No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco.
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Isabella esperó a que Edward le quitara la llave a la puerta del apartamento. No sabía que esperar cuando él la abriera, pero un gran vestíbulo y una sala de estar grande, bien decorada y limpia no había sido su primera aproximación.
―¿Qué te parece?― Preguntó él, mirándola con esa expresión en busca de aprobación que ella ya había llegado a reconocer.
―Es genial, Edward. ― Isabella le besó la mandíbula y cruzó el umbral. ―Me encanta. ¿Lo decoraste tú mismo? ― Él se echó a reír.
―No. Jazz tuvo algo con una decoradora de interiores. Ella llevó al máximo de su tarjeta de crédito, pero obtuvimos buenas cosas de su experiencia. Si crees que esto es genial, deberías ver su lugar. Es increíble.
Isabella dejó el bolso en una mesa de cerezo junto a la puerta principal y entró. Edward dejó caer las maletas y cerró la puerta detrás de él. El mobiliario era pesado y acogedor. Limpio y masculino. Las maderas oscuras contrastaban con el verde salvia, el gris oscuro y la tapicería de color marfil. Los cojines, las alfombras y las obras de arte abstracto encajaban perfectamente. Ella podía imaginar a Edward disfrutando de los colores ligeros, pero la decoración no parecía encajar con el estilo de su compañero de piso. Y el lugar estaba impecable.
―¿Cómo lo mantienen tan limpio? ¿Garrett no vive aquí contigo? ― Isabella constantemente estaba encima de Garrett para que ordenara las cosas en el bus. No podía imaginar que su comportamiento fuera tan diferente en casa.
―Servicio de limpieza, cariño.
―Ah, eso lo explica todo. ― Ella se dio la vuelta para encontrar a Edward parado detrás suyo.
―Gracias. ― Murmuró él, tomándola de las manos y mirándola a los ojos con sinceridad.
―De nada. ― Dijo Isabella, ― Pero, ¿Por qué me estás agradeciendo?
―Por lo que hiciste con mi padre.
―Sólo estaba tratando de congraciarme por insultarlo y haberte lastimado. No sé por qué me enojé tanto cuando habló mal de ti y de la banda. ― Ella sonrió y le apretó las manos.
―Creo saber por qué. ― Él la besó tiernamente.
―Supongo que después de todo sólo soy una fan.
La puerta principal se abrió.
―Cariño, estoy en casa. ― Gritó Garrett y arrojó las llaves en la mesa al lado de la puerta.
Una morena alta con grandes senos, un gran cabello y casi una inexistente falda siguió a Garrett por el apartamento. Ella frunció el ceño cuando sus ojos llegaron a Isabella.
―Cuando dijiste que Edward estaría aquí, no mencionaste que estaba con una mujer. ― ella le dijo a Garrett.
―Hey, Zenna. ― Murmuró Edward. Isabella lo miró. ¿Él conocía a esa…mujer? ¿Era una ex novia? Edward jugueteó con el botón de la parte superior del traje de Isabella, su rostro se enrojeció y se tensó mientras la acariciaba con los dedos.
―No dije que no habría una mujer con él. ― Puntualizó Garrett.
―Esperaba estar envuelta en uno de sus famosos tríos esta noche. ― dijo Zenna ―pero todo el mundo sabe que Edward no engaña a alguien. ― ¿Uno de sus famosos tríos? Los ojos de Isabella se abrieron violentamente y contuvo el aliento.
Las manos de Edward se movieron para cubrirle los oídos a Isabella.
― ¿La sacarás de aquí? Estamos teniendo un momento. ― La voz disminuida de Edward se deslizó entre sus manos.
Garrett dijo algo que Isabella no pudo oír. Zenna sonrió descaradamente, agarró a Garrett por la hebilla del cinturón y lo condujo por el pasillo. Tan pronto la puerta de la habitación se cerró, Edward dejó caer las manos.
―Lamento que hayas visto eso.
―¿Uno de sus famosos tríos?― Preguntó Isabella.
―Realmente siento que hayas escuchado eso. ― Él se dio vuelta y se dirigió hacia la cocina a un lado de la sala principal. ― ¿Tienes hambre? ― Ella lo siguió, tropezando con el borde de una alfombra ya que no estaba mirando por dónde iba.
―No cambies el tema, Edward.
