Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo 31

Los ojos de Edward se iluminan cuando me ve.

—Oye.

Me río de su saludo.

—Oye.

Jamás dejará que lo olvide.

—No esperaba verte hasta esta noche —dice con una sonrisa afectiva.

—Cambio de planes —digo con modesta fingida.

Sus ojos se llenan de diversión.

—Estás llena de sorpresas hoy, ¿no?

Le sonrío.

—Así es.

Tuvimos que despedirnos rápidamente después de llegar a la tienda de tatuajes, solo porque él tenía otra cita. El plan era que él me recogería alrededor de las ocho, pero decidí venir a buscar a Liam de su clase de programación. Porque, ¿por qué no? Además... Edward.

Me tiende la tableta, así puedo firmar la salida de Liam, pero cuando me acerco para tomarla, él no la suelta, incluso jala hacia atrás. Levanto la mirada hacia él, confundida, y él sonríe engreídamente antes de agachar la cabeza y besarme.

Es rápido, y estamos justo cruzando la puerta, así que nadie de la clase pudo ver, pero:

—¿Qué hay de Marcus?

—Qué le den —bromea.

Alguien se acerca a Edward para firmar la salida de su hijo, y su silencio y la forma en que sus ojos nos miran me hace saber que definitivamente nos vieron.

—Qué les den a ellos también —dice Edward cuando se alejan.

—¿Cuándo me das a ? —murmuro.

Quizás es atrevido, pero a la mierda. Su beso fue atrevido también.

Sus ojos se oscurecen ante mis palabras, y se aclara la garganta.

—Más tarde.

Asiento, aceptando esta respuesta, y me quedo dónde estoy, al lado de Edward y rondando la puerta como siempre hago.

Unas personas más entran y salen, pero Edward está centrado solo en mí. Me encanta la forma en que me está mirando, sin descaro y con atracción. Me encanta la forma en que sus ojos se mueven hacia mí, como si quisiera saber de mí, incluso cuando se encuentra charlando con otros.

En un punto, estoy bastante segura que me está comiendo con la mirada, pero entonces Liam sale y mata la vibra.

—Oh. Eres tú —murmura.

—También te extrañé, jovencito. —Revuelvo su cabello, y él se aparta, acomodándolo.

—¿Por qué me viniste a buscar?

Echo un vistazo a Edward.

—Porque sí.

—Esa no es una respuesta —señala Liam.

—Tú me respondes así todo el tiempo, niño.

—Es más gracioso cuando yo lo hago —responde, poniendo los ojos en blanco—. ¿Dónde está Lexi?

—Mamá le dio el día libre.

No es una completa mentira. Llamé a Renée y le dije que iba a recoger a Liam hoy. Estoy bastante segura que ella sabía exactamente por qué, pero no hizo preguntas. En cambio, dijo que le diría a Lexi que volviera a casa después de dejar a Liam en su clase pero que le pagaría por el día.

—Ella es más genial que tú —dice Liam, como si me importara—. Ella me deja comer en el coche y sentarme al frente y elegir la música.

—Eso es porque ella te tiene miedo —le digo—. Yo no. La última vez que comiste en mi coche, cayó comida debajo del asiento y semanas después encontré gusanos. Así que, sí. Nada de comida en el coche, amigo.

Miro a Edward, que está conteniendo una risa, observando toda la escena.

—¡Oh, sí! —Se ríe Liam—. Los gusanos fueron geniales.

Me estremezco por dentro, aún traumatizada.

—Realmente no.

—Si no puedo comer, ¿puedo sentarme al frente al menos? —pregunta Liam, siempre negociando.

—Nah, amigo. Pero si no quieres ir a casa conmigo, siempre puedes caminar —le recuerdo.

—O hacer dedo —ofrece Edward esta vez, recordando la historia que le conté sobre Liam tratando de hacer dedo hace unas semanas.

Le sonrío a Edward, ahogando una risa. Él hace lo mismo.

—Esperen un momento —dice Liam, entrecerrando los ojos—. ¿Desde cuándo ustedes dos están en el mismo equipo?

