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Día 2: Clotheswap
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Él jamás perdía. No, nunca. Toda la vida había encontrado la forma de salirse con la suya de una u otra manera y hasta el día de hoy, no existían motivos para que las cosas fueran diferentes. Desde que era un niño, lidiando entre un montón de hermanos, escabulléndose de los mayores y luego teniendo que ser un ángel con los menores. Ocultando sus desastres en la escuela o los estragos que causaba en el pueblo en que creció, incluso cuando las cosas acabaron con él dentro del Fatui, siempre salió ganando. Gracias a ese giro, ahora era mucho más fuerte y trabajaba para una organización que le daba un pase libre para mantener sus habilidades en una constante mejora, sin mencionar esa especie de inmunidad que tenía y que le ayudaba en parte a limpiar o cubrir los estragos que causaba. Todo era perfecto… todo hasta que un pequeño detalle se le escapó de las manos. Fue ahí cuando comenzó el caos. Una pequeña chica rubia que corría de aquí para allá todo el día, todo el tiempo. Ella era la única cosa en este mundo que parecía no poder controlar. Tan impredecible como los vientos de Mondstadt y tan libre como sus ciudadanos, tan fuera de ser algo que pudiera manejar para salirse con la suya. Y eso lo frustraba. Porque él siempre ganaba, él siempre tenía que ganar, y no podía permitir que una chica de ojos bonitos fuera la excepción a eso. Le gustaban los retos, mientras más difíciles fueran, mejor para él, y este era por lejos uno de los más difíciles que había visto en su vida, quizás incluso a la altura de aquella bestia en el abismo.
Suspiró pasándose una mano por el cabello mientras veía a Lumine correr con un plato entre las manos en alguna clase de entrega; había olvidado lo divertido que era verla hacer esa clase de comisiones desde aquella vez en la que decidió trabajar como repartidora en encargos ridículamente complicados. Vaya que se había reído al verla volver completamente empapada y con una cara que decía ''mataré a cualquiera que se cruce en mi camino''. Apoyado en la barandilla a las afuera del banco, se quedó observándola hasta que desapareció de su campo de visión. Soltó otro suspiro. Era tan linda y parecía tan delicada, con su vestido blanco y esa sonrisa casi angelical, quién diría que ella lo había vencido en la casa dorada. Y no una, sino que un montón de veces. Desde entonces había intentado conseguir una revancha, ganar aunque fuera una sola vez, pero sin importar cuántas veces había tenido que correr tras ella para casi arrastrarla a tener otra pelea, siempre, siempre le pateaba el trasero. Y vaya forma de hacerlo, con una elegancia que hasta parecía absurdo. Al final, siempre terminaba llevándola a cenar como castigo por haber perdido, aunque si debía ser honesto, para él era casi una recompensa salir con ella.
Negó con la cabeza y se dio la vuelta caminando de regreso al interior del banco. Tal vez tendría que encontrar otra cosa, algún otro tipo de competencia donde al fin pudiera vencerla, porque hasta ahora, un duelo de armas no daba ningún resultado y él solo quería probarse a sí mismo que Lumine NO era algo que no pudiera manejar, ni tampoco algo ante lo que no pudiera ganar.
—Uff. Paimon pensó que no lograríamos entregar este pedido a tiempo. Esos hilichurls sí que fueron inoportunos.
Durante el trayecto habían tomado una de las rutas que supuestamente debería haber estado limpia, pero acabaron tropezando con un campamento de hilichurls que parecía haberse establecido hace poco tiempo, uno del cual no tenían conocimiento previo. Pero más allá de un poco de polvo y ramas en la ropa, consiguieron llegar antes de que la comida se enfriara.
—Tuvimos peores contratiempos antes, al menos esta entrega no fue en el borde de un acantilado…
Un escalofrío le recorrió la espalda con solo recordar su tiempo haciendo entregas. Realmente esperaba no tener que volver a hacer eso, aunque, si la mora les llegaba a faltar…
—O una cascada. Paimon piensa que las personas escogen lugares muy extraños para esperar su comida. ¿Será que tiene un mejor sabor si la comes en lugares ridículos?
El hada se llevó una mano al mentón de forma pensativa, aunque lo más seguro es que intentar usar tanto el cerebro le acabaría dando dolor de cabeza. Se rio ante la sola imagen mental de aquello. De todos modos, esa era una pregunta a la que tal vez jamás tendrían una respuesta, a menos que quizás intentaran resolverla de forma práctica.
—Mejor volvamos a Liyue a cobrar nuestras comisiones. Muero de hambre.
