Traición
Los poderes unidos de la Reina Malvada y de Fiona asumían proporciones cada vez mayores y destructivas. Después de que finalmente hubieran unido sus sangres, las últimas pociones y hechizos que preparaban para fortalecerse para la Última Batalla tenían como resultado que ambas se volviesen cada vez más fuertes.
Para poner a prueba toda la fuerza de destrucción de sus nuevos poderes, las dos mujeres decidieron dejar algunas pruebas y marcas en sitios no mágicos, jugando un poco con las ciudades sin magia. Como ahora podían viajar entre reinos y mundos mágicos y no mágicos, sin límite de tiempo, marcharon a algunos lugares turísticos del mundo sin magia y dejaron allí rastros de destrucción y maldad.
En París, destruyeron parte del principal monumento de la ciudad de la luz: la Torre Eiffel. En Río de Janeiro, el funicular del Pan de Azúcar fue arrancado y dejado suspendido en los hilos de alta tensión. En Londres, el Palacio de la Familia Real vio cómo parte de su fachada fue enteramente quemada. Aparte de estos desastres de intensidad mayor, dejaron también otros pequeños detalles: lugares donde era primavera, las hojas secas y marrones caían a montones al suelo. Un tsunami que no fue detectado por los radares tocó las costas de Japón. Además, tempestades tenebrosas, huracanes, vientos de más de doscientos quilómetros por hora sin aviso previo alguno. En algunos lugares, las flores se marchitaban y morían de la nada, y los árboles sencillamente eran arrancados de sus raíces sin una explicación plausible.
La población mundial estaba entrando en pánico sin saber qué estaba sucediendo o de dónde venían esos cambios y catástrofes, nadie, ni siquiera los eruditos, científicos y comandantes podían entenderlo. Los religiosos ya comenzaban a rezar y a clamar que era el Apocalipsis. Las dos mujeres actuaban de forma oculta, nadie podría imaginar que se trataba de una poderosa magia negra proveniente de otros mundos, desconocidos por toda la población. Y la Reina Malvada, Fiona y Clarissa se divertían mucho con eso.
Emma, Regina y todos en Storybrooke, que estaban al tanto de todo lo que sucedía y sospechaban que esas tragedias podrían ser producto de otro mundo, seguían las tristes noticias por la televisión preocupados y sintiéndose de manos atadas. Aún no podían hacer nada, hasta el momento de la Batalla Final. Al menor desliz, la población mundial podrían entrar en un pánico mayor y todo podría volverse peor de lo que ya estaba.
Emma, Regina, Rumpel, Mal y todos los que poseían magia hacían lo máximo que estaba a su alcance, como, por ejemplo, restablecer parte de la destrucción que las mujeres de la oscuridad provocaban sin que las personas se dieran cuenta aún de grandes y drásticos cambios. Eso en ciudades próximas a ellos. Teletransportarse muy lejos podía hacerles perder mucho tiempo y energía, que deberían guardar para la Última Batalla. La Reina Regina y Fiona estaban mucho más fuertes en magia oscura y nadie en Storybrooke podía competir contra eso en aquel momento. Todo se volvía una dolorosa espera…
Pero por otro lado, la magia blanca que envolvía a Emma y Regina y a todos los que estaban a su alrededor era de igual intensidad. Quizás la Oscuridad estuvieran ganando durante ese momento, sin embargo las esperanzas de que el bien y el poder del amor al final vencerían con todas sus fuerzas daban el impulso necesario para que todos se unieran en la certeza de que cuando llegara el momento, una vez más, la fuerza del bien y del amor prevalecerían.
–Regina, por favor…Escúchame…–argumentaba pacientemente Emma, intentando conversar con una Regina irritada y testaruda que lavaba frenéticamente la loza en el fregadero de su mansión, de espaldas a ella.
–¡No, Emma! ¡Ya dije que no!–resopló la morena, irritada, con los dedos rojos de frotar la misma sartén durante cinco minutos.