Supongo que estamos siendo un poco obvios. Sonriéndonos y parándonos cerca y, ya saben, sin pelear.

Edward me mira, casi como si estuviera buscando mi aprobación para contárselo a Liam.

Me encojo de hombros.

—Tu hermana es... eh, mi novia.

Mi corazón de acelera con sus palabras. Es la primera vez que las ha dicho en voz alta a alguien, y a pesar que solo era Liam, amo escucharlo decir que soy suya.

Liam comienza a reírse.

Muchísimo.

Hasta que nota que no nos estamos riendo.

Entonces se detiene.

—Ugh, eso es asqueroso —es todo lo que dice, y entonces se aleja, sacudiendo la cabeza, arrastrando su mochila detrás de él.

—Es un gran fan mío, por si no te diste cuenta —digo sarcásticamente.

—Qué gracioso —bromea Edward—. Yo también.

Mi voz es más suave.

—Si pudiera besarte ahora mismo, lo haría.

Él se inclina hacia mí, sin tocarme.

—He estado pensando en hacerte otras cosas...

—Es injusto —le digo, dando un paso hacia atrás. Si estoy muy cerca de él, no sé lo que haré—. Venir por Liam parecía divertido y todo, así podía verte. Pero ahora tengo que llevar a ese pendejo a casa.

—Está bien. Todavía tengo que buscar mis cosas antes del show.

Bajo mi voz, murmurando inocentemente.

—Pero son solo las cinco, entonces...

—¿En qué estás pensando? —Sus palabras se sienten sugerentes y sonrío engreídamente.

—Quiero decir... ¿por qué no me acompañas a llevar a Liam? Luego podemos ir a tu casa antes del bar. Y si hay tiempo para... —comento, dejándolo imaginarse lo que podríamos hacer.

Él lo capta.

—Haré el maldito tiempo.

La misma madre que nos vio besarnos sale del aula con su hijo y agita su mano hacia Edward. Cuando me mira, sonrío educadamente.

—Entonces está decidido —le digo cuando volvemos a estar solos—. Viajas con nosotros y entonces... —Me pregunto si decir «te monto» sería demasiado. Decido, a la mierda y lo digo de todas formas.

Edward suelta una risa, las puntas de sus mejillas sonrojándose.

—Sí a todo lo de antes —dice con tono neutra, mientras otro padre pasa cerca. Me río—. Pero necesitamos volver a buscar mi camioneta. No creo que mi bajo y mi amplificador quepan en tu asiento trasero.

—Haré que entre —digo sugerentemente.

Él echa su cabeza hacia atrás y gruñe.

—Me estás matando, Bella.

Sonrío, encantada.

—Está bien. Iré a esperar con Liam en el coche.

Vacila.

—¿No será raro si me uno a ustedes?

—¿Más raro que decirle a mi hermano que soy tu novia? No. Tienes que conocer a los padres en algún momento.

—He conocido a los padres. O, al menos, a tu madre.

—Se va a morir —me río, simplemente imaginándolo—. Estoy muy segura que cree que eres encantador.

—Cállate. —Sonríe, sacudiendo la cabeza—. Iré contigo.

—Eso es lo que esperaba —digo seductoramente.

Bella —advierte, pero está sonriendo—. ¿Estás segura que Liam va a estar bien? No lo traumaticé al contarle que estamos juntos, ¿cierto?

—Nah. Ese niño se recupera rápido. Estará bien.

xx

Hay tráfico en el camino a dejar a Liam, así que son casi las seis para cuando estacionamos frente a la casa. Y nos llevará más de una hora volver por la camioneta de Edward y entonces conducir a su departamento, eso solo nos da menos de una hora para... pasar el rato.

Decido allí y entonces que no vamos a entrar y charlar con mi madre y con Phil.

Edward puede conocerlos después.

Prioridades. Las tengo.

—¡De acuerdo, nos vemos luego, Liam! —digo, pegando la vuelta frente a la casa.

—¡Detén el coche! —chilla Liam.

—Solo tírate y gira, estarás bien.

—Esto es abuso infantil —se queja.

Edward se ríe suavemente.