El camino de regreso fue rápido y en poco tiempo estuvieron frente a la recepcionista del gremio de aventureros. Agradecía haber acabado justo antes de la hora de almuerzo, de otro modo seguramente habrían tenido que tener el estómago vació hasta la cena, claro, si es que podían pagarla; considerando que ayer tuvieron que saltársela por falta de mora... Pero como caminar por Liyue significaba toparse a cierto Fatuus la mayor parte del tiempo, no tardó mucho en hacer su infaltable aparición.
—Ojou-chan ~
Canturreó aquel apodo a sus espaldas y ella solo suspiró casi con resignación. Estaba tan acostumbrada a saber que en algún momento él la alcanzaría, que ya no le sorprendía en lo más mínimo. Podría decir incluso que era parte de su día a día; él y esa familiar sonrisa que le regaló cuando se dio la vuelta para encontrarlo.
—Hola, Childe.
—Pfff. ¿Enserio esa es tu forma de saludarme? Eres más fría que una Regisvid cryo. ¿No podrías al menos fingir que te agrado?
Su dramático reproche fue acompañado por una expresión sumamente dolida, se veía como un perro lastimero bajo la lluvia. Lumine solo giró los ojos.
—Y qué esperas, ¿que te lance flores y decore con luces alabando tus proezas? — Espetó con ironía cruzándose de brazos.
—Ahora que lo mencionas, no es una mala idea. ¿Lo harías?
—Sigue soñando.
Pasó de largo en dirección al restaurante de Xiangling, no tenía ánimos para las tonterías de Childe mientras su estómago estuviera vacío.
—¡Oh, vamos! ¿Al menos las flores?
Y como era de esperarse, él corrió tras suyo para alcanzarla.
—Te daré flores de la neblina para ver si te congelas.
—Vengo de Snezhnaya, nena, tal vez deberías probar con otra cosa.
—Entonces tal vez deba arrojarte a la hipostasis electro. Dudo que tu hydro pueda hacer mucho contra ella.
—¡Lumine! ¡¿Podemos ir a comer YA?!
El grito desesperado de Paimon detuvo cualquier respuesta que Childe estuvo a punto de dar, en cambio, una sonrisa zorruna reemplazó sus facciones.
—¿Qué dicen si les invito el almuerzo? Podemos pelear con esa hipostasis otro día.
—Paimon tiene tanta hambre que aceptaría incluso la invitación de un Hilichurl.
Lumine no tuvo más remedio que aceptar la invitación tras ver al hada tirar con ahínco la manga de Childe en dirección al Pabellón Liuli, por supuesto que su amiga escogería el lugar más caro, además, nunca venía mal poder ahorrar un poco de mora. Pero… había algo en la mirada de reojo que Childe le lanzó que despertó sus alarmas. Seguramente algo se traía entre manos…
—¿Una qué?
Miró con confusión al pelirrojo frente a ella para luego volverse a Zhongli que bebía tranquilamente una taza de té.
—Lo que oíste, ojou-chan. Una competencia de comida. Zhongli sensei aceptó ser nuestro jurado.
El ligero asentimiento de cabeza que el hombre hizo indicó que no se trataba de ninguna broma, estaba hablando bastante enserio. Se llevó dos dedos al puente de la nariz mientras intentaba procesar la información.
—Déjame ver si entendí. ¿Te cansaste de que te pateara el trasero en nuestras batallas y ahora quieres una revancha viendo… quién come más?
—Casi. Aún quiero seguir peleando contigo hasta que consiga vencerte ahí, pero por ahora, esto bastará.
En verdad tenía que estar loco. Admiraba su persistencia, pero comenzaba a creer que tenía un serio problema de competitividad… bueno, aunque ella no era muy diferente ahí.
—Antes, dime que obtendré si es que yo gano.
Comida gratis era más que suficiente, pero no iba a negar que dejar pasar así una oportunidad sería estúpido.
—En el hipotético caso de que lo hagas, puedes pedirme cualquier cosa como premio y darme un castigo.
—Tentador. ¿Y si tú ganas?
—Aceptarás que puedo ganarte en algo y además, no podrás negarte a los entrenamientos conmigo.
Sopesó las opciones un momento antes de volver a mirarlo. Tenía una pequeña idea de lo que quería pedir.
—Bien, si eso quieres. Pero te advierto que perderás.
—Lo dudo mucho, nena.
Sonrió ante lo confiado que sonaba. Era obvio que escogería algo en lo que creyera que claramente podría ganar, pero no contaba con el hecho de que ella realmente estaba tan hambrienta que se comería los palillos incluso si no fueran tan duros. Y así, con Zhongli como testigo de su trato, comenzaron con la competencia. Un montón de platos fueron llenando la mesa y tal como llegaban iban siendo vaciados. Con el paso de los minutos, una gran pila se alzaba y al lado de ella, Childe con la cabeza apoyada contra la mesa, totalmente derrotado.
