Meses más tarde...
El vientre de Temari era increíblemente enorme y cada día parecía continuar creciendo.
Itachi había logrado convencerla de trabajar en su hogar, dado que la tozuda Sabaku No pretendía continuar asistiendo a la empresa. No obstante, el Uchiha veló por su seguridad y salud, contratando a una enfermera para que la asistiera en caso de que la rubia entrara en trabajo de parto.
Cada mañana, ella se levantaba y, antes de desayunar, la enfermera constataba su estado de salud. Monitoreaba cada hora y esa observación era debidamente entregada a Itachi mientras él no se encontrase a su lado.
Él siempre pensaba en Temari y su temor se acrecentaba con el paso de los días.
La mente de la rubia estaba completamente ocupada debido a que se encontraba ordenando los archivos que Itachi le enviaba para el siguiente paso en su plan.
Y más lo estaba al escuchar el timbre de su casa y recibir un regalo diferente cada día. Los dulces eran su debilidad y Shikamaru sabía que sería una buena excusa para acercarse un poco más a Temari.
La carpeta de trabajo era bastante amplia y repleta de manchas que podrían haber involucrado a miles de personas inocentes.
Aborrecía la idea de que Fugaku fuera el padre de un ser tan maravilloso como lo era Itachi.
Mientras estaba en su escritorio, recibió un correo electrónico con los últimos detalles que serían de utilidad para el Uchiha. Cuando estaba imprimiendo dichos documentos, recibió un llamado.
—Hola, Tem, ¿Cómo has amanecido? —Al otro lado, Itachi se expresaba con mucho cariño.
—Pues, bastante aburrida. Quisiera hacer esto en la oficina. Realmente me choca estar aquí... — refunfuñó.
—Lo sé, pero tenés que priorizar tu salud y velar por el bebé. Por cierto, ¿hoy fuiste al control con tu obstetra?
—Sí. Por suerte todo marcha de maravilla y en un mes o menos podremos ver su rostro...
—¿Aún no me dirás si es niña o niño?
—Por supuesto que no. Quiero que te sorprendas. Lo mantendré oculto hasta el día de su nacimiento.
Temari acariciaba su vientre al hablar. Realmente estaba feliz de que el tiempo haya pasado tan rápido.
Itachi estaba tan ilusionado por saber cómo se llamaría o cómo sería. Su paternidad era claramente admirable.
—Por momentos sí sos cruel, Tem. Al menos a mí podrías confesármelo.
—Podría, pero rompería la promesa que me hice a mí misma de no revelarlo.
—Ya verás, te arrebataré ese secreto a besos...
—No te aproveches, Uchiha. Usaré toda mi fuerza para hacerte cosquillas en tu espalda.
—¡No, por favor! No te atrevas.
Ambos reían al hablar. Francamente, su relación había mejorado aún más cuando el vientre de Temari fue creciendo considerablemente.
—Tem, ¿Ya tenemos todo listo para continuar con el último paso?
—Sí. Ya he organizado absolutamente todo.
—Cuando termine mi jornada, iré a tu casa. Allí te daré los detalles de cómo planeo exhibir la información.
—Está bien, pero ¿Estás seguro de querer destapar esta olla a presión? Vos sabés, es un tema complicado.
—No me importa. Quiero dejar en claro que mi padre es una escoria como persona y empresario.
—Realmente me da pena que seas hijo de ese tipo.
—A mí también —suspiró —. Bueno, continuaré con mis labores. Cuidate mucho y a la noche iré a tu casa. Tengo pensado prepararte algo delicioso.
—Si continuás consintiéndome con comida, acabaré rodando cuando tenga a mi bebé.
—¡No seas tonta! Estaré cuidándote. Ya sabés que haré todo por vos.
—Está bien. No era necesario que te expusieras así, pero te lo agradezco.
—Por amor se hacen muchas locuras, dicen... En fin, luego hablaremos. Hacele caso a la enfermera.
—Jaja, está bien. No sabía que eras mi padre.
—No, no lo soy. Podré tener muchos defectos, pero jamás sería incestuoso.
—Mal chiste. Bueno, estaré esperándote. Cuidate vos también.
—Por supuesto. Te amo, Tem—de inmediato, la llamada se cortó sin esperar ninguna respuesta de su parte.
Temari estaba completamente feliz de ser la mujer que acompañaría a Itachi a cumplir su objetivo. Gracias a su astucia y empeño, logró recolectar la información que necesitaba para dejar al descubierto a su padre.
El final estaba más cerca.
[...]
Desde que su hermano había asumido la presidencia de la empresa, Sasuke jamás había conocido el lugar.
Siempre fue reacio a los asuntos empresariales, dado que eran temas en los que involucraba a su nefasto padre.