Iba, como, a tres kilómetros por hora, pero como sea. Detengo el coche.

—Está bien.

Liam baja al mismo tiempo que Renée abre la puerta principal. Se acerca al coche mientras Liam desaparece adentro de la casa. Bajo el vidrio de mi ventana.

—¿Edward? —Ella está sonriendo tan jodidamente amplio que no se molesta en ocultar su aprobación—. ¿Está todo bien? ¿Algo pasó en la clase?

—Nop. Todo está genial —le digo.

—Okey. —Aún sonriendo, sus ojos se mueven hacia Edward de nuevo—. ¿Cómo estás?

—Estoy bien, Sra. Dwyer. ¿Y usted?

—Oh, por favor, llámame Renée —se ríe—. ¿Qué planean ustedes dos?

No mucho, solo intento evitar cualquier conversación así podemos volver a su departamento a tiempo y tener sexo. Honestamente es probable que le dijera eso si Edward no estuviera aquí. Pero no quiero avergonzarlo.

—Solo pasamos el rato —digo, en cambio—. Edward tiene un show esta noche.

—¡Oh! Bella me dijo que estabas en una banda.

Edward me mira, su expresión tierna.

—¿Lo hizo?

—Claro que sí. ¿Puedo encontrar tu música en alguna parte?

Edward abre la boca, pasándose una mano por el cabello.

—Creo que hay algo en Spotify, pero...

—Le pediré a Liam que me ayude a descifrarlo.

—Mamá, ya sabes usar Spotify. Lo añadí a tu teléfono, ¿recuerdas? ¿Cuando quisiste escuchar el álbum de Lizzo?

—Oh, cierto. Esa canción, Juice, es muy pegadiza —dice distraídamente—. ¿Cuál es el nombre de tu banda?

—Midnight Sun —responde Edward, inclinándose sobre la consola.

Phil aparece en la puerta, levantando sus manos.

—¡Espera solo un minuto! —le grita Renée, volviéndose hacia nosotros—. Aparentemente vamos a parrillar esta noche. ¿Quieren quedarse a cenar?

—No, no podemos —respondo por los dos, echándole un vistazo al reloj. 6:10—. Tenemos que estar en el sitio pronto. Pero gracias.

—Entonces deberían venir a cenar el domingo —dice, mirando hacia Edward de nuevo.

—¿Mamá?

—¿Qué? Te gusta la cena, ¿o no, Edward?

—¿No debería ser yo la que lo invite? —Me río.

—Pero no lo hiciste. Entonces lo hice yo.

Esta vez, Edward se ríe, pero puedo ver que se siente un poco incómodo.

—Quiero decir... claro. Si Bella está de acuerdo.

—Estoy más que de acuerdo —le digo.

—¡Está arreglado entonces! —Renée se pone contenta.

—Okey. Realmente nos tenemos que ir.

—De acuerdo. Gracias por recoger a Liam. Aunque realmente no tenías que hacerlo... —Sonríe satisfecha en mi dirección—. Edward, te veremos el domingo.

—Gracias por la invitación —él le dice, su sonrisa ligeramente modesta.

Levanto el vidrio de mi ventana y me alejo de la acera, soltando una carcajada.

—Dios. Lamento eso.

—Está bien. Ella es buena.

—Lo sé. Claramente está feliz de que todo haya salido bien.

—Entonces, ¿le contaste sobre nosotros?

—Algo así. Fue después que fuiste algo frío conmigo, pocos días después de besarnos.

—Oh, ¿cuando estaba siendo un idiota porque seguías hablándole a Masen? —pregunta, sonriendo engreídamente.

—¿Quieres decir cuando estabas celoso de ti mismo? —menciono, riéndome.

—Mierda. Sí. —Puedo sentir los ojos de Edward sobre mí, y le echo un vistazo rápidamente. Él luce un poco avergonzado—. Eso pasó.

—Es gracioso. Y adorable. Y algo excitante.

Él suelta una carcajada.

—Ese es un fetiche especifico que tienes.

—Supongo. ¿Cuáles son tus fetiches? —pregunto inocentemente, pero sale algo ronco.

