ADVERTENCIA: Contenido sensible.

NOTA: Capítulo importantísimo.


Acto III: Madurez (El juicio de las almas)

Escena 12: Inevitavilidad.

"Tal vez en este mundo nada ocurre por accidente. Mientras todo pasa por una razón, nuestro destino toma forma lentamente ." ¹

- Urano- llamó el príncipe, preocupado.

Su dios guía apareció frente a él instantáneamente, como si estuviese esperando aquello desde hacía rato. Le sonrió de forma inocente mientras se acercaba a él con familiaridad.

- ¿Qué sucede, muchacho?- preguntó cómo quién no sabía nada, como quién era un simple mortal y no el dios que todo lo veía y sabía en cualquier lugar y de cualquier persona.

- ¿Porque el cielo está nublado? Normalmente pasa rápido y no es preocupante, pero nadie contesta abajo y yo no puedo ver nada- se quejó él, suspirando de forma aburrida pues aquel templo solitario en donde debía rendir su deber era todo menos divertido a menos que los otros dos guardianes le acompañasen.

Urano dudó un momento, preguntándose si de verdad se estaban pasando y tendrían un castigo del destino por intervenir de aquella manera en las vidas humanas que él mismo había elegido para verlas prosperar. Luego de un segundo, reflexionando cómo iban las cosas abajo, y aún más abajo, decidió que era muy tarde para echarse atrás.

- Soy el cielo, no controlo el clima- respondió el dios con simpleza- por eso puedo verlo todo y te aseguro que las cosas no han cambiado mucho- explicó en un tono de voz que incluso a alguien poco atento como su guardián, le pareció extraño.

- ¿No puedes controlar la niebla?- la respuesta tomó a Urano por sopresa. No esperaba otra pregunta que no fuese relacionada con sus palabras, que permitió, fuesen susceptibles a ser cuestionadas.

- No- contestó, porque ni siquiera los mismos dioses fueron capaces de entender la mente de Luffy en ningún lugar ni espacio de tiempo.

El joven guardián del cielo sonrió, llevándose los brazos detrás de la cabeza y dijo: - Entonces tendré que bajar a ver la tierra con mis propios ojos.


"Alguien me ha dicho que todo acabará pronto, tú y yo...No seremos los mismos, serás...Seremos mejores y no tendremos que volver a despedirnos, jamás..."

- Mierda- se quejó un hombre moreno mientras salía desde los escombros de su propio templo.

En algún momento durante su siesta fue despertado por el sonido incesante de alguien golpeando su puerta. Aquello se escuchó por todo el silencioso templo, que era únicamente habitado por el y se encontraba a demasiados metros bajo tierra porque el dios del Inframundo así lo pidió.

Solía chistar disgustado cada que debía pasar sus temporadas de juventud encerrado en aquel lugar, pero al menos momentos como ese le parecían interesantes. Lo fueron hasta que aquel mensajero asustado le informó que una flota considerable de barcos había rodeado la Isla de forma silenciosa, hasta cerrar todos sus alrededores completamente, dispuestos a atacar.

No lo pensó detenidamente en su momento al escuchar el primer cañonazo, tampoco el segundo, ni el resto de ellos, que provocó que la tierra comenzará a caer sobre los dos cuando echó a correr hacia arriba. Mucho menos lo pensó cuando todo el templo, dada la agresividad y la cercanía del ataque, combinada con la escasamente estratégica posición de la estructura, se les vino encima.

Solo fue hasta que logró salir completamente desde la tumba que el destino le había puesto encima -sin el mensajero-, cuando miró el desastre del que fuese su reino, con ríos de sangre, escombros y humo por todas partes, sin personas, sin animales, ni ninguna estructura de pie, solo hasta entonces fue capaz de pensarlo un poco.

Ace se dió cuenta de que el ataque venía del mar, donde se encontraba el templo de la guardiana de Poseidón. De Leriana.

Y que el ataque hubiesen llegado hasta allí significaba que no habían sido vistos por los cielos, por el guardián de Urano.

Y si ninguno de ellos los había detenido antes de llegar al Reino, a su posición como guardián de Plutón, solo podía deberse a que ambos habían perdido.