Fugaku siempre ignoró a su hijo menor por ser un joven rebelde y con una clara determinación en contra de los negocios.
Sin embargo, el aroma a corrupción era perceptible a través de cada ladrillo que había erigido ese imponente edificio.
—Sasuke, ¡Qué sorpresa es verte por aquí! —su primo Shisui lo recibió en los pasillos próximos a la oficina de su hermano. Lucía con su ropa desaliñada y su rostro sudado.
—Shisui, ¿Cómo te trata este trabajo? —espetó el Uchiha menor, cambiando de tema mientras observaba la apariencia de su familiar.
—Tu hermano es muy exigente, pero gracias a eso pudimos remontar esta basura... —rió con nerviosismo y notó que su cremallera estaba baja. La subió de inmediato y acomodó su corbata —¿A qué has venido? No es muy común que aparezcas por estos sitios.
—Itachi me pidió un favor y es lo que vine a hacer —su mirada recelosa se posó sobre Shisui y agregó: —. Decime algo— se acercó a él y susurró: —¿Acaso estás teniendo otra aventura con una de las recepcionistas?
El aludido comenzó a reír.
—Me conocés mucho y, al mismo tiempo, poco. En realidad, se trata de la secretaria de Itachi... —enarcó una ceja.
Sasuke se detuvo a pensar un instante. Hasta donde sabía, Temari era quien cumplía ese rol y era imposible que una mujer como ella tuviera algún tipo de relación con alguien tan desenfrenado como Shisui.
Además, Itachi y ella estaban comenzando a salir, reforzando la teoría de que no se trataba de la rubia, sino de alguien que estuviera ocupando su mismo cargo.
—¿Su secretaria? ¿No te parece muy arriesgado de tu parte? —el Uchiha queria saber quién era la nueva víctima de su primo.
—Konan me vuelve loco... —lo abrazó por sus hombros y expresó lo que sentía por aquella mujer en un tono bajo. Las personas allí eran bastante chismosas y su relación aún era clandestina —Es ardiente y siempre está dispuesta a complacerme —bajó la mirada y resopló —. Aunque el otro día, Temari entró a la oficina justo cuando ella estaba chupándomela y...
—¡Callate, por favor! Es repugnante...—la repulsión que sintió el Uchiha era infernal.
—Has cambiado, primo. Años atrás, vos me contabas a detalle lo que hacías con esas mujeres que te follabas en los antros —aquel recuerdo fue el detonante para su lamento. Esas noches de lujuria eran un completo descontrol, hasta que conoció a Sakura.
—He madurado a la fuerza, Shisui. Dudo que conozcas esa palabra —resopló y caminó en dirección a la oficina de Itachi.
Shisui observó cómo se alejaba de él y ladeaba la cabeza ante el nuevo Sasuke que llegaba a la empresa.
—De todos modos, Fugaku no podría aceptarte nunca.
[...]
Sasuke se había adueñado del asiento favorito de su hermano.
Se sentía un niño al hablar y girar sobre sí mismo.
—¿Estás diciéndome que ese día lo haremos? No entiendo, ¿podrías explicarme? —espetó el Uchiha menor y detuvo su tierno juego.
—En pocas palabras, nuestros padres asistirán al evento si le decimos que es por mi cumpleaños. De hecho, es en unos días y confío plenamente en el criterio de Temari al seleccionar a la gente que preparará el escenario.
Vos te vas a encargar de invitar a los empresarios más importantes de Konohagakure, porque allí lo haremos y también te harás cargo de lo demás —expresaba mientras le indicaba a su hermano a quiénes debía enviarles la invitación —. El lugar es el que posee el mejor protocolo de seguridad. He comprobado eso una noche que nuestro padre asistió a una junta allí.
—¿Sólo empresarios y afines a ellos que pertenezcan a ese lugar?
—Así es. Esta noche hablaré con Temari para darle los últimos detalles... —Itachi se levantó y se dirigió hasta la cafetera que tenía en su oficina.
Sasuke observó la mirada de su hermano y luego volteó hacia el escritorio. Allí vio una pequeña caja de terciopelo negro.
Sonrió.
—¿Es que acaso pensás hacerlo? —Itachi volteó hacia su hermano y notó que estaba preguntándole sobre esa caja.
—Es un regalo que tengo pensado hace un buen tiempo. Estoy seguro de que le encantará... —Itachi se mostraba ilusionado.
—¿Aún pensás que sí lo aceptará? —inquirió con temor. Sasuke siempre fue frontal con su hermano y esa no era un momento que debía omitir.
—Dependerá de ella lo que hará después de recibirlo. Me encargué de que sea hermoso, tal como lo es conmigo —suspiró y pestaneó lentamente —. De igual forma, creo que es poco a lo que realmente merece.