–¡Sabes que tendremos que tener esa conversación tarde o temprano!
–¡No, no tenemos! ¡Esa conversación es innecesaria y no quiero hablar más de eso!
–¡Regina, deja de ser testaruda! ¡Sí, tenemos que sacar esa cuestión! Necesito dejar todo arreglado contigo en caso de que yo…
Emma detuvo sus palabras a causa del ruido que escuchó. Regina acababa de romper un vaso con su mano debido a la fuerza que había depositado en él, y la sangre resbalaba por su palma y dedos junto con el agua que salía del grifo.
–¡No te atrevas a acabar esa frase!–la morena se descontroló y dijo alterada, sintiendo que las lágrimas comenzaban a quemarle los ojos y que su mano le ardía.
–¡Dios del cielo! Ven acá…–delicadamente Emma avanzó hacia su prometida y cogió su mano herida, pasando la propia por encima con un movimiento lento, y la energía transparente que de allí emanó cerró la herida abierta al momento, curando el corte de Regina.
–No te atrevas a terminar lo que ibas a decir…–Regina continuó la misma frase, mirando fijamente su mano que aún agarraba la de Emma, apretándola aún más fuerte. La voz se le entrecortó, los ojos antes apenas húmedos, ahora lloraban sin intentar refrenar las lágrimas, y Emma sintió el corazón comprimirse de dolor al ver la agonía que se apoderaba de la mujer que amaba.
–¡Ah, Regina…Por favor, no te pongas así, no te pongas así!–la enlazó en un abrazo caluroso, besando cariñosamente los cabellos negros. La morena se dejó abrazar y se escondió en el hombro de su prometida –Nada me va a suceder, tengo esperanzas de que voy a ganar…Pero solo quiero ser realista, y tomar las debidas precauciones. ¡Sabes cómo es una guerra, mi amor!
–¡No vas a morir en la Batalla Final, Emma!–en desespero, Regina miró profundamente a sus lindas esmeraldas y apretó el rostro de la rubia con sus manos.
–¡No, no voy a morir!
–¡No puedo perder a nadie más en esta vida! ¡No puedo perder a otra persona que amo! No aguanto más esto…¡No puedo ver que me arrancan mi amor verdadero, ahora que finalmente lo he encontrado!
–¡No me vas a perder! ¡Haré todo lo posible, y también todo lo imposible para que nada me suceda! ¡NOSOTRAS vamos a ganar, Regina! ¡Nuestro amor vencerá cualquier barrera!
–¡Sí!
–Disculpa si te dejé triste. Sabes que no es eso lo que quería…
–Está bien…No tienes que disculparte por mis propios miedos internos e infiernos personales.
–No digas eso…
–Solo quiero finalmente tener mi final feliz. ¡Y mi final feliz eres tú y Henry! Vosotros sois mi familia…
Emma se emocionó de verás al escuchar palabras tan sinceras saliendo de los labios de la amada, y sonriendo abiertamente le dio una largo y apasionado beso cargado de todo su amor.
–¡Y vosotros sois la mía!–dijo la rubia al finalizar el beso y depositar piquitos cariñosos sobre todo el rostro de la morena.
Regina también sonrió y, más calmada, besó los nudillos de la prometida y habló
–Voy a intentar ser más sensata, y escucharte. Dime…–tragó en seco –Dime lo que querías decirme. Termina la frase.
–¿Estás segura?
–No…Pero igualmente termina.
Emma balanceó la cabeza sonriendo de lado. Incluso preocupada y llena de miedos, Regina podía ser la cosa más linda del mundo entero.
–Lo que quería conversar contigo era sobre Henry y mis padres, nada más. Solo quería pedirte…Bueno…–titubeó al ver de nuevo el dolor en los ojos de la amada –Que si por casualidad perdiera en la Batalla…Si fracaso en mi misión…–evitó la palabra morir –Que si algo me sucede, quería pedirte que hicieras todo lo posible para que nada sucediera con mis padres en manos de la Reina y de Fiona…Y también, que hicieras todo lo posible para que ellas no te arrancaran a Henry. ¡No existe una madre mejor que tú! ¡Confío plenamente en ti, amor!
