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Je Suis

Por Mimi chan

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Capitulo 38

Es curioso como las personas nos esforzamos por ver el mundo en blanco y negro. Queremos estar seguros de que las personas son buenas o malas, la verdad pensar que aquellas personas que en tu vida han sido generosas contigo, amables o incluso benevolentes puedan cambiar de un momento a otro y darte una puñalada en la pensar que las personas malas están escondidas en callejones oscuros y apartadas de la sociedad, pensar que no es así, da miedo. Pero así es. Las personas rara vez solo somos buenas o malas, las personas más amables tienen también arranques de ira y pueden lastimar a los demás aun sin intención y aun las personas a las que consideramos más perversas tienen muchas veces hijos a los que aman y que hacen justamente que sean malos con los demás para proteger aquello que está ligado a su corazón.

Como dicen los viejos proverbios: no hay luz sin oscuridad, no hay bien sin mal. Pensar lo contrario es… una visión limitada del mundo.

Pero cuando una persona te ha lastimado, cuando ha jugado con tu seguridad, con tu integridad, con tus emociones, es fácil llegar a esa conclusión.

El joven en la cama, por ejemplo. Lo había maldecido más veces de las que era capaz de recordar, había deseado para él los peores males del mundo, en su ira había deseado incluso que muriera, pero ahora… se sentía casi perversa por haber deseado semejante cosa.

Uranosuke estaba acostado en la cama de la bella habitación, un monitor a su lado marcaba sus constantes, una enfermera estaba sentada a su lado en casi religioso silencio. Lucía tan diferente de cómo lo recordaba. Había sido un muchacho enérgico, alegre, coqueto, divertido, era todo lo que una chica podía desear; era tan guapo con su cabello negro, sus facciones aristocráticas y sus maneras elegantes, incluso un poco pomposas, pero agradables, alto, de piel morena clara, sus ojos marrones tan cálidos, tan divertidos… si alguien le hubiera pedido describir a UranosukeTakeda con una sola palabra quizá habría sido justamente esa; divertido. Ahora era una mera sombra de aquello.

Estaba tan delgado que sus huesos podían dibujarse bajo su piel, y su piel era cenicienta y arrugada, tenía unas ojeras profundas bajo sus parpados colgados. Se acercó a su cama sentándose a su lado, sostuvo su mano, sus dedos estaban azules, y olía mal, su madre le había explicado que tenía infecciones en su piel que no se iban nunca, solo le había dicho que no le importaba, no era la primera vez que atendía a un hombre enfermo… pero a decir verdad nunca había visto uno que estuviera tan mal como el joven que yacía en la cama.

Su respiración era lenta y profunda, como si le costara trabajo inhalar, sus vitales en el monitor estaban bajos, la señora Takeda tenía razón, no le quedaba mucho tiempo, lamentablemente ya había visto los mismos signos en algunos ancianos del asilo que en semanas se habían ido.

En aquel momento el joven en la cama empezó a despertar, sus ojos no se abrieron pero su respiración había cambiado y se lamio los labios resecos.

—Agua…

Kagami detuvo a la enfermera y se levantó ella misma por un vaso con hielo de una maquinilla cerca de ellos. Tomó uno y limpió primero sus labios y dejó caer el hielo dentro de su boca.

—Está frío.

—El hielo siempre está frío, Uranosuke.

El joven abrió sus ojos lentamente, acostumbrándose el sol que entraba tenuemente por una cortina medio abierta y la miró, pareció tomarle varios segundos reconocerla pero finalmente lo logró.

—¿Kagami?

—Si, soy yo.

—Debo estar soñando.

—¿Quieres un poco más de agua?

Uranosuke trató de levantarse de su lugar, pero ella no se lo permitió, con una mano en su pecho logró que él se mantuviera recostado, estaba tan increíblemente débil.

—¿Cómo es que estás aquí?

—Tu madre me buscó y me pidió que viniera a verte.

—¿Mi madre hizo eso?

—Sí. —No tenía mucho caso decirle que en realidad lo que su madre estaba buscando era al bebé que pudieron tener juntos para usarlo en su beneficio.

El joven sostuvo su mano cerca y la llevó a su mejilla, estaba tan frío que casi sintió escalofríos a su tacto, pero no pudo detener lo que hacía, no se sentía con el valor de prohibirle nada al pobre joven moribundo.