Él se acerca, colocando su mano sobre mi muslo.

—Supongo que tendrás que esperar para verlo.

Mi estómago da un giro, y me sobrepaso el límite de la velocidad solo un poco cuando mi teléfono suena. Lo contesto, la voz de mi madre retumbando en los parlantes de mi coche.

—Liam dejó su mochila en tu coche —me dice.

—¿Cómo se olvidó de la única cosa que tenía? —respondo sarcásticamente, echando un vistazo al asiento trasero para ver que, síp, su mochila está allí.

—No lo sé —dice Renée con calma—. ¿Puedes volver?

De ninguna manera.

—¿Puedo llevarla a la cena del domingo?

—Sí, está bien.

—Ugh, espera. ¿Hay comida allí adentro?

—Lo que sea que haya sobrado de su almuerzo, supongo.

—Es como si lo hubiera hecho a propósito el gusano —murmuro, y Edward se ríe suavemente a mi lado.

—Y bien... Edward, ¿eh? ¿Mi consejo funcionó?

Edward me mira, sonriendo con suficiencia.

—Estás en altavoz, mamá.

—¿Y? No dije nada malo —responde ella—. Hola, Edward.

—Hola, Renée. —El maldito sigue sonriendo en mi dirección.

—Okey, mamá. Nos vemos el domingo. Te corto ahora —le digo, y termino la llamada.

Edward y yo nos sumimos en un silencio cómodo. Afortunadamente, el tráfico no es tan malo en la vuelta.

—Mi papá me llamó. Esta mañana —dice con cuidado.

—¿Oh? ¿Se disculpó?

Edward suelta una risa áspera.

—No. Pero reconoció que ha sido duro conmigo. Fue... raro.

—Bueno, eso es un comienzo, ¿cierto?

—Supongo. Y quiere intentar la cena de nuevo en algún momento, contigo allí. Creo que lo dejaste impresionado.

Odio que Edward haya tenido que llevarme y que tuve que defenderlo para que el Dr. Cullen reconociera que ha sido duro con su propio hijo. Pero me guardo eso para mí.

—¿Quieres cenar con él? —pregunto.

—No lo sé aún —dice con honestidad, y su pulgar dibuja círculos en mi muslo.

—Bueno, te apoyaré con lo que quieras hacer. Si quieres cortar la relación... o si quieres seguir intentándolo. Estaré allí sin importar qué.

—Gracias.

Literalmente no es problema para el hombre que amo.

—Sabes que estás acelerando, ¿cierto? —señala.

—No por mucho. —Echo un vistazo al reloj. 6:40—. Realmente quiero asegurarme de que tengamos tiempo para... pasar el rato.

—Ah. —Se ríe un poco, su mano deslizándose por mi muslo, apenas tocando dónde lo quiero sentir—. Ya veo.

Presiono el acelerador un poco más fuerte.

—No sé si esa es una decisión correcta. No es... seguro.

—Tienes razón. Es altamente peligroso —él bromea, pero roza sus dedos sobre mis jeans antes de apartar su mano—. Está bien. No te distraeré. Además, preferiría tenerte en mi boca.

Acelero el resto del camino a casa.

xx

EPOV

Ni siquiera finjo que lo primero que quiero hacer cuando llegamos al departamento es meterle mano a Bella.

La puerta apenas se cierra cuando la tomo en brazos, sus piernas envueltas alrededor de mi cintura.

Ella besa mi boca, mi cuello, y se aferra a mí tan jodidamente fuerte mientras nos muevo a ciegas por mi departamento en busca de la cama. La recuesto con facilidad, sabiendo que mis próximos movimientos serán bruscos. Mi corazón se acelera mientras desabrocho sus jeans y los jalo por sus piernas.

Entonces me dejo caer de rodillas, acercándola al borde, así sus piernas cuelgan del colchón.

—Te dije que quería tenerte en mi boca —murmuro—. Y, diablos, lo dije en serio.

—Oh, mierda —jadea.