—Es afortunada de que un hombre como vos esté a su lado. Yo no me preocuparía tanto por eso, ¿no creés? — Itachi se sintió más animado por su hermano, pese a que siempre trataba de hacerlo dudar de sus propios sentimientos.
Más allá de lo que pensaba, Sasuke estaba orgulloso de ver a Itachi feliz a su modo. Aunque no estaba de acuerdo, se conformaba con verlo sonreír por Temari.
—Yo soy el afortunado de su compañía y apoyo.
La recta final de esta historia está mucho más cerca de lo que creen...
[...]
La noche era fresca y solitaria. La lluvia volvía a adueñarse de la tranquilidad de Kumo.
En el hogar de Temari, Itachi y ella se encontraban degustando las fresas con crema que el Uchiha había preparado para la rubia.
Ambos estaban sentados en el sofá mientras miraban una película romántica.
—¿Estás seguro de hacerlo el día de tu cumpleaños? —inquirió de repente.
—Es como le dije a Sasuke. Mis padres no dudarán un instante en asistir si se tratara de eso. En otro caso, no podría confirmarlo—tomó una fresa y se lo acercó a la Sabaku No —¿Por qué lo preguntás?
Temari abrió su boca y comió de lo que el Uchiha le ofrecía.
—Me dio curiosidad, sólo eso... —respondió e inmediatamente sintió la mano de Itachi limpiando la comisura de sus labios.
—Y yo también deseo con toda mi alma que ese día llegue, Tem—espetó en voz baja y se acercó hasta su rostro para depositar un sutil beso sobre sus labios —. Será realmente hermoso, ya verás.
Luego, ambos guiaron sus manos hasta el vientre de la rubia y sonrieron al sentir las pataditas del bebé.
—Creo que ya despertó mi koala... —expresó con ternura.
—Perezoso y tierno, tan bello como ninguno... —murmuró.
Sí, la mezcla perfecta entre dos personas que decidieron transitar caminos diferentes en la vida, pero...
¿Era posible pensar del mismo modo si inspeccionáramos su corazón?
[...]
El día tan esperado...
Aquella tarde resultó ideal para llevar a cabo el evento más esperado por Itachi y Temari.
Un imponente hotel que contaba con un lujoso salón en el cual podrían asistir más de 1000 personas, con sus camareros atentos a las solicitudes de los invitados y un extenso presupuesto invertido para cautivar al mundo empresarial.
En la entrada del hotel, Temari e Itachi esperaban la llegada de Sasuke para continuar con el plan.
Sin embargo, los invitados llegaban más rápido de lo que esperaban, siendo ellos mismos quienes lo recibieran antes de pasar el protocolo de seguridad.
—Itachi Uchiha, ¡Qué gusto es volver a verte después de tantos años!
—Asuma Sarutobi... —sonrió y volteó a ver a su acompañante —Shikamaru Nara, sean bienvenidos a este humilde evento.
—Sería humilde si esto lo hubieras realizado en tu antiguo hogar. A propósito, ¿Cómo se encuentran Fugaku y Mikoto? —cruzó sus brazos y rascó su barbilla.
—Pues, ellos también están invitados, así que podrás conversar tranquilamente cuando lleguen —sonrió.
Mientras Itachi y Asuma cruzaban algunas palabras sobre la familia Uchiha, Shikamaru se acercó hasta la Sabaku No y sonrió al ver cuán grande era su vientre.
—Estás hermosa, Tem —murmuró y miró de soslayo para comprobar que Itachi no estuviera oyendo.
—Te lo agradezco, Shikamaru —respondió apenada.
A pesar de que el Nara tratara de disimular, Itachi notó inmediatamente sus intenciones.
De hecho, suponía que aquel día Temari le había confesado la verdad de su bebé.
Se sentía molesto, celoso, pero no podía negar que la situación estaba volviéndose incómoda incluso para Temari.
—¿Regresamos adentro, Tem? —interrumpió el Uchiha después de notar cómo la rubia se mostraba nerviosa ante la presencia de su ex esposo.
—Sí, por favor —el Uchiha tomó su mano y sonrió.
—Disculpen mi descortesía, pero necesito ocuparme de Tem, personalmente —suspiró —. Luego nos volveremos a ver, Asuma y... —pensó un instante. Necesitaba leer su mirada, pero resultaba imposible para él —Shikamaru.
Se retiraron lentamente, tomados de la mano. Shikamaru, tragando su orgullo, ajustó su corbata.
Asuma notó tal movimiento y rió.
—Acabarás ahorcándote en tu propio veneno, Shikamaru —el aludido lo miró con desdén —. Por favor, ingresemos antes de que te arrepientas y quieras volver a tu casa.
—No lo haré, Asuma—respondió con seguridad —. Le dije que lucharé y así será.
¿Una batalla de corazones? No. Una guerra por el amor verdadero y perpetuo.