–Emma…–sin lograr decir nada más, la morena se tiró a los brazos de su prometida en un abrazo apretado entre lágrimas de nuevo.
–¿Lo prometes, Regina? Si algo me sucede a mí, ¿cuidarás de todo?–rodeó a su prometida con sus brazos como a una niña pequeña, susurrando en su oído, Regina ya había sido golpeada, ya había sufrido tanto por perder a las personas que había amado…Y Emma haría todo lo que estuviera a su alcance para no formar parte de esas estadísticas. Hablaba con ella con todo el cuidado del mundo para no abrir viejas heridas y castigarla con malos sentimientos.
–Te lo prometo, Emma…–Regina consiguió decir entre sollozos, y enseguida, entre sonrisas que las dos se intercambiaban, se dirigieron a la sala, y Regina se recostó en el regazo de Emma durante un buen rato, recibiendo el cariño de su prometida, ambas envueltas en sus propios pensamientos y miedos personales.
Pocos días después, Emma estaba lista para una nueva sesión con los Espectros del Valle Sombrío. Las sesiones ya formaban parte de su rutina, sus viajes para encontrarse con ellos se habían convertido en algo así como visitas familiares. Emma diría incluso que, cuando las sesiones terminasen, las echaría de menos y también echaría de menos hablar con los espectros.
En aquel día, solo estaba Regina y Belle con Emma, y claro, Archie. Belle hacía anotaciones sobre las cosas de la Batalla y Regina agarraba la mano de Emma, quien estaba recostada en el diván, para pasar los quince minutos que duraba el viaje.
–¿Lista, Emma?–dijo Archie, ya preparándose para la hipnosis
–¡Sí, Archie!–Emma se bebió la Poción de Transición Temporal, siempre preparada por Gold, y ya eran menos los síntomas de incomodidad al beberla. Archie la hipnotizó y Emma llegó al mismo lugar de siempre, la plaza de Storybrooke para encontrarse con el Espectro de aquel día.
Pero lo que Emma pensó que sería solo uno de sus habituales encuentros para espiar y enterarse de todo lo que la Reina Regina, Fiona y Clarissa hacían en el mundo mágico, se volvió un verdadero caos y confusión.
Emma no entendió nada, y en realidad, no dio a tiempo a que se enterara de nada.
El Espectro, envuelto en su capa y capucha negras y de voz ronca y gutural, llegó corriendo hacia ella, que ya se adelantaba para hablar rápidamente. Se veía claramente que estaba desesperado a juzgar por su actitud, cosa que Emma nunca había visto. Ellos siempre estaban serenos y calmados, hablando con las manos por dentro de sus mangas, pero, aquel día, la criatura responsable de guiarla, se agachó hasta quedarse de su tamaño y colocó las grandes manos gélidas y macilentas en sus hombros, sacudiéndola. Emma se asustó y se estremeció, el pánico se apoderó de ella, incluso llegó a pensar que su guía iba a atacarla de alguna manera.
–¡Emma Swan!–soltó en voz grave y alta, desde debajo de la capa oscura, pero Emma no pudo ver ningún rostro. Solo sentía un frío horrible ante aquella proximidad del ser del mundo sombrío –¡No tenemos tiempo! ¡Escúchame, rápido!
–¿Pero qué está sucediendo?–balbuceó con miedo
–¡Un gran problema, un imprevisto y un acto inesperado que infelizmente no hemos podido contener ni impedir! ¡Lo hemos intentado, pero no lo hemos logrado! ¡Pues estaba fuera de nuestro alcance y de nuestros poderes! ¡No hay tiempo para explicar, pero pronto lo sabrás! Solo necesito decirte, Emma Swan…¡Esta será nuestro última sesión y nuestro último encuentro!