―Estoy muerto de hambre. Debe de haber algo para comer. Wanda sabía que vendríamos a casa esta noche y siempre es buena acomodando todo para nuestro regreso. ― Él abrió el refrigerador y se apoyó en el interior.
―¿Zenna quiso decir que tú…Garrett y una…?― Isabella tragó saliva. ―…una mujer han…― Ella se tocó las mejillas con los dedos fríos. ¿Por qué tenía el rostro tan caliente? ― ¿Han…?
―¿Follado como locos? ― Él arrojó un paquete de tortellini refrigerado sobre el mostrador. ―Sí, eso fue lo que quiso decir. ¿Salsa roja o blanca?
―¿Un trío? ― Ella se apoyó contra el mesón del desayuno.
―Isabella, cálmate. Sólo fue sexo. Todo eso está en el pasado. No es gran cosa. ― Él arrojó la botella plástica sobre el mostrador al lado de la pasta. ―Creo que la salsa roja es mejor. ― Ella nunca había estado involucrada en nada ni remotamente tan emocionante como un trío.
―¿Lo has hecho con frecuencia?― Preguntó Isabella con la voz más aguda que no normal.
Edward se encogió de hombros.
―No últimamente. Garrett y yo solíamos compartir todo. Hemos vivido mucho en los últimos dos años.
―Maldición. ― Murmuró ella.
Edward dejó caer un sartén. Éste resonó en el suelo, pero él no lo recogió. En cambió se quedó asombrado.
―¿Acabas de decir 'maldición'? ― Los ojos de Isabella se abrieron y sacudió la cabeza vigorosamente.
―No.― Ella se alisó la falda, se lamió los labios y bajó la mirada al suelo. ―Dije 'sartén'. Dejaste caer el sartén.
―Lo dejé caer después de que dijeras 'maldición'.
―Oh. ― El rostro se le calentó mucho más.
―¿Estarías abierta a algo como eso?― Las botas de Edward entraron en su línea de visión.
―No lo sé. ― Isabella lo miró fijamente y luego volvió a mirar sus botas.
―Estoy seguro que Garrett lo intentará. ― Ella apenas podía escucharlo. Él le tocó la barbilla y cuando ella encontró su valentía, lo miró fijamente. ―Te haremos sentir muy bien. ― murmuró él. Sus manos se deslizaron sobre la curva de su trasero y la acercó a él. ―Realmente bien. ― Edward parecía tan excitado con la idea cómo lo estaba ella. Y Isabella estaba a toda velocidad.
―¿No haría las cosas raras entre nosotros? ― Preguntó ella.
―¿Entre nosotros?
―Yo. Tú. Garrett. ¿Todos nosotros?
―No. Garrett nunca pasaría del sexo a algo más emocional o al coqueteo. Él pensaría en eso cómo un buen momento. De otro modo, no lo dejaría tocarte. ― Él le apartó un mechón de cabelló. ―Te dejaré pensar en ello. No hay presión. ― Ella asintió. Ya sabía que quería hacerlo, pero tenía miedo de que Edward pensara mal de ella. Dios mío, eso la haría la zorra más grande del planeta. Me encanta acostarme contigo, cariño, pero si no te importa, me encantaría follarme a tu mejor amigo al mismo tiempo.
―También prefiero la salsa roja. ― Dijo ella con aire ausente.
Él se echó a reír y luego se inclinó para recoger el sartén que había dejado caer. Edward fue al fregadero y lo llenó con agua antes de colocarlo en la estufa.
―Hablando de cambiar de tema. Salsa roja será.
Isabella siguió apoyándose contra el mostrador. Vio a Edward quemarse los dedos varias veces antes de hacerse cargo de la cocina. En serio, el hombre no podía ni siquiera hervir agua sin hacerse daño. Él se sentó en un taburete al otro lado del mesón del desayuno y la miró con una expresión divertida.
―¿Por qué me estás mirando así? ― Isabella finalmente le preguntó.
―Estás en mi casa. Cocinando en mi estufa.
―Si me pides que me descalce, que me quede embarazada y que me ponga un delantal con volantes, te voy a dar una paliza.
―Puedes usar zapatos.
―Gracias. Qué generoso. ― Ella entrecerró los ojos.
―Las Vegas sólo están a cuatro horas de aquí.