"Algunas ironías en esta vida se merecen aunque sea un poco de oposición. Y los huérfanos del destino siempre fuimos rebeldes."

- ¿¡Qué es eso!? - preguntó Luffy alarmado mientras se preparaba para bajar. Ya había perdido el tiempo con la extensa explicación de Urano de que una tormenta se había formado en el mar y le impediría llegar hasta su Reino pero mientras miraba abajo con decisión, escuchó algo parecido a una explosión; luego otra y muchas más, hasta que su propio templo sufrió estragos, temblando de forma preocupante.

La visibilidad hacia abajo era nula, por lo que comprendió que lo que estaba pasando allí no debía ser de su conocimiento por decisión de su dios guardián. El gesto de impedirselo era una orden casi implícita de no intervenir, pero él nunca fue alguien a quien le gustaran las órdenes. Volteó hacia el dios que le acompañaba solo para darse cuenta que no estaba allí. Y allí supo con absoluta certeza que todo estaba mal.

Sin pensarlo dos veces, sin reflexionar que su deber era cuidar su templo y no a los demás, se olvidó de las gradas que solía utilizar para entrenar mientras iba y venía entre el cielo y la tierra y se lanzó.

Poseidón atrapó a su favorito cuando este estuvo a punto de impactar por completo contra las olas.


- PLUTOOOOOOOOOON- gritó el moreno a todo pulmón- PLUTON, HIJO DE PUTA. VEN.

Después de haberse desgarrado la garganta gritando, buscando a alguien vivo, a un dios qué no le hubiese olvidado, fue hasta el centro de su Reino destruido, o lo que parecía serlo debido al humo y los escombros, a los temblores que aún provocaban los cañonazos despiadados de las embarcaciones, se rindió.

Supo que lo había perdido todo y no podía pelear por recuperarlo. Así que se puso de pie, y reflexionó que debía hacer en caso de ser olvidado por su dios guía, para que esté por lo menos apareciese a escupirle la cara.

Y lo maldijo. Porque Plutón era un maldito resentido y sabía que aparecería frente a él como en ese momento había aparecido.-

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-Me engañó, ¿Verdad?

Ace se encontraba sentado en la barca que le había robado a un hombre extraño. Ambos pelearon cuando el mortal afirmó que la necesitaba para recorrer más fácilmente el Inframundo- pese a la nula noción que tenía acerca de la geografía del mismo, pero el Río parecía ser la mejor opción para ir por allí - y el ser nativo del lugar refutó que aquel era su trabajo y no podía simplemente darle la barca. Ace lo empujó con sus remos al río y la robó - desde entonces tendría problemas con Caronte cada vez que perdiese la vida-.

Comenzó a navegar, buscando atentamente en cada rincón del lugar, llamando a los nombres de sus conocidos, de los otros dos Guardianes que debía encontrar. Pero nadie atendía a nada, no había sonido alguno que le diese esperanza. Los gritos pidiendo ayuda lo obligaron a moverse con mayor rapidez porque no quería distraerse cometiendo más pecados de los que debería, haciendo enojar al dios de la muerte.

Cuando comenzaba a frustrarse se dejó caer en la barca y cerró los ojos, tratando de calcular el tiempo que le quedaba. Al caer en cuenta que ninguna cantidad sería suficiente, se repuso, solo para encontrarse con el sereno Urano viéndole desde la otra punta de la barca a menos de un metro.

Al verle sonreír inocentemente se lo preguntó. El dios no tuvo reparos en confirmárselo, provocándole un nuevo ataque de ira y frustración.

- HIJO DE PUTA- volvió a gritar, decidido a prenderle fuego al Inframundo y convertirlo en el infierno. Su compañero de balsa inesperado hizo una mueca.

- Deja de provocarle, arruinaras mis planes- le reprendió enderezandose. Ace volvió su vista hacia él.

- ¿A qué te refieres con tus planes? ¿Porque mierda sigues tratandonos como si fuésemos un juego?

El cielo se encogió de hombros, restandole importancia a la rabia del muchacho, pero no a su diversión. - Parece que cada uno ha tomado partido por alguno de ustedes. Poseidón el de la chica que se supone debería odiar, Plutón del lado del que menos odia. Tu eres el que queda, así que supongo que me correspondes a mi.