–¿Qué? Pero, ¿por qué?–Emma se desesperó aún más. ¿Cómo sería ahora, sin los guías? ¿Y por qué?
–¡No nos encontrarás más hasta la Batalla Final! ¡Nos la apañaremos para estar siempre a tu lado, pero no podrás vernos en persona en la sesiones! A partir de ahora, Emma Swan, caminarás desde aquí. ¡Y tienes todo lo que precisas para vencer! ¡Ahora no falta mucho, la Gran Batalla se acerca! ¡Buena suerte, Salvadora! ¡Lucha! ¡Lucha con todas tus fuerzas, con todo tu amor, con el amor de Regina, con todo el bien y el poder de luz que hay dentro y fuera de ti! Buena suerte, Emma Swan…
Y Emma entró aún en más pánico al ver que el Espectro se soltó de sus hombros, y que iba quedándose lejos, muy lejos, disminuyendo, alejándose, hasta ser prácticamente imposible divisarlo, solo un punto negro en el horizonte distante…Emma estaba siendo succionada de nuevo a la consulta de Archie, con certeza, pero esta vez, había algo mal. Estaba siendo succionada y tirada con una fuerza fuera de lo normal, a una velocidad sin límite, y eso nunca había sucedido antes…Su cabeza le daba vueltas y le dolía hasta el punto de pensar que iba a ser degollada, y las fuerzas de su cuerpo se estaban desvaneciendo, y Emma se sentía débil y mareada…
–¡No! ¡NO!–Swan gritó desesperada y con un miedo incontrolable, sin comprender nada –¡Vuelve, vuelve! Por favor…Por favor…
Pero ya era demasiado tarde, el Espectro ya había quedado atrás, y Emma cayó en una profunda oscuridad…
En la consulta de Archie, él, Regina y Belle estaban en pánico y desesperados, intentando entender lo que estaba sucediendo, mientras Emma convulsionaba el cuerpo de forma violenta, sudaba mucho, su fisonomía era de completo dolor y agonía, sin embargo la rubia no despertaba, era como si hubiera entrado en un coma profundo, a pesar de que intensos e incontrolables espasmos sacudieran su cuerpo. Los gemidos dolorosos salían de su garganta en cascada, pero los ojos continuaban cerrados, sin abrirse.
Archie, Regina y Belle intentaban agarrarla y despertarla, pero nada surtía efecto.
–¡Por los Dioses, si sigue así Emma no va a aguantar!–Regina gritaba desesperada, mientas luchaba con la magia que salía de sus manos para traer a Emma de vuelta.
–¡No lo entiendo, hemos hecho todo como siempre!–gritaba Archie, mientras intentaba dominar los brazos de la rubia, que se movían descontrolados.
–¡Emma! ¡EMMA!–Belle lloraba al ver a Emma cada vez más cubierta de sudor. Las convulsiones seguían intensas, y por más que todos la llamaran, ella no respondía, perdida en su propio mundo misterioso que estaba haciendo que luchara de esa manera.
–¡Voy a intentar concentrarme más y fortalecer mi magia! ¡Apartaos!–Regina pidió y colocó sus manos sobre Emma, cerrando y apretando los ojos, mientras de sus manos la luz color rojiza tomaba una forma más densa y fuerte, cubriendo todo el cuerpo de la rubia –Vamos amor, vuelve a mí…–susurró
Y la fuerza del amor y de la magia una vez más se unieron de forma plena, haciendo que, poco a poco, Emma se estabilizara. El cuerpo reducía sus espasmos lentamente, la respiración se estaba calmando, y sus expresiones de dolor se suavizaron. Y finalmente, la Salvadora despertó, abriendo los ojos desorbitadamente y con una inhalación profunda. Se sentó asustada, mirando de un lado a otro de la consulta, palpándose sus propis brazos.
