Aome vio entrar a Sota bastante agitado, el chico se asomó con cautela por la ventana, dejando que la cortina lo ocultara y se giró aliviado —Se fue.

—¿De qué hablas, Sota? —preguntó Aome acercándose junto a Inuyasha, logrando captar la atención del menor.

—Es una niña de mi clase, hace unos días decidió que estaba interesada en mí y ahora no me deja en paz —suspiró —Decidí solo huir por ahora.

—Bien, aunque preferiría que seas honesto si ella no te gusta —aconsejó Aome —Escucha, jamás le rompas el corazón a nadie... las personas solo tienen uno.

—Si, en su lugar rompele los huesos —agregó Inuyasha —Tiene 206 de esos.

—¡INUYASHA! —Aome lo tomó del cuello del traje regañándolo —¡¿Que te sucede?!

—Tu madre me lo dijo.

—¡No puedes aconsejarle esas cosas!

—¡SOLO LE DABA UN CONSEJO DE BATALLA! ¡EL NO DERROTARÁ A NADIE CON ESOS CONSEJOS TUYOS!

—¡AQUI NADIE ESTA HABLANDO DE LUCHAR CON NADIE! ¡ESTAS DEMENTE!

—¡CÁLLATE! ¡LA LOCA ERES TU! —Sota se quedó un par de segundos para luego deslizarse por un lado, sin llamar la atención, y huyó dejándolos pelear solos.