—Estoy tan feliz de que estés aquí—dijo aún dejando que su mano acariciara su rostro—. Te he echado muchísimo de menos.

—Uranosuke…

—Tengo tanto que decirte, Kagami—dijo sin soltarla, ella habría podido alejarse pero no hallaba el corazón para poder hacerlo—. Nada fue como tú seguramente lo pensaste. Fui un cobarde y elegí tan mal en el pasado.

—No necesitas explicarme nada, Uranosuke, tu madre me ha dicho por qué lo has hecho.

—Fue un error, el más grande error de mi vida, no he logrado un solo día después de aquella vez tener paz en mi corazón, y no he podido nunca ser feliz sin ti.

—Pensaste que hacías lo correcto para tu familia.

—Sí, para mi familia, la misma familia que no pensó qué era lo mejor para mí o para ti. Tengo tanto que hacer para recompensarte, Kagami, a ti y a nuestro hijo.

Un real escalofrió recorrió la columna de Kagami, como se lo diría ahora, como podría decirle que su hijo nunca había logrado llegar a este mundo.

—Pero no estaré aquí para eso, por ello lo he arreglado todo para el momento que ya no esté aquí.

—No digas eso, por favor—dijo ella con pesar, no quería mentirle pero la verdad era demasiado dura para que él la soportara—. He escuchado que el médico que está atendiéndote es muy bueno y que el tratamiento es excelente.

—Es muy tarde, Kagami, no lo lograré. Pero al menos podré irme sin este peso en mi alma y quizá Kami sama se apiade de mi desgraciada alma.

Con esfuerzo, Uranosuke tomó las manos de ella entre las suyas, tan diferentes de las manos que ella recordaba, delgadas y huesudas, se sentía tan mal, le había deseado tanto mal a Uranosuke sin saber lo que decía que sintió lágrimas correr por sus mejillas.

—Perdóname… —le suplicó—. Perdóname por poner a todos por delante de ti y de nuestro hijo. Les hice un gran daño a ustedes y a mí mismo con esa decisión.

—Todo está bien, Uranosuke, no hay nada que perdonar.

—Hay mucho que perdonar, Kagami, seguro por eso Kami sama me ha enviado este castigo. En esta vida no fui nada más que un egoísta, solo pensé en mí todo el tiempo y me dio la oportunidad de conocerte y cambiar mi destino y la desperdicié, merezco esta enfermedad.

—Kami sama no castiga así, Uranosuke.

—Si no ha sido Kami sama seguramente, la vida sí. Nunca hice nada por nadie y no ha servido de nada mi permanencia aquí, está bien que me vaya pronto y venga alguien más en mi lugar.

—Uranosuke…

—No intentes convencerme de lo contrario, Kagami, esa es la verdad, pero al menos espero poder hacer algo bueno por ti y por mi hijo al irme. ¿Puedo verlo? Me gustaría conocerlo.

—Lo lamento pero… —Se le hizo un nudo en la boca del estomago. No, no podía decirle la verdad—. La enfermedad que tienes, podría dañar la salud de un niño tan pequeño, tus… infecciones.

—Lo sé, perdóname, además, podría asustar al pequeño así como estoy, no me gustaría que fuera la única imagen que tiene de mí. Además… no merezco conocerlo.

Kagami ya no pudo detener sus lagrimas, él se iría a la tumba sin saber nunca la verdad, sin saber la real dimensión de las cosas que ella le ocultaba, pero era lo más piadoso que hacer. ¿Para qué causarle un sufrimiento innecesario? ¿Para qué perpetuar en ese momento el dolor que pudiera llevar a la siguiente vida?

—Estoy segura que encontrarás a un hombre bueno para ti y que sea un buen padre para nuestro hijo—dijo con una sonrisa triste—. Eres tan hermosa y tan buena que mereces todo lo mejor del mundo. ¿Te has enamorado, Kagami? ¿Hay alguien importante en tu vida?

—Sí—dijo con sinceridad—. Hay alguien que… creo que amo.

—Me alegro tanto por ti—dijo con sinceridad el joven moribundo—. Espero que sean muy felices juntos, te mereces toda la felicidad del mundo. Cuéntame cómo es tu vida por favor. ¿Dónde has estado todo este tiempo? Te he buscado por todo Japón pero no he logrado encontrarte.