Todos respiraron aliviados, y Regina se lanzó a sus brazos, en total alivio.
–Regina…¿Qué ha pasado?–preguntó débil en cuanto se soltaron.
–¡Eso te lo pregunto yo, Emma!–agarró su rostro –¡Acabas de darnos un susto de los buenos! A escasos cinco minutos de hipnotizarte, tu cuerpo comenzó a convulsionar, y tenías cara de dolor, y no despertabas…–Regina se estremeció ante el recuerdo reciente y aterrador de su amada en aquel estado.
–Solo recuerdo haber hablado rápido con el Espectro y ser succionada de vuelta, pero de una forma mucho más violenta y dolorosa…
–¿Y qué te dijo el guía, Emma?–preguntó Belle
–Dijo que algo inesperado había sucedido…Que ellos intentaron impedirlo, pero no consiguieron intervenir…Que pronto lo entendería…Pero que yo necesitaba caminar sola a partir de aquí, porque ya no sería posible volver a hablar con ellos…
–Pero…¿Cómo?–Regina frunció el ceño
–Hemos hecho todo siguiendo las indicaciones de Gold, como siempre…¡Eh, espera!–Archie intervino y, arqueando una ceja, reparó en algo casi imperceptible para todos: dentro del frasco que antes contenía la Poción de Transición Temporal que Emma había bebido había un resquicio pequeño de un líquido de tonalidad lila –Emma…El color real del líquido de la poción es azul celeste y brillante…Pero aquí hay un resto de un líquido lila y denso, en el fondo, mirad…–hizo señas para que las tres mujeres se acercaran y observaran. Y, al final, apretando los ojos, todas repararon en esa pequeña diferencia.
–¡Dios mío, Archie! ¡Tu visión es realmente excelente! Nunca iría a reparar en eso…–dijo Emma, boquiabierta.
–¿Y eso qué quiere decir?–preguntó Belle
–Eso quiere decir, señorita French…–dijo Regina, enfadada, girándose hacia ella –¡Que esta poción está adulterada! ¡Alguien ha intentado hacer algo en contra de Emma!
–Pero…Pero…–Belle desorbitó los ojos y movió la cabeza frenéticamente –¡No puede ser! El único que tiene contacto con la preparación y el control de la poción es…
–¡Tu marido!–completó Regina, rabiosa
–¡No, Regina! ¡No! ¡Me niego a creerlo! Rumple me lo prometió, él ha cambiado, jamás intentaría…
–¿De verdad crees que ha cambiado, Belle?–Regina reviró los ojos –¡Aquel hombre nunca va a cambiar! ¡Una vez más, por algún motivo, te ha engañado, nos ha engañado a todos y ha intentado perjudicar a Emma! ¡Siempre supe que no debíamos confiar plenamente en él de nuevo!
–No me lo puedo creer…–Emma estaba aturdida, pasándose las manos por la cabellera rubia.
–¡Pero qué mierda!–Belle lloriqueaba, con una profunda decepción
–¡Su máscara ha caído de nuevo, y esta vez, es definitiva! ¡Vamos allá ahora!–Regina cogió bruscamente su abrigo y su bolso, y levantándose austeramente se despidió de Archie, con Emma y Belle corriendo tras ella.
–¡Regina, por favor, contrólate!–pedía Belle en agonía
–––¡Ya basta, French! ¡Sé que amas a tu marido, pero Gold ya ha pasado todos los límites al saltarse la confianza!–decía Regina mientras corría por las calles de Storybrooke –No lo voy a tolerar más…
–¡Yo tengo en mi poder la daga! ¡La daga del Dark One!–Belle la cortó con un grito desesperado –¡Rumple me la confió a mí! Antes de hacer nada, dame al menos la oportunidad de usarla, para controlarlo y saber si de verdad fue él quien adulteró la poción de Emma–Regina se paró en el sitio y se giró hacia la muchacha, lentamente –Y si la Daga señala que fue él…–tragó en seco y bajó la mirada, tristemente –Prometo que no voy a interferir ni a impedir que tomes las medidas necesarias…–su voz se ahogó rápidamente.
