Había pasado casi un mes desde que los aurores se los habían llevado del castillo, y conforme pasaban los días cada vez había menos niños en la casa temporal a la que los llevaron. La primera en irse fue Charity porque había sido asignada con la familia de un auror llamado Moody, después se fue fueron Minnie y Flitwick porque parientes habían aparecido de la nada reclamando su custodia. Le siguió hooch que había sido adoptada por un tipo de apellido Wood, mas tarde Sprout y Pomfrey habían terminado también siendo adoptadas pero por la misma directora Sinistra. Hagrid terminó en manos de la familia Weasley, y un día Severus fue entregado a un hombre de ojos grises de apellido Black...
Todos se habían ido, menos él.
Hace mucho había dejado de portarse mal, de todas maneras no tenía a nadie con quién jugar. Lo aurores a su cargo eran muy estrictos y si se le ocurría hacerles alguna broma siempre lo dejaban sin comer. Todos los días venía el ministro de magia para hacerle compañía, pero siempre lo estaba mirando mal, como si existir fuera un delito o algo así, por lo tanto siempre terminaban comiendo en silencio o el ministro hablando hasta por los codos de si mismo y de lo que se esperaba de una persona decente.
No lo dejaban salir siquiera al patio, ni lo dejan escribir a sus amigos o hablar con Draco o nadie. El televisión de la sala solo transmitía el canal de noticias, los aurores no le hablaban y se quedaban fuera vigilando las entradas en guardia con sus caras de perro. No había libros, ni colores ni papel, no tenía ni siquiera los juguetes para bebé que había al principió de su estadía.
Pasaba casi toda la tarde inventando sus propios juguetes chocando botellas de detergente como si fueran muñecos, o acostado en el piso bajo el tragaluz para mirar las nubes... Preguntándose ¿cuándo podría salir de esa casa?
Una vez Fudge le dijo que tenía un pariente que podría recibirlo pero les estaba costando convencerlo, y que por su inusual circunstancia y por ser quién era (lo que sea que signifique eso) no podrían confiar en nadie mas para cuidarlo.
Ya le habían explicado antes que ya no tenía una familia, no le dijeron como pero si que ya no estaban... Saber que tenía un pariente vivo que no lo quería lo había lastimado mucho, y desde entonces había estado llorando sin parar y pidiendo por su mamá aunque ya sabía que no la volvería a ver, últimamente solo se acostaba y comenzaba a pensar que se iba a quedar para siempre en esa horrible casa.
Y un día ese pariente llegó, no para llevárselo, sino solo para verlo... Era un hombre enorme con una barba larga y ojos azules, se parecía mucho a su papá, a su hermano y a él mismo. En cuanto lo vio corrió a abrazarlo, se le pego a las piernas, pero el mayor lo apartó casi empujándolo. Lo vio detenidamente como analizándolo, fue un escaneo rápido antes de suspirar casi enojado.
—No tengo idea de lo que pasó y casi puedo apostar que es culpa tuya, de alguna manera tiene que ser tu forma para torturarme después de todos estos años.
—¿Señor?
—Mira nada mas esos ojos de cachorro apaleado, aun a ésta edad eres un maldito manipulador de mierda. No, definitivamente no puedo con esto... No puedo...
Acto seguido se dio media vuelta para salir de la casa, pero a penas si pudo dar un paso cuando Albus se lanzó al suelo y se aferró a su pierna con todas sus fuerzas.
—¡No me deje aquí por favor! ¡Haré lo que usted quiera, me portaré bien! ¡Puedo limpiar su casa! ¡No me dejé aquí Señor, no tengo a nadie mas! ¡Puedo dormir en un sofá! Soy pequeño no necesito mucho espacio por favor...
El hombre ni siquiera volteo a verlo, le piso los dedos con el otro pie y una vez libre del menor salio de la casa y jamas volvió. De tanto que lloró terminó con un resfriado que vino y se fue solo porque nadie lo atendió.
Molly efectivamente se había encargado de todo, pero Albus era un caso muy especial porque hablaban de uno de los magos mas poderoso de todos los tiempos, el Wizengamot se apoderó de la situación al completo y lo archivaron como extremo secreto, nadie sabía la ubicación del niño y habían tomado la decisión supuestamente lógica de darle la carga a Aberforth, pero el mago no estaba na dispuesto a llevar al niño, había hecho el intento al ir a verlo pero simplemente fue inútil.
Albus entonces intentó escapar múltiples veces, desgraciadamente la vigilancia en los terrenos era tanta que había fallado en cada ocasión. En uno de sus intentos de escape terminó lastimándose seriamente, alrededor de la casa había un bosque y había terminado cayendo en una trampa muggle, tenía el pie atrapado y casi completamente destrozado, claro que gracias a la magia podría curarse, pero esto era lo suficiente malo como para que los aurores lo llevaran a San Mungo.
Horas mas tarde se encontraba aun descansando en una camilla, y estaba feliz porque hace tanto que no veía a otros niños, y la medimaga le había dado dulces, dulces que estaba escondiendo en su ropa, iba a guardarlos, tal vez serian sus últimos dulces, y aunque fuera por poco tiempo estaba fuera de esa horrible casa y con eso tenía para estar a gusto.
Remus estaba en San junto esa noche acompañando a Severus, no era mas que un pequeño resfriado por estar jugando con globos de agua contra Harry, pero esta era su primera vez cuidando de un niño así que estaba muy paranoico y había terminado en el área infantil con Severus mientras el medimago lo tranquilizaba y le daba simples recomendaciones para estos casos.
Remus se dio cuenta justo cuando se iban... Cada niño iba a acompañado por al menos uno de sus padres, menos ese pequeño pelirrojo al que ya conocía; Albus Dumbledore. Pero parecía el niño mas feliz del mundo aunque tenía el pie metido en un yeso cosa muy rara, y estaba dibujando mientras una medimaga le pasaba mas dulces a escondidas.
Cargó a Severus y se acercó al pelirrojo. El niño pareció emocionado de verlos, y al ver que no estaba con nadie mas decidió hacerle compañía por un rato mas. Se había quedado en silencio horrorizado ante lo que Albus le contaba a Severus.
Remus entendía que el ministerio se tomara tan seriamente la vigilancia de el gran Albus Dumbledore, en manos equivocadas significaría un problema sin precedentes en el mundo mágico. Pero nada justificaba el casi maltrato que estaba recibiendo, psicológicamente aquello debía ser peligroso para la mente en formación de el pobre Albus. ¿Qué importaba quién había sido? Ahora solo era un niñito confundido y solo... No podía creer que todo haya llegado al punto de que el niño terminara herido de gravedad.
—Creí que iba a perder el pie, pero esos tontos me trajeron aquí. Mira todo lo que me trajo Vivían —acto seguido mostró su tesoro de dulces con orgullo— dijo que va a conseguirme un rompecabezas para que me lo pueda llevar a casa y me regalará los crayones. Dijo que a ella tampoco le caían muy los gorilas que me trajeron, que va a empacarme comida de verdad.
—Woow.
—Así es, debió darme de alta hace como una hora pero lo está alargando, me cae bien.
Una semana después cuando Albus se había acabado su último dulce abrieron la puerta de la casa para dejar pasar a Remus, Albus se quedó quieto y en silencio hasta que Remus habló y entonces Albus sonrió como en mucho tiempo no lo hacía bpara después abrazar al mayor.
—Vamos a casa.