—Tuve que irme de Japón—dijo sin indagar más en los hechos—. He estado viviendo estos años en Estados Unidos. Tengo un buen trabajo allá, soy directora de un asilo de gente desprotegida.

—Vaya, suena como tú, tan generosa como lo has sido siempre. Cuéntame, por favor, háblame de nuestro hijo, ¿cómo se llama?

—Se llama… – "Kami sama perdóname por todas las mentiras que he de decir, sabes que lo hago por algo bueno" — Louis, es el niño más dulce que puedas imaginar, y también terriblemente travieso. La última que hizo fue meterse dentro de la lavadora, si no nos hubiéramos fijado bien, lo ponemos a él con todo y colada.

Uranosuke rio lentamente sin mucha fuerza y ella empezó a contarle. Le habló de su trabajo en el asilo, de las personas que conocía en el asilo, de las personalidades de cada una y de lo mucho que había aprendido de ellas, le habló de Louis como si fuera suyo, de sus travesuras y sus peculiaridades. Sabía que no estaba siendo honesta, pero la mentira no saldría jamás de esa habitación y estaba segura de que Marinette entendería por qué estaba haciendo pasar a su hijo como si fuera propio.

Habló durante horas en las que Uranosuke le prestó toda su atención, rio con algunas anécdotas que ella considero divertidas de contar.

Durante todos esos años Kagami había imaginado un millón de veces lo que sería encontrarse de nuevo a Uranosuke Takeda, se imaginó mil reclamos, maldiciones, palabras duras, imaginó un montón de formas diferentes en que intentaría lastimarlo tanto como él la había lastimado a ella, se había imaginado de todo, menos tener que mentirle para no lastimarlo en los últimos momentos de su vida. La vida tenía formas muy duras de enseñar lecciones, a ella le habían hecho abandonar todo lo que había sido importante en su vida, perder a la criatura que habría sido el centro de su vida, pero aquellas cosas la habían hecho fuerte, la vida le había abierto caminos que le habían permitido avanzar. Uranosuke había aprendido lecciones duras también, pero la vida para él se detenía, sus vitales en la maquina cada vez eran más pequeñas y con menos fuerza.

Era ya bien entrada la noche cuando el cansancio seguro los invadía a los dos, ninguno de los dos había comido nada y era hora de dormir.

—Gracias por estar aquí, Kagami—dijo el más joven y último de los Takeda cerrando sus ojos—, gracias por tu perdón,

—Debes descansar, Uranosuke, desvelarte no hará ningún bien a tu tratamiento.

—Estoy más allá del bien o del mal, Kagami, estaré bien ahora que tengo tu perdón.

—Debo irme, aún no tengo ni un sitio donde quedarme a dormir, vine directamente aquí.

—Estamos en un hotel, Kagami.

—Yo… no estoy exactamente cómoda aquí—A pesar de que no había ningún vinculo bancario con su madre, en cuánto dinero se moviera con el apellido "Tsurugi" detrás, más aun en un hotel como ese, sería como poner una señal de neon sobre su cabeza y no ayudaría en esa situación.

—Te quedarás aquí. Ven mañana, por favor, comparte el día conmigo, al menos un día más, por favor.

—Está bien—dijo sin poder negarle aquello—. Solo si duermes en este momento.

—Lo haré, hasta mañana—dijo cerrando sus ojos—. Kagami…

—Dime.

—Te amo. Eres la única mujer que he amado en mi vida, me alegra tanto haberte conocido.

Kagami no supo qué responder, afortunadamente Uranosuke estaba dormido antes de que tuviera que hacerlo. Silenciosamente salió de la habitación. Afuera en la sala de la suite estaban los señores Takeda en vigilia, quizá esperando que saliera.

—Se ha dormido—dijo en voz baja—. Me ha pedido que regrese mañana.

—¿Regresará?—preguntó con voz dubitativa la señora Takeda.

—Sí, Takeda-sama, no puedo quedarme mucho tiempo, porque debo atender asuntos en Estados Unidos, pero me quedaré mañana.

—Gracias, Tsurugi san—dijo con voz profunda el padre de Uranosuke.

—Me retiro.

—Su suite es la que está contigua a esta habitación—dijo la mujer mayor—, por favor, descanse allí.