Muevo su ropa interior a un lado y hundo mi cabeza entre sus piernas. Beso su coño una vez, dos, antes de comenzar a succionar, lamer e intentar hacerla sentir jodidamente bien. Añado mis dedos esta vez, succionando su clítoris hasta que se encuentra gimiendo y aferrando las sábanas.

Mi boca la deja, pero mantengo mis dedos adentro, moviéndolos lentamente adentro y afuera.

—No te detengas, por favor —ruega.

—Te gusta cuando te follo con mi boca, ¿no es así? —gruño, mi aliento caliente contra ella.

—Mierda, sí —apenas jadea.

Vuelvo a lo que estaba haciendo, y no le lleva mucho tiempo hasta que enreda sus dedos en mi cabello, sus caderas levantándose mientras se retuerce y tiembla, corriéndose en mi boca.

—Santo cielo —murmura, cubriéndose el rostro con un brazo. Observo su pecho subir y bajar—. Eso fue... eso fue...

—No terminé contigo aún.

Aferro los costados de sus bragas, terminando de quitárselas. Ella frenéticamente se quita la camiseta, y se estira para desabrochas mis jeans. Me quito el resto de mi ropa, y mientras estoy de pie, ella se acerca y toma mi polla antes de llevársela a la boca.

—Mierrrda —suelto, mis caderas embistiendo hacia adelante—. Tu boca se siente muy bien, cariño.

—Mmm... —gime ella alrededor de mi polla, e exhalo fuertemente ante la sensación.

—Pero no es tu boca la que quiero follar.

Me cuesta una delirante cantidad de autocontrol que no sabía que tenía para alejarme de ella, así puedo tomar un condón del baño. Lo coloco alrededor de mi polla, sonriendo mientras ella me observa, casi como si estuviera fascinada con la vista.

—¿Cómo me quieres? —pregunta, su tono lleno de deseo y jodidamente sexy.

—De cualquier forma que pueda tenerte.

Es la puta verdad.

—Me gusta esa respuesta —ella murmura, boca entreabierta y ojos cargados de deseo.

Se palmea una teta, pellizcando su pezón, y verla tocarse hace que mi polla se endurezca más que antes.

—Te deseo tanto, Bella. Es... —Me arrastro sobre la cama y abro sus piernas con una rodilla, cerniéndome sobre ella y entrando con facilidad—. Eres...

—¿Qué?

Presiono mi frente contra la suya, y empujo más profundo dentro de ella, necesitando que tome todo de mí.

—Eres tan buena para mí —susurro, y ella gime en mi boca—. Tan buena conmigo. Simplemente...

Casi suelto en ese momento que la amo, pero se siente barato.

Necesito que sepa que lo digo en serio.

Entonces, se lo muestro con mis acciones.

Exhalo pesadamente, observándola a los ojos mientras entro y salgo. Tomo su rostro en mis manos, la beso profundamente, moviéndome tan jodidamente lento, cuando todo lo que quiero hacer es embestir en ella. Sus yemas se aferran a mi espalda, mis hombros, enterrándose en mi piel. Amo que ella quiera ser brusca cuando yo intento ser gentil. Uñas rasgando mi piel, aferrándome tan fuerte, como si jamás quisiera soltarme.

Siento el lento ardor de mi orgasmo rápidamente acercarse, así que acelero el ritmo. Bajo mi mirada, y veo sus pechos rebotar. Con los sonidos de su humedad llenando el silencio mientras arremeto dentro y fuera de ella, sé que estoy perdido.

Me corro fuerte dentro de ella, gruñendo hasta que colapso contra su pecho.

—Diablos, Bella —jadeo, recuperando el aliento. Beso su hombro y me quedo donde estoy por un momento antes de bajarme de ella.

—Diablos, —murmura, acurrucándose a mi lado, sus dedos jugando con el vello de mi pecho—. Solo se vuelve cada vez mejor contigo.

—Entonces, ¿la multa por exceso de velocidad valió la pena? —preguntó y la siento reírse contra mí.

—Lo valió por completo.


Aww, de acá al final son todos capítulos que te dejan así jajajaja

Gracias por comentar y hasta el próximo :)