Emma se acercó a la amiga al notar su aflicción y tristeza, y la abrazó por los hombros.
–Todo saldrá bien, Belle…–intentó consolarla, pero ella misma no tenía certeza de sus palabras.
Regina suspiró pesado.
–Está bien, Belle…Usa la daga. ¡Pero ya sabes que si Gold de verdad es el culpable de todo, merece pagar por ello!–dijo por fin
–Sí, lo sé…
Las tres mujeres caminaron hacia la tienda de antigüedades. Al entrar, Gold estaba allí, detrás del mostrador, limpiando algunos artefactos con una paño seco.
–Hola, ¿cómo fue la sesión de hoy?–dijo calmadamente al escuchar la campana de la puerta y ver que su mujer entraba seguida de Emma y Regina.
Regina y Emma se aguantaron todo lo posible para no lanzar una bola de fuego en su dirección, y Emma solo dijo con una sonrisa forzada.
–Todo bien…
Antes de que la tensión se hiciera más presente, Belle le dio un beso en la mejilla y entró en la parte de atrás de la tienda.
–Todo bien, como siempre, cariño…Permíteme, voy a buscar un recipiente que Regina me ha pedido prestado.
–Está bien…–dijo y continuó limpiando las cosas, silbando calmadamente.
Y después de dos minutos, Gold sintió algo que hacía mucho tiempo no sentía: aquella familiar sensación de control, de dominancia, junto con un dolor y hormigueo por todo su cuerpo, las sensaciones de falta de control de sus propios actos y libre albedrío, que solo sucedía cuando estaba delante de la…
–¡Daga!–desesperado, apretándose el pecho, Gold se giró lentamente hacia donde estaba el motivo de sus dolores y de su dominancia y control: Belle, detrás de él, apuntaba la Daga hacia el Dark One. La lámina brillaba como fuego en brasa –Belle…Amor…¿Qué está pasando? ¿Por qué la has cogido?
–¡Pero qué hipócrita eres!–Regina intervino furiosa, al lado de Emma, que se puso al lado de Belle –¡Tu teatro ha acabado, Rumplestilskin!
–Pero….¡AAAAAAAA!–Gold gritó y cayó al suelo, aún con la mano en el pecho, y Belle, comenzando a llorar al ver al marido en aquella situación, rodeaba el mostrador y apuntaba aún más la daga hacia su pecho, él se arrastraba hacia atrás, intentando huir del arma.
–Rumpel…¿Por qué me has hecho esto, a todos nosotros?–Belle sollozaba.
–¡Podías haberme matado, Gold! Aunque bueno, puede ser que esa fuera tu intención, ¿no?–Emma gritó, sonriendo sarcástica.
–¡Esta será la última vez que te burlas de nosotros!–Regina se acercó a su rostro y escupió sus palabras, llena de rabia.
Gold miraba de una a otra, tirada en el suelo, ojos desorbitados, luchando contra la fuerza que la daga ejercía sobre él, pero sabía que de nada serviría, la daga siempre, siempre lo controlaría, que haría que él hiciera lo que los demás querían y dijera la verdad en todas las circunstancias.
–¿Pero de qué rayos estáis hablando las tres? ¿Os habéis vuelto locas? ¿Qué diablos está pasando? ¿Belle? ¿Qué es todo esto? ¡AAAAAAA!–otro grito cuando la esposa pegó la daga brillante en su pecho, mientras Emma y Regina reviraban los ojos, descreídas de lo cínico que podía llegar a ser.
Llorando, con miedo de lo que la daga podría revelar, pero aún así haciendo lo que tenía que hacer, Belle preguntó, en un hilo de voz.
–Rumpel…¿Fuiste tú quien adulteró la Poción de Transición Temporal de Emma, con la intención de hacerle algún mal o matarla?