Kagami se habría negado, sabía lo cara que eran las suites de ese hotel, pero eran cerca de las tres de la madrugada y a pesar de que en Shinjuku la actividad nunca se detenía, no era seguro tampoco ir sola. Hizo una pequeña inclinación como despedida y salió de la suite.

Cuando estuvo en la otra suite dejó su bolso y maleta en el recibidor, se sentía exhausta, más que físicamente, anímicamente. Checó el celular que estaba dentro de su bolso de mano: muchas llamadas de Michael, al menos parecía que se había dado por vencido, hacia más de 5 horas que no insistía; y un par de llamadas de Marinette, no tenía la energía para hablarle de lo que había visto ese día, lo volvió a guardar y buscó la cama más próxima. En un momento ya estaba dormida.

Eran solo las dos de la mañana cuando llamaron a su puerta. Kagami se puso la bata del hotel y salió a la puerta preocupada, quizá Uranosuke había tenido una crisis y la buscaba. La propia señora Takeda estaba en su puerta.

—Takeda-sama…

—Acaba de fallecer.

Kagami quedó muda, no… no había esperado que fuera tan repentino. La mujer se recargó en el pórtico de la puerta con restos de lágrimas en sus ojos.

—Él solo… dejó de respirar de pronto, el médico dice que pudo ser algún derrame cerebral o algo por el estilo. Mi hijo ha parado de sufrir.

—Takeda-sama, lo siento tanto.

—Lo sé Tsurugi-san, gracias—dijo, levantándose triste pero al parecer conforme—. Su médico ha terminado el papeleo, lo llevaremos al crematorio del hospital, no le culpo si no desea venir, pero…

—Iré con ustedes—dijo decidida—. Estaré lista en unos minutos.

—Gracias—dijo con una leve inclinación.

Todo pasó demasiado rápido después: solo estaban los padres de Uranosuke y ella en la capilla del hospital donde lo habían llevado a incinerar, la voluntad de Uranosuke había sido permanecer en la misma cripta donde todos los demás Takeda estaban, no había sido tan completamente evidente que Uranosuke era el último Takeda hasta ese momento, no había primos, o tíos o abuelos que lloraran aquella pérdida. Solo sus padres.

En aquel mismo lugar los señores Takeda se habían despedido de ella, deseándole lo mejor, ni siquiera regresarían al hotel, pero le insistieron que ella se podía quedar allí tanto como deseara, que todo corría por su cuenta, le reiteraron lo agradecidos que estaban por haber acudido a los últimos momentos de Uranosuke y regalarle un último día de alegría.

Ella regresó al hotel, solo porque deseaba darse un baño y tomar su maleta, estaba cansada, habían sido 14 horas del viaje para llegar y serían como 12 horas más de regreso, pero deseaba regresar a casa, no había nada para ella en Japón, solo malos recuerdos, en cambio en Estados unidos, allí estaban sus amigos, su trabajo y…

Estar cerca de Uranosuke todo ese tiempo le había ayudado a entender varias cosas. De algún modo había vivido temerosa de lo que el amor le podía haber dado, había sufrido mucho, sí, era cierto, pero también era verdad que esa herida estaba cerrada, frente al dolor de la muerte que había rondado en la cabecera de Uranosuke su dolor se había hecho cada vez más pequeño, después de todo, las personas debemos pasar por momentos difíciles, permitir a nuestra alma el perdón y seguir adelante… amar.

Y el amor la esperaba en Estados Unidos… o quizá no.

Cuando Kagami llegó a la recepción del hotel, lo último que esperaba encontrarse había sido a aquel abogado de ojos castaños y cabello oscuro que hablaba con la recepcionista tratando de hablar en japonés y la recepcionista haciendo un verdadero esfuerzo por entenderlo.

—¿Michael…?

El hombre volteó a verla con una expresión decidida, avanzó más cerca de ella y solo dijo como un saludo de guerra.

—Si crees que yendo al otro lado del mundo puedes escapar de mí, estás muy equivocada.

Fin capitulo 38

10 de enero de 2021

01:05 a.m.

nota de autora: Creo que ando de un humor asesino xD. Solo no lo se, queria que Uranosuke (guiño inuyasha guiño) le pidiera perdon a Kagami por supuesto, pero despues de todo lo que ella a perdido solo no sabia como podia ser una disculpa que ella sintiera sincera y solo encontre este escenario. Por otro lado, hablando de grandes gestos romanticos... me gusta mucho Michael.

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