―No vayas a ese tema, Edward. ― Ella sacó una cuchara con ranuras y le apuntó.
―O podrías mudarte conmigo.
―Tengo un trabajo en el que prefiero estar concentrada y he oído que el viaje de Los Ángeles a Kansas City es matador.
―Puedes retirarte.
―¿Retirarme?― Ella lo miró fijamente. ―Tengo treinta y cinco. ¿Cómo esperas que me mantenga?
―Te mantendré.
―Te dije que no fueras a ese tema, Edward. Y lo estás haciendo.
―Entonces me mudaré contigo. Cuando no esté en tour o en un estudio de grabación, llamaré a Kansas City mi hogar.
―De acuerdo, comenzaste con el tema.
―¿Es tan malo que quiera estar contigo? ― No, era malo que empezara a estar de acuerdo con él, lo cual sabía que era un gran error.
―Esta semana separados nos hará bien.
―No digas eso. Ya te extraño y ni siquiera te has ido. ― Él dejó caer la cabeza sobre el mostrador y frotó el rostro en la superficie.
Ella suspiró y apagó el sartén con la pasta. ¿Por qué siempre tenía que ser tan dulce con ella? Estaba siendo muy difícil mantener toda la situación bajo control.
―¿Tienes un colador?― Preguntó Isabella.
―No tengo idea de qué estás hablando.
―Un colador. Para vaciar la pasta.
―Ahí vas, cambiando el tema de nuevo.
―¿Preferirías que me vaya? Me estoy sintiendo muy acorralada por ti en este momento. ― Él suspiró profundamente.
―En el segundo cajón, al lado del refrigerador.
El silencio se estableció entre ellos mientras ella terminaba la comida. Edward eventualmente se levantó del taburete y puso dos platos en el mesón del desayuno.
―¿Garrett y Zenna se unirán? ― Ella lo miró. Él tenía una mala cara nuevamente.
―Lo dudo. ― Cuando se sentaron para comer, ella le tomó una mano.
―Sabes que mi trabajo es importante para mí, ¿verdad?
―Sólo desearía que yo fuera importante para ti. ― El corazón de Isabella se encogió.
―Nunca dije que no fueras importante para mí. Esa no es la razón por la que necesito esta semana lejos de ti. Tengo que hacer bien este proyecto de investigación, Edward. Si no publico resultados convincentes para el final del verano, no voy a tener un trabajo por mucho tiempo.
―¿Qué? ¿Por qué no lo dijiste?
―No estoy orgullosa de la posición en la que estoy. No me gusta mucho investigar, pero me encanta enseñar. No cambiaría esa parte de mi trabajo por nada. ― Ella suspiró. ―La Universidad requiere que genere una cantidad de fondos externos para mantener mi trabajo y perdí una financiación grande hace un par de meses. Todavía no tengo una tenencia. Eso significa que tengo que tengo que hacerme económicamente valiosa para la Universidad o me dejarán ir. Este proyecto paralelo de verano es suficiente para mantenerme allí por otro año, con suerte, pero no sé qué voy a hacer después de eso. No quiero darme por vencida con este trabajo. Trabajé muy duro para estar en dónde me encuentro como para tirar la toalla ahora. Ya sabes que me encanta divertirme y pasar tiempo contigo, pero tengo que terminar el trabajo. ¿Lo entiendes?
―Sí, creo que lo entiendo. Al presionarte, te estoy alejando.
―Exactamente. ― Él le apretó la mano y sonrió.
―Me alegra que me lo hayas contado, Isabella. Me siento un poco mejor con el hecho de que te vayas por una semana entera. ― Ella liberó su mano y recogió el tenedor. Se sentía bien confiar en él. No tenía a nadie en su vida con quien compartir sus preocupaciones. Eso fue agradable de una manera inesperada.
―Tal vez termine el trabajo rápido y vuelva pronto. ― Edward sonrió esperanzado.
―¿Sí?― Isabella se encogió de hombros y mordió su tortellini.
―Lo veremos.
―¿De manera que quieres arreglar lo del trío con Garrett antes de que te vayas o cuando regreses?― Él le guiñó un ojo.
Ella se detuvo con el tenedor a mitad de camino hacia su boca. No estaba segura de cómo pudo estar calmada cuando dijo:
―Sorpréndeme.
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¡Nos leemos pronto!