Ace miró al cielo, no al dios, sino al que debería estar sobre su cabeza.

- ¿Y ese lado, esos planes, al menos significan una ayuda para mi?

Sorprendente, el dios asintió con franqueza. - Ya te dije que Plutón te engañó. Y lo hizo tan fácilmente que me decepcionó, pero son mortales así que no puedo esperar mucho...Así que te diré cómo puedes engañarlo tu a el.

- ¿Como sé que no es otro engaño de parte de los tres?- preguntó el cansado, pero aún más consiente de la naturaleza desinteresada del sufrimiento mortal por parte de los dioses.

- Porque estoy aburrido- Ace lo pensó unos segundos, dándose cuenta que seguía sin nada más que perder, por lo que se dispuso a escucharlo- bien. Aunque Plutón no tenga a los otros dos aquí, ahora, planea hacerse con los tres...Por lo que debo advertirte que solo podrá salir uno- El mortal retrocedió por la autenticidad que desbordaban las palabras de Urano, quién había soltado la información de forma directa y sin consideraciones, haciéndole saber que no importaba lo que hiciese: si quería que al menos uno de los dos viviese, tendría que quedarse atrás y con ello dejar atras a uno de los otros también- Deberás robarle algo muy preciado a Plutón para lograrlo, y pase lo que pase, no deberán soltarlo hasta que estén al otro lado.

No.

Él no tenía ese corazón.

No podía imaginar esa elección.

Pero es que el mortal nunca se imaginó que a el no le correpondía tomarla.


"El destino no reina sin la secreta complicidad del instinto y la voluntad"

-No vas a rendirte...- susurró Plutón con algo parecido a la sorpresa, pero que no podía serlo porque era un dios y nada podía sorprenderlo.

Sin embargo, habían ciertos sucesos, fenómenos en el mundo y la historia que nunca se habían visto y no se verían después, que incluso podían ser una novedad para aquellos que habían existido desde siempre y que existirían siempre hasta el fin.

Como que aquel joven Príncipe de voluntad llameante, aún empapado de sangre y sudor, lleno de golpes y quemaduras, a penas reconocible, siguiese de pie. Sin importar los disparos de bala, de los cañonazos, los cortes, los golpes, ningún ataque había podido doblegarlo.

Demostró que la defensa de Leriana de su templo podía llevarse más allá de sus sentimientos, que el ataque de Ace ante su desconcierto por la destrucción, podía ser aún más salvaje.

Lo hizo de tal forma, que siendo uno, obligó a retroceder a los 20 reinos, permitiéndole al grupo de sobrevivientes movilizarse a un barco de escape, lo suficientemente grande para todos, pero muy pequeño para llevar a alguien más.

No tendrían que llevarlo a el.

No cuando su cuerpo solo seguía resistiendo y poco a poco, iba dejando de pelear.

Y Plutón no podría haber imaginado que pasaría, que al menos uno de los tres llegaría tan lejos. No solo en ese presente, si no, en todos. Y supo porque el destino lo había elegido, lo supo cuando lo vió gritar nuevamente, herido, pero sin dejar de levantarse cada vez que era tumbado.

El dios se preguntó entonces si no es que ellos habían llegado demasiado lejos, pero no es algo que admitiría nunca. Apelaria a la estupidez de quien fuese el guardián de Urano para seguir desgastandose de esa manera.

Miró al sol, que ya había descendido complemente del cielo y casi desaparecía también en el océano, sabiendo que había ganado porque Ace no encontró a ninguno, porque Leriana estaba muerta, pero no en el Inframundo; porque Luffy seguía vivo.

Así fue como se dio cuenta que no consideró aquel detalle, cuando el resto de dioses comenzó a rodearlos en lo que pareció el final de la batalla. Incluso el resto de estrellas, aún con la presencia del vago sol, acudieron a ver el desenlace de la vida del más grande de los guerreros, veinte años después de haber presenciado su nacimiento.

La hora dorada llegó cuando la lluvia comenzó a caer, como las lágrimas de los seres divinos que amaron a los huérfanos del destino. Y de los que los odiaron también.


