POV Milo
Hay sentimientos que duran para siempre, al principio nunca lo creí… Aunque todo terminó tu recuerdo sigue aquí, lo sé pero pretendo que no; y ahogándome en mis pensamiento sé que lograré querer a alguien más...
Aún te parece increíble que esto esté sucediendo. Cuando Camus salió hecho una furia de tu departamento creíste que esa sería la última vez que lo verías, pero él demostró ser tan impredecible como siempre. Si eres honesto, al recibir la invitación al enlace matrimonial tu primer instinto fue rechazarla; pero cuando te dijo: «realmente me gustaría que estés ahí», no fuiste capaz de negarte. Así que aquí estás, de pie junto a Shaka, esperando a que el juez entre y los novios firmen un papel que los unirá legalmente.
—Siempre creí que ustedes dos terminarían juntos —comenta Shaka al observar como todos los invitados comienzan a acomodarse.
—Hubo un tiempo en el que yo creí lo mismo —admites con sinceridad—. Pero eso sólo demuestra una cosa: «Shaka, no tienes poderes de pitoniso» —lo molestas justo como lo hacías cuando ambos iban a la universidad—. Así que me alegra mucho que tengas una galería de arte, porque de adivino morirías de hambre.
Te ríes al verlo rodar los ojos. Habías olvidado cuanto te divertía molestarlo y, mientras esperabas uno de sus comentarios mordaces, la voz mal disimulada de Aioria los hace voltear. Y ahí están varios pares de ojos a los que no le hacen gracia tu presencia. Pero lo que jamás esperaste fue que el siempre callado Shura fuera el primero en ponerse a la defensiva.
—¿Por qué estás aquí?
—Por el mismo motivo que todos ustedes: Camus me invitó —sonríes al ver su ceño fruncido—. O prefieres escuchar que «estoy aquí para decirle que lo amo y pedirle que huyamos juntos» —rematas para incomodidad de todos.
—No —afirma, pero quieres reír porque sabes que miente—. Sólo me cercioro, tú sabes, de que no harás nada que arruine la felicidad de mi amigo.
—Quédate tranquilo —respondes—. No voy a gritar «yo me opongo» cuando el juez haga la pregunta. Ni tampoco tengo un costal bajo el saco para robarme a Camus y ponerlo bajo captura en mi cama.
—Eso espero —remarca dándose la vuelta con su típica superioridad.
—Yo no estoy aquí por ustedes. Vine porque es importante para Camus —«y él una vez significó todo para mi», quieres agregar—. Me importa un bledo si me creen o no, pero «deseo que Camus sea feliz» —sueltas un suspiro para relajarte—. Ninguno es el héroe ni el villano, sólo somos dos personas que una vez se amaron. Que tomaron decisiones buenas y malas, dependiendo de quién cuente la historia. Nadie quiere ser el monstruo sin corazón.
Shura te observa con detenimiento. Sabías que no le habían hecho gracia tus palabras, pero por alguna extraña razón se encoge de hombros y sigue su camino. Y, cuando Marín no tarda en llegar para que Aioria tome su lugar como el testigo de la unión, todos le siguen.
Durante la ceremonia te sentiste observado, acción que no disminuyó durante la cena; pero, después de que todos brindaron a la salud y felicidad de los esposos, decidiste que era momento de irte. Te despides de Shaka, prometiéndole que esta vez no pasarán cuatro años para volverlo a ver.
—Creí que te quedarías más tiempo —escuchas la voz de Camus detrás de ti.
—Creí que estarías con tu esposo —volteas a verlo.
—Sólo quiero agradecerte por venir. No sabes cuánto lo aprecio —dice tomando tu mano.
—No podía perderme el evento apocalíptico del año —bromeas.
—DM dijo algo muy similar —comenta entre risas—. Ví que Shura y los demás no te hicieron fácil la bienvenida.
—Nada para lo que no estuviera preparado —afirmas con tranquilidad—. Tus amigos se preocupan mucho por ti. Y creo que si los papeles fueran al revés, Mü y Dohko habrían hecho lo mismo.
—No lo dudo.
Ambos nos reímos antes de guardar silencio.
—Camus. Milo —pronunciamos al unísono.
Te hace una seña para que hables primero.
—Sólo quiero saber si ¿eres feliz? —indagas buscando sus ojos.
—Más que nunca —responde sin apartar la vista.
—Espero que eso nunca cambie —le deseas desde el fondo de tu corazón.
—¿Y tú eres feliz Milo?
—Sigo trabajando en eso —te sinceras.
—¿Por qué siento que este es el adiós? —Percibes el sonido triste de su voz.
—Porque así debe ser —sueltas un suspiro—. Siempre te voy amar.
—Y yo a ti —susurra dejando ir tu mano—. Adiós, Milo. Espero que encuentres lo que sea que estás buscando.
—Ya lo encontré —respondes dando la vuelta.
Porque hoy, al verlo unir su vida con la de otro hombre, no hubo dolor. Sólo habías sentido una gran paz en tu interior. Sabes que estás listo para lo que la vida tenga preparado para ti.
—Adiós Camus.
Con cada paso que das, piensas como «la vida es como el cauce de un río: en ocasiones recorre grandes extensiones de tierra en solitario, en otras se cruza con otra corriente de agua, que pueden andar juntas hasta llegar al mar o se puede volver a ramificar, pero nunca deja de fluir».
...Hoy las calles están pintadas con mis hermosos recuerdos. Adiós a la persona que me amó, soñando con un amor tan lejano como el cielo… y ahora sólo es un suspiro.
The Fourth Avenue Cafe –L'Arc en Ciel–
FIN