–Tiene que ser una broma, ojou-chan. ¡¿Cómo es posible que ganaras?!
Lloriqueó levantando la vista ligeramente. La pequeña rubia solo se encogió de hombros.
–Solo tenía hambre.
¿Hambre? ¿Tenía el espacio de la comida faltante de un año quizás? Incluso cuando ya le había ganado, todavía pidió el postre. Vaya suerte la suya. Se golpeó la cabeza contra la mesa por la frustración mientras oía a Paimon robarse lo que él había dejado sin acabar en su plato.
–Eres tan pequeña, nunca creí que ganarías en algo como esto.
–Hmm, supongo que funciono con una lógica parecida a la de Paimon.
–Debí imaginarlo... Bien. Soy un hombre de palabra, así que puedes pedirme cualquier cosa que quieras como recompensa. ¿Ya pensaste en algo?
La miró mientras aceptaba la taza de té que Zhongli le había extendido y se la llevaba a los labios. La chica se golpeó el mentón con los dedos al mismo tiempo que una expresión traviesa se formaba en su rostro.
–Sí, ya lo decidí. Quiero tu ropa.
Acabó escupiendo el té hacia un lado a causa de la sorpresa que se llevó. Incluso Zhongli se había ahogado.
–Qui-quieres mi qué.
–¡N-no de la forma en la que lo están pensando! – se calmó un momento mientras recuperaba la compostura. –Un cambio de ropa. Yo usaré la tuya y tú la mía, por todo lo que resta de este día.
La cara de sorpresa de Childe era todo un poema, se veía tan descolocado que ni siquiera sabía qué responder. En su lugar, Zhongli tomó la palabra.
–Señorita Lumine, ¿puedo preguntar el por qué de esa curiosa... Decisión?
–Mi ropa está un poco desastrosa luego de los encargos de hoy y la suya está mucho más limpia. Además, pensé que se vería divertido...
Si creyó que volver a perder contra ella era el colmo de las humillaciones, estaba muy equivocado. Sin duda, tener que caminar por el puerto de Liyue con un vestido que le quedaba corto ERA la mayor humillación. Como si fuera poco, Lumine decidió que ese día quería pasear por la ciudad y dar un muy lento recorrido por cada puesto que se había colocado por el rito de las linternas. Y aunque observaba con entusiasmo cada cosa que vendían, lo había hecho con la clara intención de obligarlo a exhibirse con esa ropa.
–En verdad eres mala, ojou-chan.
–Para empezar, tú fuiste el que inventó ese reto. Yo solo lo hice más divertido.
Por supuesto que era divertido. Para ella y todos los demás que miraban. Todos excepto él.
–Vaya, ¡pero que buenas piernas, señor! ¡Ese vestido se le ve asombroso!
Las risas de sus subordinados se escuchaban incluso por encima del bullicio de las festividades. Claro, Lumine no había dejado pasar la oportunidad y lo obligó a entrar vestido así al banco, desde entonces, la mayoría de sus soldados habían estado observándolo desde sus puestos y comentando una que otra cosa, alentados por la rubia y la regla que había impuesto de que no podía despedir o matar a ninguno como parte del castigo por la apuesta. Pero si bien no podría hacer esas cosas, no había ninguna cláusula que dijera que no podía someterlos a un entrenamiento despiadado para hacerles pagar por su descaro. Y claramente empezaría con él mañana a primera hora.
–Sí, no puedo negarlo, tienes bonitas piernas. Aunque admito que te ves mejor con pantalones.
Una risa refrescante llenó sus oídos. Al menos ella se divertía, aunque fuera a su costa, pero le gustaba verla feliz.
–¿Así que esos eran tus motivos ocultos? ¿Querías verme en poca ropa, nena?
Disfrutó viendo cómo sus mejillas se tintaban de rojo y se ponía a la defensiva. El golpe que le dio en el brazo fue casi instantaneo.
–No te hagas ideas. Ya dije por qué lo pedí. Además... Tu ropa es muy cómoda. Quizás no te devuelva tu chaqueta.
–Además de mala, una pequeña ladrona. No dejas de sorprenderme, ojou-chan.
La chica le mostró la lengua y salió corriendo, gritando que la alcanzara o se iría a jugar a la arena mecánica sin él. Childe soltó una risa y negó con la cabeza.
No, el jamás perdía. No contra cualquier cosa que se le pusiera en frente, pero sí contra una pequeña rubia de ojos bonitos, esa ante la que había perdido batallas, su orgullo, lo que le quedaba de dignidad y también su corazón por completo. Con el resto del mundo, se siguiría saliendo con la suya.