"Hay algo que se le entrega a los humanos y que los hace envidia de los dioses, el regalo más preciado que les ha dado el destino, quién es el principio y el fin de todas las cosas: La vida."

Ace corrió, empleando todas sus fuerzas en que sus piernas no se detuviesen ni por un segundo. Aferró contra su pecho la semilla y miró hacia atrás, donde aquel infernal perro se encontraba, persiguiendole, apunto de hacerse con sus cansados huesos.

Urano quizá se había burlado una vez más de el al asignarle aquella tarea, al decirle que la única forma de salir de allí con vida era robarle el fruto de los talentos a Plutón.

Las indicaciones que le dió fueron tan claras, que en poco tiempo llegó hasta el lugar más apacible que había conocido en su vida, lleno de flores, mariposas, de una música que no se detenía y de calidez, haciéndole preguntarse si así se sentía la muerte para aquellos que no se habían equivocado tanto como ellos. O que simplemente, habían tenido más suerte.

Cuando sus pies tocaron aquel terreno, su cuerpo se sintió limpio, ligero, como si no cargase con ningún peso hasta allí. Y vio el árbol, lleno de frutas con formas extrañas, brillando en lo alto de una colina, atrayendolo.

" -Normalmente no debería ser tan fácil, pero el está demasiado ocupado allá arriba como para que se de cuenta de lo que sucede aquí abajo." le había dicho el cielo.

Y sin siquiera saber cómo, terminó al lado del árbol, apreciándole. Pero cuando tomó uno de sus frutos, todos los hermosos detalles del paisaje se transformaron en oscuridad: Las flores se convirtieron en espinas, el pasto verde en fuego, la música en chillidos de agonía y dolor; las mariposas en cuervos que comenzaron a seguirlo.

Corrió con rapidez por donde creía, había venido.

El fuego comenzó a quemarle los pies, consumiendole la carne hasta casi sentir que eran sus huesos los que habían contacto con el. Los cuervos comenzaron a intentar robarle el fruto, arrancando pedazos importantes del mismo hasta que decidió cubrirlo con sus brazos, y sus brazos sufrieron el mismo destino.

Todos los males perdieron fuerza cuando se topó con el perro, guardián de las puertas del inframundo del que Urano le había advertido, no podría derrotar, por lo que solo se escabulló de el a sabiendas de que le quedaba poco tiempo y que podía arrancarle la cabeza con sus colmillos.

Cuando sus ojos finalmente visualizaron parte del verdadero cielo, del que había en la tierra, se dio cuenta que este había adquirido un color que presagiaba la hora dorada, por lo que solo le quedaban unos segundos. Se apresuró aún más, estando tan cerca como para poder ver a Luffy.

Como para poder darse cuenta que en ningún momento apareció Leriana.

"Solo podrá salir uno"

- ¡LUFFY!- gritó.


"Hay fenómenos que escapan inclusive a los mismísimos dioses, que solo son cuestión del destino."

Plutón a penas se había dado cuenta de que los mortales, de alguna manera, no habían sido derrotados del todo cuando aquel gritó se escuchó.

El Príncipe Guerrero reaccionó de forma instintiva, a penas consiente, sin saber cómo seguía de pie. Volteó hacia el lugar de donde provenía el llamado, notando que era desde el atardecer.

Su vista estaba demasiado cansada, cubierta de sangre, dañada por los golpes, tanto, que no pudo distinguir si se trataba del cielo o el infierno lo que aparecía ante el. Aún así, reconoció la voz que le llamaba, más no entendió porque no le llamaba a él.

Pero el solo escucharle le dio esperanzas, por lo que con las fuerzas que le quedaban, respondió a gritos también:

- ¿¡LERIANA!?


"No hay ninguna puerta que no pueda ser abierta por la desesperación humana."

- ACEEEEEEEEEE! - gritó la chica con todas sus fuerzas.

El lugar blanco en donde se encontraba esperando su destino final, poco a poco comenzó a llenarse de una extraña luz y el espejo, a parpadear. Primero parecía como si sobre el hubiese una pequeña grieta en el espacio, que poco a poco fue extendiéndose en el tiempo.

