que esto haya pasado en Noruega?
—¿Estás insinuando que tiene algo qué ver?
—No lo sé. Igual y nada más son ideas nuestras, pero es eso, o de plano el chico tiene muy mala suerte y siempre le está pasando algo.
—Lo tendré en cuenta —dijo Saga luego de un momento de silencio.
Después de eso se sentó a la mesa a comer algo porque no había tenido tiempo de hacerlo en prácticamente en todo el día.
No tenían idea de que ese apenas iba a ser el primer secuestro que sucedería.