Quizá aquello era a lo que Poseidón se refería con que debía pensar, en cómo reaccionar al ver a Ace una vez más al otro lado del espejo, que no la reflejaba a ella. Y que no la llamaba a ella.

Rápidamente se acercó hasta encontrarse con un muro invisible que no le permitió tocarlo, que no le permitió atravesar al otro lado junto a él, a protegerlo del desastre que parecía haber provocado, haciéndole preguntarse porque estaba allí, porque no estaba peleando por su Reino con Luffy, donde estaba Luffy y porque no podía verlo...

-¡LUFFY!- gritaba el.

Y ella volvió a preguntarse porque Ace lo estaba llamando con tanto dolor e impotencia.

Realmente lo pensó, pensó mucho. Y al mismo tiempo gritó, gritó contra aquel espejismo con todas sus fuerzas, sin respuesta.

Entonces escuchó como otra voz, de quién no había tenido conocimiento hace mucho, gritaba su nombre también.


"Ninguna vida merece la muerte."

- ¡LUFFY- gritó Ace una vez más, con la fruta en su pecho siendo apenas un semilla, una tan pequeña como sus esperanzas de alcanzarlo antes de que aquel espacio se cerrara.

El parecía necesitar ayuda, parecía estar sufriendo por haber peleado solo, por haber protegido a su Reino hasta el final.

Su final. Como un Rey debería hacerlo.

Lo vió caer de rodillas, con el rostro apuntando en su dirección, el sonido de la guerra de fondo, la visión de la destrucción a su alrededor.

- LERIANA- respondió al otro lado con un grito, como si fuese ella a la que el pudiese ver, y no Ace, atrapado sin poder hacer nada.

Aún así, lo veía tan cerca que casi podía sentirlo, casi podía tocarlo, por lo que extendió su mano, como si con ello pudiese alcanzarlo y permitirle descansar al fin.


"El destino es el único que tiene el poder absoluto para tirar los dados, pero por alguna razón, les ha dado la oportunidad de que lo hagan ustedes mismos y cambien lo que podemos ver."

Otro ataque lo doblegó en el piso y le obligó a escupir sangre, a hacerle saber que aquel era su límite. Al menos había llegado a él cuando el barco logró escapar sin ser visto, alejándose lo suficiente del centro de la batalla, de la destrucción total donde antes hubo un reino.

La escucho gritar el nombre de su compañero una vez más, y el volvió a buscarla también, pero no podía encontrarla, no hasta que su figura difusa apareció a unos cuantos pasos de el luego de ser lanzado por una nueva explosión. Y pensó que la estaba viendo porque todo aquello había acabado al fin, y como siempre quiso, estarían juntos.

Poseidón llegó al lado de Plutón al mismo tiempo en el que Urano se hizo presente también. Los tres miraron al héroe, de rodillas en el suelo , estirando su mano para alcanzar su destino.

- Debería de haber muerto ya- dijo el cielo, más abierto a demostrar su sorpresa- realmente fue el más valiente de todos, lo suficiente para tirar sin pensarlo todo lo que ejecutaste.

El señor del Inframundo juntó sus cejas, molesto. La tensión fue evidente en el ambiente cuando descendió a tierra y bajo sus pies, está tembló.

- Suficiente.

La voz de Poseidón detuvo lo que sea que su hermano estuviese planeando hacer esta vez. No porque quisiera hacerlo, si no, porque aún no podía creer como habían resultado las cosas.

Porque el destino había estado a favor de los mortales por sobre los seres divinos, dándole el suficiente tiempo a los tres para encontrarse en la única brecha entre todos los espacios y tiempos. Aquello no les permitiría ganar, pero si cambiarlo todo.

Crear una nueva oportunidad.

- LER...

- LUFFY...-


-ACE-... susurró ella cuando el reflejo comenzó a requebrajarse y de el se escapó una mano, que automáticamente la suya, buscó.

Sus gritos se escucharon por todo el Universo y entonces...todo explotó.

"Voy a amarte toda la vida, y si está no me alcanza, volveré gritando tu nombre en la siguiente."


¹ Frase de Sylvers Rayleigh.

Después de tanto tiempo ya solo faltan 6 escenas y el epílogo. Espero que esté a la altura y disfruten leer esta historia.

Saludos!